En uno de estos momentos de reposo sacó de su zurrón algunos mendrugos de pan bazo y varias rajas de queso, y, al borde de una fuentecilla, compartió con la joven su poco apetitosa y rústica merienda.
Nos picaba la curiosidad y nos entregamos por gusto a una apasionada exploración. No quedó sitio que no registrásemos: riñones,
bazo, pulmones estómago, hígado, cerebro, fueron visitados escrupulosamente.
Emilia Pardo Bazán
Y no huelo como ellas, como no huele Pan, que casi es macho cabrío. Bastan para mi sustento queso, blanco vino y pan bazo, manjares campesinos, no de gente rica.
Otro que tal llevó idéntico chisme á don Francisco
Bazo y Yillanueva, mancebo de veintiún años, seminarista ordenado de cuatro grados, y que había merecido del virrey inglés el título de sacristán mayor de Cajamarca, empleo nominal muy codiciado, pues daba honra y pequeña renta sin ocasionar la menor fatiga.
Ricardo Palma
II Con fecha 2 de Diciembre de 1801 presentó Mendoza, anle el ilustrísimo obispo Minayo y Sobrino, un recurso querellándose contra el seminarista ordenado en grados menores don Francisco
Bazo y Villanueva, porque éste, con el pretexto de que tenía una encomienda que entregarle, lo llevó á su casa en la tarde del domingo 29 de Noviembre, lo condujo á una de las habitaciones interiores, y con sus criados, que le menudeaban golpes, le hizo vendar los ojos y acostar sobre un colchón.
Ricardo Palma
Juan Rodríguez Ballesteros.- José de Santiago Concha.- José Santiago Aldunate.- Manuel de Irigoyen.- Félix Francisco Bazo y Berri.- Excelentísimo señor Presidente y vocales de la Excelentísima Junta Provisional Gubernativa del Reino.
Era el bellaco socarrón, y malhablado, y dixo, que no le cagasen el bazo, que no era barro casarse, y que él no se había de casar á medio mogate; ¿No más de llegar; y zas candil á osadas, que lo entiendo todo?
Padre e hijo se parecían como dos gotas de agua, en las facciones: ambos de rostro pomuloso, moreno bazo, color de pan de centeno; de ojillos enfosados, inquietos, como de ave cautiva; de labios delgados casi, invisibles; de cráneo oblongo, piriforme.
No tardó Psiches, que luego se fue al monte Tenaro, y tomados aquellos dineros y aquellas sopas como le mandó la torre, entrose por aquella boca del infierno, y pasado callando aquel asnero cojo, y pagado a Carón su flete por que le pasase, y menospreciado asimismo el deseo de aquel viejo muerto que andaba nadando, y también no curando de los engañosos ruegos de las viejas tejedoras, y habiendo amansado la rabia de aquel temeroso perro con el manjar de aquella sopa, llegó, pasado todo esto, a los palacios de Proserpina; pero no quiso aceptar el asentamiento que Proserpina le mandaba dar, ni quiso comer de aquel manjar que le ofrecían; mas humildemente se sentó ante sus pies, y contenta con un pedazo de pan bazo...
I Don Juan
Bazo y Berry, que alcanzó á ser Oidor en la real Audiencia de Lima y que, después de jurada la Independencia se embarcó para España, desempeñaba el cargo de Teniente-asesor en la intendencia de Trujillo.
Ricardo Palma
M., de que doy fe. Rodríguez Ballesteros.- Concha.- Aldunate.- Irigoyen.- Bazo.- Ante mí.- Melchor Román, escribano de Cámara. Santiago y septiembre quince de mil ochocientos diez.- Informe el Cabildo.- Hay dos rúbricas del señor Presidente y su Asesor.
-—El licenciado Juan Rodriguez, botlcario y alquimista, se pinta. solo para las enfermedades del bazo y del higado. Todos sanan, y si alguno muere es porque asi convendra para el descanso de su alma.