Nunca me habían llamado la atención las películas antiguas. Siempre las veía con cierto rechazo, quizá por sus efectos desfasados, su estilo de actuación tan distinto al actual o esos diálogos que a veces se sienten poco naturales. Sin embargo, La Llorona (1933) me sorprendió gratamente.
Lo que parecía una simple historia de terror basada en una leyenda terminó siendo un relato intrigante que combina lo sobrenatural con oscuros secretos familiares. A medida que avanza la trama, la película juega…