martes, 1 de abril de 2025

Waxahatchee. Tigers Blood

Hace veintisiete años Lucinda Williams publicó Car Wheels On A Gravel Road el álbum que la catapulto. Llevaba muchos años en el mundo de la música y había grabado unos cuantos buenos discos pero en ese todo encajo para propulsarla a otro nivel. Lo descubrí gracias a Popular 1 y fue una de mis primeras incursiones en el country rock. El pistoletazo de salida en ese sentido lo había dado dos años antes Steve Earle con I feel alright en el que colaboraba en el tema que cerraba el disco la propia Lucinda. Estos dos discos son en mi casa sagrados y el inicio de mi idilio con el género; country rock, americana, llámalo como quieras.

¿Por qué esta megachapa si de lo que voy a escribir es del Tigers Blood de Waxhatchee? Pues porque la primera vez que escuché este álbum pensé en Lucinda. Tienen cierto parecido sonoro, influencias similares, deliciosos puntos en común y un nivel similar lo que me encanta porque refuerza mi entusiasmo por los tiempos que vivimos repletos de grandes discos que merecen ser escuchados con el detenimiento de antaño. Por mucha oferta que haya centrarse en maravillas como Tigers Blood ofrece una recompensa colosal. Descubrí el disco gracias a un comentario entusiasta de Alex G en una de sus redes sociales. Después Su me corroboró que solía poner el disco en el trabajo y que, en efecto, era una delicia. 

Y caí rendido desde que escuché a Katie Crutchfield entonar la primera frase del álbum; I Pick you up inside a hopeless prayer.... Una adorable forma de empezar un disco con una sensible y atractiva interpretación vocal. Una canción tranquila a la que siguen dos temas irresistibles repletos de buenas guitarras y grandes armonías vocales; Evil Spawn y Ice Cold. Ambas podrían figurar en el disco antes mencionado de Lucinda. Nivel superlativo que no decae sino todo lo contrario con Right Back To It donde se luce y mucho MJ Lenderman en las armonías vocales y a la guitarra como en todo el disco. 

Otro músico en el que he pensado al escuchar esta obra de arte ha sido Buddy Miller ya que Tigers Blood tiene ese tipo de producción no intrusiva, de dejarse llevar al estilo Buddy. Menos es más, mucho más, otra prueba radiante es Burns Out At Midnight con esa armónica fundamental que guía todo el tema. Bored tiene un toque a lo PJ Harvey, otra de las influencias de esta chica excelentemente llevada a su terreno. De las más marchosas del disco y con cierto toque punk y chulesco. En esta canción me chifla el bajo de Brad Cook que además produce el disco con mano certera. Lone Star Lake podría ser un tema a enseñar para todo aquel que no conozca el término americana. Una joya que tiene los mejores ingredientes del género, elegancia por los cuatro costados, basta fijarse en como toca la batería Spencer Tweedy

Crimes Of The Heart es muy minimalista, escucharla a tope en los cascos fijándome en como se complementan las guitarras ha sido toda una experiencia. Crowbar me recuerda poderosamente a REM, las primeras notas de guitarra puede que se parezcan incluso mucho a una canción de los de Athens. Otra delicia. La recta final no pierde fuelle y tanto 365 como The Wolves y la que da titulo al disco, Tigers Blood rematan el asunto de forma prodigiosa. Un disco esencial, sin canción de relleno. Una obra de arte a escuchar con toda la atención del mundo. Así que no se qué hostias haces que no reservas los cuarenta y seis minutos que dura el álbum para escucharlo a todo volumen. Lo agradecerás. 


martes, 18 de marzo de 2025

Ryan Adams. Star Sign

Aunque Ryan Adams esté sumergido en una gira conmemorativa de un disco editado hace veinticinco años el tipo sigue grabando música de forma compulsiva. Pocos artistas tan prolíficos se me ocurren. Podría competir perfectamente con Jim Lauderdale. Les salen las canciones a borbotones. Su creatividad está desatada. Y como el propio Adams comenta en la estupenda entrevista que le hace Silvia Beltrán para el Ruta 66 de este mes, el artista cree que su mejor momento está por llegar, su mejor concierto por ofrecer y la mejor novela por escribir. Esa una forma estupenda de vivir. Comparto su entusiasmo y como amante de la música vivo de esa forma. Es asombrosa la cantidad de música nueva que estoy descubriendo en los últimos años. De no creer. Nadie puede frenar mi entusiasmo. 

