NEUROQUANTOLOGIA
NEUROQUANTOLOGIA
NEUROQUANTOLOGIA
(LA
CONCIENCIA RELACIONADA CON LA FISICA CUANTICA )
La relación entre la mente y el cerebro es un misterio clave para entender nuestra propia existencia
como seres conscientes. Algunos dicen que la mente es estrictamente una función del cerebro y la
conciencia es el producto de la acción de las neuronas. Pero algunos se esfuerzan por comprender
científicamente la existencia de la mente independientemente del cerebro o, al menos en algún grado,
separado de ella.
La revista científica NeuroQuantology reúne a la neurociencia y a la física cuántica, interfaz que algunos
científicos han utilizado para explorar la relación fundamental entre la mente y el cerebro.
El Dr. Dirk K. F. Meijer, profesor de la Universidad de Groningen, en Holanda, plantea la hipótesis de que
la conciencia reside en un campo que rodea al cerebro. Este campo está en otra dimensión. Comparte
información con el cerebro a través del entrelazamiento cuántico, entre otros métodos. Y tiene ciertas
similitudes con un agujero negro.
Este campo puede captar información del campo magnético de la Tierra, de la energía oscura y de otras
fuentes. Luego “transmite ondas de información al tejido cerebral, que… es fundamental para el
procesamiento a muy alta velocidad de la información consciente y subconsciente”, escribió Dirk.
En otras palabras, “la mente” es un campo que existe alrededor del cerebro, recoge información externa
a este y la comunica en un proceso extremadamente rápido.
El científico describe este campo alternadamente como “un campo estructurado holográfico”, un
“espacio de trabajo mental receptivo”, un “dominio meta-cognitivo” y el “espacio de memoria global del
individuo”.
Las funciones extremadamente rápidas del cerebro sugieren que procesa la información a través de un
mecanismo aún no revelado
Hay un misterio no resuelto en la neurociencia, llamado “problema vinculante”. Diferentes partes del
cerebro son responsables de cosas diferentes: algunas partes trabajan en el procesamiento del color,
algunas en el procesamiento del sonido, etcétera. Pero de alguna manera, todo se une como una
percepción unificada, o conciencia.
La información se reúne e interactúa en el cerebro más rápidamente de lo que puede ser explicado por
nuestra comprensión actual de las transmisiones neurales en el cerebro. Por lo tanto, parece que la
mente es más que solo neuronas interactuando en el cerebro.
Los neurocientíficos siguen buscando el mecanismo que activa la “vinculación” de partes dispares del
procesamiento de información del cerebro. Meijer ha recurrido a entrelazamientos y tunelización
cuánticos para avanzar hacia la respuesta.
El entrelazamiento cuántico es un fenómeno en el que las partículas parecen estar conectadas aún a
grandes distancias. Cuando se realizan acciones en una de las partículas, los cambios correspondientes
se observan simultáneamente en las otras.
El túnel cuántico es un fenómeno en el cual una partícula atraviesa una barrera que según la física clásica
no debería ser capaz de atravesar.
Estos fenómenos cuánticos permiten procesos tan rápidos, que no pueden ser explicados con la física
clásica. Pero los procesos mentales subconscientes ultra-rápidos pueden ayudar a explicarlos.
Los principios de la física cuántica pueden explicar cómo la mente procesa la información
Si “la mente” o el campo mental interactúa con el cerebro de esta manera, sería un paso hacia la
explicación de la rapidez de los procesos mentales.
Meijer también recurre a la naturaleza de onda y partícula de la materia desde la física cuántica para
explicar la relación entre el campo mental y el cerebro. Según este principio, los electrones y los fotones
existen en forma de ondas, pero también pueden comportarse como partículas. En cierto modo, son
ondas y partículas.
De manera similar, para Meijer el campo mental es a la vez inmaterial y, al mismo tiempo, físicamente
parte del cerebro: “El espacio de trabajo mental propuesto se considera no material, pero en relación
con el cerebro individual, acoge una relación no dual onda/partícula según los principios físicos
cuánticos: es directamente dependiente de la fisiología del cerebro pero no es reducible a ella”.
