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Novena A Juan Pablo II

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Novena a Juan Pablo II

Centenario de su nacimiento

Novena a Juan Pablo II (segundo día, 11 de mayo)


Himno (Cf. Marco Frisina)
Abrid las puertas a Cristo,
no tengáis miedo!
Abrid de par en par vuestro corazón
al amor de Dios
1. Testigo de esperanza
para quien espera la salvación,
peregrino por amor
en los caminos del mundo

Texto: Cruzando el umbral de la esperanza de Juan Pablo II


Totus Tuus. Esta fórmula no tiene solamente un carácter piadoso, no es una simple expresión de
devoción: es algo más. La orientación hacia una devoción tal se afirmó en mí en el período en
que, durante la Segunda Guerra Mundial, trabajaba de obrero en una fábrica. En un primer
momento me había parecido que debía alejarme un poco de la devoción mariana de la infancia,
en beneficio de un cristianismo cristocéntrico. Gracias a san Luis Grignon de Montfort
comprendí que la verdadera devoción a la Madre de Dios es, sin embargo, cristocéntrica, más
aún, que está profundamente radicada en el Misterio trinitario de Dios, y en los misterios de la
Encarnación y la Redención.
Así pues, redescubrí con conocimiento de causa la nueva piedad mariana, y esta forma madura
de devoción a la Madre de Dios me ha seguido a través de los años: sus frutos son la Redemptoris
Mater y la Mulieris dignitatem.
Respecto a la devoción mariana, cada uno de nosotros debe tener claro que no se trata sólo de
una necesidad del corazón, de una inclinación sentimental, sino que corresponde también a la
verdad objetiva sobre la Madre de Dios. María es la nueva Eva, que Dios pone ante el nuevo
Adán-Cristo, comenzando por la Anunciación, a través de la noche del Nacimiento en Belén, el
banquete de bodas en Caná de Galilea, la Cruz sobre el Gólgota, hasta el cenáculo del
Pentecostés: la Madre de Cristo Redentor es Madre de la Iglesia.

Oración
Oh, Dios, rico en misericordia,
que has querido que san Juan Pablo, papa,
guiara toda tu Iglesia,
te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas,
nos concedas abrir confiadamente nuestros corazones
a la gracia salvadora de Cristo,
único redentor del hombre.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén

Oración final a la Virgen María:


Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt.
Accipio Te in mea omnia.
Praebe mihi cor Tuum, Maria.

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