(preguntó Ramón.) ¿Sabes? --Poca,
muy poca....--Ya recordarás la que nos enseñaron en el colegio. --¡Poco es, o, mejor dicho, nada!
Pedro Antonio de Alarcón
Era el obispo de Auriabella -que poco después falleció y ya estaba bastante enfermo del corazón- un señor bondadoso, lleno de unción y de dulzura, de esos que todo lo gastan en caridades; un verdadero pastor, humilde con dignidad, y alegre y chancero de puro limpia que tenía la conciencia; pero al venir a Illaos bajo la impresión de un hecho tan solemne, se encontraba
muy conmovido; traía los ojos humedecidos, la respiración cortada y fatigosa, y aún parece que le estoy viendo en el momento en que, al divisar la choza de Juan del Aguardiente, saltó aprisa del caballejo que le habíamos proporcionado, se descubrió y se inclinó hasta el suelo ante los padres del confesor de Jesucristo...
Emilia Pardo Bazán
Tranquilízate... Así como así, estábamos
muy solos,
muy aburridos a veces en esta casa tan grandona. Yo tenía muchas, muchas ganas de un chiquillo, ¿sabes?
Emilia Pardo Bazán
Sin embargo, en los casinos, boticas y demás círculos, digámoslo así, de Vilamorta y Cebre, como también en los atrios y sacristías de las parroquiales, se hubo de convenir en que Gondelle cazaba
muy largo, y en que a Inesiña le había caído el premio mayor.
Emilia Pardo Bazán
A todo esto, a fuerza de ruegos, y como pago de haber dicho que no serían ahorcados y que llevarían una vejez
muy tranquila, había yo conseguido que por las tardes me sacasen de la cueva y me atasen a un árbol, pues en mi encierro me ahogaba de calor.
Pedro Antonio de Alarcón
¡No lo haréis! (exclamó el fraile.) ¡Haríais
muy mal, señor Rubens! Llevaos el cuadro si queréis; pero dejad tranquilo al que descansa.
Pedro Antonio de Alarcón
-preguntaron a Rubens sus discípulos, que ya habían alcanzado el cuadro. - En este ángulo ha habido un nombre escrito (respondió el maestro); pero hace
muy pocos meses que ha sido borrado.
Pedro Antonio de Alarcón
Aquella noche, Ridolfi, uno de los capitanes de Orso, había anunciado mejor presa: justamente acababa de cazar a una joven
muy linda, ¡peor para ella si andaba a tales horas por la calle!
Emilia Pardo Bazán
En el testero, como a una vara de altura, se levantaba un tabladillo, y sobre él un Nacimiento, el Belén clásico español, con su musgo en las praderías, sus pedazos de vidrio y de hojalata imitando lagos y riachuelos, sus selvas de rama de romero, sus torres puntiagudas de cartón, sus pastorcicos de barro, sus dromedarios amarillos y sus Magos con manto de bermellón,
muy parecidos a reyes de baraja.
Emilia Pardo Bazán
No era verdad; el vecindario de aquel pobre barrio extramuros sabía que la bruja de la voz carrascuda, aun cuando tuviese el cuerpo
muy lastrado de líquido, no se metía en realidad con nadie; pero andaba siempre alabándose de abofetear al uno y de destripar al otro.
Emilia Pardo Bazán
Como esperábamos, los facciosos nos atacaron al siguiente día. La acción fué
muy sangrienta, y duró desde las tres de la tarde hasta el anochecer.
Pedro Antonio de Alarcón
- Pero ya lo conozco. - ¡Cómo! - Es
muy sencillo. Lo he buscado; lo he visto; traigo las señas, y pido mi ganancia. - ¿Estás seguro de que lo has visto?
Pedro Antonio de Alarcón