Según Meijer la mente y el cerebro están conectados. Están unificados, pero a la vez están separados.
Esta aparente paradoja es característica de la física cuántica.
Meijer plantea la hipótesis de que el campo mental está en otra dimensión: “Que no podamos percibir
directamente este aspecto de la información se atribuye tradicionalmente a una cuarta dimensión
espacial oculta… que no podemos observar en nuestro mundo tridimensional, aunque puede derivarse
matemáticamente”.
Y aclara que esta cuarta dimensión espacial no es el tiempo (el tiempo se considera comúnmente como
la “cuarta dimensión”). Es un concepto de espacio-tiempo que incluye cuatro dimensiones espaciales
además del tiempo (una “estructura 4 + 1 espacio-tiempo”).
Cita estudios que han sugerido que este concepto de dimensiones podría conciliar los encuentros
fallidos entre la física tradicional y la física cuántica que ahora afectan a los científicos.
La mente podría ser como un agujero negro
Meijer prevé una especie de pantalla o frontera entre el mundo exterior y el campo mental individual. Y
compara este límite con el horizonte de eventos de un agujero negro.
“Se supone que la información que entra en un agujero negro desde el exterior no se pierde… más bien
está siendo proyectada en su pantalla exterior, llamada el ‘horizonte de eventos'”, escribió Meijer.
“La conciencia es una condición límite entre una singularidad (agujero negro) y el espacio dentro del
cerebro”. El horizonte de sucesos separa “un modelo mental de la realidad para uso interno en cada
individuo” de todo lo que existe fuera de él. Sin embargo, está conectado a una “matriz de información
universal“.
Meijer describió por correo electrónico cómo este “límite holográfico dinámico”, recopila información
desde el interior del cerebro, así como de los “campos de información en los que nuestro cerebro está
permanentemente incrustado”. Y dijo: “De esta manera, está implícitamente conectado a una matrix de
información universal“.
La forma geométrica conocida como Torus- Toroide- es muy adecuada para la naturaleza y funciones
que Meijer atribuye al campo mental.*
El Torus es descrito por el diccionario de Merriam Webster, como “una superficie en forma de rosca
generada por un círculo girado alrededor de un eje en su plano que no cruza el círculo”.
Meijer presenta varias razones dentro de las teorías de la física para elegir esta forma para su campo
mental hipotético. Una está relacionada con una teoría de cómo oscila la actividad eléctrica en el
cerebro.
Estos ritmos han sido comparados con las características microscópicas del universo, como las descritas
por String Theory. Meijer los describió como “movimientos toroide multidimensionales“.
La estructura del Torus se encuentra en la física desde la microescala hasta la macro escala extrema de
los agujeros negros y en el universo en su conjunto, explicó Meijer. Podría ser instrumental en la
integración dinámica de la información en la mente y el cerebro.
Meijer discute las implicaciones más amplias para la filosofía de las relaciones mente-materia
Meijer escribió: “Nuestro artículo puede contribuir directamente a una respuesta sobre la famosa
cuestión de [los científicos cognitivos y el filósofo David] Chalmers…: ¿cómo puede algo inmaterial como
la experiencia subjetiva y la auto-conciencia surgir de un cerebro material?
La capacidad del campo mental para recoger información de otros campos, tal como fue concebida por
Meijer, también podría explicar algunos fenómenos anómalos como la percepción extrasensorial, señaló.
En su opinión, “la Conciencia puede ser considerada como el elemento básico de la naturaleza y, por lo
tanto, está presente en todos los niveles del tejido de la realidad”.
Desde que la física cuántica surgió, los científicos han estado explorando su capacidad para explicar la
conciencia. El trabajo de Meijer encaja dentro de esa vía de exploración.
Otra teoría llamada “reducción objetiva orquestada” u “Orch-OR”, fue desarrollada por el físico Sir Roger
Penrose y el anestesista Dr. Stuart Hameroff. En su página web, Hameroff describe la teoría: “[…] sugiere
que la conciencia surge de las vibraciones cuánticas en los polímeros de proteínas llamados microtúbulos
dentro de las neuronas del cerebro”.
