En el caso de MANÍ- COMO un joven e inexperimentado
psiquiatra visita una casa de reposo, en el campo,
que es reputada por un sistema de tratamiento, que se
conoce popularmente como el método de la dulzura. Un
amigo y colega lo recomienda con el director de dicho
establecimiento para ser, él, testigo propio de un método
que, según le han dicho, es el paso del mañana en el
progreso de salud mental. Sus expectativas llegan a la
sorpresa, la admiración y la confusión cuando denota que
tras de toda revolucionaria verdad hay un camino lleno
de contradicciones.
David y Julián
ISBN 978-958-49-1660-0
9 789584 916600
O. David Díaz Guzmán.
Julián David López Amú.
Crónicas del Ángel
de la historia:
El ocaso de la primavera / Mani- Como.
O. David Díaz Guzmán.
Julián David López Amú.
.
Es Licenciado en Ciencias Sociales de
la Universidad Distrital, Especialista
en Filosofía Contemporánea de la
Universidad San Buenaventura y
Magister en Filosofía Latinoamericana
-con Suma Cum Laude- de la USTA;
actualmente es docente de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
Santo Tomás de Aquino. Sus campos
de investigación versan sobre Filosofía
Latinoamericana, teoría crítica y
hermenéutica. Como director de teatro
adaptó y dirigió las obras Crimen y
Castigo, Los Hermanos Karamazov,
A Puerta Cerrada, Romeo Y Julieta, y
creó y dirigió El Ocaso de la Primavera.
Crónicas del Ángel de la Historia hace su primera
entrega. En esta ocasión presentamos una obra de teatro
y un guión cinematográfico. El ocaso de la primavera es
una obra propia del teatro épico que se ubica en la Bogotá
de los años 40, y que pretende mostrar de forma explícita
las profundas angustias de Juan Roa Sierra –el supuesto
asesino de Jorge Eliécer Gaitán-. Es una puesta en escena
que le permite al espectador sumergirse en el devenir
mismo de la historia nacional, así como adentrarse en la
psiquis de su protagonista. Es una pieza que pretende
poner en cuestión al espectador, obligándole a mirarse al
espejo y con ello lograr que se conmueva, se ría, sufra,
sienta compasión, rencor, dolor, amor; que se sienta
asesino.
Crónicas del Ángel de la historia:
El ocaso de la primavera / Mani- Como
David Díaz Guzmán.
Julián David López Amú.
Profesional en psicología egresado de
la Universidad de San Buenaventura
Bogotá. Experiencia laboral en
psicoterapia, individual y grupal,
seguimiento, control e intervención
en pacientes con enfermedades
crónicas, profesional en procesos de
reincorporación y reintegración de
población victimaria del conflicto
armado, valoración psicosocial de
personas privadas de libertad y
diseño y aplicación de proyectos
de investigación desde el método
cualitativo.
1
2
Crónicas del Ángel de la historia: El ocaso de la
primavera / Maní-como.
O. David Díaz Guzmán.
Julián David López Amú.
3
Primera impresión, Colombia, enero 2021.
Ediciones Angelus Novus
Bogotá D.C., Colombia, 2021.
ISBN: 978-958-49-1660-0
Impresión.
Xpress Estudio Gráfico Y Digital SAS
Carrera 69H No. 77 - 40. CP: 111061. Bogotá, D.C. Colombia.
Se permite la copia de uno o de más artículos completos
de esta obra o del conjunto de la edición en cualquier
formato, mecánico o digital, siempre y cuando no se
modifique el contenido de los textos, se respete su
autoría y esta nota se mantenga.
4
ÍNDICE GENERAL
Obertura I ........................................................ 5
Obertura II ...................................................... 16
El ocaso de la primavera................................ 21
Maní-como… .................................................... 87
5
Obertura I
Cuestionar los códigos del teatro aristotélico resulta casi
una herejía para quienes se anquilosan en los grandes para
intentar detener el cauce del río con el dedo meñique. El
maestro Santiago García señalaba que la acción teatral se
encadena con la fábula, la imagen por supuesto es un
guiño a Bertrolt Brech, quien había planteado la idea
según la cual “el teatro épico ha de despojar a la escena de
su sensacionalismo. Por eso con frecuencia le serviría
mejor una fábula antigua que una nueva […] Y si el teatro
ha de buscar sucesos conocidos, <<los más adecuados
serían por de pronto los históricos>>”1.
Acudimos entonces al suceso histórico puesto que es allí
donde el teatro agrieta la hermenéutica clásica y establece
la comprensión y, por ende, la acción en la colectividad. A
saber,
unos
hombres
que
comparten
perspectivas
antagónicas de su vida en ese lazo inquebrantable entre el
yo y los otros; en esa angustiosa tarea de hallarme en la
alteridad y de tomar postura ante los hechos, ante el
Benjamín Walter, “¿Qué es el teatro épico?”, En:
Iluminaciones, Editorial Tauros, Colombia 2018, Pág. 138
1
6
drama, la comedia o como gustan decir los estetas del
teatro épico: ante la “escena”. Escena en la que fijo la
mirada desde la butaca del teatro para entrar en el juego.
Gadamer diría a propósito del teatro que: “Su esencia es el
juego2 hecho para mirar; la unificación que produce –ser
espectador de lo mismo– es una unificación desde la
distancia”3
Pero sigamos la pista del maestro Santiago García, quien
señalaba que para él la acción teatral “entendida ella como
conflicto, o como lo planteaba Aristóteles <<mitos>>, o
cadenas de conflictos, que en la jerga teatral se puede
definir como fábula, Aristóteles en su poética la llamaba
<<alma de la tragedia>>”4. La acción para el dramaturgo se
presenta en el marco mismo de la cotidianidad. El arte no
hace más que realizar un efecto de extrañamiento de lo
obvio. Pareciese como si a los ojos del hombre del común
el mundo no fuese más que un juego binario de causa y
Entendiendo la amplitud del concepto en alemán de la palabra
spiel
3 Gadamer, Hans, “Sobre el Carácter Festivo del Teatro”, En:
Hans, Gadamer, “Estética y hermenéutica”, Editorial Técnos,
Madrid 1996, Pág. 214
4 García Santiago, “El Quijote”, Ediciones Teatro La Candelaria,
Bogotá 2002, Pág. 18
2
7
efecto, negando con ello el pluriverso que contiene la vida,
las relaciones sociales, la historia, el pensamiento, lo que
somos y no somos. La realidad, entonces, es en sí misma
conflictiva. La acción teatral no difiere de la vida misma,
por lo cual el conflicto es constitutivo de su lenguaje.
Para mí la dramaturgia como escritura, como lenguaje, es
la voz que permite seducir al actor, al público y entrar en
debate con la historia, con nosotros mismos. Nos llama,
nos obliga, nos interpele, nos cuestiona, nos invita a tomar
postura frente a su vida, frente a las circunstancias5.
vivir es hallarse en un mundo no hermético, sino que ofrece
siempre posibilidades. El mundo vital se compone en cada
instante para mí de un poder hacer esto o lo otro, no de un tener
que hacer por fuerza esto y sólo esto. Por otra parte, esas
posibilidades no son ilimitadas —en tal caso no serían
posibilidades concretas, sino la pura indeterminación, y en un
mundo de absoluta indeterminación, en que todo es igualmente
posible, no cabe decidirse por nada. Para que haya decisión tiene
que haber a la vez limitación y holgura, determinación relativa.
Esto expreso con la categoría «circunstancias». La vida se
encuentra siempre en ciertas circunstancias, en una disposición
en torno —circum— de las cosas y demás personas. No se vive
en un mundo vago, sino que el mundo vital es constitutivamente
circunstancia, es este mundo, aquí, ahora. Y circunstancia es algo
determinado, cerrado, pero a la vez abierto y con holgura
interior, con hueco o concavidad donde moverse, donde
decidirse: la circunstancia es un cauce que la vida se va haciendo
dentro de una cuenca inexorable. Vivir es vivir aquí, ahora —el
5
8
A diferencia de Santiago creo que el teatro debe
comprender una armonía entre las ideas, los temas y el
desarrollo de las acciones. Es la trinidad del creador de
obras teatrales escénicas. Es el arnés que usa y desusa el
creador de arte. Por supuesto, para que ello se logre es
necesario que la acción sea fractal6, y que sea comprendida
como parte constitutiva del elemento tripartita señalado
de manera previa. Santiago García relaciona la acción con
las “aventuras que aparentemente se suceden por un
encadenamiento caprichoso, lúdico, pero
aquí y el ahora son rígidos, incanjeables, pero amplios. Toda vida
se decide a sí misma constantemente entre varias posibles. Astra
inclinant, non trahunt— los astros inducen, pero no arrastran.
Vida es, a la vez, fatalidad y libertad, es ser libre dentro de una
fatalidad dada. Ortega y Gasset, José, “¿Qué es la filosofía y otros
ensayos?”, Editorial Alianza, Madrid 2015, Pág. 247, 248
6 El fracto es la imagen en que se coagulan los momentos del
proceso del comprender en su determinación comprensiva,
interpretativa y aplicativa. Con la comprensión, busca el sentido
del texto por medio de la pregunta, y con ello, el centro mismo
del texto; con la interpretación a través de la imagen fractal, no
olvida que interpretar es conservar el sentido diciendo con
expresiones y palabras propias. En este aspecto, la hermenéutica
fractal constituye un desarrollo de la propuesta gadameriana de
encontrar nuevos géneros y nuevas formas de expresión para
mostrar una unidad de sentido Sopó, Á. M. “La hermenéutica
Fractal del texto. Fragmentos de una experiencia filosófica”. En:
Revista Cuadernos de Filosofía Latinoamericana Universidad
Santo Tomás. 2002, 1(86-87), 88-103.
9
que en el fondo están unidas o hilvanadas por un hilo sutil
que sería la propia <<deconstrucción>> de los personajes.
Es decir, su permanente posibilidad de hacerse y
deshacerse, y de esta manera arrastrar la imagen hacia una
visión no unitaria, sino fragmentaria de la pieza”7
Acepté la invitación de Betrolt Brecht de realizar un teatro
dialéctico. Benjamín nos señala que: “Brecht contrapone su
teatro épico al teatro dramático en sentido estricto, cuya
teoría formuló Aristóteles […] Así lo que se ha eliminado
en la dramaturgia brechtiana es la catarsis aristotélica, la
exoneración de las pasiones por medio de la empatía
(Einfühlung) con la suerte conmovedora del héroe”8.
Mientras que para Santiago la figura del antihéroe es un
elemento que se encuentra casi al azar, en mi caso, el
antihéroe no es un elemento más, no es producto del azar,
nuestro héroe dramático es reflexivo, el sujeto pensante, el
sabio, el contradictorio, el lejano hermano de Galy Gay.
“Galy Gay, el héroe de la pieza Un hombre es un hombre, no
es otra cosa que un escenario de contradicciones que
7
8
Óp. Cit., García, Santiago, Ibíd. Pág. 19.
Óp. Cit. Benjamín, Walter, Pág. 140
10
constituyen nuestra sociedad”9. Es aquí, justo aquí, donde
irrumpe nuestro hombre, Juan Roa Sierra. El ocaso de la
primavera es una obra dramática que se ubica en la Bogotá
de los años 40, y que pretende mostrar de forma explícita
las profundas angustias de Juan Roa Sierra –el supuesto
asesino de Jorge Eliecer Gaitán–. Es una puesta en escena
que le permite al espectador sumergirse en el devenir
mismo de la historia nacional, así como adentrarse en la
psiquis de su protagonista. Es una pieza que pretende
poner en cuestión al espectador, obligándole a mirarse al
espejo y con ello lograr que se conmueva, se ría, sufra,
sienta compasión, rencor, dolor, amor; que se sienta
asesino.
Quien pretenda encontrar en esta pieza el rigor histórico
que proclama el historiador se llevará serias decepciones.
Magdalena, la hija de Juan Roa Sierra, tenía 3 años cuando
su padre murió. Sin embargo, en nuestra fábula es una
niña con consideraciones existenciales y éticas anodinas
para un infante. Quien se aproxime a este texto literario
encontrará un Juan Roa sierra que discute lo sacro y lo
9
Ibíd. Pág. 139
11
profano, lo metafísico, lo político, lo histórico, lo ético; en
síntesis, un “sabio” que reflexiona con su tiempo. Por
supuesto, quien lea de manera detallada hallará en Juan
profundas
contradicciones
teóricas
en
apartados
puntuales. Esta es la forma de decirle al espectador que
Juan es y no es, que somos y no somos, que el conflicto
entre la erudición y la banalidad es la vida.
El historiador, el politólogo, el sociólogo, el filósofo, el
esteta tomará su abrigo, su sombrero y se marchará de la
sala de teatro, o abandonará en el anaquel del olvido este
libreto de teatro; y si lo conserva quizás sea por el trabajo
de Julián. Puesto que si intenta hallar un saber empírico se
encontrará con alucinaciones, reflexiones, análisis, sueños,
ficciones y más ficciones. Mi Juan Roa Sierra es una ficción
alejada del rigor de lo empírico, alejada de poderlo
comprobar. Quizás Juan Roa Sierra también es el autor de
esta pieza. Quien se deforma en la historia junto con él, se
arma, desarma, cuestiona, grita y calla con nuestro anti
héroe. Pues como diría Santiago García el antihéroe “es el
personaje que se presenta no como suma de valores
arquetípicos de la sociedad, es decir modelo, sino como
una especie de saco de contradicciones más de defectos o
12
carencias que de cualidades. De manera que a través de él
se puedan construir situaciones o conflictos reveladores de
una realidad crítica, convulsiva e inestable” 10. Si usted es
él, el hombre de los hechos, está a tiempo de detener la
lectura, pues aquí hay historia, literatura, especulación,
versos, música, imaginación y ficción11.
Pero quien quiera hallar una pieza literaria enteramente
ficcional se encontrará con que la obra acude a la historia,
la reflexiona, es subsidiaria de discursos históricos
verificables que aún susurran violencia. Hallarán ustedes
una vez más la idea y el fundamento de la interrupción
Óp. Cit. García, Santiago, Pág. 18.
Mario Varas Llosa diría en 2010 al ganar el premio nobel de
literatura que “La ficción es más que un entretenimiento, más
que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta
el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la
civilización siga existiendo, renovándose y conservando en
nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la
barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al
pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en
profundidad, pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa.
Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que
inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo
sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos,
un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser
humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo
y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros
sueños”
10
11
13
propuesto por Brecht. La obra se puede citar, ella cita y se
cita, “citar un texto implica interrumpir su contexto” 12.
Actores,
directores
y
público
en
general
deben
comprender que el gesto también se cita, “hacer que los
gestos puedan ser citados” es una de las ejecuciones
esenciales del teatro épico”13, es necesario prestar especial
atención a ello.
Ya puesto en este tránsito de la narrativa debo expresar
mi agradecimiento con Arturo Alape en su texto El
Bogotazo: memorias del olvido. Dicha obra me posibilitó
pensar los personajes en términos de su personalidad,
anhelos, perspectivas, y las relaciones sociales de la época,
además de determinar el sentido de la obra. Por supuesto
que se articuló con otras voces como la trilogía de Miguel
Torres14 y con las lúcidas reflexiones de Gonzalo Sánchez,
ellos fueron el pandemónium que tuvo lugar en mi alma.
Solo así se explica por qué se encuentran las voces de Jorge
Eliecer Gaitán en discursos históricos; o la tenebrosa
Óp. Cit., Benjamín, Walter, Pág. 141.
Ibíd. Pág. 141
14 La bella trilogía: El crimen del siglo, El incendio de abril, La
invención del pasado
12
13
14
voz de Monseñor Miguel Ángel Builes; o la voz bélica de
Laureano Gómez; o la voz del diario de Caldas a propósito
de Jesús María Cortés, el hombre que salió en libertad
luego de asesinar a un periodista; o por qué hallarán la
carta que Juan Roa Sierra le envía a Mariano Ospina Pérez;
o la forma en que Juan adquiere el revólver; o la cómica
escena de Juan en Monserrate con su amigo buscando
tesoros escondidos. Hay decenas de elementos históricos
que resultaría prolijo mencionar y que los invito a
descubrir, gestos nimios y magnos que dan sentido a la
pieza.
Los recursos fueron entonces la ficcionalización y la
historia, en la misma proporción y la misma medida, pero
sin olvidar que todos somos ficción en eso amorfo e
indefinible que llamamos vida. Así pues, la dulzura
literaria contenida en la obra no podría terminar sin un
agradecimiento fundamental al Teatro Libre de Bogotá, al
maestro Ricardo Camacho, Héctor Bayona y Patricia
Jaramillo. También a la contribución indeleble del Teatro
La Candelaria con Patricia Ariza y Santiago García mi más
profundo agradecimiento por ayudarme a amar este arte
desde joven. Esto también es para ustedes, maestros.
15
El ocaso de la primavera es, entonces, una forma de
sumergirse en las aguas ferruginosas del teatro épico,
para pensarnos en estos ríos de sangre.
David Díaz Guzmán.
XXX-XI-MMXX
16
Obertura II
No me voy a detener en la presunción estética de decir que
el cine, si es que cine en las ulteriores páginas se logra, que
conforma el final de este volumen, en clave de guion
literario, debe ser apreciado y tenido en cuenta como un
logro loable a lo que implica escribir algo que pretende ser
audiovisual. Maní-como es un ejercicio que se desprende
de dos pasiones; a saber, el querer apostar a un ejercicio
cinematográfico que dé un paso atrás en tanto recurra a las
letras, como fuente primaria, hoy guardadas por siglos, de
la literatura; y pensar en la cotidianidad que allí se
instauró y que las cámaras pueden representar. Esto con el
fin de dar mimesis a la versatilidad del erudito Edgar
Allan Poe a propósito de su capacidad para, manifestar en
la prosa, lo mucho que entendía la versatilidad de la
realidad
humana
en
tanto
cotidiana,
saturnal
y
contradictoria: este ejercicio despierta pues la historia de
la locura contada por el loco. ¿No es acaso responsabilidad
de la razón entender lo que no entiende?
Desarrollaré mejor estas consideraciones; por un lado, se
me antoja ver, en este ejercicio, un intento de compartir
17
¿qué? Lo que produce un escrito como obra, en el marco
de una fuerza creadora, que lo desea ver en existencias que
el autor, por su propia individualidad, dejó en el marco de
una propuesta artística concreta; a saber: el cuento. Pero
¿qué produce específicamente? La oportunidad misma de
desdibujar lo propio en los pasos de otro autor; de poseer,
en la experiencia de la lectura, la oportunidad de abrir
nuevos diálogos, nuevos hechos, nuevos dramas y, quizás,
nuevas formas de contar una historia del siglo XIX, cuya
fuerza es tan diciente que se siente como verdad en
nuestro XXI. De allí nace Maní-como, de su padre El
sistema del doctor Tarr y del profesor Fether, de la pluma
infinitamente brillante de un Poe tan sufrido como genio,
y de la traducción de este relato, en la cercana y versátil
aptitud del reputado Julio Cortázar. Este libreto no es
entonces el afán de llevar a una audiencia a escritos
remotos, sino el acercamiento verosímil de un leer en
propia voz lo que detallan las letras y dinamiza el luces,
cámara y acción. Esta es pues, mi voz abriendo paso al ruido
de los reflectores en el silencio de lo literario.
En segundo lugar, el relato contiene versiones que ponen
en jaque los principios más fundamentales de mi
18
profesión: la psicología. ¿Por qué? Por abordar el asunto
en las voces de quienes, a la luz de la razón, no poseen la
posibilidad de portar verdad alguna. El relato del
norteamericano nacido en Boston produce una fuerza
confrontativa y filosa sobre, justamente, esa categoría en
respecto a su relación con la psiquis humana: ¿es la verdad
el producto de una sanidad mental o la forma más
identitaria para justamente señalar, que quien no la tenga,
está loco? Ni mi guion adaptado, ni el cuento están en
condiciones de responder a semejante pregunta. Sin
embargo, es la inquietud que produce lo que genera la
necesidad de reescribir esta historia en la problemática de
una casa de reposo que, por renovar, renueva cayendo en
los vicios propios de lo más tradicional. Esto es, en la
reducción de los hechos; en el sometimiento de unos hacia
Otros; en el juego lingüístico de una objetividad, que por
su naturaleza cerrada se convierte en predecible, y por
ello, en el más indicado motivo de burla. No por la
intención a la mofa sino por las contradicciones que, en el
marco de lo serio, produce la inevitable gesta de lo cómico
y por ello, de lo trágico. En otras palabras, esta pregunta,
sin responder, se produce porque en esa lectura quien les
19
habla nota que la ciencia juega una vez más a afirmar
entender lo que nunca podrá entender a plenitud: el alma
humana.
Por otro lado, la importancia de mantener el respeto de
conservación, a propósito del manuscrito original, en
tanto ejercicio de adaptación, me es crucial en cuanto a la
amabilidad narrativa que permite la obra originaria y
desató la mía, siempre orgánica. Como producto de
escritura, esto no es nuevo. Me es ético reconocer esto, ante
el y la lectora, antes de que la misma historia empiece.
Mi adaptación es un tributo a lo que implica narrar una
ficción tan realizable en el mundo del séptimo arte como
en el mundo de todo lo cotidiano. Las modificaciones,
adiciones y sustracciones obedecen al intento de realizar
conexión entre el dialogo del hombre de otro tiempo y las
acciones allí halladas aún en este presente. La firmeza con
la cual se desarrolla la historia es tan Poe como los giros
que me permito yo darle en torno a, hallar en las verdades
de su discurso, las verdades de aquello que ni el tiempo
borra: el camino del artista como un ser, que con su obrar,
procura volver la existencia algo más tolerante para todos.
20
Por esto no es este libreto una invitación abierta a leer el
relato original, aunque quien quiera hacerlo bien puede,
por supuesto; sino una intención de exponer el impacto
que sobre la vida tiene el ir a la literatura en busca de nada
y en hallazgo de algo, en este caso particular, una historia
que contar.
Este guion fue entonces un repaso por la experiencia del
tratar al Otro, de dar cuenta que en ese trato nada es lineal,
que lo impredecible en los seres humanos está justamente
en la condición de ser-humano. Y que la forma científica
de ir a estos seres podrá, en el mejor de los casos,
aproximarse a las posibilidades mismas de su existencia,
pero nunca a la naturaleza misma de esa existencia.
Juzgarán ustedes si, al terminar su lectura, estas
inquietudes son sufrientemente pesadas como para
abordar la versión de una historia, en prosa, en la
descripción exegética de algo cuya representatividad más
latente es lo audiovisual. No obstante, he aquí en este
apartado la oportunidad de dar sentido, en experiencia de
autor, de lo que implicó repensarse una creación para
crear algo.
Julián David López Amú 29-10-2020
21
Obra teatral
El ocaso de la primavera
David Díaz.
A mi hijo, mi más bello Poema
A la Literatura de mis días
22
“La historia, como el drama y la novela, es hija de la mitología.
