BRAC n84 1962

Descargar como pdf o txt
Descargar como pdf o txt
Está en la página 1de 274

BO LETIN de la Real

Academia de Córdoba,
de Ciencias, Bellas Letras
y Nobles Artes

JULIO A DICIEMBKE 1962


DEPÓSITO LEGAL
CO-27-1959 AÑO XXXIII - NÚM. 84

Tipografía Artística. - San A Ivaro, 1 - Teléfono 9 9 040. - COrdob.


SUMARIO
PÁGINAS

I Exhumación de la momia de Enrique IV, por Miguel An-


gel Ortí Belmonte
II Casas solariegas de Córdoba. Palacio de los Páez de Casti-
llejo, por Miguel Muñoz Vázquez ... 31-247
III Autores y comediantes que pasaron por Córdoba en los
siglos XVI y XVII, por Rafael Aguilar Priego... 65-281
IV Investigaciones prehistóricas, por Juan Bernier Luque.
Yacimiento paleontológico en Priego 99- 3 1 5
Cueva de la Murcielaguina Io2-318
Cueva de los Mármoles en Priego . 104-320
Cueva del Cañaveralejo en Adamuz io6-322
V Sobre las inscripciones de Monte Horquera, por José M.
Piñol Aguadé 115-33i
VI Un vaso campaniforme funerario en el Museo de Córdo-
ba, por Edward Sangmeister, trad. Piñol 1 4 1- 357
VII Un fundo romano en Cuevas Bajas, por J. Bernier 155-371
VIII Expedición arqueológica por el Guadalquivir, por G. E.
Bonsor, rec. y trad. J. Bernier '57-373
IX El cuadro de San Eulogio de Agustín Grande en el Se-
minario de Córdoba, por J. Valverde Madrid ... 169-387
X Los Monumentos de Córdoba oficiales ... 18 9-405
Obras y excavaciones ... 191-407
La cueva de Zuheros . 192-408
Disposiciones oficiales ... 1 94-4 10
Comisión de Monumentos en 1962 1 95 -4 11
Informes de la Comisión. Paseo de la Ribera 199-415
Derribo de muralla en Paseo de la Victoria 205-421
La muralla de Occidente 210-426
XI Bibliografía ... 217-433
XII Crónica académica 227-443
XIII Historia de la Casa de Córdoba por el Abad de Rute
(paginación separata desde la 397 a 416)

Publicación trimestral. Precio de suscripción: 200 pesetas anuales.


Precio de este número doble: 100 pesetas.

Domicilio de la Academia:
Palacio de la Diputación Provincial: Córdoba (España).
BOLETIN
de la

Real Academia de Córdoba

de

Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes

Ario XXXIII Julio-Diciembre 1969

IL---• ■•■"""b,

1 9 6 2

Tipogr.f.. A rtistica - San A lvaro 0


CR 1-1SPO
CÓRDOBA J. G;
Boletín de la Real Academia de Córdoba
de
Ciencias, Bellas Letras v Nobles Artes
Fundada en el afio de 1810
(Sigla BR A C)

Ineorporad• al Patronato <José María Cuadrado» del Consejo Superior de Investigaciones Científiras

AÑO XXXIII JULIO A DICIEMBR E 1962 Núm. ¿S 4

GALERÍA DE ACADÉMICOS

DON MIGUEL MUÑOZ VAZQUEZ


Nació en Villanueva de Córdoba el 16 de Marzo de 1909. Cursó los estudios
del Magisterio. Ingresó en nuestra Academia el año 1954 y leyó su discurso
de recepción como Numerario el 10 de Noviembre de 1962. Ha sido nombra-
do Académico Correspondien'e de la Real Academia de la Historia en 27 de
de junio de 1962. — Ha escrito la «Historia del Carpio», en cuya localidad
tiene vinculaciones familiares, premiada por la Academia, y sus trabajos histó-
ricos le han confirmado corno uno de nuestros más diligentes medievalistas,
como acreditan los trabajos que viene publicando en este RO' ETIN sobre el
Repartimiento de Córdoba, el Alcázar cristiano, las casas solariegas fundadas
en tiempos medievales, y abundante documentación inédita que conserva en
fecunda investigación de nuestros archivos.
Exhumación de la momia de Enrique IV

Por Miguel Angel Orti Belmonte

La noticia de que Enrique IV se encontraba momificado la tuve


hace más de veinte años en una conversación con el P. Carlos Villacam-
pa (q. e. p. d.) autor de la obra "Grandezas de Guadalupe", fraile en-
tonces en el Mona-sterio. Volví a tenerla en el año 1945 por un alumno,
hijo del médico de Guadalupe, que me dijo había bajado descolgándo-
se con unas sogas por detrás del retablo del altar mayor. Con gran di-
ficultad habían llegado a un pasillo en donde estaban dos ataudes de ta-
blas lisas, en uno de ellos, la reina doña María de Aragón y en el otro
Enrique IV, que se encontraba vestido y en muy buen estado de con-
servación, teniendo en las manos un pergamino, diciendo que por orden
del Prior del Monasterio, en el siglo XVII se había colocado allí el ca-
dáver del Rey. En cumplimiento de mi obligación de Correspondiente
de la Real Academia de la Historia, lo puse en comunicación de la Aca-
demia. Un condiscípulo, el marqués de Saltillo, Académico de número,
me decía después la sorpresa que hubo en la sesión, leyéndose íntegra mi
comunicación en medio del mayor silencio. Nombró la Academia una
comisión formada por don Manuel Gómez Moreno y el doctor don Gre-
gorio Marañón, para que fueran a Guadalupe. Previo permiso de la Je-
rarquía eclesiástica, se trasladaron al Monasterio de Guadalupe, a donde
llegaron en la tarde del 19 de octubre de 1946. Unas horas antes había
llegado yo para actuar de secretario, acompañado por el conde de San
Miguel y el bibliotecario don Gerardo Hernández. Estaba esperándonos
el padre provincial de la Orden Franciscana y el superior del Monaste-
rio, que me manifestaron que estaban tomadas todas las medidas necesa-
rias para el trabajo y que no había necesidad de bajar por detrás del re-
tablo, pues una de las tablas del banco del mismo coincidía con la gale-
ría o pasillo donde estaban los ataudes. Después de las doce de la noche
y cerradas las puertas de la iglesia, se procedió a quitar la tabla y apa-
reció la antigua puerta gótica de piedra del retablo primitivo, entrada a
5
222 Miguel Angel Ortí Belmonte

un pasillo que debió de ser comunicación a la galería que rodea el abside


por detrás.
Mi emoción era intensa, la segunda que en el campo histórico he
tenido en mi vida. La primera la tuve cuando clasifiqué y salvé para Es-
paña, el tesoro Feno-punico de Aliseda en un ambiente de excepticismo
y duda de los que no creían y veían en mí un visionario y que las al-
hajas estaban fabricadas por los orives de Ceclavin. La tercera y será la
última, cuando siguiendo una pista casi policiaca, encontré en poder del
conde de Torre-Arias los libros del camarero de la Reina Católica, San-
cho Paredes Golfín y sus huesos en un armario.
En aquella inolvidable noche, sentados en un banco de la iglesia, el
sabio doctor Marañón me decía : "Usted cree que murió envenenado el
Rey", "no doctor, le contesté, el primero que lo ha dicho es usted en
su trabajo publicado y llega a diagnosticar que el Rey fue posiblemente
envenenado con arsénico, lo que le motivó la muerte con vómitos y ori-
nar sangre". Me he dirigido al doctor Casares, catedrático de Análisis
químico, que me ha contestado que es posible un análisis.
El único documento coetáneo que denuncia el envenenamiento es
una carta dirigida a los Municipios por el secretario del Rey, don Juan
de Oviedo, pues por su poca edad la Beltraneja no pudo intervenir. La
emoción nos embargaba a todos, íbamos quizás a descubrir una de las
páginas más obscuras y tenebrosas de la Historia de España. Quitada la
tabica apareció la galeria y en el suelo las dos cajas, la de la reina doña
María de Aragón y la de su hijo Enrique IV de Trastamara. Se procedió
a sacar el ataud de la reina que se colocó delante del altar, desde el pri-
mer momento se vió que el cadáver estaba completamente comido por
los gusanos y la polilla, que al tocarlo se deshacía y el doctor Marañón
manifestó que nada se podía estudiar sobre aquellos restos.
La caja no era la que yo esperaba encontrar, que describe el padre
Flores, sino una de madera lisa y pequeña ; para entrar el cuerpo le ha-
bían cortado los pies por los tobillos, como a Cayetana, la duquesa de Al-
ba, era el Finis gloriae mundi, de Valdés Leal.
La de Enrique IV mucho mayor no cabía por el hueco, con gran
trabajo penetramos en la galería. El cráneo desprendido fue colocado so- ,

bre la mesa del altar mayor, Gómez Moreno exclamó, "habla, defiénde-
te", y mi imaginación me hizo ver y creer, que los labios secos y las cuen-
cas vacías de los ojos se movían e iban a hablar y mirar, pero el silencio
respondió a aquella exclamación del sabio que ha consagrado su vida
al estudio de la Historia de España. Eran las cuatro de la mañana, cuan-
6
Exhumación de la momia de Enrique IV 223

do terminaron los académicos de tomar notas y colocadas las cajas de


los reyes en el mismo sitio y la tabica, se dió por terminado el trabajo,
el misterio seguía envolviendo la historia de la muerte del desgraciado
y anormal Enrique IV.
Las fuentes documentales sobre el reinado y la figura como hom-
bre de Enrique IV han sido muy estudiadas, los trabajos de Sitges, Ma-
rañón, Bermejo de la Rica, Orestes Ferrara y Dubreton han dado luz a
su tiempo y a la persona del Rey, por lo que sin más documentos origi-
nales, nada nuevo se puede aportar.
Diego Enríquez del Castillo, el cronista y partidario del monarca
describe su físico así :
Era persona de larga estatura y espeso en el cuerpo, y de fuertes
miembros ; tenía las manos grandes y los dedos largos y recios ; el as-
pecto feroz, casi a semejanza de león, cuyo acatamiento ponía temor a
los que miraba ; las narices romas e muy llanas, no que así naciese mas
porque en su niñez recibió lisión en ellas ; los ojos garzos e algo espar-
cidos, encarnizados los párpados, donde ponía la vista mucho le duraba
el mirar; la cabeza grande y redonda ; la frente ancha ; las cejas altas ;
las sienes sumidas ; las quixadas luengas y tendidas a la parte de ayuso ;
los dientes espesos y traspellados ; los cabellos rubios ; la barba luenga e
pocas veces afeitada, el tez de la cara entre rojo y moreno ; las carnes
muy blancas ; las piernas muy luengas y bien entalladas ; los pies deli-
cados. Era de singular ingenio y de gran apariencia, pero bien razonado,
honesto y mesurado en su habla ; placentero con aquellos a quien se da-
ba ; holgábase mucho con sus servidores y criados ; avia placer para
darles estado y ponerles en honra ; jamás deshizo a ninguno que pusie-
se en prosperidad. Compañía de muy pocos le placia ; toda conversación
de gentes le daba pena.
Palencia el cronista enemigo del Rey, lo describe : Bien se pintaba
en su rostro estas aficiones a la rusticidad silvestre. Sus ojos feroces, de
un color que ya por sí demostraban crueldad, siempre inquietos en el
mirar, (1) revelaban con su movilidad excesiva la suspicacia o la amena-
za, la nariz deforme, aplastada, rota en su mitad a consecuencia de una
caída que sufrió en la niñez, le daba gran semejanza con el mono, nin-
guna gracia prestaba a la boca sus delgados labios, afeaban el rostro los
anchos pómulos y la barba larga y saliente, hacía parecer concavo el
perfil de la cara, cual si se hubiese arrancado algo de su centro. El resto
de la persona era de hombre perfectamente formado, si bien cubria siem-
pre su hermosa cabellera con feos casanetes o con otra cualquier inde-
7
224 Miguel Angel Ortí Belmonte

corosa caperuza o birrete y la blancura de la tez, con lo rubio de los


cabellos borraba las línesa del semblante. .Era de elevada estatura, las
piernas y bien proporcionadas ; más como dije, todo lo afeaba con su
indigno traje y más descuidado calzado. A nadie daba a besar la mano,
contra la costumbre de los príncipes españoles ; y aunque algunos lo
atribuían a humildad, los hechos sucesivos de su vida demostraran que
aquella apariencia de descortesía dimanaba de causa menos pura. Cual-
quier olor agradable le era molesto y en cambio respiraba con delicia
la fetidez de la corrupción y el hedor de los cascos cortados de los ca-
ballos, el del cuero quemado y otros aun más nauseabundos. De esta es-
pecie eran sus numerosas aficiones de modo que por este sentido del ol-
fato podía juzgarse de las demás.
(I) Castillo dice "donde ponía la vista mucho le duraba el mirar".
Palencia Decada I. Libro I. Capítulo II.

INTRIGAS EN LA CORTE

Corre el final del ario de 1474 Enrique IV ha revocado el Trata-


do de los toros de Guisando y ha vuelto a reconocer a doña Juana la
Beltraneja como hija suya, los príncipes Isabel y Fernando han contraído
matrimonio en forma novelesca, con la oposición del Rey que acusa a su
hermana de ser la barragana de don Fernando. Fracasado el proyecto de
matrimonio del duque de Guyena, hermano de Luis XI de Francia con
la Beltraneja, muerte, según el Memorial de diversas hazañas de Mosen
Diego de Valera, ocasionada por el veneno y que lo relata en la forma
siguiente :
E dende a pocos días el malaventurado Duque supitamente ovo tal
enfermedad, que se le cayeron las barbas e cabellos e cejas, e las uñas se
le apartaban de la carne, con gran dolor, e muchas otras señales pares-
cieron en él, de donde se conoció ayer yerbas rescibido, de que el Rey
ningún sentimiento mostró, antes con cara serena dió forma de ocupar
la señoría de su hermano e todas las otras cosas que poseía.
Entonces buscan para casar a la Beltraneja al prícipe Enrique For-
tuna, hijo del infante don Enrique, el de las luchas con don Alvaro de
Luna, que murió de resultas de una herida en la batalla de Olmedo, al
que según la crónica de Juan II le pusieron arsénico en la yaga, e de
allí le vino fiebre y se murió.
Vino a Castilla el infante con su madre ; el maestre de Santiago
quería que las Cortes se reunieran en Segovia y se diera a conocer el
Exhumación de la momia de Enrique IV 225

proyectado matrimonio, siendo jurada la Beltraneja por los tres estados


del reino. Era alcaide del alcazar de Segovia Andrés de Cabrera, ene-
migo del maestre que aconsejó al rey que le ordenase la entrega de las
puertas de San Juan y de San Martín, pero Cabrera al recibir la orden
se puso en comunicación con el cardenal Mendoza. El maestre quiere
hacerse dueño de la fortaleza y puente de Alcántara en Toledo, pero
no lo consigue y se producen encuentros entre los dos bandos, acu-
diendo el Rey a Toledo a poner paz y entonces conoce al hijo del
Maestre, el Marqués de Villena, su favorito desde entonces. El Maes-
tre aconseja ahora otro matrimonio, quizá por creerlo más favorable a
sus intrigas, el de la Beltraneja con el Rey de Portugal Alfonso V, y
para ello quiere una entrevista con el portugués en la frontera. El Car-
denal Mendoza inicia una correspondencia con Doña Isabel y por su
ascendiente sobre el Rey prepara el terreno para una entrevista entre
los hermanos. Se había terminado el motín de Segovia entre los judíos
conversos y los hidalgos a donde acudió el Rey. Cabrera y su tnujer
Bobadilla, hablan al Rey convenciéndolo de que debía de ver a los Prín-
cipes. La" crónica dice que el Maestre de Santiago ponía al Rey en con-
tínua necesidad y ablandaba su voluntad. Acordaron traer a Segovia
a Doña Isabel, la Bobadilla se fue a la Villa de Aranda donde estaba la
Princesa, y para que fuese en secreto se vistió de labradora y en un
asno fue por ella. Tenían noticia de este convenio el Cardenal y el
Conde de Benavente. Esto es lo que dice la crónica, la documentación
aporta un poco más. Hubo un pacto en el que intervino el licenciado
Madrid, el 15 de junio de 473, los Príncipes se obligan a no combatir
al Rey, a tenerle como verdadero Señor y padre. A servirle y facili-
tarle el que recobrara todo lo que habían detentado a la Corona. Ca-
brera a su vez garantiza a los Príncipes la seguridad de sus personas,
contra el mismo Rey si fuera preciso y promete mantener las riquezas
y cuanto hubiera en el Alcázar en el momento del convenio. Cabrera
tan poco olvidó sus intereses personales al pactar y Palencia, el cro-
nista, nos dice que exigió el Señorío de Moya, que más tarde le fue con-
cedido con el título de marqués llegando hasta solicitar como garantía
del cumplimiento, que la otra parte contratante le diera en prenda la
entonces única hija del matrimonio, la pequeña Isabel. La madre se opu-
so no obstante las presiones del arzobispo de Toledo y la insistencia de
Beatriz de Bobadilla. Cabrera amenazaba con romper lo pactado, licen-
ciar sus fuerzas y entenderse con el Maestre de Santiago. Hasta don Fer-
nando acusó de obstinación a doña Isabel.
226 Miguel Angel Ortí Belmonte

Con consentimiento del Rey entró en Segovia doña Isabel la que


ignoraba probablemente la existencia de este pacto y de que el Carde-
nal de España, el conde de Benavente, Santillana y don Beltrán de la
Cueva, se habian confederado. El rey se encontraba en el bosque y fue-
ron por él, el conde de Benavente y Cabrera y le suplicaron que se vi-
niese a la ciudad y le truxeron. Después de descansar y comer, fue el
rey al Alcázar y ella salió hasta el patio a lo rescebir, e vistos se abra-
zaron con mucho amor e se retruxeron a una sala donde asentados es-
tuvieron por gran espacio hablando. En fin como la princesa era pru-
dente e de mucho seso le dixo : Señor yo soy venida por dos cosas, la
primera por ver a vuestra Alteza, como a padre e señor y hermano ma-
yor, pues el deudo de la sangre lo requiere, la segunda a le suplicar que
le plaga, si algún enojo contra mí tiene, apartallo de sí ; e segund que
por mis cartas se lo suplique quiera mantener e guardar lo que prome-
tió e mandó, guando quiso que me jurase por princesa e legítima suce-
sora vuestra, porque de aquesto Dios sea servido ; e de lo contrario es
cierto que se seguirán grandes males visto que segund Dios, es justo de-
recho a mi pertenece la sub seción de estos Reynos después de los días
de vuestra Alteza, que Dios muchos años acreciente. El Rey le respon-
dió que avya seydo alegre con su venida y por quanto a lo al que el la
mandaría responder ; e asi se despidió della con gran cortesía.
Hay un intento por parte de doña Isabel aunque este discurso sea
imaginado por el cronista para obtener un reconocimiento de su dere-
cho, que el rey no le concede con gran cortesía. El documento de Za-
mora traslada esta prevención con las palabras, "Yo he seydo e soy muy
informada e certificada que de los dichos Rey e Reyna de Sicilia non
pudieron por aquellas vías atraher el dicho Rey mi señor a ello.
El maestre de Santiago se entrevistó con el duque de Alburquer-
que, quedando amigos y confederados y enviaban recados al Rey que
echara de Segovia a doña Isabel, e quanto quier que el Rey sabía a ello
e le plascia aprovechaba muy poco, porque los de su Consejo estaban
devisos en diversas opiniones e aficiones. Castillo dice que el maestre,
el duque de Alburquerque, el conde de Benavente y el licenciado de
Ciudad, Rodrigo querían e procuraban el partido de la hija del Rey y el
cardenal de España el condestable y el mayordomo Cabrera e Rodrigo
de Ulloa y el doctor de Madrid querían de secreto a la princesa herma-
na dél Rey.
Ante estas dilaciones y que ningún resultado daban que con su
venida se podría tomar alguna resolución. Cabrera y su mujer conven-
10
Exhumación de la momia de Enrique IV 227

cieron al Rey para que lo recibiera el cual convencido y pasearon y


cabalgaron por la ciudad el' Rey con los Príncipes con gran alegría y
contento del pueblo, que veía terminadas con estas paces las luchas ci-
viles. Entonces Andrés de Cabrera les dió una fiesta el día de los Reyes
en las casas del Obispo que estaban juntas con la iglesia Mayor y con el
Alcázar. El Rey ocupó la cabecera de la mesa, la Princesa un poco más
bajo y el Príncipe su marido junto a ella, así comieron con asaz placer.
Asistió a la comida el conde de Ribadeo que tenía el privilegio de co-
mer con los reyes en este día y de que le enviaran el traje que el Rey
vistiera. Después que así avieron comido el Rey y sus hermanos se retru-
xeron a una cámara a oir música ; que les daba una suntuosa colación,
e pasado algún espacio de tiempo, se sintió malo de dolor de costado ;
de tal son que fue necesario irse a reposar a su Palacio, donde por algu-
nos días estuvo muy trabajado. Pero fechas algunas precisiones e roga-
rías en la cibdad y en los Monasterios por su salud, pareció ayer me-
joría en su persona sin sentir dolor alguno, aunque siempre le quedaron
reliquias de cámaras e gomito y echar sangre por la orina hasta que
murió.

ENFERMEDAD DEL REY Y ULTIMOS VIAJES

En los días de la enfermedad del Rey en Segovia iban a verlo los


Príncipes y le suplicaban les confirmase en la sucesión. 'El maestre de
Santiago tramó un complot para entrar una noche en la ciudad y apo-
derarse de algunas torres, entrando después el grueso de su gente y pren-
dieran a los Príncipes. Vemos que había un fuerte partido que se opo-
nía a las pretensiones de los Príncipes, los cuales tenían en su poder a
doña Juana la Beltraneja. Un incidente en la villa de Carrión está a pun-
to de producir la guerra civil. Esta villa la recibió en donación el conde
de Benavente, pero disgustado el marqués de Santillana por tener allí
deudos de su familia y sepulturas de sus antepasados y la contestación
del conde de Benavente que los huesos se los mandaría en una esporti-
lla para que los enterrara en Guadalajara y además no cesaba de perse-
guir a los hidalgos de la casa de la Vega, lo que originó que el conde y
el marqués con los nobles y vasallos de sus casas acudieran a las armas.
Medió el Rey, que acudió con el Cardenal de España a impedir la ba-
talla y le pidió que como hermano del marqués y el maestre de Santia-
go como suegro del conde, interviniesen y buscasen un medio para una
concordia. Al fin se pusieron de acuerdo, pasando la villa de Carrión
11
228 Miguel Angel Ortí Belmonte

a la Corona, dando el Cardenal al de Benavente su villa de Magaña. El


maestre se fue con el Rey y la Corte a Madrid y consiguió que el Car-
denal regresara a Segovia a parlamentar con doña Isabel celebrando
unas conversaciones. De las cuales salió un pacto del que no sabemos
nada.
En Extremadura se produce otro incidente, al maestre le da el Rey
la ciudad de Trujillo y lleva al Rey a esta región, pero el alcaide de
Trujillo, Gracián de Sesé no la entrega y el Rey ante las dilaciones y el
seguir enfermo de camaras e gomitos y echar sangTe por la orina, regre-
só a Madrid, donde estaba la Beltraneja en poder del marqués de Ville-
na, el maestre quedó en Santa Cruz de la Sierra desde donde parlamen-
taba con el alcaide de Trujillo la que se permutaria con la villa de Sa-
helices de los Gallegos. Cuando llegaron los emisarios, el maestre que
estaba muy enfermo, lo sentaron en el fondo de la habitación a obscu-
ras para que no vieran su estado, a las dos horas murió, según Castillo
de una apostemación en la garganta. La muerte del maestre nos sumer-
ge en un mar de dudas, era este la fu-erza más grande defendiendo a
doña Juana, su muerte le privaba de su más entusiasta defensor. Tene-
mos otro documento, que es una carta de Gutiérrez de Cárdenas a don
Fernando, comunicándole los pormenores de la muerte. El maestre mu-
rió el 8 de octubre, o el 4, según otros, la carta tiene fecha 20 del mis-
mo mes, "dicen que murió de tres secas, que le dieron en la garganta ;
otros dicen que de esquinencia".
La seca llamaban al tiempo que tardan las pustulas de las erupcio-
nes cutáneas en secarse, y la esquinencia era una angina. Su cadáver fue
trasladado a Guadalupe y de allí al Monasterio del Parral, donde yace
en el magnífico sepulcro que hizo Sebastián Almonacid.
La muerte del maestre da lugar al último acto de gobierno del
Rey, que Castillo relata. Confirmó la posesión de todos los castillos, vi-
llas y ciudades del maestre a su hijo el marqués de Villena, dándole
tarnbién el maestrazgo de Santiago, para que sirviese y mirase por su
hija. Se dirigió en súplica al Papa para que confirmara su elección. El
de Villena actuando como maestre citó al comendador mayor de León,
conde de Osorno, el que le propuso como lugar de la reunión, por en-
fermedad de su mujer la villa de Villarejo, pero al llegar, acompañado
por el obispo de Burgos, fue preso en el momento de bajar del caballo
y llevado a la fortaleza de Fuentidueña. El Rey indignado salió para Ex-
tremadura para verse con el conde de Osorno, la entrevista fue violenta
y no accedió a nada, por lo que el Rey partió para Madrid. Allí fue a
12
Exhumación de la momia de Enrique IV 229

buscarlo el Arzobispo de Toledo, el cual por servir al Rey fue hacia


Fuentidueña con su hermano López Vázquez de Acuña, tuvo una entre-
vista con la condesa de Osorno y usando los mismos ardide s que el
conde, la cogió presa con su hijo, llevándolas a la fortaleza de Huete.
Entonces pusieron en libertad al de Villena, al que le dieron como rehen
a don Pedro de Velasco, hasta que recibiese a su mujer, su hijo y la vi-
lla de Maderuelo. Villena fue a besar la mano del Rey y durante todos
estos sucesos el cardenal de España no cesaba de trabajar al Rey para
que confirmara a doña Isabel en la sucesión de la Corona.

MUERTE DEL REY

El Rey en Madrid estaba muy delgado y debilitado, intentaba re-


ponerse y descansar de las marchas por los campos en los días frios de
noviembre que había recorrido. Donde creyó encontrar el descanso se
apoderó más de su cuerpo la enfermedad que lo embargaba, volvieron
los vómitos, agravándose tanto que los físicos pronosticaron que estaba
muy cercano su fin. Acordaron purgarlo, como así lo hicieron el domin-
go II de diciembre por. la mañana, pareció que se aliviaba, comió y dur-
mió por espacio de una hora sosegadamente. Al despertar le dió un
fuerte dolor de costado, tan agudo, que no le dejaba descansar, durándo-
le el dolor por espacio de diez horas. Los físicos dijeron al cardenal, al
condestable, al conde de Benavente y al marqués de Villena, allí pre-
sentes que se confesara porque no tenía más que tres horas de vida. Se
llamó a Fray Juan de Maguelo, prior de San Jerónimo del Paso, con
quien el rey se confesó por espacio de una hora larga. Terminada la pe-
nitencia Fray Juan le dijo que mirase por su alma y lo que disponía pa-
ra su enterramiento, a lo que el Rey respondió que en Santa María de
Guadalupe debajo de la sepultura de su madre y que dejaba por testa-
mentarios y albaceas al cardenal de España, al duque de Arévalo, al mar-
qués de Villena y al conde de Benavente. Mandaba que de sus joyas y
tesoros, fuesen pagados y satisfechos sus criados y servidores. Dicho és-
to, con muy poca pena, expiró a las dos horas de la noche, que se con-
taron once días del mes de diciembre, año del Nacimiento de Nuestro
Salvador Jesucristo de 1474. Tal es la narración seguida in passin de la
muerte del Rey, según su capellán y cronista Castillo.
Hernando del Pulgar, el cronista de los Reyes Católicos, es más
breve en las noticias de la muerte del Rey, nombra los mismos testigos,
pero omite al conde de Benavente y dice que no hallamos que hiciese
13
230 Miguel Angel Ortí Belmonte

testamento y solo hizo escrito de manos de un secretario que se llamaba


Juan de Oviedo, en quien confiaba lo siguiente :
"En Madrid a once días del mes de diciembre, ario del Señor de
1474 a las once horas de la noche, el Rey Nuestro Señor murió, dexó por
albaceas de su anima al cardenal de España e al marqués de Villena ; e
mandó que de la Princesa su fija se hiciese lo que el cardenal y el mar-
qués de Santillana, su hermano y el duque de Arévalo y el condestable
y el conde de Benavente y el marqués de Villena acordaran que se de-
bía hacer".
Mosen Diego de Valera, tiene más fantasía en la relación de la
muerte o son detalles que recibiera de cortesanos. Dice que no quería
obedecer a los f ísicos en su enfermedad, y que se tornó tan disforme,
que era cosa maravillosa el verlo y que con todo pensó que mejoraría
si viese los fieros animales que tenía en el Pardo y con este deseo ca-
balgó, pensando poder llegar allí, pero que muy cerca de la villa, enfla-
queció de tal manera, que tuvo que volver con gran trabajo y vuelto a
palacio, con pocos de los más allegados, estuvo echado en su cama, des-
fallecido y como quiera que conociese su cercano fin, ninguna mención
hizo de confesar ni recibir los Santos Sacramentos, ni hacer testamento
ni codicilo y como el físico fuese preguntado qué le parecía la enferme-
dad, respondió que pocas horas le quedaban de vida, y fueron entonces
a llamar al cardenal, al marqués, al conde de Benavente y a un devoto
religioso llamado Fray Juan de Mazuela, que había sido prior del Mo-
nasterio de Santa María del Paso, que fue muy de prisa y como cono-
ciese que estaba el Rey en fin de su vida, dulce y sabiamente le suplicó
que curase su alma y que oido por el Rey enmudeció, estando en la
cama mal vestido, no en la forma que suelen estar los enfermos, tenien-
do calzados los borcequies y ya mostraba el resuello apresurado, co-
menzándosele a trabar la lengua y como alguno de los que estaban allí
le preguntasen que a quién dejaba el reino, a su hermana, o a su hija,
sospechosa respondió que Alonso González de Turuegano, su capellán,
sabía su intención y como aquel religioso insistiese en que dijera a quién
dejaba por heredera de sus reinos, no respondió. Entonces el devoto re-
ligioso le dirigió un largo discurso, sobre el adulterio de doña Juana y
que había confesado que doña Juana no era su hija, y que había jurado
como legítima sucesora de sus reinos a la Princesa doña Isabel. Larga
arenga que Valera, siguiendo a los historiadores de su época, que imi-
taban a los de la antigüedad clásica y de que él tampoco se libró en esta
14
Exhumación de la momia de Enrique IV 231

página de su crónica, pone en boca del confesor. El cuarto documento


que refiere la muerte, es el del secretario Oviedo, que dice así :
E después el domingo en la noche a once días del mes de diciem-
bre del año que pasó de 1474, guando plugo a Nuestro Señor llevarle
desta vida presente, temiéndose ya de la muerte e aviéndose primera-
mente confesado, assi lo afirmó e certifico publicamente, e me dexó e
estableció e instituyó por su hija única, legítima, natural, universal he-
redera e sucesora destos dichos mis Reynos e Señoríos de Castilla e de
León e dexó e deputó por mis tutores e curadores e guardadores de mi
persona e bienes, los dichos, al Cardenal de España, e duque de Arévalo,
e marqués de Villena, e condestable de Castilla, e conde de Benavente,
e aun después cerca de la hora de su muerte, reconciliándose postrime-
ra vez con el prior Fray Juan de Macuelo, religioso de la Orden de San
Gerónimo, varón de gran prudencia e vida e fama certificado por el,
que ante de dos horas avia de finar, requiriéndole e exhortándole, que
por el sossiego de aquestos Reynos e por los dexar quitados de toda
duda, en remisión de sus pecados, dixesse e declarasse sobre este caso la
verdad de todo lo que sabía e entendía, e respondiendo dixo, que para
el paso en que estaba, assi su anima omese reposo, que yo era verdade-
ramente su fija e a mi pertenecían estos sus Reynos.
De este documento se desprende que el Rey se confesó y se re-
concilió y Fray Juan de Macuelo le requirió que dijese si doña Juana
era su hija a lo que respondió que por el reposo de su alma que era su
hija. Oviedo fué un testigo parcial de los sucesos que narra y continuó
de secretario con doña Juana y los detalles de la muerte ni dan ni qui-
tan valor al problema sucesorio.
"De cuerpo presente el Rey don Enrique, sin pompa alguna de
las que se acostumbraban hacer en la muerte de los Reyes, fue trasla-
dado a Santa María del Paso. El documento zamorano tiene un párra-
fo sangrante, seguramente cierto. E de quantos thesoros e oro e plata
e joyas e brocados e paños dexó el dicho Rey mi señor, e tenía nunca
dieron ni consintieron dar para las honras de su entierro e sepultura, lo
que para cualquier pobre Cavallero 'de su Reyno se diera. El cuerpo
estaba tan descarnado, que no hubo necesidad de embalsamiento. Casti-
llo dice que le hicieron funerales reales. Pulgar que el cardenal dijo la
misa. Palencia el cronista mentiroso que el entierro fue abyecto ; el ca-
dáver colocado sobre viejas tablas fue llevado al Monasterio de Paso,
cerca de Madrid sin ninguna pompa, por hombres que se habian alqui-
lado.
15
232 Miguel Angel Ortí Belmonte

El día o de diciembre salió de Guadalupe un cortejo fúnebre con


el cadáver del maestre de Santiago y Colmenares describe el lujoso en-
terramiento que tuvo en el Parral, que fue un contraste con la pobreza
de los funerales del Rey y su traslado al Monasterio de Guadalupe, por
el cardenal de España, fiel albacea en cumplir la ultima voluntad del
Rey, descansar el sueño eterno, debajo de su madre, quizás la única per-
sona que lo amó en la vida.
Otro problema que se planteó a la muerte del Rey, era la suce-
sión al trono, después de la revocación del tratado de los toros de Gui-
sando, reconoció a la Beltraneja como hija y heredera del reino. Al pa-
recer dictó su última voluntad a Oviedo y escrita por el secretario. Se
ha discutido si llegó a testar o no y si hubo interés en que desapareciera.
En el riquísimo archivo del Itmo. señor duque de Frías, en un catálogo
manuscrito, se menciona el testamento de Enrique IV, no he encontra-
do el documento, pero de todos modos a mi juicio es la prueba de que
testó y posiblemente confió en que se encontrara.

EL SUPUESTO ENVENENAMIENTO DEL REY

Sólo tenemos un documento que acuse de que el Rey fué envene-


nado y es la circular citada a los Consejos del Secretario Oviedo. De
los historiadores modernos, Orestes Ferrera lo descarta diciendo que no
encajaba en las costumbres de la Corte de Castilla, Marañón en la sep-
tima. edición de su Ensayo Biólogico sobre Enrique IV y su tiempo,
habla del supuesto envenenamiento con arsénico del que se ocupa desde
la primera edición de su trabajo publicado en el Boletín de la Real Aca-
demia de la Historia. Todas las relaciones de la muerte, coinciden que
el cuerpo era un montón de huesos y ésta pérdida de líquidos en el
cuerpo pudo ser una de las causas de su momificación. Se estaba en la
época de los venenos de los Borgias, falsedad histórica hoy probada,
leyenda formada contra un papa no italiano. En nuestros días se ha es-
crito de que Napoleón fué envenenado, falsedad tan grande que no me-
rece siquiera rebatirla. Oviedo escribió : "E lo peor es más grave, e de
mayor dolor, es para mi oyr sin descrivir, yo he seydo, e soy muy in-
formada, e certificada que de los dichos Rey e Reyna de Sicilia non pu-
dieron por aquellas vías atraher a dicho Rey mi señor a ello, propuestos
el temor de Dios y olvidando el deudo natural que con él tenían e la
obediencia que le devian como a su Rey e señor, en menosprecio de la
ley divina que manda e defiende, que ninguno non sea osado de tocar
16
Exhumación de la momia de Enrique IV 233

en su Rey, por que es ungido de Dios, nin de los pensar en su espíritu,


por codicia desordenada de reinar. Acordaron e trataron ellos, e otros
por ellos, e fueron en fabla e consejo de lo facer dare fueron dadas yer-
vas e pongoña de que después falleció, el qual fallecimiento algunos
mensageros fattores suyos frables a ellos, dixeron e publicaron en siete
o ocho meses antes, que el dicho Rey mi señor falleciese a algunos ca-
valleros en algunas partes destos dichos mis Reynos, afirmándoles e cer-
tificándoles que sabrían cierto, que avian de morir antes del día de Na-
vidad, e que non podía escapar, e aun el dicho Rey mi señor, assi lo dixo
e conocio en si mismo, mandándose curar dello, segun que todo esta ave-
riguado e sabido de tales personas phisicos, e por tan violentas presun-
ciones que fazan entera probanza e se mostrará mas abiertamente guan-
do convenga.
El doctor Marañón, escribió sobre la muerte del Rey
"Se atribuye, y probablemente con razón a estos gastronómicos
desórdenes el mal de ijada que padeció, nombre con el que entonces se
designaba un conjunto de enfermedades dolorosas del vientre aún no
diferenciados, principalmente las litiasis renal y hepática.
Sin embargo el final del desventurado Rey produce perplejidad en
el diagnosticador de ahora, porque no se 'acomodan en modo alguno a
la hipótesis de estos padecimientos los repentinos flujos de sangre y la
súbita hinchazón que le deformó antes de su tránsito. En los noticieros
contemporáneos encontramos, en trazos bruscos y expresivos, descrita su
sospechosa enfermedad postrera ; y en algunos se adivina la complacen-
cia del autor ante el lamentable final del odiado monarca.
Nada aprovechó el repentino y abundante flujo sanguíneo, nos di-
ce Palencia ; antes en el espacio de dos días, le hizo perder todas sus
fuerzas, y desde el primero la extremada debilidad le volvió deforme.
Valera : Se tomó tan disforme que era cosa maravillosa de ver. Castillo
refiere los vómitos y camaras, que se aliviaron con purgas, no recetadas
esta vez por el mismo, como era su hábito, sino por los médicos ; em-
peorando después, con dolor de costado rabioso, hasta que murió. Que-
dó tan deshecho, añade este autor, que no fue menester embalsamarlo.
¿Qué fue todo ésto? El ánimo se resiste a investigarlo. La "Ver-
sión oficial" de la muerte, tal como se le comunicó al Rey don Fernan-
do, que estaba en Zaragoza, fue un flujo de sangre. Pero hemos de in-
sistir sobre lo extraño de la sintomatología que reproducen, acordes, es-
tas referencias, ¿Nefritis? ¿Lesión cardiaca? ¿ cáncer? se dirá, y cierta-
mente, forzando un tanto la interpretación, podría acomodarse el relato
17
234 Miguel Angel Ortí Belmonte

a cualquiera de estas presunciones. Más es lo cierto que mucho mejor


que a cualquiera de ellas se acoplan los trastornos descritos a los de un
envenenamiento ; tal vez el arsénico, el más usado por entonces, en cuya
fase final hay una intensa gastro-enteritis sanguinolenta y anasarca.
La simple influencia de sus paseos debilitantes, en la frialdad del
otoño castellano por los campos y bosques de el Pardo, tampoco expli-
can, como quieren otros su súbita muerte. En cambio, encaja tan bien
esta sintomatología en la sospecha del envenenamiento, que moralmente
nos queda la casi certidumbre de que ésta fue la causa del término de
su infeliz vida y reinado. Recuérdese que en el documento que doña
Juana la Beltraneja, dirigió al Consejo de Madrid (es el mismo de Za-
mora) se afirma la realidad del asesinato. En este manifiesto, publicado
por Zurita, se dice, en efecto : "por codicia desordenada de reinar acor-
daron y trataron ellos, y otros por ellos y fueron en habla y consejo de
hacerles dar y le fueron dadas, yerbas y ponzoña de que después falle-
ció. No tenemos competencia para juzgar la veracidad y autenticidad
de estas acusaciones, que suponen un verdadero complot de los partida-
rios de doña Isabel contra su hermano. Pero con toda prudencia, pode-
mos afirmar que coinciden, mejor n'inguna otra hipótesis, con la inter-
pretación actual de los sintorhas de su muerte".
La calumnia en todos los tiempos ha sido un arma poderosa y
Oviedo, que debía de ser hombre listo, pensó y la utilizó contra Isabel
la Católica en la guerra de sucesión. Cabe la posibilidad de que alguien
de la servidumbre envenenara al Rey, dándole varias veces dosis de ve-
neno, pero en este supuesto, hubo un impulso de otra persona o perso-
nas. Vamos a hacer la semblanza de las personas que rodeaban al mo-
narca y el lector formará su juicio personal.

