Los Criterios de Verdad
Los Criterios de Verdad
Los Criterios de Verdad
a. El griego utiliza la palabra alétheia, que significa “lo que no está oculto” por lo que podría
entenderse como “descubrimiento”. La falsedad, los pseudo, es su contrario, el
“encubrimiento”. Así que la verdad en griego significa descubrir cosas, desvelar lo que son. Aquí
hablamos primero de mostrar la cosa misma, y sólo secundariamente decir lo que es, en la
medida que para dar cuenta de la verdad se precisa del lenguaje.
Se trata de tres sentidos diferentes (descubrimiento, exactitud y confianza) que están presentes y
constituyen el origen del término verdad consolidado por la tradición europea.
Se llama criterio de verdad a aquella característica o procedimiento por el cual podemos distinguir
la verdad de la falsedad y estar seguros del valor de un enunciado.
a. La autoridad. Una afirmación se acepta como verdadera por proceder de alguien a quien se
concede crédito por su conocimiento de la materia.
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b. La tradición. Se toma por verdadero aquello que a lo largo del tiempo se ha aceptado como
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e. La utilidad. Un enunciado será verdadero cuando sea beneficioso y útil para nosotros, cuando
nos permita orientarnos en la realidad y avanzar en nuestras investigaciones.
g. La intersubjetividad. Para que algo sea admitido como verdadero ha de ser aceptable para
cualquier sujeto racional. Este criterio se basa en la idea de que el conocimiento es compartible
por todos, no exclusivo de una persona en particular.
Aunque es cierto que un solo investigador puede defender la evidencia de una hipótesis
científica, si ésta no es aceptable públicamente por la comunidad no podrá ser admitida como
verdadera. La verdad no es algo privado, sino que requiere el consenso de la comunidad. La
verdad exige consenso en el sentido de que no es algo misterioso que esté reservado a unos
pocos o que sólo unos pocos puedan alcanzar.
Existen tres formas clásicas de negación de la verdad, las cuales son agnosticismo, escepticismo y
relativismo. Claro está, estas negaciones tienen bases y justificaciones diferentes.
a. ‘Agnosticismo’, del griego agnostos, de agnoein, -no saber, ignorar-, es un término acuñado por
Thomas Henry Huxley en 1869, para diferenciar su sistema de ideas del de los metafísicos, que
mantenían poder probar la existencia de Dios o sostenían la racionalidad de la fe. En general,
supone la afirmación de que no hay que creer en aquello para lo cual no existen suficientes
pruebas. En sentido estricto, suele entenderse como la afirmación de que no es posible afirmar
racionalmente la existencia de Dios ni su no existencia.
sostiene que son pocos los enunciados objetivamente verdaderos, o bien establece dudas
razonadas sobre la capacidad de la mente humana de poder conocer las cosas y, por lo mismo,
la somete a examen. Este relativismo propugna una actitud crítica ante el dogmatismo.
c. ‘Relativismo’, -del latín relativus, relativo, de referre, que es llevar algo a su punto de partida- es
aquella afirmación de que todo conocimiento o todo valor moral dependen esencialmente del
punto de vista del sujeto que los tiene. Hay relativismo cuando la dependencia del punto de
vista subjetivo es total. Sus dos especies clásicas son el relativismo epistemológico y el
relativismo ético. El primero defiende que no hay verdades universalmente válidas e
independientes de la apreciación de los sujetos; el segundo niega que existan normas morales
universalmente válidas. La consecuencia es que tanto el mundo del conocimiento como el de la
moral dependen de diversos condicionamientos, que pueden ser el individuo, la sociedad o la
cultura, ya sea en el aspecto psicológico, sociológico o histórico.
Comparado con el escepticismo, el relativismo afirma menos. El escepticismo afirma que no hay
verdades o, si las hay, son escasas. El relativismo sostiene que las verdades tienen un valor relativo al -
en dependencia con el- sujeto. El relativismo se distingue del subjetivismo en que éste establece una
dependencia directa entre el conocimiento o el valor y la consideración del sujeto; mientras que el
relativismo hace depender el conocimiento o el valor de factores externos al sujeto. En la práctica se
identifican, porque en la expresión «el hombre es la medida de todas las cosas» -quintaesencia del
relativismo- el término «hombre» ocupa el lugar del sujeto pensante y el lugar de la historia cultural de
este mismo sujeto pensante.