Es una forma particular de comprensión y expresión donde, igual
que en los cuentos de hadas de los niños y en los sueños propios
de los adultos sofisticados, no está trazada la línea de
demarcación
entre
lo
real
y
lo
imaginario. Se
ha dicho, por ejemplo, de La Ilíada que el que emprende su lectura
como relato histórico halla enseguida la ficción, y el que, por el
contrario, la lee como una leyenda, halla la historia.
Desde
historia
este
punto
se
parecen
de
a
vista, todos
La
Ilíada
los
ya
libros
de
que ninguno de
ellos puede eliminar enteramente la ficción. Ya que el simple
hecho de escoger, separar y presentar los hechos constituye una
técnica que pertenece al dominio de esta”.
Arnold J. Toynbee.
"La poesía no es una materia estática, sino una corriente fluida
que muchas veces escapa de las manos del propio creador. Su
materia
prima
está
hecha
de
elementos
que
son y
al mismo tiempo no son, de cosas existentes e inexistentes”
Pablo Neruda...
23
Personajes:
Coro: 3 mujeres.
Jorge Eliecer Gaitán.
Máscara Liberal.
Jorge Padilla.
Máscara Conservadora
Jesús María Cortés.
Extraño
Pedro Eliseo Cruz.
Ignacio Rincón
Alejandro Vallejo.
Embolador
Plinio Mendoza.
Magdalena.
Juan Roa Sierra.
Eudoro Galarza Ossa.
Gonzalo Jaramillo.
Luis Enrique Rincón
Secretaria.
Encarnación Sierra.
María de Jesús Forero.
Umland Gerd.
Juez.
Fiscal.
Máscaras EE.UU.
Máscara URSS.
24
ACTO I
Se apagan todas las luces del escenario y por los
altavoces se oye Bohemian Rhapsody en una versión
acústica e instrumental. Acompaña la melodía de fondo
la voz de Jorge Eliecer Gaitán.
I.I
(Sale Juan Roa Sierra acompañado por un coro de 4 personas,
cantando)
Mama, just killed a man
Put a gun against his head
pulled my trigger, now he's dead
Mama, life had just begun
But now I've gone and thrown it all away
Mama, didn't mean to make you cry
If I'm not back again this time tomorrow
Carry on, carry on as if nothing really matters15
Bohemian Rhapsody, EMI Music Publishing, SOLAR Music
Rights Management, ASCAP y 8 sociedades de derechos
15
25
I.II
(En la oficina de Jorge Eliecer Gaitán)
Jorge Padilla: Así que, mi estimado Doctor Jorge Eliecer,
has logrado sacar en libertad al famoso teniente Cortés,
¿saben ustedes que el caso fue emblemático? Este pisco, el
tal Jesús María Cortés, estaba indignado porque en el
diario “La voz de Caldas” se había publicado una nota
según la cual este guache de primer nivel, que regía las
filas del Batallón de Ayacucho le dio una bofetada a uno
de sus subalternos.
Pedro Eliseo Cruz: ¿Pero eso fue hace cuánto, ¡ala!?
Alejandro Vallejo: Esa nota fue publicada el 10 de enero
de 1938, en ese mismo periódico, ¡hombre, Jorge!, ¿dónde
has estado? Si esa noticia conmocionó la opinión pública.
Jorge Padilla: Bueno, bueno, permítaseme proseguir. La
ira del teniente hizo que se portará como lo que es: un
chafarote. Pero valga aclarar que él se enteró de lo
publicado hasta el 12 de octubre, y envió a uno de los cabos
a que le consiguiera un ejemplar de dicha edición. Al
ratificar que lo habían puesto en evidencia, este
mequetrefe decidió ir al periódico a intentar salvar su
honor, y es ahí donde entra Jorge Eliecer y su impecable
alegato. Este hombre no solo será el presidente de
Colombia, sino pasará a la historia por revolucionar el
derecho. El alegato de nuestro querido Jorge fue que él
había actuado en defensa de su honor mancillado y que
ello, en términos morales, se articulaba con el honor
musicales, Escrita por Freddy Mercury…. Toda la obra de arte
estará determinada desde esta magna composición
26
militar. ¿Eso también te lo enseñó Ferry en Italia, o es una
audacia tuya propia de tu intelecto?
(la escena queda congelada)
I. III
(Al costado izquierdo del escenario se halla Gonzalo
Jaramillo, jefe de redacción, sentado detrás de un escritorio,
con una máquina de escribir, unos papeles, y unos diarios;
al frente de la mesa dos sillas, cuando de pronto entra de
forma abrupta el teniente Cortés con el periódico en la
mano)
Jesús María Cortés: ¡Exijo una explicación!, ¿quién fue el
que escribió este exabrupto sobre mí? ¡Exijo una maldita
explicación¡, ¿quién es el responsable? ¿Usted?
Gonzalo Jaramillo: Buenas tardes, soldado.
Jesús María Cortés: ¡Teniente! ¡Teniente Jesús María
Cortés!
Gonzalo Jaramillo: Mucho gusto, teniente, Gonzalo
Jaramillo, jefe de redacción (extiende la mano sin recibir
respuesta)
Jesús María Cortés: Vengo a arreglar esto como hombres.
No quiero actitudes de señorito, impostadas; falsas
ceremonias de cortesía, palabras rimbombantes y vacuas
en su significado. Quiero que sea la sangre la que limpie el
honor que me fue mancillado. Señor mío, lo reto a un
duelo (desenfunda el revólver y lo pone sobre el escritorio).
Gonzalo Jaramillo: (Visiblemente nervioso) ¡No acepto
duelos! Yo soy un periodista; no un hombre de armas, un
mercenario. Soy un amante de la verdad y la verdad está
27
en la vida, pues la verdad de la muerte queda para el
misterio de las deidades. (corta la conversación y saluda) …
¡Doctor Eudoro Galarza, pláceme en saludarlo!
Eudoro Galarza Ossa: Buenas tardes, señores (les extiende
la mano a los dos).
Jesús María Cortés: Señor, exijo una rectificación por la
publicación maligna de su periódico.
Eudoro Galarza Ossa: ¿Cuál publicación?
Jesús María Cortés: ¡Ah! ¿Cuál publicación?, ¿cuál
publicación?, ¿cuál publicación? Esta, Señor (golpea el
periódico), esta que afirma de forma calumniosa cosas
sobre mí. Ustedes se creen los dueños de la moral pública
y no son más que unos mercenarios de la verdad, unos
arrodillados del poder, unos manipuladores de la
información; pero que les quede muy claro que yo no voy
a permitir eso conmigo.
Eudoro Galarza Ossa: Tiene, por favor, la amabilidad de
sentarse, señor, y conversamos. Cálmese.
Jesús María Cortés: No me voy a sentar, ni mucho menos
a calmar, oiga usted (lee el periódico) “Caso concreto fue el
sucedido la semana pasada cuando el oficial señor Jesús María
Cortés dio una bofetada al soldado señor Roberto Restrepo y
luego lanzándolo del primer piso del cuartel al patio. El soldado
sufrió golpes de consideración”16.
Gonzalo Jaramillo: ¿Es verdad o no lo que allí está escrito?
16
Diario la voz de caldas, 10 de enero del 1938
28
Jesús María Cortés: Aquí no vamos a intentar develar qué
es la verdad; si es un extremo para hallar lo imposible; o si
quizás, no es más que un lugar de certezas que genera
confort en el alma de las masas; o si la verdad es una veleta
que se acuesta en cama del dueño del capital; o si la verdad
es solo el rostro visible de la mentira que abrazamos con
tanto regocijo y que aun sabiendo que lo es la necesitamos
para vivir; o quizás la verdad no sea una, sino mónadas
que son incapaces de comunicarse entre sí, y por ende la
verdad son millones de mónadas de confrontar, de
conocer y reconocer, de validar e invalidar. Señor, yo solo
quiero que se rectifiquen ya mismo, no quiero discusiones
sobre filosofía barata, que es lo que les gusta a los
comunistas como ustedes.
Eudoro Galarza Ossa: teniente, si usted lo que quiere es
una rectificación aquí está la máquina de escribir, por
favor redacte la comunicación, o dígale a sus superiores
que redacten una epístola y con mucho gusto la
publicaremos en nuestro periódico, pues no somos
secretarios, teniente.
(El teniente toma la pistola del escritorio y emite tres disparos
sobre Eudoro Galarza, la luz de ese costado del escenario se
apaga)
I.IV
(La escena se descongela, siguen Plinio, Vallejo, Gaitán y Cruz
conversando alegremente sobre la hazaña de Jorge Eliecer Gaitán
al ganar el pleito y lograr sacar absuelto al teniente Cortés)
Jorge Eliecer Gaitán: Fue una defensa excelsa. Logré
conjugar el derecho con la moral y desde allí establecer la
premisa del honor militar. El proceso fue llevado primero
29
por las autoridades de Manizales, pero ante el temor de
que este hecho quedara impune fue remitido a Bogotá, allí
me buscaron los soldados que hicieron una colecta para
recaudar los fondos para la defensa del teniente Cortés.
Mis estimados amigos, esgrimí la tesis de que el señor
Jesús María Cortés obró como lo haría cualquier hombre,
puesto que cuando la dignidad esta puesta en tela de
juicio, no queda más que darle alas al honor y es ese honor
la arcilla que posibilita dilucidar lo probo de lo lábil. Es el
pundonor del hombre mismo, el mismo que no admite que
su honor sea mancillado. Su reacción no fue más que una
defensa a una de las condiciones más altas de la
humanidad, sus principios y convicciones.
Piensen ustedes una cosa, podríamos definir la cuestión
así: el honor en términos jurídicos tiene una condición
tripartita sine qua non. Para que el honor sea mancillado se
requiere un agresor, alguien que violente dicho honor. Por
ende, tenemos ante nosotros, entonces, el que fue objeto de
la violencia, nuestro segundo elemento del tridente,
empero… ¿Cómo saber si el honor se mancilló? ¿Si no es
acaso una cuestión hermenéutica de los dos agentes en
contraposición?
Sencillo. Es el constituyente primario el que dirime el
conflicto entre el derecho y la moral. Pues es la comunidad
de hombres la que pone las condiciones sobre las que se
teje lo correcto de lo incorrecto, lo punitivo de lo
pedagógico, lo simple de lo complejo; solo él sabrá si los
actos mismos generaron deshonra.
(Aplausos de todos en la oficina. Cada uno conversa con los otros
en forma alegre, jubilosa. En medio de la reunión Plinio lo toma
del brazo y le habla apartándolo de los demás)
30
Plinio Mendoza: Jorge, estoy realmente angustiado, ¿has
leído lo que escribieron en el diario del Pacífico? Han
dicho que eres un hombrecillo encubierto de los
Bolcheviques, que eres un comunista, y que no eres más
que un agente de los rojos, del ateísmo, que pervertirás los
valores y tirarás por la borda las buenas costumbres y lo
que con ahínco han edificado los hombres de bien.
Jorge Eliecer Gaitán: (Ríe) “Este movimiento no es
personalista sino doctrinario, tiene que terminar el hecho
primitivo, el hecho indecoroso para mi patria, ¡que es un
gran pueblo! que se le maneje con el irrespeto con que se
manejan las bancadas de las haciendas privadas, los
hombres colombianos no podemos ser manejados con ese
irrespeto, ¡es nuestra dignidad! Que está por encima de los
partidos, que está por encima de los cálculos monetarios,
que está por encima de las papeletas, porque donde no hay
dignidad de hombres todo lo demás está perdido”17…
¿Comunista? ¿Eso es todo lo que tienen que decir los
esbirros de la oligarquía? Plinio, ellos enfilan la pluma y
disparan mentiras para que sangren los ojos de mi pueblo
al leer lo que destila su alma llena de impureza en sus
diarios facinerosos. Los oídos de los hombres inocentes
oyen falacias en la radio, pero aquí no se trata de
ideologías; puesto que, ante el agrietamiento de la
oligarquía, ante su paupérrimo y evidente fracaso hemos
llegado ante el peligro de esta avalancha humana no por
mi nombre, sino por la restauración moral y democrática
de la república para aplastar ese monstruo bicéfalo de la
oligarquía liberal y conservadora…. Plinio, déjalos que
mientan, ¿tienes miedo de que me maten? Si me matan la
Discurso de la candidatura Liberal para las elecciones de
mayo de 1946, Bogotá
17
31
marea humana hará tricolor la reforma, y llegará a
Colombia la fuerza de esta raza….
Plinio Mendoza: Tú sabrás cuidarte, pero piensa bien que
debes cuidarte…. Vamos a almorzar y me cuentas cómo te
fue anoche en el juicio. Hoy todos los diarios escriben
sobre la forma contundente en que lograste llegar al nodo
mismo de defender el honor militar. Tu expresión del
derecho es maravillosa.
Jorge Eliecer Gaitán: Vamos a almorzar, pero te advierto
que yo salgo caro.
I.V
(salen caminando mientras conversan, saludan al embolador, al
voceador. Un hombre se encuentra a las afueras de la oficina de
Gaitán; camina nervioso, mira para todas partes, parece decidido
a hacer algo).
Juan Roa Sierra: ¡Doctor Gaitán! (Emite tres disparos. Gaitán
cae. Plinio duda en si ayudar a Gaitán o ir tras el asesino. Cruz
al ser médico lo atiende. Vallejo mira a todas partes). (Quedan
todos congelados y sale un coro de 4 personas Juan Roa Sierra se
une a ellos)
Is this the real life?
Is this just fantasy?
Caught in a landslide
No escape from reality
Open your eyes
Look up to the skies and see
I'm just a poor boy
I need no sympathy
Because I'm easy come, easy go
Little high, little low
32
Anyway the wind blows
Doesn't really matter to me to me
I.VI
(Hay un comedor con 4 sillas, una radiola, un espejo, dos
poltronas viejas, rotas y sucias una a cada costado del escenario)
(Juan Roa Sierra está en casa en casa con su madre, Encarnación
Sierra; con su pareja, María de Jesús Forero; y su hija,
Magdalena) (Suena en la radio un discurso de Jorge Eliecer
Gaitán, Juan Roa está en éxtasis oyendo el discurso) (se levanta
la madre de Juan y apaga la radio)
Encarnación Sierra: Juan, mijo, lleva muchos días en
silencio, yo entiendo que conseguir trabajo no es fácil, pero
debemos hacer algo, yo ya le recomendé a unos conocidos,
tenga paciencia y ruéguele a Dios. Ahora con la
conferencia en Bogotá se hace más difícil pero después de
que se vayan todas las delegaciones extranjeras y se acabe
esta guachafita ya verá que todo regresará a su cauce.
Todo es móvil, Juan, la movilidad es el alma misma de la
vida que al no ser quietud cava su tumba en el paso
indeleble del tiempo, pero también siempre nos deja
espacio para crear, recrear y volver a nacer una y mil veces.
Piense eso en vez de estar pegado a Gaitán, mijo, mire que
son tiempos difíciles. Hoy los sueños se los devora la
materialidad, y la dignidad debe ser vendida al patrón que
doblega las almas libres y la pone a los pies de la
supervivencia, ¡usted ya es un guaimaron, madure, carajo!
Juan Roa Sierra: ¿Qué es madurar, mamá? ¿Ah? ¿Acaso
usted no sabe que estoy para cosas grandes? (camina y se
mira en el espejo) Mamá, ¿a usted no le parece que yo
33
tengo el porte de Gonzalo Jiménez de Quesada o quizás de
Francisco de Paula Santander? Mamá, míreme, ¡míreme!,
¡míreme bien! Y se dará cuenta de que algo nos conecta
místicamente a nosotros tres; es el río de la historia el que
nos puso en este vagón del tiempo para poder hacer cosas
grandes (la toma dulcemente por los hombros). Madre,
entienda que los designios del tiempo me llaman, es el
canto de la aurora que exaltará mi nombre en la arena de
la historia, mi nombre será escrito sobre mármol, y
quedará tallado para siempre en la memoria de la
humanidad. Yo, madre, no nací para ser un simple obrero,
ni para mendigar unos centavos, ¿oyó a Gaitán, madre? Yo
como él soy un pueblo, y bebo de esta raza indígena que
recorre mis venas y pone en su contacto con otros pueblos
palabras del castellano en mí. Yo soy un hombre que
luchará por la libertad de los pueblos como mi general
Santander, ya lo verán.
María de Jesús Forero: ¡Ay, Juan! ¡Deje de decir
pendejadas! No tenemos para el arriendo, la niña ya no
tiene zapatos, tenemos deudas y usted sigue sin trabajo.
Al paso que vamos debemos separarnos. Usted sabe, Juan,
que el amor dura hasta que el confort de los hombres
camina por el placer de lo material, cuando ello se
marchita el amor que siempre es interesado, egoísta,
envidioso y pusilánime mira a su alrededor y huye como
cobarde en tiempos de guerra.
¡Estoy aburrida de su jerigonza, de su poesía sin remedio,
de sus delirios de grandeza, de sus sueños anacrónicos, de
esa fe suya en su futuro, mientras sus actos en el ahora solo
muestran su lado más sórdido, yo ya no veo a un hombre
sino a un loco que habla y habla y habla, despierte,
34
estúpido, usted tiene 26 años, ya es un hombre, carajo! (sale
llorando)
Juan Roa Sierra: Marujita, ¡mi amor!, se lo juro que yo
lucho todos los días por cumplirle, por poder traer a casa
mis músculos cansados y a fin de mes traer en los bolsillos
unos cuantos centavos para usted y para mi hija, pero no
se dan las cosas. Yo le pregunto a todo el mundo por
trabajo y estos piscos siempre dicen que no, que no hay,
que quizás en otra oportunidad, hasta fui a buscar al
Doctor Gaitán a su oficina, miré aquí tengo la tarjeta, me
pidió que le escribiera una carta al Doctor Mariano Ospina
Pérez y no he recibido respuesta de seguro está por llegar.
Marujita de mi vida, le prometo que todo saldrá bien, que
tendré empleo muy pronto, no se vaya de mi lado, quédese
que usted es el aroma de mis mañanas y mi hija la
expresión misma del milagro que significa existir….
María de Jesús Forero: Cállese, mentiroso, mentiroso
(grita desde el interior de las habitaciones) Mentiroso, lo odio,
lo odio, mentiroso.
Juan Roa Sierra: ¡Maruja!
Encarnación Sierra: Ya, mijo, déjela. Es una situación muy
difícil para ella también. Usted debe comprender.
Magdalena: (interrumpe) Papi, yo creo en ti. No importa
que los gritos quieran callar tus sueños yo estoy contigo,
porque amar significa creer y creer implica tener fe, ¿sabes,
papi? Sé que pronto me traerás una muñeca. La llamaré
Mariana, y entonces, dejarás tu sombrero sobre la mesa y
empezaremos a jugar como si esta casa fuese la casa de mis
muñecas (lo toma de la mano). Mira, allí haremos, con los
muebles de la sala, un parque grande; y en la cocina
35
haremos una piscina, para que las muñecas se puedan
bañar, simulando que están vacacionando; en tu cuarto
haremos barcos de papel con ese periódico que solo te hace
rabiar y diremos que se fueron a conocer el mundo.
Después nos tomaremos un vaso de leche muy caliente y
yo me dormiré en tu pecho, (él se agacha) no le creas a mi
abuelita y a mi mami; yo sí creo que te pareces a Santander,
solo te falta el bigote. ¡Te amo, papá!
Juan Roa Sierra: Mi amor, ve a la habitación…. (espera que
la niña se vaya) Mamá, ¿cuántos héroes caben en un
hombre? ¿Cuántos males puede albergar el alma humana?
¿Cuántos ríos del tiempo viven en un hombre? Madre,
¿cree usted que la historia es cíclica? Digo, como ese viejo
ensayo de Borges, el mismo que leía yo en esta soledad que
me hace delirar, que me hace creer, que me hace odiar, que
me hace soñar, caminar, reír, odiar. El general Santander
era un hombre de leyes, madre, ¿y sabe qué es la ley? Una
regulación de las conductas humanas, de ese egoísmo que
llevamos intrínseco. La ley, la fría ley desconoce las
pasiones humanas, y eso, justamente eso es lo que exalta
Gaitán en su tesis para graduarse de abogado, que las
conductas humanas a la luz jurídica no deben ser vistas
solamente de forma punitiva. Por el contrario, según él, es
la pasión lo que debe estar en la base de la hermenéutica
jurídica, entonces, soy Santander porque creo que las leyes
nos harán libres, ello me hará huir de las fauces del
dogmatismo, del dogmatismo de este tiempo… (se queda
unos segundos en silencio) Yo, madre, estoy en esta Atenas
suramericana desde donde camino, madre, Gonzalo
Jiménez de Quesada fundó una patria, fundó una tierra, y
fue allí donde civilizó a esas gentes incultas y nos trajo una
religión, una lengua, una patria, madre; yo soy ellos, ellos
son yo.
36
Encarnación Sierra: Mijo, en vez de decir tantas
pendejadas vaya, cámbiele la cinta a ese sobrero, lustre los
zapatos, busque un empleo digno, recupere a su mujer, y
viva, viva hoy, porque quien vive en el pasado es presa de
sus demonios y quién vive en el futuro es víctima de sus
anhelos. Deje de pensar pendejadas, deje de caminar en las
nubes, que somos hijos de la tierra y solo aquí, en esta
cordillera de los andes, sabremos hacer historia. ¡General
Santander!, usted sí que es pendejo, ¿no?, usted no
necesita ser como ese general que jamás tuvo lazos de
solidaridad con los pueblos hermanos, ni un asesino de los
dueños de la tierra, ¡se hace historia siendo Juan Roa
Sierra!
Juan Roa Sierra: ¡Ninguno entiende, pero haré historia,
carajo!, y mi nombre no lo borrará nadie, será como los
nombres del arco del triunfo al que todos acuden con
admiración. “«El último día de mi vida será el primero en que
la Nueva Granada no me verá ocupado de su independencia, de
su honor y de sus libertades». «Mi filosofía me hace vivir
contento con la seguridad de que el testimonio público y el de mi
conciencia, persuaden que he procurado llenar mis deberes»”18.
I.VII
(Jorge Eliecer Gaitán está dando un discurso, los hombres
sentados de espaldas con chalecos, boinas inglesas, algunos con
la prensa en la mano agitando sus periódicos, eufóricos de oír al
gran líder) (Entre los asistentes está Juan Roa Sierra)
“Dos horas hace que ellos desembocan en esta plaza y no
hay, sin embargo, un solo grito, porque en el fondo de sus
corazones se agolpa la emoción; pero como en las
18
Frases de Francisco de Paula Santander
37
tempestades violentas la fuerza subterránea es mucho más
poderosa y esta sabe que tiene el poder de imponer la paz
cuando los obligados a imponerla no la imponen.
Señor Presidente: Aquí no hay aplausos sino millares de
banderas negras que se agitan. Excelentísimo señor: Sois
un hombre de universidad y por lo tanto os debe llamar la
atención este hecho sin precedentes en la historia de
Colombia.
Señor Presidente: Aquí están presentes todos los hombres
que han desfilado y demuestran una fuerza y un poderío
no igualados y; sin embargo, no hay un solo grito. Aquí
hay una contradicción a las leyes de la psicología popular.