PERSONAJES DE LA CORTE QUE RODEABAN A LOS REYES

Juan II de Aragón, el padre de don Fernando el Católico, estaba


muy lejos de la Corte de Castilla, en la que tanto había figurado como
infante y rey de Navarra ; en su moral es un producto de las más ver-
gonzosas costumbres del renacimiento. Si es difícil probar su participa-
ción en la muerte del Príncipe de Viana su hijo, no así el infame trato
que le dió, despojándolo de un reino que era suyo, el de Navarra y ne-
gándose a reconocerlo como heredero del trono de Aragón. El príncipe
después de las guerras de beamonteses y agramonteses, estuvo en la corte
del rey de Francia, en Nápoles con su tio Alfonso V y en Sicilia. Tuvo
18
Exhumación de la momia de Enrique IV 235

que venir de este reino a Aragón por mandato del padre. Era feliz en
aquel monasterio consagrado a sus estudios históricos. Vuelve a Aragón
y encuentra la muerte en 1461 en Gerona, de una manera tan sospechosa
que la voz de la nobleza y del pueblo acusa, sin pruebas, a su madrasta,
la hija del almirante Enríquez, doña Juana. Con esta muerte quedaba
asegurado el trono a su hijo el príncipe don Fernando. Palencia la de-
fiende diciendo que habían perdido la memoria de su larga enfermedad
y de la parálisis que le aquejaba. Aún hoy día sigue flotando el misterio
alrededor de la muerte del Príncipe de Viana y poetizada su figura, la
historia, que no puede luchar contra los poetas y novelistas.
La hermana del Príncipe, la desgraciada princesa doña Blanca, fue
la primera esposa de Enrique IV, declarado nulo el matrimonio por sen-
tencia eclesiástica y aprobada por el Papa, fue tambien blanco de las iras
del padre y de la cruel madrasta que trajo como consecuencia su pri-
sión en el castillo de Orther. Dejó como heredero de su reino a Enri-
que IV y su figura moral se eleva ante la carta en que perdonaba a su
padre de sus persecuciones. Murió posiblemente envenenada, probable-
mente de orden de su hermana doña Leonor. Castilla estaba lejos, pero...
la distancia y las relaciones con la Corte, eran tan grandes, que don Juan
estaba siempre informado de lo que ocurría. No hay pruebas contra
Juan II, sólo su baja moral y sus costumbres.
Andrés de Cabrera, alcaide de Segovia, es figura honrosa en su
moral, modelo de fiel vasallo, con panegiristas de su vida es precisamen-
te de la virtud que carece, en los momentos trágicos del final del reina-
do de don Enrique. Inclínase al sol que más calienta, que eran los prín-
cipes, don Fernando y doña Isabel. Se ha dicho que era de sangre judía.
Mayordomo de Palacio, ha obtenido la confianza del Rey y con ducti-
lidad aspira a estar con el Rey y sus posibles sucesores, lo que conse-
guirá. No fue leal al Rey en sus últimos momentos, y aún después de
muerto a él se le debe achacar el que no diera los paños y tapices para
los funerales reales.
El cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, debía
la púrpura cardenalicia a doña Isabel, arrastró a su favor toda la fami-
lia de los Mendoza, es un prócer inteligente, mecenas, con talento y am-
biciones. Como sacerdote no es un asceta, tiene hijos, los bellos pecados
del cardenal arrastraban su lujo y nobleza por la Corte y fueron troncos
de títulos. Tuvo en sus manos todos los hilos de las intrigas y de los pac-
tos, nunca cumplidos, y que como ocurre en muchos tratados, no tienen
otra finalidad que quererse engañar los contratantes. Cumplió como al-
19
236 Miguel Angel Ortí Belmonte

bacea, llevando el cadáver a Guadalupe y levantándole un sepulcro de


alabastro a su costa. Fundó una memoria de misas por el alma del Rey,
cuya documentación guarda el Archivo del Monasterio.
Don Juan Pacheco, maestre de Santiago y marqués de Villena, tí-
tulo que pasó a su hijo, fue el doncel de las mocedades de don Enrique,
su favorito y consejero en las luchas contra don Alvaro de Luna. Se
había enriquecido extraordinariamente, dueño de castillos y señor de va-
sallos y señoríos, era la fuerza más poderosa del reino, por su astucia y
sagacidad, que no reconocía límites. De él dice Hernán Pérez del Pul-
gar, que era maestro en fingir y disimular y quizás en el pensar, cuan-
do decía que para enriquecerse uno en breve tiempo eran menester dos
pocos y dos muchos, poca vergüenza y poca conciencia, mucha codi-
cia y mucha diligencia. Se había casado con la hija del Conde de Haro,
para sellar uno de los muchos pactos de la nobleza y unirse a los gran-
des de los que era desamado. Fue el Maestre el alma mala de este rei-
nado, siempre fraguando intrigas y enredos y tan pronto en un bando
como en otro, con tal de ser jefe de un partido y con aureola de en-
venenador, Palencia lo culpa de la muerte del Infante Don Alfonso, el
coronado en Avila. Falsa imputación pues Don Alfonso murió vícti-
ma de una epidemia que azotó la región.
Bermejo de la Rica, dice del Maestre, que era el prototipo de la des-
lealtad, de la política ruin, baja, materialista, repulsiva. Su hermano el
Maestre de Calatrava un blasfemador baratero, ignorante, colérico y no
menos traidor que el Maestre. Más adelante vuelve a formular juicio
"Mucho se ha estudiado la figura del Marqués de Villena y todos los
autores, antiguos y modernos estan acordes en presentarle como un
monstruo de hipocresía, ambición, sagacidad e inteligencia. La mayoría
de los autores sólo ven de Villena, al hombre roído por la envidia, des-
pertada por el encumbramiento de D. Beltrán de la Cueva y después al
ambicioso que no descansa hasta obtener por propia mano el Maes-
trazgo de Santiago.
Don Gutiérrez de Cárdenas fue a Aragón con Palencia para acom-
pañar a don Fernando, cuando disfrazado de mozo de mulas penetró en
Castilla para casarse con Doña Isabel. En la fortaleza de Dueñas fue el que
indicó a la Princesa, señalando a Fernando : es ese, ese es, por ello queda-
ron en el escudo de los Cárdenas como blasón las S S. Llevó el estoque
real en la proclamación de Isabel. Contador de la Reina y Comendador
Mayor de León, se distinguió en las guerras de Granada, es figura secun-
20
Exhumación de la momia de Enrique IV 237

daria pero como tantos otros engrandecen en el reinado de los Reyes


Católicos.
El Conde de Benavente, D. Rodrigo Pimentel, fue el que derribó
al muñeco de barro, en la triste parodia del destronamiento del Rey en
Avila y proclamación del Infante Don Alfonso. Toma parte en las intri-
gas cortesanas, y es una fuerza poderosa. Pretende el Maestrazgo de San-
tiago e intenta matar traidoramente a su suegro el Maestre. Sus deseos de
riquezas y poder los dominan. La toma de la Villa de Carrión, está a
punto de ocasionar una lucha nobiliaria, que hubiera terminado en dra-
mática, pero el Rey, siempre con las concordias, le da la Villa de Magaña.
Primero enemigo de Enrique IV, se convirtió luego en un ardiente
defensor de Doña Juana, su parentesco con el Príncipe Enrique Fortu-
na le haría sospechoso en una prueba ante un tribunal. No le podía be-
neficiar la subida al trono de los Príncipes, y sí la de Doña Juana, pero
astuto pedía que fuera jurada en Cortes y contrajera matrimonio.
D. Alfonso Carrillo de Albornoz, Arzobispo de Toledo, fue una de
las primeras figuras en la proclamación del Infante D. Alfonso. Sacerdote
honesto, pero más soldado que anacoreta, fastuoso, mecenas, protector de
las letras, intrigante, violento, no vacila en falsificar la bula pontificia de dis-
pensa de parentesco de Isabel y Fernando, convencido de antemano, de que
la Princesa no hubiera contraído matrimonio sin tener la dispensa del Papa.
Insatisfecho por no haber obtenido el capelo cardenalicio se hace enemigo
de la Princesa Isabel y se pasa al bando de Doña Juana. "Yo la saqué de hi-
e de yervas, e otros secretos de natura. Fue alquimista. El pensamiento
de este Prelado era más alto que sus fuerzas y su gran corazón no le
dejaba discernir. De enemigo se convirtió luego en uno de los más apa-
sionados defensores de Doña Juana, luchando a su favor en la guerra de
sucesión. Esto hace alejarse del arzobispo la participación en el supues-
to crimen. Era partidario de una política de integración de la alianza.
No hay que olvidar su frase Stella tota sit Hispania.

LOS REYES

La egregia figura de la Reina Isabel la Católica, queda fuera por


completo de toda sospecha, su vida fue pura e inmaculada, rechazó la
corona a la muerte de su hermano Don Alfonso, mientras vivió el Rey.
Don Fernando el Católico, fue un político maquiavélico, la mentira y
el engaño fue arma que utilizó muchas veces. No vaciló en reducir a
prisión al Duque de Calabria en el castillo de Játiva, nada más que por
21
238 Miguel Angel Ortí Belmonte

haber sido un pretendiente de Doña Germana de Foy, que fue puesto


en libertad por Carlos V. Baltasar Gracian lo defendió en su conocida
obra. Pero no existe una sola prueba para poder acusarlo como tampoco
de inductor. Misterios de la historia que nunca se podrán saber ni acla-
rar.

ENVENENAMIENTOS HISTORICOS

En todas las épocas han existido sospechas de envenenamientos, ca-


si siempre sin comprobar. El Papa Bonifacio VIII. el de las luchas con
Felipe el Hermoso, que murió después del atentado de Aragón, se es-
cribió que fue el veneno el que puso fin a sus días. Benedicto XI que
lo fue con higos en el 1304, al parecer lo que tenían eran hongos ve-
nenosos.
En Castilla, en el reinado de Pedro I el Cruel, murió Doña Isabel
de Lara, mujer del Infante Don Juan, que estaba en Jerez de la Fron-
tera "e dicen que por mandado del Rey le fueron dadas yerbas". Tam-
bién acusan al Rey de que mandó dar veneno a Doña Blanca de Bor-
bón, su desgraciada esposa.
En Inglaterra también se ha escrito que Eduardo IV y Ricardo III
fueron víctimas del veneno.
Portugal tampoco se ha librado de esta acusación. Juan II, el con-
temporáneo de los Reyes Católicos, cuyo reinado tiene un paralelismo
con el de nuestros reyes.Después de la muerte del Duque de Braganza
y el abatimiento de la nobleza, murió en 1495 ; su cadáver se conserva
momificado y han existido sospechas de que murió envenenado.
El veneno usado principalmente en el siglo XV fue el arsénico. La
primera noticia que hay es del ario 1384, en que Carlos el Malo de
Navarra, dice al Menestral Wandreton, encargado de envenenar a Car-
los VI de Francia y a los Duque de Borgoña, Valois y Borbón:
Tu vas a París ; tu pourras faire grand service si tu veux. Si tu
teux f aire que je te dirai, je te ferai tout aisé et moult de bien. Tu fera
ainsi: il est une chose qui s'appelle arsenie sublimat. Si un home en man-
geant auusi gros q'un pois, jamais ne vivrait. Tu en trouveras a Pampe-
lune, a Bourdeaux, a Bayone et par toutes les bonnes villes ou tu passeras,
es hotel des apothicaires. Prends de cela et fais-en de la poudre et quiand
tu seras dans la maison du roi, du comte de Valois, son frére, des ducs
de Berry, Bourgone et Bourbon, tiens toi prés de la cuisine, du dressoir
ou des quelques autres lieux, ou tu yerras mieux ton point ; et de cette
22
Exhumación de la momia de Enrique IV 239

poudre mts en potages, viande et vins, au cas que tu pourrais le faire pour
ta sureté ; autrement ne le fais point (Hoefer, Histoire de la Chimie; y
Sismondi, Histoire des Francais, tomo XI, 488).
Al cabo de 489 años, es como si el Rey Enrique IV, saliera de su
tumba pidiendo justicia a la Historia, para probar con su cuerpo que lo
escarnecieron y vilipendiaron amigos y enemigos. Que si su pueblo su-
frió desgracias y guerras por su falta de carácter, el pagó con su vida
la anormalidad física y moral que le dominó en esta vida terrena.

APÉNDICES

Informe de la Real Academia de la Historia

"Noticiosa esta Real Academia, por conducto de la Comisión de


Monumentos de Cáceres, de que la sepultura del rey Enrique IV de Cas-
tilla, en el monasterio de Guadalupe, no se conservaba con el honor de-
bido, acordó que una comisión de su seno, constituída por los abajo fir-
mantes, procediese a su reconocimiento, dando cuenta a la misma de la
información obtenida.
"En la consecuencia, previa autorización de las autoridades ecle-
siásticas, Arzobispo de Toledo y Provincial de la Orden franciscana, y
con la intervención eficacísima y por todos conceptos acogedora, del
susodicho P. Provincial y de la comunidad usufructuaria del monasterio,
se procedió al reconocimiento de dicho sepulcro, en la noche del 19 de
octubre último, cuyo resultado, con las ilustraciones oportunas, expone-
mos a la consideración de la Academia.
"Era notorio que Enrique IV, en las disposiciones verbales con
23
240 Miguel Angel Orti Belmonte

que, al parecer, cerró sus cuentas en este mundo, dispuso que fuera se-
pultado su cuerpo debajo del de su madre la reina doña María, primera
esposa de Juan II, en el monasterio de Guadalupe, del que ella fue devo-
ta y también favorecido por el rey su hijo.
"Dentro de las divergencias con que se refieren los últimos días
de este desdichado monarca, parece inferirse que, ya herido de muerte,
le acometió el ansia de volver a su amada soledad campesina, yéndose
a El Pardo a caballo ; pero hubo de regresar a Madrid antes de lograr-
lo. Echóse en el lecho, vestido como estaba, y así murió en la madruga-
da del día z de diciembre de 1474. Por de pronto, sin ceremonia algu-
na, a hombros de gentes alquiladas, puesto su cuerpo sobre unas tablas
viejas, y sin embalsamar, ya que la extremada consunción a que había
llegado no lo exigía, se le llevó al monasterio de San Jerónimo del Paso.
Después, en fecha no conocida, fue trasladado a Guadalupe, donde se le
hizo monumento funerario a expensas del Gran Cardenal Mendoza. Lo
demás, hasta un traslado en 1618, solamente por indicios alcanzamos a
saberlo.
"La iglesia de Guadalupe es edificio del siglo XIV, con cabecera
poligonal y ocupado solamente su paño de en medio por el retablo. Pe-
ro éste se renovó en dicho ario, tal como aún subsiste, abarcando los dos
paños laterales de la capilla, y entonces quedaron ocultos sendos arcos,
como nichos, dispuestos en ellos. Sólo pudimos reconocer una en bajo,
en el lado del Evangelio, de poco fondo y con molduraje gótico ; mas
es presumible que encima haya otro, invisible ahora a causa del retablo,
donde pudo estar el sepulcro del susodicho rey, así como el de su ma-
dre consta que estuvo en el lado contrario.
"Ello explica que también en 1618 se organizasen nuevos arcos en
los muros contiguos, hechos de mármoles a gusto clásico y con elegan-
tes epitafios latinos, que atestiguan, para el rey, una alusión al anterior
sepulcro "monumento de antigua y menos conveniente estructura" ; y en
el de la reina, que, "casi deshecho con el tiempo su antiguo sepulcro,
había sido trasladado a lugar más apto". Añádase a ello por Flórez, de
que este antiguo sepulcro era una caja de madera forrada con planchas
de bronce y letras que decían : "Aquí está la reina de Castilla doña Ma-
ría". Pero estos nuevos nichos, con toda su ponderada magnificencia, no
tenían capacidad para albergar los cuerpos momificados de ambos re-
yes ; quizá se intentó remediarlo separando las piernas al de la reina,
tal como ha aparecido ahora ; mas, en resolución, se colocaron allí sim-
24
Exhumación de la momia de Enrique IV 241

plemente sus imágenes arrodilladas, de madera, fingiendo ser bronce


dorado.
"No se tenía noticia clara, al parecer, hasta estos últimos tiempos
del sitio donde yacían los reyes ; pero una circunstancia fortuita obligó
a que alguien se descolgase con una maroma por detrás del retablo hasta
abajo, donde pudieron reconocerse los ataúdes. Ahora ello se logra fácil-
mente levantando un tablero del banco del retablo, y así pudimos llegar
al escondrijo, más que cripta, excavado rudamente en el grueso muro,
con aspecto de cueva. Su amplitud, poco más de dos metros por uno,
enlucido y blanqueado, con señales al costado derecho de haberse abier-
to allí una brecha posteriormente y luego tapiada de nuevo : dicen que
aquello fue paso antiguo para el camarín de Nuestra Señora. Su acceso
natural es por el arco susodicho, que levanta del suelo apenas medio me-
tro. Allí dentro se mantienen los dos ataúdes, cajas de pino sin hechura
apropiada ni forro ni pintura, y cuyas tapas están hasta desclavadas ahora.
"Sobre el suelo quedó la caja del rey ; encima, la de la reina. El
largo de ella excede poco de 1,20 m. ; y dentro está la momia, no mal
conservada, pero falta de las piernas desde la rótula, desnuda y envuelta
en una sábana con bordados de tipo popular a ambos extremos, como
los paños de ofrenda castellanos, y datará de la fecha del traslado, que
consta allí mismo relatado en un pequeño pergamino.
"Otro semejante contiene la caja del rey, principal objetivo de
nuestra investigación. La momia no presenta más avería que haberse des-
prendido su cabeza, más alguna de las vértebras cervicales. Yace sobre
un paño de brocado, que luego analizaremos, y debajo hubo de añadir-
se, cuando la traslación, una sábana lisa ; ambas telas cubrían la momia,
y a donde no alcanzaban, sobre las piernas, se extendieron dos pedazos
rectangulares del brocado mismo.
"De ropas quedan solamente las mangas de la túnica, que era de
terciopelo morado liso, y fragmentos casi deshechos de lienzo basto, re-
siduos de la camisa u otras prendas interiores. Bien conservadas, unas po-
lainas de cuero recio, que llegan por delante hasta encima de las rodillas
y por detrás hasta las corvas, y son de color oscuro y completamente
lisas, al parecer. Nótese que las crónicas hacen constar cómo el pobre
rey se echó en la cama a medio vestir, con miserable túnica y calzados
unos borceguíes moriscos, que le dejaban los muslos al aire. Aun consta
que así los llevaba de continuo sobre los zapatos. Estos faltan, y todo in-
clina a creer que se dejó el cadáver sin ceremonia de lavado ni mortaja
25
242 Miguel Angel Orti Belmonte

ni accesorio alguno : caso tan miserable de incuria quizá nunca se haya


visto.
"El paño de brocado a que antes se aludió, no va puesto como
capa, sino extendido, y es a un lado donde se le aprecia una escotadura
muy abierta, como para el cuello ; mas de la forma y tamaño no pudi-
mos hacernos cargo ; sólo que carece de forro y de guarnición. Es pieza
de gran estilo ; terciopelo verde aceitunado, destacando sobre fondo ra-
so un ramaje ondulado con florones, ya provistos de núcleo central te-
jido con oro, ya enteramente de esta misma labor en oropel u oro de
Chipre, dispuesto con espolines y circunscrito, por consiguiente, a sus
campos exclusivos. En conjunto resulta una composición perfectamente
equilibrada y bellísima,- a golpes de florones en posición alternada y bro-
tando de troncos nudosos con algo de hojas, y cuyo vellutado opulento
resalta sobre el campo raso ,y más débil de entonación, aunque también
verde : un sentido semioriental semigótico presidió en esta magnífica
obra. El ancho de la tela alcanza a 62 centímetros, sin las orillas, que lle-
van dos fajas de colores blanco y rubio en labor de sarga. Es probable
que esta prenda fuese ya vieja cuando se la empleó aquí, pues aparecen
otras de arte análogo en pinturas italianas de la primera mitad del siglo
XV, así como es notorio que hacia el 147o eran ya lo corriente otros
brocados a base de flores de cardo y con grandes desarrollos. Telas de
este mismo estilo, aunque sin oro, se adjudican a los talleres venecianos,
y de ellos saldría el ejemplar nuestro.
"Si fue capa, como parece verosímil, pudo servirle de atadero una
cinta, que apareció suelta por encima de la cabeza. Su largo, cerca de
un metro ; ancho, 13 milímetros ; su labor exactamente como las cintas
de los sellos en diplomas castellanos del siglo XIV. Va tejida a mano,
formando cadenetas falsas, con hilos torcidos de lino, pardos, rojos, blan-
cos, amarillos y azules, rematando por un extremo en borla hecha con
los mismos hilos, a partir de un nudo en que se entrelazan cordoncillos
verdes y rojos. Al parecer, esta cinta iba prendida por su mitad en dos
cabos de a 8o centímetros, incluyendo la borla.
"Y ahora, unas palabras sobre el cuerpo de los reyes. El de doña
María es la momia de una mujer de talla media, sin nada que anotar.
Aquella pobre señora, muerta joven, agobiada de sinsabores y con sospe-
chas de haber sido envenenada, es hoy una carroña como las demás,
amputadas las piernas para acomodarla a un féretro reducido.
"La momia de su hijo está, como antes se ha dicho, bastante bien
conservada. La desecación de los tejidos blandos ha borrado los caracte-
26
Exhumación de la momia de Enrique IV 243

res propiamente vitales del rostro y del cuerpo, dependientes de la fres-


cura de los tegumentos ; pero las proporciones y el aspecto general del
organismo se pueden observar casi tales como en vida fueron. Una mo-
mia es un esqueleto que se mantiene armado por el forro de la piel aper-
gaminada y permite estudiarle en su conjunto.
"Lo primero que destaca en la momia de Enrique IV es su corpu-
lencia. El féretro es mucho más largo que el de la reina madre y no se
pudo extraer de su tumba por el estrecho ventanal abierto en el retablo.
Fue preciso examinarlo entrando nosotros, como pudimos, en el interior
de la cripta. A esto se debe la imperfección del retrato de conjunto, que,
a pesar de la habilidad del señor Calparsoro, no se pudo lograr más que
en proyección forzada y con mala luz.
"La cabeza, espontáneamente desprendida del tronco, como es fre-
cuente en los cuerpos momificados, se sacó a la iglesia y, colocada en el
altar mayor, sobre uno de los trozos de paño que envolvían el cadáver,
pudo ser fotografiada con más holgura y perfección.
"La talla actual de la momia es de 1,7o metros. Se calcula que la
momificación completa disminuye la talla del vivo en 12 a r s centíme-
tros, al desecarse los discos intervertebrales y el resto de los tejidos. Si
a ello se une en nuestro rey el desprendimiento de alguna de las vérte-
bras cervicales que ligaban la calavera a los hombros, puede, sin temor
a errar, calcularse en más de 1,8o metros la talla que don Enrique tu-
viera en vida.
"La cabeza y el tronco son muy recios : la anchura del diámetro
superior del vasto pecho alcanza a so centímetros, igual que la de cual-
quier varón robusto vivo, y la anchura de las caderas era aproximada-
mente igual a la del tórax. En la fotografía de la momia se aprecia bien
este detalle, que se acentúa y corrobora por la exagerada convergencia
de los muslos, más parecida a la disposición de la mujer que a la del va-
rón, en el que, por ser la pelvis menos ancha, las líneas de los muslos
descienden casi paralelamente.
"Las piernas son notoriamente largas, en proporción a la altura
del tronco, según puede comprobarse en la fotografía, aun con el des-
cuento a que obliga la forzada proyección con que fue tomada. Ningún
detalle puede anotarse respecto de los brazos, cruzados para el descanso
eterno sobre la parte baja del pecho, ni respecto de las manos, con de-
dos que parecen recios y largos, en cuanto deja ver la destrucción del
tiempo, así como en los pies. Lo que queda de éstos muestra una incli-
nación exagerada hacia afuera, en la posición llamada pie valgo.
27
244 Miguel Angel Orti Belmonte

"El cráneo es de notable robustez por su masa total, redondeada,


y por todos los detalles de su arquitectura ósea. La frente es alta y dila-
tada, robusto el inio del occipital y cada uno de los relieves del cráneo
que aparecen muy bien definidos en las diversas fotografías, sobre todo
en la de la base craneal.
"Robusta es también la mandíbula inferior, muy bien conservada
con todos sus dientes, así como los de la superior, intactos y de fuerte
contextura, aunque de mala implantación. En la fotografía lateral se ob-
serva la recia masa que forman el macizo de esta mandíbula inferior y
el resto de la osamenta facial, comparándola con la masa del cráneo. De
muelas faltan algunas, comprobando que padeció de ellas, como atesti-
guan sus biógrafos.
"Los huesos de la nariz aparecen intactos. Los ojos, cerrados y
muy separados, como corresponde a la amplitud de desarrollo de los se-
nos frontales, y la boca es grande, mostrando todavía el prognatismo in-
ferior que le imponía la enérgica mandíbula : y esto es todo.
"Anotemos ahora, con satisfacción de historiadores, el perfecto
acuerdo entre estos datos directos y los que nos comunicaron los cro-
nistas y viajeros sobre la figura viva del último Trastamara. Prescindimos
de los retratos plásticos, balbucientes y quizá inspirados, más que en la
realidad, en el recuerdo, y trazados bajo la sugestión de la mitología
egregia : tal, el más conocido, el del códice de Stuttgart, publicado en la
relación del viaje de Jorge Ehingen, inserto en el libro de Fabié y des-
pués reproducido innumerables veces.
"Mucho más valor tienen las descripciones literarias, y sobre to-
do la de la Crónica de Enríquez del Castillo y su variante de la bibliote-
ca de El Escorial que publicó Rodríguez Villa. Enríquez del Castillo,
contemporáneo del rey y su capellán y cronista, nos dejó una admirable
silueta de su señor, de la que un ilustre compañero nuestro escribió, con
razón, que partiendo de ella "podría hacerse un acabado estudio fisioló-
gico, psicológico y hasta clínico de aquel monarca". Los datos que pro-
porciona el otro gran cronista del reinado, Alonso de Palencia, no difie-
ren en lo fundamental de los de Enríquez del Castillo, ni tampoco los
detalles sueltos que, al pasar, apuntan los viajeros que visitaron la corte
del Trastamara.
"Todas estas relaciones destacan la "larga estatura", los "fuertes
miembros", los ojos "algo espaciados", esto es, separados ; "la cabeza
grande y redonda", la "frente ancha", "las quijadas luengas y tendidas a
la parte de ayuso", "los dientes espesos y traspellados", "los calcaños vol-
28
Exhumación de la momia de Enrique IV 245

teados afuera". Es decir, exactamente los mismos detalles que hemos po-
dido recoger en el momificado cuerpo de don Enrique.
"Así era, pues, el infeliz monarca. Como le habían pintado sus cro-
nistas : alto, recio, desgarbado de cuerpo, de anchas caderas, de cabeza
redonda, grande y prognática. Así le sorprendió la muerte, de cuya cau-
sa no queda rastro en el cadáver. El tiempo hizo desaparecer la súbita y
atroz hinchazón que, según Enríquez del Castillo, precedió a su final ; y
nos ha transmitido el cuerpo, ya enjuto, vestido con las mismas ropas
groseras y con las mismas polainas de cuero con que se tendió a morir
en la cama miserable que usaba.
"Y no debemos añadir más. Sobre este rey, clave de muchos he-
chos trascendentes de la historia de España, se han discutido aspectos ín-
timos de su existencia, cuando aún vivía y en los tiempos siguientes ; y
ahora todavía perdura la eterna polémica, movida por el afán de los his-
toriadores de llegar hasta la fuente viva de sucesos cuyo secreto no se
sabrá jamás.
"Lo que queda del que fue rey de Castilla permite suponer cómo
sería su figura. Lo que pasó en el corazón y en el cerebro que alentaron
en ella, podemos, con acierto o con error, imaginarlo, pero nada más.
La discusión queda para siempre abierta. La verdad de este gran drama
quizá no la supo el mismo protagonista, a cuya cabeza, ,,,:olocada, al ca-
bo de los siglos, sobre el altar mayor de Guadalupe, qut.ríamos interro-
gar ; y parecía contestamos con una mueca que era también una iróni-
ca interrogación". — M. GOMEZ MORENO.-G. MARAÑON.

Acta de la Exhumación del cadáver de Enrique IV

Real Monasterio de Guadalupe (Cáceres)

En el Real Monasterio de la villa de Guadalupe, en la noche del


diecinueve de octubre de mil novecientos cuarenta y seis, y previa auto-
rización del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y del M. R. P.
Provincial de la seráfica Provincia de Andalucía, los Académicos de la
Historia, excelentísimos señores don Manuel Gómez Moreno y don Gre-
gorio Marañón Posadillo y el Correspondiente en Cáceres, don Miguel
Ortí Belmonte, y en presencia del M. R. P. Provincial, Fr. Francisco S.
29
246 Miguel Angel Orti Belmonte

Zuloaga, PP. Julio Elorza, Claudio López, Arcángel Barrado y Enrique


Escribano, se personaron todos en la iglesia de Nuestra Señora para abrir
los sepulcros donde se encuentran los restos de la reina doña María de
Aragó y de Enrique IV de Castilla.
Quitada la tabla medio-relieve que se encuentra debajo del cuadro
de la Anunciación, en el lado del Evangelio del altar mayor, quedó al
descubierto una galería, con bóveda de medio cañón y arco apuntado,
donde había dos cajas de madera, lisas, del siglo XVIII. En una de ellas
se encontraban los restos momificados, pero muy destruídos, de la Rei-
na doña María, envueltos en un sudario de lino, cuya momia no ofrecía
materia de estudio. En la otra caja, los restos de Enrique IV, envueltos
en un damasco brocado del siglo XV, sudario de lino, restos de ropa de
terciopelo, calzas o borceguíes. Se procedió a la medición antropológica
de la momia y examen de las telas, retirando un trozo pequeño de da-
masco para su estudio, el cual pasará al Museo de telas y bordados del
Real Monasterio.
Terminados de tomar los datos necesarios para la redacción del
informe a la Real Academia de la Historia, se procedió otra vez al cie-
rre de la galería, colocando la tabla medio-relieve del retablo y firman-
do este Acta los PP. Franciscanos y los Miembros de la Comisión y tes-
tigos, cuyas firmas aparecen a continuación.
De todo lo cual, yo, como Secretario, certifico en Guadalupe, fe-
cha ut supra.—Fr. Francisco S. Zuloaga Fumín, Prior.—Fr. Julio Elorza
—Fray Claudio López, Párroco.—Arcángel Barrado.—G. Marañón.—
M. Gómez Moreno.—Reynaldo dos Santos.—A. F. Araoz.—R. Calpar-
soro.—Philip Bonsal.—Sebastián Miranda.—Gerardo Hernández.—Mi-
guel Muñoz de San Pedro.—Miguel Ortí Belmonte, Secretario.

30
. ,71,4•"1"-

Plano del Palacio de los Páez de Castillejo, actual


Museo Arqueológico Provincial.
Casas solariegas de Córdoba

Palacio de los Páez de Castillejo,


Plaza de los Paraísos y Cuesta de Pera mato
Por Miguel Muñoz Vázquez

Damos comienzo al presente estudio histórico y artístico del Vico


Francorum o Barrio de Francos por la Plaza de los Paraísos, por ser
ésta la que mejor conserva la traza y fisonomía de la Córdoba medieval ;
pues, unque los edificios que hoy en ella se levantan son reedificaciones
hechas a mediados del siglo XVI, empero, el trazado de sus típicos rin-
cones y tortuosas callejas que a ella afluyen ; los magníficos palacios de
los Páez de Castillejo y del Hijo del Rey Don Enrique II, guardan la
impronta y evocan los tiempos medievales como en ninguna otra ciudad
de España.
Cuando las huestes cristianas entraron en Córdoba, ya exornaban
a esta Plaza los corpulentos árboles llamados paraísos ( I) que embelle-
cían entre la floresta amena los jardines del Palacio de Ben Nasger, que
más tarde fue casa solariega de los señores Páez de Castillejo ; de cuyos
árboles tomó la Plaza esta toponimia en lengua árabe, que castellariza-
ron los conquistadores. Aseveración que fundamentamos por un escrito
de fecha 12 de mayo de 1253 (2) ; en el que se menciona la calle del
Paraíso, por un árbol de este nombre que existía en ella ; la cual está
situada al pie de la cuesta de San Benito (Ambrosio de Morales) que si-
gue desde la plazuela de Séneca a la de los Paraísos, nombrada hoy calle
de Antonio del Castillo.
A 1241 se remonta la noticia documentada más antigua que nos
queda del nombre y ubicación de esta Plaza, por la carta de donación
que el rey San Fernando otorgó estando en esta ciudad con fecha 12
de marzo de este mismo año (3) la cual dice : Do e otorgovos a don
Martín Ruyz de la cerca e a vuestros fijos e a vuestras fijas unas casas
que son dentro de la villa las que fueron de Ben Na sger en la plaza de
31
248 Miguel Muñoz Vázquez

los paraysos... Facta carta apd Cordobam Reg cxp día doce Era M. CC.
LXXX e IX arios. De tres de setiembre de 3o5 nos queda una escri-
tura de convenio en la que se cita la plaza de los Paraysos ; otorgada
entre el Cabildo Eclesiástico y Juan estevan el correjo e su mugier doña
oro por la que cambió unas casas que tiene en la collación de santa ma-
ría en la placa que dicen de los paraysos por otras de estos señores que
son en la misma collación do el forno que dicen de calatrava". También
se mienta esta plaza de los Paraysos en un escrito fechado en 12 de sep-
tiembre de 1305 por el que : "ruys díaz albacea de juan pérez de retes e
doña dominga su mujer mandan al cabildo eclesiástico de cordova unas
casas en la plaza de los paraysos en la collación de santa maría" (4). Es-
te horno de Calatrava que aún se conserva reedificado con el nombre
de Horno del Cristo lo dió en repartimiento el rey San Fernando a su
hermano don Alfonso, el cual lo cambió más tarde por otros bienes a
la Orden de Calatrava. Arios después se sigue nombrando como tal, la
plaza de los Paraysos, en una escritura de arrendamiento fechada en o
de noviembre de 1363 que otorgan el Cabildo Eclesiástico y García Ruy
criado de Alfonso Tellez de unas casas que tenía aquel en la collación
de Santa María, "en la plaza de los paraysos que lindaban con casas de
doña urraca de sayavedra y de lorenzo fernández e la barrera" (5). Es-
ta barrera, es la calleja que después ha de llamarse cuesta del doctor don
Pedro de Peramato. Así iríamos aportando muchos escritos en los que
se menciona y ubica la plaza de los Paraysos, que por prolijo omitimos,
hasta el ario 1495, que se llamó del Comendador Moscoso por uno de
los familiares de los mentados Páez de Castillejo. Hacia el año .154o (6),
cuando don Luis Páez de Castillejo edificó en su Palacio la magnífica
portada de estilo renacentista, por lo que la casa de Ben Nasger tuvo
ya salida a la referida plaza, toma ésta entonces, el título de Luis Páez.
Por último hacia el ario 168o se le dió el nombre de Jerónimo Páez, con
el que se ha llegado a nuestro días (7).
Conserva aproximadamente la misma extensión que por los arios
de 1236. Su figura se aproxima a la de un rectángulo, que en un prin-
cipio, tenía dirección nordeste surdeste, en su mayor longitud, con una
pequeña plazoletilla anexionada a su lado derecho, bajando la cuesta de
Peramato ; después, cambió esta dirección de noroeste suroeste, en su
mayor longitud, este rectángulo, quedando como plazoletilla anexiona-
da parte de lo que antes fue plaza de los Paraysos. Fue algo más corta
por el lado que linda con el Palacio de Ben Nasger según se declara en
un escrito que presenta a su Señoría la Ciudad don Juan Manuel de Tre-
32
Casas Solariegas de Córdoba 249

villa, fechado en 24 de enero de 1851 (8) en el que se pide se reconozca


su derecho como poseedor del Palacio de los Páez, a propósito de unos
árboles que entonces plantaba el Ayuntamiento en la mencionada Plaza
y en sitio que antes fue de este Palacio. En cuyo escrito se inserta otro
de fecha 5 de septiembre de 1525 por el que consta, que ante don Gon-
zálo Chillón Alcalde de Córdoba por el Corregidor don Juan Alvarez
Maldonado, se personó don Luis Páez de Castillejo diciendo ; que él ha-
bía comprado dos pares de casas, la una era un horno de Juan Ramírez
que lindaba con la casa de su morada y con casa del Convento de Santa
Clara, y otra, ésta últimamente mencionada. Las cuales derribó para ha-
cer Plazuela, así como otra suya que lindaba con su Palacio. Le convenia
a dicho señor probar estos límites y para ello, presentó entre otros tes-
tigos a Alonso Fernández de Moscoso el cual declaró que, las tres casas
que derribaron tenían por el lado de la Plazuela del Comendador Mos-
coso treinta y siete varas y por el lado que va hacia la casa del dicho
don Luis Páez veintinueve ; de cuya extensión dejó parte en beneficio
de la plaza de los Paraysos y otra parte utilizó para la edificación de la
portada de su Casa-Palacio.
Afluyen a esta Plazuela, las callejas de Santa Ana y en su prolon-
gación, la nombrada Cuesta de Peramato. Las callejas de Santa Ana se
formaron sobre el adarve de la muralla Sur de la Ciudad Cuadrata roma-
na que fundó el cónsul Cayo Lucio Marcio el año 206 antes de Cristo,
cuando se prolongó este campamento romano en la referida dirección
cincuenta años después por el Pretor Marco Claudio Marcelo en 169
antes de Cristo, según Strabon y 152 antes de Cristo, según Plinio. La
cuesta de Peramato surgió al edificarse el declive de este trozo de mu-
ralla. Maraver nos dice en su Historia de Córdoba (9) que en el lugar
que hoy ocupa el Convento de Santa Ana se hallaba una fábrica de mo-
neda bajo el dominio romano en la ciudad sin que lo pruebe documen-
talmente. Consta sin embargo, por un escrito documentado de fecha 12
de mayo de Era 1295 (1 o) que en este lugar se hallaba una Mezquita
árabe que tomó la advocación de Santiago cuando se la convirtió al cul-
to cristiano, y más tarde, en 1305, se le llama ya Santiago el Viejo para
distinguirla de la iglesia de igual nombre que se había edificado en la
collación de la Axerquía.
A mediados del siglo XIV se denominaron estas callejas las de do-
ña Urraca de Saavedra, porque delimitaban parte de las casas principales
de esta señora ; casas en las que dos siglos después se fundó el Convento
de Santa Ana con monjas de la Orden Dominíca. Y en 1375, cuando a
33
250 Miguel Muñoz Vázquez

