Etica y Estetica en El Talante Posmoderno
Etica y Estetica en El Talante Posmoderno
Etica y Estetica en El Talante Posmoderno
1. Introducción
Cada vez que se pretende exponer, sea bajo la forma de resumen, sea de manera
exhaustiva o descriptiva, alguna cuestión particular desde los puntos de vista del talante
postmoderno, es necesario remitirse a aquello que sobre el particular ha afirmado o negado la
modernidad. Es ineludible obrar así, puesto que la postmodernidad pone como fundamento de
todas sus argumentaciones, premisas y conclusiones, la falsedad de las propuestas y
argumentos en que se funda la modernidad. Ello también ha llevado a que algunos autores
sostengan que el postmodernismo es una voz débil para significar antimodernidad.
1
Cfr. Colomer, J., “Postmodernidad, Fe Cristiana y Vida Religiosa”, en: Sal Terrae, 5 (mayo 1991), p. 412.
2
BRIE, R. J. y DEL ACEBO, E., Diccionario de Sociología (Bs. As., Claridad, 2001) voz Postmodernidad.
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Hace algo más de una década el Cardenal Ratzinger denuncia la dictadura del
relativismo posmodernista. Dictadura que, entre otros aspectos, se expresa en su noción de
3
“persona” a la que concibe como un residuo arcaico a extinguir. Esta frase, del hoy Papa
Benedicto XVI, resume con meridiana claridad el juicio que los postmodernos tienen sobre el
hombre.
Por otra parte, entienden que la vida del hombre es un estilo de vida experimental, que
se caracteriza por sacrificar los valores morales, a los que se les considera como una
hipocresía. Así, el hombre, sujeto sin valores morales, es reducido a su individualidad, la cual
es asumida como intocable. Y, desde esa individualidad, tiene el derecho de definir su propia
ética.
La Ética, para los postmodernos, no se funda sobre una distinción objetiva entre bien y
mal, ni en normas fijas; es una Ética subjetiva en la que se defiende la tolerancia y la
pluralidad moral. En este campo su propuesta es la de llegar a un nihilismo moral. Cabe aquí
la pregunta ¿Es posible la coexistencia entre Ética y postmodernidad? Tomada la palabra
Ética en el sentido de la reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y en qué
se fundamentan los juicios morales. La respuesta a tal pregunta es: no. Negación que se funda
en el hecho que la postmodernidad es el rechazo de toda norma; es el vacío de valores; es
aceptación de lo efímero; de lo circunstancial en base a la propia satisfacción; del goce
intenso y presente; es el pragmatismo a ultranza; es la fragmentación de la verdad; es el
relativismo absoluto y el amor desmedido por la novedad.4
3
Cfr. su: La Fe como Camino. Contribución al “Ethos” Cristiano en el Momento Actual (Barcelona, Ediciones
Internacionales Universitarias, 1997).
4
SANABRIA, J. R., “Ética y Postmodernidad”, en: Dikaiosyne –Revista de Filosofía Práctica-, n° 6, junio de
2001, p. 112.
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Además, es el mismo Nietzsche quien anuncia la "muerte de Dios", para significar con
ello el fin de la época de los fundamentos. Ya no hay fundamentos que deban guiar las
acciones humanas: ni valores morales, ni principios religiosos y, además exalta todo lo que es
terrenal, corpóreo, antiespiritual, irracional, además de la anulación de los límites.
5
CULLEN, J., “Ética y Postmodernidad”, en: AA.VV., ¿Postmodernidad? (Bs. As., Biblos, 1988) p. 154.
6
Conferencia “Cultura de la Conservación y Sociedad Postmoderna” pronunciada en Madrid, el 27 de octubre
de 1992.
7
Cfr. Obras Completas, (Bs. As., Prestigio, 1970) vol. IV par. 23 y 24.
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fundamentación. “Ya no se pretende lo bueno, sino lo correcto. Ya no hay ética de virtudes, sino ética
de bienes.” Bienes que cada uno tiene derecho a reconocer como tal.
Estos puntos llevan a un apego al “mundo de las cosas” que, a la vez, lleva a la
desvalorización del mundo propiamente humano.
Para poner fin a estos párrafos sobre ética postmoderna y pasar a la cuestión de la estética,
que es el otro concepto sobre el que debemos poner el foco, podemos afirmar: … “el auténtico
compromiso con el sentido de la existencia se adquiere únicamente por la audacia de enfrentar la
propia orfandad, intentando despojarnos de los ropajes absurdos con que pretenden ceñirnos los
tutores del pensamiento. Es preciso descender a la más abismal desesperanza…” 9
3. Estética
En el pensamiento del Aquinate, lo bello tiene una doble definición; a saber: subjetiva,
la cual atiende a los efectos psicológicos que en nosotros produce; objetiva, la que atiende a
las condiciones que debe realizar en sí mismo el objeto bello.