Un pueblo que es capaz de contrariar las leyes de la
psicología colectiva es un pueblo que os demuestra que
tiene un espíritu de disciplina capaz de superar todos los
obstáculos. (Todos se levantan, las antorchas iluminan las
caras de los asistentes, ellos giran en 4 movimientos y regresan
a sus asientos. Gaitán queda congelado cuando ello ocurre, al
sentarse el auditorio sigue con su discurso)
Ningún partido en el mundo ha dado una demostración
como esta. Pero si esta manifestación sucede es porque hay
algo grave y no por triviales razones. Y esto obliga a los
hombres universitarios a escucharla y oírla. Somos la
mejor fuerza de paz en Colombia. Somos los sustentáculos
de la paz en Colombia, y mientras en las veredas y en los
municipios fuerzas minoritarias se lanzan al ataque aquí
están las grandes mayorías obedeciendo una consigna.
Pero estas masas que así se reprimen también obedecerían
la voz de mando que les dijera: Ejerced la legítima defensa.
38
Dos horas ha gastado esta gente entrando a esta plaza para
colmarla. El comercio ha cerrado sus puertas y le debemos
gratitud por este noble gesto.
Porque somos fuertes somos serenos. Esta es la
significación más exacta de que con nosotros no puede
abusarse. Hay un partido de orden capaz de realizar estas
manifestaciones para evitar que la sangre se derrame y
para que las leyes se cumplan, porque son la expresión de
la conciencia colectiva. Yo quisiera que todo el país
contemplara este espectáculo. No me he engañado cuando
he dicho mi concepto sobre la conciencia popular,
ampliamente ratificada en esta manifestación, donde los
aplausos desaparecen y solo se oye el rumor emocionado
de los millares de banderas negras que aquí se han traído
para recordar a nuestros hombres tan villanamente
asesinados. (Gaitán queda congelado, y los asistentes
acompañan emulando la canción “We will rock you” con palmas
y manos, terminada regresa el discurso de Gaitán)
Amamos hondamente a esta patria nuestra y no queremos
que nuestra nave victoriosa navegue sobre ríos de sangre.
Señor presidente: os pedimos cosa sencilla para la cual
están de más los discursos. Os pedimos que cese la
persecución de las autoridades y así os lo pide esta
inmensa muchedumbre. Pedimos pequeña cosa y gran
cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de
constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra
tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es
cobardía. Nosotros, señor presidente, no somos cobardes:
somos descendientes de los bravos que aniquilaron las
tiranías en este suelo sagrado. Pero somos capaces, señor
39
presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la
tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia.
Impedid, señor presidente, la violencia. Solo os pedimos la
defensa de la vida humana, que es lo menos que puede
pedir un pueblo. En vez de esta ola de barbarie, podéis
aprovechar nuestra capacidad laborante para beneficio del
progreso de Colombia.
Señor presidente: esta enlutada muchedumbre, estas
banderas negras, este silencio de masas, este grito mudo
de corazones, os pide una cosa muy sencilla: que nos
tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a
nuestros hijos y a nuestros bienes, como querríais que os
tratasen a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a
vuestros hijos, a vuestros bienes”19.
I.VIII
(En un lugar lúgubre están Umland Gerd y Juan Rosa Sierra
conversando)
Umland Gerd (Con acento alemán): Mi querido hermano
Juan, hace muchos años vienes a visitarme. Tu espíritu, mi
querido Juan, debe estar dispuesto a aprender. Recuerda
siempre que el alma de los hombres esta imbuida de
pasión, roja es la sangre como roja es la rosa, si el alma del
hombre tiene color debe ser roja…. (pensando) Ella está
oculta en el misterio mismo de su ser, ¿sabes qué es un
ciclo? Una máscara, ¿entiendes, Juan? Los ciclos no son las
cosas son el rostro de lo que parecen ser, el ser solo es
cuando permanece invariable, cuando el ciclo termina y
Este breve discurso conocido como la «Oración por la Paz»
fue entonado por Jorge Eliécer Gaitán el 7 de febrero de 1948
19
40
muere debe volver a nacer, pero se debe nacer en las
manos adecuadas, quien no cuida con su verbo, prosa,
verso y acto ello asesina sin piedad el ser mismo….
Juan Roa: Maestro, gracias a usted aprendí a conversar
con mi con conciencia interna, con esa voz que no para de
susurrarme discursos grandilocuentes, que me trae
maestros de todos los tiempos, que me inspira a besar la
blasfemia y a hacerle el amor a la deidad. He pensado en
tantas cosas que las ideas se agolpan en la puerta de
entrada de mi conciencia y algunas pícaras se van a mi
inconsciente, pero estoy decidido a hacer grandes cosas, a
cambiar la historia.
Maestro, fui a visitar al Doctor Gaitán a solicitarle una
ayuda para conseguir empleo (La escena se congela unos
segundos. Umland Gerd queda quieto, Juan Roa Sierra pasa al
siguiente escenario, allí está la secretaría de Jorge Eliecer Gaitán
organizando unos documentos)
Juan Roa: Buenas tardes (tímido)…
Secretaria: Buenas tardes, señor, ¿en qué le puedo
colaborar?
Juan Roa: Señorita, mire, lo que pasa es que… yo quería
saber si… es decir, si existe la posibilidad de…. En otras
palabras ¿es posible?
Secretaria: Discúlpeme, pero no comprendo lo que quiere
expresar, ¿tiene usted cita con el doctor Gaitán?
Juan Roa: Sí. Sí, señora.
Secretaria: ¿Su nombre?
41
Juan Roa: Juan Roa Sierra (se retira el sombrero de forma
respetuosa)
Secretaria: mmmm No veo su nombre aquí. No recuerdo
que usted me hubiese agendado una audiencia con él, ni
vía telefónica ni personalmente.
Juan Roa: No, señorita, mi cita con el doctor Jorge Eliecer
es una cita con el destino. El destino es una calle en la que
nada falta, nada sobra, todo está en su justa dimensión,
como las viejas armonías, pero a diferencia de los cantos
de las sirenas que seducen a los hombres con su voz, el
destino, es la tragedia misma del hombre de la que no
puede escapar, son los Dioses cualesquiera que estos sean
los que nos colman de bendiciones o maldiciones. Usted
verá si se opone al destino, señorita, déjeme pasar.
Secretaria: Respetado señor, el destino es un invento
frívolo, en el que solo los hombres mediocres creen tener
un sentido para vivir, le ruego que sus reflexiones
existencialistas las ahorre para ser disertadas en el Café
Pasaje, o en el Café San Moritz donde las palabras se llenan
del aroma de los cigarrillos y de las ideas libertarias de los
cándidos que no han entendido que la vida no tiene
escapatoria, que el infierno son los demás… Así que no
tengo tiempo para idealismos, para frases que llevan en
sus entrañas ruido. Le ruego que se retire, por favor.
Juan Roa: Pero, señorita, usted no…. (Sale Gaitán de su
despacho)
Jorge Eliecer Gaitán: Señorita, re agende todas mis citas,
y por favor, programe ello en orden alfabético. Por otro
lado, llame a confirmar si el alquiler del Teatro Municipal
42
se hizo efectivo, además… (gira su cuerpo y mira con
extrañeza a Juan Roa) Buenas tardes, joven.
Secretaria: Doctor, este joven dice que quiere conversar
con usted, pero no tiene agendada una cita, así que le he
pedido que se retire, pero ha sido difícil pues ha llegado
con discursos cicateros que no son dignos de este
despacho.
Juan Roa Sierra: No, doctor, soy un liberal de corazón, he
asistido a todas sus manifestaciones, creo en su proyecto,
creo que el pueblo está a la cabeza de la restauración moral
de la patria, lo he visto, mil veces, y cada día me convenzo
más de que usted no es un hombre, es un pueblo, un
pueblo oprimido por ese monstruo bicéfalo que usted
magistralmente ha denominado oligarquía. El hambre, la
indignidad, los oprimidos no son rojos y azules. Creo en
usted, doctor, y tenga por seguro que esa frase que usted
enunció de forma magistral la llevo en el alma: “Si avanzo,
seguidme. Si me detengo, empujadme. Si os traiciono, matadme.
Si muero, vengadme”, Doctor Gaitán, cuente conmigo hoy y
siempre. Cuídese que son días sombríos.
Jorge Eliecer Gaitán: (Sonríe complacido) ¿Sabe, respetado
señor? "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí
y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el
país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en
regresar a su nivel normal."20 Pero tenga usted claro que
"yo no creo en el destino mesiánico o providencial de los
hombres. No creo que por grandes que sean las cualidades
individuales, haya nadie capaz de lograr que sus pasiones,
sus pensamientos o sus determinaciones sean la pasión, la
Frase de Jorge Eliecer Gaitán pronunciada en sus discursos
en el Teatro Municipal.
20
43
determinación y el pensamiento del alma colectiva". 21
Joven, entienda, el pueblo aparece fenoménicamente
cuando se opone al poder dominante, solo allí se instaura
lo político y venceremos la política del paradigma.
Pero no creo que usted venga a discutir solo de los causes
de este movimiento. ¿Qué quiere usted de mí?
Juan Roa Sierra: Doctor, quiero… llevo mucho tiempo
cesante, estoy sin empleo y solicito su ayuda, yo puedo ser
su guarda espaldas, su conductor, el obrero de su casa, su
secretario personal, puedo trabajar en la logística de sus
eventos, en lo que sea. Doctor, ayúdeme por favor, mi hija
me necesita, el amor de mi vida está lejos, mi madre ha
dejado de tener fe en mí. Doctor, ayúdeme soy del pueblo.
Doctor, yo sé que usted tiene influencia en los ministerios.
Jorge Eliecer Gaitán: Esos puestos no los da un hombre
probo como yo, ¿acaso usted cree que yo tengo un tráfico
de influencias, que hablo y se llega a un cargo público? No,
señor, pídale al gobierno, vaya donde el doctor Ospina. Yo
ahí no puedo colaborarle. Le ofrezco mis disculpas. Solo
puedo decirle que si ganamos la presidencia y nuestras
alas nos unen volaremos por este bello manantial en el que
cada gota de agua forma lo sublime del espectáculo,
tendremos la república que soñaron todos los próceres de
la patria. Mire, esta es mi tarjeta, cualquier cosa me cuenta.
Discurso de 1946 de Jorge Eliécer Gaitán en el Teatro
Municipal
21
44
ACTO II.
II.I
(Sale Juan Roa Sierra acompañado por un coro de 4 personas.
De fondo la esposa y la madre están congeladas sentadas en la
mesa)
Too late, my time has come
Sends shivers down my spine
Body's aching all the time
Goodbye, everybody, I've got to go
got to leave you all behind and face the truth
Mama, -wish the wind blows
I don't want to die
I sometimes wish I'd never been born at all
(Juan termina de cantar y enciende la radio, en ella se oyen unas
noticias sobre la conferencia panamericana. Al terminar irrumpe
la voz metálica de Gaitán. Juan lo oye con frenesí (Pensativo
apaga la radio y se sienta en la mesa, su esposa y su madre siguen
congeladas) (Juan pregunta desde el comedor de su casa y en otro
escenario está Jorge Eliecer Gaitán en su famoso discurso de
194622 en el Teatro Municipal. Las escenas se desarrollan de
forma simultánea)
Juan Roa: Si la revolución llegara mañana, ¿qué haría el
doctor Gaitán?
Jorge Eliecer Gaitán: “No estáis en unas elecciones, no
gentes de todos los órdenes conservadores y liberales ¡os
Discurso pronunciado por Jorge Eliecer Gaitán en el Teatro
Municipal en 1946 (todas las intervenciones de Gaitán en esta
escena corresponden a ese discurso)
22
45
están engañando las oligarquías! ¡En pie nosotros los
oprimidos y engañados de siempre! ¡En pie nosotros los
burlados de todas las horas! ¡En pie los nosotros, los
macerados como yo! A quien la fortuna y un divino ser del
cual ahora me acuerdo me dio las fuerzas para esta batalla
¡En pie vosotros los que sabéis sentir y no tenéis la frialdad
dolosa de los académicos! En pie vosotros que yo os juro
que en el momento de peligro cuando la orden de batalla
haya que darla yo no me quedaré en mi biblioteca. Sabed
que el signo de esa batalla será mi presencia en las calles a
la cabeza de vosotros”
Juan Roa Sierra: Doctor, hay esperanza…
Jorge Eliecer Gaitán: “Nosotros hemos leído muchos
libros y pasado universidades no así como así a la manera
de ellos tenemos una estructura mental que ellos no tienen
nos hemos quemado demasiado las pestañas, hemos
encontrado demasiados obstáculos y de tanto libro, y de
tanto maestro, y de tantas cátedras que no las han tenido
hemos sacado solo esto hay una brújula que es nuestro
corazón hay algo profundo que es la intuición, aquella
divina intuición de nuestra madre superiora la sabiduría,
aquel sentir que solo el pueblo tiene aquella sabiduría que
no es esquema geométrico sino turbulencia de la biología.
Grito del alma, fuego de la especie, creación del ritmo que
nos dice dónde está el mañana y que es lo que debemos
abominar del hoy y olvidar del pasado. Nosotros lo
sabemos con fe honda. Serán engañados si nos atraviesan
estos ajedrecistas del cálculo. Candidatos y jugadas y
gentes que vienen a convenciones previamente facturadas
y preparadas y manzanillos de todo pelambre que vienen
a simular una opinión que ellos no tienen gentes que están
esperando con el fraude”
46
Juan Roa Sierra: ¿Y si Gaitán es un embaucador?
Jorge Eliecer Gaitán: “Se engañan. Yo no sé si también me
engañe, pero yo me he recorrido el país, esta gente lo niega,
esta gente llega a farsas como la de Barranquilla donde
había cien mil hombres donde no hay sino solo dos mil
conservadores y después se daban el consuelo de decir que
era que los conservadores habían recibido la orden de
acudir a mis manifestaciones.
Esta gente se engaña y simula. Esta gente no cree en el
pueblo colombiano y yo creo en el pueblo colombiano. Y
aquí hay algo distinto de la cosa electorera, aquí hay una
fuerza colombianista que no quiere dejarse ultrajar en sus
antecedentes y en la gloria de sus mayores, aquí hay una
fuerza de futuro donde miran los ojos de liberales y
conservadores no hacia un socialismo comunismo, pero si
hacia una justicia algún alto de justicia.
Yo no creo que seáis inferiores y entonces yo digo aquí a
vosotros en Bogotá a la gente de todo Colombia no hay
sino una solución. A las calles permanentemente si es que
en verdad tenéis la potencia de lucha para dar la batalla.
Aquí no puede haber más combinaciones aquí no puede
haber todo este enjambre de cosa tortuosa. Vamos a ver si
el pueblo colombiano es digno de esta campaña. Yo no le
digo que me siga, ni digo que quiero ser candidato. Digo
que él lo resuelva y si se sale a las calles y si libra la batalla
de ahora hasta el 5 de mayo que lo digan en las calles, que
lo digan en las veredas, que lo digan en los pueblos, que lo
digan en las capitales de departamentos, que lo diga la voz
clamorosa de vosotros en Bogotá. Ni un momento de
quebranto ante la jugada de los sanedrines. La voz
clamorosa de las masas en las plazas y las calles.
47
Ahora sí para terminar: ¡pueblo, por la restauración moral
¡A la carga! Pueblo, por vuestra victoria ¡a la carga! Pueblo,
por la derrota de la oligarquía ¡a la carga! ¡Pueblo, por
vuestra victoria!”
(Se apaga la luz del escenario de Gaitán, la escena del comedor
se descongela)
Juan Roa Sierra: Fui a ver a Gaitán, madre, pero me dijo
que esos puestos no los daba él, sino el gobierno, que le
escribiera a Mariano Ospina Pérez, madre, él no me quiso
colaborar, ni siquiera me oyó, duré toda la noche
ensayando lo que le iba a decir. Gaitán no es más que un
verbo dulce con actos de hiena en medio de terneros recién
nacidos.
Encarnación Sierra: ¡Ay, Juan!, yo no entiendo usted
porque le tiene fe a ese señor, usted sabe que la política es
el invento de los poderosos para legitimar la dominación
del hombre por el hombre. Usted sabe que el poder se
esconde tras las leyes y la moral; el poder se embriaga con
la vanidad, el interés y el ego de los hombres que viven sin
vivir, que aman sin amar, que odian con locura la
fraternidad. Gaitán viene de Italia, mijo, allí el fascismo
tiró por la borda el anhelo y la esperanza del porvenir, (Se
queda pensando) ¡usted si es que es muy pendejo! ¿no, Juan?
Escena II.II
(A un costado del escenario se halla el alemán en su consultorio,
la familia queda congelada, la luz de Gaitán sigue apagada)
Umland Gerd: ¿Qué es la muerte, Juan? La muerte
siempre ronronea en cada paso que damos; la muerte es la
probabilidad de todas las probabilidades, y en ella nos
hallamos finitos. Sin la muerte lo bello no sería tal. A saber:
48
lo bello es todo aquello que se agota para renacer, lo bello
es como el ocaso de la primavera, ¿recuerdas, Juan? La
primavera es como la virtud que pregonó Aristóteles, es el
Justo medio. (Piensa)
Juan, en el término medio está la virtud, la primavera le
sigue al invierno y antecede al verano, a los extremos. Las
flores germinan como milagro mismo que solo puede ser
expresado por la voz del poeta que hace oda a la
primavera… mientras los niños cantan, los amantes
vuelven a creer que el ahora es el tiempo del amor, amor
que reverdece entre besos, abrazos, entre la complicidad
de lo que significa hallarse como causa y azar en la
existencia misma. La primavera hace creer en el infinito, la
primavera saca a las calles a la juventud que desafía el
mundo que los viejos dejamos bajo el ruido insoportable
de la guerra…
Juan, naciste en la primavera, tu pueblo tiene fe, tiene la
esperanza de robar un poco de cielo a los dioses, de
hallarse en la bella aurora.
(Encarnación se levanta del comedor, entra al consultorio del
místico y se sienta frente a él)
Encarnación Sierra: Maestro, hace días Juan tiene delirios
de grandeza, su galimatías me tiene harta, sus ideas le han
hecho creer algo que él no es. Nosotros nacimos de una
familia de obreros y moriremos siendo obreros. No es
deshonra vivir para trabajar, para saciar nuestras
demandas básicas. Nosotros no estamos para meta-relatos,
ni discursos grandilocuentes, ni círculos concéntricos que
explican la realidad como algo complejo. Juan debe vivir
para trabajar, criar a su hija, cubrir sus necesidades, quizás
prender la radio y preocuparse por las cosas banales del
49
mundo. El hombre que piensa es un monstruo, un
monstruo que deja de lado los sentimientos y se entrega a
los axiomas y cree que el mundo es probabilidad, variable,
teoría… y, por ende, cree que nada en el mundo es
imprescindible y que el amor no es más que un instante
fugaz que se debe superar en el ocaso. El hombre racional
no entiende que el ocaso de la primavera es solo la
memoria de un nuevo renacer, ¡deje de meterle ideas
estúpidas y místicas de alemán!
Umland Gerd: Si somos seres para la muerte, mujer, y
somos conscientes de ello por qué no burlarse de ella
abrazando lo sublime. No seamos hipócritas; usted, Juan,
Gaitán, todos tienen un demonio egocéntrico que hace que
queramos ser Raskolnikov, hombres extraordinarios,
todos queremos ser inmortales, que nuestro nombre
desborde los papiros de la historia y que la juventud
venidera invoque nuestro nombre como consigna de
esperanza. Puedo verlo, puedo sentirlo, me lo han dicho
desde el más allá, Juan esta para cosas grandes, quizás sea
un lógico tan grande que pueda crear el tecnofacto
adecuado que cambie el rumbo mismo de la cotidianidad.
Mujer, ¿usted es la madre y no cree en él? Sabe usted que
lo único que nos salva de esa vieja consigna de Hobbes
“del hombre lobo para el hombre lobo” es el amor, lo único
que nos mantiene vivos es ello. Juan es un hombre que con
amor será un gran empresario, inventor, qué sé yo… no le
cierre las puertas del amor, pues ellas son las puertas que
conducen a la realidad y no a la inversa.
Encarnación Sierra: ¡Malditos alemanes que se inventaron
la modernidad y se cagaron el mundo mitopoyético de mis
ancestros, sean ustedes malditos, con sus inventos
50
pueriles y su pirotecnia verbal cada vez más lejos del
hombre de a pie!
(Se congelan, a medida que van hablando cada una se levanta de
su silla, la que ocupa en el comedor y van al frente del escenario.
Le hablan a Juan, mirando al horizonte, con ternura)
Magdalena: Huele guerra. Mi girasol y las margaritas las
han desojado los hombres que se creyeron dueños del
tiempo y se sintieron solos desoyendo las voces que, como
huellas, habían quedado indelebles en alma de la
humanidad que desde siempre soñó con la hermandad.
Los ancestros han sido condenados al silencio, y el ruido
de los monstruos racionales rompe el silencio con lo más
soez de la existencia, con teorías que se ufanan de verdad
y dominan todo; la flora, la fauna, los dioses, los mitos, el
misterio, lo incomprensible. Y se entregan al carnaval de
la dominación, y se embriagan con la sangre de la tierra de
sus hermanos los hombres, las mujeres, los niños, los
abuelos, la juventud.
María de Jesús Forero: Pequeño Juan, eres un niño en el
cuerpo de un hombre. No es una ofensa, amor mío, es una
virtud que conserves tu inocencia, que creas que todos es
posible, que rías y juegues, que no sepas que la vida se
entrega a esa arrogante materialidad que se confunde con
la vida misma y que su ejército de valores va colmando
cada espacio de la cotidianidad, del hogar, la educación, la
diversión, todo. Todo debe tener un valor, un valor
material, un valor para ser usado, para sentirse uno, para
hallarse como identidad, como fetiche, que no piensa el
sistema. Juan, yo entiendo tus disquisiciones, pero, amor…
Nos estamos muriendo de hambre, y de sueños no va a
vivir nuestra hija…
51
No sueñes, amor, no sueñes que los sueños desgarran, y
quien se deja seducir por ellos quedará atrapado, vivirá a
contrapelo…
(Juan se levanta de su silla, todas quedan congeladas, una luz
roja ilumina a Juan)
Juan Rosa Sierra: ¿Quién es Gaitán? ¿Qué quiere Dios
para mí? ¿Qué quiere Dios para el destino de esta tierra de
monstruos bicéfalos? (Saca del bolsillo una carta y la lee)
Bogotá, marzo de 1948.
Respetado Doctor
Mariano Ospina Pérez.
Presidente de la República de Colombia.
Ciudad.