la citada iglesia de Santiago el Viejo junto a estas casas se le dió la ad-


vocación de esta Santa, las callejas tomaron el mismo nombre.
En 1553 el doctor don Pedro de Peramato, médico en esta ciudad,
compró una casa en las referidas callejas, la que hace rincón, señalada en
la actualidad con el número 3 de la Cuesta ; e3ta casa lindaba por sus
corrales con el Palacio de don Luis Páez de Castillejo. Trasladó a ella
su domicilio que lo tenía de anterior en la calle de San Felipe en la co-
ilación de San Nicolás de la Villa (I I).
El sangriento suceso ocurrido entre don Pedro de Peramato y su
esposa doña Beatriz Cano, que dió motivo a que se le pusiese a la cuesta
de estas callejas el nombre del referido galeno, es bien conocido de to-
dos, puesto que los historiadores cordobeses lo dejaron mencionado en
sus escritos. Don Pedro, mató en 1556 a su esposa por adulterio come-
tido con don Juan Páez de Castillejo, hijo de don Luis Páez de Castille-
jo 02). Sin embargo, hay quien niega la veracidad de este suceso. Por
nuestra parte, y para no ser prólijo en su referencia, sólo aportamos dos
escritos documentados e inéditos que prueban la verdad del hecho. Una
escritura otorgada en esta ciudad a 16 de agosto de 1556 ante el notario
apostólico de la misma Juan Contreras, por la que don Pedro de Pera-
mato, médico en esta ciudad vecino de la collación de Santo Domingo,
perdona a su mujer doña Beatriz Cano para que vuelva a su casa que se
hallaba recluída o amparada en el próximo Convento de Santa Ana (i3).
Pocos meses después, el referido don Pedro, quizás por nuevos re-
sentimientos con su mujer, no ya motivados con don Juan Páez de Cas-
tillejo, quien a uña de caballo logró. escapar a Madrid de las garras y
furias de don Pedro de Peramato ; éste, una mañana, al salir de su casa
encontró colgadas a su ventana varias hastas de toro, y furiosamente
volvió a entrar buscando a su mujer, a quien la dió varias puñaladas de-
jándol muerta en el acto ; según nos dice otra escritura notarial firmada
por le mencionado escribano de esta ciudad, en la cual hace declaración
el ama de los hijos de don Pedro y de doña Beatriz Cano, llamada Jua-
na Fernández en el que manifiesta, que don Juan Páez de Castillejo y
doña Beatriz Cano, se veían con frecuencia por los corrales de ambas
casas, de lo que ella fue testigo presencial y encubridora, hasta que por
un disgusto tenido con la señora doña Beatriz, contó todo lo que suce-
día a su esposo don Pedro de Peramato. Don Pedro, después de haber
dado muerte a su esposa, huyó a Cádiz donde se puso al amparo del
Duque de Medina Sidonia y desde donde no volvió más. Dejó cinco
hijos en su mujer la referida doña Beatriz, la cual fue natural de la Pue-
34
Casas Solariegas de Córdoba 251

bla de Alcocer (Extremadura); hija del Bachiller Juan Cano y de doña


Francisca Morillo su mujer. La hija mayor de este matrimonio llamada
Francisca profesó en el convento de Santa Ana en esta ciudad (4).
También sale a la mentada plaza de los Paraysos la calle del Mar-
qués del Villar, que en 1481 (15) se llamó Barrera del Comendador Mos-
coso y poco tiempo después, su prolongación hacia arriba Costanilla de
Baena y la calle del Parayso ya citada, conocida hoy con el nombre de
Antonio del Castillo que va de Ambrosio de Morales hasta la plaza de
Jerónimo Páez. En estos lugares tuvieron repartimiento por el rey San
Fernando, en dicha cuesta, Juan Pérez de Retes y Bartolomé Corvache
(16). Así como en otra de sus casas, la conocida por la de los Sénecas,
donde hoy se levanta el convento del Corpus, la dió Fernando III el San-
to, como casa principal a la Orden de Caballería de Alcántara. En él
quedan vestigios de antigüedad : una portada mudéjar que dá salida al
claustro principal, así como bóvedas de arista de ladrillo sostenidas por
seis fustes rectangulares de ladrillo con modillones en todo su largo, así
como otras puertas, también de arte mudéjar y noticias de haber extraí-
do de ella grandes restos de edificación romana cuando perteneció este
recinto a la iglesia de San Benito de Alcocer que edificó la referida Or-
den en esta casa.
Otra de las calles que afluyen a esta plaza es la llamada de los Mas-
carones, así titulada por dos guerreros que había en la portada de la
casa que hoy se señala con el núm. 21 propiedad de los Mohedanos de
Saavedra cuya portada fue edificada a mediados del siglo XVI ; calle
que en su principio se hallaba la casa solariega de los Saavedra dada
también en repartimiento por el Rey San Fernando a esta familia. Fi-
nalmente, sale a esta plaza la calle de la Pellejería Vieja, actual del Hor-
no del Cristo, de la que, una de sus casas, la señalada con el núm. 6, la
llevó doña María Alfonso de Córdoba en su casamiento con don Diego
Alfonso de Sousa en 1396. De todas estas casas principales y señores a
quienes fueron dadas por el Santo Rey, así como otros edificios nota-
bles de este lugar, haremos un detenido estudio en el Repartimiento de
Córdoba por el Rey don Fernando III el Santo.

CASA PALACIO DE LOS PAEZ DE CASTILLEJO


Período Romano

Entre los edificios que sobresalen por su valor histórico y artístico


la plaza de los Paraysos, se halla el antiguo Palacio de los Páez de
35
252 Miguel Muñoz Vázquez

Castillejo que es una de las más suntuosas moradas señoriales que posee
Córdoba desde el siglo XIII.
En este magnífico Palacio cargado de años y de historia nos de-
latan sus vivos cimientos lo que fue su primera edificación, un Coliseo
Romano o Odeum (Pequeño teatro donde había certámenes literarios);
aunque no nos ha sido posible determinarlo con toda exactitud por los
escasos restos que han aflorado en la pequeña área que en este lugar se
ha excavado. Sin embargo, la presencia de una gradería o cavea de for-
ma semicircular de la que quedan los tres escalones que se empleaban
para los magistrados, sacerdotes y vestales que tenían derecho a sen-
tarse en sillas curales o de marfil ; aunque no ha sido posible determi-
nar la Immea y la Media que se empleaban en estos tipos de construc-
ción de teatros romanos, por estar ya destruidas o bajo el relleno del
patio alto, así como la Summa, que al edificarse por vez primera debió
desaparecer la casa, quedan sin embargo, en este Odeum, el semicírculo
pavimentado con grandes losas destinado a la Orchesta y el límite rec-
tilíneo de unos de sus lados destinados a la Scaena o Proscenium, el Pul-
pitum o escenario que se hallaba edificado sobre la habitación que linda
con esta gradería. También las galerías abovedadas que daban acceso a
este Odeum, que se descubrieron en las excavaciones del patio alto ; así
como el pórtico que se hallaba edificado en la casa que se llamó de los
Sénecas cuya casa dió Fernando III el Santo a la Orden de Alcántara
y según nos dicen escritos documentados, fueron hallados y desmante-
lados restos romanos en la referida casa cuando tomó posesión de ella
la rnentada Orden de Alcántara. La atargea que pasa bajo estas gradas,
descubierta en las recientes obras y que se ha vuelto a tapar ; pudiera
ser aquella alcantarilla de que nos habla Maraver (17) que saliendo de la
plaza de Santa Ana va hasta el río Guadalquivir. Yo sospecho que su
origen fue, efectivamente, un desagüe de la ciudad Cuadrata o Campa-
mento de Marco Marcelo.
Por consiguiente, hay que deshechas la idea de que fuese esta gra-
dería una escalinata o acceso a otra puerta de la ciudad en su muralla
Sur, como alguien ha querido ver en ello. Primero por su traza y mó-
dulo correspondiente a esta clase de edificios y tener ésta forma- semi-
circular, de la que nunca se usó para tales accesos. Segundo, porque a
unos 6o metros en línea recta hacia Occidente se hallaba en esta misma
muralla, la Puerta Decumana de la Ciudad Cuadrata, que daba paso a la
Vía conocida hoy con el nombre de Blanco Belmonte y a la que en
tiempo de Fernando III el Santo se le llamó calle Pedregosa. Tercero,
36
Calleja del Dr. D. Pedro de Peramato. La casa al fina'
de su izquierda, con otra ya modificada, es la que habitó
este famoso galeno.

Gradería del Odeum romano, la edificación más antigua


que se ha hallado en este lugar, que después fue la casa
de Ben Nasler y Palacio de los Páez de Castillejo.
Casas Solariegas de Córdoba 253

porque a menos de 3o metros hacia Oriente de esta escalinata, se unía


la mentada muralla con la que desciende perpendicularmente hacia el
río, que al ser edificada ésta, en época del Emperador Augusto por el
Pretor Claudio Marcelo, se debió abrir una puerta para dar paso a su
Adarve a través de dicha muralla Sur de la Ciudad Cuadrata, sobre la
que se levantó la calle llamada después, Cuesta de San Benito en el siglo
XIII, y Ambrosio de Morales en nuestros días ; precisamente en el lu-
gar junto a las que después fueron casas solariegas de los Retes y don-
de en 175 se derribó la torre edificada sobre el cubo que servía de unión
a estas murallas 08). Y, finalmente, porque en este trayecto del muro,
al pasar junto a la casa que se dice de los Sénecas, donde en la actuali-
dad se halla el convento del Corpus según escrito de fecha 12 de mayo
de 1304 se hallaron en ella grandes restos de edificación romana posi-
blemente como hemos dicho del teatro romano o Odeum que veníamos
describiendo.
PERIODO VISIGODO Y ARABE

No se han hallado restos de la época visigoda en el Palacio de los


Páez de Castillejo que merezcan importancia, sólo algunos cascotes y
trozos de cerámica en el relleno de su patio alto.
Durante los primeros arios que siguieron a la invasión y conquista
de España por los árabes, la mayoría de las iglesias y palacios visigodo-
cristiano, señaladamente en las ciudades que como Córdoba fueron to-
madas por asalto, se habilitaron para el culto muzlímico, sus templos
y para moradas de sus caudillos, los Palacios. Mitigado después el furor
de los conquistadores ; su rica y brillante imaginación oriental, estimula-
da con las maravillas artísticas de la nación vencida, regularizada por
los conocimientos adquiridos en los cultos países de Grecia y Egipto,
dulcificada por la suavidad del clima cordobés, produjo muy pronto una
cultura refinada que diferenció notablemente a los mahometanos espa-
ñoles y de otros países, de los de Córdoba. Córdoba, durante el Califa-
to, contrastaba de un modo muy notable, con la barbarie del Centro y
Norte de Europa ; siendo para la Edad Media como fueron para la An-
tigua, Roma y Atenas. En esta ciudad se formaron por entonces innume-
rables sabios, literatos, artistas y científicos, no solo musulmanes, sino
también judíos y cristianos. Natural era, que la arquitectura prosperase
ante tan favorable circunstncia, y así fueron en efecto los numerosos pa-
lacios erigidos por aquel pueblo junto al vencido, que aún, no quedando
otros restos literarios y científicos que produjeron, bastarían para pro-
37
254 Miguel Muñoz Vázquez

bar los progresos y estados brillantes de su avanzada civilización. A este


estilo primero mahometano pertenece la Mezquita de Abderraman I y
la Arruzafa construída hacia el año 756. De esta época no se han hallado
restos árabes en el palacio de los Páez de Castillejo.
Pero se encuentran en dicho palacio de época almohade, el para-
mento del muro que da sobre el patio alto, en el que queda frecuente-
mente el tapial alternando con la mampostería y el ladrillo. Y en el mu-
ro frente a éste, que forma una de las habitaciones de la parte alta, se
halla un arco de este mismo arte, de ladrillo, el cual ha sido enlucido en
la actual restauración sin que sepamos la causa de ello. Puesto que si es
verdad que Almanzor utilizó para la ampliación de la gran Mezquita los
sillares de la muralla, que lindaba con este Palacio, como nos dice el
Obispo don Fernando de Mesa, en su escrito de fecha 2 de julio de 1263,
(19), se observa en las excavaciones practicadas en el patio alto de el
que han aparecido unos sillares pertenecientes a la mentada Muralla de
la Ciudad Cuadrata Romana, no en posición de haberse desprendido de
ella, sino de haberlos colocado unos sobre otros para un posible trasla-
do, con lo que se prueba que a finales del siglo X este palacio de Ben
Nasger con cuyo nombre llegó a Fernando III el Santo no se hallaba
entonces edificado.

EL PALACIO DE LOS PAEZ DE CASTILLEJO BAJO EL


PERIODO CRISTIANO

Conquistada la ciudad por el Rey Fernando III el Santo quedó


por entonces en ella (año 1236), la Aljama judía y gentes mahometanas
llamadas mudéjares sin el menor indicio de la población mozárabe (2o).
La cual fue extinguiéndose con la persecución levantada por los al-
mohades en esta ciudad que dió lugar a una corriente de mozarabismo
hacia el Norte de la Península, por lo que, en Castañeda de Palencia fue
fundada una abadía por monjes de Córdoba ; y entre Amaya y Herrera
de Pisuerga existió un poblado llamado Tábanos. Su nombre hace pensar
que fuese impuesto por monjes cordobeses del antiguo monasterio de
Tábanos, los cuales huyendo de la persecución árabe se refugiaron en
Palencia en el último tercio del siglo IX. La revista de Ciencias Jurídicas
año III página 13o cita un préstamo de heredad en Tábanos en 1197 y
dos pueblos llamados Cordovilla en las Riberas del Pisuerga (2.1). Otros
núcleos mozárabes los consiguió emancipar en 1146 el Rey Alfonso VII
cuando se conquistó por primera vez esta ciudad. El resto de ella, que
38
Casas Solariegas de Córdoba 255

fue en su mayor parte, lo poblaron asturianos, gallegos, leoneses, nava-


rros y castellanos. En los alrededores de Bujalance y Montoro estaban
algunos de estos mudéjares mezclados con los almogábares y cristianos
que vinieron a la conquista de Córdoba. De los mudéjares sus maestros
albañiles o alarifes unidos a los canteros que vinieron de aquellas regio-
nes, son los que han de emplear nuevos procedimientos en el arte de
construir. La necesidad de levantar muchas viviendas que habían sido
destruidas durante el asedio a la ciudad, incluso la edificación de un
nuevo barrio por San Fernando en 1241, al que se llamó "Puebla Nueva
de la Magdalena" cuando también se edificó en él su iglesia por el can-
tero real, Juan Sánchez (22) para dar asiento a la población que contí-
nuamente iba llegando atraida tras el Repartimiento Real ; así como de
encontrar solución a problemas nuevos en el arte de construir y la in-
fluencia de la evolución del arte gótico, hacen que se descubran nuevas
posibilidades y que cada edificio tenga una personalidad propia, que es
lo que caracteriza el palacio mudéjar que venimos estudiando.
Los conquistadores de la ciudad se habituaron al tipo de las mora-
das de los vencidos que era más bello y alegre que el de los cristianos
del Norte, y sólo en la ornamentación de ellos se mezclan motivos gó-
ticos en los adornos musulmanes.

PALACIO DE BEN-NASCER, PERIODO MUDEJAR

En los primeros arios de la Córdoba de Fernando III, el Palacio


de Ben Nasger es una Casa árabe con salida a la calle del Rey —Comen-
dador Moscoso— Constanilla de Baena, actual Marqués del Villar. No
tenía hermosa apariencia exterior, aunque eran ricos sus dueños ; ya nos
lo dicen el aspecto de las casas demolidas, cuando se hace la portada
por don Luis Páez ; así como parte del muro de la misma, que daba a
la citada calle, cuyo paramento de ladrillo y tapial de seis o siete baras
de alto, corresponde a la primitiva edificación almohade, con algunas
ventanillas altas, cubierta de espesas celosias y un patio central espacio-
so enlosado con mármoles de varios colores, cuya descripción llega a
nosotros (23).
La noticia documentada más antigua que nos queda del Palacio
de Ben Nasger es la escritura de su donación por el Rey San Fernando
a uno de los caballeros conquistadores de Córdoba, don Martín Ruíz de
la Cerca (24) ; dice así : "Do e otrogo ayos d. martín ruy de la cerca e
a vros fijos e avras fijas e a todos vros sucesores q será después de vos.
39
256 Miguel Muñoz Vázquez

Dovo e otorgo a vos en córdova unas casas q son dentro de la villa las
q fueron de ben nascer en la plaza de los paraysos con su patio alto pa-
ra las mujeres... ffacta carta apd corduva Reg xpt doce días de mayo
Era M. CC, LXXX" (25).
De los Ben Nasger o Nesar queda noticia (28) de que ; "el año no-
vecientos falleció en Córdoba el Docto Al-Faquí Ybrahin Ben Nesar".
Su sucesor que venimos refiriendo perteneció a la nobleza árabe cor-
dobesa que además de ser dueño de este Palacio, tenía grandes extensio-
nes de tierra en la Campiña de Córdoba y varias ruedas de aceña en el
Río Guadalquivir que son las que aún se conservan más abajo del puen-
te nuevo.
De Martín Ruí, de la Cerca pasó esta Casa Palacio a su hijo del
mismo nombre y apellido, de quien lo heredó Toda Martínez, su hija ;
según consta en el testamento (27) otorgado por esta señora en Lucena
a veintinueve de agosto de 1348 ante los escribanos de la misma ciudad
Martín Alimán, Juan Fernández y Diego Fernández por doña Leonor
de Guzmán, que lo fizo e escribió. Por cuyo testamento, entre otras
mandas deja la referida doña Toda en memorias para su alma, al Cabil-
do de Santa María de Córdoba y para la capilla de San Benito en dicha
iglesia donde se manda enterrar que es la capilla de su suegro Ruíz Díaz,
unas casas pequeñas que tenía en esta misma collación que lindan con
las casas de su morada e con casas de Juan Páez Fraile, de la Orden de
Santiago "e con la plaza de los paraysos e con la calle". Interesante do-
cumento por el que nos queda la noticia de que en esta fecha ya mora-
ban en la plaza de los Paraysos individuos de la ilustre familia de los
Páez o Payo orihundos de Galicia y descendientes del conquistador de
Córdoba Payo Gómez Sorret, así como de Pascual de Castillejo, tam-
bién conquistador de dicha ciudad. El primero con heredamiento sobre
Alcoger (cerca de El Carpio) con seis yugadas de tierra, y el segundo
en los donadios de tierras que por él se denominaron Cortijo de Pas-
cual de Castillejo. Según consta por las limitaciones que ordenó el Obis-
po de Córdoba don Fernando de Mesa 1250 (28), para el cobro de los
diezmos de esta diócesis que ya habian sido autorizados diez años antes
por Bula del Papa Inocencio IV (29).
La casa del mentado Frayle Juan Páez, se hallaba situada en el lu-
gar que hoy se levantan las señaladas con los números seis y ocho, y
parte de dicha plaza de los Paraísos ; colindantes por la izquierda con
el Palacio de Toda Martínez, que tiempo después pasó a ser el palacio
40
Casas Solariegas de Córdoba 257

de los Páez de Castillejo, ubicación que nos irán dando los escritos que
mencionaremos.
Dos arios más tarde de la fecha del testamento de Toda Martínez,
a veintidos de diciembre de 1348, otorgó Francisco Pablo, canónigo de
la iglesia de Santa María de esta ciudad, una escritura (3o), por la que
hace donación a su Cabildo a cambio de una sepultura y memorias que
éste le ha de hacer de unas casas en la referida collación en la plazuela
de los Paraysos "e son las que fueron de toda martínez fija de martín
Ruyz de la cerca, en cuyas casas hay un palacio e un portal delante de
él y otras casas a man yzquierda e un corral e un pozo con otra casa
pequeña que tiene la puerta a la calle que se tienen con casas de juan
paez fraile de la Orden de Santiago e otras casas mías". Parece por este
escrito que el citado canónigo compró o heredó de Toda Martínez sus
casas principales.
Por otra parte, fueron sucesores de las casas de Juan Páez el fraile
de la Orden de Santiago, Juan Páez de Aguilar y Ferran Páez de Agui-
lar su hermano ; según consta de un escrito entablado en el "Libro Ver-
de", el cual dice : "que iohn fernandez de castillejo a de dar cada ario
al cabildo cuarenta moravedis fasta que dé una posesión que los renden
por que heredó los bienes de ferrant paez de aguilar e los bienes de mar-
garida gomez mugier de juan páez de aguilar" (3i).
Consta pues, por estos escritos, que Juan Fernández de Castillejo
era propietario hacia 137o de las casas que corresponden hoy a las se-
ñaladas con los números cinco y ocho de la plaza de los Paraysos y
parte de las que derribó don Luis Páez de Castillejo, cuando edificó la
portada de su Palacio antes de Toda Martínez, con quién aquellos lin-
daban en la mentada Plaza. Y que el referido Juan Fernández de Casti-
llejo era descendiente de Juan y Ferran Páez de Aguilar de los que des-
cienden los Páez de Castillejo, señores de este Palacio.
Interesantes documentos que con los que preceden vamos a de-
mostrar que es errónea la aseveración de algunos historiadores cordo-
beses entre ellos Morales y Padilla, don Luis Maraver y sus seguidores
quienes sostienen que los Páez de Castillejo de Córdoba descienden de
un tal Monsieur de Castillet. Morales y Padilla (32) al estudiar la Ge-
nealogía de la casa de los Páez de Castillejo dice : que ésta tiene su ori-
gen en un caballero llamado Monsieur de Castillet que vino de Francia
al servicio del vastardo don Enrique II cuando las guerras entre éste y
su hermano don Pedro I y que afincando en Córdoba casó con Catalina
Páez de Sotomayor de quienes fueron hijos Ferran Páez de Castillejo y
41
258 Miguel Muñoz Vázquez

Juan Fernández de Castillejo. Pero en el pleito de la casa de Guadal-


cazar original (33) sólo se mencionan por hijos de estos señores a don
Gutierre de Sotomayor y los hijos de éste don Alonso de Sotomayor
y doña María Arias de Maldonado que fueron los fundadores del Con-
dado de Belalcázar. Don Luis Maraver se limita a dar la simple noticia
de que el "Año 1350 vivían en Córdoba Juan Fernández de Castillejo
y sus hijos Ferran Páez de Castillejo y Juana Fernández de Castillejo
que fueron los primeros de este apellido que se establecieron en Cór-
doba". Ya hemos dejado bien sentado cómo Juan Fernández de Casti-
llejo fue sucesor de Ferrán y Juan Páez de Aguilar ; y éstos a su vez
de Juan Páez, fraile de la Orden de Santiago que habitaba en esta plaza
de los Paraysos por lo menos en 1348 y ambas ramas Páez y Castillejo,
descendientes de los conquistadores de Córdoba ; Payo Gómez Sorret,
cuyo patronímico fue Páez, y Pascual de Castillejo, que también acom-
pañó a San Fernando a la cerca y toma de esta ciudad ; así como tam-
bién pertenecieron a esta familia don Miguel Páez el Gallego que tenía
sus casas principales en la collación de Santa María junto a las de Juan
Páez, canónigo de esta Catedral por los años de 1266 (34) y Alonso
Páez que era alcalde de Córdoba en el 15 de enero de 1306. Y en se-
gundo lugar podemos deshacer el equívoco en que también incurrieron
Maraver y sus seguidores respecto a la suposición de estos historiadores
cordobeses de que el Palacio que venimos historiando fue propiedad de
los Sousas descendientes de Vasco Alfonso antes que de los Páez de Cas-
tillejo que lo constituyeron en las casas principales de su mayorazgo en
1496. Pero ya veremos que la única persona que habitó este Palacio y
que llevaba el apellido de Sosa fue doña Francisca de Sosa hija de Al-
fonso Sánchez de Clavijo y de doña Leonor Mendez de Sosa, su mujer;
segunda esposa de Ferrán Páez de Castillejo, la cual pertenecía a otra
familia distinta de la de Vasco Alfonso de Sousa, aunque también oriun-
da de Portugal.
Maraver fundamenta sus noticias en los papeles del Pleito de la
Casa de Guadalcázar (35) en cuyo original yo he consultado. Entre las
noticias incompletas que aporta a dicho pleito debió leer : "que don
Lope Gutiérrez de Córdoba e Inés Oter de Lobos, su esposa, dieron a
doña María Alfonso de Córdoba su hija en casamiento con don Diego
Alfonso de Sousa unas casas a los Paraysos más setenta mil moravedís
y unas casas tiendas ; sin dar más aclaración sobre el particular (36). Y
en el mismo pleito se dice que : "en 1461, doña María, la monja, nieta
de Vasco Alfonso de Sousa e hija del mencionado Diego Alfonso de
42
Casas Solariegas de Córdoba 259

Sousa, en escritura que otorgó ante Juan Rodríguez de Alcaraz y Arias


González, escribano público de Córdoba, hace relación de haber dado
a Leonor, su hermana ya difunta, mujer del comendador don Fernando
de Quesada, unas casas en la collación de Santa María (37), unas casas
en la collación de Santa María" (38). No consta en este escrito la ubi-
cación de ellas... "y que estas casas se vendieron por los hijos de doña
Leonor y de su marido el comendador don Ferrando de Quesada a
García Alfonso Altamí.
También se dice en este Pleito : "Título de las casas a la Plazuela
de los Paraysos del mayorazgo de Fernán Páez de Castillejo (que no di-
ce a la Plazuela y no en la plazuela), las cuales vendió el comendador
Quesada como curador de sus hijos a Gonzalo Alfonso Altami, hijo de
Gabriel Alfonso, vecino de Córdoba que lindan con casas de Luis Sán-
chez Altami mercader y casas de Ferrá Cabrera, de cuyos herederos la
compró Fernán Páez de Castillejo. Ultimamente, en la historia de la ca-
sa de Sousa (39), consta que la mencionada doña María, la monja, hija
de Diego Alfonso de Sousa y nieta de Vasco Alfonso, en 12 de diciem-
bre de 1461, dice : "que por el gran amor que tenía a su hermana doña
Leonor de Sousa, que Dios aya muger que fue de vos el comendador
Fernando de Quesada... le fice donación de unas casas. De cuyas casas
no deja su ubicación.
Por consiguiente de la lectura de estos escritos, como dejó incom-
pletas Maraver en su historia de Córdoba y sus seguidores nos dejan
estas otras confusiones (4o): "que en el año 1496 (hay error de fecha)
Lópe Gutiérrez de Córdoba, Caballero de la Banda, Alcalde Mayor de
Córdoba, dió en dote esta casa de los Páez de Castillejo a su hija Inés
García Oter de Lobos (la confunde con la madre), casada con don Die-
go Alfonso de Sousa, de los cuales la heredaron doña María de Sousa,
monja en Santa Clara, y su hermana, doña Leonor, mujer del comenda-
dor de Biedma, y cuando murió don Fernando de Quesada, sus hijos,
don Jorge y Juan, la vendieron en 1496 a don Fernando Páez de Casti-
llejo". No cabe mayor error sobre ello.
Por nuestra parte, con escritos documentados e inéditos, vamos a
tratar de aclarar el error en que incurrieron los referidos historiadores
por falta de una debida investigación sobre el particular. Ya hemos men-
cionado (40 que, Juan Fernández de Castillejo heredó los bienes de Fe-
rrán Páez de Aguilar y los de Margarita Gómez, mujer de Juan Páez
de Aguilar, su hermano, y que éstos a su vez los heredaron de Juan
Páez, fraile de la Orden de Santiago. Por consiguiente, el referido Juan
43
260 Miguel Muñoz Vázquez

Fernández de Castillejo era descendiente del mentado Juan Páez, el Frai-


le, que tenía su casa en la Plaza de los Paraysos, allá por los años de
134o. Juan Fernández de Castillejo, casó con Ana Fernández .de Córdo-
ba de los que fueron hijos: Ferrán Páez de Castillejo y no como dice
Morales y Padilla y sus seguidores que éste fue hijo de Monsieur de
Castillet y Catalina Páez de Sotomayor. También tuvieron aquellos a
Juan Fernández de Castillejo que murió joven (42). Casó Ferrán Páez
de Castillejo hacia 1394 (43) con Catalina González de Moscoso en la
que tuvo a Alvaro Páez, Beatriz Páez, Fernán Páez de Castillejo y Gon-
zalo Páez (44). Y en segundas nupcias con doña Francisca Sánchez de
Sosa, hija de Alfonso Sánchez de Clavijo y de doña Leonor Mendez de
Sosa, su mujer, de cuyo matrimonio tuvieron los siguientes hijos: Al-
varo Páez de Castillejo, Alfonso Páez de Castillejo y Leonor Páez de
Castillejo (45). No tengo noticias ciertas de si el referido Juan Fernán-
dez de Castillejo y su esposa doña Juana Fernández de Córdoba, habita-
ron las casas que lindaban con este Palacio en la Plaza de los Paraysos
en la citada fecha de 1396, que corresponden a las señaladas hoy con los
números 4 y 6 ; puesto que se halla un escrito en el que se dice eran ve-
cinos por este año de la collación de San Nicolás de la Villa ; pero sí
consta, por escritos documentados que estas casas fueron la morada de
su hijo Ferrán Páez de Castillejo y de Catalina de Moscoso, su mujer en
1401 ; así como el Palacio de Toda Martínez que se unió a éstos y desde
la mentada fecha se convirtieron en las casas solariegas de los Páez de
Castillejo.
En efecto, a 18 de julio de 139o, el Alguacil Mayor de Córdoba
Ferrán Martínez y su mujer, María Alfonso, por escritura que otorgaron
en esta ciudad con la misma fecha, hacen donación al Cabildo Eclesiás-
tico de ella, de una casa en la Plaza de los Paraysos que linda con la
casa pequeña que fue de Toda Martínez, que ésta había dejado al refe-
rido Cabildo y que la tenía en arriendo Pedro Alfonso, albañil y con las
casas principales que fueron de la referida Toda que ya eran del Cabil-
do Eclesiástico de quien las tenía en arriendo Inés González, mujer que
fue de Alvar Rodríguez, a cambio de una sepultura en la iglesia de San-
ta María (Catedral), donde estaba enterrado su hermano Gonzalo Sán-
chez. Y en 6 de octubre de 1396 (46) otorga el referido Cabildo una es-
critura por la que arrienda "a ferrant paez fijo de juan ferrandez de
castillejo, maestresala que sodes de nuestro señor el Rey e ayos catalina
gonzález de moscoso la condición que no pudiese abrir puerta alguna
a la casa de su padre mientras estuviesen en su poder. Las referidas casas
44
Casas Solariegas de Córdoba 261

son las pequeñas que dejó al Cabildo Eclesiástico Toda Martínez que
lindaban con las de Juan Páez de Castillejo y con las principales de la
referida Toda que también ya eran del Cabildo Eclesiástico.
Ultimamente vendió este Cabildo a Fernán Páez de Castillejo es-
tas casas que le tenía en arriendo según consta por otro escrito enta-
blado en el "Libro Verde" (57) que dice : "de los bienes de toda mar-
tínez dejó unas casas que son a la placa de los paraysos que se tienen
con casas de iohn páez de aguilar e con casas de la dicha toda maní-
nez. Et tiene estas casas por vida por alfonso, albañil, e su mugier que
cada ario por una memoria diez y seys moravedis, tiene las ferran páez
vendiolas al cabildo a ferrán páez de castillejo por dos mil moravedis
de la moneda vieja e entra por ello en la compra el cortijo de cañetejo".
Aún nos queda por probar que los Sousas descendientes de Vasco
Alfonso no fueron propietarios del palacio de Ben Nasger ni vivieron
en él, como Morales y Padilla, Maraver y sus seguidores han querido
ver por las noticias incompletas que de ellos alcanzaron. Nos quedan
unos escritos documentados e inéditos por los que se demuestra lo con-
trario que aseveraron estos señores. Uno de ellos es el otorgado por el
Cabildo Eclesiástico de Córdoba con fecha 15 de julio de 1394 (48) por
el que consta que arrienda a Pedro García, fijo de Domingo Fernández
y a su mugier doña Leonor Martínez, unas casas cerca de la plaza de los
Paraysos que lindaban con las del hijo del rey don Enrique e con casas
de Lópe Gutiérrez, Alcalde Mayor. Esta última casa es precisamente la
del mentado López Gutiérrez de Córdoba que la dejó a su hija doña
María Alfonso de Córdoba, cuando celebró su casamiento con don Die-
go Alfonso de Sousa ; pero como vemos por sus límites se hallaba junto
a las de Vasco Alfonso, su padre y en la fecha del escrito se nombra
como colindante de ellas al nieto de Vasco e hijo del rey don Enrique II
habido en doña Juana de Sousa ; casa que ubicamos en la calle nombra-
da en la actualidad Horno del Cristo y señalada con el número seis (49).
Puesto que el padre de doña María Alfonso, don Lope Gutiérrez, mora-
ba en 1394, fecha de la donación en sus casas principales en la collación
de Santa Marina en la llamada hoy casa del Rincón, junto a la Puerta
de este nombre de la ciudad. La referida casa pasó de Diego Alfonso
de Sousa y su mujer a una hija de éstos nombrada doña María que fue
monja en el convento de Santa Clara de esta ciudad y de ella la hereda-
ron sus sobrinos, como veremos por los siguientes escritos. Uno de ellos
es el documento otorgado por el Cabildo Eclesiástico de esta ciudad a
2 de noviembre de 1424 (5o), ante Juan Lope de Córdoba escribano pú-

45
Casas Solariegas de Córdoba 263

que se dice : "bienes de juan pérez racionero fijo de juan pérez jurado,
dejó unas casas allende la plaza de los paraysos e la barrera cerca del
postigo de las casas del comendador moscoso fijo de alfonso páez de cas-
tillejo e de doña maría de figueroa teníalas anton de palma, tiénelas ago-
ra esteban gutiérrez escribano público e su mujer leonor fernández". (54)
Y por este otro escrito que nos deja el mentado Juan Pérez Racionero
en el que se dice que deja "unas casas en la collación de santo domingo
a las espaldas de la iglesia de san benito e la barrera que dicen de las
costanillas de baena que tiene antón rodríguez quero". (55) Vemos pues
que la referida Iglesia "de San Benito se hallaba en el lugar donde hoy
se levanta el convento del Corpus y su iglesia y las Costanillas de Bae-
na son las calles o callejas del Marqués del Villar que delimitan el Pala-
cio de los Páez de Castillejo en el que vivía esta familia según los ante-
riores escritos mucho antes de que Fernando Páez de Castillejo compra-
se a los herederos del Comendador Quesada las casas que fueron de doña
María Alfonso, hija de Lope Gutiérrez, alcalde de Córdoba, sitas en la
calle Horno del Cristo, muy distintas por lo tanto del Palacio que his-
toriamos.
Hechas pues, las oportunas aclaraciones, volvamos a don Juan Fer
nánclez de Castillejo que aún vivía en 12 de julio de 1402 (56), según nos
dice un documento otorgado en -esta fecha por el que don Enrique III lo
había nombrado Regidor de Córdoba, con otros tres más, vecinos de
ella, sustituyendo con ello a los Alcaldes Mayores que nombraba el Rey
cada año, por las banderías que entre ellos se originaba en el Gobierno
de esta ciudad. También quitó el referido Rey entre los Caballeros Vein-
ticuatro de Córdoba, a Ferrán Páez de Castillejo, hijo del anterior a quién
sucedió don Pedro Sancho.
Poco después de esta fecha, debió morir Juan Fernández de Casti-
llejo, sucediéndole en la Casa y Estado, su hijo Ferrán Páez de Castille-
jo, al que el mentado Rey don Enrique III le había nombrado ya Maes-
tre Sala suyo en esta ciudad según consta de una carta del Rey al re-
ferido Fernán Páez de fecha 29 de abril de 1394 (57)• También fue este
caballero merced del Rey al que sirvió con ocho lanzas (58).