Una buena prueba del torrente creativo de Ryan es que el año pasado editó nada más y nada menos que cinco discos. Por supuesto, seguirle la pista es directamente imposible. Me quedé prendado con uno de ellos, Star Sign. Lo escuché compulsivamente a finales del pasado año cuando todavía no estaba en la dichosa plataforma en la que mi querida hermana me ha regalado una suscripción premium. No tengo ni idea cómo funcionan los entresijos legales para que un disco esté ahí pero ya era hora. Antes lo escuchaba en el tubo. Star Sign es sin lugar a dudas uno de mis discos favoritos de Ryan y por supuesto lo puse en mi Top Seventeen de 2024.

¿Qué hace que Star Sign sea tan jodidamente especial en mi hogar? La respuesta simple es que está repleto de grandes canciones. La más etérea, inexplicable y mágica es que remueve de forma misteriosa y altamente adictiva buena parte de mi ser. Incluso los celadores búlgaros sin estudios tenemos alma. Empezar un lánguido día como hoy, sin tener que ir al laboro, leyendo la entrevista antes mencionada en Ruta 66 y rescatar la que le hicieron Nat Simons y Anchel P. Sol para el Popular 1 de abril del pasado año mientras escucho todas esas atronadoras canciones ha sido una gozada. Disfrutar de un álbum de esa manera como si fuese la primera vez que lo escuchas, aunque sea la decimoséptima, es maravilloso. 

Me sucede a menudo que discos actuales que me vuelan la cabeza me remiten a otros que tengo en un pedestal en mi hogar. Emparento Star Sign con After The Gold Rush de Neil Young. Ahí es nada. Sónicamente tienen puntos en común. Por ejemplo la canción que da título al álbum de Ryan podría encajar perfectamente en la obra de Young. Te desarma igual que las del canadiense. Esa armónica con la que comienza marca el terreno de una forma prodigiosa y Ryan adopta un falsete fantástico que se apodera de ti. Las acústicas y el hammond envuelven todo de una forma elegante, reposada, hipnótica. Una canción colosal. Abundan en el disco. 

El álbum me ganó desde el principio porque Self Defense es una apertura excelsa. Musicalmente repleta de matices sonoros. Esos violines tan bien puestos, el piano añadiendo singulares detalles, las guitarras acústicas perfectamente compenetradas con los escasos pero singulares efectivos punteos de la eléctrica y unos leves arreglos de cuerda. Recomiendo escucharla con cascos o a todo volumen en el equipo de música. Es una pasada. So Lost empieza con el clásico rasgueo de guitarra que capta mi atención pero lo que me vuela la cabeza aquí es el bajo que hace su aparición de forma portentosa en el minuto 1:03 y a partir de ahí se convierte en el guía vital del tema que termina de forma exultante con una centelleante parte de piano acompañada por unos singulares coros. 

Darkness no hace sino aumentar el nivel de forma asombrosa. Una canción que podría convertirse en un clásico ineludible de su amplio repertorio. Perfectamente construida, de menos a más, con una cadencia lenta pero sin aburrir, dando espacio a que cada instrumento que se incorpora brille para formar un conjunto prodigioso. Y qué decir de la interpretación vocal de Ryan que alcanza su punto álgido al final con ese falsete tan delicado y oportuno envuelto en arreglos orquestales sazonados con unos punteos de guitarra eléctrica sencillamente geniales. De la oscuridad anterior pasamos a la luminosidad gracias a Shinin' Throught The Dark, de esos temas que se quedan a la primera y que cuenta con un acordeón la mar de molón que me hace pensar en aquel estupendo Countrysides de Cracker.  

