Ejemplos ?
Bien te llevan tus pasos, como dotados del buen olfato de una perra de Laconia: poco hace que esta dentro el hombre, con el rostro bañado en sudor y de sangre las manos que a espada han matado.
Oh, lodo, lupanar, o si más perdido puedes algo ser. Pero no, aun así, ha de creerse esto bastante, que si no otra cosa se puede, rubor de su férrea cara de perra saquemos.
La aparición rechinó los dientes y se rió, pero sacó el recibo de una gran carpeta y se lo tendió a Steenie: – Ahí tienes tu recibo, perro despreciable; y en cuanto al dinero, el hijo de perra de mi hijo puede ir a buscarlo a la Cuna del Gato.
Y no volverás a la casa hasta que este animal haya vuelto. Cuando llegó al campo, Pipète comenzó a saborear la torta; comió un poco, le dio un trozo a la perra y comenzó a trabajar.
Oyó ruido detrás de él, gritos ahogados, choques de cuerpos, como si se rieran haciéndose cosquillas, y maldijo su perra suerte, que tan mal comenzaba el día.
El viejo Faraj, una vez recibida la respuesta de Java, llamó a su hijo Dais a la sala de abluciones de su casa, y sentado frente a él, mientras el joven permanecía respetuosamente de pie, le dijo: -Sé que te has enamorado de una perra infiel.
No más amorcito. - ¡Desgraciada! ¡Infiel! ¡Perra! ¡Ramera! -y desenfrenado, como loco, furibundo, continuaba en su orgía de golpes.
En el animal, entre el deseo y la acción, no hay nada. Cuando un perro quiere hacer el amor no se preocupa si la perra es de otro, entre el deseo y la acción no hay nada.
Mi hermana está ya casada, yo y todo tengo marido; y aun cuando fuera otra cosa, son inútiles conmigo engaños de sangradores y toqueros artificios. POLONIA Señora... DOÑA BERNARDA ¡Cierra esas puertas, perra! ¡En buenos laberintos nos has enredado a todas!
Su imagen tengo delante; no vi cosa semejante en mi vida. Una señal tiene que la diferencia. DOÑA BERNARDA ¿Cómo, perra? POLONIA Bien que es poca: un sí o no es mayor la boca.
Cuando llegaron las diez, Pipète se dio cuenta de que hacía mucho calor. “Esta pícara perra no va rápido, se dijo”. De pronto, una idea luminosa atravesó su cerebro: cogió la cola de la perra y la ató entre la reja y el mango del arado sujetándolo bien fuerte.
DOÑA JUSEPA Yo fui la condesa misma de Ficallo, hermana. DOÑA BERNARDA ¿Hay tal? ¡Y la perra berberisca que en chilindrinas me hablaba!... POLONIA Todo amor es chilindrina.