OBRAS REALIZADAS EN EL PALACIO DE BEN NASQER

Nos quedan noticias documentadas de que en el Palacio de Ben


Nasger, cuando era propiedad de Toda Martínez, se realizaron obras de
restauración en las que intervinieron Maesse Mahomed y su yerno Yu-
47
264 Miguel Muñoz Vázquez

cef, el carpintero, así como Yantob, el albañil, en el año 1338 (59), por
lo que el Palacio Almohade se convierte entonces en otro de traza mu-
déjar ; aunque quedó en él de aquella primera edificación un arco de la-
drillo en el paramento del muro de una de las habitaciones de la planta
alta que mira al poniente y en otros muros la obra característica de este
arte, de ladrillo, piedra y tapial.
Dueño Ferrán Páez de Castillejo de las distintas casas en que se ha-
bía dividido el Palacio : las de Juan Fernández de Castillejo por heren-
cia de su padre ; la pequeña de Toda Martínez por compra al Cabildo
Eclesiástico ; las del Alguacil Ferrán Martínez y las principales de Toda
Martínez, éstas adquiridas en casamiento con su segunda mujer por he-
rencia o compra las envuelve todas y reconstruye el antiguo Palacio
como antes había estado cuando fue de Ben Nasger siendo el maestro
mayor de estas obras el albañil Pedro Alfonso (6o) que había tenido una
de ellas en arrendamiento y la dejó en 1403 puesto que éste en esta fe-
cha, vivía con su esposa Beatriz Alfonso en la plaza de la Judería (61).
De la obra mudéjar ha llegado a nuestros días otro arco con ador-
nos de ataurique en su intrados, en la planta baja que dá salida al patio
principal desde una de las dependencias inmediatas a la que fue primera
puerta de dicho palacio, que daba salida a la calle llamada en aquella
época del Comendador Moscoso y en la actualidad Marqués del Villar.
En el referido patio y en su lado de levante se construyó el citado ario
de 1403 una arcada de tres arcos peraltados con dovelas lovuladas que
desaparecieron en posteriores reconstrucciones. También se abrieron en
este patio durante estas obras unas ventanas con conocopias del gótico
y alfies de azulejería de estilo de transición del gótico-mudéjar descu-
biertas en las recientes restauraciones. Data del ario 14°3 (62) la cons-
trucción de una serie de cinco arcos en el paramento del muro antiguo
sobre pilastras ochavadas con patines mudéjares en una de las dependen-
cias del primer patio entrando a su derecha que quedó cuando derriba-
ron las casas para hacer portada y darle salida al Palacio a la Plaza de
los Paraysos ; bajo cuyos arcos, mediante una rampa, se pasaba desde
este departamento al patio alto.
En 25 de febrero de 43o (63) otorgó su testamento Fernán Páez
de Castillejo ante los escribanos públicos de Córdoba, Diego Alfonso y
Alfonso Sánchez ; deja por heredero de su casa y Palacio a Alfonso
Páez de Castillejo, su hijo mayor y de su segunda esposa doña Francisca
Sánchez de Sosa.
Casó el referido Alfonso Páez de Castillejo con doña María Suárez
48
Casas Solariegas de Córdoba 265

de Figueroa, hija de Gómez Suárez de Moscoso, Comendador de Azua-


ga y de doña Beatriz Sánchez de Merlo, su legítima mujer. Fue Alfonso
Páez, Veinticuatro de Córdoba, según consta por escrito de fecha 9 de
noviembre de 1456 (64) y Maestresala como lo fue su padre del rey don
Juan II y después de Enrique IV, su hijo ; reyes que en sus diversas es-
tancias en Córdoba fueron huéspedes de honor en el palacio que venimos
refiriendo propiedad de estos señores. En este Palacio se celebraron las
bodas del mencionado rey don Enrique IV con la princesa doña Juana
de Portugal el día o de mayo de 1455 y en él se hospedó la referida
princesa doña Juana antes de su casamiento según he podido confirmar
tras prlija investigación mediante un escrito fechado en esta ciudad a
dos de abril de 1455 por el que se compromete el carpintero Juan de la
Plaza a hacer un dosel para las dependencias que ha de ocupar la prin-
cesa doña Juana de Portugal en su casamiento con nuestro señor el Rey,
en el Palacio de don Luis Páez de Castillejo, por el precio de seis mil
maravedis (65).
Tuvo el referido Alfonso Páez de Castillejo en su mujer doña Ma-
ría de Figueroa a don Fernán Páez de Castillejo y a Gonzalo de Mosco-
so, Comendador de Lora.
Residió Alfonso Páez de Castillejo en el Palacio de Ben Nasger que
venimos historiando según consta por el casamiento del mentado rey
don Enrique IV con doña Juana de Portugal ; también por el testamen-
to que otorgó el citado Alfonso en Córdoba a 9 de julio de 1469 (66)
ante Fernán Ruiz de Guadalupe y Pedro Sánchez, escribanos públicos
de la misma ; por el que se manda enterrar en el monasterio de San
Francisco de Córdoba en la capilla y sepultura que fundaron sus pa-
dres. Manda que su mujer doña María Suárez de Figueroa, sea usufruc-
tuaria por su vida de las casas de la morada de dicho otorgante que son
en la collación de Santa María en la Plaza de los Paraysos, instituye por
sus herederos a Fernán Páez de Castillejo y a Gonzalo de Moscoso, sus
hijos legítimos y doña María Suárez, su mujer.
Pocos arios después otorga también su testamento doña María Suá-
rez de Figueroa, en 3o de enero de 1491, en el que se dice viuda de Al-
fonso Páez de Castillejo y moradora en las referidas casas o Palacios ;
deja a los Monasterios de Santa María de las Dueñas, de Santa Cruz, de
Santa Inés y de Santa Marta de Córdoba, unas mandas que su madre
doña Beatriz Sánchez de Merlo les había ofrecido.
Y por heredera en sus bienes a Fernán Páez de Castillejo y al Co-
49
266 Miguel Muñoz Vázquez

mendador fray González de Moscoso, sus hijos. Por el nombre de este


último, toma la plaza de los Paraysos, desde entonces, la denominación
del Comendador Moscoso.

LA CASA PALACIO DURANTE LOS AÑOS DE DON


FERNANDO PAEZ DE CASTILLEJO

Don Fernando Páez de Castillejo fue hijo, como hemos referido,


de Alfonso Páez de Castillejo y de doña María Suárez de Figueroa, su
legítima mujer, fue veinticuatro de Córdoba y casó con doña Leonor de
Angulo. Previa facultad de los Reyes Católicos, expedida en Burgos a
II de agosto de 1405, funda su Mayorazgo ; según escritura otorgada en
Córdoba a 25 de enero de 1496, siendo las casas principales de éste el
Palacio que venimos historiando en la plaza de los Paraysos y otras ca-
sas también cerca a esta plaza frente al referido Palacio que fueron las
que compró a los herederos de Gonzalo Alfonso Altamí.

OBRAS REALIZADAS EN EL PALACIO DE BEN NAg'ER POR


DON FERNANDO PAEZ DE CASTILLEJO. — ESCALERA
PRINCIPAL Y SU ARTESONADO

Cuando don Fernando Páez de Castillejo instituye este Palacio co-


mo casas principales de su Mayorazgo, realiza en él importantes obras
que contribuyen a su embellecimiento y mejor acomodación de mora-
da; de ellas nos queda noticia de la construcción de la escalera princi-
pal y artesonado. La escalera principal del Palacio de los Páez de Cas-
tillejo fue en un principio construida por Gonzalo Rodríguez, Maestro
Cantero Mayor de las obras de la Iglesia Catedral de esta ciudad ; según
consta por la escritura de contrato para su edificación otorgada en esta
ciudad a 28 de febrero de 1498 entre el referido cantero y don Fernan-
do Páez de Castillejo (67).
La cubierta de esta escalera es un artesonado de madera tallada de
forma ochavada, obra de carpintería mudéjar, sin duda alguna el mejor
de los techos de madera que nos quedan de este estilo y más antiguos
en Córdoba. Su traza fue debida a la mano maestra del carpintero de lo
blanco Bartolomé Muñoz, autor del artesonado de Santa Marta, según
el contrato de esta obra otorgado en esta ciudad a 2 de marzo de 1498
(68). Su tipo es de los de par y nudillo, cuyos arneruelos formados por
los lazos de a ocho combinados con los pares forman complicadas la-
50
Escalera principal del Palacio, obra de Hernán Ruiz II.

Artesonado mudéjar de la primitiva escalera del Palacio.


Casas Solariegas de Córdoba 267

cerías en forma de estrella y otras figuras geométricas, así como en sus


cuadrantes y pechinas. Los nudillos dan lugar en su unión en el centro
a un bello florón que dá aún mayor belleza a este magnífico artesonado.
Poco tiempo después de estas obras en i5o4., el 7 de febrero, ante
Antonio Rodríguez y Fernán Ruíz de Guadalupe, hacen su testamento
Fernando Páez de Castillejo. En él menciona a Alfonso Páez y doña Ma-
ría de Figueroa, sus padres, y a sus hijos y de dofia Leonor Angulo, su
legítima mujer : Francisco Páez de Castillejo, 24 de Córdoba, doña Ma-
ría de Figueroa, que casó con Fernán Diafiez de Córdoba ; dofia Catali-
na de Saavedra que casó por primera vez con Alfonso Hernández de
Valenzuela ; doña Francisca que quedó soltera y doña Aldonza de Cas-
tillejo, que contrajo matrimonio con Fernando de Angulo.
Sucedió en el Mayorazgo y Palacio, su hijo mayor don Francisco
Páez de Castillejo, veinticuatro de Córdoba. Este caballero casó con do-
ña María de Valenzuela, hija de don Alonso de Valenzuela y de doña
Isabel de Gahete, hija de Juan de Gahete y de dofia María Ximénez de
las Infantas. De los que fueron hijos: Luis Páez de Castillejo, Gonzalo
de Moscoso, que quedó soltero ; Fernán Páez de Castillejo, dofia Leonor
de Valenzuela, que casó con don Diego de Agüayo ; dofia Francisca
Sánchez de Sousa, monja en el convento de Regina de Córdoba y doña
Isabel de Figueroa y Valenzuela. Por el testamento que otorgó esta se-
ñora en Córdoba a 25 de marzo de 158o, ante Diego Fernández de Mo-
lina, así como el referido Gonzalo de Moscoso que también testó en es-
ta ciudad, a 6 de junio de 1567, nos consta lo referido de sus padres y
hermanos (69).

EL PALACIO DE BEN NASCER DURANTE LOS AÑOS DE


DON LUIS PAEZ DE CASTILLEJO. — PERIODO
RENACENTISTA

Don Luis Páez de Castillejo y Valenzuela, veinticuatro de Córdoba


y Gentil Hombre del Emperador. Heredó el Mayorazgo de Valenzue-
la por muerte de su primo hermano Juan Pérez de Valenzuela que que-
dó sin sucesión así como el que fundó su abuelo Fernando Páez de Cas-
tillejo, cuyas casas principales son el Palacio que venimos estudiando
donde éstos tuvieron su morada. Tenía estos Mayorazgos de Valenzue-
la el mismo gravamen de armas y apellidos que el de los Páez de Casti-
llejo, esto es que debían traer cada uno sus armas al lado derecho y así
debieran usarse para los de Valenzuela, como las llevó o usó su funda-
51
268 Miguel Muñoz Vázquez

dor del Mayorazgo Juan Pérez de Valenzuela (7o). Casó don Luis Páez
con doña Beatriz de Guzmán y Manuel de Lando, hija de los señores
de las Cuevas de Guadarroman. Durante la posesión del Mayorazgo y
Palacio realizó en éste, el referido don Luis, importantes obras que die-
ron lugar a que se transformasen su antigua traza mudéjar en el estilo
renacentista que hoy nos presenta, coincidiendo este mayor magnificen-
cia del Palacio con el de mayor apogeo de la familia de los Páez de Cas-
tillejo en nuestra ciudad.

ESCALERA PRINCIPAL
Cuando en i 54o un nieto de Gonzalo Rodríguez, nombrado Her-
nán Ruíz, también maestro mayor de las obras del Crucero de la Igle-
sia Catedral de Córdoba, hace en este Palacio su magnífica portada y
patio principal ; se edifica por entonces sobre su antigua escalera otra
de estilo renacentista que ha llegado a nosotros. Desgraciadamente la
piedra de cantería que se utilizó para su construcción como toda la que
se empleaba para las edificaciones en Córdoba, si bien fácil para labrar-
la aún lo es más para destruirse, por cuyo motivo los medallones con
'figuras que decoraban su balaustrada como los motivos arquitectónicos
de -ella han llegado muy destrozados y en mal estado a nuestros días;
:eh lás últimas obras realizadas en él no se han restaurado sus escultu-
ras ..sin saber la causa por la que se ha procedido así, lo que dará lugar
• á que se pierdan totalmente.

PATIO CENTRAL
Según documento de contrato de obras otorgado en esta ciudad
en 12 de abril de 1538, se encarga de hacer un patio central en las casas
principales de don Luis Páez de Castillejo, el cantero Hernán Ruíz, maes-
tro mayor de las obras de la Iglesia Catedral de Córdoba. La obra ha-
bía de consistir en la erección de cuatro arcadas en la parte baja y alta,
asentadas sobre capiteles y columnas dóricas; en la de arriba había de
correr un antepecho bien labrado. Los arcos lovulados que tenían una
de sus galerías, concretamente la del lado de levante, debieron dessapa-
recer con esta nueva obra, quedando todos ellos rebajados, como los que
se hicieron en las otras galerías por entonces. Se conserva, no obstante,
de' la obra mudéjar, en el patio, el arco con adornos de ataurique de
este estilo y las alacenas que decoran este patio ya descritas anterior-
mente.
52
Portada del Palacio, debida a la mano de Hernán Ruiz II,
cuando era su propietario D. Luis Páez de Castillejo,
en 154o.

Patio principal del Palacio obra debida al maestro cantero


Hernán Ruiz II.
Casas Solariegas de Córdoba 269

Tres de las galerías de la parte baja de este patio se cubrieron con


techo de artesonado plano y de estilo mudéjar-renacentista con florones
en medio de sus pequeños artesones. En esta última obra estas cubiertas
de madera han sido magníficamente restauradas. También tienen arteso-
nado plano labradas sus alfajías unas de las habitaciones que dan al re-
ferido patio con igual estilo mudéjar renacentista. Las obras de esta cu-
bierta fueron debidas a los maestros carpinteros de lo blanco Alonso de
la Plaza y Francisco Muñoz según consta de una escritura otorgada en
esta ciudad en 1530 por la que don Luis Páez de Castillejo y los refe-
ridos carpinteros se comprometen a hacer desde esta fecha los referidos
artesonados (7 r ).
Tiene el Palacio tres patios además del que acabarnos de referir,
uno de ellos, entrando a su derecha por la Plaza de Jerónimo Páez que
ya decimos quedó al derribar las tres casas que lindaban con dicha Pla-
za entre ellas la pequeña de Toda Martínez cuando don Luis Páez de
Castillejo hizo la portada del Palacio dándole desde entonces salida a la
referida Plaza de Jerónimo Páez o de los Paraysos. En este patio a su
entrada izquierda, en una de sus dependencias, se hallan los tres arqui-
ilos sobre pilastras ochavadas y capiteles mudéjares que ya he menciona-
do en otro lugar.
PATIO ALTO
El patio alto de este Palacio se formó por el declive de la muralla
y su relleno como se ha podido comprobar en las excavaciones practi-
cadas actualmente en él. En su subsuelo se han hallado unas galerías que
daban salida al Odeum Romano y a otro lugar desconocido. De este pa-
tio se pasa a otro más pequeño que tiene un gran aljibe de forma elíp-
tica perteneciente a la casa que en 1616 fue anexionada al referido Pa-
lacio.
Aún se halla en este palacio otro patio por el que hoy se dá sali-
da a la calle del Marqués del Villar; su pavimento antiguo bien restau-
rado es de guijarro pequeño de color blanco y negro formando en su
dibujo en el centro los escudos de armas de los Páez de Castillejo y los
de Valenzuela.

PORTADA RENACENTISTA DEL PALACIO DE LOS PAEZ


DE CASTILLEJO
En 2.2. de abril de 1540, comenzó la edificación de la bella portada
de estilo renacentista que hermosea la fachada de este histórico Palacio
53
270 Miguel Muñoz Vázquez

que fue del Muzlime Ben Nasger. La obra fue contratada por escritura
que otorgaron en esta ciudad a 3 de abril de 154o Fernán Ruíz, cantero,
hijo de Fernán Ruíz, maestro mayor de las obras de la Iglesia de la Ca-
tedral, vecino de la collación de San Salvador y Sebastián de Peñaredon-
da, también cantero y de la otra parte, don Luis Páez de Castillejo, vein-
ticuatro de Córdoba. Cuyos canteros convienen en tomar a su cargo la
labor y obra de una portada que quiere hacer en las casas de su mora-
da el referido don Luis Páez de Castillejo, conforme a la pintura de una
muestra que a este señor le fue presentada. Parece que el diseño que uti-
lizó Hernán Ruíz II para la edificación de esta portada fue el mismo
con ligera modificación que diez años antes había trazado el maestro
cantero Hernán Ruíz, su padre, para levantar otra magnífica portada en
la iglesia de San Juan de la Villa de Hinojosa del Duque, en el año 1538,
aunque esta otra portada es de estilo Isabel y por la calidad de la piedra
que para eall se utilizó, así como el esmero de su talla y de las escultu-
ras y demás elementos decorativos le dan mayor valor artístico que, a
esta otra del Palacio de los Páez de Castillejo. Las condiciones de la
obra eran : que el maestro que se encargase de ella había de levantar
una portada con dos ramales de adarve a uno y a otro lado. La portada
de treinta pies de largo y los ramales de veinte ; toda ella había de ir
de frisos y figuras de cinco ladrillos de grueso hasta llegar a la esquina
donde moraban los Valencias. Que la portada no había de llevar pletil
ni encarnaduras por dentro además se habían de hacer otros dos rama-
les de pared el uno desde la esquina donde se ha de hacer un púlpito
hasta la esquina vieja que está frontera a la casa del doctor Tomás y el
otro, desde el adarve de la mano derecha de la puerta hasta llegar a la
esquina de un palacio que está junto a ella. Estas dos tapias habían de
tener siete varas de alto con el cimiento y dos ladrillos y medio de grue-
so con su chaflan. Dichos adarves y puerta, habían de ser de buena can-
tería nueva, muy bien labrada y el adarve había de llevar una hilada de
adorno en su pletil ; por dentro había de ser como el de la casa de los
señores Marqueses de Priego. Las paredes viejas de la puerta de la calle
como las otras, habían de derribar hasta el suelo y aprovechar la tierra
para hacer mezcla y tapia y la piedra de ella para ripiaión de la obra
nueva. La portada ha de volar fuera del adarve conforme indica la
muestra, ladrillo y medio, la cual ha de llevar cuatro columnas con sus
salizanes en medio con cañas de hierro, por armas y estas columnas y
molduras fueran también conforme a la muestra, para que las figuras
sean del tamaño natural y los frisos de una vara de alto y un palmo de
54
Detalle de la portada principal del Palacio.

Balconcillo de la portada principal.


272 Miguel Muñoz Vázquez

la mano a su derecha e izquierda. La obra del friso de notable valor ar-


tístico es debida a Juan de Toribio por la que cobró treinta y un duca-
do de oro según consta por la escritura otorgada en esta ciudad entre
ambas partes, en 7 de enero de 1543 (74). Es de lamentar que no se ha-
lla restaurado esta portada en la parte correspondiente a las esculturas
como se ha hecho en su arquitectura ; esto dará lugar a que dentro de
unos arios se hallan perdido totalmente aquellas. Desdice notablemente
de la portada de Hernán Ruíz de estilo renacentista las dos que a su de-
,----recha e izquierda se han abierto en este Palacio de los Páez. La primera
de traza barroca y la segunda que da salida a la calle del Marqués del
Villar, de la que si bien sus elementos decorativos son pertenecientes al
siglo XVI, no corresponde a un edificio de tal índole ; como igualmente
el púlpito que tanto le afea la cartela que se le ha puesto como elemento
decorativo en su parte superior.
Los Hernán Ruíz de Córdoba constituyen una familia interesante
de canteros, albañiles y plateros ; artífices de numerosas obras de nota-
ble valor artístico en esta ciudad, su provincia y la de Sevilla y otras.
Todos ellos Maestros Mayores de las obras de la Iglesia Catedral. Nues-
tro venerado compañero don José de la Torre y el Cerro, sólo llegó
con la ascendencia de estos canteros hasta Gonzalo Rodríguez, padre de
otro Gonzalo Rodríguez, cantero, que vivía hacia 148o, porque los pro-
tocolos del Archivo Histórico de esta provincia solo alcanzar algunos
arios más atrás de esta fecha. Por nuestra parte, mediante escritos docu-
mentados que he hallado en el Archivo Catedralicio y otros de esta ciu-
dad, he podido seguir la ascendencia de esta familia de canteros, con
naturaleza y vecindad en Córdoba, desde Martín Ruíz y Antonio Ruíz,
albañiles mudéjares (75), que trabajaban por los arios de 142o y 1439,
respectivamente en esta ciudad. De Martín Ruiz fue hijo, Gonzalo Ruiz
que tuvo por hijos entre otros a Gonzalo Rodríguez, del que fueron hi-
jos Juan Ruíz Sangrelinda, vecinos de Santa María de Trassierra y Gon-
zalo Rodríguez cantero, Maestro Mayor de la obra de la Iglesia Cate-
dral. De este último fue hijo Hernán Ruíz, al que para distinguirlos de
los que le siguen con el mismo nombre, le indicamos con el número I,
fue cantero y Maestro Mayor de la Iglesia Catedral de esta ciudad, ca-
só con Catalina Jiménez, según consta por el testamento de éste (76);
quedaron del matrimonio Gonzalo Sánchez, cantero, Francisco Sánchez
cantero y Hernán Ruz, cantero, todos tres mayores de veinticinco arios
en la fecha de la muerte de su padre y Juan Ordóñez, racionero, de do-
56
Casas Solariegas de Córdoba 271

relieve. Si después de tener trazada la portada resultase que el escudo


de enmedio fuese pequeño, el maestro, puede subir la obra hasta el pre-
til. Que se hiciera un púlpito en la esquina que mire a uno y otro lado
sobr un bestión en el que descansará. Las obras comenzarían el 2 2 de
abril hasta San Miguel del presente ado de 154o y por el precio de cien-
to dos mil moravedís de la moneda entonces usual. Este contrato se halla
firmado por don Luis Páez de Castillejo, Fernán Ruíz el Mozo, Fernán
Ruíz, el padre de éste y el escribano que lo otorgó, Pedro López de
Molina (72).
Este es el resumen del contrato de la portada cuyos elementos son
los mismos que en ella vemos. La decoran cuatro hermosos pedestales
sosteniendo otras tantas columnas estriadas y capiteles dóricos que so-
portan un friso rico en ornamentación y una gran cornisa sobre la cual
sigue un arco o frontón en el centro y dos triángulos a los lados. Co-
ronan la portada una preciosa balaustrada de círculos separados por
acróteros. La obra de esta balaustrada fue debida a Francisco Jato y
Francisco Linares que cobraron por ella seis mil moravedís ; según cons-
ta por la escritura de contrato fechada en esta ciudad a 26 de junio de
1543 (73), en el tímpano hay dos pajes de tamaño natural, sosteniendo
un escudo de armas. Este escudo de santor o de cuatro cuarteles es el
de las armas que usó don Luis Páez de Castillejo Pérez de Valenzuela y
Córdoba ; consta de un cuartel de gules y un castillo de oro sumado
de un brazo armado que tiene una bandera cargada de una cruz de gules
como la de Calatrava ; al pie del castillo una caldera sobre unas tré-
vedes en forma de aspa. El cuartel de abajo corresponde a la casa de
los Córdoba que consta de tres barras rojas sobre fondo amarillo. En el
cuartel de la izquierda de abajo se halla el escudo de armas de los Pé-
rez que lo llevaron como primer apellido los Valenzuela y consta de cin-
co cabezas de perro ; en el cuartel de arriba de éste se hallan las armas
de los Valenzuelas que consta de un león rampante en dorado, corona-
do y el fondo de plata.
Tiene la portada otros dos escudos a derecha e izquierda ; este úl-
timo corresponde a los abuelos maternos de don Luis Páez de Castille-
jo y el anterior a los abuelos paternos del referido señor. Todos ellos se
hallan en mal estado los cuales tampoco han sido restaurados en estas
recientes obras.
En el friso de la portada se ven sirenas, rabudos y otras figuras y
en los intercolumnios en cada uno de ellos un guerrero. Sobre el dintel
hay un busto de mujer con diversas figuras de guerreros con mazas en
55
274 Miguel Muñoz Vázquez

padre y mayorazgo, y casó con doña María de Córdoba y Mendoza;


Don Jerónimo de Guzmán o Páez de Castillejo, de la Orden de Cala-
trava, que casó con doña María Magdalena Carrasco de Guzmán Páez
de Castillejo, y doña María de Guzmán Páez de Castillejo, que casó con
don Diego López de Haro, señor de las Villas de Sorba y Lubril (78).
Además de estos se citan en otros escritos (79), a Fray Pedro de Guz-
mán, Prior en el Convento de San Pablo de Córdoba, a doña Francisca
Manuel, monja en Regina Coeli de Córdoba, y doña Juana de Guzmán,
que casó con don Luis de• Cárdenas (8o).
Don Luis Páez de Castillejo había alcanzado el cargo de Procurador
Mayor de su Señoría la Ciudad en 1561, y a él se le debe la petición
formulada al Rey Don Felipe II concediendo una cédula por ella con-
tra los abusos de ciertos caballeros de Córdoba que se había apoderado
de muchas tierras que no les pertenecían.
También es interesante la historia de este Palacio de los Páez de
Castillejo, porque en él se celebró otra boda con gran esplendor, el 13
de abril de 1569, viviendo aun Don Luis Páez. Fue la del Duque de
Medina Sidonia, que casó con doña María de Silva y Mendoza, hija de
Ruiz Gómez de Silva, Príncipe de Eboli y de su esposa doña Ana de
Mendoza. Los príncipes de Eboli se hospedaron en el Palacio llamado
del hijo del Rey Don Enrique II, que corresponde hoy a la casa séria-
lada con el número 13 de la calle de Rey Heredia, con salida a la plaza
de los Paraysos o de Jerónimo Páez, de cuyo Palacio son hoy propie-
tarios los señores don Enrique Merino y doña Josefina López Suárez
Varela, del que tenemos hecho su estudio histórico y artístico. De la
famosa doña Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Eboli que lue-
go había de ser tan mal querida de su Rey, he sabido por nuevos es-
critos inéditos que he consultado en el archivo de don Pedro Criado, en
Madrid, que su prisión fue debida más a sus ocultos manejos de tratar
la separación de Portugal de España, que a sus amores con Antonio Pé-
rez. Así se dice en uno de ellos (8i) "que S. M. se había engañado en
haberla tratado así, porque si así no fuera, creía que las cosas de Portu-
gal se hubieran acabado más ayna".
El Conde vino a la ceremonia acompañado de muchos señores de
Andalucía y doscientos hombres a caballo que formaban cinco compa-
ñías lujosamente vestidas. Se hospedó en el Palacio de los Páez en el
que don Luis le había preparado para la ceremonia seis habitaciones fo-
rradas de terciopelo con un dosel en cada una de ellas. En esta ocasión
58
Artesonado de una de las galerías bajas del Palacio, cons-
truido cuando era su propietario D. Jerónimo Páez de
Castillejo, modernamente restaurada.

Vista de otro de los patios del Palacio.


Casas Solariegas de Córdoba 273

ce arios y María de la Cruz, de catorce, todos ellos con residencia y na-


cimiento en Córdoba.
Probado el natal en Córdoba de los Hernán Ruíz I y II y sus ante-
cesores por lo menos hasta el mentado Martín Ruíz, podemos descartar
la suposición de que el referido Hernán Ruíz I fuese natural de Burgos ;
nos queda por aclarar dónde aprendieron éstos su arte : unos mudéjar,
otros gótico-mudéjar y los últimos renacentistas.
Los primeros con toda seguridad siguieron el arte de los maestros
albañiles mudéjares que vivían en Córdoba y fueron preclaras figuras
en el mudéjar y gótico y nos dejaron numerosas obras, entre ellos Mae-
se Mohamed, Yantob el judío y otros. Hernán Ruiz trabajó al lado de
su padre Gonzalo Rodríguez en las obras que éste nos dejó y allí debió
aprender el arte gótico y al final de sus arios el renacentista en su estilo
Isabel ; de ello son testimonio fehaciente la obra de la iglesia del con-
vento de Santa Marta de esta ciudad, que inició su padre Gonzalo Ro-
dríguez, ya referido, la de la iglesia de San Juan, de Hinojosa del Du-
que, de la que su portada fue terminada Dor su hijo Hernán Ruiz II,
la primera en 1538 y la segunda en 1539, con arreglo a la muestra que
de ello había dejado su padre.
Hernán Ruiz Jiménez II es el más destacado de todos ellos en el
arte renacentista, trabajó también al lado de su padre hasta el ario 1547
que murió éste, y nos deja además de las referidas portadas otras obras
de notable valor artístico como son las bóvedas que circundan la capi-
lla mayor que comenzó su padre en la Iglesia Catedral de esta ciudad,
los pilares de pie de esta capilla, la capilla del batisterio de San Nicolás
de la Villa, y otras muchas más en la ciudad de que tengo noticias.
Pero nos queda otro Hernán Ruiz, nombrado el III, menos conoci-
do, hijo de Juan Ordóñez y nieto de Hernán Ruiz I. Fue Maestro Ma-
yor de las obras de esta ciudad y de su Iglesia Catedral. Es el que edi-
fica la enorme bóveda de su capilla Mayor, así como otros detalles de
ella, que se han atribuído a Hernán Ruiz II. Cuando el gran obispo de
Córdoba Reinoso, en 1598, acomete la empresa de cerrar esta capilla que
llevaba 7o años a la interperie, después de haber modificado los planos
de Hernán Ruiz I, el Arquitecto Diego de Praves (77)
Fueron hijos de don Luis Páez de Castillejo y de doña Beatríz de
Guzmán : Don Francisco Páez de Castillejo, don Juan Páez de Casti-
llejo que fue el causante del suceso de la cuesta del Dr. Don Pedro de
Meramato, que casó después con doña Leonor de Castilla y murió sin
sucesión. Don Fernando Páez de Castillejo que heredó la casa de su
57
274 Miguel Muñoz Vázquez

padre y mayorazgo, y casó con doña María de Córdoba y Mendoza;


Don Jerónimo de Guzmán o Páez de Castillejo, de la Orden de Cala-
trava, que casó con doña María Magdalena Carrasco de Guzmán Páez
de Castillejo, y doña María de Guzmán Páez de Castillejo, que casó con
don Diego López de Haro, señor de las Villas de Sorba y Lubril (78).
Además de estos se citan en otros escritos (79), a Fray Pedro de Guz-
mán, Prior en el Convento de San Pablo de Córdoba, a doña Francisca
Manuel, monja en Regina Coeli de Córdoba, y doña Juana de Guzmán,
que casó con don Luis de Cárdenas (8o).
Don Luis Páez de Castillejo había alcanzado el cargo de Procurador
Mayor de su Señoría la Ciudad en 1561, y a él se le debe la petición
formulada al Rey Don Felipe II concediendo una cédula por ella con-
tra los abusos de ciertos caballeros de Córdoba que se había apoderado
de muchas tierras que no les pertenecían.
También es interesante la historia de este Palacio de los Páez de
Castillejo, porque en él se celebró otra boda con gran esplendor, el 13
de abril de 1569, viviendo aun Don Luis Páez. Fue la del Duque de
Medina Sidonia, que casó con doña María de Silva y Mendoza, hija de
Ruiz Gómez de Silva, Príncipe de Eboli y de su esposa doña Ana de
Mendoza. Los príncipes de Eboli se hospedaron en el Palacio llamado
del hijo del Rey Don Enrique II, que corresponde hoy a la casa seña-
lada con el número 13 de la calle de Rey Heredia, con salida a la plaza
de los Paraysos o de Jerónimo Páez, de cuyo Palacio son hoy propie-
tarios los señores don Enrique Merino y doña Josefina López Suárez
Varela, del que tenemos hecho su estudio histórico y artístico. De la
famosa doña Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Eboli que lue-
go había de ser tan mal querida de su Rey, he sabido por nuevos es-
critos inéditos que he consultado en el archivo de don Pedro Criado, en
Madrid, que su prisión fue debida más a sus ocultos manejos de tratar
la separación de Portugal de España, que a sus amores con Antonio Pé-
rez. Así se dice en uno de ellos (8i) "que S. M. se había engañado en
haberla tratado así, porque si así no fuera, creía que las cosas de Portu-
gal se hubieran acabado más ayna".
El Conde vino a la ceremonia acompañado de muchos señores de
Andalucía y doscientos hombres a caballo que formaban cinco compa-
ñías lujosamente vestidas. Se hospedó en el Palacio de los Páez en el
que don Luis le había preparado para la ceremonia seis habitaciones fo-
rradas de terciopelo con un dosel en cada una de ellas. En esta ocasión
58
Artesonado de una de las galerías bajas del Palacio, cons-
truido cuando era su propietario D. Jerónimo Páez de
Castillejo, modernamente restaurada.

Vista de otro de los patios del Palacio.


Casas Solariegas de Córdoba 275

se exhibió la mejor y mayor bajilla d plata de que se tuvo noticias


por entonces.
Un ario después, en 157o, el 16 de noviembre, fundó don Luis Páez
de Castillejo una capellanía sobre las casas que hacen esquina de la plaza
de los Paraysos y cuesta del Dr. D. Pedro de Peramato, también sobre
una huerta, la de la Palma, que era de su propiedad.
En 157o a 28 de octubre don Luis Páez de Castellejo otorgó tes-
tamento, muriendo pocos días después en su casa Palacio. El Mayorazgo
y casa lo heredó su hijo don Juan Páez de Castillejo y Valenzuela, que
habiendo muerto sin sucesión pasó a su hermano don Fernando Páez
de Castillejo.
DON FERNANDO PAEZ DE CASTILLEJO Y VALENZUELA
Sucedió a don Luis Páez de Castillejo su hijo don Fernando Páez.
Fue señor del Montón de la Tierra y Villaharta y uno de los Veinti-
cuatro Caballeros de Córdoba. Casó en primeras nupcias con doña Jua-
na Manuel, de la que no dejó sucesión, y en segundo matrimonio, en 2 2 de
febrero de 1592 con doña Margarita de Córdoba y Mendoza, en la que
tuvo a don Diego Páez de Castillejo y Valenzuela que sucedió en la
casa y estado ; doña María Páez de Castillejo y Valenzuela que casó con
don Pedro Carrillo, Comendador de la Fuente del Maestre que no dejó
sucesión, y doña Beatríz Victoria de Guzmán que tampoco dejó suce-
sión. En 6 de junio de 1612 se le puso al referido don Fernando Páez
de Castillejo una demanda en la Chancillería de Granada por don Pedro
Fernández de Valenzuela sobre la propiedad del Mayorazgo de Valen-
zuela. Se obtuvo ejecutoria a favor del referido don Fernando en la
que quedó vinculado dicho Mayorazgo (82).
Muertos los hijos de don Fernando Páez de Castillejo sin suce-
sión, en 18 de diciembre de 1598, su esposa doña Margarita de Córdoba
se personó el 19 de dicho mes y año ante el mencionado escribano pú-
blico don Antonio de Molina y el Alcalde ordinario de esta ciudad
Juan García de Castro, pidiendo que se hiciese inventario de los bienes
del mayorazgo del mentado don Fernando, su esposo, y de los bienes
del apellido de Valenzuela, así como de diferentes muebles, colgaduras,
alfombras y tapices que fueron de don Fernando, también los vestidos
de mujer y ropa blanca y aderezo de cocina. En 28 de enero de 1599
se hizo otro inventario de yeguas, potros y de una esclava y ciertas tie-
rras. El cortijo de Luis Díaz lo heredó doña María Páez de Castillejo
de su padre, en una tercera parte más tres cuentos cuatrocientos cin-
59
276 Miguel Muñoz Vázquez

cuenta y cinco mil novecientos sesenta maravedís. Doña María otorgó


su testamento el 6 de noviembre de 1668, dejando a su hermana doña
Magdalena Páez de Cárdenas la mitad del cortijo de Luis Díaz más la
esclava de color negro llamada Antonia y otros bienes.
No habiendo dejado sucesión ninguno de los tres hermanos refe-
ridos pasó el Mayorazgo de los Páez de Castillejo y el de Valenzuela
a don Jerónimo Páez de Castillejo Valenzuela y Carrasco, señor de la
Villa de Villaharta, Caballero de la Orden de Calatrava, el cual por no
haber dejado sucesión en su esposa doña María de la Cerda y Mendoza
se derivaron estos Mayorazgos a don Diego Luis de Bañuelos Páez de
Castillejo Valenzuela y Córdoba. Fue éste VI señor del Montón de la
Tierra y Villaharta, Veinticuatro de Córdoba. Casó con doña Fran-
cisco de Cárdenas y Herrera. Durante su época se amplió el Palacio de
los Páez con la compra que este señor hizo en 16 de noviembre de
1616 de una casa situada a las espaldas de las suyas principales, la cual
era del Cabildo Eclesiástico y le dió este Cabildo en la compra la ca-
lleja angosta que la separaba de la suya. Fue incorporada esta casa al
Mayorazgo que fundó don Fernando Páez de Castillejo, ya citado, en
1496. Esta compra consta por la escritura que se otorgó en esta ciudad
el mentado Luis Páez de 4 de octubre de 1632 (83). La barrera que
se menciona en este documento es la llamada Costanilla de Baena, que
deslindaba entonces por uno de sus lados la muralla de la Ciudad Cua-
drata Romana y por otro el Palacio que venimos historiando.
Murió este señor sin sucesión, pasando el Mayorazgo a don Andrés
de Bañuelos Fernández de Mesa Páez de Valenzuela y por fallecimiento
de éste, sin sucesión, a doña Paula de Bañuelos Fernández de Mesa, su
hermana, casada con don Francisco Mesía de la Cerda, Marqués de la
Vega de Almijo, última poseedora del referido Palacio.
No habiendo quedado sucesión en la familia de los Páez de Cas-
tillejo, pasó la propiedad de este Palacio al Duque de Alba, don Jacobo
Stuar Firt James, Marqués de El Carpio, por pleito que sostuvo con
don José Páez de Castillejo ; demostrando que era descendiente legítimo
de don Luis Páez de Castillejo por su casamiento con doña María de
Guzmán, hija de éste.
Consta esta propiedad por la escritura de venta del remanente de
agua de la casa de Jerónimo Páez que se otorgó en 12 de octubre de
1844 por el Secretario y Administrador del referido Duque don Joaquín
León y Portella, vecino de El Carpio, quien por orden de la Exce-
lentísima señora doña Rosalía Ventimiglia de Moncada, Duquesa Viuda
60
Casas Solariegas de Córdoba 277

de Wervick Liria y Alba, madre tutora y curadora del Excmo. señor


don Jacobo Stuar, menor de edad, Duque de dichos títulos y adminis-
tradora de los bienes y rentas del Estado del Excmo. señor don Carlos
Miguel Stuar Duque que fue, su difunto marido, para que otorgase es-
critura del agua sobrada de la casa que a su S. E. pertenece en dicha
ciudad de Córdoba y a los Mayorazgos fundados por Fernan Páez de
Castillejo y doña Leonor de Angulo su esposa, en 1596, situada entre
las calles Plazuela de Páez y cuesta de San Benito.
LOS TREVILLA, DUEÑOS DEL PALACIO DE BEN NASCER
Pasó el Palacio de los Páez de Castillejo por compra al Duque de
Alba, a propiedad de don Juan Manuel de Trevilla, como así consta en
la escritura que eleva este señor al Cabildo Municipal de esta ciudad,
con fecha 24 de enero de 1851, solicitando se le concede parte de la
Plaza de los Paraysos o de Jerónimo Páez que correspondió a este Pa-
lacio cuando se derribaron varias casas de él para hacer su portada.
Siendo propietarios del referido Palacio don Manuel y don Andrés
de Trevilla, fue alojado en 1836 don Miguel Gómez, que venía al man-
do de la facción Carlista. En sus amplios salones concurrieron la oficia-
lidad más caracterizada y en ellos se nombró la Junta de Gobierno pa-
ra favorecer la causa Carlista y sostener la orden en esta ciudad, por
aquellos días.
No tengo noticias de obras realizadas durante el período de los Tre-
villa en el Palacio de los Páez, por lo que parece no se hizo alguna. La
casa llegó en muy mal estado a nuestros días. Personalmente lo pude com-
probar su estado ruinoso en muchas de sus dependencias, cuando en su
planta alta se hallaba instalada la Academia Espinar en la que fue alum-
no interno durante varios años de mi juventud.
En la actualidad a pesar de no haberse seguido en cuanto a su an-
tiguo estilo muy rigurosamente su restauración, Córdoba ha rescatado a
las dentalladas demoledoras del tiempo y a la incuria de los hombres,
uno de sus mejores palacios y de más rancio sabor histórico y artístico,
en cuya restauración, en la que no se ha regateado nada de lo mejor,
para mejor, su inteligente orfebre el muy ilustre Arquitecto don Félix
Hernández, ha pulido la gema que nos dejó el noble árabe Ben Nascer,
para que, así como en otro tiempo fue mansión de reyes y grandes se-
ñores, ahora sea feliz morada de piedras seculares, que son documentos
fehacientes de los siglos de mayor esplendor y gloria de nuestra ciudad
constituyendo éstos, un riquísimo acervo arqueológico, que gracias a la
61
278 Miguel Muñoz Vázquez

paciente labor de catalogación de su anterior Director don Samuel de


los Santos Gener, y ahora a la ingente labor también de catalogación y
artística y sabia colocación de sus piezas, por su actual Directora la se-
ñorita Ana María Vicen Zamora, Córdoba posee uno de los mejores y
más completos Museos Arqueológicos de España y de otras naciones
del extranjero.