Excelentísimo señor
Presidente de la República. Doctor don
Mariano Ospina Pérez
E. S. M.
Por medio de la presente me permito dirigirme a su
Excelencia para manifestarle lo siguiente: es y ha sido
siempre el anhelo constante de mi alma el llegar a serle útil
a mi Patria, a mi familia y a la sociedad en general, pero,
no habiendo podido encontrar el medio propicio para
llevar a feliz término este anhelo, me dirijo a vuestra
Excelencia porque creo que es y podrá ser la única persona
que pueda ayudarme a resolver satisfactoriamente este
constante problema de mi vida; y por eso es que, con
verdadera satisfacción y alegría me he atrevido a dirigirle
este breve mensaje, en la seguridad y confianza de que Su
Excelencia no me negará el servicio de concederme una
entrevista breve en la cual pueda exponerle el ferviente
52
deseo que me anima de poderle ser útil a mi Patria
mediante la instrucción y el estudio.
No es ni ha sido mi intención el molestar a su Excelencia
para obtener estos favores, y solo lo hago compelido por
la necesidad obligante de satisfacer este mi anhelo de
estudiar y de servirle a la sociedad en un faro no lejano.
Escrito en este día con el deseo sincero de servir. En espera
de la grata contestación de su Excelencia me es grato
suscribirme como
Juan Roa Sierra.
C.C 2.750.300
Dirección: Calle 8.ª n.° 30-65, Bogotá23.
(Salen de escena el alemán y Gaitán. Juan y su familia se
descongelan) (Juan se queda mirándose al espejo, Encarnación
Sierra está tejiendo y la niña se queda jugando con sus muñecas
en el piso. En la radio se oye un discurso de Gaitán y después la
canción “A la carga” del maestro Pacho Galán inicia la escena)
María de Jesús Forero: Juan, ¿qué es lo que tanto se ve en
ese espejo?
Juan Roa Sierra: Si me quedo mirándome fijamente la
imagen del General Santander se funde con la mía, aunque
en el alba es la imagen de Don Gonzalo Jiménez.
Acérquese, Marujita, y verá que es así…
Carta de Roa Sierra el presidente Mariano Ospina Pérez,
recuperada de: Alape, Arturo, “El Bogotazo memorias del
olvido”, Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional
de Colombia, 2016, Pág. 856, 857
23
53
María de Jesús Forero: Juan, debemos separarnos. Usted
siempre tiene cosas más importantes que yo. Juan, yo lo
amaba y di todo por usted, pero usted es un vago, un
sinvergüenza, vive como un maldito loco creyéndose dos
tipos que dejaron de existir hace años. Juan, ¡está muy
viejo para tener amigos imaginarios! ¿Por qué no le dice a
su amigo Francisco de Paula que si nos da para comprar
una casa? ¡o a Gonzalito que, si fundamos una ciudad que
se llame Roaburgo, o Juanland! ¡Idiota, estúpido, imbécil,
mentecato, caricato, majadero, sandio, atortolado!… como
me fui a meter con una caspa como usted, ¡ushhhh,
definitivamente usted es un conchudo, usted siempre será
un guache maldito!
Juan Roa Sierra: Marujita, ¡no joda más, déjeme en paz!
Escena II.III
(Sale caminando Roa a encontrarse con Luis Enrique Rincón,
tiempo después llega Ignacio Rincón a tomar cerveza)
Luis Enrique Rincón: Es usted muy puntual. Mire, aquí
está el revólver que es propiedad de mi hermano (le enseña
el revólver).
Juan Roa Sierra: Creo que este es el adecuado, es justo lo
que estoy buscando. ¿Dónde podemos probarlo?
Luis Enrique Rincón: El problema es que tiene un solo
proyectil
Juan Roa Sierra: pues sino hay de otra, probemos con ese.
(Disparan el proyectil)
54
Juan Roa Sierra: pues dispara, yo no sé mucho de pistolas,
pero esta dispara… (pensando) hablemos del precio…
Luis Enrique Rincón: Deme 80 pesos.
Juan Roa Sierra: le doy 75.
Luis Enrique Rincón: Trato hecho.
Juan Roa Sierra: ¿Se deja usted convidar a una cerveza?
(pasan a un escenario contiguo, una mesa, música de la época y
muchas botellas) Señorita, regáleme dos cervezas… ¿Sabe,
Luis? Estoy sacando el pase, mi hermano me ayudará para
trabajar de chofer. Mire, esta es la escuela donde recibo
clases (toma una tarjeta del bolsillo del saco del vestido). Usted
sabe que en Bogotá no hay muchos choferes así que es un
muy buen campo laboral.
Luis Enrique: Pero qué bueno, Juan, así las penurias del
bolsillo se aliviarán muy pronto. El dinero no es la
felicidad, pero es una simulación casi perfecta de ella, así
que es fantástico.
Juan Roa Sierra: Sí, pero soy muy de malas, justo ahora
que estoy aprendiendo a conducir me llamaron unos
extranjeros, para ir a trabajar al llano, pero ellos requieren
que la presencia sea inmediata, pues es una mina de oro y
mucha gente se está disputando ello. Usted sabe que eso
da mucho billete y pues las oportunidades las pintan
calvas, así que debo irme, justamente para eso es el
revólver, me piden que por seguridad lleve uno con unas
dos cargas.
Luis Enrique: Pero ¿no es mejor hacer las cosas al
derecho? Es decir, ¿por qué no saca primero el pase y ahí
si hace el viaje?
55
Juan Roa Sierra: No, cómo se le ocurre, ¿usted cree que
ellos ansiosos por la explotación de la mina de oro, me van
a esperar? No, debo ir a hacerme unos pesos –ojalá, quiera
Dios sean bastantes- y regresar y ahí si terminar el curso….
Oiga, Luis, pero y lo del revolver qué, ¿Al fin me lo va a
dejar en 75 pesos?
Luis Enrique: Hágale.
(Juan pone el dinero sobre la mesa, en ese momento entra Ignacio
rincón)
Luis Enrique: Ignacio, este es el hombre que quiere
comprar el revólver.
Ignacio rincón: Mucho gusto Ignacio Rincón.
Juan Roa Sierra: Mucho gusto, señor, soy Juan Roa Sierra.
Ignacio Rincón: El revólver está en buenas condiciones, la
verdad lo adquirí después de hacer un negocio de un reloj
con Jorge Arenas.
Juan Roa Sierra: La verdad no pensaba comprar uno. Mi
hermano me prestó un dinero para poder tramitar la
licencia de conducción, pero se me presentó un viaje
urgente a los llanos a una mina de oro y debo ir y para ello
necesito ese útil al servicio de la muerte y del miedo.
II.IV
(María de Jesús forero y Juan Roa Sierra entran cada uno por un
costado del escenario. Él entra con margaritas en las manos, ella
con un girasol, se hace un rito de amor de miradas, sonrisas
tímidas, contemplaciones)
56
María de Jesús forero: Hola…
Juan Roa Sierra: Hola…
María de Jesús Forero: ¡Qué extraño es no poder estar
lejos de ti! Es como si la eternidad no fuese más que una
treta para seguir hallándonos una y mil veces en cada una
de nuestras vidas. La eternidad, Juan, es muy pequeña
para el anhelo que desborda mi alma. Tú eres el horizonte
que contemplan mis ojos y el aire que besa la primavera
mientras las estrellas celosas dibujan tu sombra en esta
vieja Bogotá… Yo miro tu sombra y también la beso
mediante versos, la acaricio y cierro los ojos para que ella
no se vaya nunca de mí, cuando ella huye es tu aroma mi
compañía. Aquí donde estoy percibo cada uno de tus
olores, y ellos producen ñañaras24 en mí. Juan, ¿qué es un
olor?, dime a qué huele lo que se huele. Dime qué ama el
amor.
Juan Roa Sierra: No lo sé… son preguntas muy difíciles.
No sé cómo describir el olor, el amor ¿tú podrías hacerlo
con los colores?
María de Jesús Forero: Todos los colores son la primavera
que se anuncia en el oriente con el arcoíris. Juan, ¿nunca
has pensado que el arcoíris es un regalo de los dioses, que
cuidan el secreto del amor, y solo se lo entregan a quienes
saben oír sus mensajes? Los colores no están para ser
definidos están para que la vida tenga el matiz mismo de
poder saber que no todo se puede comprender… Amor,
tan solo lléname de palabras porque las palabras son como
las flores, solo cuídalas. Tú serás las palabras y yo las flores
24
Sensación de nervios que se expresan en el vientre.
57
y juntos seremos la primavera, que en el ocaso siempre
renace, siempre, amor mío.
Juan Roa Sierra: (nervioso y enamorado señala de forma
incoherente) Las flores y las palabras, Marujita, parecen
cantos sordos en un día de invierno. Si las palabras fueran
flores, los pétalos rozarían la semántica misma en la que
me hallo como descifrando el significado de un mundo
cuya convulsión no es más que los demonios que he
asesinado. Me interpela, entonces, el filamento como
sombra de la fonética en la que la armonía rompe el
silencio para tejer el verso mismo en que me siento
caminante con sueños perdidos y luces intermitentes, que
no logran ser aquello que el sépalo recoge y donde se
divisa la gota de rocío y en el que la morfología queda
amorfa en el misterio mismo de lo que significan las
palabras.
Hoy nadie ve las flores, porque la primavera ya no es el
refugio de los hombres que miran al horizonte
contemplando el detalle. Las flores y las palabras las
devoró la fría contemporaneidad, lo útil, lo pasajero, lo
que se va y nadie rememora. Las palabas y las flores son
un vago recuerdo de lo bello.
(Le entrega las margaritas, tímido).
María de Jesús Forero: (le entrega el girasol) ¿Quieres un
dato curioso? Sabes que sospecho que las margaritas y los
girasoles son de la misma familia… Cierro los ojos y veo
las viejas sombras que el viajero deja a su paso, el trazo de
los sueños del caminante se ata y desata en la agonía y la
armonía como símbolo mismo de creer que el mañana es
el impulso vívido en el que el cielo se funde con la tierra y
no quedan más que palabras para descifrar la
58
inmortalidad de la vida. Si el sueño fuese carne tu cuerpo
sería el camino para llegar al rito de perderme en tu piel,
de saber que solo allí puedo creer que el viaje del viajero,
que el camino del caminante llegó al Edén.
Juan, nuestro amor, nuestro caótico amor debe renacer,
porque nacer es desgarrarse y hallarse de nuevo desnudo
frente a la vida como proyecto, como el proyecto en el que
tu tiempo se fusionó con el mío, como esa vieja fusión de
horizontes en que no somos más que alteridad. Acaso,
¿amar no es ser otro para otro, en el que el rostro del otro
es mi propio rostro?
Hoy te extiendo mi mano, compañero mío, mis manos que
saben luchar y hacer artesanía; te extiendo mis labios que
saben gritar rebeldía y libertad; mis ojos que ven lo nimio
y lo magno; mis oídos que oyen versos aún en medio del
horror; te extiendo mis ideas con morfología de
humanidad; te extiendo mis sueños y los pongo a los pies
de los tuyos, para que el sueño sea el hogar que nos
prometimos… como aquella vieja melodía:
Juan Roa Sierra: (Toma una guitarra y canta)
He querido navegar,
por tus pechos por tu cuerpo,
intentando dibujar el arcoíris en tu cuerpo de mujer,
bésame con locura,
bésame como ayer,
bésame que yo estoy aquí atado a tus demonios ¡oh, mujer!
Eclipse Lunar,
Luna roja,
Carita de gato,
Dime, dime. Dime amor.
Ayer, soñé contigo amaneciendo,
59
entre lunas del ayer,
Soles del mañana,
carias sin cuerpo,
Besos sin versos,
Sexo sin tiempo,
Eternidad sin ayer.
Eclipse Lunar,
Luna roja, Carita de gato,
Dime, dime, amor25.
Escena: II.V
(Sale de escena María de Jesús Forero e ingresa Magdalena con
un vestido rojo, zapatos de charol rojos, medias blancas dos
colitas, un globo y una muñeca de trapo)
Juan Roa Sierra: ¿Sabes, amor mío? hoy 12 de mayo
quisiera... (se queda pensando) ... Llegaste para
acompañarme por siempre en este tránsito histórico que
ato y desato una y mil veces en la dulce magia de tu
sonrisa, en la alegría de los versos que brotan de tus labios,
en la inocencia de tus actos que llegan a mí como
versículos que guían mi vida, mis sueños altruistas, mi
condición de humanidad.
He caminado por tantos caminos que es difícil recordar el
sendero de cada uno. En muchos de ellos hay mil colores,
imágenes, sonidos, olores, odios y amores, pero ninguno
me reconforta tanto como llegar a tus brazos, pues allí, el
mundo parece el sueño del poeta, y, desde hace unos años
todos los periplos conducen a tu ser. Es como si cada
palabra que emana de ti creará mi mundo. Me recuerda a
esa bella figura mítica según la cual el mundo se creó bajo
25
Eclipse Lunar, Compuesta por David Díaz Guzmán.
60
la lectura de un poema de Marduk, pues mi poema sois
vos…
Magdalena: Papi... aún recuerdo lo que me decías de
nuestros ancestros, que para ti El Dorado es una
representación más de los peldaños que subimos y
bajamos como viajeros que buscan la leyenda de El
Dorado en tierras andinas para hallarnos felices. El dorado
no era la ciudad por la que mataban los españoles, El
Dorado es para ti mi alma y con ella para mí tus sueños.
Por eso, debes hacer de ellos una obra de arte que se
configurará a medida que se vaya tejiendo con el siempre
autónomo hilo de la libertad, con los colores de la justica,
de solidaridad, de la creación, la verdad y el amor. Por ello,
la única arma que tendrás siempre para defenderte de los
agravios, improperios, adjetivaciones, injusticias y demás
cosas que traigan las tinieblas serán tus ideas; solo ellas te
permitirán hacer el tejido perfecto que irás albergando en
tu mente y tu corazón. Esas palabras que me obsequiaste
hoy te las presto con amor.
Juan Roa Sierra: Qué lindo es haberte hallado en medio
de esta difícil existencia, de ser el fruto de un amor que
creyó en lo imposible, que dibujó en medio de su juventud
el ser que hoy llamamos sin más por tu nombre. Casi
bíblicamente eres un David que vence el Goliat de la
desesperanza. Hoy recuerdo con tanta emoción aquella
noche cuando te tuve entre mis brazos por vez primera,
recuerdo que el alma quería salir de mi cuerpo, pero su vía
de fuga fueron mis ojos. Lloré de emoción al sentir que
eras la extensión de una larga generación de abuelos
campesinos que migraron a una ciudad de cielo gris,
engalanada con gabardinas y sombreros, y allí entre
sueños y luchas la cadena llegó a su cúspide cuando
61
dejaste el vientre de tu madre y te posaste en mis brazos…
allí estabas y descubrí que ser padre no es más que el rito
de un hito que se funda en la perdida de subjetividad y la
unión atemporal de dos corazones que laten al ritmo del
amor.
Magdalena: Papi, ¿no somos acaso seres de elecciones y a
medida que las vamos tomando, las iremos contrayendo?
Cada elección tuya será una elección mía, y en ella nos
iremos haciendo tú y yo como papito e hija. Recuerda que
no importa si la decisión es acertada o desacertada,
siempre contarás conmigo para reafirmar tu libertad aun
cuando el resultado no parezca favorable. Son ellas, las
elecciones, los senderos por los que transitarás. Siempre
ejércelas como individuo, jamás por presión social o por el
cliché de la moda, o por quedar bien con alguien, pero mis
palabras, papito, deben penetrar en tu alma puesto que
todo esto es para ti. Yo solo soy tu eterna compañera de
viaje en esta existencia, pero eres tú quien con tus manos
de artesano labrarás tu futuro y con ello el futuro de la
humanidad. Recuerda siempre que no puedes, ni debes,
aceptar una injusticia contra ningún ser humano en el
planeta -incluyéndote por supuesto-, y que debes luchar
sin cesar contra todos los mortales y si es necesario contra
todos los dioses por no hacerle daño a nadie... esto me lo
enseñaste tú...
Juan Roa Sierra: Hoy, quiero contarte que gracias a ti
descubrí el secreto que ocultan los dioses de nuestros
ancestros y que brotó como manantial de tus labios una
fría mañana cuando siendo aún una bebé respondiste a la
pregunta: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? – y
expresaste con dulzura: - “Feliz”-. Por ello intento que
cada día tuyo sea magnifico. Tu frase la uní a mi largo
62
caminar entre la profunda angustia de pensar por sí
mismo, entre la aventura de vivir mil vidas en la literatura
y de soñar que hallo el asombro en las bibliotecas, y de
luchar por dejar un mundo mejor para ti; un mundo donde
los conflictos sean el espacio para crecer, donde estemos
llenos de conflictos, pero sin violencia, sin suprimir a los
demás. Recuerda que hay mil causas que deben ser
combatidas; la pobreza, la desigualdad social, el arte, el
derecho a ser, pensar y sentir diferente.
Magdalena: En los avatares de la historia yo estoy aquí
puesta en este tránsito donde todos los caminos se
entremezclan, donde el tiempo lleva en su aureola la dulce
melodía de nuestros nombres, donde el espacio danza
libre en el sueño sin fin de haberte hallado en esta loca
libertad que aún no logro descifrar porque sigo sin saber
cuál es el camino adecuado para vivir, para ser, para no
ser, para estar, porque sigo buscando sin cesar la felicidad
que solo llega cuando puedo admirar los frutos de la vida
en ese lazo paternal que nos unirá cosmológicamente por
siempre.
(Sale a Escena Magdalena. Juan Roa Sierra está de pie en el
centro del escenario con la mirada perdida en el horizonte)
Juan Roa Sierra: Estoy a pocas horas de nuestro arribo a
las costas de lo extraño. Terminamos todos juntos
explorando las playas de la fascinación, recogiendo las
semillas que otrora el mundo pensó, aprendimos las
consonantes fenicias y cantamos para aprender las vocales
griegas. Mientras entre pirámides y faraones
comprendimos los números, la cantidad y la magnitud;
aquí en este punto, en estas coordenadas ya estamos más
allá de la playa, ya en tierra firme buscamos construir un
63
puerto donde puedan atracar nuestros sueños, y donde los
dilemas propios del entendimiento jamás lograrán zanjar
el delgado intersticio entre la fantasía y la realidad, la
perplejidad de la dualidad puesta en cuestión. Nadaremos
por las olas de la historia; que pase entonces lo que tenga
que pasar... héroe o asesino, seré víctima o victimario,
ángel o demonio…
64
ACTO III
Escena III. I
(sale Juan Roa sentado en un juzgado, un juez con bata negra
un martillo y una balanza, el rostro del juez no es visible. Juan
está compareciendo ante el estrado. Quien lo interroga es un
fiscal cuyo rostro nunca se ve, siempre está de espaldas)
(El escenario contiene tres escenarios simultáneos, a saber: el
juzgado, a un costado del escenario una cama, y al otro costado
una mesa de cantina)
Fiscal: Señor Juan Roa Sierra, ¿es usted gaitanista?
Juan Roa: Sí, señor, soy gaitanista de corazón.
Fiscal: ¿Por qué?
Juan Roa Sierra: Porque el doctor Gaitán comprende que
el problema de Colombia no es un tema simple y
llanamente bipartidista. Aquí el establecimiento se tomó el
poder desde tiempos inmemoriales. ¿Recuerdan a
Antonio Nariño y Camilo Torres, la disputa entre
comerciantes y terratenientes? O acaso, ¿no han
comprendido que aquí el problema no es rojo o azul? El
problema aquí es de intereses de clase, de esa clase
oligárquica que camina con pies de plomo, pero ¿sabe? La
oligarquía es un gigante con pies de barro, y el pueblo, solo
el pueblo podrá tomar de nuevo las riendas de la historia,
volver a ver el esplendor mismo de sus luchas y aquilatar
los sueños en la caja de pandora que esta vez no
cerraremos para dejar libre la esperanza….
Fiscal: Y, según usted, este ególatra llamado Jorge Eliecer
Gaitán ¿qué ha hecho aparte de agitar a las masas, de
65
poner pólvora en sus palabras y de intentar llevarnos a la
anarquía misma?
Juan Roa Sierra: Como ministro de educación ayudó a
tanta gente, niños, profesores, religiosas. Claro, no iba a
salir en los periódicos oficiales. Aquí hay un concubinato
entre el poder y la información, pero fue así, señor.
Fiscal: ¡Ah! se refiere usted a esas marchas fascistas en que
sacó a nuestros niños y niñas a marchar en un desfile que
recuerda lo que se vive en Europa: hombres y mujeres
formados para la milicia y no para el orden, la moral, y las
buenas costumbres. No sabía que usted era fascista.
Juan Roa Sierra: ¡No soy fascista! ¡Los gaitanistas no
somos fascistas!
Fiscal: Ah, ¿no? ¿No trabajó usted en la embajada del
Tercer Reich?, ¿no llevaba usted revistas a su casa sobre
propaganda del Nacional Socialismo?
Juan Roa Sierra: (visiblemente nervioso) Usted miente,
miente.
Fiscal: En nuestras investigaciones parece ser verdad lo
que le manifiesto, pero, señores, vean ustedes cómo el
acusado miente, hasta visita a un místico alemán.
Juan Roa Sierra: Y eso, ¿qué tiene que ver?
Fiscal: Nada, “solo coincidencias”, pero si ustedes no son
fascistas, ¿por qué el Doctor Gaitán intentó uniformar a los
emboladores y choferes cuando fue alcalde?, “qué
coincidencia”. Marchas al estilo fascista, adoctrinamiento
de niños, pérdida de subjetividad, uniformidad de la
sociedad. ¿Quién es él? Adolfo Benito Jorge Eliecer Gaitán
66
Musilinni Hitler, señores, gracias a la conciencia de este
pueblo lleno de gente de bien, lo terminaron haciendo
dimitir a su cargo de burgomaestre. O acaso, ¿estoy
mintiendo, señor Roa?
Juan Roa Sierra: Esa es una interpretación burda de la
historia, es una manera demagógica de presentar el
devenir histórico de Colombia, por qué…
Fiscal: (interrumpe) ¿Y demagógico es también decir que
usted compró un revolver?
Juan Roa Sierra: eh… ah, eh… Usted, ¿cómo sabe eso?
¿Qué tiene que ver ello con el interrogatorio original?
Fiscal: Señores del jurado, ¿recuerdan ustedes cuando
Hitler configuró el paramilitarismo en Alemania que
llamaron las S.A., las camisas pardas, los grupos de asalto
que se encargaban de ejercer violencia sobre el embeleco
ideológico que se estaba armando? Su retórica aún
persiste, su discurso de espaldas a la humanidad: la
homosexualidad como anormalidad, los judíos como
enemigos, los intelectuales como farsantes del ser, los
gitanos puestos en la guillotina de la razón, los comunistas
juzgados de la misma manera como ellos juzgan, los libres
pensadores puestos en prisión so pretexto de la verdad, los
periodistas obligados a la propaganda y la universidad
reducida al monólogo del adoctrinamiento político…
Ellos, que cumplieron “tan loable” labor al servicio de la
muerte, fueron citados en la noche de los cuchillos largos
y fueron asesinados todos, incluido Röhm, el homosexual
amigo de Hitler, que fue traicionado por éste último… Así
se fundan las SS. Señor Juan Roa, ¿usted hará lo mismo
que Hitler le hizo a Röhm?, ¿usted matará a Gaitán? Así es
como operan los fascistas, como cronos, se devoran ellos
67
mismos, devoran lo mismo que ellos inventan, como la
pintura de francisco de Goya.