Las seis canciones que quedan son igual de brillantes. Lo juro. Que me aspen si Tomorrow Never Comes no podría estar perfectamente en Nebraska de Springsteen y ojo que me imagino a Bruce haciendo una versión de este tema. Aunque lo más seguro es que ni lo conozca. Speeding Car es otra de esas canciones que podría ser un single perfecto, una de esas tonadas que de figurar en la banda sonora adecuada ganaría adeptos a borbotones. Pero no creo que Ryan esté pensando en nada de eso. Su única preocupación parece ser llenar este mundo con grandes canciones y lo está consiguiendo con creces. Añádanle al lote I Lost My Place, Be Wrong y Stay Alive. Las tres soberbias. Le voy a dar al play otra vez. Y van...

martes, 11 de marzo de 2025

Caballos Salvajes. Jordi Puyol Nadal

Los turnos de noche en el hospital son muy largos. Conviene tener cerca un buen libro. En un par de noches me he deleitado con la lectura de Caballos Salvajes escrito por Jordi Puyol Nadal y que se detiene en los cinco últimos años de la vida de Gram Parsons, indiscutible icono del country rock. El libro está construido a modo de biografía oral recogiendo jugosos testimonios de muchos de los que de una u otra forma colaboraron con Parsons, escribieron sobre él o músicos a los que la obra de Gram influyó de manera decisiva. Esas contribuciones son decisivas y la propia prosa y opiniones del autor del libro recogidas en la parte final son excelentes. Comulgo totalmente con su forma de ver el asunto.

Antes de continuar que nadie piense que descuido mis deberes profesionales. En cuanto suena un timbre o algún compañero me solicita para cualquier tarea acudo raudo y veloz, tanto que ni te lo creerías. Hay rayos que dejan menos estela que yo. Y mucho menos glamourosa. Glamour no le faltaba a Parsons. Eso piensan la mayoría de sus acérrimos seguidores, esos que podrían militar en una secta y que opinan que Gram prácticamente inventó un género el solito. Porque los hay. De eso también se da cuenta, y muy bien en el libro, tanto en las reflexiones finales del autor como en unos cuantos testimonios de los implicados. 

Cada capítulo del libro está estructurado de la siguiente forma; una introducción a cargo del autor en la que expone que ocurrió en un periodo concreto, seguida de los testimonios bien de los implicados o de las opiniones de autores o músicos conocedores de la obra de Parsons como Sid Griffin, Chuck Prophet, Jim Lauderdale o Mark Olson. Y no se hace redundante, sino todo lo contrario ya que el autor se limita a exponer los hechos y es gracioso comprobar como la película siempre varía según quién te lo cuente o a quién preguntes. Es un forma muy sencilla a la par que poderosa de contar una historia. 

Hay varios hechos claves en la vida y obra de Gram Parsons. Me centraré en los que más me han gustado y llamado la atención. Por ejemplo la relación entre Parsons y Keith Richards de la que mucho se ha escrito y especulado. No voy a hacer spoiler pero conecto mucho con las reflexiones que al respecto realiza el autor en la parte final del libro. Siempre planeará la sombra de Parsons en temas como Sweet Virginia o Wild Horses. En lo musical parece que había una conexión casi mágica entre ambos pero también esta por medio Mick Jagger y sus supuestos celos. ¡Mick celoso! ¡Eso no puede ser! Jamás de los jamases, ja ja. En todo caso el resto de la chusma le envidia a él.

Está muy bien contada la historia musical de Gram Parsons y Emmylou Harris. La perfecta compenetración musical entre ambos. De esta cuestión diría que hay consenso. Y basta escuchar cualquier tema que grabaron juntos para percatarse, de que en efecto, ambos habían nacido para cantar juntos. La muerte de Parsons dejo muy tocada a Harris pero la chica supo encarrilar todo su potencial en una carrera más que interesante. La parte en la que se glosa la creación de los discos GP y Grievous Angel está muy bien contada. Es curioso comprobar como alguien que hacía algo más que flirtear con las drogas fue capaz de sacar adelante dos discos espléndidos rodeado de varios músicos clave en la carrera de Elvis Presley como James Burton o Glenn D. Hardin.

Me han parecido especialmente atractivas y certeras todas las intervenciones de Sid Griffin, Barney Hoskins y Jim Lauderdale. Conecto totalmente con sus aportaciones en temas musicales y vitales. Hay reflexiones muy certeras sobre el tema de las drogas. Sobre su romantización, esa idea equivocada a más no poder de que ciertas sustancias incentivan y ayudan a crear... El final de Parsons como el de tantos otros está marcado por una adicción incontrolable que le privó de haber compuesto mucho más material del que hizo. Son también muy interesantes los apuntes sobre la vida de Parsons, un tipo que tenía la vida resuelta desde la cuna y como eso de alguna manera le marcó y no precisamente para bien o al menos no le supo sacar el innegable potencial que tenía esa situación. Voy ahora con las valiosas aportaciones de mis favoritos:

Sid Griffin

Experto en la figura de Gram Parsons, autor de una biografía sobre el músico y del guion del documental Fallen Angel de la BBC (que también en su día compre en DVD), Griffin es además componente del grupo The Long Ryders. Sus intervenciones son jugosas a más no poder e indudablemente certeras. Sid no duda sobre la grandeza musical y su influencia en el mundo del country rock y he descubierto gracias a el que Grievous Angel era el álbum favorito de Tom Petty.  Pero aunque le guste y mucho la música de Parsons no se muestra ciego y reconoce que Gram perdió mucho el tiempo y no supo sacar todo el jugo que tenía a su talento. Y se muestra claro y contundente sobre el abuso de las drogas y su romantización. Conecto totalmente con sus testimonios.

Barney Hoskins

¿Qué decir de Barney? Sin duda uno de mis escritores favoritos sobre música. Enormes sus libros Tom Waits, la coz cantante y Hotel California: Cantautores y vaqueros cocainomanos en Lauren Canyon. Aquí sus apariciones son colosales. Por ejemplo cuando se está tratando de la posibilidad de que Gram y Keith Richards grabasen un álbum juntos, Hoskins dice: En la neblina de los ópiaceos y la euforia de la coca, estoy seguro de que Keith lo decía en serio... No he podido descojonarme con tamaña aseveración. Pero para que el lector vea que no sólo me quedo con la mandanga, me encanta cuando Hoskins se refiere a Emmylou Harris como una persona crucial en el renacimiento de Gram Parsons

Jim Lauderdale

Todos los testimonios de Lauderdale demuestran el profundo y sincero amor que tiene Jim por la música de Gram Parsons. No cabe duda de que fueron una influencia decisiva en su profusa discografía. Y como estudioso de toda la obra de Parsons, Jim pondera y se deshace en elogios a los músicos que participaron en GP y Grievous Angel. Sabe muy bien que la grandeza de la música a menudo, casi siempre de hecho es un asunto de equipo. Varias personas dando lo mejor de sí mismo en unas buenas canciones. No puedo terminar sin referirme a que Jim Lauderdale es uno de los mejores compositores de la historia. Un tapado cuya carrera merece ser reconocida y no puedo sino declarar sin ningún tipo de rubor que Lauderdale superó a su influencia con creces y que ahí sigue grabando música maravillosa.  






lunes, 3 de marzo de 2025

A Complete Unknown

Ayer fui al cine a ver A Complete Unknown dirigida por James Mangold. Éramos muy pocos en la sala, no sé si porque elegimos la versión original subtitulada o porque la figura de Bob Dylan no despierta tanto interés, pero me sorprendió teniendo en cuenta que era el fin de semana del estreno. Me gustó la película. No me voló la cabeza que era lo que esperaba pero eso seguro que tiene que ver más con mis expectativas que con otra cosa. Siempre es así. En cualquier caso me parece un buen film, entretenido, que va de menos a más. La película cuenta con el beneplácito de Mr Zimmerman, por lo que teniendo en cuenta lo que le gusta al de Minnesota inventarse su propia vida, tiene hasta gracia. Las inexactitudes que cuenta el film en algún caso pueden hasta chistes del propio Dylan. Genio y figura. 

Me esperaba un film que cuidase al detalle todo el tema de la ambientación, vestimenta y esas zarandajas. Y así es. Habiendo visto varios documentales sobre Dylan te percatas de que la película recrea ese Nueva York de principios de los sesenta a la perfección. El reparto está espléndido, encabezado por un Timothee Chalamet que se mete en la piel del Dylan de esos años de forma prodigiosa en todos los aspectos; voz, gestos, incluso cuando canta las canciones de Bob. Espectacular. Atractiva y seductora a más no poder está Monica Barbaro en el papel de Joan Baez y perfecto Edward Norton en el de Pete Seger. Las actuaciones del elenco actoral es una baza ganadora. Los secundarios están también soberbios como es el caso de Dan Fogler en el papel de Albert Grossman o Boy Holbrook en el de Johnny Cash, con pocas apariciones pero de esas que no se olvidan. 