NOTAS

(1) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-


nando III el Santo", inédito.
(2) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 16.
(3) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(4) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Libro de las Ta-
blas, folio 113.
(5) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 297.
(6) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 3o3.
(7) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 508.
(8) Archivo Municipal de Córdoba. "Deslinde de calles", Expte. n.° 83.
(9) Maravel (D. Luis), Historia de Córdoba, M. S.
( ro) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(11) Archivo Municipal de Córdoba. "Padrones Municipales". Leg.
z) Archivo de D. Pedro Criado. "Pleito de la Casa de Guadalcázar", M. S.
(13) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 69.
04) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 7o.
(15) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 1o3.
( [6) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(17) Maravel (D. Luis). Historia de Córdoba. M. S.
( [8) Archivo de San Hipólito. Caj. E. n.° 18.
09) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. A. n.° zoo.
(2o) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(n) Revista de Ciencias Jurídicas. Año III, pág. 130.
(22) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(23) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. M. S. de Varios.
T. 1o3.
(2.4) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(25) Miguel Muñoz Vázquez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(26) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. Y. n.° 126.
(27) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 248.
(28) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. N. n.° 80.
(29) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. P. n.° 7.
(3o) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
62
Casas Solariegas de Córdoba 279

(31) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. 11.° 296.
(32) Morales y Padilla. M. S.
(33) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(34) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(35) Maravel (D. Luis). Historia de Córdoba, M. S.
(36) Maravel (D. Luis). Historia de Córdoba. M. S.
(37) Maravel (D. Luis). Historia de Córdoba. M. S.
(38) Archivo de D. Pedro Criado. "Pleito de la Casa de Guadalcázar". M. S.
(39) Maravel (D. Luis). Historia de Córdoba. M. S.
(40) Maravel (D. Luis). Historia de Córdoba. M. S.
(41) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(42) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 6o.
(43) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 83.
(44) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 2o7.
(45) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 42o.
(46) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(47) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(48) Archivo del F,xcmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 112.
(49) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. 73.
(50) Archivo del I 'xcmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 300.
(5i) Archivo del I, 'cmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. F. n.° 87.
(52) Archivo de D Pedro Criado. "Pleito de la Casa de Guadalcázar". M. S.
(53) Archivo del E> cmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° 17.
(54) Archivo del Es •mo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(55) Archivo del Ex, rno. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(56) Archivo del EXC' 00. Cabildo Catedialicto de Córdoba. Caj. N. n.° zoz.
(57) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. P. n.° 193.
(58) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. P. n.° 78.
(59) Miguel Muñoz Va r.quez. "Repartimiento de Córdoba por el Rey D. Fer-
nando III el Santo", inédito.
(6o) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Libro Verde".
(61) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. E. n.° I I I.
(6z) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. N. n.° 315.
(63) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. A. n.° 76.
(64) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. HS. n.° 402.
(65) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.° 15.
(66) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. "Papeles del Ar-
chivode la Casa de Guadalcázar".
(67) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.° 78.
(68) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.° 79.
(68) Archivo de D. Pedro Criado. "Pleito de la Casa de Guadalcázar". M. S.
(69) Archivo de D. Pedro Criado. "Pleito de la Casa de Guadalcázar". M. S.
(7o) Archivo de D. Pedro Criado. "Pleito de la Casa de Guadalcázar". M. S
(71) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.°
(72) Archivo Notarial de Córdoba. Ofi. 2o. Tomo 152, folio 325.
(73) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.°
(74) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.° 19.
(75) Archivo del Excmo. Cabildo Catedralicio de Córdoba. Caj. B. n.° 65.
•(76) Archivo Notarial de Córdoba. Alonso de Toledo. Tomo 26.
(77) Biblioteca Diocesana de Córdoba. Papeles sobre el Obispo Reinoso. M. S.
(78) Miguel Muñoz Vázquez. Historia de El Carpio. Cap. V.
(79) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.°
(80) Archivo de D. Pedro Criado. M. S, n.° 21.
(8i) Archivo de D. Pedro Criado. M. S. n.° 73•
(8z) Archivo de D. Pedro Criado. "Pleitos de la Casa de Guadalcázar". M. S.
(83) Archivo Notarial de Córdoba. Ofi,, 25. Tomo 76, folio 864.

63
Aportaciones documentales a las biografías
de autores y comediantes que pasaron por
la ciudad de Córdoba en los siglos XVI y XVII

Por Rafael Aguilar Priego

La historia del teatro en Córdoba, trazada por la pluma de don Ra-


fael Ramírez de Arellano, pone de relieve y dá a conocer interesantes
pormenores del desarrollo de esta importante rama de la literatura. Por
ello este trabajo sólo pretende dar a luz tantas notas como vamos resu-
miendo, por si pueden contribuir en algo a la formación de una com-
pleta historia de nuestro Teatro. Tal pretensión puede parecer prime-
ra vista un tanto vanidosa, pero si se considera la temeridad que esto su-
pone, de seguro que unánimemente se nos aplicarán calificativos más o
menos despectivos que no harán mella en nuestro ánimo, ya que empren-
demos la tarea con el solo y exclusivo objeto de resaltar más y más el
nombre de Córdoba, que orgulloso puede ir unido a todos los aspectos
que de la Historia general puedan enumerarse. Si a pesar de todo ello el
esfuerzo resultara inútil y vano el propósito, al menos nos quedará la
satisfacción de haber contribuído en la medida de nuestras escasas fuer-
zas, al estudio de los personajes de que trataremos, que atraídos por la
farándula hicieron caso omiso de tantas diatribas con que fue conside-
rarlo el Teatro "tan vituperado por el mundo serio, como aplaudido por
el alegre".
Las noticias documentales de la celebración de comedias en Córdo-
ba, datan de la segundo mitad del siglo xvi, si bien el lugar donde se ha-
cían las representaciones no se conoce con exactitud hasta el 1583, por
un traslado del poder conferido en Sevilla por el famoso comediante
Alonso de Cisneros, a favor de Lorenzo Fernández de Guadiana y de
Francisco de Oliver, ambos vecinos de Córdoba, para que le arrendasen
el corral de representaciones llamado "Las Casas de Pedro Mato" (1).
65
282 Rafael Aguilar Priego

Arrendamiento que se efectúa el 2 de junio del año citado, por Luis


de Abarca, boticario, en nombre del doctor Pedro Mato, vecino a la
sazón de Sanlúcar, con todas las dependencias, más un aposento donde
se solían vestir los comediantes (2).
Este corral estuvo situado en las casas del célebre médico en la hoy
denominada calle Alta de Santa Ana y probablemente destinada a este
fin a raiz de los sangrientos sucesos de que fue escenario. A partir de
esta fecha la ubicación del lugar queda determinada por los escritores
cordobeses.
Las vicisitudes por que atravesó el teatro en Córdoba, corren pa-
reja con las de las demás ciudades españolas ; unas veces prohibido, otras
autorizado, cuyo desarrollo puede verse en cualquier obra sobre histo-
ria del teatro, y en cuanto a Córdoba en la ya citada del señor Ramírez
de Arellano, en el "Indicador Cordobés", de Ramírez de las Casas Deza,
o en un trabajo manuscrito del mismo autor que se conserva en la bi-
blioteca de la Real Academia de Córdoba.

LOPE DE RUEDA

Es Lope de Rueda el primer autor que por documentación se in-


corpora al teatro cordobés, como más tarde había de incorporarse su
nombre, "oscuro de origen, a la lista de los inscritos en la inmortalidad".
El antiguo batidor de oro sevillano que corrió las provincias y principa-
les ciudades de España, vino a otorgar su postrera voluntad a Córdoba
en 21 de marzo de 1565, estando viviendo en la collación de Santa Ma-
ría, en casa de Diego López, maestro de "enseñar a leer mozos". A su
muerte fue sepultado en la Catedral (3).

ALONSO DE CISNEROS

Entre los comediantes que en el siglo xvi recorrían pueblos y ciu-


dades, destaca la figura de Alonso de Cisneros, como uno de los de más
recia personalidad por sus actitudes y talento. Toledano de nacimiento,
ingresando muy joven en la farándula de Lope de Vega, pronto llegó
a ser uno de los personajes más representativos de su época. A él se
debe en gran parte, en opinión de Díaz de Escovar y Lasso de la Vega,
,

el perfeccionamiento de aquel arte que cultivó el insigne Lope de Rue-


da "con más talento que arte". En su biografía trazada por estos auto-
66
284 Rafael Aguilar Priego

Jamás en nación alguna alcanzó la literatura dramática el grado de


esplendor que en la nuestra en el siglo xvii, llegando el teatro español a
un apogeo difícil de superar. Por doquier multiplicábanse los espectácu-
los teatrales y una numerosa falange de compañías de cómicos cruzaban
la Península en todas direcciones. No quedó nuestra ciudad a la zaga
de este movimiento, y una tras otras desfilaron por ella todas o casi to-
das las compañías que durante esta centuria aparecieron en el mapa
nacional.

PEDRO JIMENEZ DE VALENZUELA

Sin que nos sea dado puntualizar el motivo de la estancia en Cór-


doba, su ciudad natal, del autor de comedias Pedro Jiménez de Valen-
zuela, lo cierto es que en ella se hallaba a 3 de diciembre de 1.6o2, en
que se concertó con Francisco de la Orden para que le facilitara 17
mulas y cuatro mozos, para llevarlo con su compañía a la ciudad de
Granada (9).

GASPAR DE PORRAS

Representando en esta ciudad la compañía de Gaspar de Porras a


finales de 16°3, ocurrió un lance desgraciado del que salió mal parado
el farsante de ella Domingo Balbín, con una herida en la cabeza que
le causaron don Francisco de Mesa y Diego Suárez, que le tuvo en
trance de muerte, de la que fue curado por el doctor Juan Andrés Des-
pino (

JERONIMO DE CALDERON

Al paso de Jerónimo de Calderón, por Córdoba en 1610, para ha-


cer diez representaciones, contrató en 29 de septiembre, a los granadi-
nos Baltasar de Luna y Juan Arias, para su inclusión en la compañía
que llevaba ( i).

LUIS DE VERGARA

El madrileño Luis de Vergara, aparece en Córdoba en 1614 en que


con su compañía hizo catorce representaciones, otorgando a 21 de mar-
68
Biografías de autores y comediantes 285

zo un poder a favor del presbítero Damián Solucio del Pozo, vecino de


Sevilla, para que tomara en su nombre la mitad de los carros y autos
que habían de tener lugar durante las fiestas del Corpus en la ciudad
hispalense ( 2.).

JUAN DE MORALES MEDINA

Siguiole en la representación de quince comedias el año 1615 el


también madrileño Juan de Morales Medina, que aquí renovó parte de
su vestimenta con géneros comprados al mercader Gaspar Gómez de
Galarza ( 3).

PEDRO LORENTE

Durante el ario 1616 y finales del anterior, arriba con su compañía


Pedro Lorente, que hace un total de veintinueve representaciones, in-
corporándose a su compañía por el mes de febrero el comediante Juan
Jiménez, que se obligó a asistir en ella hasta Carnestolenda del ario ve-
nidero ( 4).

JERONIMO SANCHEZ

Por agosto de 1617 encontramos por Córdoba al toledano Jerónimo


Sánchez que se concertó con Andrés de la Orden para hacer dieciocho
representaciones (1 5), durante cuyo tiempo otorgó dos poderes al cita-
do mes, uno a favor de don Luis de Melo, vecino de Lisboa y el otro
a Gonzalo de Ruz, residente en Antequera a fin de que hiciera ajustes
con los arrendadores de las casas de las comedias de ambas ciudades (I 6).

DIEGO LOPEZ DE ALCARAZ

El mismo día que terminada Diego López de Alcaráz de cumplir


el contrato que le había traído a Córdoba, a hacer dieciocho represen-
taciones, otorgaba a 4 de diciembre de 1618 dos escrituras ; la una en
nombre propio y en el de los demás oficiales de su compañía, a favor
de Luis de León, vecino de Sevilla, sobre cierta cantidad de un asiento
y concierto que hizo para ir a representar a la vecina ciudad en el Co-
rral de Doña Elvira y después marchar a Granada (I 7), y la otra obli-
69
Biografías de autores y comediantes 287

ciendo que sus contemporáneos la miraran con respeto excepcional, y


que su nombre se citara como modelo de dama pigdosa y honrada (24).

JUAN DE NIEVA

Que había llegado a Córdoba a mediados del mes de enero de 1624


para hacer ocho representaciones que terminaron el 8 de febrero, mar-
cha con su compañía a Ecija donde empezó a representar el día 19 para
terminar el martes de Carnestolendas (25).
Por abril de 1631 lo encontramos de nuevo en Córdoba otorgando
poder a Pedro Salazar, vecino de Jaén para hacer el contrato de las fies-
tas del Corpus en la ciudad de Baeza (26), terminadas las cuales se tras-
ladó a la de Jaén según había estipulado con Diego de Salazar, arren-
dador de las casas de las comedias jiennense, del que ya había recibido
cierta cantidad (27).
La famosa cofradía de la Virgen de la Novena instituída en Madrid
y que se había formado a raiz del milagro obrado por la Madre de Dios
en la persona de Catalina Flores en 1624, agrupó desde sus comienzos
todos los comediantes aun antes de ser aprobadas sus constituciones en
1634. A 6 de mayo de 1631, lo hizo en virtud de poder Juan de Nieva
con toda su compañía, integrada entonces por Sebastián de Avellaneda
y Catalina de Bribiesca, su esposa ; Juan Bautista de Espinosa y Angela
Rodríguez, la suya ; Jerónimo de Castro y Tomasa de Arcos, Jerónimo
Martín y Francisca de Espinosa, Rodrigo de Ibar y Ana de Acevedo,
Juan de Montes, Gregorio Morales, Pablo Lezcano, Juan de Arce, Pe-
dro de Arriga y Francisco de la Guardia (28).
Ya no vuelve a aparecer por Córdoba hasta el 1634 en que empezó
a representar el día de Pascua Florida (29), de aquí pasó a Jaén donde
estuvo en la fiesta del Corpus (3o), pasando antes por Granada (31). Al
siguiente año de 1635 viene de nuevo a trabajar a Córdoba, y estando
en ella a 23 de mayo se obligó con su compañía formada a la sazón por
Juan Francisco Vernal, Juan Acasio Vernal, su padre, Juan Calvo, Je-
rónimo de Castro, Juan de Montoya, Francisco de Espada, Francisco
Díaz, Manuel Macedo, Miguel Miranda, Antonio Vélez de Guevara,
Juan Miguel y Francisco Bravo, a ir a Baeza a representar el día del
Corpus y su octava (32).

71
288 Rafael Aguilar Priego

TOMAS FERNANDEZ CABRERO

El paso de este comediante por la ciudad, queda señalado por escri-


turas otorgadas en tres arios distintos. El primero en 1624 en que en el
mes de noviembre y en unión de su esposa Ana María de Capena se obli-
garon a pagar a Juan de Anaya ciertas cantidades de dinero que les ha-
bía prestado (33). De aquí marchan a Toledo. El segundo en 1633, en
que a partir del 6 de diciembre empezó a hacer treinta representaciones
en virtud de contrato hecho el 4 de noviembre por don Alonso de los
Ríos, a quien Fernández le había otorgado poder en Logroño donde por
aquellos días actuaba con su compañía (34). Estando en el cumplimiento
de la obligación contraída, otorgó a 14 de enero del 34 un poder a favor
del vecino de Sevilla, Roque de Burgos, mercader de ropería, para esco-
ger oficiales que asistieran en su compañía a partir de Pascua Florida has-
ta Carnestolendas del 1635 (35).

ANTONIO GRANADOS

De este comediante natural de Madrid sólo no es dado consignar


que encontrándose en Córdoba en 1625 a 14 de mayo otorgó poder a
favor de Diego Fernández de Salazar, vecino de Granada, para que hi-
ciera concierto con los arrendadores de las casas de las comedias de es-
ta ciudad por el número y representaciones que acordaron (36).

CRISTOBAL DE AVENDAÑO

Andrés de Claramonte nos dice que Cristóbal de Avendaño fue un


famoso representante y apreciable poeta. Como tal y por el rango de
su compañía actuó en las principales ciudades españolas. En Córdoba se
hallaba por octubre de 1625, de donde pasó a Toledo regresando de
nuevo a Córdoba, en cuyo viaje invirtió la cantidad de 52.9o4 marave-
dís, por el alquiler de 25 mulos con sus mozos (37). Estando trabajando
en Sevilla el ario 1629 se concertó con el arrendador de las casas de co-
medias de Córdoba, para venir con su compañía a dar 3o representa-
ciones comenzando el 8 de septiembre. Ya se encontraba aquí a 2 de
septiembre en que dió poder a Francisco d Cartagena y Juan d Torres,
vecinos de Antequera para que pudieran venderle dos esclavas que te-
72
Biografías de autores y comediantes 289

nía (38). Estuvo casado con María Candaín, y fue de los que en 1624
fundaron la Cofradía de la Novena.

PEDRO DE V ALDES

Fue éste el autor de comedias que con su compañía actuó en Cór-


doba desde septiembre a noviembre de 1626 en que se trasladó a la ciu-
dad de Lucena a cumplir el contrato que en su nombre había hecho An-
tonio Reina (39). Los enemigos que por doquier surgían contra el tea-
tro, haciéndole una guerra despiadada, convirtieron ésta poco menos que
en cruzada, y al subir al trono Felipe III el golpe fue seguro, pues se
dispuso que sólo hubiese doce compañías, una de las cuales fue la de
Pedro Valdés, que como uno de los nombrados por S. M. se institula
en el poder que otorgó en 2 de septiembre a favor del autor Juan Mar-
tínez y de Juan de San Martín para que pudieran querellarse en su nom-
bre contra cualquier autor que representara las comedias que le perte-
necían y en especial las que compró de Antonio Prados (4o).

JU AN V AZQUEZ

Las representaciones de octubre y noviembre, estuvieron a cargo


del autor Juan Vázquez, que de aquí marchó a Lucena, sucediéndole en
la temporada de diciembre a enero de 163o, el autor de comedias (4i).

FRANCISCO LOPEZ

Vecino de Zaragoza, que terminada su obligación se marchó a Eci-


ja a hacer diez y seis representaciones a partir del 26 de enero según
concierto que había hecho con Miguel López que tenía a su cargo el
teatro de dicha ciudad a 17 del mismo mes (42).

ALONSO DE OLMEDO Y TOFIÑO

Este gran comediante y autor nacía en Talavera de la Reina a fi-


nes del siglo xvi, cuya vida un tanto azarosa nos la describen Díaz de
Escovar y Lasso de la Vega, sobre todo en aquella etapa de su vida en
que quedó locamente enamorado de Luisa de Robles. En Córdoba em-
pezó a actuar el día de Pascua Florida de 1630, haciendo treinta repre-
73
Biografías de autores y comediantes 291

BARTOLOME ROMERO

El 23 de julio de 1632 Pedro del Castillo firmó escritura para que


Bartolomé Romero y su compañía, de la que era cobrador, hiciera en
la casa teatro de las comedias de Córdoba 34 representaciones contí-
nuas a partir del primero de septiembre (51). A esta escritura sigue la
otorgada por el propio autor a 8 de octubre en la que se obliga a ir
con su compañía a la ciudad de Sevilla (52). En 13 de septiembre de
1633 formaliza por medio de escritura la obligación de dar 15 repre-
sentaciones en Córdoba (53), a partir del día de San Miguel, cobrando
cuatro ducados por representación. En dicha escritura se dice vecino
y natural de la villa de Madrid. Cumplido el contrato marcha a la ciu-
dad de Lisboa con su compañía y todo el bagaje de ésta consistente en
doscientas cincuenta arrobas de ropas, arcas y maderas, transportadas en
t5 mulas que alquiló con cinco mozos de camino, a 12 de octubre (54).
Por septiembre de 1634, Antonia Muela Catalán, asimismo autora y es-
posa de Bartolomé, otorga poder en Córdoba a favor de Pedro de Ayu-
so, para que hiciera conciertos en nombre de ambos con el arrendador
de la casa de las Comedias de Granada (55). En 1635 incorpora a su
compañía al representante madrileño Juan Jerónimo de Heredia y a su
esposa María del Castillo y de los Ríos, a la sazón residente en Córdoba
formando parte de la compañía de Pedro de Ortegón, por tiempo de
un ario a partir desde el primer día de Cuaresma (56).

JUAN JERONIMO VALENCIANO

A cargo de este autor estuvo la temporada de la Pascua Florida del


ario 1632 con 20 representaciones, prolongando su estancia en Córdoba
hasta el mes de junio del ario indicado (57), en que con su cumpañía
se trasladó a la ciudad de Andújar (58), no sin antes obligarse a pagar
a Juan de Anaya mil reales que salió debiéndole del remate de cuentas
que con él había tenido (59). En estas escrituras se titula vecino de la
ciudad de Valencia. En sus comienzos actuó en la compañía de Cristó-
bal Ortiz, actuando también algunos arios junto a su hermano Juan Bau-
tista Valenciano y dejando su condición de autor volvió a trabajar en
la compañía de Manuel Alvarez Vallejo, con la que estuvo en Sevilla
en 1634, según nos dicen los ya mencionados Díaz de Escovar y Lasso
de la Vega. Estuvo casado con María de Cáceres.
75
292 Rafael Aguilar Priego

FRANCISCO PRIETO

Este autor, prueba su paso por Córdoba en dos documentos otor-


gados a 7 y 24 de junio respectivamente ; el primero en unión de su
esposa Inés de Hita, ambos vecinos de Madrid, obligándose a pagar a
Pedro Fernández de Espinosa 2.50o reales que le prestó (6o), y el se-
gundo dando por libres a los representantes de su compañía Simón de
Miranda y a su mujer Juana Bautista (6i).

PEDRO ORTEGA

Se sabe que residía en Córdoba el año 1635 cuando a 26 de enero


otorgó poder a favor de Domingo de la Vega, para ajustar con el arren-
dador de las casas de las comedias de Málaga, el número de represen-
taciones que convinieren, así como tiempo en que habían de hacerse
y precio de ellas (62).

JUAN BEZON

Fue natural de Madrid y autor de comedias y formó parte de la


compañía de Tomás Fernández. En Córdoba se hallaba por noviembre
de 1637 ; en primeros de dicho mes se concertó con Juan López Canal,
natural de Valladolid, perteneciente a la compañía de Damián Arias, y
con su esposa Ana de Barrios para ingresar en su conjunto durante un
año que se contaría a partir del Miércoles de Ceniza de 1638 (63). El
mismo día otorgó poder a favor del dicho Juan López para contratar
a otros representantes, a fin de formar compañía, lo que nos muestra
que estuvo en nuestra ciudad dejando su condición de actor para pasar
a la de autor.

ALONSO DE LA PAZ

Poco productiva fue para este cordobés la temporada que pasó en


su tierra natal el tiempo que estuvo con su compañía, pues todas las es-
crituras que aquí firmó en unión de su esposa Bernabela Manuela, son
de obligación de pago de cantidades por alojamiento y telas compradas
para el vestuario de sus huestes. A su llegada a Córdoba procedentes de
Madrid, de donde eran vecinos, se alojaron en las Posadas de Lino y
Ballinasi (64), y desde el 3o de marzo hasta el 3o de mayo de 1639 en el
76
Biografías de autores y comediantes 293

Mesón de las Rejas, donde por razón de camas y comidas se compro-


metieron a pagar a Andrés Martínez mil veinticinco reales (65). Nada
nos dice de este autor cordobés el señor Ramírez de Arellano en su obra
"El Teatro en Córdoba".

ANDRES DE LA VEGA

De carácter bonachón, y por otro nombre llamado El Gran Turco,


anduvo por Córdoba en 1639, y en ella otorgó una carta de pago a fa-
vor de Miguel de Miranda, cobrador y administrador que fue de su
compañía, por valor de go reales, con los que le acababa de liquidar to-
dos los maravedíses que tenía en su poder de la compañía (66). En su
compañía formaron elementos tan valiosos como Damián Arias y Ma-
nuel Coca y Reyes. Estuvo casado con la famosísima comedianta Maria
de Córdoba, la bella Amarilis, que unió a su célebre mérito artístico sus
famosas aventuras amorosas a que tan dada fue en el transcurso de su
vida.
FELIPE ORDOÑEZ

Al siguiente año de 164o a 8 de abril, comenzó este autor de co-


medias, vecino de Madrid, a hacer 25 representaciones diferentes según
contrato que había firmado en 14 de marzo (67), pasando de esta ciu-
dad de Córdoba a la de Andújar, con su compañía a representar 20
funciones a partir del 8 de mayo (68).

FRANCISCO VELEZ DE GUEVARA y


FRANCISCO ALVAREZ DE VITORIA

Son autores de comedias que pasan por Córdoba, como estrellas


fugaces, vecinos de Madrid, el ario 1641, dejando rastro de su paso en
una escritura de obligación a favor del arrendador de las casas de las
comedias de 324 reales y 2o maravedíses, del ajuste de cuentas y dinero
prestados (69).

ANTONIO DE RUEDA

Terminada la temporada que había' hecho en Córdoba el autor An-


tonio de Rueda, se trasladó a Madrid a mediados de octubre (7o). Por
ésta aparece de nuevo en 1645 a cumplir el concierto que tenía fir-
77
294 Rafael Aguilar Priego

mado para representar treinta comedias a partir del 7 de septiembre,


de las cuales 20 habían de ser nuevas, recibiendo treinta reales en cada
día de los que representara (71). Perteneció a la compañía de Rueda
la renombrada Feliciana Andrade, una de las tres hermanas llamadas las
tenientas, de excepcional belleza y hermosura, como admirable declama-
dora. Su fama corrió pareja con sus aventuras amorosas. Estuvo casada
con el autor Francisco López, que también figuró en dicha compañía.

TOMAS DIAZ

La escritura firmada en Córdoba el 26 de agosto de 1643 por el


autor Tomás Díaz, el Labrador, obligándose a ir a representar treinta
funciones al corral del Coliseo de Sevilla, a partir del 15 de septiembre,
a la vez que nos señala su paso por la ciudad califal, nos dá con exac-
titud la fecha del nacimiento de la Que más tarde había de adquirir
justa nombradía, de Bárbara Coronel, que figura con once años de
edad en la compañía, junto con sus padre Agustín Coronel y María
Coronel, que al lado de Juan Gutiérrez y Polonia María, su mujer; An-
tonio de Cabello y Lucía de Cabello, la suya ; Diego Jiménez y su es-
posa Jerónima Coronel ; Bartolomé de Robles y Alfonso de Haro ; Juan
de Carriza, Pedro de Salazar, Juan Fajardo, Onofre Pascual y José de
Torres, y el apuntador Jerónimo Muñoz que integraban las huestes del
Labrador, recorrieron en triunfo buen número de corrales por aquellos
años (72).

DIEGO Y JUAN RIBAS

Estos hermanos firman dos contratos que como autores de come-


dias representaban en Córdoba por los meses de abril y mayo de 1644.
El primero para ir a la ciudad de Murcia (73) y el segundo para estar
en Madrid a primeros de octubre (74) donde continuarían cosechando
aplausos y fama.

PEDRO DE LA ROSA

Este autor tuvo en su compañía elementos muy valiosos tales como


Francisco López, Ana Barrios "La Napolitana" que había pertenecido
a la compañía de Roque de Figueroa, y Bernarda Manuela Ramírez, lo
encontramos por Córdoba en noviembre de 1653 en que dice haber re-
78
Biografías de autores y comediantes 295

cibido 17.000 reales de Luis de Peñalosa, alguacil de corte, para hacer


el viaje a Madrid, según contrato que había firmado, estando represen-
tando en Jerez de la Frontera. Para efectuar este traslado alquiló 41 mu-
las de silla, 14 mulos de carga y seis mozos de camino, a precio de 189
reales cada mula, y 13 cada arroba de ropa.

JACINTO RIQUELME y ESTEBAN NUÑEZ

Al frente de sus respectivas compañías se sucedieron en Córdoba


el ario 1655, los autores Jacinto Riquelme y Esteban Núñez, cuyo ras-
tro documental queda hasta ahora fijado por los meses de febrero y
marzo, en que otorgaron sendas escrituras para aumentar sus huestes.
El primero contratando a Francisco García, el Pupilo, para repre-
sentar primeros papeles (76), y el segundo a José de la Cuesta y Anto-
nio de Acevedo para hacer de segundo gracioso y apuntador respecti-
vamente (77). Riquelme estuvo casado con Francisca Verdugo. Su nom-
bre como autor de no escaso talento iba unido a su poca formalidad
en sus compromisos, según aseveran los ya citados Díaz de Escovar y
Lasso de la Vega.

MIGUEL BERMUDEZ

Haciendo las representaciones de Pascua Florida de 1656 se en-


contraba en Córdoba Miguel Bermúdez con su compañía, formada por
su esposa María de Salas ; Francisca de Valencia y Antonia Manuela,
Marco Antonio, Carlos de Salazar, Bárbara Coronel, Antonio de Mata,
Bernardo López del Campo, Domingo García, Sebastián de Arriaga y
Alonso de Navas, Pedro de Aguilar Escribano, Francisco de Salas y Jai-
me Cortés, cuando en 28 de abril dió poder a Diego Rodríguez para
que hiciera el concierto con los diputados de las fiestas del Corpus, de
la ciudad de Jaén, a fin de hacer un auto, una comedia loa y bailes,
entremeses y otros sainetes, tanto el día de la festividad como en el de
su octava, cobrando por ello 3oo ducados (78).
Terminadas estas fiestas se trasladó a Lucena, donde ya tenía con-
certado desde el 5 de junio el hacer 3o ó 4o representaciones.
Antes de ausentarse de Córdoba, renovó parte de su vestuario con
mercaderías compradas a Juan de Arriaga y como no tenía dinero pa-
ra pagar, le entregó en resguardo un collar y una rosa de corales, un
collar de perlas y media de aljorfar con corales interpolados y una joya
79
296 Rafael Aguilar Priego

de filigrana con sus lazos de lo mismo (79). En 1662 vino a Málaga y


comenzó a actuar el 9 de septiembre, permaneciendo en Córdoba hasta
cumplir lo firmado, que eran 3o representaciones (8o). Lo encontrarnos
nuevamente en ella en 1663, firmando el concierto para hacer la tempo-
rada de Pascua Florida, con 3o representaciones, con compañía integra-
da por Manuel García, Juan Francisco, Juan de Figueroa, Manuel Sal-
vaterra, Esteban de Almendros, su esposa María de la Paz y su hija
Isabel de Almendros, Francisco Antonio, José Duarte, Miguel Pérez, Vi-
cente Alvarez y Marcelo de Quiñones, Juan deAlarcón, Ana de la Guar-
dia, Isabel Josefa y Lucía García mujer de Juan de Figueroa (8r).

JUAN PEREZ DE TAPIA

Estaba casado con Basilia Alcaráz y padre de Carlos de Tapia, que


figuró en la compañía de Jacinto Riquelme, vino a Córdoba desde Je-
rez de la Frontera a hacer cincuenta representaciones a partir de prime-
ro de septiembre del año 1656 (82). En el de 1658 se trasladó a Sevilla
y en octubre de 166o dió poder a su hijo Carlos para reorganizar la
compañía (83).

TORIBIO DE LA VEGA

Este autor fue obligado a venir a Córdoba por el comediante Juan


Pérez de Tapia a instancias de José Rojo, que actuaba en su compañía.
Toribio de la Vega trajo toda su compañía para representar desde el
día 12 de enero de 1656 hasta el martes de Carnestolendas (84), siguién-
dole en la temporada de septiembre con 3o funciones.

BALTASAR LUIS

Que firmó el contrato en el mes de junio, estando residiendo con


su compañía en Medina Sidonia y de paso por Córdoba (85).

ANTONIO DE CASTRO

Su paso documental por esta ciudad queda marcado por una escri-
tura de obligación fechada en 13 de junio de 1658, reconociendo de-
berle al arrendador de la casa de las Comedias 5.308 reales que le ha.
bía prestado y de cuya obligación tuvo que ser apremiado por no pagar
en el plazo convenido (86).
80
Biografías de autores y comediantes 297

FRANCISCA LOPEZ

En virtud de un poder otorgado en la villa de Morón por Fran-


cisca López y su compañía, se presentó en Córdoba el cobrador de ella
Juan de Pantaleón, y firmó una obligación para que representaran en
Córdoba 3o comedias, comenzando el 12 de septiembre de 166o. La com-
pañía de la citada autora la formaban por aquel entonces Jerónimo de
Herrera y su mujer Josefa López, Miguel García e Isabel de Santiago
la suya, Bernardo López, Miguel Fernández y su hija Micaela Fernán-
dez, Antonio Muñoz, Miguel Bermúdez, Juan del Castillo, Sebastián de
Arriaga, José Timoteo, Fabiana Lama, Juan de Flores, Pedro Valles y
Carlos Tapia (87). Aquí aumentó el conjunto con Nicolás Fonseca y su
hijo Pedro de Fonseca, como también con Vicente Vivas. Marchó a
Sevilla donde actuó en 6o funciones comenzadas el 2 2 de noviembre y
de nuevo vuelve a Córdoba en 1661 a representar 3o comedias por" cl
mes de septiembre (88).

FRANCISCO GUTIERREZ

En octubre de 1663 actuaba en Córdoba la compañía de Francisco


Gutiérrez, que de aquí marchó a Lucena donde hizo 3o representacio-
nes (89), pasando después a la villa de Zafra para servir a S. A. don
Juan de Austria, que le había dado 6.000 reales para ayuda de los gastos
del viaje (9o). Por abril del siguiente año de 1664 se encuentra de nuevo
en Córdoba con su compañía formada por Manuel García Sevillano, Vi-
cente Domingo y su mujer Luisa López, Francisco de Morales, Esteban
de Almendros y su esposa María de la Cruz e hija Isabel Eugenia de
Almendros, Blas de Navarrete y Feliciana de Yuso, José de Castellón,
Francisco Ignacio de los Ríos, Manuel García de Peñalosa, José Ale-
jandro, Antonia Bernabé y José López, y firman poder para ajustar las
fiestas del Corpus en Granada (9i). Finalmente en mayo de 1668 se
obliga a ir a la ciudad de Sevilla a representar ochenta comedias en el
corral de la Montaña (92).

MATIAS DE CASTRO

También en el año 1663 residía en Córdoba el autor Matías de


Castro, que reforzó su compañía con elementos contratados en Grana-
da (93) y vino a Córdoba nuevamente en 1678 empezando las represen-
taciones a primero de septiembre (94).
81
298 Rafael Aguilar Priego

BÁRBARA CORONEL

En el año 1632 nació esta gran comedianta, siendo sus padres Agus-
tín Coronel y María Coronel. Sus primeros pasos en la farándula los
dió con sus progenitores en la compañía de Tomás Díaz, pasando más
tarde a la de Miguel Bermúdez. Fue mimada por los públicos por su
hermosura, gracia y viveza excepcional. Casó con Francisco Jalón que
enamorado de ella, no paró mientes en las maneras hombrunas que ha-
bía adquirido. Las dulzuras conyugales fueron efímeras. La misteriosa
muerte del esposo en Guadalajara, acarrearon a la Coronel no pocos sin-
sabores e incluso la cárcel y algo más, de no haber intervenido presto
con su influencia su tío Cosme Pérez ( Juana Rana) gran amigo del Rey,
que la sacó libre de trance tan apurado. Quiso probar fortuna como auto-
ra y como tal la encontramos en Córdoba en agosto de 1667 con su
compañía compuesta por Alonso Robledo, Miguel Alonso, Francisco Ig-
nacio, Juan Francisco, Luis Flores, Juan Martínez, Juan Antonio, Juan
Matías de Palacios, Vicente Vibas, Francisco del Valle, Juan Miñano,
Ana María, Beatríz Antonia de Quesada, Tomasa de la Rosa y Luisa Jo-
sefa, concertándose con el arrendador de la casa de las Comedias, para
hacer 3o representaciones a partir del 4 de septiembre (95). En el mes
de octubre se obliga a pagar, junto con algunos comediantes y come-
diantas de su compañía, a Fernando Alonso de Castillejo y Andrés de
Morales Chirinos, 5.213 reales que le habían prestado para comprar ves-
tidos y adornos a fin de completar el vestuario (96), y por noviembre
se reconoce deudora de pagar a Juan de Aranda, mercader de sedas, 35o
reales del precio de diferentes géneros que le había comprado (97). Por
Pascua de Navidad y procedente de Ecija, en 1669 (98) arriba de nuevo
a Córdoba para actuar con su compañía, integrada entonces por Fran-
cisco Alonso, Luis Bernardo Maldonado, Mateo Ruiz, Gonzalo de Luna,
Juan Guirante y su mujer Angela Martínez, Juan de Pozo, Juan Rodrí-
guez, Fernando Román, Jerónimo Muñoz, Juan Martínez de León, José
Guzmán, Francisca Coronel, Vicente Binal y Bartolomé Gallardo, con
los cuales hace nuevo contrato en febrero del siguiente año de 167o,
para que la asistan desde Pascua Florida hasta el último día de Carnes-
tolendas de 1671 (99).
No siempre la buena armonía ha sido lo que ha caracterizado a
los cómicos en aquel tiempo, prueba de ello es el caso ocurrido en
167o en el vestuario de la casa de las Comedias en que encontrándose
Josefa de Guzmán, primera dama de la compañía de la Coronel, aci-
82
Biografías de autores y comediantes 299

calándose para la representación, presentóse Leonor María, que ocupaba


el puesto de quinta dama y después de unas palabras nada versallescas,
le arrojó una redoma de tinta al rostro, resultando de ello la Guzmán
herida en la cara. Se siguió querella contra Leonor en la Cancillería de
Granada, más la agredida la perdonó quedando ambas en buena armo-
nía como siempre habían estado (ioo).
Bárbara Coronel después de haber recorrido buen número de esce-
narios y no pocas aventuras con los consiguientes escándalos, se retiró
del teatro y falleció en 1691.