Juan Roa Sierra: ¿Usted insinúa que yo compré el revólver
para matar a Gaitán? Señor, permita expresarle que no es
verdad, yo compré el revólver porque tengo un viaje.
Fiscal: ¿A quién se lo compró?
(Juan Roa pasa al siguiente escenario: una mesa de cantina, una
botella de licor, copas. Bebe nervioso, a su lado un hombre está
sentado de espaldas al público, de fondo suena El tango de la
muerte de Calos Gardel)
Juan Roa Sierra: ¿Sabe usted si las armas son el vehículo
del odio? ¿Sabe usted si cuándo cegamos la vida de
alguien no es en el fondo deshonrarnos y matarnos a sí
mismos, buscando con la bala asesina acabar la maldad
humana silenciando la voz del otro, que no es más que la
mía, que me interpela y me incomoda, porque me pone en
cuestión y me arma y desarma mi existencia?... (Silencio)
Seré breve, quiero un revolver para que mi mano pueda
guiar mis ideas, mis miedos, mis odios, mis ideales, estaré
fuera de toda moral y el ruido del disparo será una
epopeya a la libertad. Cuando la bala salga de la prisión
de mi arma buscará atracar en el cuerpo del otro, y cuando
el depositario de la bala muera la idea que hizo que la bala
saliese rauda por el espacio cobrará su libertad mediante
el silencio de ese otro miserable.
Extraño: ja, ja, ja. Salió poeta y asesino, qué extraña
combinación.
Juan Roa Sierra: ¡Yo no soy un asesino!
68
Extraño: Ah, ¿no? Dígame, usted, ¿qué hombre decente
carga un revolver, sale de su casa, alista las llaves, la
billetera, su sombrero, el paraguas, y guarda un arma
como un utensilio de la cotidianidad?
Juan Roa Sierra: Es solo para defenderme, son tiempos
difíciles. Yo soy un hombre de bien, no quiero matar a
nadie…
Extraño: Si, sí, sí, eso dicen todos los que llevan en sus
labios la muerte, y en sus manos la sangre del prójimo, “yo
soy decente”. El otro es el bárbaro, siempre hay una
justificación para violentar a otro, pero nunca una para
decir que el hijueputa es uno.
Juan Roa Sierra: No tengo porque discutir mis
convicciones éticas con usted. Usted es un hampón y yo
un hombre decente que solo quiere protegerse.
Extraño: ¿Es que acaso un hombre decente va a salvarse
invocando la ayuda de nosotros, los rufianes? Ja, ja, ja, ja.
“Convicciones éticas”, que linda es la palabra, la palabra
es un instrumento para mentir.
Juan Roa Sierra: (lo interrumpe) ¿Sabe qué? Creo que fue
una mala idea, no debo estar aquí. Usted quiere
equipararme con usted y estamos a millares de distancia
en términos morales. Me voy.
Extraño: (Lo Toma del Brazo) Tranquilo, Tranquilo, tengo
un lindo bebé: una Smith & Wesson, negra, (apunta con su
dedo índice a juan) Suena delicioso, ¡Boom, Boom, Boom! y
misión cumplida
69
Juan Roa Sierra: Esa, esa me gusta, he oído mucho de ella,
esa es la que necesito.
Extraño: Tranquilo, nene, el precio es 200 pesos, es traída
directamente de los Estados Unidos.
Juan Roa Sierra: No tengo ese dinero ya, pero si usted me
la deja a crédito, yo se la pago en 10 cuotas.
Extraño: No, mi estimado amigo, no quiero terminar
usando esa misma arma contra usted, aquí es plata en
mano y culo en tierra, viejo… Haga el esfuerzo, se lleva
una joya que podrá hacer que los hombres de bien como
usted se defiendan de nosotros los guaches, “carachas”.
Juan Roa Sierra: no me alcanza… lleguemos a un acuerdo.
Extraño: ¡Bah! Estoy discutiendo con un arrancado. Si no
tiene plata no joda. Aquí no es un hogar de beneficencia
pública. ¿Cómo quería pagarme? ¿A picos, maricón? (Se
levanta para irse, Juan lo toma del brazo)
Juan Roa Sierra: Espere, hombre, espere. Tengo 75
pesos… no tengo más, pero si usted me da plazo yo
consigo lo que falta.
Extraño: Ja, ja, ja, ja con esa plata no consigue nada, ¿por
qué mejor no se compra una pistolita de madera y juega al
vaquero en el Oeste? (Se levanta para irse, da tres pasos y gira
como recordando algo) Tengo una pistola, pero está muy
cascada… no es muy efectiva, a veces se traba y cuesta
cerrar el tambor, pero digamos que sirve para algo no tan
serio, la saca de su gabardina y se la enseña.
Juan Roa Sierra: (La mira con fascinación. El extraño sale de
escena) ¿Puedo yo ser Gaitán? ¡Ey, tú, negro Gaitán!, ja, ja,
70
ja (Apuntando con el arma hacia el frente) Dizque el adalid de
los pobres, ¿recuerdas cuando fui a tu oficina a pedirte
empleo o una beca para estudiar abogacía? y tú indolente
dijiste que esos puestos no los dabas tú sino el gobierno.
“Escríbale al Doctor Mariano Ospina Pérez”, me dijiste
con frialdad. (Piensa, su mirada al frente, el revólver en sus
manos apuntando al horizonte).
Gaitán el demagogo, el embaucador, el señor de la palabra,
el adulador de las masas, el señor de señores, el caudillo…
ja, ja, ja… Gaitán, te admiro. Atrapaste los sueños del
pueblo y los hiciste verbo, los hiciste estallar como
relámpago en el firmamento celeste de este cielo que vigila
la doliente Colombia… pero a mí, a mí, a Juan Roa Sierra
no lo engañas. Yo soy el heredero de mi general Francisco
de Paula Santander; la reencarnación de Gonzalo Jiménez
de Quesada, y no voy a caer en el ardid de tu plan, en la
vieja treta de usar a los pobres como trampolín para
alcanzar el poder, para embriagarte de él, para sumergirte
en las ferruginosas aguas del deleite de sentir que te
adulan, que se postran ante ti, por la suave y dulce
tentación de la corrupción. Te seduce la pompa y la gala
que distancian a la oligarquía de tu pueblo, es lo que
anhelas, anhelas sentirte el príncipe de los príncipes. Tu
aire mesiánico seduce, pero ya no me convence… me
dejaste solo… Prometes el tan anhelado cielo de los pobres
y señalas a la oligarquía con dedo inquisidor como la
fuente del pecado original. Pretendes expulsar a los
mercaderes del templo de mi Colombia, y haces eternos
soliloquios. Parece como si el canto de las sirenas fuese tu
metálica voz. Eres el poeta de los pobres y serás la
desilusión de las masas… Gaitán, ya no sé si te odio o te
admiro.
71
(Vuelve a levantar el arma y apunta al horizonte, gritando 4
veces Gaitán, por cada vez que grita sale un hombre con
gabardina y sombrero. El primero lleva una máscara roja; el
segundo, una máscara azul; el tercero, una máscara blanca y una
bandera norteamericana; el cuarto, una máscara negra y una
bandera de la Unión soviética. Juan después de ello se sienta de
nuevo en la mesa y bebé unos tragos, las máscaras se aproximan
a la mesa y lo abordan)
Máscara Azul: “En Colombia se habla todavía del partido
liberal para designar una masa amorfa, informe y
contradictoria. Nuestro basilisco camina con pies de
confusión y de inseguridad, con piernas de atropello y de
violencia, con un inmenso estómago oligárquico, con
pecho de ira, con brazos masónicos y con una pequeña,
diminuta cabeza comunista pero que es la cabeza”26
Máscara Roja: Nosotros somos liberales en el discurso y
godos en la cotidianidad. “Los días que vivimos son
malos. Gravísimos peligros amenazan a la Iglesia y a la
Patria si el liberalismo comunista gana las elecciones de
junio venidero. En nombre de Cristo y de la Iglesia
recordamos a nuestros amados diocesanos que no pueden
votar, so pena de pecado mortal, por candidatos liberalizquierdistas, porque estos son hostiles a la Iglesia; y que
todos los que aman su religión y no quieren verla
perseguida y destruida, es decir, todos los católicos de
nuestra grey, están en la obligación, igualmente so pena de
pecado mortal, de votar por candidatos que garanticen la
defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia, y con éstos
los de la Patria y la libertad”27.
26
27
Discurso de Laureano Gómez.
Pastoral de Monseñor Miguel Ángel Builes.
72
Máscara Azul: “El liberalismo es un error religioso,
filosófico, social y jurídico, que consiste en proclamar
absoluta independencia o autonomía del hombre. Es un
sistema religioso porque secunda en el orden político, una
secta, el racionalismo o naturalismo, y lucha contra la
iglesia, que se interpone en su camino, siendo, en el fondo,
el vetusto, racionalismo pagano”28.
Máscara Roja: “Prepárense pues nuestros amados hijos
para enfilar, no en los ejércitos izquierdistas que
diabólicamente prepara, dirige y extiende por toda la
tierra el espíritu del mal, sino en las Derechas que
defienden a Dios contra el demonio, a la verdad contra el
error y al bien contra el mal.”29
Máscara negra EE. UU: El águila extiende sus alas y
vuelan al sur, en sus patas lleva el viejo pergamino que
sentencia que América es para los americanos, nosotros
somos la civilización que hará de sus materias primas los
productos industriales que generan el estereotipo del
progreso.
Juan, nosotros estamos inquietos, algo extraño pasa en
Bogotá… no es normal que sus policías se vistan como
soldados prusianos y que el hombre del que todos hablan
lleve en su verbo el fascismo y en sus manos un
comunismo exacerbado. La democracia moderna es
nuestra, y el Estado Nación que se funda con la guerra
nace con nosotros. Tengan ustedes muy claro que, si
nuestras ideas se ven amenazadas, no permitiremos que
los soviéticos avancen ni un milímetro en esta América. Es
más, Juan, ustedes deberían estar agradecidos con
28
29
Pastoral de Monseñor Miguel Ángel Builes.
Pastoral de Monseñor Miguel Ángel Builes.
73
nosotros. No pueden negar que el norte de México y ahora
sur de los Estados Unidos es civilizado, culto, democrático
y digno de ser puesto en los libros de historia, que nuestros
banqueros son hombres de negocios que han ayudado a
que el cauce político y económico transite de forma
adecuada. ¿Te acuerdas de Cornelius Vanderbilt, William
Walter? Claro, uno que otro tiro, uno que otro bombardeo,
pero siempre a nombre de los valores de la civilización
democrática.
¿O es que no te parece un acto altruista el hecho que
mediante la Enmienda Platt nosotros podamos siempre
intervenir en estas repúblicas bananeras que no saben aún
distinguir entre el jefe de la tribu y una institución? Piensa,
por ejemplo, a propósito de estas republiquetas, lo
desperdiciado que estaba el canal de Panamá. Nos tocó
administrarlo para que la fuerza de la industria llevara de
mar a mar el aroma del progreso. Juan, hemos salvado de
la debacle a Haití, República Dominicana, Cuba, Puerto
Rico, Honduras, México. Hemos llevado hombres
maravillosos como Anastasio Somoza. El comunismo
ronronea tu país… ya tenemos 24 intervenciones en este
continente… Mátalo, Juan. Mátalo. Harás un servicio a la
patria, Juan, serás un héroe...
Máscara negra URSS: Ay, Juan, el cielo de los
trabajadores, la patria obrera es una ficción, un paraíso que
soñó el hombre desde tiempos inmemoriales. Nosotros
enarbolamos las viejas banderas de algo que sabemos que
es imposible. Todos queremos que las alas de hielo vuelen
muy cerca del sol incandescente y no se derritan, pero la
patria de los trabajadores no resuelve las voces malignas
del alma humana... Ya ves cómo la idea bella terminó
siendo un campo de concentración de quien
74
piensa diferente, un cese de las libertades individuales,
una miserable masificación, una invasión de la Europa del
Este, el absurdo de que cada acción deba estar al servicio
del partido, del camarada, del líder supremo, de la cárcel,
de la ideología... América Latina quedó en manos del
imperialismo norteamericano y no hemos podido avanzar.
Pero Gaitán es un pequeño burgués, quizás si lo matas,
Juan, llega el paraíso de los trabajadores, y todos se
entregan al frenesí de la muerte, de la revolución.
Tendríamos una emulación de octubre de 1917
(Todos dicen al unísono: mátalo, Juan, mata a Gaitán, mátalo,
mátalo, mátalo) (Juan intenta huir, pero ellos hacen un círculo,
Juan con el revólver en la mano tiembla, el grito desesperado:
“nooooooooooo”, las luces se apagan y Juan Vuelve al estrado)
Juez: Señor Juan Roa Sierra, podría usted relatar ante este
despacho qué se encontraba haciendo la tarde del 9 de
abril de 1948, día en que fue asesinado el Doctor Jorge
Eliecer Gaitán.
Juan Roa Sierra: Estaba en casa con mi madre…
Fiscal: ¿Estuvo todo el día en casa de su madre?
Fiscal: Sí…
Fiscal: ¿Esa noche no se quedó usted con su esposa en
casa?
Fiscal: No.
Fiscal: ¿Por qué?
Juan Roa Sierra: Marujita y yo estamos separados.
75
Fiscal: Comprendo. ¿Quién podría matar al doctor
Gaitán?
Juan Roa Sierra: Y yo, ¿qué diablos voy a saber?
Fiscal: Especulemos… ¿o es que al ser usted el autor
material del magnicidio es incapaz de concebir la idea de
que otro pudo hacerlo?
Juan Roa Sierra: Señor, le ruego que no haga
aseveraciones tendenciosas. Yo no fui. Yo soy un
gaitanista de corazón.
Fiscal: Entonces, responda a mi pregunta.
Juan Rosa Sierra: El doctor Gaitán tiene tantos enemigos
como seguidores, ¿sabe? Con el mismo ahínco con que lo
defienden también hay hombres desde las sombras
dispuestos a matarlo. Algunos quisieran matarlo por
demagogo, consideran que no es más que un hombre de
verbo dulce con piel de oligarca. Otros podrían creer que
está al servicio de los rusos y que liquidándolo se evapora
el fantasma del comunismo. Otros creen que dio en el
blanco cuando comprendió que la oligarquía no es más
que la dueña de este paisito… o quizás un loco con ínfulas
de héroe…. El panorama es tan amplio que es difícil saber.
Fiscal: ¿No es acaso usted el idiota que se cree Santander
o Jiménez de Quesada?
Juan Roa Sierra: (Se apagan las luces) Yo no soy ningún
idiota, no lo soy, no lo soy, no lo soy, no lo soy, no lo soy.
Maldito pusilánime, idiota, que no comprende el ser de lo
que soy. No soy un idiota, no soy un idiota (Juan despierta
en su cama, sudando)
76
(sale María de Jesús Forero)
María de Jesús Forero: ¿Qué es ese escándalo, Juan?
Juan Roa Sierra: Marujita, ¿cierto que yo no soy ningún
idiota?, ¿cierto que yo soy el tiempo de la historia y el
espacio de la geometría?, ¿verdad que un hombre
incomprendido siempre es un héroe? Marujita, ese fiscal
es un idiota… un estúpido (Ríe)
(María de Jesús Forero le da una cachetada)
María de Jesús Forero: Juan, otra vez su jerigonza, otra vez
sus palabras sin fundamento. Si usted entendiera que el
mundo de hoy es de evidencias; la prueba calla el
argumento, y el argumento se doblega ante la medida de
todas las cosas. Hoy todo se mide; se mide el mundo, se
mide el espacio, se mide la vida, se mide todo, ya no hay
tiempo para soñar, pero si usted quiere soñar sueñe con
un maldito trabajo, sueñe con un sueldo, sueñe con salir
de las naguas de su mamá, sueñe con que se cure usted de
esas alucinaciones que hasta loco parece, sueñe con una
familia que le permita vivir la primavera.
Juan Roa Sierra: Otra vez con la misma desesperanza. Su
voz es una emisaria de lo sórdido, y sus manos son las que
portan el látigo de la maldición, y sus ojos tienen el
imperio de la indiferencia… Maruja (Lo interrumpe)
María de Jesús Forero: No, amor… No… calla… no pelees
más. Solo abrázame, déjame refugiarme en tu alma y
permíteme tomar tu mano para saber que hoy es mañana,
y que el mañana no se quedó en el ayer, y que el ayer es la
memoria que roba sonrisas. Amor, deja que mis manos
acaricien tu corazón y que mi voz sea quien
77
pregone eternidad… Perdóname. Solo estoy desesperada
por dinero…
Juan Roa Sierra: … Ay, Marujita…
III.II
(Hay neblina. Colgando del techo del escenario aparece el
símbolo de los rosacruces, una imagen vívida del Mohán, un
cofre lleno de monedas, el símbolo del Nacional Socialismo y las
máscaras) (Juan Roa Sierra se encuentra en Monserrate, el frío
penetra en sus huesos, él conversa con su amigo Quintero,
empero el personaje nunca se ve, solo se oye al interlocutor
conversar)
Juan Roa Sierra: Qué frío tan terrible. Subir a Monserrate
a las 3 de la mañana no es muy agradable que digamos,
pero yo también creo que aquí hay tumbas de hombres
muy ricos que quisieron poner todas sus riquezas en este
suelo santo… He soñado mucho con encontrar un tesoro.
Dios sabe que yo tengo los mismos méritos que los señores
adinerados de la ciudad, quizás mi vínculo con los
muertos es para volver a anclarme en la vida.
La muerte y la vida tienen su dialéctica indeleble, su cauce.
No siempre hablan los vivos, pues son los muertos los que
me envían señales, todos los días, Quintero, Hermano, me
dicen que yo saldré de pobre y que mi nombre será
grabado en la memoria de la humanidad.
Quintero: Ya, Juancho, deje de decir pendejadas. Más bien
abra bien esos ojos, en esta noche de plenilunio es muy
posible que oigamos al Mohán tocar su guitarra (Se oye un
bunde tolimense) … ¿Lo escucha, Juan? ¡Es el Mohán, es el
Mohán! Carajo, seremos ricos…
78
Juan Roa Sierra: Pero, hermano, yo no oigo nada…
además, si bien es cierto el mito es una explicación válida
de la realidad y bella en su composición misma, pues es
poema popular. No por ello se debe creer que es verdad
en su totalidad, quizás el mito sea racional en su
abstracción, pero no es un tema fáctico.
Quintero: ¡Cállese, Juan!, lo va a espantar. Mire, el Mohán
es un viejo chiquito de Barba muy larga, mujeriego, buen
bebedor y amante del buen tabaco. Él siempre llega con
piedras preciosas y si su alma tiene el resplandor
adecuado él le entrega muchas piedras preciosas, ¡así que
aliste su mochila, hermano!
Juan Roa Sierra: Pero yo no veo, ni oigo nada, y no es una
cuestión de escepticismo, yo sé que el escepticismo es una
serpiente que se devora a sí misma por la cola, que cae en
el mismo axioma que prejuzga como falso, pero se lo juro
que mis sentidos no perciben nada. Además, está haciendo
mucho frío… vámonos de aquí y si quiere venimos más
tarde y escavamos, que yo sé que aquí debe haber oro de
conquistadores. Recuerde usted que don Gonzalo Jiménez
de Quesada fundó Bogotá muy cerca de aquí, y ahí sí nos
haremos ricos es una labor ardua, pero sé que podemos.
Quintero: Juan, ¡cállese! ya la guitarra no se oye, yo creo
que el Mohán dijo, para qué le doy riquezas a un pobre
huevón como ese.
Juan Roa Sierra: ¡Yo no soy ningún Huevón! Huevón
usted, tan viejo y trayéndome a ver dizque al Mohán.
Mire, eso es lo que pasa cuando uno no comprende los
misterios mismos de la existencia.
79
Quintero, en vez de pensar pendejadas debería unirse a los
rosacruces. Nosotros somos una orden fraternal, somos
millares por el mundo, silenciosos, sigilosos,
comprendemos que las posibilidades son múltiples y en lo
múltiple se haya la totalidad; totalidad que se expresa
como unidad pero que se comprende en sus partes. Cada
parte es entonces millares de posibilidades en las que se
sumerge la vida… pero el hombre simple, el hombre del
común no puede comprender ello. Por eso acudimos a
nuestra herencia ancestral, a conocimientos guardados
celosamente por los grandes esotéricos de la humanidad.
Ellos potencian nuestras facultades y ahí nos hacemos uno
con el universo.
Quintero: Juan, ¡deje de ser tan pendejo, usted si habla
mucha carreta!, ¿de qué está hablando? la polita le está
haciendo como daño para la cabeza.
Juan Roa Sierra: Hombre, hágame caso. Mire, cada
miembro de los rosacruces recibe instrucciones de cómo
funcionan las leyes cósmicas, en ellas están inscritas las
leyes naturales y por supuesto las de nuestro universo. Yo
creo que el universo es infinito y aunque nadie lo
comparta creo que es así. Ya sé que usted estará pensado
que esto es una religión, y quizás sí, quizás no. Lo que sí le
puedo garantizar es que ello tiene unas concepciones
filosóficas bien fundamentadas. Por ello es que nosotros
consideramos que esto es Metafísica, nosotros hayamos las
causas primeras y las desgranamos en las disciplinas
básicas: biología, psicología, sociología, historia,
economía.
Quintero: Y si esto es así, ¿usted por qué sigue siendo el
mismo vaciado de siempre, el mismo hombre que solo
80
vive de ideas sin un peso en el bolsillo y fracasando en
cada empresa que emprende? A mí no me meta en sus
cuentos de loco, en sus supersticiones, en sus ideas de
gitano loco.
Juan Roa Sierra: (Ríe tranquilo) Sí, eso dicen ustedes, pero
no es así. Se ha puesto a pensar, Quintero, ¿qué pasa con
nuestra alma cuando uno muere? El alma al ser la vida
misma progresa, pero el progreso del alma se va dando a
medida que vamos reencarnando. Siempre reencarnamos
en alguien mejor, en alguien que la historia puso allí para
transformar la humanidad –claro, solo si usted es
consciente de ello-. Yo, por ejemplo, soy la reencarnación
del General Santander y de Gonzalo Jiménez de Quesada,
por eso ustedes creen que soy un hombre fracasado,
porque no tengo empleo y no tengo dinero, pero es que mi
alma esta para cambiar la historia, no para nimiedades.
Esta reencarnación borrará de la historia todos los
nombres menores y pondrá el mío en el panteón de los
hombres más probos de la historia.
Quintero: ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja hace falta ser muy pendejo
uno en la vida para creerse ese cuento.
Juan Roa Sierra: No es un cuento, hombre, entienda. Mire,
el hecho de que seamos albañiles no nos hace con menores
capacidades para comprender el mundo. Mire, Dios no es
una persona, a saber: Dios no es unipersonal, Dios es la
mente universal en la que todos estamos, y estaremos de
forma atemporal. Todos estamos allí y él nos cobija a todos
con su manto de sabiduría. Dios está en todas las partes de
la totalidad, puesto que él es ello.