La película arranca con la llegada de un joven Bob Dylan al Greenwich Village. Un perfecto desconocido obsesionado con figura de Woody Guthrie al que va a visitar a un hospital. Incluso sobre esa historia hay dudas pero, ¿Cuándo no las hay estando Dylan implicado? Ja, ja. En realidad se puede poner en duda muchas cuestiones que se cuentan en el film pero eso en el fondo es igual ya que todas esas licencias no cercenan en absoluto el buen hacer del film. En cualquier caso si que creo que el guion podría tener más garra, haber indagado de una forma un poco más clara en la relación entre Joan Baez y Bob Dylan y haberle dado más cancha a la creación musical en la parte final, sobre todo en el papel que juega la banda que graba el disco Highway 61 Revisited y no tanto al conflicto que hubo en Newport por la electrificación de Dylan en el sacrosanto lugar del folk. 

Algo que consigue la película, al menos en mi caso, es tener ganas de volver escuchar a Bob Dylan. Hubo una época, a principio de los noventa en que le tenía en un pedestal y pinchaba su música menudo. Me compré unos cuantos de sus discos, me leí la biografía que escribió Howard Sounes y disfruté de lo lindo con el documental No Direction Home dirigido por Martin Scorsese. Cuando sonó en la película Like A Rolling Stone la volví a gozar como siempre, incluso en la voz de Chalamet. Sigue siendo mi tema favorito de Dylan. Después de ver la película a la noche acompañe la lectura del artículo sobre Blood On The Tracks escrito por Roberto León para Popular 1 con la escucha del mismo y me volví a deleitar con esa rodaja tan buena. Esa época podría dar para otra buena película, seguro que también estaría plagada de extraordinarias y rocambolescas inexactitudes cortesía de Mr Zimmerman 

viernes, 28 de febrero de 2025

JJ Grey & Mofro. Olustee

Es una auténtica pena que la gira que JJ Grey & Mofro están llevando a cabo por Europa no tenga ninguna parada cerca de estos lares porque la banda esta en un momento espectacular presentado u disco soberbio como Olustee, sin duda una de mis favoritos del año pasado. Recuerdo que hace unos años mi amigo Ander me grabó uno de sus anteriores discos. Lo escuché bastante pero les perdí la pista. Ahora la estoy gozando con Olustee desde que lo descubrí hará unos cuatro meses. El disco se publicó el 23 de febrero de 2024 así que ya tiene un año. Muchas reseñas lo ponen como el mejor de su discografía. No puedo opinar al respecto porque no conozco lo anterior pero este me ha encantado, de la primera a la última canción. 

Y el inicio con To The Sea puede despistar. Es una pista muy tranquila con guitarras acústicas y piano reinando y con JJ Grey cantando con todo el sentimiento del mundo una evocadora letra que capta toda tu atención. A destacar los arreglos orquestales, espléndidos para darle un toque envolvente y singular a la canción. Me chifla ese final tan sugerente, tan relajado que salta por los aires con el siguiente tema repleto de groove y buen rollo, una extraordinaria Top Of The World que camina a lomos de la sección rítmica, fabulosos Tod Smallie (bajo) y Craig Garret (batería), colchón perfecto para que se sumen a la fiesta Kenny Hamilton (saxo) y las trompetas de Dennis Marion y Marcus Parsley. Toda canción que supure funk y buen soul tiene que tener esos coros tan imprescindibles como los que aquí se curran Katie Dutton, Niki Dawson, Laiken Love y Sage Grey. On A Breeze vuelve a una senda tranquila, hipnótica con esas guitarras acústicas que suenan a gloria y otra interpretación vocal fantástica de JJ Grey. Nuevos arreglos orquestales añaden el punto perfecto para elevar un poco más el tema si cabe. Me chifla todo el tema y bebo los vientos por lo que va del minuto 3:30 al final. Escuchar esto en directo tiene que ser una gozada.


Olustee te sacude con fuerza con armónicas marcando cierto territorio blues. El tema parece una loca mezcla de Screamin Jay Hawkins y Sly & Family Stone. La gloria bendita para mi. El piano que inicia Seminole Wind es una gozada total, lo adoro. Menuda forma de captar mi atención. Aquí JJ Grey canta en un tono más grave al comienzo. Pronto le envuelven los fantásticos coros que van dotando al tema de ese inequívoco toque soul. Locura con los vientos que vienen para marcar territorio de forma elegante. Wonderland puede ser el tema rompepistas por el que mi amigo Grushecky venda su alma al Diablo. Irresistible. Dance To The Music!