Como Meijer, Penrose y Hameroff han dicho: “hay una conexión entre los procesos biomoleculares del
cerebro y la estructura básica del universo“.
También han pedido un cambio importante en cómo los científicos ven la conciencia.
Hameroff dijo en una entrevista al blog Singularity: “La mayoría de los científicos no pueden explicar la
conciencia en el cerebro, por lo que no pueden decir que la conciencia fuera del cerebro sea imposible“.
La gran paradoja que se desprende de la visión cuántica del mundo es que todos somos el producto de
una serie de interacciones que nos han hecho ser como somos, ya sea por el azar o por designio de un
ser inteligente. Pero todos salimos de lo mismo y vamos a lo mismo: al interior de un gran agujero negro,
que es la muerte de la conciencia individual, pero no de nuestros átomos ni de las fuerzas que nos han
dado la vida.
La existencia humana es una breve anomalía en el curso de ese espacio y ese tiempo, que en cierta
forma son una ilusión de nuestro cerebro, como decía Einstein. Pero ello sólo significa que debemos dar
las gracias por el afortunado accidente de estar vivos y aprovechar nuestra breve existencia para
disfrutar de ese privilegio de poder mirar y tocar lo que nos rodea, aunque sea un espejismo de nuestros
sentidos.
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¿Qué es la Conciencia humana? ¿Se trata de algo físico y medible o es totalmente inmaterial y fuera de
los dominios de la Física? Para responder a esas preguntas, Lucien Hardy, físico del Instituto Perimeter,
en Canadá, ha propuesto modificar sutilmente un experimento bien conocido en los laboratorios de
física cuántica de todo el mundo para demostrar dónde están los límites, si es que existen, entre mente y
materia.
Durante las dos últimas décadas, una serie de experimentos conocidos como " Test de Bell", han sido
profusamente utilizados para confirmar las más extrañas propiedades de las partículas subatómicas,
entre ellas el entrelazamiento cuántico, esa "acción fantasmagórica a distancia" que tanto incomodaba a
Einstein. Ahora, Hardy propone llevar a cabo los test de Bell, pero acoplando a los instrumentos algo
completamente nuevo: nuestra conciencia.
Con su célebre frase, Einstein se refería a la increíble propiedad según la cual, si dos partículas están
entrelazadas, cualquier cosa que le suceda a una de ellas será inmediatamente "conocido" por la otra,
incluso si ambas están a muchos años luz de distancia. Es decir, que de alguna manera que no
comprendemos ambas partículas se comunican instantáneamente y sin importar la distancia que haya
entre ellas.
Pero para que eso sea así, cualquier señal que atraviese el espacio entre las dos partículas tendría que
moverse más deprisa que la luz, lo cual no es posible en nuestro Universo. Para Einstein, esta
contradicción implicaba que la teoría cuántica no estaba completa, y que debía de existir algo más, a
nivel muy profundo, que permitiera explicar este comportamiento de las partículas sin tener que recurrir
a influencias "fantasmagóricas" e instantáneas. Desde entonces, un buen número de físicos ha estado
intentando, aún si éxito, encontrar esa teoría fundamental que falta.
A mediados de la pasada década de los sesenta, el físico Jonh Bell ideó la forma de comprobar si las
partículas subatómicas realmente se influyen entre sí sin importar la distancia. Para ello, diseñó un
experimento en el que se creaba una pareja de partículas entrelazadas y se las enviaba en direcciones
opuestas, a las ubicaciones A y B. Por supuesto, tanto en A como en B había detectores para medir el
spin (la rotación) de las partículas.
El ajuste del dispositivo (por ejemplo elegir si se medirá el giro de la partícula en la dirección de +45 o
-45 grados), se hizo utilizando generadores de números aleatorios, de forma que era imposible para el
punto A conocer el ajuste del punto B (y viceversa) en el momento de la medición.