Quintero: Ah, Gran pendejo, ya llegó el alba y yo oyendo
toda su verbosidad sin sentido, sin camino, siempre
81
palabras que conducen a la locura. Mi mujer dice que si yo
sigo poniéndole cuidado a usted terminaré en Sibaté como
su hermano, pero la verdad, Juancho, es que quiero que
ambos salgamos de pobres y así cuando usted entre a la
universidad se le quitarán esas ideas sin fundamento y
tendremos la vida que nos merecemos.
Juan Roa Sierra: Cuando encontremos las tumbas llenas
de tesoros todos los que dudaron de nosotros alguna vez
pavimentarán las calles con sus elogios, edificarán nuestra
personalidad con sus alabanzas y nuestras palabras serán
la voz a la que todos siguen. Ese dinero nos hará los amos
y señores, nuestras rodillas jamás estarán de nuevo
puestas en el piso, y Magdalena, mi hija, se sentirá
orgullosa de su padre. Yo me dedicaré a los negocios, pero
lo primero que haré será comprarme un buen vestido, un
sombrero y un ramo de rosas para mi amada.
III.III
(Sale Encarnación Sierra. Se está poniendo un velo negro sobre
el rostro, cuando en la radio se oye la muerte de Gaitán, el grito
desgarrador de la ella diciendo “-Juan, Nooooo”-)
(Sale María de Jesús Forero y Magdalena. María peinando a su
hija, se oye la misma noticia en la radio y ella la abraza diciendo:
“Ay Dios mío, Juan, ¿qué hiciste?”)
(Ambas escenas son simultáneas)
III. IV
Máscaras: (Empiezan a arrojar monedas sobre él. Juan gira en
círculos feliz de ver la riqueza) Juan, el gran capital se hace a
82
costillas del trabajo humano, y se aprovecha de ti, te
vilipendia a cada instante y tú debes soportar la ignominia
de gastar la mayor parte de tu vida trabajando para que
otro tenga la plusvalía que se convierte en capital y tus
sueños ya no importan, solo importa sobrevivir….
Entonces, ¿por qué no retar a la moral y matar al
demagogo, al populista, al charlatán?, Juan, Juan, Juan,
salva la patria. Mátalo (a un costado del escenario en hilera las
4 mascaras quedan de espaldas por donde saldrá Gaitán, Juan
también de espaldas en medio de ellas)
III. V
(En el despacho de Gaitán Plinio, Vallejo, Gaitán y Cruz
conversando alegremente sobre la hazaña de Jorge Eliecer Gaitán
al ganar el pleito y lograr sacar absuelto al teniente Cortés)
Jorge Eliecer Gaitán: Fue una defensa excelsa. Logré
conjugar el derecho con la moral y desde allí establecer la
premisa del honor militar. El proceso fue llevado primero
por las autoridades de Manizales, pero ante el temor de
que este hecho quedara impune fue remitido a Bogotá, allí
me buscaron los soldados que hicieron una colecta para
recaudar los fondos para la defensa del teniente Cortés.
Mis estimados amigos, esgrimí la tesis de que el señor
Jesús María Cortés obró como lo haría cualquier hombre,
puesto que cuando la dignidad esta puesta en tela de
juicio, no queda más que darle alas al honor y es ese honor
la arcilla que posibilita dilucidar lo probo de lo lábil. Es el
pundonor del hombre mismo, el mismo que no admite que
su honor sea mancillado. Su reacción no fue más que una
defensa a una de las condiciones más altas de la
humanidad, sus principios y convicciones.
83
Piensen ustedes una cosa, podríamos definir la cuestión
así: el honor en términos jurídicos tiene una condición
tripartita sine qua non. Para que el honor sea mancillado se
requiere un agresor, alguien que violente dicho honor. Por
ende, tenemos ante nosotros, entonces, el que fue objeto de
la violencia, nuestro segundo elemento del tridente,
empero… ¿Cómo saber si el honor se mancilló? ¿Si no es
acaso una cuestión hermenéutica de los dos agentes en
contraposición?
Sencillo. Es el constituyente primario el que dirime el
conflicto entre el derecho y la moral. Pues es la comunidad
de hombres la que pone las condiciones sobre las que se
teje lo correcto de lo incorrecto, lo punitivo de lo
pedagógico, lo simple de lo complejo; solo él sabrá si los
actos mismos generaron deshonra.
(Aplausos de todos en la oficina. Cada uno conversa con los otros
en forma alegre, jubilosa. En medio de la reunión Plinio lo toma
del brazo y le habla apartándolo de los demás)
Plinio Mendoza: Jorge, estoy realmente angustiado, ¿has
leído lo que escribieron en el diario del Pacífico? Han
dicho que eres un hombrecillo encubierto de los
Bolcheviques, que eres un comunista, y que no eres más
que un agente de los rojos, del ateísmo, que pervertirás los
valores y tirarás por la borda las buenas costumbres y lo
que con ahínco han edificado los hombres de bien.
Jorge Eliecer Gaitán: (Ríe) “Este movimiento no es
personalista sino doctrinario, tiene que terminar el hecho
primitivo, el hecho indecoroso para mi patria, ¡que es un
gran pueblo! que se le maneje con el irrespeto con que se
manejan las bancadas de las haciendas privadas, los
hombres colombianos no podemos ser manejados con ese
84
irrespeto, ¡es nuestra dignidad! Que está por encima de los
partidos, que está por encima de los cálculos monetarios,
que está por encima de las papeletas, porque donde no hay
dignidad de hombres todo lo demás está perdido”30…
¿Comunista? ¿Eso es todo lo que tienen que decir los
esbirros de la oligarquía? Plinio, ellos enfilan la pluma y
disparan mentiras, para que sangren los ojos de mi pueblo
al leer lo que destila su alma llena de impureza en sus
diarios facinerosos. Los oídos de los hombres inocentes
oyen falacias en la radio, pero aquí no se trata de
ideologías; puesto que, ante el agrietamiento de la
oligarquía, ante su paupérrimo y evidente fracaso hemos
llegado ante el peligro de esta avalancha humana no por
mi nombre, sino por la restauración moral y democrática
de la república para aplastar ese monstruo bicéfalo de la
oligarquía liberal y conservadora…. Plinio, déjalos que
mientan, ¿tienes miedo de que me maten? Si me matan la
marea humana hará tricolor la reforma, y llegará a
Colombia la fuerza de esta raza….
Plinio Mendoza: Tú sabrás cuidarte, pero piensa bien que
debes cuidarte…. Vamos a almorzar y me cuentas cómo te
fue anoche en el juicio. Hoy todos los diarios escriben
sobre la forma contundente en que lograste llegar al nodo
mismo de defender el honor militar. Tu expresión del
derecho es maravillosa.
Jorge Eliecer Gaitán: Vamos a almorzar, pero te advierto
que yo salgo caro.
Discurso de la candidatura Liberal para las elecciones de
mayo de 1946, Bogotá
30
85
III.VI
(Salen caminando mientras conversan, saludan al embolador, al
voceador. Un hombre se encuentra a las afueras de la oficina de
Gaitán (las máscaras de espaldas). Juan Camina nervioso, mira
para todas partes, parece decidido a hacer algo, se ubica de
espaldas en medio de las máscaras).
Juan Roa Sierra: ¡Doctor Gaitán! (Las 4 máscaras y Juan
giran y disparan al unísono contra Gaitán, mientras Roa corre a
la droguería Granada las 4 máscaras se unen a la multitud e
incitan a matar a Roa)
(El embolador grita –“Mataron a Gaitán”, la secretaría de
Gaitán sale gritando desesperada. De los cuatro costados del
teatro salen hombres con machetes, revólveres, antorchas,
gritando, un caos, un frenesí un dolor popular) (La
muchedumbre se congela; dentro de la droguería Granada que se
representa como una celda en la que Juan se ocultó cuando
disparó hay un coro Juan Roa Sierra canta con ellos).
I see a little silhouette of a man
Scaramouche, Scaramouche, will you do the Fandango
Thunderbolt and lightning, very, very frightening me
-Galileo- Galileo
-Galileo- Galileo
Galileo Figaro, "magnífico"
I'm just a poor boy and nobody loves me
He's just a poor boy from a poor family
Spare him his life from this monstrosity
86
Easy come, easy go, will you let me go?
Bismillah!
No, we will not let you go -Let him go!Bismillah!
We will not let you go -Let him go!Bismillah!
We will not let you go -Let me goWill not let you go. -Let me goWill not let you go. -Let me goAh, no, no, no, no, no, no, no
-Oh mama mia, mama mia- Mama mia, let me go
Beelzebub has a devil put aside for me, for me, for me.
III.VII
(Arrastran a Juan. Gritos desgarradores por la muerte de
Gaitán, antorchas, machetes, gritos, caos total en el teatro
completo).
FIN
87
Maní–como
Por: Julián David López Amú
Guion cinematográfico basado en el relato: El sistema del
doctor Tarr y el profesor Fether de Edgar Allan Poe31
Ficha técnica.
Sinopsis: Un joven e inexperimentado psiquiatra visita una casa
de reposo, en el campo, que es reputada por un sistema de
tratamiento, que se conoce popularmente como el método de la
dulzura. Un amigo y colega lo recomienda con el director de
dicho establecimiento para ser, él, testigo propio de un método
que, según le han dicho, es el paso del mañana en el progreso de
salud mental. Sus expectativas llegan a la sorpresa, la admiración
y la confusión cuando denota que tras de toda revolucionaria
verdad hay un camino lleno de contradicciones.
PERSONAJES.
Simón: colega de Adrián y amigo del Dr. Antonio Miranda.
Adrián: médico psiquiatra, anfitrión en el Maní-como.
Vigilante Mosquera: jefe de personal del Maní-como.
Dr. Antonio Miranda: director del Maní-como.
Dr. Augusto Nariño: colega y par del Dr. Antonio Miranda.
Jennifer: sobrina del Dr. Miranda.
Minerva: enfermera - jefe del Maní-como.
Concepción: enfermera en el Maní-como.
Claudia: enfermera en el Maní-como.
Cuentos II, POE. Alianza editorial. Tercera edición. (2010). Prólogo y
traducción de Julio Cortázar.
31
88
Eponina: ama de llaves en el Maní-como.
Ursula: asistente personal del Dr. Antonio Nariño.
Clementina: hermana del Dr. Antonio Miranda y madre de
Jennifer.
Carlos: enfermero en el Maní-como.
Arturo: enfermero en el Maní-como.
EXT. ATARDECER. DÍA NUBLADO.
Un hombre llamado ADRIÁN (40) está parqueando su auto en un
estacionamiento de una gran casa de campo. Cuadra el auto en frente
de una gran puerta de madera de dos entradas. Su mirada se fija en
dicho umbral cuando de repente su teléfono celular suena, desde el
interior de la guantera del carro, Adrián abre el compartimiento con la
mano izquierda y con la derecha toma el celular, ve en la pantalla, y su
rostro se torna amigable y confiado pues observa que quien llama es
alguien conocido; contesta y habla como sigue.
ADRIÁN: ¿Aló?
(No se escucha la voz que llama. Solo en este momento se podrá saber lo
que Adrián dice. No obstante, se alcanza a percibir un sonido acústico
e inteligible, el típico ruido que suele escucharse cuando una persona,
que no habla por teléfono, intenta escuchar a quien sí lo hace).
¡Ah! Eres tú, Simón, lástima que no viniste.
(O.S)
(Mientras escucha, del otro lado de la línea, Adrián se desajusta el
cinturón de seguridad, abre un poco las piernas y apoya su codo
izquierdo en la base de la puerta del piloto dejando la mano, de ese
89
suscrito brazo, disponible y en vocación de masajearse tranquilamente
la barbilla mientras escucha).
ADRIÁN: Sí, hombre, ya sé que estamos de vacaciones y resulta
de un gusto raro visitar una casa de reposo en semejante
circunstancia. ¿Pero no visitarías un lugar que resulta distinto a
todos los lugares solo por amor a la diferencia? A mí me resulta
inevitable (ríe).
(O.S)
ADRIÁN: Bueno, está bien... soy yo, como tú dices, el que quiere
saber de trabajo a todas horas. Déjame mirar qué hay con este
lugar. De vacaciones tendré la posibilidad de visitar sin ser
molestado como el doc. Vamos, de este sitio se habla en nuestro
círculo como la revolución loca que te cura la locura; si hay algo
exótico que hacer en estos tiempos para vacacionar ¡presente, te
digo! Y te dejo. Estoy mirando la puerta desde que llegué y tu
llamada no me deja entrar. Cuando termine de ver estaré de
nuevo contigo para continuar nuestro viaje, nos vemos más tarde
en el hotel. ¡Cuídate!
(Adrián cuelga; se endereza en el asiento; pone su celular en el bolsillo
de su pantalón en el costado derecho; se acomoda el cuello de su camisa
negra, para ello va acomodando, con su mano izquierda, el espejo del
retrovisor; se retoca ligeramente su cabello y sale del auto para ingresar
a ese gran portal de madera que da ingreso a la suscrita clínica
psiquiátrica).
INT, SALA, DIA NUBLADO.
(La puerta de madera, en forma de arco gótico y de unos cinco
metros de altura por unos siete de ancho, se encuentra abierta. El
establecimiento es una vieja hacienda amplia de unas veinte
90
hectáreas totalmente enrejadas. La casa principal permite espacio
para la residencia de los pacientes, el ala de los empleados en turno,
la recepción, el comedor y la cocina. Por su parte, en la parte trasera
hay un vasto jardín con mesas, con sombrilla, y sillas para que los
enajenados allí retocen y pasen el tiempo cuando no hay
tratamientos y/o intervenciones por hacer.
Adrián se encuentra en la sala, un área de unos ochenta metros
cuadrados, con suelo empedrado, al estilo de un monasterio en
épocas de colonia. Un gigantesco candelabro redondo, quizás del
siglo XIX, ilumina con seis potentes bombillos toda la sala cuyo
interior es decorado con muebles rústicos, de roble y cuero. Dos
sofás de cuatro puestos mirándose de frente, y justo debajo del ya
mencionado candelabro, dos sillones grandes y altos, con un
decorado gótico y cojinería en cuero, también mirándose de frente y
a los costados de cada uno del par de sofás grandes. Estos cuatro
asientos forman entonces un cuadrado cuyo centro es una mesa de
medio metro de altura, aproximadamente, y sobre ella se
encuentran historietas cómicas de súper héroes y vigilantes
encapuchados. En la esquina izquierda se halla un tocadiscos, con
dos grandes parlantes, y contra la pared del fondo en el cual suena
una sonata de piano de Franz Schubert32. En las lateralidades de la
sala hay plantas de laurel y eucalipto, que aromatizan de una forma
particular la sala, y en las paredes hay dos pantallas de unas
cuarenta pulgadas, sin marco, puestas en las lateralidades de la
sala, estando esta percepción desde la entrada principal, que van
proyectando diferentes obras de arte33. Así mismo, en la pared del
Sonata in G major OP. 78, D.894 “fantasie”: I Molto moderato e
cantable.
33 Pinturas sugeridas: El patio de los locos de Goya, Fragilidad humana
de Salvator Rosa, El navío de los Locos de El Bosco, ojos sobre la mesa
de Remedios Varo y los comedores de papas de Vincent Van Gogh.
32
91
fondo de la sala se halla una puerta, de madera gruesa, color café
oscuro, doble y de forma rectangular. Brillante por su barniz y
oscura por su tonalidad). Finalmente, en la esquina izquierda, entre
tanto hay un pequeño mostrador con un guardia, rubio y tan bajito,
vestido muy elegante, con uniforme de seguridad que más parece el
traje de un lancero condecorado. El guardia tiene una insignia
identificadora con el apellido Mosquera allí grabado. Al ver entrar
a Adrián se levanta, se le acerca cortésmente, le hace un saludo
formal en forma de venia y le recibe como sigue).
VIGILANTE MOSQUERA: Tenga usted, caballero, la más
cálida bienvenida a la casa de reposo Maní-como. Mi
nombre, como puede ver.
(Señala su placa identificadora siempre sonriente y mirando a
Adrián).
No obstante, me temo que hoy no es día de visitas. Deberá
usted venir de nuevo el lunes, desde las nueve de la mañana
hasta las cuatro de la tarde.
(Adrián sonríe tranquila y cordialmente, se siente bienvenido y bien
atendido, extiende su mano, hacia abajo, para saludar al caballerovigilante, que tan solo mide un metro cincuenta y ante lo que escucha
responde, ambos se corresponden en saludo, con el gesto ya descrito,
y una vez se sueltan las manos Adrián habla como sigue).
ADRIÁN: Disculpe usted; en efecto, tengo entendido que
hoy la clínica no tiene atención al usuario. Permítame
presentarme; mi nombre es el doctor Adrián Mahecha. Mi
colego y amigo, el Dr. Simón Buenavista, conoce a su jefe y
también colega el Dr. A. Miranda. Ambos se conocen, por
coincidir en la academia. Tengo conmigo una carta de
recomendación del Dr. Buenavista para que su supervisor, y
92
gerente de esta institución, me reciba como si fuera yo
miembro de esta casa terapéutica.
(Adrián introduce su mano izquierda al costado izquierdo del
bolsillo trasero de su pantalón, de allí se ve un sobre negro con
membrete, la vara de Esculapio en rojo y blanco. El vigilante abre
los ojos y reconoce en ese documento una importante
correspondencia, lo recibe con mucha más formalidad aun y habla
como sigue).
VIGILANTE MOSQUERA: Caballero, permítame usted
dirigirme a la oficina del doctor y darle entrega del
documento que me acaba de dar. Lo invito a que se siente en
la cómoda sala
(Señala los muebles)
O si prefiere usted disfrutar de las pinturas que proyectan
nuestras pantallas mientras llevo su recado.
(Abre los brazos, toda su figura forma una cruz cuya sombra se
refleja alta y ancha por toda la pared hasta llegar al techo, esto dura
poco menos de dos segundos. En ello vuelve a bajar sus brazos y se
dirige al doble portal rectangular del fondo de la sala, lo flanquea,
no sin antes abrirlo con sus llaves, y desaparece dejando a Adrián
esperando. El suscrito se pasea, mira los cuadros con asombro, rodea
el área de los muebles y toca la madera, haciendo gestos de
aprobación y buen gusto. Finalmente, llega al mostrador que
funciona como lugar del vigilante, allí hay una pantalla con
diversas imágenes del lugar, que resultan de las cámaras de
seguridad, un blog de notas, probablemente para recibir mensajes
del personal no autorizado a entrar, un bolígrafo, un café a medio
beber en una taza desechable y un pisa papeles de cobre con forma
93
de busto de Horacio Quiroga34). Se abre de súbito la puerta. Sale un
hombre de unos cincuenta años, con entradas, pero aun con basto
cabello, mitad canoso, mitad castaño, de gafas circulares, bata y traje
de paño tras de ella. Lleva una barba que le llega hasta el final de la
garganta, de un gris en las raíces y un blanco en sus puntas, y el
comienzo del pecho; es el director del centro de reposo, el Dr.
Antonio Miranda. El director mira a Adrián, quien se encuentra a
su costado izquierdo admirando el busto; el doctor sonríe, mira al
vigilante, le hace señas para que se quede quieto y en silencio, se
acerca tranquilamente a Adrián, le toma el hombro, este voltea
diligentemente la cabeza hacia el doctor, quien está siempre
sonriente y afable. Él corresponde a tan calurosa actitud de
bienvenida, mostrándole una sonrisa y la mano extendida. Antonio
Miranda le responde el saludo y dice).
ANTONIO MIRANDA: Sea usted bienvenido, su humilde
servidor, se presenta: Dr. Antonio Miranda, nuestro amigo
en común me habló de usted, colega. Es un gusto y un honor
que quiera visitarnos y conocer de qué forma hemos
revolucionado nuestro oficio. Tenga usted a bien
acompañarme a la sala contigua y allí conocer en detalle
mucho más de lo que su curiosidad está dispuesta a
satisfacerle.
(Adrián agita la mano, produciendo agitar también la de su
interlocutor, en efecto del entusiasmo que le inspira la amabilidad
del director. Cuando el termina su saludo, le suelta cortésmente la
mano y le habla).
34
Escritor uruguayo.
94
ADRIÁN: Sus formas de recibimiento ya son toda una
novedad, mi muy estimado doctor, como, evidentemente ya
sabe, mi nombre es Adrián. Disculpe que no ponga antes el
“doctor”, estoy de vacaciones. Y ¿sabe? Mi vocación también.
Los dos ríen, se estrechan nuevamente, ya en un tono más amistoso
y confraterno. El Dr. Miranda señala la puerta, por donde salió,
para indicarle a Adrián el camino a seguir. El vigilante Mosquera,
silencioso pero atento testigo, abre la puerta decorosamente y con
una sonrisa invita a los dos a seguir. Ellos ingresan inclinando sus
cabezas y mirando al señor Mosquera, mostrándole gratitud al
vigilante; quien cierra la puerta, y menciona una vez cerrada y
asegurada.
VIGILANTE MOSQUERA: ¡Ah, Esos doctores
chanceando dejan de hacer cosas de doctores!
ni
(Se encoge de hombros y vuelve a su lugar de trabajo).
INT, SALÓN DE CULTURA DEL HOSPITAL, DÍA
NUBLADO.
(Miranda y Adrián entran a un amplio salón, que hace las veces
sala de estar, de piso de madera fino y brillante, los pasos se
escuchan como suena la percusión peculiar que produce el andar en
calzado en este tipo de suelos. Un techo de blanco marfil con
iluminación led, en forma de circunferencia, y articulado a la parte
interna de esa cubierta superior del establecimiento. La luz tiene
una forma circular; diez bombillos en total, cuyo radio cubre todos
los límites de la habitación, habiendo una undécima bombilla justa
en la mitad del interior de esa circunferencia. Las tres paredes de la
habitación, que no corresponden a la pared que tiene la puerta
tienen en su superficie estantes, hechos de la misma madera del piso,
95
que forman la impresión de que la habitación, por sí misma, es una
amplia biblioteca).
Por su parte, los setenta metros cuadrados que componen el área de
la suscrita habitación están repletos de libros de distintas formas y
colores, de consulta conceptual y literatura. No obstante, la pared
del fondo tenía una agradable chimenea, de unos dos metros de alto,
empedrada en un gris oscuro y elegantemente rústico; el fuego
divide en dos mitades allí el enorme catálogo de libros. Así mismo,
en el centro de la habitación hay un piano de cola, negro como la
noche. En el oriente se extiende la caja de resonancia, que apunta
hacia una sala de cómodos canapés y divanes en tapicería de cuero
en cuyo centro se encuentran cinco atriles, con cinco violines y un
violonchelo reposado en un diván. Adicionalmente, el occidente,
que es mirado de frente por el atril, conserva muebles en igual y
exacta posición, con la diferencia, de que en el centro de esta sala
hay tamboras, marimbas y un requinto sobre un diván. Ambas salas
están cubiertas por dos sublimes tapetes persas, puestos
exactamente proporcionales a las áreas de cada una de ellas.