Desde luego, la problematización de la verdad llega más lejos cuando desde determinados
ámbitos se defiende la posesión de una verdad absoluta, en muchos casos excluyente, y algunos otros,
incluso defendiéndose a modo de imposición o ejerciendo algún tipo de violencia, ya sea una violencia
ejercida directamente o una violencia discursiva, intolerante, represora.
Vamos a entender por teorías de la verdad los diversos intentos que se han producido a lo largo de
la historia de la filosofía de definir, explicar y comprender en qué consiste la verdad. Hay una relación
fuerte entre las teorías de la verdad y los criterios y tipos de verdad que hemos establecido porque cada
teoría de la verdad se centra en un tipo de verdad y se apoya preferentemente en uno de los criterios
para desarrollarlo al máximo. Vamos a centrarnos en cuatro de las teorías más significativas sobre la
verdad.
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Conocer una cosa consistirá en descubrir su esencia a partir de su apariencia, que es lo que se
nos presenta. Se afirma, entonces que algo es verdaderamente lo que es cuando su aspecto o
apariencia manifiesta lo que es o su esencia. A esta adecuación entre el ser de algo y su apariencia
la llamamos autenticidad que se convierte entonces en el patrón de medida de la verdad.
Esta teoría nos proporciona la estructura básica de la verdad, que las demás teorías también
mantienen. La formulación clásica la proporcionó Aristóteles: “Decir de lo que es que no es, eso es
falso; decir de lo que es que es, es verdadero” (Metafísica, IV, 7). En esta fórmula están contenidos,
los elementos que intervienen en el acto de conocer:
La verdad se entiende como una relación especial de “ajuste” entre los dos elementos
mencionados a la que se denomina “correspondencia” o “adecuación”. Éste es el concepto que
espontáneamente nos formamos de la verdad: la concordancia entre lo que se dice de algo y lo que
ese algo es.
Esta correspondencia no puede ser material, porque los objetos no entran en nosotros al ser
conocidos, sino que es una correspondencia formal, dado que se establece entre la representación
que nos hacemos del objeto (el concepto) y el objeto mismo. En la filosofía contemporánea se habla
de la correspondencia que se establece entre los hechos y la estructura lingüística formal que los
expresa (la proposición).
Esta teoría fue formulada por primera vez por Hegel (1770-1831) y más tarde se ha expuesto en
diferentes versiones. Todas coinciden en utilizar como criterio de verdad la coherencia de la
proposición, cuya verdad depende de su posible incorporación en el conjunto de proposiciones que
tenemos ya por verdaderas. Esto significa que cualquier nuevo conocimiento que realizamos, ya sea
en ciencia o en la vida cotidiana, ha de efectuarse desde el sistema de los conocimientos que ya
poseíamos hasta ese momento y lo consideraremos como verdadero si podemos integrarlo en él.
Se trata por tanto de un criterio contextual, en virtud del cual nada es verdadero o falso
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aisladamente, sino que cada uno de nuestros conocimientos está esencialmente referido y
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conectado con el resto del sistema del saber en que se integra. Sólo así cobra sentido y valor de
verdad, pues, como dice Hegel, “lo verdadero es el todo”.
Por otra parte, Hegel defenderá que la verdad se alcanza históricamente: el todo que expresa la
verdad del saber es histórico y sólo al final de la historia se muestra en toda su magnitud y sentido.
William James (1842-1910) es uno de sus más destacados representantes. Entiende James por
“adecuación” el servir para un determinado fin, o que funciona de modo conveniente en un cierto
contexto, o que es útil para un propósito, como cuando decimos “esta moto es adecuada para hacer
motocross”. Adecuación es por consiguiente adaptación: un enunciado es verdadero si funciona
como instrumento útil y eficaz, es un instrumento adecuado, para resolver problemas o para
satisfacer necesidades.