FELIX PASCUAL

En la ciudad de los Cármenes se encontraba el guitarrista y autor


de comedias Félix Pascual el ario 1669, cuando fue ajustado para hacer
con su compañía 6o representaciones en Córdoba (1 o I). De esta ciudad
pasó a Lucena donde empezó a trabajar a mediados de noviembre, se-
gún contrato que había firmado el 13 de octubre con el representante
de la Cofradía de la Vera-Cruz de dicha ciudad, que era la que tenía
a su cargo la casa de las Comedias, con la puesta en escena de 20 co-
medias con sus bailes y entremeses (1 oz). Antes de ausentarse de Cór-
doba otorgó poder a favor de José de Carrión, asimismo autor, residen-
te entonces en Granada para que pudiera hacer conciertos y ajustes pa-
ra su compañía (ro3). Estuvo casado Félix Pascual con Ana de Andrade
una de las tres hermanas toledanas llamadas las Tenientes. Llevó en su
compañía por algún tiempo a la famosa comedianta Polonia Garay, que
a decir de Díaz de Escobar y Lasso de la Vega, era una dama de es-
belto talle, rostro agraciado, amena charla y no escaso talento.
Con anterioridad había estado en la de CARLOS DE SALAZAR,
haciendo de segunda dama. Este autor estuvo en Córdoba, haciendo la
temporada de Pascua de Resurrección con 5o funciones el ario 163o
004). Por un poder otorgado a de marzo a favor de Juan Nobellas,
para hacer conciertos en ciudades y villas, conocemos la formación de
la compañía formada por Manuel García Sevillano, José de Soto, Juan
Fernández de Ribera, José Antonio, Pablo Martín de Morales, Jacinto
Rico, Juan Antonio, Domingo la Plana, Francisco de Campos, Diego de
la Fuente y Josefa María su mujer, Juan de Novellas, María Antonia
mujer de Pablo Martín, Bernardo de la Peña, Juan Pantaleón y Teresa
Cuéllas ( o5). De nuevo lo encontramos en Córdoba en los primeros días
del mes de octubre de 147, renovando el compromiso que tenía con
83
300 Rafael Aguilar Priego

Juan López del Corral y María de Medina, su mujer, para seguir en


su compañía desde Pascua Florida del 1675 hasta Carnestolendas del si-
guiente (io6).
BERNARDO DE LA VEGA

Por los años de 167o y 71 residió en diversas ocasiones en Córdoba


este autor, representando unas v e ces y otras firmando contratos para
otras ciudades, o renovando los hechos con miembros de su compañía.
En octubre del primer año indicado y con la compañía formada por
Bernabé Alvarez, Juan de España, Francisca Fernández y su hija Anto-
nia Garro, Rodrigo Carrillo y María de Escamilla su mujer, Diego de
Cisneros y María de Cisneros su hija, Jerónimo Bernardo Malo de Mo-
lina, Antonio Navarro, Dionisio Villalobos, Miguel Heredero, Gregorio
González de Castro, Juan de León, José de Manduela y Pedro Juan, y
en virtud del poder otorgado a favor de don Martín de Abendaño, se
ajustaron para ir a la ciudad de Granada a representar comedias, entre-
meses, bailes y sainetes, para donde debían partir a mediados de noviem-
bre con 220 rrobas de ropa (i o7). Más causas imprevistas determinaron
por entonces el incumplimiento del contrato, y aún se hallaba en Cór-
doba por el mes de diciembre, en que renueva el compromiso de asistir
con su compañía con el mismo principal Pedro Juan Bernabé Alvarez,
oficial de segundos papeles, Jerónimo Malo de Molina, barba principal,
Diego de Cisneros, arpista y su hija María de Cisneros (i o8). En mayo
del segundo año indicado otorga poderes a favor de diferentes personas
para hacer ajuste en Antequera y Málaga, y el último fechado el día 25,
para incluir a la ciudad de Sevilla en ellos, con compañía renovada inte-
grada por Luisa de Pinto, esposa del autor, Lorenzo Pérez y Marina
Fernández su mujer, Cristóbal de Medina y Antonia Manuela la suya,
Bernabé Alvarez, Jerónimo Bernardo, Alonso Zambrana, Juan de Es-
paña, José Belrús, Diego de Cisneros, su hija María de Cisneros, Vicente
Salinas, Esteban de Olmedo, Gregorio González de Castro y María de
Ariaga ( (9). La figura más destacada de todo el conjunto es la de Ma-
ría de Cisneros, cuyo nombre se repite con frecuencia en los anales es-
cénicos del siglo xvii, más que por sus méritos, que no debieron ser mu-
chos cuando no llegó a ocupar el puesto de primera dama, por las mu-
chas simpatías que tuvo en Madrid, donde representó muchos años se-
guidos. Además las peripecias de su vida le dieron no escasa celebridad
(i 1 o). Perteneció a la compañía de José de Garcerán y a la del cordo-
bés Antonio de Escamilla, muriendo en Madrid en abril de 1720.
84
Biografías de autores y comediantes 301

FABIANA LAURA

En los escenarios de Granada se encontraba trabajando Fabiana Lau-


ra, que ya había cambiado su condición de comedianta en la compañía
de Francisca López, por el de autora, cuando a 23 de junio de 1671
se obligó a venir a Córdoba, a hacer 4o representaciones, empezando en
el mes de septiembre, con su conjunto en el que figuraban Feliciana de
Andrade, una de las Tenientas famosas, viuda entonces del autor Fran-
cisco López, Juana Salas, Margarita Suazos, más tarde autora, María de
Escamilla, Miguel de Orozco, Francisco López Hurtado, Martín López,
Juan Manuel, Hipólito Olmedo, Alonso de Nava, Luis de Mendoza, An-
tonio Muñoz, Pedro Roy, Gregorio de Castañeda, que también fue autor
y casó con Feliciana de Andrade, Clemente Artiaga y Antonio Cas-
co I).

ALONSO CABALLERO

En 1671 estaba representando en Sanlúcar de Barrameda nuestro


comprovinciano Alonso Caballero con su compañía en la que figuraban
Pedro Serrano, Juan López del Corral y su mujer María de Medina, Pe-
dro Fernández Moreno, Manuela Caballero, Juan Antonio de Carvajal y
Paula María López su esposa, Juan de Figuero y Lucía Jerónima la suya,
Luis de Torres, Marcos de las Casas, Cipriano de Cárdenas, Fernando In-
surjo, Andrés Fernández, Felipa María y María Mesa, viuda, cuando Jo-
sé López en sus nombres y con su poder, ajustó su venida a Córdoba
para Pascua de Navidad y seguir en ella las representaciones hasta el
martes de Carnestolendas del siguiente ario de 1672. Por octubre de este
ario aun permanecía en Córdoba (1 12) y se obligó a ir a la ciudad de
Lucena y empezar a trabajar el día 12, con su compañía, que había re-
novado por completo, constituída por Francisco de la Calle y Josefa
Morales su mujer, Alonso de Robledo, Agustín de Murga, Francisco de
Salinas y su esposa Antonia Maeo, Manuel de Espinosa y Juan, Antonia
de Salazar su mujer, Antonio Bel, Jerónimo de Origuel, Jaime Querós,
Juan Antonio, Lorenzo García, Francisco de Campos, Francisco de Mo-
rales, Bernarda María, María Enríquez, soltera y Bernarda de Rueda,
viuda (113). De nuevo lo encontramos en Córdoba el ario 1674, en que
a 14 de abril y estando enfermo de gravedad, otorgó su postrera volun-
tad. En ella nos dice ser natural de Aguilar de la Frontera, e hijo de
Fernando Pérez Caballero y de María Fernández, ambos difuntos, y ser
85
302 Rafael Aguilar Priego

vecino al presente en Córdoba en la collación de Santa María. Dispone


su entierro en la Catedral, frente a la capilla de los Obispos. Nombra
albaceas al P. Fray Francisco de Cartagena, rector del Colegio de San
Roque, al licenciado Andrés Ramírez Calderón, presbítero, y a Andrés
Morales de Chirinos. Manda que después de su muerte se repartan todos
sus vestidos entre los pobres vergonzantes. Instituye por su universal he-
redero a Luis de Capilla, su sobrino, hijo de María Ortiz su prima her-
mana, vecino de la dicha villa de Aguilar (I 14). Repuesto de la grave
dolencia que le aquejaba, tanto que no pudo ni firmar el testamento,
sigue permaneciendo en Córdoba, y a 13 de octubre otorga poder a fa-
vor de Agustín Murga, representante entonces de la compañía de Fran-
cisco de León, residente en Lucena, para que contratara para la suya
a Alejandro Ordóñes para el papel de barba y a su mujer para cuarta
dama ; para segundo barba a Antón Bal ; para apuntador, a Alonso Pi-
zarro ; a Diego Antonio, para segundo galán, y a Juan de España, para
gracioso, que antes había figurado en la compañía de Bernardo de la
Vega (I 15). Este autor cordobés hasta ahora totalmente desconocido,
viene a incrementar el catálogo de los hijos ilustres de esta tierra que
tan pródigamente los dió en todas las ramas del saber y hacer humanos.

JUAN CORREA

Antes de comenzar las representaciones por Navidad de 1671 la


compañía de Alonso Caballero, las del mes de septiembre fueron hechas,
en número de 40, por el autor que nos ocupa, Juan Correa, que las es-
crituró en virtud de poder de 13 de agosto estando residiendo en Llerena
con su conjunto, formado por su esposa María Rojo, Juan Zerqueira y
Teresa de Garay su mujer, Alejandro Ordóñez y la suya Francisca de
Bustamante, Esperanza Ripol, Felipe de Arteaga, Juan Antonio de Alar-
cón, Antonio Bal, Lorenzo García, Domingo González, José Bajo, el
mozo, Manuel de Espinosa y su mujer Juana Mateo y Juan Rodríguez.
A últimos de noviembre otorgan nuevo poder para que Clemente de Ar-
tiaga, hiciera ajustes en las ciudades de Antequera y Málaga, como asi-
mismo en otras villas y lugares e incluso con personas particulares para
las representaciones que convinieran (H6). En 1673 y a 15 de abril lo
encontramos de nuevo en Córdoba, en compañía formada por su esposa,
Fernando de Salas y Leonor María la suya, Francisco García y su mu-
jer Antonia María, Atanasio Pérez y Esperanza Ripol, Juan Antonio de
Alarcón, Domingo de la Plaza, Francisco Rico, Juan Matías, Pedro
86
Biografías de autores y comediantes 303

Juan, José de Toro, Alonso Pizano, María Enríquez„ Francisca Ma-


ría y Josefa Villarreal, otorgando poder al cobrador de la compañía Bar-
tolomé Gallardo, para ir a Málaga y ajustar con los arrendadores de las
casas de las Comedias, las representaciones que estipulasen. Para esta ciu-
dad debieron salir en los primeros días de mayo ( '7).

FRANCISCO RODRIGUEZ

Reside en Córdoba el ario 1672 este autor, que en ella deja rastro
de su paso en diversas escrituras que otorgó, tales como la de contratar
a Pedro Soriano que hacía los primeros papeles en la compañía de Alon-
so Caballero para hacer los mismos en la suya ; y la de poder para ajus-
tar su actuación en Granada por el mes de septiembre (1 i8). La compa-
ñía la formaban Felipa María, soltera, primera dama ; Juan López y Ma-
ría de Medina su esposa, segundos papeles ; Juan de Figueroa y Lucía
Jerónima su mujer, Pedro Fernández Moreno y la suya Manuela Ca-
ballero, María de Mesa, viuda, Luis Torres, Melchor de las Casas, An-
drés Fernández, Leonardo Peláez y José López.

JUAN MANUEL y BERNARDA DE RUEDA

En 13 de noviembre de 1673 el autor de comedias Juan Manuel en


unión de Bernarda de Rueda, que había cambiado su condición de co-
medianta por la de autora, se conciertan con el arrendador de la casa de
las Comedias de Córdoba, para hacer 4o representaciones a partir de Pas-
cua de Resurrección del ario venidero, dándole so reales de ayuda de cos-
tas por cada una, con su compañía hecha, quedando libres de hacer las
fiestas del Corpus donde le conviniera (I '9). El mismo día y sucesivos
hacen los ajustes con los comediantes y comediantas que han de integrar
la compañía, figurando en ella Manuel de los Santos, Bernarda de Rueda,
Beatríz Correa, Esteban de Olmedo, Jacinto Rico, Juan Antonio, Manuel
Alonso, Felipe Henestrosa, Catalina Esteban Coloma, José de Mendiola,
Pedro de Fonseca Narváez, músico principal y su esposa Luisa de Si-
güenza y Paniagua, su hija María de Fonseca y Juan Zerqueira de Lima.
Al siguiente año de 1674 da poder para ajustar las fiestas del Corpus que
este ario lo hicieron en Jaén (i2o). Estando residiendo en Granada en 1676,
se obligó de nuevo a venir a Córdoba, para actuar en 3o funciones a fi-
nes de septiembre (I 21). Por abril del 74 ya había contraido matrimonio
87
Biografías de autores y comediantes 305

GREGORIO CASTAÑEDA y
FELICIANA ANDRADE

El matrimonio Gregorio de Castañeda y Feliciana Andrade, que co-


mo queda dicho formaban como comediantes en la compañía de Cata-
lina Esteban, aparece residiendo en Córdoba por diciembrede 1676, ti-
tulándose ya autores. En esta ciudad forman compañía para empezar a
representar en Pascua Florida del 1677, formando un gran conjunto inte-
grado por Alejandro Bautista, primer galán ; Juan Antonio Simón, se-
gundo ; Felipe de Henestrosa, tercero ; Juan Francisco de Ribera, bar-
ba ; Juan Antonio de Pernia, gracioso ; Diego Terrores y Sebastián Ruiz,
papeles de por medio ; Eusebio de la Cruz, arpista ; Eugenio de Val-
verde, músico ; José Ferrer, Manuela Garcerán, primera dama; Josefa
López, segunda ; Clara María, cuarta ; Teresa de Jesús, música ; Fran-
cisca María, quinta dama ; Margarita de Escoba, música. Las fiestas del
Corpus las trabajaron este año en Alcalá la Real, donde hicieron el pa-
seo, bailes, entremeses por la mañana en la procesión y por la tarde
un auto sacramental, recibiendo por ello 5.00o reales (127). Según Díaz
de Escovar y Lasso de la Vega, en 1678 figuraban de nuevo como re-
presentantes en la agrupación de Pablo Martín que actuaba en Sevilla
y que también actuó en Córdoba como veremos.

FULGENCIO LOPEZ y
MANUEL DE LOS SANTOS

La temporada de septiembre de 1677 la hicieron en Córdoba, con-


juntamente los autores Fulgencio López y Manuel de los Santos, que co-
mo comediante había figurado en la compañía de Juan Manuel, con una
agrupación formada por las esposas de ambos Antonia Manuela y Ma-
ría de los Santos, Francisco de León y su mujer Francisca Rodríguez,
Francisco de Ocaña y Josefa Mencía la suya, Pedro Juan, José Sán-
chez, Manuel Alfonso, Juan José de Figueroa, Andrés Sánchez, Felicia-
na Ignacia, José María y Ana de Dios (128). En 5 de noviembre del
mismo año se conciertan con el P. Fray Luis de Molina, religioso de
San Juan de Dios, en nombre del Convento y Hospital general de la
Santa Misericordia de Cádiz, para hacer representaciones en dicha ciu-
dad (i 29), para donde salían en los últimos días del mes en caravana
formada por cuarenta mulas que había alquilado al precio de veintidós
reales cada uno (13o).
89
306 Rafael Aguilar Priego

JUANA COLOMA

La antigua comedianta de la compañía de Juan Manuel, convertida


en autora, Juana Coloma, ya viuda de Martín Esteban, se encontraba
residiendo en Córdoba por diciembre de 1676, y a 4 de este mes, otorgó
poder a favor de Manuel de los Santos, entonces representante en la
citada compañía residente en Sevilla, para que en su nombre hiciera nue-
va agrupación para empezar a actuar el día de Pascua de Resurrección
031). Con la que aun poseía salió de Córdoba el 25 de enero de 1637
hacia Jaén (132), y por mayo de 1678, la encontramos residiendo en Bu-
jalance, contratando en virtud de poder dado a su cobrador José Fe-
rrer, a Salvador Francisco y a Ana María por tiempo de un ario (133).

PABLO MARTIN DE MORALES

Estando trabajando en Lucena la compañía de Pablo Martín de Mo-


rales, el cobrador de la compañía Juan de Nobellas, ajustó en 23 de ma-
yo de 1677 su actuación en Córdoba, desde Navidad hasta el martes de
Carnestolendas del siguiente año de 1678 (134). Por febrero y marzo de
este año otorgó sendos poderes para la contratación de representantes y
ajuste de contratos en esta ciudad y fuera de ella (135). Terminada su
actuación el 14 de abril, toda la compañía formada por su esposa Ma-
ría Antonia Jalón, Gregorio de Castañeda y Feliciana de Andrade su
mujer, Aguda Francisca, primera dama ; Josefa de Andrade, segunda ;
Ignacia Petronila de Morales, Juan Antonio Simón, segundo galán ; Gas-
par de Morales, tercero ; Juan Francisco de Rivera, barba ; Diego Ro-
dríguez, cuarto galán ; Juan Antonio Pernia, gracioso ; Luis López, se-
gundo gracioso ; José Navarro, músico ; Manuel Alonso, Nicolás Andi-
no, arpista ; José Ferrer, cobrador; dieron poder a éste para ir por
todas las ciudades, villas y lugares de los reinos de Castilla y Portugal,
para hacer conciertos con los cabildos y arrendadores de las casas de
las Comedias (136). De esta ciudad marcharon a la de Ecija por el mes
de diciembre con un bagaje de 34o arrobas de ropa.

PETRONILA ANTONIA DE LUGO

Por el mes de febrero de 1678 nos encontramos con dos testimo-


nios que nos dicen del paso por Córdoba de la autora de comedias Pe-
tronila Antonia de Lugo. Es el primero, otorgado el día 4, un poder
90
Biografías de autores y comediantes 307

a favor de don Pedro de Guzmán y Avalos, gobernador del tercio de


galeones, vecino de Sevilla, para que se ajuste con Francisco Martínez,
Micaela Fernández y Juan Quirante, residente en dicha ciudad, a fin de
que asistan en su compañía a partir del Miércoles de Ceniza. El segundo
otra escritura de la misma naturaleza, fechada el día 23 a favor de Fran-
cisco Corvalán, para hacer contratos en Ecija y otras partes (i 37).

MAGDALENA LOPEZ

El mismo año por agosto, Juan López de Ribera concierta la venida


a Córdoba de la compañía de la autora Magdalena López, para actuar
en el mes de septiembre, recibiendo por vía de empréstito la cantidad
de i o.000 reales. Los componentes de la agrupación eran Clara María
y Juan Alonso, galanes ; Juan Francisco y Josefa de Guzmán, segundos;
José de Mediola y Francisca Medina su mujer; Juan de Cárdenas y Pau-
la María la suya ; Juan Antonio, Francisco Rico, Gabriel Francisco, bar-
ba Hipólito de Olmedo, gracioso ; Gregorio Velasco, Bonifacia Cama-
;

cho e Isabel Manuela (138). En el mes de octubre de este año de 1678,


se encontraba en Lisboa, el autor Carlos Vallejo, circunstancia que apro-
vecha Magdalena López para conferirle poder a fin de que ajustara la
actuación de su compañía en dicha ciudad desde el día primero de Pas-
cua de Resurrección del año venidero.

ANGELA DE LEON

Para actuar en Córdoba desde el 15 de octubre de 1679 hasta Car-


nestolendas del año siguiente, arribó la compañía de Angela de León,
cuyo contrato había firmado el 25 de septiembre, formada por Miguel
de Orozco, primer galán ; Melchor de Torres, segundo ; Bernardo de
Heredia, tercero ; Marcos Garcés, arpista y barba ; Manuel de Cabaña,
gracioso, y su mujer Angela García, cuarta dama ; Juan Manuel de Men-
dieta, cuarto galón, y su mujer Lucrecia López, quinta dama ; Cosme de
la Rosa, músico principal ; Sebastián Montero, segundo músico ; Anto-
nio del Castillo, sobresaliente ; Domingo de Espinosa, cobrador, y Ga-
briel Chaves, guardarropa ; Gregorio José, apuntador; Juana Navarro,
segunda dama, y María de Aguado, mujer de Marcos Garcés, tercera.
Mas no encontrándose completo el referido conjunto, se aumentó con
Juan Ruiz y su mujer, para papel de graciosa, y su hija para el que se
ofreciese ; Miguel Bela y Juan García a la sazón residentes en Murcia
91
308 Rafael Aguilar Priego

(139). Durante el primer trimestre de 1680 aún anda por Córdoba, y


aquí concertó su actuación en Granada para Pascua de Resurrección (14o).

CARLOS VALLEJO

La compañía de Carlos Vallejo que recorría con aplausos los esce-


narios nacionales, comenzó a trabajar en Córdoba el 8 de mayo de 1681,
haciendo 4.0 representaciones, cuyo contrato ajustó estando en Cádiz. Es-
ta notable agrupación la componían Feliciana de la Rosa esposa del au-
tor con la que había contraído matrimonio a la muerte de su primera
mujer Luisa Romero, famosa comedianta e hija del autor Bartolomé Ro-
mero ; Jerónimo de Origuel y su esposa Bernarda María ; María Enrí-
quez y Juana Roldán, Diego Antonio, Luis de Torres, Tomás de Mo-
rales, Bartolomé Gómez, Cipriano de Cárdenas, Antonio Robles, José
Moreno y Francisco Ponce (40.

JOSE ANTONIO GUERRERO

Recogiendo los aplausos del público antequerano se encontraba la


compañía del autor José Antonio Guerrero, cuando a 27 de octubre de
1689 Francisco Rodríguez Barroso en su nombre, escrituró la obliga-
ción de venir a Córdoba, para empezar a representar a primeros de di-
ciembre hasta Carnestolendas del ario siguiente de 169o. Por enero de
este año se obligó a pagar a Pedro Fernández Moreno, arrendador de la
casa de las Comedias 800 reales que le había prestado para hacer el viaje
con su compañía a esta ciudad (42). De nuevo aparece por Córdoba en
1692, en que a 6 de mayo otorga escritura recibiendo en su compañía
para asistir en ella durante un año a José Andrés, para primer galán,
Gaspar Morales para gracioso y su esposa para vender las entradas en
la puerta de mujeres; Miguel Sánchez para guardarropas; José Andrés
Guerrero, para papeles intermedios, y Tomasa Josefa, viuda, para se-
gunda dama (43).

JUAN ANTONIO ENRIQUEZ

La temporada de septiembre de 1690 con so representaciones, la


escrituró la compañía de Juan Antonio Enríquez, en la que figuraban
buen número de comediantes y comediantas (44), mas por causas des-
conocidas no llegaron a actuar, haciéndolo en su lugar la de
92
Biografías de autores y comediantes 309

MIGUEL DE CASTRO

Este empezó su actuación el día 6 del expresado mes, representando


cada semana tres comedias distintas hasta el número de 7o que tenía
ajustadas ( 1 45).

JUAN NAVARRO OLIVER

No está clara la actuación de Juan Navarro Oliver en Córdoba, pe-


ro su paso lo tenemos comprobado por un poder otorgado en 1691 para
cobrar en Granada cierta cantidad que había prestado (146).

JUAN ANTONIO GALVEZ

La compañía de este comediante fue la que trabajó en septiembre


del mismo año 1691 en Córdoba ; que vino de Chiclana y dió comien-
zo a la representación de 5o comedias el día 24, de las que 22 habían
de ser nuevas (147).

MARIA NAVARRO

La compañía de esta comedianta había tenido a su cargo las repre-


sentaciones, empezando el segundo día de Pascua de Resurrección con
agrupación formada por Mariana de Prados, Francisca la Cuesta, Rosa
María, Teresa Fernández, Pedro Quizante, primer galán ; Vicente Mi-
ralles, gracioso ; Felipe de Henestrosa, segundo galán ; Simón de Sala-
zar, tercero ; Pedro de Benavides, salvador López, Juan Antonio Ma-
tías, Manuel Francisco Morato, Juan Antonio Enríquez, Miguel Ferrer
y Fernando Alonso, que junto con la primera dama pasó a ser auto-
ra (148).

MARIA ENRIQUEZ

Por abril de 1692 andaba por Córdoba la célebre autora María En-
ríquez, que como comediante ya había figurado en las compañías del
cordobés Alonso Caballero, en la de Juan Correa y en la de Carlos Va-
llejo. Tenía una buena agrupación en la que figuraban Juan Manuel,
primer galán ; Gerónimo Fernández, segundo ; Salvador López, tercero ;
Andrés Correa, cuarto ; Vicente Miralles y Bernardo Villafañe, gracio-
93
Biografías de autores y comediantes 311

FRANCISCA CONCA
Que empezaron a trabajar en Pascua de Resurrección con la con-
dición de que las comedias que pusieran no se hubieran representado
en esta ciudad hacía más de cuatro arios. De aquí marcharon a Cádiz.
La compañía completa era la siguiente : Juan Simón, primer galán ; Ma-
nuel de los Santos, Francisco José de Urrieta, Luis Maldonado, Fulgen-
cio López, Juan Pizarro, Pedro Antonio, Marcos Espinosa, José Ferrer,
Paula de Olmedo, segunda dama ; Francisca Fernández, tercera, y María
de Gracia, cuarta (153).
Y basta ya de cómicos, por ahora.

NOTAS

(I) Archivo de Protocolos de Córdoba. Oficio 34, tomo I, folio 268.


(2) Idem id. id. Oficio 34, tomo I, folio 267 vuelto.
(3) Idem id. id. Oficio 31, tomo III, folios 56 59.
-

Las principales cláusulas de este testamento se encuentran publicadas en


la ya referida obra del señor Ramírez de Arellano.
(4) Archivo de Protocolos de Córdoba. Oficio 22, tomo XLIII, folio 942.
(5) Idem id. id. Oficio 22, tomo XLIII, folio 1.126.
(6) Idem id. id. Oficio 3, tomos XXVI al XXIX, folio 47.
(7) Idem id. id. Oficio 3, tomos XXVI al XXIX, folio 55.
(8) Idem id. id. Oficio 3, tomos XXVI al XXIX, folio 68.
(9) Idem id. id. Oficio 35, tomo XI, folio 1.232.
(10) Idem id. id. Oficio 6, tomo XLI, sin foliar.
(11) Idem id. id. Oficio 2, tomo LXIII, folio 532.
(u) Idem id. id. Oficio 4, tomo LXV, folio 600 vuelto.
(13) Idem id. id. Oficio 4, tomo LXVIII, folio 764 vueltG.
04) Idem id. id. Oficio 4, tomo LXIX, folio 158 vuelto.
(15) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXIII, folio 397 vuelto.
(16) Idem id. id. Oficio 25, tOMO LXIII, folios 419 y 42o.
(17 y 18) Idem id. fd. Oficio 2, tOMO f 0110S 509 y 512.
(19) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXVI, folios 61 vuelto Y 64-
(2o) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXVI, folios 61 vuelto y 64.
(21) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXVI, folios 203 vuelto y 2o5-2o6.
(22) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXVII, folio 512 vueltc,
(23) Idem id. id. Oficio 4, tomo LXXXII, folio 1.286 vuelto.
(24) Díaz de Escovar y Lasso de la Vega. Historia del Teatro Español, To-
mo I, pág. 219.
(25) Archivo de Protocolos de Córdoba. Oficio 4, tomo LXXXVI, folio 120.
(26) Idem id. id. Oficio 6, tomo LVIII, folio 363.
(27) Idem id. id. Oficio 6 tomo LVIII folio 461
(28) Idem id. id. Oficio 6, tomo LVIII, folio 432.
(29) Idem id. id. Oficio 29, tomo LV, folio 629.
(3o) Idem id. id. Oficio 4, tomo XCVI, folio 288 vueltG.
(31) Idem id. id. Oficio 28, tomo LXIX, folio 581.
(32) Idem id. id. Oficio 29, tomo LVII, folio 913.
(33) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLIII, folios 764-778-
(34) Idem id. id. Oficio 29, tomo LIV, folio 2.285.
(35) Idem id. id. Oficio 28, tomo LXIX, folio 628. 95
312 Rafael Aguilar Priego

(36) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXIX, folio 667 vuelto.
(37) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLIV, folio 88o vuelto.
(38) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLVIII, folio 833 vuelto.
(39) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXX, folio 568 vuelto.
(40) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXX, folio 5 1 4.
(41) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLVIII, folio 1.138.
(42) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLIX, folio 42.
(43) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLIX, folio 157 .
(44) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLV, folio 372 vuelto.
(45) Idem id. id. Oficio 6, tomo LVI, folio 731 vuelto.
(46) Idem id. id. Oficio 29, tomo XLIX, folio 694.
(47) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXXXI-2.°, folio 58.
(48) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXXXVI, folio 1.665 vuelto.
(49) Idem id. id. Oficio 29, tomo L, folio Lo7o vuelto.
(50) Idem id. id. Oficio 29, tomo L, folio 1.199.
(5,) Idem id. id. Oficio 29, tomo LI , folio 1.123.
(52) Idem id. id. Oficio 40, tomo III, folio 1 73.
(53) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXXVII, folio 77o.
(54) Idem id. id. Oficio 29, tomo LIV, folios 2.075-2.076 vuelto.
(55) Idem id. id. Oficio 28, tomo LXIX, folio 789.
(56) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXXIX, folio 65.
(57) Idem id. id. Oficio 29, tomo LI, folio 315.
(58) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXXVI, folio 562.
(59) Idem id. id. Oficio 29, tomo LI, folio 989.
(6o) Idem id. id. Oficio 29, tomo LVI, folio Loor.
(61) Idem id. id. Oficio 28, tomo LXIX, folio 757.
(6z) Idem id. id. Oficio 28, tomo LXIX, folio 829.
(63) Idem id. id. Ofi cio 25, tomo LXXXI, folio 922.
(64) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLV, folio 226.
(65) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLV, folio 229.
(66) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLV, tomo 132.
(67) Idem id. id. Oficio lo, tomo XXX, folio 99.
(68) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLV, folio 98.
(69) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLV, folio ,7 vuelto.
(70) Idem id. id. Oficio 25, tomo LXXXIV, folio 987.
(71) Idem id. id. Oficio 4, tomo CII, folio 756.
(72) Idem id. id. Oficio 14, tomo CXLVI, folio 120.
(73) Idem id. id. Oficio 25, tomo XC, folio 527.
(74) Idem id. id. Oficio 25, tomo XC, folio 537.
(75) Idem id. id. Oficio 24, tomo XLV, folios 75 8-760-797.
(76) Idem id. id. Oficio 24, tomo XLIX, folio 59.
(77) Idem id. id. Oficio 41, tomo XIX, folio 382.
(78) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXI, folios 556-576.
(79) Idem id. id. Oficio 21, tomo CXV, folio 6o.
(80) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXVII, folio 344•
(81) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXV, folio 112.
(82) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXI, folio 574.
(83) Idem id. id. Oficio 4, tomos CXIII y CXV, folios 489-507.
(84) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXIV, folio 174.
(85) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXII, folio 201.
(86) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXV, folios 118-136.
(87) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXV, folio 364.
(88) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXVI, folio 339.
(89) Idem id. id. Oficio 7, tomo XCVI, folio 356.
(9o) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXVII, folio 580.
(91) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXVIII, folio 81.
(9z) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXX, folio 122.
(93) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXVII, folio 546.
(94) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCIII, folio 24.
96
Biografías de autores y comediantes 313

(95) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXIX, folio 55


(96) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXIX, folio 3 47.
(97) Idem id. id. Oficio 3, tomo CIII, folio 8o2.
(98) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXIX, folio 356.
(99) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXIX, folio 474.
( ioo) Idem id. id. Oficio 3o, tomo CCCIV, folio 132.
( mi) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXIX, folio 242 .
(1o2) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXX, folio 472.
( 1(33) Idem id. id. Oficio tOMO CXX, folio 486.
( To4) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXXIX, folio 35
( o5) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXI, folio 61.
( zo6) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXXIII, folio 3o 3.
(1o7) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXI, folios 265-287.
( io8) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXI, folios 265 - 268.
( m9) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXI, folios 375 - 387.
( 'lo) Díaz de Escovar y Lasso de la Vega. Historia del Teatro Español, to-
mo V, pág. 244.
( 1) Archivo de Protocolos de Córdoba. Oficio 5, tomo XC, folio zoz.
( r2) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXXI, folio 358.
( 3) Idem id. id. Oficio 41, tomo LVIII, folio 1.13o.
( n 4) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXXIII, folio 130.
(115) Mein id. id. Oficio 4, tomo CXXII, folio 153.
( z 16) Idem id. id. Oficio 5, tomo XC, folios 237-324.
(117) Idem id. id. Oficio 5, tomo XC, folios 172-186.
( 8) Idem id. id. Oficio 5, tomo XC, folios 47o-54o.
( 19) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXXII, sin foliar.
(12o) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXXIII, folio 'o°.
( 2I) Idem id. id. Oficio 41, tomo LXI, folio 592.
(122) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCII, folio 208.
(123) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCI, folio 136.
(124) Idem id. id. Oficio 29, tomo LXXXII, sin foliar.
(125) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXII, folio 133.
(126) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCII, folio 3o
(127) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCII, folio 3 37.
(128) Idem id. id. Oficio 41, tomo Lxyii, folio 573.
( 29) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCII, folio 88.
( 3o) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXIII, folio 241.
(131) Idem id. id. Oficio 4, tomo CXXIII, folio
032) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCII, folio 46o.
(133) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCIII, folio 116.
(134) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCII, folio 94.
( 35) Idem id. id. Oficios 7 y 15, tomos C y VIII, sin foliar y folio 311.
(136) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCIIf, folio 171.
(137) Idem id. id. Oficio 5, tomo LXXX, folios 283-298.
( r 38) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCIV, f 0110S 2 17-306.
( I 39) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCIV, f 0110S 2 17-306.
(14o) Idem id. id. Oficio 5, tomo XCIV, folio 1o4.
(141) Idem id. id. Oficio 3o, tomo CCCXIV, folio 157.
(142) Idem id. id. Oficio lo, tomo LVI, folios 03-1 lo.
(143) Idem id. id. Oficio 19, tomo CLXI, folio zo.
(144) Idem id. id. Oficio lo, tomo LVI, folio 17.
(145) Idem id. id. Oficio 25, tomo CVIII, folio 214.
(146) Idem id. id. Oficio io, tomo LVI, folio 41.
(147) Idem id. id. Oficio 3o, tomo CCCXIX, folio 218.
(148) Idem ir] ir] nfi to, tomo LVI, folios 01-22-23-55.
(149) Idem id. id. Oficio zo, tomo LVI, folios 14-15-24.
(15o) Idem id. id. Oficio ro, tomo LVI, folio 36.
(15z) Idem id. id. Oficio 3, tomo CXIX, folio 26.
(152) Idem id. id. Oficio 3, tomo CXIX, folios i97- 20 I.
( I 53) Idem id. id. Oficio 3, tomo CXIX, f011OS 223-234-276. 97
INVESTIGACIONES PREHISTÓRICAS
Por Juan Bernier Luque

Descubrimiento de un yacimiento paleontológico con sílex de


industria humana en la «Cueva de los Mármoles»
en Priego (Córdoba)
En el curso de las actividades del Grupo de Espeleología y Arqueo-
logía "Ambrosio de Morales", de la O. J. E. de Córdoba, una de las
cuevas visitadas fue la de "Los Mármoles", situada en las cercanías de
la aldea de la Concepción o de los Judíos, término municipal de Prie-
go de Córdoba. Aparte de la exploración anterior de esta estación neo-
lítica, cuyo estudio es objeto de otro trabajo, una observación atenta
de los materiales pétreos y de la formación geológica de esta caverna
nos hizo descubrir un interesantísimo yacimiento paleontológico cua-
ternario, cuya característica principal, de simultaneidad con restos de
industria humana, convierte este yacimiento en estación prehistórica po-
sible del paleolítico antiguo en la provincia de Córdoba.

SITU ACION
Como podemos apreciar por el dibujo (fig. I), la entrada de la ca-
verna de "Los Mármoles" es un foso de hundimiento de origen hidráu-
lico, que debió de ser en principio un cono invertido, escalonándose pos-
teriormente en dos tramos principales, siendo el anillo exterior de un
diámetro de unos cincuenta metros y de una profundidad variable de
o'5o a z'go metros. El segundo escalón, naturalmente de menor diáme-
tro, es en cambio muy profundo y en él se abre la principal galería de
la caverna.
En la pared del primer escalón, en dirección este, encontramos res-
tos de una pequeña gruta, actualmente abierta en dos bocas separadas por
un pilón casi circular de un diámetro de Ahora bien, observando a
simple vista los materiales líticos, no sólo de este pilón sino de la conti-
nuación del terreno, roto por las dos bocas, observamos que no corres-
ponde al material calizo de la total formación carstica.
99
316 Juan Bernier Luque

FORMACION DEL YACIMIENTO

Adivinamos enseguida que la pequeña gruta lateral primitivamente


más amplia, de estructura totalmente caliza, mesozoica, presenta una in-
trusión de materiales petrificados que destacan por su color rojizo en el
blanquecno tono general de la roca circundante. Es indudable que en re-
motos tiempos geológico las aguas habrían minado esta caverna, como
aún se ve en sus pequeñas ramificaciones parietales. Pero a través del tiem-
po y precisamente en época cuaternaria, la masa arcillosa que en brecha
se conglomeró juntóse a los restos de sus habitantes animales y los de-
pósitos térreos depositados por las aguas corrientes, rellenándose total-
mente la cabida. Este dique intruso permaneció fijo, mientras una parte,
la de la caverna actualmente practicable por la acción eólica y química,
se ampliaba en su galería actual.

LA INTRUSION DILUVIAL

Los materiales de la brecha formada en la antigua gruta, se conser-


varon en toda la masa que forma la columna entre las dos bocas y con-
tinúan al descubierto a derecha e izquierda, disminuyendo su grosor. Es-
tá compuesta de materiales líticos y fragmentos óseos enteramente ce-
mentados por la arcilla roja diluvial, formando un conjunto tan duro que
difícilmente con el martillo puede ser fragmentado. Pero en los huesos
petrificados que asoman al exterior puede notarse una disposición unifor-
me, y en los demás una fragmentación que expresa con seguridad restos
de una caza o sacrificio, bien por elementos humanos, bien por otros
animales. Es más, las zonas negras que asoman en diferentes sitios corres-
ponden a restos carbonosos ; lo más seguro, de hogares. Este primer aná-
lisis arrastró nuestro interés por la contemporaneidad humana que podría
suponerse, pero esta creencia se afirmó cuando, extrayendo de la dura
masa rocosa algunos fragmentos óseos, encontramos enteramente incrus-
tados en ellos y en la arcilla cementaria, una pieza de sílex (fig. 2), en
forma de raspador, de 4o x 44 milímetros, posiblemente de industria hu-
mana, aparecida entre restos molares de cérvidos y otros animales (fig. 3).

HIPOTESIS

La situación de la cueva de "Los Mármoles", es una amplia meseta


aislada, dominante sobre caminos naturales, defendida por el escalón ro-
100
Investigaciones prehistóricas 317

coso de la sierra de los Judíos y abundante aún en caza y vegetación,


hace de ella, como vemos al persistir su habitabilidad en tiempos neolíti-
cos, un lugar de refugio para tribus cazadoras. Las características de frag-
mentación, cenizas de hogares y el mismo raspador nos señalan un alma-
cenamiento de despojos venatorios.