Simultáneamente, una chica (24), trigueña, de fina nariz, ojos cafés,
pelo castaño y manos con dedos delgados, muy bien aseados y
presentados se encuentra tocando el ya mencionado piano. La joven
interpreta un bambuco35 y, al sentir a los hombres, se interrumpe y
le hace una venia caricaturesca y torpe a Adrián. La joven posee en
su rostro un aire melancólico y son sus ropas de un luto
conservador y riguroso. Se acerca y habla).
CHICA: Dr. Miranda, reciba mis saludos, cuando se dirigió
a la sala de la entrada, desde su oficina, vi de lejos la butaca
del piano y no pude resistirme practicar un poco.
35
Pueblito viejo.
96
DR. MIRANDA: Descuide, recuerde que este lugar le
permite la libre circulación, más aún si está motivada a
alimentar el alma… Pero permítame presentarle a mi
acompañante e invitado de honor, el D…que diga el señor
Adrián.
(El Dr. Miranda sonríe y le guiña el ojo a Adrián. La joven con un
aire siempre nostálgico y tímido, se presenta).
CHICA: Mi nombre es Jennifer, señor Adrián, es un gusto
conocerlo.
(Extiende discretamente la mano que Adrián toma, solo desde la
parte superior de sus dedos, y corresponde al saludo).
ADRIÁN. Jennifer, es un gusto conocerla. Qué bien se
escuchaba eso que tocaba con tanta atención.
JENNIFER: Muchas gracias
(Ríe nerviosamente y mira al Dr. Miranda mientras lo hace sin
dejar de hablar).
Llevo mucho tiempo practicando, el tiempo suficiente como
para saber que se ha mejorado y siempre hay cosas por
mejorar.
(Jennifer cruza los brazos y los pone hacia adelante, su postura es
recta y ceremonial, pero el tono de su voz es bajito y nostálgico.
Adrián continúa la conversación).
ADRIÁN: Siempre que se puede mejorar se mejora. Yo que
la escucho la primera vez diría que, si tiene algo que mejorar,
es en todo caso muy poco.
97
(Jennifer toma una actitud seria y discreta y de manera muy formal
dice).
JENNIFER: Muy amable de su parte, le agradezco que le
gustara. Ahora, si me disculpan los dos, iré un momento a mi
cuarto…Bienvenido, Señor Adrián, espero que su visita
cumpla con sus expectativas.
(Suspira, gira las pupilas a la izquierda, e inmediatamente hace esto
torna lenta y decorosamente, también todo su cuerpo hacia la
izquierda, camina hasta el fondo de la habitación, en dirección recta
hacia la chimenea. Cuando está por llegar, se va haciendo poco a
poco en el costado derecho de la misma, y retira, desde la parte
superior, un ejemplar de un texto que tiene en su costado este título:
El libro de la arena de J.L.B. Una vez hecho ello, ella empuja su
brazo ligeramente hacia adelante, en la altura de la pared con
estantes, que tiene en total seis, forma una suerte de puerta secreta
que se abre hasta adentro, a lo que parece un pasillo oscuro. Jennifer
ingresa, cierra tras de sí, la puerta-biblioteca, y desaparece). Adrián
se dirige a la sala donde están las tamboras, de frente le queda la
otra sala, el piano en medio, y luego de ello, el contiguo espacio con
los muebles e instrumentos ya descritos. Toca, como quien quiere
palmar, una de las percusiones, en eso se acerca el Dr. Miranda,
quien se siente, siempre sonriente, y se sienta en uno de los sillones.
Adrián le da la espalda, no se percata de su presencia, se queda
entretenido haciendo sonar aleatoriamente los tambores,
abruptamente se detiene y escucha unos aplausos efusivos, se voltea
bruscamente y encuentra al doctor, ya de pie, y aplaudiendo).
ADRIAN: Es demasiado condescendiente, solo golpeaba sin
más.
98
Dr. MIRANDA: Como pudo fijarse en las formas de Jennifer,
la condescendencia aquí es un mandamiento.
ADRIÁN: ¡Esa sí es manera de demostrar amor al prójimo!
(Se voltea graciosamente y toca de nuevo la tambora tratando de
emular el sonido de percusión que se suele usar en clásico Stand-up
Comedy).
Dr. MIRANDA: (Risa jocosa) Nuestro prójimo es el cuidado
mismo de la vida. Es bueno encontrar visitantes que notan
ese principio de nuestro establecimiento antes siquiera de
recibir una verdadera atención.
(Mientras el doctor dice esto, mete la mano en el borde del costado
derecho del mueble y saca una pequeña campanilla que agita cuatro
veces, volviendo a poner en su lugar. Adrián se impresiona y señala
con su dedo la humanidad de Miranda mientras este le hace una
señal de espera y lo invita a sentarse en el asiento contiguo suyo.
Mientras Mario se sienta, se abre la puerta, por donde ellos habían
entrado, y surge de nuevo el vigilante, esta vez con esmoquin, y una
charola plateada con un estuche rectangular dorado y
resplandeciente, al lado de dicho estuche, un encendedor tipo cipo y
un cenicero de vidrio. Por su puesto el estuche contiene cigarrillos.
Adrián mira sorpresivo, iba a decirle algo al vigilante Mosquera,
ahora mayordomo, pero este le interrumpió con un gesto cortés, le
presentó una venia y habló como sigue):
MOSQUERA: El vigilante debe amansar al invasor con su
garrote y relajar al visitante con nicotina. Con el primero se
viste de autoridad, con el segundo de frac.
99
(Reverencia de nuevo y sin darle oportunidad a Adrián de decir algo
se retira presuroso. El Dr. Miranda enciende un cigarrillo,
cogiendo el pucho con la mano derecha mientras con la izquierda,
el fuego y pone el cenicero en uno de los gruesos brazos de su
asiento, aquel que por supuesto estaba más al alcance de su huésped.
Había sacado los elementos de la charola mientras Mosquera
hablaba, y tenía el estuche el brazo en donde no se encontraba el
cenicero. Cuando Adrián volteó con cara de sorprendido, y con
vocación de preguntar qué estaba pasando, se vio a sí mismo en el
reflejo del estuche dorado que le ofrecía el médico; notó la expresión
ridícula en su rostro, sonrió nerviosamente, tomó un cigarrillo, al
tiempo que Miranda cerraba con ruido el estuche y convidaba el
Zipo a su compañero con fuego en ristre. Adrián carbura su cigarro
con la mano derecha y suelta una bocanada, se rascó un poco la
frente, con los dedos de la mano que sostenían el cigarro ya
humeante, y habló).
ADRIÁN: Es asombroso lo que un lugar como este
(Mira alrededor girando la cabeza) ha hecho con la notable chica
que acaba de abandonarnos.
DR. MIRANDA: No, no…permítame usted, no es ella una
paciente, es mi sobrina y como usted se acaba de dar cuenta
es una joven encantadora, tanto por su belleza como por su
talento.
(Adrián sube las cejas, abre los ojos y habla respetuosamente como
sigue)
ADRIÁN. Estimado colega, dispénseme la imprudencia. Sé
que usted sabrá entender la loable causa de mi confusión. La
100
reputación de su casa mental le precede, amigo mío, y al ver
a esa muchacha me pareció natural creer que…
(En ese momento el Sr. Miranda toma con sus manos los hombros
de Adrián, le sonríe, los suelta y dice).
DR. MIRANDA: Tranquilo, colega, antes debo yo
agradecerle el que haya sido lo suficientemente prudente,
ante ella, como para que sea solo delante de mí que se viera
reflejada su confusión. Le sorprendería saber la cantidad de
inconvenientes que hemos pasado por este tipo de malos
entendidos ¡resulta tan difícil, en estas épocas de ciencia,
hallar personas cabalmente racionales! Y esa condición no
distingue doctor o transeúnte. Claro, esto era antes, cuando
estaba en vigencia mi antiguo sistema y se dejaba a los
pacientes pasear libremente por las instalaciones de este
establecimiento. Cuánto caos, histeria, delirio y desorden
promocionaba ello; por eso me vi en la obligación de
restringir la movilidad y no permitir, ni el ingreso ni la libre
circulación, de nadie en el cual no pueda yo confiar. He allí
la necesidad de la recomendación previa de nuestro amigo
en común para que su visita se diera en estos exactos
términos.
(El Dr. Miranda fuma su cigarrillo y lo sacude un poco en el
cenicero, Adrián de nuevo arquea las cejas mientras inhala una
profunda humarada).
ADRIÁN: ¡Cuando estaba en vigencia su antiguo sistema!
(Fuma, la ceniza de su pucho se cae en medio de sus piernas sobre
el cuero del sofá).
Debo asumir entonces que ese famoso método de la dulzura,
del que tanto oí hablar, ya no existe.
101
(El Dr. Miranda hace un gesto de “no” girando la cabeza de
izquierda a derecha mientras de sus fosas nasales y de su boca sale
una importante nube de humo).
ADRIÁN: Estoy verdaderamente sorprendido, mi estimado
doctor.
(El Dr. Miranda apaga su cigarrillo mientras suelta una última cortina
de humo y responde, su rostro refleja por vez primera severidad y
resignación).
DR. MIRANDA: Mi estimado amigo Adrián, nos vimos en la
innegociable necesidad de adoptar formas más ortodoxas y
convencionales.
Eso que usted llamó el sistema de la dulzura (Hace comillas con sus
dedos) No nos brindó otra cosa que una cotidianidad llena de
inestabilidad y riesgo. Por su parte, mucho me temo que todo lo
fascinante, que ha escuchado hablar usted sobre el tema,
responde más a las exageraciones propias de la opinión pública.
Le puedo garantizar; sin embargo, que el descarte de ese
alternativo método se da en tanto hicimos lo más humana y
profesionalmente posible para que funcionase. Alrededor de ello
me es lamentable que no haya venido usted en sabáticos
anteriores
(Ríe cortésmente). De esa manera su propio ojo clínico concluiría lo
que aquí yo le digo. Supongo de todas formas que está usted al
tanto de las características de lo que es hoy nuestra antigua forma
de tratar la enajenación mental a saber esa famosa “muletilla” del
sistema de la dulzura.
(Adrián se percata de las cenizas que antes había vertido en el sofá. El
Dr. Miranda nota el descubrimiento de su visitante y con la sonrisa
102
cortés de siempre extiende el cenícero en el borde del reguero mientras
el apenado huésped lo barre hasta que cae al recipiente y aprovecha para
apagar su pucho ya teniendo tan particularmente cerca el cenícero. El
Dr. tiene la deferencia de sostenerlo mientras Adrián hace la acción
descrita. Una vez termina vuelve a ponerlo en el brazo de su sofá y en
eso Adrián habla).
ADRIÁN: No, realmente solo sé el asunto de nombre, realmente
me son desconocidas las formas del asunto…
DR. MIRANDA: Mi querido Adrián, lo que ahora usted
rebautiza como asunto…no consistía en otra cosa que el paciente,
como un privilegiado, en tanto todas sus quimeras estaban al
servicio de nuestro personal. En otras palabras, nos
encargábamos de hacer realidad cuanto delirio tuvieren nuestros
locos. Esto nos dejaba en el rol de estimular cuanta fantasía
pueda imaginarse y cuanta no pueda también. Los logros
terapéuticos, de esta curiosa formula, sugerían una suerte de
cura. Permítame comentarle un caso de manera breve, tuvimos
alguna vez a una persona que se creía muerta, y por fuera de
respirar, hablar y andar como cualquiera, se aseguraba finada y
no comía absolutamente nada. Una noche, en compañía de dos
enfermeros y una enfermera, ingresamos a su habitación
vestidos de negro, con velas y base en el rostro para denotar la
acostumbrada palidez cadavérica. Llevábamos con nosotros una
cesta con empanadas y vino, nos hicimos al pie del somier de la
cama, extendimos un mantel y cenamos mientras comentábamos
cuan satisfactorio era el sabor de la comida cuando se está
muerto. Así es, comimos simulando ser espíritus hambrientos ¡ja,
ja, ja! En cuanto el finado en ayuno sintió el olor, y nuestras
aseveraciones sobre la culinaria del más allá le cautivaron, se
convirtió en un comensal más.
103
(Adrián inclina su torso hacia adelante, alejándolo del espaldar del sofá,
y pregunta interesado).
ADRIÁN: ¿Entonces el sistema de la dulzura era simplemente la
aceptación de la locura como valor de verdad?
DR. MIRANDA: De ningún modo, amigo mío, teníamos tanta
confianza en las alucinaciones de nuestros pacientes como en las
posibilidades sublimatorias del arte, el ejercicio, la danza, la
literatura, los juegos de mesa y esas cosas por el estilo.
(El doctor señala con los brazos, ligeramente plegados e inclinados hacia
arriba, el alrededor de instrumentos y libros que en la sala ya se han
descrito).
Nuestra confianza en el tratamiento era tal, que asumimos la
locura como el más tratable y genérico de los males. De hecho,
esa palabra, y los derivados técnicos que le ha asignado nuestra
profesión, estaba terminantemente prohibido usarla. Un detalle,
quizás de alto significado pese a no mencionárselo antes, era que
nuestra dulzura incluía que cada paciente supervisaba y cuidaba
a sus pares tanto como sus pares a él lo cuidaban. Depositar
semejante grado de responsabilidad en un delirante equivale,
amigo mío, a ganarse su afecto en cuerpo y alma. Además de esta
manera nuestro presupuesto se veía absuelto del sueldo de un
número importante de enfermeros y gendarmes.
(Adrián, en el colmo del interés que produce el morbo, cruza sus piernas
poniendo su pie derecho sobre su rodilla izquierda, mientras apoya su
codo sobre el brazo derecho de su asiento y se manosea, con la mano
derecha, su mentón).
104
ADRIÁN: ¿No aplicaban ningún castigo físico o, en cuyo caso,
la punición del encierro?
DR. MIRANDA: En muy raras ocasiones, en realidad, cuando
alguien entraba en un acceso demasiado iracundo, le
encerrábamos en una habitación cuya ubicación y forma de
abrirse y cerrarse solo conocía el personal. Esto ocurría hasta
entregar a la persona a sus parientes o cuidadores; nuestra
filosofía terapéutica involucraba no tener nada que ver con la
enfermedad mental que solo se remitía a la violencia como
síntoma de base.
(Adrián se acomoda extendiendo de nuevo sus piernas, poniendo su
espalda en el espaldar del asiento y sus brazos sobre sus muslos).
ADRIÁN: Y entonces en el presente todo esto ha cambiado…
¿considera dicha modificación una decisión loable?
(Miranda masajea, de abajo hacia arriba, con su mano izquierda la parte
inferior de su barba).
DR. MIRANDA: Sin duda, era un sistema que, si bien provocaba
nuevas formas de tratar la enfermedad mental, como ya le dije,
el grado de responsabilidad y cuidado desbordaba la capacidad
y paciencia del más docto. Esto hizo que hoy, ninguna casa
terapéutica lo adopte, al menos hasta donde he podido yo saber.
ADRIÁN: Debo decirle, mi estimado Dr. que estoy sorprendido.
Daba por revolucionario su método. Y en torno a ello imaginaba
este lugar como el inicio de una nueva etapa en nuestro oficio.
DR. MIRANDA: Usted es joven, amigo mío, un honorable
novicio en estos menesteres, con el tiempo la experiencia le dirá
105
cuál es el juicio más acertado y cuál no. Reciba este consejo de
perro viejo: no crea nada de lo que oye y solo la mitad de lo que
ve. No cabe duda de que el entusiasmo de las masas le han
generado falsas expectativas sobre lo que somos y hacemos en
este lugar. No obstante, no quisiera defraudar su curiosidad,
después de invitarle a una excepcional cena, le haré un recorrido
detallado por el lugar que me permitirá exponerle un enfoque
terapéutico del que, tanto colegas como pacientes, han
convenido es maravillosamente mejor del que ha escuchado
usted hablar. Es una lástima que nuestro amigo en común no
viniese para conocerlo también….
ADRIÁN: Recuerde, Dr. Miranda, que nuestro Simón es todo un
bribón; solo hace lo que le place y ciertamente no fue hoy de su
placer nuestra compañía. Pero dígame ¿es suyo este enfoque del
que habla?
DR. MIRANDA: Me enorgullece decirle que lo es…a lo menos
en cierta medida. Pero posterguemos los detalles de esto.
Permítame observar que se acerca la hora de la cena. (Se levanta
Miranda mientras dice esto).
me gustaría en estos momentos que viera a mis pacientes;
empero considero prudente que primero atemperemos sus
nervios con buena comida. Tenga la bondad de ser primero mi
comensal y luego mi colega.
(Adrián, halagado por tanta deferencia, se levanta en gesto de
condescendencia y agradecimiento. Miranda acude a la parte posterior
de la sala y activa la misma compuerta-estante que hace un rato habría
accionado Jennifer. La entrada se visualiza oscura con el doctor en el
marco de la misa señalándola y mirando a su invitado en un gesto que
106
indica un “por favor, después de usted”. Adrián ingresa en dicha
oscuridad seguido de su anfitrión).
NOCHE, INT, CORREDOR.
(Todo es oscuro, los pasos de Adrián se escuchan con eco, detrás de sí se
oye la voz de Miranda).
DR. MIRANDA: Ponga sus manos al frente, dé trece pasos y al
sentir un gran portón de madera toque tres veces; tenga la
bondad.
(Adrián, con la psicorrigidez propia del médico, sigue la instrucción y al
tocar la suscrita puerta se abre e ingresa con el Dr. Miranda siguiéndole
los pasos).
NOCHE, INT, COMEDOR.
(Adrián llega a una habitación, con forma ovalada de unos trecientos
metros cuadrados, con un gran candelabro de luces eléctricas en la
mitad de un amplio comedor circular. El piso es de baldosas blancas y
negras que se intercalan, como un enorme tablero de ajedrez. En ambas
lateralidades del gran salón hay ventanales de un metro y medio de
altura por quinientos centímetros de ancho, en forma de arco y con
barrotes diagonales antes de los cristales y sin cortinas. En cada arco
hay dos candelabros, de medio metro, con una vela blanca, en baldosín
negro, y una negra, en baldosín blanco, encendida. Así mismo, en la
mitad de este espacio, se encuentra un comedor de madera con capacidad
para doce personas, ingles tipo Princeton, el mantel, de seda hindú, de
un rojo oscuro casi vinotinto. Las sillas, también de madera, sin
cojinería y con un espaldar que cubre toda la parte posterior de un ser
humano de estatura de un metro con setenta centímetros. Todos los
puestos están ocupados, salvo los dos que corresponden al Dr. Miranda
Y Adrián, respectivamente. El médico se hace en la cabecera de la mesa,
permitiéndole ver a todos los comensales, y Adrián, se encuentra en
107
frente del médico y dándole la espalda a la puerta por donde ingresaron.
Toda la pared del gran comedor es blanca, incluso el pequeño portón se
confunde con dicha blancura. En total hay en la sala siete mujeres y
cinco hombres, contando a los recién llegados. Las damas (6) son de
avanzada edad, entre los 60-70 años aproximadamente, están vestidas
con indumentaria de carnaval (trajes con hombros descubiertos, de
colores vivos, fosforescentes y chillones, de faldones con pliegues
multicolor y enormes adornos florales en sus cabezas, llenas de anillos,
collares y pulseras, extremadamente maquilladas. Con esta
indumentaria se encontraba también la séptima dama, que no es otra
que Jennifer, ya no de luto sino como se describe. Así mismo, los tres
hombres, de unos cincuenta años de edad, visten guayaberas blancas
con naranja, pantalón de drill y sandalias).
En el costado derecho del fondo de la habitación hay una orquesta con
tamboras e instrumentos de viento, compuesta por cuatro personas; dos
en percusión, uno en una gaita y el último con un bajo y cantando,
llevan máscaras de marimonda, salvo el cantante, que lleva una suerte
de antifaz estilo veneciano).
Por su parte, la mesa tiene en la mitad un gran platón, cóncavo, con
doce cucharones medianos, con frijoles hirviendo, alrededor de sí. Hay
doce platos de porcelana con arroz y carne molida; alrededor, como
lunas, dos platos, también de porcelana, medianos, uno con aguacates
picados y el otro con patacones y chorizos con una rodaja de limón para
el gusto. Los cubiertos, a saber: cuchara, cuchillo y tenedor, de plata, se
encuentran perfectamente colocados y a la diestra de cada ocupante.
Finalmente, alrededor de esta gran mesa, encontramos cuatro camareros
que se encargan de asistir la servida de los comensales y un quinto que
va supervisando y dando órdenes; este es el ya conocido Mosquera).
Miranda levanta un momento su mano izquierda, señalando a los
músicos que tocaban inteligibles sonidos, estos entienden la orden y se
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detienen, tanto como los comensales que hablaban al tiempo, y en varias
conversaciones, callan acudiendo a las palabras del anfitrión).
DR. MIRANDA: Amigas y amigos, es para mí un gusto tenerlos,
en esta noche de niebla y frio, en el calor de mi “casa”. (risas).
Permítanme presentarles a un colega que nos visita, como parte
de sus vacaciones, y que es recomendado de un viejo amigo mío.
Reservémonos, por petición suya, el Dr. Y digámosle Adrián.
ADRIÁN. Buenas tengan todos y todas.
(Buenas noches en general y sonoro surge de toda la audiencia
incluyendo a los músicos, los camareros y el propio doctor).
JENNIFER: Conocí hace un rato al señor Adrián, es un caballero
muy amable y cordial
Dr. MIRANDA: Es muy amable de tu parte, Jenny. Permíteme
ahora presentarle a nuestros demás comensales; comenzaré de
izquierda a derecha, veamos…
(Todas y todos los que presenta Miranda saludan, con una sonrisa y
reverencia a Adrián).
aquí tenemos a nuestra experimentada jefa de enfermeras,
Minerva; a continuación, mi asistente personal, Úrsula;
bendecido entre mujeres, mi colega y par en esta casa, el Dr.
Augusto Nariño; las enfermeras Claudia y Concepción finalizan
esta lateralidad. Llegamos a usted y a su diestra encuéntrese de
nuevo con mi encantadora Jennifer
(Guiña el ojo).
Luego de ella permítame presentarle a mi hermana, la madre de
esa encantadora jovencita, cuyo nombre es Clementina; a su lado
nuestra más antigua enfermera, la señora Concepción y; a su
lado, como siempre, nuestra ama de llaves, Eponina. Finalmente,
109
es mi placer terminar esta presentación con nuestros fuertes
enfermeros: el señor Carlos y el siempre benévolo Arturo.
(Adrián, intimidado por las despampanantes indumentarias de la
multitud, pero con el disimulo que exige el decoro se pone formalmente
de pie y dice).
ADRIÁN: Damas y caballeros, me honra ser parte de su velada
el día de hoy, reciban mi saludo y respetos.
MINERVA: Doc…ejem, discúlpeme, señor Adrián, es muy
amable. Dígame, ¿qué tal le ha parecido su visita en nuestro
establecimiento?