Después de sudar en la pista de baile puedes agarrarte bien a tu pareja con Starry Night, todo sensualidad con las guitarras eléctricas sonando maravillosas, esenciales. Hay que alabar el trabajo de Pete Winders. Aquí los arreglos orquestales vienen cuando menos te lo esperas y encajan a la perfección en perfecta combinación con el piano. Que mejor titulo que Free High para volver a la pista de baile con una tonada repleta de funky con falsetes de muchos kilates. Otro tema que en directo puede ser una fiesta total. Tanto Waiting como Rooster y la final Deeper Than Belief requieren más escuchas pero la recompensa es tan buena como con todo lo anterior. Podrían haberlos traído al Festival de Blues de Bilbao. Cachis. 








lunes, 24 de febrero de 2025

The Red Clay Strays. Made By These Moments

Leí en el Popu de Enero consagrado al Rock Sureño que The Red Clay Strays han multiplicado su caché en Estados Unidos en apenas unos meses llenado tres noches consecutivas el Ryman Auditorium de Nashville. Me alegro por ellos pero mucho me temo que eso les aleja de Europa y mucho más de Spain. Se pueden convertir en la típica banda que por aquellos lares goza de un status muy grande y que se sienten cómodos sin salir de su territorio. Espero equivocarme de veras porque adoro su álbum Made By These Moments producido por Dave Cobb y que por supuesto incluí en mi Top Seventeen. Una gozada de principio a fin. Regalazo de Su. 

Antes de continuar un pequeño paréntesis. Tras el concierto el otro día de DeWolff en la Sala Santana me decían un par de amigos que seguían disfrutando de la música pero que de alguna manera no había discos que les marcasen como cuando eran más jóvenes. Discrepo. Made By These Moments es uno de esos ejemplos perfectos. Me he metido de lleno desde hace tiempo en este álbum gozando no sólo de la música, que es lo primero que me ha llamado la atención sino también y mucho de las letras, sencillas, evocadoras que tratan de temas universales: salud, amor, depresión, espiritualidad. 

La banda la forman Brandon Coleman (voz y guitarra), Drew Nix (guitarra), Zach Rishel (guitarra), Andrew Bishop (bajo) y John Hall (batería). Sus referentes son claros y no lo esconden: Lynyrd Skynyrd, The Allman Brothers, Sturgill Simpson o Johnny Cash. Son igual de efectivos en los temas más rockeros como en los pausados donde rebosan soul por los cuatro costados y donde la voz de Coleman más se me asemeja a uno de mis héroes actuales: Chris Stapleton. Drowing podría perfectamente cantarla Chris pero es una canción de estos chicos y Coleman lo borda con una interpretación maravillosa que va calando poco a poco según avanza la canción de tal forma que no quieres que termine. Me la pongo en bucle. 

Claro que todo en este mundo es mucho más fácil si tienes una canción tan endiabladamente buena para abrir el álbum como Disaster que capta tu atención de forma aplastante. El espíritu Allman está más presente que nunca. La primera vez que la escuché pensé; ¡Viva el Rock Sureño, copón! Perfecta melodía sazonada por unas guitarras explosivas todo ello servido de forma lenta, misteriosa, con una magnífica letra que te atrapa desde el comienzo. Me chifla como se van sumando instrumentos, con esa atmósfera tan sureña y ese final de canción a toda mecha con las guitarras echando chispas. Podría ser un clásico de cualquier época que te pase por la cabeza.

I´m a giant slayer, 

I´m a music player, 

I´m young king walkin´, 

Now the prophet´s talkin´, 

I don´t wanna say I got carried away when I really just killed a man, 

Oh God, disaster struck again

Cuando te tienen bien agarrado no te sueltan con la siguiente Wastin´Time que tiene una efusividad a prueba de bombas. Esto en directo puede ser tremendo. Cómo me gustaría comprobarlo y que chungo va a estar... Un giro maravilloso, repleto de estilo viene con las dos siguientes Wanna Be Loved y No One Else Like Me. Esta última me tiene absolutamente obsesionado. Es otra de las que puedo poner en bucle. Me chifla como se abren paso las guitarras en medio de un bajo que marca el territorio a la perfección y caigo rendido ante Coleman al escucharle cantar: How many mistakes can I make before I start to see? Me vuelve loco como se van cruzando las guitarras, unas más fieras, otras más finas, todas perfectamente empastadas. Que puta locura. 