Ahora bien, como la verdad está referida a la práctica, es siempre provisional, porque lo que
funciona o es útil (es decir, lo que es verdadero) en un momento determinado, deja de serlo en
otro. Se trata, por tanto, de una concepción dinámica de la verdad, porque ésta no constituye una
propiedad adquirida de una vez por todas, sino que es consecuencia de un proceso: una idea se
“verifica”, esto es, se hace verdadera, si la acción va mostrando su utilidad o su eficacia. Así, afirma
James: “Se puede decir de ella que es útil porque es verdadera, o que es verdadera porque es útil.
Ambas frases significan exactamente lo mismo”.
Esta teoría defendida por Peirce, Apel y Habermas entre otros, destaca la necesidad del diálogo
como marco para ir descubriendo cooperativamente la verdad de las proposiciones.
En realidad cuando decimos que tenemos algo por verdadero estamos dando a entender que
creemos tener razones suficientes para convencer a otros interlocutores de la verdad de la
proposición, siempre que podamos dialogar libremente sobre ello, sin presiones externas a la
búsqueda misma de la verdad.
Por eso, las personas que tienen afán de verdad están dispuestas a dialogar con otras, sin
coacciones, sin trampas, para comprobar si pueden llegar a suscitar la adhesión de los demás
interlocutores, si pueden generar un consenso en torno a lo que tienen por verdadero.
Los argumentos que se aducen en ese diálogo pueden proceder de distintas formas de
comprobar la verdad: correspondencia, coherencia, utilidad, pero lo que se trata de descubrir en él
es si son capaces de generar el consenso de la comunidad de interlocutores, de tal forma que
tengan el enunciado en cuestión por verdadero. Así funcionan, a fin de cuentas, las comunidades
científicas que buscan cooperativamente la verdad.
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Ahora bien, el consenso no es un criterio de verdad, porque los interlocutores pueden
equivocarse o carecer de información relevante. Por eso las verdades científicas son siempre
revisables.
La aportación básica de esta teoría consiste en mostrar que los seres humanos no tenemos otra
forma de acceder a la verdad que no sea aduciendo razones y escuchando las de otros, con la
pretensión de alcanzar un consenso lo más amplio posible acerca de lo que tenemos por verdadero.
a. Creencia
Una creencia es un modelo creado por la mente para satisfacer un deseo, generalmente sobre
un hecho (real o imaginario); del cual se desconoce o no se acepta una alternativa o respuesta
racional. En una creencia todos aquellos individuos que compartan dicho deseo darán por buena
una proposición y actuarán como si fuese verdadera (aunque no lo sea), recopilando y
acumulando en su saber lo que se denomina dogma y definiendo una moral necesaria para
poder sostener dichos dogmas. Es por ello el fundamento de la tradición.
Aunque en el lenguaje común no suele tenerse en cuenta esta distinción sin embargo
conceptualmente conviene diferenciar la creencia de la opinión y de la ideología sobre todo en
los contextos que tienen como referente la verdad del conocimiento.
Una creencia puede tener o no base empírica. Por ejemplo, las creencias religiosas, al ser
basadas en dogmas, no suelen tener base empírica; lo que las hace opuestas a la ciencia, que se
construye a partir de datos obtenidos mediante el método experimental o a través de cálculos
precisos.
b. Honestidad
Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los
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conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del
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verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o
deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con
respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran
alterar nuestra decisión.
En la filosofía occidental, Sócrates fue quien dedicó mayor esfuerzo al análisis del significado de
la honestidad. Posteriormente, dicho concepto quedó incluido en la búsqueda de principios
éticos generales que justificasen el comportamiento moral, como el Imperativo categórico de
Kant o la teoría del consenso de Jürgen Habermas.
c. Evidencia
Suceso natural que corrobora una conclusión. La realidad está formada por evidencias. Existen
diferentes niveles de evidencias: Las evidencias sintomáticas son aquellas que estimulan
cualquiera de nuestros sentidos, y las evidencias psicosomáticas son aquellas que necesitan de
persuasión por medio del uso de la razón, para que esta pueda evidenciarlo como algo básico.
Además de considerar tipos de evidencia como lo son para los abogados, las declaraciones o
para los criminalistas los cabellos en una escena del crimen
d. Duda
Cuando la duda se acepta como ignorancia puede ser fuente de conocimiento por el estudio y la
crítica.