Desde el punto de vista subjetivo, bello es aquello que deleita por el solo hecho de ser
conocido intuitivamente por el entendimiento y por los sentidos superiores10 (la vista y el
8
Cfr. GINER, S., LAMO de ESPINOSA, E., y TORRES, C. (eds.) Diccionario de Sociología (Madrid, Alianza
Editorial, 1998) voz: posmodernismo, posmodernidad. Entrada firmada por Joseph PICÓ LÓPEZ.
9
Cfr. JALFEN, Luis J., La Edad del Nihilismo (Bs. As., Edic. de Tres Tiempos, 1984). Nota del Editor, p. 7.
10
Cfr. Suma Teológica, I, II, q. 27, a. I, ad. 3.
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oído, los únicos que perciben los objetos de una manera plenamente objetiva). Gozo que se
traduce: 1. Por un sentimiento característico, admirativo, desinteresado, contagioso. 2. Por un
juicio que estimamos de valor universal compartido por nuestros semejantes. De ello se
desprende que el goce estético y el amor a lo bello sean útiles al individuo, a quien elevan por
encima de su egoísmo, y a la sociedad, para la cual son una fuente de unión, superior a los
intereses individuales contrarios.
Desde el punto de vista objetivo, según Santo Tomás, un objeto para ser bello debe
realizar tres condiciones: 1. Integridad, perfección del objeto tal como se da, aunque sea
incompleto. 2. Proporción, conveniencia, armonía entre las partes. 3. Brillo,
esplendor de la forma, idea o sentimiento, que irradie a través de sus velos sensibles, sin
exigir penoso esfuerzo de atracción. Cuestiones estas que se encuentran resumidas en la
fórmula: La belleza es el resplandor de la forma sobre las partes proporcionadas de la
materia.
Por otra parte, lo bello se distingue: 1. De lo útil, que, por sí mismo provoca un
sentimiento interesado. 2. De lo verdadero, que alumbra la inteligencia, se le impone a la luz
de la evidencia y da el goce de conocer lo real, sin presentar siempre los elementos de lo
bello. 3. Del bien en general, del que la belleza es una especie. 4. De lo agradable, que deleita
a uno cualquiera de los sentidos. 5. De lo sublime, caracterizado por su grandeza. 6. De lo
lindo, armonía sin grandeza. 7. De lo gracioso, que resulta de la suavidad en los movimientos.
Hasta aquí, en su expresión más sucinta, de la idea de lo bello que nos presenta Santo
Tomás. Las universales reflexiones del Doctor Angélico van a ser reducidas en su alcance y
los principales exponentes de esa tarea de reducción son los filósofos del siglo XVIII, tiempo
en que se pone el acento en el concepto del gusto para enlazar las nociones del arte y de lo
bello. Por un lado, Kant establece la identidad entre lo artístico y lo bello al afirmar que “la
naturaleza es bella cuando tiene apariencia de arte” y que “el arte no puede ser denominado
bello sino cuando nosotros, aun siendo conscientes de que es arte, lo consideramos como
naturaleza”11; y por otro, Schelling va a invertir la relación tradicional entre arte y naturaleza,
haciendo del arte la regla de la naturaleza, en lugar de hacer de la naturaleza la regla del arte.
11
Cfr. su Crítica del Juicio, # 45.
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Así, el arte es la necesaria y perfecta realización de esa belleza que la naturaleza adquiere sólo
de modo parcial y casual.12
Bajo estos puntos de vista es que aparece el concepto de arte útil, el que reconoce que
cualquier expresión artística necesita manifestarse liberada de los prejuicios impuestos a las
formas por la tradición o la modernidad.13 Además, arte significa valorar el pastiche y la
mezcla estética; el simulacro, caracterizado por una concepción narcisista de la propia
subjetividad y una negación radical de límites se transforma en estandarte; vale lo banal y se
cambia la ironía por cinismo; hay entusiasmo por la desfachatez.
12
Cfr. su:“Las Artes Figurativas y la Naturaleza”.
13
Cfr. DE MATOS, A. M., “El Útil: Cosa y Obra de Arte”: en: Arte, Individuo y Sociedad n° 5 – Madrid, Ed.
Complutense, 1995) p. 93.
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Con estos puntos de vista el relativismo postmoderno sacrifica los valores morales y lo
bello, los acusa de hipocresía y les contrapone una forma irónica, vulgar y provocativa,
convirtiendo al placer en el hecho definitorio tanto de la ética como de la estética.
Raúl Arlotti
14
LIPOVETSKI, G., La Era del Vacío (Barcelona, Anagrama, 1998) p. 124.