Todo ello de oro reluciente. Se colocaban de modo que la crisma y pescuezo del puma sobrepasase su cabeza y espalda. Para empezar el baile, inmolaban dos corderos, entregándolos a cuatro viejos, diputados para esto, que los ofrendaban con mil ceremonias.
Por la mañana, en la hoy "Basílica Menor de Arequipa", el Arzobispo realiza la Misa Crismal, donde se bendice el Santo Crisma y el clero y los religiosos de la ciudad renuevan sus promesas sacerdotales.
Marc. Los reyes taumaturgos. Aceite de la unción santa Crisma Flor de lis Unción con aceite Unción de Jesús Unción de los enfermos
120.- El fundamento para que se haga el dicho Padrón General y miembros del como conviene, consiste en los Curas y Ministros de dotrina que tienen más particular obligación de conocer especificadamente a todos sus feligreses y enseñarles la dotrina y administrarles los sacramentos; por tanto, cada Cura o Ministro de dotrina formara y hará un Libro que perpetuamente esté en el sagrario a donde está el Santo Oleo e Crisma, y el dicho Libro le distribuirá en los títulos siguientes: En el primero de los cuales irá asentado todas las animas que se bautizaren, poniendo el nombre del batizado y el de sus Padres y Padrinos y quien le bautizó, día, y mes y año en que se batizó.
Pero la mayor de todas entre las muchas desdichas que el ser de vista tan corto me ocasiona y origina, es (de mi suerte reniego) que casi no pasa día en que mi flaca persona el duro suelo no mida; y no sé por qué milagro, con tan frecuentes caídas y con porrazos tan fieros ya no me he roto la crisma: no hay piedra en que no tropiece, cual puesta allí con malicia, ni charco en que el pie no meta, aun del agua menos limpia; y por mi pie negligente no hay evitada inmundicia de cuantas en nuestras calles olvidó la policía; si paso de acera a acera, es tal la desgracia mía, que no hay carreta ni coche que no se me venga encima; no hay cola en que no me enreden mi distracción y mi prisa, ni pisotón que me yerre ni encontrón que no reciba.
La sangre de Leónidas que gotea En la urna de bronce de la historia, A todo pueblo en lucha por su idea Ungirá con el
crisma de la gloria, Como a Esparta en el día de Platea Al compás del peal de la victoria.
Justo Sierra Méndez
Para llegar a este fin era preciso, ¡pásmense ustedes!, según aquellos doctos novadores, romper la crisma al señor del pueblo y al cura de la parroquia; a éste, porque predicaba que no había más amo que Dios, y al otro, porque obligaba a cumplir las máximas que predicaba el señor cura, amén de la ley por que se regía el pueblo escrita y promulgada por él, con la aquiescencia de todos los regidores del concejo.
-suspiró, en chanza, el señorito-. Si a Tilde la diese por ahí, soy capaz de apuntarme en lista con el número uno, así me rompiese la
crisma el dueño legal.
Emilia Pardo Bazán
A las ocho de la mañana del 9 de diciembre el bizarro general Monet se aproximó con un ayudante al campo patriota, hizo llamar al no menos bizarro Córdova, y le dijo: -General, en nuestro ejército como en el de ustedes hay jefes y oficiales ligados por vínculos de familia o de amistad íntima: ¿sería posible que, antes de rompernos la
crisma, conversasen y se diesen un abrazo?
Ricardo Palma
Allí oyó expresarse a los oradores en términos semejantes a los que había leído en el periódico, con la diferencia de que en el club se excitaba a romper la crisma a su majestad por todos los medios legales y a pegar fuego al trono en que se sentaba.
Entre los caciques de Acarí y de Atiquipa, que nacieron cuando ya la conquista española había echado raíces en el Perú, reinaba en 1574 la más encarnizada discordia, a punto tal que sus vasallos se rompían la
crisma, azuzados, se entiende, por los curacas rivales.
Ricardo Palma
Levantóse Jacob y tomó el canto que había tenido por cabecera, levantóle, y le fijó como padrón para perpetua memoria de los siglos venideros; derramó aceite sobre él, y puso por nombre a aquel lugar Bethel, o casa de Dios.» Estas expresiones encierran, una profecía, y no debemos entender que, como idólatra, derramó aquí el aceite Jacob sobre la piedra, consagrándola como si fuese Dios, porque ni adoró a la piedra ni la ofreció sacrificio, sino que así como el nombre de Cristo se deriva de crisma, esto es, de la unción, sin duda figuró aquí algún misterio que pertenece a este grande Sacramento.