CRONOLOGIA

Pendientes de las pruebas del carbono 14, es posible señalar sin em-
bargo que este yacimiento paleontológico y prehistórico, por las caracte-
rísticas de completa fosilización, durísima formación en brecha de los
restos rocosos y óseos, unidos compactamente por arcillas rojizas dilu-
viales, es de una antigüedad quizá de cientos de miles de arios superior
al yacimiento neolítico que señaló Carbonell en la cueva de "Los Már-
moles" propiamente dicha, explorada por Martínez Santaolalla en 1935
(I) y caracterizada arqueológicamente por la donación hecha por nuestro
Grupo "Ambrosio de Morales", de material arqueológico, al Museo Ar-
queológico provincial.
Precisaremos aún más sobre el hecho de la aparición de una pieza
de sílex entre la misma masa brechosa, en íntima ligazón a estos óseos y
molares de cérvidos, lo que hace suponer que no se trata sólo de un yaci-
miento paleontológico, sino de una estación prehistórica humana. La pieza
encontrada es un característico raspador discoideo clara y artificialmente
trabajado. Ahora bien, en la suposición de ser sólo un resto natural, la
teoría sería claramente contradicha por las circunstancias siguientes :
I.a La altura del terreno calizo donde está situado el yacimiento, que
hace imposible el arrastre de un casual sílex de terrenos triásicos, situa-
dos en plano completamente inferior a la meseta.
2.a La seguridad de que los niveles y los terrenos no han sufrido ape-
nas variación desde la terminación del terciario, y
3.a La distancia de esta brecha a formaciones o depósitos de pederna-
les naturales.
El tamaño casi microlítico del sílex parece no encajar casi con la
forzosa antigüedad del yacimiento, pero no hay que olvidar los tipos del
nivel t, u de la cueva del Castillo, de industria fina y pequeña musterien-
se, con raspadores aún más pequeños que éste o los más antiguos de San
Isidro. Precisamente en los terrenos de un río cordobés, el Zújar, sitúa
Obermaier (2) un chelense, musteriense de tipos pequeños. También en
formación brechosa de la cueva Horá, término de Iznalloz (Granada),
101
318 Juan Bernier Luque

fueron hallados por el mismo investigador, restos del mismo tipo. En


consecuencia, dado lo poco que sabemos del hábitat antiguo en la región
central andaluza, se impone la excavación y estudio de este yacimiento,
que nosotros no hacemos más que señalar.

II

El yacimiento neolítico de la «Cueva de la Murcielaguína•,


en las Angosturas, Priego (Córdoba)
Situada en la margen derecha del Río Salado, en el lugar de las An-
gosturas, 5 Km. al Norte de Priego de Córdoba, la Cueva de la Mur-
cielaguina, como yacimiento neolítico, es una aportación inédita del Gru-
po de la Organización Juvenil, "Ambrosio de Morales" de Córdoba.
El lugar de situación como su nombre indica es la estrecha hoz, don-
de paralela al cauce del río pasa la línea de la carretera Priego al Salo-
bral y Fuente Tójar, pueblos ambos de antigua solera prehistórica. La
cueva está situada casi en la cumbre de la rocosa vertiente, mirando hacia
el río, en una estratégica posición que domina el estrecho paso hacia el
Norte. Así como la Cueva de los Mármoles, a unos 7 Km. en recta al
Sur-Este de esta, es una Cueva-complejo, de "habitat" aislado, la de la
Murcielaguina en una gruta de paso y como consecuencia, ha debido te-
ner un desarrollo histórico variable y dinámico. Su constitución geológi-
ca presenta una anatomía diforme, con pendiente rápida en profundidad,
caos de bloques y profundos cortados, que desde luego no la hacen lugar
cómodo de habitación. Sin embargo como veremos por sus restos, desde
los neolíticos a los nazaríes pasando por los romanos e ibéricos, diversos
pueblos pusieron sus pies en su difícil concreción geológica.
Nosotros en una rápida visita, tuvimos tanto conciencia de su inco-
modidad como de su importancia para una historia antigua, absolutamen-
te sin hacer sobre el territorio prebético. No hemos removido una pulga-
da de tierra, por lo demás escasa en este yacimiento. Sobre la roca en
rincones y covachuelas, apareció el material recogido, todo muy mez-
clado habida cuenta de que como el nombre de la Cueva indica, los hor-
telanos vecinos sacaron de ella durante siglos el apetecido abono de la
murcielaguina.

102
Investigaciones prehistóricas 319

INVENTARIO DE MATERIAL

Trozo de cerámica vidriada de color verde, árabe-granadina.


2- 6 Trozos de cerámica romana de diferentes épocas.
7- 8 Trozos de cerámica ibérica de estilo geométrico en rojo vinoso.
9 Borde de cuenco neolítico liso.
lo Borde y vaso de cerámica neolítica lisa.
t Borde de cerámica neolítica parda.
12-1 3 Trozos de cerámica neolítica pintada al rojo.
14 Trozo de cerámica neolítica con cordón inciso.
15 Trozo de cerámica eneolítica pintada al rojo con motivos decora-
tivos de un sol.
16-17 Bordes de cerámica algárica.
18-19 Asas en media luna invertida del bronce.
Como vemos por el casi simbólico recogido —hoy en el Museo ar-
queológico de Córdoba— la historia ha tenido constante intervención en
la caverna. El dominio musulmán duró en esta comarca hasta casi la con-
quista de Granada y la cultura ibérica del Sur floreció en los cercanos
pueblos de Almedinilla y Fuente Tójar. De este último, romanizado Su-
caelo, proceden ejemplares cerámicos característicos, como los encontra-
dos aquí de la faceta turdetana del iberismo. Por lo demás los ejemplares
romanos son corrientes en la Bética latinizada.
La cerámica neolítica basta, o es lisa o presenta inevitable cordon
dentado e inciso en cortes oblicuos. Encontramos aquí ejemplares de la
pintura roja producida por un óxido de hierro que disuelto en sangre era
inatacable por el agua. Tal pintura estudiada por Gómez Moreno (3) se
presenta en el yacimiento cordobés de Adamuz, al Norte del Guadalqui-
quivir (4) y corresponde a una cerámica muy primitiva.
Otra pieza cerámica de gran interés es la número 15. Se trata de un
trozo profundamente inciso de color rojo pardo, de basta factura pero
con un dibujo que indudablemente presente la forma radial de un sol lu-
ciente. Los soles radiantes aparecen en Almizaraque (5), Dome de To-
riuelo, en Jerez de los Caballeros (6), en las pinturas rupestres (7) y en
las Cuevas de la Mujer, Zuheros, Salsa y Hoyo de la Mina, pertenecien-
tes al neolítico hispano-mauritano, ampliamente relacionados con Sierra
Elvira, Gav'rinis, Conguel, Morbihan, Longeghcrw y Beacharra (8). Ve-
mos pues el neolitismo de este yacimiento ya casi caduco hacia el bronce
mediterráneo. Muestra de ello son las dos figuras cerámicas de asas en
media luna invertida, como la encontrada en 1946 en Asta Regia (9) y
103
Investigaciones prehistóricas 321

por nosotros, en la parte superior de la simca. Y hoy, en sus grandes gale-


rías, a flor de tierra, los testimonios de antiguas civilizaciones se nos
muestran al alcance de las manos. Tal debió ser su riqueza, que tras el
paso del arqueólogo y eternos buscadores de tesoros, sin duda excava-
ción, nosotros recogimos el material que se relaciona donado al Museo
Arqueológico de Córdoba :

INVENTARIO DE MATERIAL

Instrumentos líticos.

1. Nódulo de sílex de talla grosera y atípica (6o x 33 mm.)


2. Núcleo de sílex atípico (44 x 34 mm.)
3. Fragmento de cuchillo microlítico de sílex de 24 mm. con talla mo-
nolateral.

Objetos de adorno.

4. Fragmento de brazalete basto en caliza (6o x 32 x 25 mm.)

Cerámica.

5. Asa de gran recipiente, barro pardo amarillento, con notable engobe.


6. Borde cerámico sin engobe, con tetón oblicuo y decoración de ban-
da triangular en relieve con inciciones verticales dentadas.
7. Fragmentos de cerámica con banda saliente triangular, decorada con
cazoletas.
8. Asa en cerámica a la Almagra, con perforación vertical y dos ban-
das incisas paralelas en puntillada discontinuo y perfecto alisamiento.
9. Trozo de cerámica de engobe oscuro brillante. Perfil carenado.

Por los restos encontrados hemos de relacionar este yacimiento con


la amplia zona penibética y prebética, esta última casi sin explorar. Las
hojas microlíticas se encuentran en Zuheros, en el mismo macizo mon-
tañoso prebético y aún saltando el valle del Guadalquivir, en el yacimien-
to del Cañaveralejo, (Córdoba) al Noroeste, en Adamuz. Pero lo que com-
plica el problema cronológico de la llamada Cultura de las Cuevas es la
cerámica. La cerámica dada la disposición irregular, los niveles distintos
de los suelos, los corrimientos de materiales frecuentes en las cavernas, se
105
322 Juan Bernier Luque

presentan en una mezcla tal, que nos plantea la cuestión de si son coetá-
neas modalidades diversas. Al lado de la cerámica a la Almagra, su ele-
gante asa de perforación vertical, perfil pulido y acabado, representa una
más civilizada intrusión en la más corriente cerámica neolítica. Ya lo deja
traslucir A. del Castillo, cuando supone posterior la decoración incisa a
lo averdugado y de cordones (i 1). La pieza corresponde a la decoración
del trozo 516 del Museo Arqueológico Nacional (u) nrocedente de la
Cueva de los Murciélagos de Alburiol. La 3A corresponde a motivos
idénticos de la cueva de la Mujer en Alhama de Granada (13).
En cuanto a esta magnífica asa de cerámica a la Almagra con per-
forción vertical, sin citar precedentes de Troya 1, y Rinaldone (4) tiene
sus paralelos en la 518 del Museo Arqueológico Nacional, en los Mur-
ciélagos de Alburiol y en la Cueva del Pasteral. Sin embargo, esta de los
Mármoles es más elegante y fina. Su decoración y finas zonas horizon-
tales punteadas, constituidas por cuatro líneas paralelas cada una, más dos
oblicuas exteriores. Mas simple esta decoración que la de los ejemplares
de la Cueva también prebética de Zuheros o de la Cueva de la Murcie-
laguina de Priego, revela el área de difusión de este estilo oriental en el
centro de Andalucía, con caso omiso de la influencia almeriense. De Gra-
nada y Málaga hacia el Norte, nosotros la hemos encontrado, pasado el
Guadalquivir en el escalón de la meseta, Cueva del Cariaveralejo, en Ada-
muz de Córdoba.
--:".t1?-1, Otra materia es el trozo perfil carenado, unido y oscuro. El nos in-
;41."-;- 2•otra época ya en pleno periodo del bronce. Señala la continuación
Ibitat en esta Cueva que tantas posibilidades brinda. Nuestra contri-
-fruto de una visita, es hasta ahora el único material que de este
• L•
¡:,:vairritento posee el Museo Arqueológico de Córdoba. Con Zuheros, cu-
-, ya elsOvacion hicieron en 1962, Ana María Vicent y Ana María de la
Isla Salcedo, con la de la Murcielaguina en Priego y la citada en Ada-
muz, podría este yacimiento contribuir a aclarar el, hasta ahora vago
término, de la cultura de las cuevas.

IV
El yacimiento eneolítico de la «Cueva del Cailaveralejo»
en Adamuz (Córdoba)
Por primera vez en la provincia cordobesa surge sobre el borde Norte
te del Guadalquivir, en su estribación a la meseta, un yacimiento que po-
demos encajar dentro del inefable y cómodo término de la "Cultura de
106
Material del "Cañaveralejo". (Adamúz).

Silex de la Brecha de los Mármoles. (Priego).


Investigaciones prehistóricas 323

las Cuevas". Si el borde de la falla del Guadalquivir ha servido, a más de


escalón diferencial geográfico, de límite de culturas diferentes, esta Cue-
va nos puede proporcionar la pista de una época tan especial, en que con
sus fluctuaciones o ignorancias cronológicas se dan variaciones culturales
tales como lo dolménico, lo precampaniense y la cultura de Almeria.
Comprendidas en su mote cultural, las Cuevas parecen más bien un recep-
táculo geológico, un cul-á-sac, donde sin casi posibilidades de niveles sal-
vadores, el material revuelto no clarifica sino complica el problema. Sin
embargo y por lo que se refiere a la región central andaluza, las Cuevas
por estudiar son prácticamente todas y los indicios o las pistas que en
ellas se encuentran, son fundamentales para la investigación de las raíces
históricas de Occidente, aún hoy fundadas en el mito más en la realidad
arqueológica. En contacto con la zona dolmenica extremeña, que avanza
al norte de Adamuz hasta Villanueva de Córdoba y Montoro, la Cueva
del Cañaveralejo está en el mismo balcón de la ondulación bética, es de-
cir, intermedia entre la facies lusitana y el mundo pretartésico.

SITUACION

Colocada al lado derecho del arroyo de su nombre, precisamente en


su confluencia con el Pedrocheno, es una profunda abertura en la caliza
carbonífera, constituida por una hoya o boca de abertura, de un diáme-
tro de más de 15 metros y una galería ascendente en tres escalonamien-
tos, más estrecha, correspondiente a un tubo hidráulico de presión, cuyas
características se notan en la masa rocosa en forma de calcificaciones, hue-
cos o repisas correspondientes a movimientos acuáticos. La pendiente que
forman los distintos planos provoca el movimiento de los derrubios y es-
combros, hacia la hoya de salida, por lo que en el tramo más interior, el
suelo de roca pura, no se presta a depósito arqueológico ninguno. Las ca-
racterísticas de la boca de entrada y la escombrera externa de restos pé-
treos, las señales de barrenos, permiten suponer que su entrada fue pri-
mitivamente más estrecha y que desde allí se sacó material para el horno
de cal de construcción, existente unos zoo metros más abajo en la con-
fluencia de los arroyos. Examinados los escombros, no presentan sino tro-
zos fragmentados de roca, sin mantos de tierra o señales de labor artificial.

* * *

El suelo de la caverna está irregularmente salpicado de grandes de-


rrubios y ha sido sistemáticamente excavado por buscadores de tesoros,
107
324 Juan Bernier Luque

que en otros lugares de esta zona abrieron en muchos zocavones, verda-


deras cuevas, conocidas por los habitantes antiguos y modernos del pue-
blo, como ilusorias tareas, derivadas de sueños o tradiciones del moro.

GEOGRAFIA DEL PRESUNTO HABITAT

El vallecito donde está situada la caverna constituye un camino na-


tural, por el cual se ha trazado desde siglos el viejo camino de la Plata,
en ruta hacia la zona de Almadén y los encinares de Villanueva de Cór-
doba, donde existió el viejo habitat neolítico, que Aulló y Riesgo exca-
varon en domenes y cistas. Todavía en este valle se encuentran innume-
rables tégulas romanas, pues esta comarca se unió pronto a las ciudades
del valle bético como su vecina Montoro, romanizada rápidamente. La
situación de la cueva en un arroyo de agua peremne y sobre el viejo ca-
mino, a la par que darle excepcionales condiciones de habitabilidad, na-
turalmente ha perjudicado su acervo arqueológico, pues como lugar for-
zoso de refugio, o simplemente etapa durante miles de años, sus restos que
debieron ser abudantísimos, han ido desapareciendo y es excepcional que
después de estos destrozos de siglos y la labor de zapa de los buscadores,
se hayan encontrado los materiales que se mencionan. Claro está que da-
das las características de la caverna, la extracción de piedra cantera, las
rebuscas y los corrimientos de derrubios hacia la boca de entrada, junto
con el hundimiento de niveles por la acción del agua, no han permitido
encontrar niveles específicos y sí mezclas e incluso anticronismos en la
posición de los objetos encontrados.

INVENTARIO DEL MATERIAL

a) Fauna.

i. Canino de jabalí joven en concreción caliza.


2. Trozos óseos calcinados.

b) Restos humanos.

3- Trozos de calvarias con señales de fuego.


4. Dos molares.

c) Objetos de hueso
108
326 Juan Bernier Luque

aún mera hipótesis, ya se trate de canibalismo o de restos de incinera-


ción funeral en posterior época. En cuanto a los molares, sus datos son
de una limitación personal. El punzón de hueso patinado, meramente in-
dica la persistencia del material óseo, al lado del utillaje en piedra.

MATERIAL LITICO

Una raedera pseudo asturiense va muy mal con la perfección de las


demás piezas, pero no es imposible su empleo. Los cuchillos 7 y 8 en
sílex de bordes trabajados son característicos del neolítico avanzado. El
8 es clásico de un microlitismo persistente. Los trozos 9 y ¡o en peque-
ñas lascas laterales de filos cortantes igualmente duraron para usos múl-
tiples hasta muy tarde cuando el bronce se generaliza. En cuanto a los
números, i 1, 12 y 13, corresponden a depósitos de material preparado o
puntas de flechas utilizables. Todos se encontraron en huecos de la ca-
verna y en gran cantidad dispuestos para ser perfeccionados. Las puntas
son bastas, porque el material utilizado no es el sílex, sino cuarcitas pro-
cedentes del material rocoso de la misma cueva difíciles de moldear. Ex-
traña a él es el material de las dos preciosas hachas pulimentadas. Ambas
y sobre todo la número 14, presentan la factura cuidada de la época del
Bronce I, con sus filos achafanados en vertiente y su línea biselada pla-
nifirme.

EL COLGANTE Y SUS PROBLEMAS

El Colgante, por llamarle algo, pieza 16, de barro al parecer sin


cocer y con los extremos perforados, es una curiosa pieza arqueológica.
No sabemos nada de su papel propio aunque es objeto de varias hipó-
tesis. No es muy corriente su encuentro, pero ya desde los tiempos de
Siret arrastra su interrogación. Para este investigador tal pieza se refería
a hornos de fundición como veremos después.
La segunda misión de esta segunda pieza la hemos encontrado en
Virgilio Correira 5) en su trabajo sobre el neolítico de Pavia en el Alen-
tejo en 1921. Se trata de una "Aldea neolítica con influencias del período
del cobre". Correira cree que las argollas de barro son pesos de telar y
aduce el hecho de que por haberse encontrado una, en uno de los túmu-
los circulares de Alcalar, en Algarbe, no podría tratarse de un horno de
fundición.
Esta es una hipótesis, pero Veiga (i6) hablando sobre elm ismo hallaz-
110
Investigaciones prehistóricas 327

go en el "Tholos" de Alcalar, indica la idea de que tal vez marque el sexo


femenino de las personas enterradas, aunque bien pudiera tratarse, agrega,
de pesos de redes de pesca pluvial. (El Castillo de Alcalar está en la ori-
lla del Río Tera).
En cambio, C. de Mergelina en su estudio sobre la zona dormenica
de Montefrio (17) en 1942, vuelve a la hipótesis de Siret, porque encontró
"pequeños hornos cubiertos de bobedillas refractaria, formados a su vez
por cilindros curvos de barro cocido, cuyos extremos aparecen aguje-
reados, elementos que en gran cantidad se hallaron en el dobmen XVIII.
El veterano Abel Viana, en la Necrópolis de Alcava, en 194o 08) en-
contró junto con cistas de tipo algárico "un colgante de barro rojizo en
forma de chorizo, idéntico a otros de bronce los cuales enebrados... for-
man pulseras".
En el mismo año Gil Farres, en la estación de Vélez-Blanco (19) in-
dica que Motos encontró tales piezas junto con hornos de fundición, re-
firiendo que este yacimiento es contemporáneo de Tres Cabezos, Palaces
y la Gerunda, donde hay también restos análogos, indicando su fecha en
2.3oo a. de C.
Pero no es solo aquí. En en el Horgeniense y S. O. M. francés en
los que Arnal y Prades (2o) encuentran lo que llaman colgantes raquifor-
mes, (2.1 oo) en un pueblo, que como los del macizo central, practicaban
la trepanación, los Rodezienses cuya cerámica es extrañamente parecida
a la hispano-mauritana-cordobesa.
En definitiva el misterio de estos extraños colgantes de media luna
perforada sigue sin resolver. La mayoría de los sitios donde se han en-
contrado no existen huellas de metal. Nosotros hemos encontrado en la
pieza 7.473, del Museo Arqueológico de Córdoba, trozos parejos proce-
dentes de los altos del Castillo de Espiel, al Noroeste de este yacimiento
de Adamuz. Ultimamente, por favor particular del señor Collantes Te-
rán en Sevilla, hemos visto los encontrados por dicho señor junto con el
profesor Carriazo, en la Cueva de Almadén de la Plata, al Noroeste de
Sevilla, en situación serrana parecida a la de Adamuz. Se diferencian que
son cilíndricos, más pequeños pero creemos que también son de cerámi-
ca sin cocer al horno. Tales elementos han aparecido en gran cantidad.
Su destino sigue como una interrogación.

111
328 Juan Bernier Luque

LAS VARIACIONES CERAMICAS

La cerámica incisa está representada por el núm. 17 en barro oscuro,


con decoración en bandas de líneas enfrentadas en oblicuo, modo deco-
rativo del rosseniense francés (20.
La cerámica de cordón con ondulaciones número 18, es también bas-
ta y negra sin pulir. El gran borde de cerámica de cenefa en metopas de
amplia incisión está en un barro más rojizo propio del país.

LA CERAMICA PINTADA
Una de las características de este yacimiento es la abundancia de ce-
rámica pintada en rojo. No se trata de cerámica a la Almagra, sino de un
rojo carminoso, extendido en una tenue etapa, superficial antes de la coc-
ción y probablemente alisado después. Este tipo cromático señalado por
Gómez Moreno (22) hecho solo de óxido de hierro, no confundente alca-
lino, sino mezclado acaso con sangre para hacerlo inatacable al agua, se
raspa fácilmente. También es característica la tendencia al carmín, asi co-
mo la inconsistencia del colorante que le hace perderse en ciertas zo-
nas y conservarse en otras. Pero en los fragmentos cerámicos del Caña-
veralejo, vemos varios donde al parecer la imprimación de la pintura se
ha fijado con caracteres más indelebles y con estricta regularidad. Acaso
signifique un adelanto técnico camino del tipo perfecto de Almagra, tan
pulido como el de Zuheros y las Cuevas de Priego.
Ahora bien, hemos de hacer constar que toda esta cerámica pintada
no lleva incisiones ni adornos de ninguna clase, siendo posible que falten
los fragmentos que puedan llevarlos, aunque de todas maneras su falta
general es sintomática.
Hay además otra observación sobre este tipo cerámico en el Cañave-
ralejo. La falta de pintura en las asas de pezón.
La cerámica a la Almagra 20, 21 y 22, es toda ella lisa y de borde sen-
cillo, los tipos de pezones son muy variados. El pezón en oreja, núme-
ro 29, horizontal, lo encontramos en Huelva en el dolmen de Pozuelo, y
sobre todo en el pleno neolítico catalán y en cambio los múltiples figu-
ra 3o son muy posteriores en su forma de bandas verticales. Los tipos
de asa son en general neolítico. En cambio el número 27 en cerámica pin-
tada es del estilo de asa perforada Troya I y Rinaldone, españolas en el
segundo milenio en cuevas catalanas, (23) Pasteral, Olius, Bisbé o en las
cordobesas de Zuheros, Mármoles y Murcielaguinas generalmente a la Al-
magra y pintadas.
112
Investigaciones prehistóricas 329

El tipo de asa en media luna invertida, característico del bronce his-


pánico 1, lo hemos encontrado también en la Cueva de la Murcielagui-
na de Priego, con paralelos en Asta Regia y puede verse en el trabajo
sobre esta cueva. Pero sus concomitancias las tienen en el calcolítico fran-
cés en la cultura argenteuilleuse del Eure y Loire (24).

CONSECUENCIAS

La zona de enlace entre los almerienses, lo pretartécico y lo lusita-


no, la constituyen la provincia de Córdoba. El neolítico y el eneolítico
se presentan abundantemente en yacimientos inexplorados que solo son
búsqueda superficiales nos dan bastante material. Es decir, que con pocos
medios podemos sacar consecuencias importantes. Hoy todos los materia-
les encontrados han sido cedidos al Museo Arqueológico de Córdoba. Con
los de la Cueva de los Murciélagos de Zuheros, los de la Virgen de la
Sierra de Cabra, los de Mármoles y Murcielaguina en Priego, contribui-
rán adesentrafiar los problemas culturales del extremo occidente.

gu,an Jernier _raque

113
Sobre las inscripciones de Monte-Horquera

Por José M. Piñol Aguadé

En su obra "Antiguedades Prehistóricas de Andalucía", aparecida en


1868, su autor, don Manuel de Góngora Martínez, nos dice lo siguiente :
"No lejos de la Torre del Puerto, en la cumbre del Monte Hor-
quera, colocada sobre ruínas de ignorada ciudad romana corre en di-
rección al poniente el Arroyo Carchena ; y hay cerca varias cuevas,
cual obra de la naturaleza, cual de antiquísima raza, que se dicen
Las Cuevas de Carchena. El ansia de buscar tesoros hizo que las es-
cudriñaran ciertos vecinos de Baena, dando con unas sepulturas de
tres cajas que en forma de tejadillo facilitaban hueco para el cadá-
ver y con numerosa colección de lajas sueltas y naturales, y en ellas,
abiertos, extraños jeroglíficos. Lleváronse a Baena, secretamente se
guardaron y aún con misterio se guardan como recetas seguras de la
anhelada riqueza y solo copia de dos se consultó a mi amigo creyen-
do que las podría descifrar".

HORQUERA I HORQUERA II 115


332 José M.a Piriol Aguadé

Previamente ha manifestado que su amigo es el señor Fernández Gue-


rra y que el hallazgo tuvo lugar en 1848. Y sigue :
"El señor don Rafael Calvo, vecino de Luque, me ha facilitado
este otro monumento hallado en el Cortijo de las Cumbres, en el re-
ferido Monte Horquera".

41~1111111111~~~~~~~
HORQUERA III

Don Francisco Valverde en su "Historia de la Villa de Baena", se re


fiere a los textos transcritos y reproduce los dibujos, que no aparecen en
los "Monumenta Linguae Ibericae" de Hübner, ni en las "Misceláneas",
ni en "La escritura bástulo-turdetana" de Gómez Moreno, ni han sido
estudiadas por especialistas tan eminentes como Tovar o Caro Baroja.
La primera impresión es que nos hallamos ante casos de inscripciones
lapidarias, prerromanas, de carácter funerario. Alguno de sus signos coin-
cide con los de los alfabetos ibérico y tartésico, el último de los cuales
es denominado por Gómez Moreno bástulo-turdetano, mientras Tovar
prefiere la expresión paleoibérico o meridional.
Pero el conjunto se manifiesta como una trilogía de variado carácter

gráfico ; casi no puede darse mayor heterogeneidad pues ninguna de las


inscripciones parece redactada en el mismo sistema. Por otra parte los
signos son poco numerosos. Todo parece coincidir en sentar las bases más
difíciles para un adecuado estudio.
El cúmulo de problemas que ofrecen no es ciertamente escaso :
116
Sobre las Inscripciones de Monte-Homera 333

¿Se trata de verdaderas inscripciones, o simples dibujos de carácter


ornamental o conmemorativo?
¿Si se trata de casos de manifestación de escrituras, son todos los
signos propios de los indicados alfabetos o, total o parcialmente, contie-
nen signos pictográficos, ideográficos o alfabéticos que han debido pre-
ceder a los íbero-tartésicos y que se hallan todavía pendientes de estudio?
¿En qué período histórico pueden encuadrarse?
¿A qué otras escrituras son comparables?
¿Qué indicios pueden obtenerse sobre la naturaleza, significado y
lenguaje de las presuntas inscripciones?
El enunciado problemático no es exhaustivo. Los antecedentes ex-
puestos y el estado actual de conocimientos en la materia permite supo-
ner que ni aún el reducidísimo grupo de estudiosos que hacen de tales
materias su actividad constante, llegaría a conclusiones que pudieran de-
nominarse de otra forma que conjeturas, de mayor o menor solidez. Por
ello las presentes líneas, aunque pretenden alcanzar remotamente un ob-
jetivo similar, como todas sus conclusiones deben ser objeto de concien-
zudo examen y revisión profunda, estimarían obtenida su finalidad y real
objetivo, con solo despertar la atención y provocar el análisis que tales
inscripciones merecen, la "página resolutiva, mejor que las muchas en
que se diluye un tema", como ha dicho Gómez Moreno.
Pero entre tanto estimamos procedentes unas previas digresiones sin
las cuales no sería posible centrar, analizar ni profundizar.

II

La primera de ellas es la relativa a la historia de la escritura que ha


sido objeto de importantes obras: en 189i, Berger, publica su "Histoire
de l'ecriture dans l'antiquité" ; Jensen, en 1935, su "Die Schrift in Verga-
genheit und Gegenwart" ; en 1937, la fundamental obra de Diringer "L'al-
fabeto nella storia de la civiltá" ; y en 1959 la edición revisada de la obra
publicada por Fevrier en 1948, "Histoire de l'ecriture", que ha de servir
de base a nuestra exposición, tanto por su fecha, que le permite recoger
gran parte de las novedades etruscas y micénicas, como por su orienta-
ción respecto a los alfabetos ibéricos, coincidente, en líneas generales, con
la de D. A. Tovar.
El hombre civilizado, dice Fevrier, piensa por "conceptos", cada uno
de los cuales se materializa en un nombre, es decir en un grupo de movi-
117
334 José M.a Piriol Aguadé

mientos bucales para el que piensa y habla y un grupo de percepciones


auditivas para el que escucha. Las escrituras modernas descomponen ta-
les percepciones en un número de elementos sumamente reducido per-
mitiendo transcribir cada uno de ellos en un signo gráfico, una letra, de
forma que pronunciando cada una de las letras de un vocablo se recons-
truye su sonido y con él el vocablo y por tanto el "concepto" que ex-
presa. Tal es, esquematizado, el procedimiento actual de la escritura y la
lectura.
Pero como la naturaleza no procede sino evolutivamente, a lo ex-
puesto, salvando excepciones importantísimas, sólo se llega a través de
un prolongado desarrollo en el que se pueden distinguir los siguientes
estadios :
a) Periodo de la escritura sintética o IDEENSCHRIFT, en la que
el signo no expresa una palabra, sino una idea o un grupo de ellas, una
frase, una proposición ; y siendo el número de éstas ilimitado, también
lo es el de signos, por lo que la escritura está en su grado más rudimen-
tario. Se citan numerosas escrituras que apenas han salido de tal etapa :
maya, azteca, algunas indio-norteamericanas y siberianas, etc. ; los signos
de nuestros Códigos de Circulación y el "Dígaselo con flores" no son
más que manifestaciones de escritura sintética.
b) El signo deja de representar una frase y pasa a expresar una sim-
ple palabra, y siendo el número de éstas, sobre todo las usuales, bastante
reducido, la escritura ha dado un paso extraordinario pues con un nú-
mero limitado de signos, aunque sea extenso, puede expresar innúmeras
proposiciones.
Esta escritura de vocablos o WORTSCHRIFT se divide en "picto-
gráfica simple" en la que el signo equivale al objeto dibujado, esto es un
perro = un perro, e "ideográfica" en la que el dibujo no representa el ob-
jeto, sino una idea con él relacionado, p. e. un perro = la caza.
c) En el grupo anterior no existe relación alguna entre el dibujo y
la expresión oral de lo representado, es decir, no hay anotaciones de so-
nidos. Cuando tal enlace se produce se llega al estadio de la escritura fo-
nética, en la que el material gráfico, o sea la colección de signos, meras
expresiones de sonido o fonogramas, queda sumamente reducido ; pero
este estadio no se alcanza sino a través de un lento y penoso proceso, con
amplísimas fases intermedias en las que alternan ideogramas y fonogra-
mas.
d) Con los fonogramas queda abierto el paso a la escritura silábica o
118
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 335

alfabética, ambas modalidades de escritura fonética, diversificadas por la


intensidad del trabajo analítico efectuado. Comprenden diversos tipos,
que también se entremezclan en numerosas escrituras : silábico puro, al-
fabético consonántico, y consonántico y vocálico.

III

La escritura es solo un s i mple procedimiento de fijación de un len-


guaje. Entre el nacimiento de un lenguaje y su fijación escrita pueden
mediar fabulosas distancias temporales ; incluso en la actualidad nume-
rosas lenguas no se escriben y la mayoría de la humanidad no conoce el
arte de escribir. Por otra parte nuestros conocimientos sobre la escritu-
ra no sobrepasan la antigüedad de seis mil años.
Por ello, aún en estos días, pueden constatarse todos los estadios evo-
lutivos antes expuestos, incluso las dificultades inherentes al nacimiento
de una escritura sintética, o sea la delimitación precisa entre la expre-
sión simplemente artística y la grafía que plasma una idea, una frase, una
palabra y que fundamentalmente está encaminada a auxiliar la memoria
o transmitir una comunicación. Es el problema de las pinturas rupestres,
tan abundantes en nuestra península, al que nos referiremos.
Pero veamos antes algunos ejemplos clásicos :

L 19 1, o r,/. .at 41. Askj

Se trata de una tabla que, con su explicación, fue obtenida por el


doctor Hoffmann de un indígena de Alaska. En su figurar el autor se
señala con una mano y da cuenta de la dirección de su ruta, caracteri-
zada como un periplo por el remo de la z ; en la 3, la mano en la cabe-
za, expresiva de sueño y la otra con un solo dedo levantado, da cuenta
de la primera noche ,después de la cual pasa por una isla con z cabañas
(4) ; quedan expresadas en las figuras 5 y 6 la segunda noche y el paso
por otra isla, relatando las tres siguientes los preparativos y lucha con
un león marino ; las dos últimas consignan el regreso al hogar y procedi-
miento empleado.
También es muy curiosa la piel de bisonte de los indios norteame-
ricanos que contiene una relación de inviernos de i 800 a 187 1, cada uno
de ellos con un signo o dibujo expresivo del acontecimiento que caracte-
119
336 José M.a Piñol Aguadé

rizó el invierno : enfermedad o epidemia, eclipse, muerte de caballos y


hasta importación de mantas de los españoles (1853-4).

Todo ello es moderno, destinado a facilitar la comprensión. Pero en


el mundo antiguo también se clasifican como cantares de gesta en imá-
genes, verdaderas sagas, expresiones artísticas en objetos muebles como
el cilindro Tyszkievicz y la pátera de Preneste, de los dominios asiánico
y asirio.
Más discutibles son los cantos rodados de Mas d'Azil, de cuya auten-
ticidad llegó a dudarse, y que se habían estimado como simples manifes-
taciones artísticas ; Obermaier las comparó con los petrogrif os del Me-
diodía de nuestra Península ; pero al ser contrastados con otros decora-
dos en forma similar hallados en puntos geográficos relativamente leja-
120
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 337

nos, hacen suponer que sus ilustraciones sean embriones de escritura cu-
yo significado no está a nuestro alcance. A título meramente hipotético
recordamos las inscripciones que no siempre con honestos deseos graba-
ban los honderos de la antigüedad en sus proyectiles ; a tal fin junto a
los ejemplares azilienses reproducimos un proyectil con inscripción
etrusca.

Qth

vr,
Ya hemos aludido a la riqueza española en pinturas rupestres, pero,
salvo ocasiones excepcionales, ha sido siempre tratada desde la perspec-
tiva artística, destacándose más el tránsito de lo figurativo a lo esquemá-
tico, que la posibilidad de manifestaciones escriturarias.
Pero Gómez Moreno, con su genial intuición, ya planteó el pro-
blema :
"En los grabados y pinturas de Dordoña y Santander, que se
atribuyen al período madeleniano, vemos un arte primordial de hom-
bre salvaje, prehistórico a todas luces ; su campo es la fantasía ; y
si algo de ulterior revelaban ello no imprime carácter y así escapa
a nuestra penetración. Las pictografías son, por el contrario, tan de
rutina sumarias, torpes y alejadas de lo natural, que bien se ve que
no respondían al ciclo del arte, sino al de las ideas evocadas median-
te figuras ; es decir, que son signos y no imágenes y han de atribuir-
121
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 339

ha comentado el fenómeno indicando que a su juicio no se ha prestado


suficiente atención al papel que en el paleolítico superior han podido
desempeñar los grabados en la nieve :
"En todos los países donde el frio ha predominado el hombre
depende para subsistir de la caza, no de la cosecha, y el tapiz de la
nieve constituye un libro donde todo ser está obligado a dejar su
marca distintiva. Así los cazadores de la época auriñacense o magda-
leniense conocían centenares de signos expresivos de una tribu veci-
na, de una especie animal, etc, etc. Sabían leer, antes que escribir".
Anteriormente ya hemos hecho referencia a la fabulosa riqueza de
nuestra península en pinturas rupestres, que se encuentran también en
amplias zonas geográficas. El contenido de muchas de ellas puede dejar
en duda a cualquiera que las examine sobre su carácter artístico o escri-
turario. Prescindimos de reproducirlas por hallarse en numerosísimos tex-
tos y sólo, a título meramente enunciativo, citaremos las de Peña Tu, las
insculturas gallegas, las grafias de Albuquerque, Almadén, Fuencaliente,
Casas Viejas la Piedra de los letreros de Vélez Blanco y tantas otras que
harían extensísima la relación. Especialmente señalamos las recientemente
descubiertas en nuestra provincia, en la Cueva de Los Cholones, por don
Juan Bernier, en cuya cueva se ofrece una verdadera estratigrafía de es-
crituras de distintos períodos.
Queremos dedicar dos líneas especiales a los dibujos de la Cueva
de la Graja, en Jimena ( Jaén), que Gómez Moreno estudió ampliamente
en sus "Pictografías Andaluzas" a instancia del Notario de la citada po-
blación. Entre sus signos figuran algunos similares a "pulpos" y no hace
mucho, en 1962, en la revista "Oretania", don Mariano de la Paz Gó-
mez comentaba la concordancia de los mismos con otros "pulpos" des-
cubiertos en Valonsadera por don Teógenes Ortega. Añadamos, por nues-
tra parte, que en la escritura protofenicia se encuentra otro signo muy
similar que parece ser un derivado de otro protosinaítico, cuyo simbo-
lismo parece corresponder a una mano.