Ramblin´es un cañonazo que me saca de mi ensimismamiento. Te zarandea de lleno este tema que es una oda al espíritu viajero de los músicos. Esas canciones donde se nombran muchas ciudades por las que estos tipos han dejado su impronta. Ojalá que pronto haya nombres europeos, que coño, ¡vascos! Antes ya he mencionado Drowing y tras ella viene otra pieza descomunal Devil In My Ear con una letra descollante acerca de la depresión y cualquiera que haya vivido algo así se podrá sentir identificado. Musicalmente es un medio tiempo evocador, con mucha garra donde reina por momentos la slide. 

Como he escrito cuando se ponen trotones y le dan caña al asunto son muy buenos pero alcanzan el éxtasis en las canciones más tranquilas. Extraordinarios ejemplos de ello son I´m Still Fine y Moments a cual más emotiva con todos los instrumentos remando en perfecta armonía. On My Knees puede ser otro de esos momentos que sacudan nuestros cuerpos en directo. Supongo que a alguno le puede tirar para atrás tantas menciones a Dios y el Señor pero lo cierto es que eso cada uno se lo puede tomar de forma distinta e interpretarlo a su manera. El menda desde luego está bien agarrado a este artefacto y me siento identificado a más no poder con líneas como I’ve been holding onto something / This all can’t be for nothing / We’re all made by these moments. Por cierto otro disco descubierto gracias a La Hora Chinaski.

miércoles, 19 de febrero de 2025

La muerte de Robert Johnson. Dolphin Riot & Raúl Gonzalez Rago

Seguro que la mayoría de los millones de lectores de este cochambroso blog si piensan en Robert Johnson lo harán citando los lugares comunes; prodigioso compositor del blues primigenio, superlativo guitarrista que vendió su alma al Diablo, mujeriego empedernido y pendenciero sin parangón en el Delta del Mississippi durante los años 20 y 30 del pasado siglo. Ese pack completo fue muy bien vendido por Columbia Records allá por los años sesenta cuando se editó King Of The Delta Blues Singers. Otra cosa es que la realidad fuera esa o se acercase siquiera a lo que fue Robert Johnson

El autor de este libro indaga en la vida y muerte de Robert Johnson de forma curiosa, didáctica y sumamente entretenida. Primero en cinco capítulos de ficción, con pulso narrativo y chispa. Se lee de un tirón. Y después en un último capítulo en el que se abordan las cuestiones relevantes de su biografía; quién fue el mentor, el que enseño a Robert Johnson a tocar la guitarra; cómo se originó la leyenda en torno a su figura e interesantes y jugosas disquisiciones sobre derechos de autor. Todo ello acompañado por las exquisitas ilustraciones, molonas a más no poder de Raúl González Rago

Como ha me había leído anteriormente La historia de Elmore James y Robert Johnson lo relativo al capítulo sexto de este libro aparece en el mencionado desarrollado y ampliado. Recomiendo por tanto, leer primero La muerte de Robert Johnson y luego ir a por el otro de cabeza. Me quedo con una reflexión que cito textual y que me parece un gancho definitivo, por lo menos para mi, para leer este libro; qué es más fácil de vender al gran público a través de un documental, libro o disco; ¿Un afroamericano con oído absoluto al que le enseñaron a tocar la guitarra en casa o un negro pendenciero y mujeriego que vendió su alma al Diablo para convertirse en el mejor guitarrista y cantante de su tiempo?

El libro me lo he ventilado en una ociosa jornada nocturna de trabajo entre timbre y timbre (afortunadamente no han sido muchos ja ja). Me ha enganchado de tal manera que lo he releído en la siguiente noche ya en casa mientras sonaba King Of The Delta Blues. Entre los muchos aciertos del libro están unas más que interesantes reflexiones en el último capítulo bajo el título de Recursos y Derechos, de autor. Me he descojonado vivo leyendo las opiniones que se recogen de Bob Dylan sobre el impacto que tuvo el descubrimiento de la música de Robert Johnson en él. El análisis que hace el autor sobre sus palabras es certero a más no poder. Lean, lean.