ADRIÁN: Ha sido muy ilustrativo. Me fascina poder visitar
lugares que desean renovar los tratamientos de la enajenación
antes de condenar a la humanidad que la lleva consigo.
(Una vez termina la extraña orquesta regresa a tocar notas y sonidos
experimentales mientras se avecinan risas y aplausos. En medio del
ruido y lo hilarante los camareros van trayendo en charolas naranjada
en vasos de vidrio con hielo y una servilleta envuelta para evitar el
contacto con el frio).
CLAUDIA: ¡Es oportuna su llegada! Justamente nos
entreteníamos recordando a los casos más celebres del
establecimiento. Pero lo hacíamos de manera ruidosa, le
propongo a toda la asamblea que cada uno comparta aquello que
pudiere ser valioso de contarle a nuestro visitante.
(Exclamaciones generales de aprobación. Arturo levanta la mano. Todos
miran, aprueban en silencio que él tome la palabra).
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ARTURO: Recordarán ustedes a aquella señora que decía estar
perdidamente enamorada de un toro, la pobre decía que el
animal no le prestaba atención alguna y que eso se debía a su fea
apariencia. Pasaba los días en nuestro taller de costura
confeccionando un disfraz de vaca el cual pretendía luego
ponerse para acercarse al animal en cuestión y que este, al verla
así, la desease y amase.
(Carlos levanta la mano y habla como sigue).
CARLOS: A propósito de animales de granja, ¿recuerdan al
caballo? ¡Qué duro fue tenerlo! No comía otra cosa que no fuera
avena cruda y por si no fuera poco, el infeliz se la pasaba
haciendo coces de esta manera.
(CARLOS tiene en su mano derecha una cuchara con arroz, se levanta
y empieza a simular el movimiento del equino saltando y pisando con
dureza en el piso primero con el pie izquierdo y luego con el derecho
para volver a saltar. La concurrencia ríe, menos Eponina, quien se
levanta molesta).
EPONINA: ¡Caballero! Compórtese, tenga la bondad. Bastaba
con solo describir a nuestro “caballo” para que nuestro invitado
supusiese el resto. ¡Su demostración ha puesto en mi vestido un
montón de arroz como si de un matrimonio saliese!
(Carlos se percata del incidente, se inclina ante la dama ofendida, le besa
la mano derecha, se incorpora y dice).
CARLOS: Mil perdones, querida Eponina (Vierte delicadamente el
arroz en su plato). Mi demostración fue producto del efusivo
interés que, como de costumbre, estos temas nos producen a
todos, no tuve jamás la intención de perturbarla, bella dama.
111
(En ese momento el Dr. Augusto Nariño señala a Adrián y habla como
sigue).
DR. AUGUSTO NARIÑO: Estimado colega Adrián, sabemos,
quienes diagnosticamos, que no hay locura más grande que
aquella que lleva al loco a la vocación de autodestrucción. No
tiene usted idea la tesis que fue para mí, en una ocasión, tratar
con cierto sujeto que, manteniéndose relativamente lógico, en
ocasiones le daba por decir que era un chorizo español
parlanchín. Esta rara creencia estaba siempre acompañada del
solicitar, a todos los vientos, a un carnicero con su cuchillo para
que le tajase finamente el muslo. Cuando las gentes se aterraban
ante tal barbaridad él decía que valía la pena “degustarle”, pues
sus carnes eran el maridaje más grato de toda Castilla.
URSULA: ¡Doctor Nariño! Que verdadero alienado, eso me
recuerda a aquella adolescente que creía ser una fina botella de
champaña y se “descorchaba” haciendo, hábilmente, el
respectivo sonido con la boca, mientras con su misma oralidad
burbujeaba de esta manera.
(Úrsula toma un poco de jugo de naranja y de la más grotesca forma
hace gárgaras asumiendo, con ese sonido lo que hacia aquel paciente. A
saber, el sonido de la champaña espumeando. Todos ríen. Adrián lo hace
por condescendencia y para encubrir una suspicacia ya despertada en
él. En ese momento Concepción hace uso de la palabra).
CONCEPCIÓN: Ustedes deben recordar que más sabe el diablo
por viejo que por diablo.
(Todos exclaman ¡viva la más bella enfermera, la reina de Maní-como,
Concepción! (La suscrita hace una reverencia con gesto complacido y
halagado).
112
Ya ve, caballero Adrián, que nuestra soltura se debe a que la
fraternidad que produce trabajar tanto tiempo en el mismo sitio
lo despeja a uno de la timidez del protocolo y la cortesía.
Hablando del pasado, recuerden a aquel miserable que se creía
rana, y cuya cara alargada y saltones ojos bien lo hacían parecer
una. Cómo se me antoja que le viera usted en este preciso
momento, señor Adrián, hubiera pensado, sin contexto alguno,
que se trataba del más diestro de los imitadores. Ese pobre
lunático hacia más o menos así: O-o-ogh…, O-o-o-ogh36…era de
una musicalidad exquisita ¡un SI BE MOL! Y con qué falta de
pudor guiñaba los ojos de manera dispareja y rápida.
(La vieja enfermera simula dicho guiñar no sincrónico de manera
cómica). Le puedo asegurar, amigo mío, que al verle hubiera
quedado en el colmo de la hilaridad.
ADRIÁN: No tenga duda de ello.
JENNIFER: Disculpen, disculpen, recuerdo haber visto alguna
vez a uno que decía que venia del Vaupés y era un fino Rapé, lo
que eso quiera significar, y se metía el dedo anular en la boca y
el índice en la nariz afirmándose que era para “consumirse a sí
mismo”.
DR. MIRANDA: Querida sobrina, es un polvo de tabaco.
(Jennifer hace un gesto de desagrado y desaprobación. En eso Mosquera
que se encontraba entre el personal que servía a los comensales se anima
a decir).
Se sugiere emular el sonido de la rana vaquera, especie reptil sobre
todo habitada en los llanos orientales colombianos.
36
113
MOSQUERA: Las damas y los caballeros recordarán a aquel
caballero, antes erudito en botánica, creo que su apellido era
Llinás, decía ser una zanahoria y como me veía cocinar, me
solicitaba deferentemente que le metiera en el horno y le usara
para ser una torta.
CONCEPCIÓN. Querido Mosquera, usted tan servicial como
elocuente. Figúrese, Adrián…
(En ese momento Clementina, que se encuentra al lado de Concepción,
le susurra algo muy cerca de la oreja que más a su alcance tiene. Luego
de eso Clementina habla).
CLEMENTINA: Querido hermano, acabo de recordar a aquella
mujer, tendría mi edad hoy, que trataste hace unos cinco años
atrás. La pobre creía ser un gallo, no hablaba, y tu antiguo
método ese que todos llamaban, el de la dulzura, te sugería
cortarle todo alimento y no darle otra cosa que no fueran
semillas, tu compasión te llevó a darle muchas veces chía, pero
el corazón de esta historia era ese cacareo que hacía.
(Clementina trata de simular dicho sonido. El Dr. Miranda se pone en
pie indignado, da una palmada a la mesa y refiere como sigue).
DR. MIRANDA: ¡Hermana! No es propio de una Miranda ese
comportamiento. ¡Ten la bondad de mostrar una conducta
propia de tu condición o lárgate inmediatamente del salón!
¡Elige!
(Clementina baja la cabeza, muy abochornada, muy humillada. Todos
callan. Los sonidos experimentales de la orquesta son los únicos que
impiden la total incomodidad).
JENNIFER: No se preocupe, madre, ya sabe que mi tío solo
procura el bien para nosotras. (Ella mira al tío que mira con rabia a
114
su hermana. Cuando Miranda se percata de la visión de su sobrina, que
le sonríe afablemente, cambia la expresión y sonríe mirándola, asiente
con la cabeza y toma un aguacate para degustarlo. Mientras Jennifer
sigue su discurso). ¿Recuerdan ustedes aquella bella muchacha
que se sentía avergonzada por sus ropas? Decía con insistencia
que nada le quedaba bien y por tanto concluyó, según dijo
después de reflexionarlo con calma, que lo mejor era ponerse
todo al revés, cosa muy sencilla, permítanme demostrarlo…
(Jennifer se pone de pie, se quita la flor que tiene en la cabeza y comienza
a desabrochar una lateralidad del vestido. En eso todos en unísono
exclaman: ¡señorita, por dios, tranquila, entendimos! En ese momento
Clementina logra salir de la estupefacción que le produce la anterior
amonestación de su hermano y, con la naturalidad de una madre, recoge
la flor, la pone sobre la frente de su hija y reacomoda la parte del vestido
que intento desabrochar. Mientras todos muy atónitos ven esto
comienzan a escucharse múltiples gritos de fondo, todos palidecen y se
levantan, la banda calla también alarmada. Mosquera se dirige a la
diestra de Miranda aguardando instrucción y Adrián alarmado se
levanta de la mesa y trata de mirar en el ventanal en donde más agudo
se escuchan los gritos, a saber, en el costado oeste del comedor. El Dr.
Nariño les pide a todos, con extensión de los brazos hacia arriba y la
muestra de las manos abiertas con vista en sus palmas, que se
tranquilicen, guarden asiento y continúen cenando. También, le hace
un gesto a Miranda que direcciona a que le acompañe hacia donde está
Adrián. El director se voltea hacia la orquesta y con un gesto les pide
que continúen su recital. La orquesta sigue tocando disonante y
extraño, mientras los dos médicos se reúnen en el ventanal con su
colega. El Dr. Miranda toma el hombro de Adrián, este voltea, en ese
instante los gritos cesan.
115
DR. NARIÑO: Concierto matutino de la noche, ya sabe cómo
son los enajenados, con uno que grite los demás se contagian, la
gente cree que la epidemia solo existe en la gripa.
DR. MIRANDA: Tranquilo, amigo mío, usted bien sabe que esas
son las condiciones que forman la cotidianidad de la enfermedad
mental.
ADRIÁN: Pero caballero, su hermana y su sobrina…el
comportamiento que han mostrado, por no hablar de los
demás…
DR. MIRANDA: ¡Por favor, señorito! Está hablando de la única
familia que me queda. No se atreva a terminar eso que iba a decir,
ni de ellos ni de nuestros colaboradores.
ADRIÁN: Disculpen, disculpen, colegas, pero todo esto me tiene
confundido, el comportamiento de todos sus colaboradores es,
por no decir más, raro.
DR. NARIÑO: ¿Raras? Señor, usted es de ciudad, no me venga
con esas palabras como si viviera aquí o viniera seguido. En el
campo, de solapados no tenemos nada. Así que le solicito la
prudencia del visitante que hasta entonces estaba mostrando.
ADRIÁN: Dispénseme, tiene razón, dispénseme…
(Estrecha la mano de ambos).
Pero dígame, Dr. Miranda, ¿Me refirió hace un rato que este
nuevo sistema es de su autoría?
DR. MIRANDA: No del todo, mi amigo, el Dr. Nariño aquí
presente es también parte de esta innovación. Así mismo, hay
116
ciertos elementos, tanto teóricos como prácticos, que se
desprenden de nuestro amigo en común, el Dr. Simón.
ADRIÁN: Mi querido doctor, ignoro por completo qué extractos
conceptuales y metódicos de nuestro colega ha usted tomado,
tanto y más puesto que aún no terminamos de cenar, condición
necesaria que me puso para conocer en detalle ese nuevo
sistema… de otra parte, respetable Dr. Nariño, ha logrado con su
justificable reclamo ponerme en vergüenza conmigo mismo.
DR. NARIÑO: Tranquilo, joven colega. Una vez alivianadas
estas asperezas, continuemos lo que ha sido una exquisita velada,
¡Mosquera!, ¡El aguardiente!
(La orquesta suena más duro tras estas palabras, todos aplauden dicha
orden, Mosquera ordena a sus empleados, dos de los cuatro se retiran
por la compuerta fundida por la pared, y los otros dos sacan de sus
charolas baldes de aluminio con hielo y diminutos vasos, tipo shot, a
cada uno le sirven en su mesa. Los tres médicos observan complacidos
la alegría de todos desde aquel ventanal).
ADRIÁN: Excúsenme, colegas, debo insistir en que nos
quedemos un rato en esta zona de la habitación, me temo que la
alegría de la llegada certera del licor no me permitirá conversar
con ustedes de ciertos asuntos que quisiera preguntarles.
DR. MIRANDA: Amigo mío, usted es nuestro invitado, será un
placer, en este punto, complacerle ello.
(En ese instante Miranda le hace señas a Mosquera, este, que ya
coordinaba la servida del licor que traían de vuelta los camareros que
habían salido, le solicita a uno de los que se quedó que le organice una
bandeja con tres copas, tipo OPORTO, que rodean un balde con hielo
cuyo contenido suspende una botella de anís alicorado. El asistente de
117
Mosquera sostiene estos artículos mientras este último sirve los tragos
de los médicos).
ADRIÁN: ¡Por las prosperidades del vicio, caballeros! ¡Salud!
(Brindan con efusión y beben, ponen el licor en la bandeja y Miranda le
ordena a Mosquera retirarse para asegurar la degustación de
aguardiente del resto de los comensales y la orquesta).
ADRIÁN: Dr. Miranda, antes de ingresar a cenar me dijo que el
“sistema de la dulzura” representaba ciertos peligros.
DR. NARIÑO: Mi estimado director, permítame hacer uso de la
palabra para satisfacer la curiosidad científica de nuestro
amigable visitante. Nos resultaba, como usted pudiera inferir si
lo piensa cuidadosamente, demasiado complejo complacer
cuánto capricho hubiera de tanto enajenado que tuviéremos. Los
insanos pueden estar “tranquilos” por un tiempo, pero es corto,
y cuando acaba, arma el alboroto que su pasajera tranquilidad no
le permitió. Además, la locura está acompañada de una astucia
tan profunda como el delirio que la conforma. El paciente tiene
una idea fija, un propósito, digamos, y lo ocultara ante usted bajo
la capa más elegante de cordura. Eso hace que la medicina no
alcance a divisar los verdaderos límites de la mente, al tiempo
que, su madre la filosofía, no resuelva jamás el debate sobre los
misterios del alma humana.
ADRIÁN: Entiendo, pero permítanme, ¿agotaron ustedes todas
las posibilidades de ese sistema de la dulzura como para concluir
que era totalmente descartable?
DR. MIRANDA: ¿Descartar? De alguna manera si, verá…
Miranda Y Nariño se miran fijamente y asienten con la cabeza de
manera coreográfica. Hubo un incidente en donde un alienado se
118
convenció de ser un gran líder social. Él creyó en, lo bautizó
como, la independencia de la locura. Como la dulzura le permitía
la libertad de su delirio, convenció a todos los demás locos de
que su lucha era justa y necesaria. Cuando menos lo pensamos
los enfermeros, enfermeras y demás personal, despertaron
amordazados en las habitaciones de los pacientes, y estos
últimos, tratando a nuestro personal como si de pacientes se
tratare. Si se pregunta por qué nunca oyó de tal escándalo, se
debe a que afortunadamente pudimos contener semejante
situación sin que nada en externo se supiera. Ya calcula usted que
esto repercutiría en lo que nuestros inversionistas y clientes
llaman una mala publicidad. Le pido, como una alianza de
colegaje, que guarde este secreto, incluso de Simón. En nombre
de Esculapio se lo pido.
ADRIÁN: ¡Caramba! Qué suceso terrible a propósito de la
angustia de sus empleados, pero díganme: ¿cuánto duró ese
horroroso motín?
DR. NARIÑO: Sería casi de un mes, como le dije, la discreción
de esa operación fue tan crucial como su precisión, tuvimos que
acudir a nuestros inversores más allegados para que nos
apoyaran en semejante empresa bélica. ¡Esos bellacos! No
contentos con abusar de sus libertades y encerrar a quienes se las
habían dado, se dedicaron a comer de lo que aquí se cultiva y se
cría, a vestir las ropas del departamento del teatro, como si todos
los días fuera carnaval y a beber como centauros en orgia. Amigo
mío, ¡el loco sabe lo que es beber compartiendo su alzada de
codo, con la misma muerte!
ADRIÁN: ¡Por Dios! ¿Y qué pasaba con los hombres y las
mujeres sanas y sanos en cautiverio?
119
DR. MIRANDA: Como mi colega Nariño ya se lo ha anunciado,
el loco por más loco de astucia no carece. Sabiéndose del sistema
de la dulzura por haberlo sufrido le era infinitamente sencillo
hacerse de unas condiciones que pudieren perfeccionarlo. No
por volverlo más complejo, sino absolutamente todo lo contrario,
por su sencillez y practicidad. El asunto constituía lo que sigue…
(Antes de que Miranda terminara su parlamento, se escucha de nuevo
un bullicio tremendo, mucho más fuerte que el anterior. Se oyen
adicionalmente vidrios que se rompen y puertas que se golpean. El
ventanal en donde están los tres médicos permite ver muchas figuras
humanas en la oscuridad corriendo, todas se aglomeran en las ventanas
y las comienzan a golpear, rodean por completo la habitación, mientras
surge del portón blanco golpes y la intencionalidad de flanquearla por
número incontable (unas siete personas aproximadamente) pero
significativo de personas).
ADRIÁN: ¡Los pacientes han salido de sus habitaciones!
DR. NARIÑO: ¡No, no, no! ¡No de nuevo, Dios!
(Los doctores, se ponen pálidos, y ambos salen corriendo a esconderse
debajo de las mesas. Adrián examina a su alrededor, la conversación con
sus colegas le impidió notar antes que los demás comensales en menos
de nada se habían bebido alrededor de tres garrafas de aguardiente. La
orquesta tocaba aún más duro y más inteligible. Clementina se sube a
la mesa y comienza a cacarear. Jennifer se revuelca en el piso y se rasga
las vestiduras. Arturo emite sonidos de caballo y comienza a brincar.
Carlos brinca en cuclillas por toda la habitación como si fuese una rana.
Úrsula hace gárgaras con la boca llena de jugo de naranja, saliéndole
dicho liquido por todas las direcciones de la boca. Mosquera grita,
revoleando un cuchillo, gritando la palabra calabaza, y recorriendo la
forma de circunferencia que es el gran salón. Los camareros están en
120
una esquina sollozando y Eponina se tapa la cabeza con el gran platón
de frijoles vertiéndose lo que quedaba encima de su humanidad. La
puerta blanca cede, entran criaturas con aspecto de orangutanes, pero
erguidos como el homo sapiens. Adrián, en el colmo de los asombros, se
hace contra la ventana que tenía a su espalda. Las gentes que golpeaban
tras de sí, rompen el cristal y esas manos, negras, con plumas y un olor
alquitrán lo sujetan, ahorcan y aruñan. Los que flanquearon la puerta
agarran a puños y golpes a todo comensal que avistan, concluyendo a la
orquesta y los camareros. El Dr. Miranda es sacado y jalado de los pelos
de debajo de la mesa y el Dr. Nariño es también descubierto de allí,
empero uno de estos terribles violentos le parte un plato en la cabeza
dejándolo noqueado). Quien tiene a Miranda ve a Adrián y levanta la
mano señalándole).
HOMBRE EMPLUMADO: ¡Alto, no lastimen a ese hombre, no
pertenece a esta sarta de miserables desquiciados que nos
tuvieron en el más inhumano de los cautiverios!
(Sueltan a Adrián súbitamente, cae al piso de rodillas, magullado y tose.
Quien le salva de la violencia hace que a Miranda lo sujeten los otros
hombres emplumados. Los comensales delirantes están sometidos. El
salvador de ADRIÁN se acerca, con la delicadeza de un hombre cuerdo
y la ridiculez de uno emplumado).
HOMBRE EMPLUMADO: Caballero, es usted un hombre
afortunado, ha pasado todo este tiempo entre gente insana que
no supo aprovechar las bondades de un sistema psiquiátrico
menos carcelario, y el desafortunado descenso de su director, en
una locura peor de la que pretendía tratar. Permítame me
presento, soy yo el verdadero Dr. Nariño. Hace más de un mes
mi colega, y ahora interno, el Dr. Miranda se obsesionó
demasiado
121
con el sistema de la dulzura, dejó su mente demasiado hundida en
los caprichos cumplidos de los pacientes y se alío con ellos para
encerrarnos a todos en las terribles condiciones que usted mismo
ve, y libertar a los insanos en la ridiculez que ha presenciado en
las últimas horas.
(Adrián asombrado, sin saber qué hacer se levanta, por impulso corre,
aprovecha la puerta blanca abierta, se introduce en el pasillo y
desaparece en la oscuridad, no sin antes proferir lo que sigue, mientras
emplumados y delirantes por igual le escuchan).
ADRIAN: ¡Al carajo la dulzura! ¡Arriba la amargura de las
ciencias!
FIN.
Epílogo:
Carta a un dramaturgo
El ocaso de la primavera
La memoria es diván de puertas abiertas que de cuando en cuando
se desempolva para buscar la verdad; Lugar oscuro y frío que
aguarda ser develado. En un rincón de aquel diván, cercana a la luz,
hallé la literatura eterna y cautivadora seduciéndome a interpretar
el curso del tiempo desde sus ficciones, pues sensata ante la
magnitud de versiones que sobre el pasado reposan, ella ha optado
por hacer de la mentira su única verdad. Y yo, ante tan humilde
claridad he sucumbido a sus historias.
Una vez hecho el pacto de fe entre ella y yo, me contó sobre un
pobre asesino. Un hombre raso con aspiración a la inmortalidad
propia de los dioses, que dispuesto a superar el tiempo y la muerte
confió su corazón a la oratoria grandilocuente de algún político, de
aquellos que ya tienen la inmortalidad asegurada. Cándido ante la
verborrea se permitió soñar con un poco de dignidad para
sobrellevar el presente y otro poco para pensar en futuro, sin
embargo, con rapidez comprendió la retórica tautológica del
Estado- Nación contemporáneo y entregado a la desesperanza vio
en las balas un ápice de expiación.
Así pues, asesino y asesinado, Roa Sierra hoy hace parte de todos
los textos de historia colombiana contemporánea, en los que se le
reconoce como el autor material del crimen más importante del
siglo XX. Su nombre sirvió de excusa para desatar el delirio
colectivo de las masas hambrientas, torpes y fratricidas quienes
hasta hoy siguen viendo en la figura de Gaitán un salvador
crucificado antes de tiempo. Descubrí entonces el ocaso de la
primavera como tragedia contemporánea en la que ni siquiera el
amor puede detener la cita con el destino, especialmente cuando
éste es el destino de los pueblos.
La obra discute los heroísmos que la historia impuso, los niega y
desenmascara pues llegada la hora de dar la palabra a los
personajes la única voz que reluce es la voz del dramaturgo desde
sus miedos, angustias y anhelos que lo convierten en lo mismo que
es Roa Sierra: tan solo un hombre. Es pues este hombre de sexo sin
tiempo quien gana la voluntad del lector bajo su promesa de amor
y angustia por el mundo; elementos ineludibles para hacer historia
a través de la fábula. Así las cosas, entre humanos que leen y
humanos que escriben, el diván de la memoria se ilumina a través
de lo sublime, para que la primavera vuelva a retoñar.
María Fernanda Camacho Reina
Socióloga y literata por la Universidad Nacional de Colombia