Una vez todo listo, el paso siguiente de un test de Bell es realizar mediciones en muchos pares de
partículas entrelazados. Si la Física Cuántica es correcta y existe, de hecho, la famosa "acción
fantasmagórica a distancia", entonces en los resultados de las mediciones habrá una mayor correlación
que si Einstein estuviera en lo cierto. Y resulta que todos los experimentos hechos hasta ahora han
apoyado, sin duda, a la Física Cuántica.
Algunos físicos, sin embargo, han argumentado que incluso los generadores de números aleatorios
podrían no serlo tanto, y estar gobernados en realidad por algún tipo de física subyacente que aún no
comprendemos. Y que ese "superdeterminismo" podría explicar la elevada correlación observada en los
experimentos, sin necesidad de recurrir a la extraña acción a distancia.
El papel de la conciencia
Y llegamos así a Lucien Hardy y a su extraordinaria propuesta. Lo que Hardy sugiere, en efecto, es que es
posible controlar las mediciones de A y B con algo que, en potencia, podría no pertenecer al mundo
material: la mente humana.
Para poner a prueba su idea, Hardy propone un experimento en el que A y B se establecen a 100 km. de
distancia. En cada extremo, un centenar de seres humanos están conectados a los medidores por medio
de cascos de electroencefalografía (EEG) capaces de leer su actividad cerebral. Las señales generadas de
esta forma serían, precisamente, las utilizadas para cambiar los ajustes de los dispositivos de medición
en las dos ubicaciones.
La idea es llevar a cabo un número muy grande de mediciones en A y B y extraer la pequeña fracción en
la que las señales de los electroencefalogramas causaron cambios en los ajustes en A y B después de que
las partículas partieran de su posición original, pero antes de que llegaran a su destino y fueran medidas.
Si la cantidad de correlación en estas mediciones no coincidiera con las pruebas de Bell estandar,
estaríamos ante una flagrante violación de la teoría cuántica, y significaría además que las mediciones en
A y B estarían siendo controladas por procesos que no pertenecen al ámbito de la física.
"Aunque solo viéramos una única violación de la teoría cuántica -asegura Hardy- cuando usemos un
sistema que podría considerarse como consciente, humano o animal, sería ciertamente emocionante. No
puedo imaginar un resultado experimental más sorprendente en física que ese".
En efecto, llegar a esa conclusión significaría que los físicos empezarían a debatir sobre la existencia
misma del libre albedrío y su alcance real. Porque aunque la Física gobierne el mundo material, si
resultara que la mente humana no está hecha de esa misma materia, entonces podríamos ir "más allá"
de los límites de la física.
La mayor parte de los físicos no dudaría en afirmar que lo más probable es que al llevar a cabo este
experimento no suceda nada especial, que las leyes de la Física Cuántica se seguirán cumpliendo y que la
conciencia humana está hecha de lo mismo que todo lo demás. Sin embargo, opina Hardy, si alguien se
anima a llevar a cabo el experimento y obtiene un resultado inesperado, entonces el premio sería
enorme. "Sería la primera vez que, como científicos, ponemos nuestras manos en el problema de la
naturaleza de la concienciA.
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Meijer y Geesink proponen que el cerebro podría “comunicarse” con esos tipos diversos de campos
gracias a una geometría, la conocida como geometría de toro o toroidal, que básicamente está
constituida por espirales circunscritas en una esfera (se puede entender imaginando una rosquilla).
Al parecer, el toroide es la forma que tienen los átomos, los fotones y toda unidad mínima constitutiva
de la realidad. Pero no solo: Según los investigadores holandeses, nuestro cerebro se organizaría
también siguiendo esta estructura (aquí hemos hablado antes de las geometrías que forma el cerebro en
su actividad).
Esa coincidencia geométrica es la que permitiría al cerebro acoplarse a los campos que nos rodean, para
recibir de ellos información continuamente en forma de ondas. Gracias a esto, en nuestra mente se
actualizaría, de manera continua, un espacio de memoria global simétrica al tiempo.
Además, el acoplamiento y ajuste continuos del cerebro a los campos externos, afirman Meijer y
Geesink, permitirían guiar la estructura cortical del cerebro hacia una mayor coordinación de la reflexión
y de la acción, así como hacia una sincronía en red, que es la necesaria en los estados de consciencia.