I V

Para ir entrando en materia hay que dar un salto enorme en el mun-


de la escritura. Aquel que separa el estadio en el que se precisa un signo
para cada frase, y por tanto decenas de millares de signos, de aquel que
con veintitantos puede expresar lo mismo y con precisión mucho mayor.
123
340 José M.a Piriol Aguadé

Acabamos de indicar que las escrituras sintéticas y pictográficas, de


existir en España, son temas casi vírgenes. La escritura histórica española
está representada por los alfabetos ibérico-tartésicos, la valoración de cu-
yos signos parece solucionada, en lo esencial. No reproducimos las ta-
blas correspondientes, que figuran en numerosas obras, limitándonos a
destacar la señera figura de G ómez Moreno y a indicar que la más recien-
te tabla de signos e interpretaciones aparece por él publicada en su tan
citado estudio sobre "La escritura bástulo-turdetana".
Dichos alfabetos se consideran profundamente emparentados, de for-
ma que el ibérico parece ser una variante, más moderna, del meridional.
En ambos se destacan dos características peculiares:
a) Parentesco, por su forma exterior, con los alfabetos orientales, tal
vez el fenicio, o acaso el griego o el etrusco que contienen signos voca-
licos, a diferencia de aquél.
b) Base interna indígena, profundamente alterada por la superposi-
ción de las indicadas formas exteriores.
Gómez Moreno lo expone, en forma reiterativa, tanto en las "Misce-
láneas", como en "Adam y la Prehistoria", como en el estudio última-
mente citado. Para él la civilización tartésica es arcaizante, señorial y a
ella se sobrepone en el milenio II a. d. J. la cultura del Argar, pueblo gue-
rreador que importa una forma fenicia de escritura, que no logra ven-
cer el silabismo primitivo, pero que consigue crear la escritura bástulo-
turdetana que conocemos.
Esta explicación no puede menos de recordarnos aquellos párrafos
de Ventris y Chadwick en sus "Documents in Mycenaean Greek" que
resumimos a continuación:
"Los helenos del período clásico no conservaban memoria clara
de un sistema de escritura más primitivo que el alfabeto griego. Se
citaba comunmente el texto de Herodoto indicando la llegada de los
fenicios con Cadmus, los cuales introdujeron en Grecia varias artes
entre ellas la escritura que hasta entonces los griegos habian ignora-
do ; primeramente los griegos utilizaron el mismo alfabeto fenicio,
pero posteriormente lo desenvolvieron adaptándolo a las peculiari-
dades de su lenguaje. Sin embargo la existencia de una escritura an-
terior resulta de la misma Iliada : Antea, la esposa de Proitos, estaba
locamente enamorada del intachable Bellerophon, pero incapaz de
que éste correspondiera a su amor y despechada, manifestó a su
esposo que Bellerophon había tratado de seducirla. Proitos creyó
124
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 341

el engaño, pero no deseando que la muerte de Bellerophon ocu-


rriera en su reino le envió a su padre político, con un mensaje con-
tenido en una tabla escrita, a Lycia. Esta tabla contenia indicaciones
malignas de forma que el suegro de Proitos al examinarla debía com-
prender que inmediatamente había de ser ejecutado el portador".

Don Antonio Tovar que hace ya muchos años (Zephirus II) habia
manifestado que "lo que no es el alfabeto íbero-tartésico es una evolución,
sino una adaptación, hecha en un momento dado con gran habilidad y
espíritu de sistema", de una escritura anterior, reitera el propio criterio
en la "Enciclopedia Lingüística Hispánica", donde, después de separar la
escritura del Algarve de la tartésica, distingue a ésta como una regula-
rización de aquélla declarando que ambas son en parte alfabéticas y en
parte silábicas, caso único en toda la historia de la escritura, criterio que
no compartimos ya que la escritura caria, del Asia Menor, tiene idénti-
ca singularidad ; y sigue Tovar :
"Parece lo más probable que sobre una primitiva escritura silá-
bica, que no conocemos un sabio andaluz, tal vez hacia el año 700
a. d. J. combinara los sistemas de escritura griego y fenicio que ya
habían llegado por aquellas fechas a nuestro Península y lograra es-
ta creación original, seguramente bien adecuada a la fonética de la
lengua... Es el carácter sistemático de la escritura el que parece im-
poner un rasgo personal en su organización. En el mismo sentido
prepara un trabajo sobre la escritura ibérica J. G. Fevrier".
El hecho "recepción y adaptación" puede ser comprendido con sin-
gular cariño por cualquiera que haya oteado el horizonte de la historia
jurídica y con él, el fenómeno de la recepción en gran parte de Euro-
pa del derecho privado romano, que no fue obra popular, sino acadé-
mica, es decir de juristas, que aunque consiguieron introducir institucio-
nes típicamente romanas, su labor fundamental fue la de adoptar la téc-
nica y el sistema jurídico-romano, con lo que numerosas instituciones
indígenas, que perduran todavía en nuestros días, estan sólo disfrazadas
de romanas. En relación con el derecho español el acontecimiento ha
sido resaltado en vivos colores por un jurista contemporáneo, Puig Bru-
tau, al contrastar en diversas de sus numerosas obras, las instituciones sa-
jonas con las romanas.
Anotemos, pues, datos interesantísimos: la existencia de escritura,
una o varias, primitivas, readaptadas con los signos orientales. ¿En qué
125
342 José M.a Piriol Aguadé

punto se produce el entronque? En la imposibilidad de detallar las ca-


racterísticas de cada uno de los alfabetos del grupo, estimamos oportuno
reproducir el gráfico elaborado por Herring, árbol genealógico del al-
fabeto romano, lo que efectuamos de la traducción francesa de la obra
de Ernst Doblhofer "Zeichen und Wunder", el cual ya nos advierte an-
tes que tal árbol además de no ofrecer un panorama completo, adolece
de excesiva simplificación, particularmente en la línea fénico-greco-etrus-
ca, pero en conjunto da una idea bastante aproximada de nuestra ascen-
dencia alfabética :

, PTIENSI
ii-11EROGLYPHES EGY

t oteriture sinaique

sémitique anclen

mitigue nordiqu sém - méridional

Araméen
ue écrituresd'Arri u uelq ecrituns d•Ase.
écritunn indleanes
un curte hebealqur

phénicien

eC
écritures dcs Illee de ie Sonde

eorders étrusque

écriture alp‘ne

gothique odcid (wIalflia) cyrallique

capitales romaines

A la vista del precedente esquema hay que preguntarse ¿pero cuál


es el punto de enlace de las escrituras hispánicas?
Tovar, en el "Boletín del Seminario de estudios de Arte y Arqueolo-
gía de Valladolid" cita el criterio del renombrado Diringer, a quien he-
mos ya aludido anteriormente, de que el líbico y el ibérico aparecen en
dependencia de la escritura fenicia y su secuela, la púnica y neopúnica,
criterio que es también sostenido por Gelb en su obra "A Study of Wri-
ting".
126
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 343

Pero Tovar, sin perjuicio de reconocer que la mayoría de las formas


de los alfabetos ibérico-tartésico no pueden ser separadas de los signos
fenicios y griegos y que la relación que puede hallarse con los silabarios
crético-chipriotas es muy reducida, se opone a las tesis enunciadas, in-
dicando :
"A nuestro juicio ello proviene del error acostumbrado que con-
siste en suponer que un descubrimiento elimina por completo las
etapas anteriores por las que ha pasado la Humanidad. Se tiende a
creer que el alfabeto fenicio en su sencillez genial borró los milenios
anteriores... En el silabario greco-chipriota, en el ibérico, líbico, al-
fabetos de Asia Menor e incluso de ciertas formas de la escritura
griega tenemos muestras de la pervivencia dél viejo sistema silábico
en tiempos en que ya se había descubierto el alfabético... Por con-
siguiente creemos que habría que dar a la escritura minoica un pues-
to central en la historia de la escritura universal... En trabajos ante-
riores (MINOS) hemos presentado la ascendencia pre-fenicia, es de-
cir minoica, de ciertos signos ibéricos".
La existencia de escrituras en Europa suplantadas o influidas consi-
derablemente por los alfabetos de tipo fenicio ha sido también destacada
por otros autores. Aunque breves, son interesantísimas las consideracio-
nes contenidas en el trabajo de Franz Miltner "Wesen und Geburt der
Schrift", que forma parte de la "Historia Mundi" (Berna, 1954). En re-
sumen sostiene lo siguiente :
"Hasta recientemente se creía que toda la escritura, sin excep-
ción, procedía de una representación pictórica de conceptos, o sea,
que se pasaba de la imagen a la letra. Pero hoy nos inclinamos a es-
timar que la letra existe desde muy antiguo y que los principales
creadores de escrituras occidentales (anatolios, alpinos y posiblemen-
te los antiguos iberos) habían ya descubierto el sonido aislado en el
tiempo en que los griegos adoptaban y adaptaban el alfabeto fenicio
originando una recíproca fusión y fecundación de la imagen y la le-
tra, una reunión de Este y Oeste de vital importancia en la historia
mundial".
Tesis paralela, con escasísimo éxito, intentó sostener Morlet a la vis-
ta de unas inscripciones que llamaba alfabetiformes halladas en Glozel,
cuya autenticidad es discutible. También se podría citar la tesis califica-
da de racista, y por tanto objeto de toda clase de afrentas en nuestros
127
344 José M.a Piriol Aguadé

días, sostenida por Von Lichtenberg, a tenor de la cual los antiguos ger-
manos habrían conocido desde tiempos muy antiguos una escritura alfa-
bética, procedente de antiguos ideogramas, que habría obtenido especial
difusión por toda la zona mediterránea y de la que quedan restos en las
runas prehistóricas y las especiales escrituras ibérica, cretense, chiprio-
ta, etc. A tenor de lo expuesto por Von Lichtenberg, los semitas habrían
asimilado y perfeccionado tal escritura alfabética que, posteriormente, en
esta forma, habría sido aceptada por los propios pueblos europeos.
Tal vez sea momento oportuno para recordar unas palabras de Gó-
mez Moreno insertas en sus "Divagaciones Numismáticas". A la vista de
determinado lote monetal procedente del campo de Rebate, en Orihuela,
no puede menos de declarar que lo considera "tan peregrino que si no
estuviese consolidada en el Oriente la invención de la moneda, podría
recabar nada menos que su primacia absoluta. Podríamos suponer este
ruin tesorillo anterior a todo lo occidental en monedas, situándolo hacia
fines del siglo VI a. d. J.".
Hagamos constar, por último, una característica interesante de los
alfabetos hispánicos : en la escritura del Algarve es norma absoluta el
proceso derecha-izquierda ; también lo es, con excepciones, en la zona
turdetana ; por el contrario, la dirección izquierda-derecha es regla gene-
ral en la escritura ibérica.

Ya hemos dicho anteriormente que la escritura no es más que la ex-


presión de un lenguaje. Por ello hay que tener en cuenta ambos elemen-
tos al intentar descifrar una escritura.
En España podemos considerar resuelto, en términos generales, el
problema de valoración de los signos de los alfabetos íbero-tartésicos ;
pero en forma alguna ha sido posible interpretar el lenguaje o lenguajes
utilizados en las inscripciones.
Sin duda alguna numerosas inscripciones aparecen redactadas en idio-
mas indoeuropeos ; quizás aparezcan otras en lenguas indeterminadas de
tipo semita ; y queda el inmenso problema del idioma vasco que B. E.
Lasa, en su reciente obra "Orígenes de los vascos" sitúa entre el o.000
y 20.000 a. d. J.
Sin embargo, los estudios fundamentales sobre tales temas se deben
a la pluma de Tovar, cuya labor en los campos de los idiomas vascos,
128
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 345

célticos y semitas no ha sido puesta de relieve en el grado que por su


valía es acreedora.
Pero no es posible penetrar en estas materias que, por sí solas, requie-
ren sólo en su exposición una biblioteca completa. Limitémonos a acotar
algunas normas de carácter práctico que tomamos de las obras de Cleator,
en su reciente versión española, "Los lenguajes perdidos", de Fevrier, en
la obra referida, lo propio que en la también citada de Doblhofer y en la
de Mayani "Les etrusques commecent a parler". Son notas que carecen
de sistematización, cuya única finalidad es la de dar idea de la compleji-
dad del problema y servir de orientación :
1. En etrusco con frecuencia ignoramos dónde empieza y dónde ter-
mina una palabra o una frase.
2. El alfabeto etrusco, aunque tomado a préstamo de otro conocido
había introducido en él algunas modificaciones; además había debido
de adaptarse a su idioma y es por ello que lo mismo una letra puede ex-
presar varios sonidos que un sonido puede estar representado por varias
letras.
3. Imitando a los semitas, los etruscos tenían la costumbre de supri-
mir vocales o abreviar vocablos. Por ello nadie sabe a ciencia cierta có-
mo debe pronunciarse una palabra escrita, ni si es completa o abrevikcia.
4. Se dice que no ha podido hallarse una lengua análoga al etrus-
co, después de haber recorrido en vano del finlandés al copto, del vas-
co al japonés ; que se trata de un islote lingüístico, pero nadie se había
entretenido en compararlo al albanés y sus dialectos.
5. El resumen de las investigaciones etruscológicas, similares a las
ibéricas por los supuestos (alfabetos conocidos, idioma desconocido) fue
realizado por Trombetti en 1928 expresando : "Si e girato attorno alla
fortezza senza tentare de penetrarvi" ; y Ribezza (Studi Etruschi, 1953)
decía que los estudios etruscos eran más filológicos, glotológicos y eti-
mológicos que etruscológicos. Que la interpretación se habia efectuado al
margen de la epigrafía ; que se había prescindido del reconocimiento le-
xicológico de las palabras, por lo que no lograba arrancarse el secreto a
la esfinge.
6. He aquí el cuadro de alternativas que Cleator presenta para el
desciframiento de un escrito :

129
316 José M.a Piriol Aguadé

LENGUAJE ESCRITURA DESCIFRADO

Conocido Conocida No hay problema


Conocido Desconocida Fácil
Desconocido Conocida Difícil
Desconocido Desconocida Imposible

7. Del mismo modo que un fonema puede expresarse en varios sig-


nos, y un solo signo puede expresar varios fonemas, también una misma
lengua puede expresarse en varias escrituras y varias escrituras pueden ex-
presar una misma lengua.
8. El paso de un signo de una escritura a otra no implica que aquel
deba producir el mismo fonema.
9. Las características intrínsecas de la escritura son probablemente
más importantes que las extrínsecas ; aquellas son : escritura que solo
anota consonantes ; la que anota vocales y consonantes ; dirección : iz-
quierda-derecha, a la inversa, bustrofedon o serpentina ; anotación de
simples consonantes sólo en vocablos monosilábicos.
o. La supuesta facilidad para leer inscripciones cuyos alfabetos son
conocidos, pero no el lenguaje, es muchas veces ilusoria. Baste considerar
como en muchos idiomas (francés e inglés, p. e.) la pronunciación en
gran número de vocablos no corresponde a lo escrito.
11. Es de suma importancia la presunta naturaleza de al inscripción :
conmemorativa, funeraria, honorífica, etc.
12. Los indicios geográficos, como el lugar del hallazgo, los datos
históricos adecuados y los arqueológicos que permitan fijar su época, in-
cluso el empleo del carbono radioactivo, en caso necesario, son elemen-
tos de sumo interés. Lo propio la naturaleza del material empleado.
13. En el análisis interno hay que tener en cuenta las característi-
cas de los signos ; su naturaleza ideográfica o alfabética ; disposición de
las palabras, por si acostumbran a aparecer en lugar determinado : al
principio, al final, en puntos determinados, precediendo o siguiendo a
determinado signo. Posibles signos indicadores de sufijos verbales o subs-
tantivos.
14 Examen del número y repetición de caracteres, comparación con
signos alfabéticos o numerales de otras escrituras y aplicación exhausti-
va del método analítico, o sea sustitución de valores fonéticos en signos,
palabras y aún contexto, todo ello en forma experimental, teniendo pre-
130
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 347

sente que en casi todos los idiomas hay frases estables : "Descanse en
paz", podrá ser un "En paz descanse", pero nunca "En descanse paz".
15. Finalmente, posible relación con la lengua empleada, lo que re-
quiere una pequeña digresión, ya que el número de idiomas conocidos
es extraordinario : unos hablan de 2.000 y otros de 7.000, según los lí-
mites de idioma y dialecto, en gran parte. Se agrupan en familias sobre
cuyo número tampoco hay acuerdo, pues desde 9 a zoo los criterios son
varios.
La principal clasificación tiene una base histórico-morfológica : los
idiomas aislantes, en que el significado de un vocablo queda determina-
do por su emplazamiento y tono de voz ; los aglutinantes con raíces
esenciales modificadas por un sinfin de afijos ; y flexivos, cuya caracte-
rística principal es la modificación por alternancias en las formas del
substantivo y del verbo, al final y en el interior de los vocablos.
Pero esta clasificación tan esquemática no tiene un valor absoluto
histórico, es decir, que no todos los idiomas flexivos han sido precedi-
dos por las etapas anteriores, hecho que ha quedado probado con el sor-
prendente descubrimiento de que el chino, actualmente idioma aislante,
fue en remotos tiempos idioma de flexión ; y tampoco lo tiene morfoló-
gico pues son numerosos los idiomas que conjugan, en estadios interme-
dios, los grupos enunciados.
De todo ello solo nos interesa destacar en estos momentos los idio-
mas prerromanos hispánicos. Hubschmid y Tovar se ocupan del tema
en la "Enciclopedia Lingüística Hispánica" y parece desprenderse que
pueden hallarse los siguientes sustratos :
Un Euroafricano-Ibérico, de características desconocidas, que se ha
relacionado con una lengua camítica, o mejor, proto-semítica. Sin em-
bargo ello no está probado.
Otro sustrato es el Hispano-caucásico, constituido por elemento
vasco importado, según Hubschmid, hacia el III milenio a. d. J., período
algo distante del citado por Lasa, a que antes hemos aludido. Bien es ver-
dad que otros autores como Menéndez Pidal y Bertoldi, distinguen el
sustrato preibérico, relacionado con el vasco, y el sustrato ibérico rela-
cionado con el camítico.
El tartesio constituye grupo aparte ; se le considera muy diferente
del ibérico y no relacionado con el vasco ; pero su encuadre no se ha
efectuado.
Siguen finalmente los idiomas preindoeuropeos e indoeuropeos : el
131
348 José M.a Piriol Aguadé

celtibérico, los grupos occidentales de idiomas peninsulares y los propia-


mente célticos.
El resumen de todo lo expuesto no es precisamente para dar áni-
mos a emprender la última suerte de esta lidia.

V I

Pero esta última parte es no solamente la más difícil, es la decisiva ;


la que pondrá de manifiesto los menguados resultados obtenidos.
Ya hemos indicado el lugar del hallazgo : Monte Horquera, en la
zona Sud-Este de Córdoba, región no lejana de la en que, con gran sor-
presa de Hübner, aparece emplazada la antigua capital de Obulco (Por-
cuna), en zona de turdetanos, aunque posiblemente "de transición" a efec-
tos alfabéticos, de considerable riqueza agrícola y no lejana a una de las
grandes columnas vertebrales de las civilizaciones Mediterráneas : el
Guadalquivir.
Maldonado, en su estudio "Fonética y Fonología Andaluzas" (R. de
Filologia Española, 1962.) destaca el valor ya intuido por Gillieron y la-
berg de los cursos de agua como caminos de penetración y difusión de
los fenómenos lingüísticos. De culturas y civilizaciones, decimos nos-
otros. Y Gómez Moreno señala al pueblo de los turdetanos como el re-
moto civilizador de los países más occidentales, la Hesperia, los tartesios
de la tradición griega. El valle del Guadalquivir es un terreno propicio
para el encuentro y mescolanza de culturas diversas. Y añadimos noso-
tros : su riqueza es tan considerable que algún día será estudiado como
base de colonizaciones.
Es posible que los cambios de escritura hayan tenido lugar por me-
dio de invasiones ; quizás simples invasiones culturales ; es posible que
en esta zona ha coexistido varios tipos de ella, que acaso puedan hallarse
representados parcialmente por las tres heterogéneas inscripciones de
Monte Horquera, que juzgamos, por su originalidad, de carácter excep-
cional.
Ha dicho Tovar que la clave del apasionante problema alfabético
está en Andalucía y serán los arqueólogos un día, si se hacen excavacio-
nes con un plan de conjunto, quienes nos brindarán los datos para su
solución.
Es tan enorme la riqueza arqueológica de las tierras cordobesas y,
proporcionalmente, es tan escaso el número de yacimientos explorados
que en alguna ocasión, bromeando, hemos indicado al destacado arqueó-
132
Sobre las Inscripciones. Je Monte-Horciera 349

logo cordobés don Juan Bernier, cuya actividad es inagotable, y que al-
terna tales ocupaciones con otras de carácter turístico, que el "slogan'
adecuado para el turismo en Córdoba debiera ser algo así : "Pruebe a
ser un Schliemann. Adquiera un olivar en Córdoba. Es probable que
a poca profundidad encuentre restos arqueológicos que acaso le pro-
porcionen fama y riqueza".
Pero volvamos al tema anotando las consideraciones que v. Wart-
burg hace en "Fragmentación lingüística de la Romania" (Gredos,
1959), para aplicarlas a la posible descomposición de lenguas y escritu-
ras prerromanas en el Mediodía hispánico : cuando un pueblo es con-
quistado, pueden ocurrir varios fenómenos : que el conquistador adop-
te progresivamente el idioma del conquistado pero imprimiéndole cier-
tas tendencias, "superstrato" ; que suceda a la inversa, pero siempre
quedando un profundo sustrato del pueblo dominado ; aunque no excep-
cionalmente, coexiste el sistema bilingüe o un idioma arrincona total-
mente al otro.
De todas formas siempre hay algo que permanece y algo que se
innova al ponerse en contacto dos pueblos o dos culturas : Si el nombre
fenicio de Cartago = Villanueva, aparece en diversos puntos del Medite-
rráneo ; lo propio que el etrusco de Subur = ciudad, no obstante subsis-
ten raíces antiguas que no siempre hay que reputar como sufijos: los
substantivos Uba, se perciben en los Onuba, Corduba, Salduba y pasan
hasta Italia y los pueblos eslavos, más o menos deformados, indicando
posiblemente una corriente fluvial : los Cela —que precedidos o seguidos
por adjetivos (Magacela, Celanova, Cillamayor)— aparecen desde Bélgica
a Andalucía ; los Mira (Altamira, Miralrio), tan característicos también
en pueblos eslavos ; los dell, dillo, dale, diel, dalla, que precedidos por
posibles adjetivos aparecen de Inglaterra a Rusia ; de Alemania a Anda-
lucía : Los Muradiel, Moratalla, Moradillo, Londonsdale, Talladell, Ta-
lladale, etc. etc. Todo ello pone de relieve que el terreno de las "Re-
liktwort", o sea la toponimia, y, en general, la onomástica, es elemento
que debe estimarse básico para ulteriores consideraciones.
No es posible profundizar ni siquiera exponer sobre el tema, pero
no queremos dejar de resaltar los inmensos tesoros que España conserva
en especial en su zona Noroeste. Da pena ver tratados desde la perspec-
tiva románica —que todavía es la base esencial en el recentísimo dic-
cionario toponímico de Francia, de Dauzat-Rostaing— nombres que
aparecen en zonas, como Irlanda o Escocia, donde nunca penetró el
latín, advirtiendo que ni siquiera tal idioma consiguió imponerse a la geo-
133
350 José M.ft Aguadé

grafía italiana, que solo en un reducidísimo porcentaje puede encua-


drarse en el apartado latino-románico.
Se observa al lado de una considerable extensión en la zona espa-
cial de los estudios arqueológicos indoeuropeos, los nombres de Alma-
gra y Maluquer en España son señalados, otra profundización en el
tiempo, como se desprende de la última obra de Bosch Gimpera sobre
la materia aparecida en Méjico, en 196o. Una civilización que alcanza
desde Irlanda a los hititas y los indios ; que produce pueblos que se van
caracterizando como de señera cultura, tales los etruscos y otros, como
los celtas, de dimensiones geográficas y étnicas desconocidas, pero que
como advierte Powell, en su obra sobre los mismos, debían considerarse
tan populares que Herodoto, mientras describe detalladamente a los es-
citas en el siglo V a. d. J., no considera necesario dar detalles sobre. los
celtas que habitan en las fuentes del Danubio, los Pirineos y que es el
pueblo más occidental de Europa, salvo los Cynetes.
Algún día sería cuestión de estudiar los topónimos próximos a Mon-
te Horquera, los Soricaria, tan parecido al Soriguera de los Pirineos ca-
talanes ; el Iponuba, el Estledunensis y hasta el Baena, que aparece en
varios puntos de España, para demostrar su filiación indo-europea. Y
hasta para enlazar el "Cort", de Córdoba con los "Gord", "Gorod",
"Kart" y similares que aparecen en los idiomas hititas y eslavos como
referidos a población. Incluso el mismo cognomen de Séneca, conside-
rado y estudiado por Tovar en sus "Estudios sobre las primitivas len-
guas hispánicas" como de tal naturaleza. ¿Se tratará de un "Sen-egga",
vieja fuente, o un similar del diminutivo polaco "synek", hijito? La ex-
tensión del celtismo a Polonia es hoy tema fuera de duda. Janina Rosen
Prezeworska, en la "Revue Archeologique" (1962-63), nos describe el
gran centro siderúrgico céltico de Zaglebie Staropolskie que ocupaba
nada menos que 800 km2, hablándonos, de paso, del descubrimiento de
una figura escultórica de jabalí que compara a los "toros" prehistóricos
españoles.
En cuanto a los Cynetes o Konii, ya hemos indicado en otra oca-
sión que el ruso "konnii" equivale a "jinetes". Es nombre considerado
como étnico y Gómez Moreno en numerosas inscripciones del Algarve
se encuentra con la terminación "marunabe Koonii", que debiera ser
piadosa. Quizás recordando que en etrusco "marun" equivale a funcio-
nario, podría explicarse como indicativo de la jerarquía del difunto.
Las lápidas algarveñas están grabadas en piedra tal como sale de la
134
Sobre las Inscripciones de Monte-Homera 351

cantera, sin primor alguno, a diferencia de las de Monte Horquera, se-


gún dibujos.
VI1

Y vamos al examen concreto de las inscripciones, reproduciendo, nu-


merada la figura i, para facilitar impresión y análisis.

(I)

010
O
(ITO

1
Aparecen en ella reconocibles varios signos, unos específicamente
meridionales ; otros ibéricos ; y otros a ambos alfabetos ; también figuran
signos dudosos, no clasificados, y quizás yuxtaposiciones o ligaduras de
signos.
Hemos colocado la lápida en postura vertical, por estimar que la lec-
tura de la misma debe verificarse en dirección derecha-izquierda, con la
lápida en tal posición, como se deduce del signo VI, tartésico, y del IV,
común. No obstante el signo I indica una lectura con la lápida en postura
horizontal, del mismo modo que el II indica la propia postura pero en
sentido inverso. En fin, no faltan signos como el VII que indican una lec-
tura izquierda-derecha.
SIGNO I—Parece el ibérico correspondiente a CA, aunque también
podría ser el de BE. En ambas interpretaciones los signos tartésicos son
135
352 José M.a Piriol Aguadé

bastante diversos. En varias escrituras siberianas un signo similar tiene el


valor de M.
SIGNO IL—En la forma en que aparece no figura en los alfabetos
hispánicos. Parece una superposición, yuxtaposición o ligadura de varios
signos, procedimiento que se encuentra en las inscripciones monumenta-
les latinas y de otros idiomas y tiene destacada participación en los sila-
barios brahmi y tibetano en los cuales cada signo consonántico tiene su
vocal fija, la radical y cuando se utiliza otra, el signo queda alterado por
yuxtaposición del signo vocálico correspondiente. También ocurre lo pro-
pio en tifinagh y en las ruínas escandinavas, resultando ello más del propó-
sito de ganar tiempo y espacio en el trabajo de lapidación, que del deseo
de crear una cursiva rápida.
En el mismo podemos hallar dos elementos opuestos correspondientes
a la L, tanto en el alfabeto ibérico como en el turdetano. ¿Nos hallamos
ante un caso de geminación y tenemos a la vista la letra LL? Tovar ha
estudiado el problema en relación con el indicado alfabeto tifinagh, en el
que aparece el signo con idéntica forma, pero con distinta valoración:
uno solo equivale a la G y los dos, en forma opuesta, a la K. Tal proce-
dimiento cíe geminación lo hallamos igualmente en el sudarábigo y en el li-
bico. En los alfabetos hispánicos Tovar también lo encuentra en el signo
correspondiente a la RR.
Es de advertir que el propio signo tiene el valor de G no solo en
tifinagh, sino en los alfabetos fenicio-arcáico y el de Beocia.
Tampoco es fácil interpretar el resto de la composición, o sea las
líneas paralelas horizontales enlazadas por una vertical. ¿Se tratará de una
E íbero-tartésica o de una S fenicia arcáica?
En el alfabeto tifinagh cuatro líneas paralelas equivalen a H ; son to-
das del mismo tamaño y no contienen vertical.
No puede descartarse que nos hallemos ante un numeral, dado que
en varios alfabetos las simples líneas son cifras. Pero más parece que nos
encontramos ante un caso de superposición de signos de significado des-
conocido.
SIGNO III.—En fenicio arcáico tiene el valor de C ; pero en los al-
fabetos griego, etrusco y bástulo-turdetano el de O, valor que parece
aceptable en este caso.
SIGNO IV.—En fenicio, griego y etrusco se trataria de una D ; en
ibérico y bastulo-turdetano puede equivaler a R y acaso también a la sí-
laba TU. Tampoco debe descartarse de la posibilidad de que se trate de
la cifra 5, representada en griego por la propia letra.
136
354 José M. Pifio] Aguadé

SIGNO VIII.—A una línea recta, vertical, en los alfabetos-ibérico-


-tartésico se le dá el valor de BA.
En Arameo y otros idiomas equivale a la unidad.
En el etrusco, con inclinación inversa a la de la lápida, es la letra L.
En la escritura hitita y en la sumero-acadia, los nombres de personas,
dioses, reyes, van precedidos de un signo especial, determinativo. El co-
rrespondiente a los nombres de personas es la línea inclinada de la ins-
cripción.
Debe tenerse en cuenta lo que posteriormente se expresará respecto a
las notas Tironianas y al alfabeto de Byblos al comentar Horquera II.

HORQUERA II.—Examinamos esta inscripción en su conjunto por


las dificultades que entraña. Se trata de algo excepcional, en el que el úni-
co signo reconocible parece la delta analizada en la anterior inscripción
Horquera I y que acaso dé orientación a la escritura.
Parece como si nos halláramos ante un caso de taquigrafía lapidaria
por lo esquemático de la inscripción, siendo de advertir que la taquigra-
fía existía ya en la antigüedad, incluso prerromana, de forma que un li-
berto de Cicerón, Tulio Tirón, perfeccionó un procedimiento, descrito
por S. Isidoro, que tomó su nombre. Por cierto que una línea inclinada
en la misma forma que el precedente signo VIII de Horquera I equivale
en el mismo a la desinencia "-UM".
Pero también la taquigrafía era conocida de los griegos, y aún de los
egipcios. Champollion nos habla de los "jeroglíficos lineales", que no eran
más que simplificaciones de los mismos que se utilizaban casi exclusiva-
mente en los sarcófagos de madera y posteriormente en los papiros colo-
cados junto a las momias con fórmulas litúrgicas. Sottas la definió como
una escritura monumental "a bon marché".
Es de anotar que el cuadro de abreviaciones llamadas "egipcias" pre-
senta algunas coincidencias con los signos de la inscripción que examina-
mos. No lo reproducimos, ni insistimos sobre el tema, por estimarlo, como
hemos dicho, una mera coincidencia.
Pasando al examen de los signos, en la parte superior se halla una lí-
nea, idéntica, pero en dirección contraria al signo VIII, al que nos remi-
timos, en cuanto a las observaciones que puedan relacionarse.
Líneas oblicuas, en este sentido y en el del precedente signo VIII
aparecen también en un fragmento de piedra hallado en Byblos, al pie
138
Sobre las Inscripciones de Monte-Horciera 355

de su acrópolis, por M. Dunand. El alfabeto de Byblos parece emparen-


tado con el fenicio arcáico, pero no ha podido descifrarse todavía.
En segundo término tenemos dos líneas horizontales, separadas por
otro signo que seguidamente estudiaremos. Todas las consideraciones he-
chas respecto a los signos anteriores pueden serles aplicadas, entre ellos
las posibilidades de que se traten de numerales o escritura taquigráfica.

El signo central, dos rectas que se cortan con un círculo en la parte


superior (o inferior) de una de ellas, ha sido estimado por Tovar (en Zep-
hirus II), como una posible variante tartésica de la letra N, pero tampoco
debe descartarse la hipótesis de que se trate de un numeral o un signo
compuesto, o una combinación taquigráfica, o el RA del silabario chi-
priota.
La pretendida delta que sigue a continuación carece de base, a lo me-
jor, y en tal caso habría que plantear otras hipótesis: Si se trata de una
L ; de una cifra semita equivalente a o, o, si se examina invertidamente,
de un 5, o sea la mitad de una X o una U de los alfabetos sículo y nor-
detruscos. Todo es posible en una inscripción en la que no hay base só-
lida para situarla a efectos de lectura.

Sigue un recuadro, en un ángulo, que acaso sea el signo BU de los


alfabetos íbero-tartésicos y que englobado en el recuadro mayor que for-
ma la lápida podría equivaler al ideograma egipcio expresivo dt casa con
terreno cercado.
Dentro del mismo aparecen varios signos, o sea varias líneis entre-
cruzadas, un círculo y un doble círculo. Dos líneas entrecruzadas con
apéndices aparecen en la inscripción núm. 138 de los "Monumenta" de
Hubner, correspondiente a Malaca ; podría compararse también al signo
U del silabario chipriota, o quizás al SA. En definitiva nos es imposible
pronunciarnos sobre el grupo de signos, que parecen yuxtapuestos y que
ofrecen escasísimos paralelos. Por ello pasamos seguidamente a

HORQUERA III.—Más difícil todavía, si cabe. ¿Se tratará de sim-


ples adornos? ¿Será un conjunto de marcas de propiedad como las que
con mucha frecuencia, para esclavos y animales, se utilizaban en la an-
tigüedad? Se esculpian incluso en las tumbas, denominándose "Boeinar-
ken".
Acaso contenga la enseña de una o varias familias, de un clan, como
los que aparecen en Egipto, período de la I dinastía.
139
356 José M.° Piñol Aguadé

Puede tratarse de anagramas, que externamente admitan comparación


con los de los mineos, en la Arabia del Sur, descubiertos en Tell el
Keleyf é, que se datan en los alrededores del siglo VIII a. d. J.
Tienen también un cierto parecido externo con los grabados del os-
trakon de Bet Shemesh, que parece redactado en la escritura protofenicia,
aproximadamente en 1.60o a. d. J.
Alguno de sus signos, tipo Y es análogo al que con el valor de L apa-
rece en la citada inscripción de Malaca, transcrita por Hubner. Otro ti-
po U, acaso pueda tener un valor de V o L reseñadas a propósito de Hor-
quera II.
Se trata, posiblemente, de una serie de pictogramas combinados, pero
de un estadio predominantemente lineal. Es también una inscripción inte-
resantísima y seria mucho de desear que tanto ella, como las anteriores,
fueran objeto de un trabajo más profundo y documentado que el presente.

(José (A g ua ck .

140
Un vaso campaniforme funerario en el
Museo de Córdoba
(Contribución a la investigación de las relaciones extrapeninsulares
de la cultura del vaso campaniforme)
(«Zephirus». Universidad de Salamanca)

Por Edward Sangmeister.


Traducción del alemán por J. M. Piñol,

En una primera visita girada al Museo de Córdoba en 1954, tuve


ocasión de examinar un hallazgo funerario, consistente en un vaso cam-
paniforme y un puñal, que suscitó en mí especial interés. En otoño del
mismo año y con la cordial autorización del Director del Museo pude
separar del puñal una laminilla para intentar un espectroanálisis. Lamen-
tablemente el tamaño del fragmento era excesivamente reducido por lo
que el análisis resultó infructuoso. Sin embargo, a pesar de *ñó contar
con tal resultado, estimo el hallazgo lo suficientemente iútozeSjiit-e,,para
ser dado a conocer aquí. Por ello testimonio mi gratitu€141.1 sefíor Di-
rector, don Samuel de los Santos Gener, por la licencia conéedidá -para
poder dar a la publicidad tal hallazgo. ,

En las proximidades de Fuente Palmera, entre este punt9 y el :río.


Guadalquivir, con motivo de determinadas labores agrícolas realizadas
en la finca "El Bramadero", se encontró una tumba de reducidas dimen-
siones integrada por cuatro placas de piedra formando una cajita. Aun-
que indudablemente se trataba de una tumba, no aparecieron en ella ni
restos óseos incinerados, ni rastro de esqueleto. No existe información
respecto a su orientación geográfica. En el interior de la pequeña caja
de piedra se hallaban el vaso campaniforme y el puñal de cobre plano
antes referidos, y que actualmente se encuentran depositados en el Mu-
seo de Córdoba.
El vaso es de forma aplanada, de los llamados "de cazuela" según
la denominación adoptada por Don A. del Casti : o ; su base es redon-
deada, su cuerpo plano y acampanado se estrecha rápidamente y su cuello
141
Un vaso campaniforme 359

que forman la zona de "Almería". Parecen ser contemporáneas, como


usual forma de tumba, a los enterramientos de cúpula, de megalito, de
gruta artística, etc.
Como queda consignado, tanto por su configuración, como por la
técnica y disposición de los adornos, el vaso parece claramente corres-
ponder al tipo clasificado como de "La Meseta" por Don A. del Casti-
llo. Es muy característica la división en dos partes o sea de doble
troncó cónico, que se encuentra tanto en los ejemplares del tipo que
acaba de indicarse como en los del bajo Guadalquivir (Carmona) y Por-
tugal. La propia subdivisión se halla también en Europa Central, pero
allí en el marco de un desenvolvimiento totalmente distinto, lo que nos
obligará, posteriormente, a más amplias consideraciones. Advirtamos só-
lo ahora, que los ejemplares hispánicos, por la delicadeza de su cons-
trucción, y por sus adornos, parecen corresponder a un estadio de des-
arrollo superior al de los centroeuropeos con ellos comparables, más ru-
dos y normalmente sin adornos.
Mayores dificultades, como elemento comparativo, ofrece el puñal
o cuchillo. Por su forma recuerda el sencillo puñal de Ciempozuelos, pe-
ro en este la proporción mango o empuñadura y cuchilla u hoja, es to-
talmente inversa, ya que el clásico puñal de Ciempozuelos es corto y
ancho en cuanto a la hoja, y la empuñadura tiene casi las mismas dimen-
siones que ésta, mientras que en el de Fuente Palmera la empuñadura es
tina menguada forma trapezoidal frente a una hoja de proporciones muy
superiores. Parece que ambas debieran ser proporcionales, como ocurre
con el puñal de Aldeavieja y —según una provisional intuición— prefe-
rentemente asociado con el tipo que se encuentra en la cultura del vaso
campaniforme "marítimo" o con toda la cerámica correspondiente al
eneolítico (Bronce I), acaso con el tipo de Fontbouisse en Francia. Pero
también el puñal del tipo indicado tiene un largo mango que permite
relacionarlo perfectamente con el de Ciempozuelos y además una redon-
deada separación entre el mismo y la hoja y no la directa conexión en-
tre ambos del puñal de Fuente Palmera.
Viene en ayuda nuestra un hallazgo posterior, muy alejado de Cór-
doba, pero con acusado valor comparativo y parentesco casi sorpren-
dente. En la tumba número 83 de la Necrópolis de Remedello, en Italia
Septentrional, se halló un puñal de dimensiones similares con un breve
puño suplementario, quizás restos de un fragmento desprendido, para un
agujero o remache, en la forma que acaso pueda deducirse del puñal de
Fuente Palmera, así como la absoluta simplicidad del trabajo exterior, sin
143
350 Edward Sangmeister

cresta ni estría central. Este instrumento hallóse en Remedello y en la


cultura de tal nombre viene a tener un carácter excepcional, como lo
es el puñal de Fuente Palmera dentro de la cultura del vaso campani-
forme hispánico ; no obstante el de Remedello tiene otros testimonios
equiparables a otros hallazgos dentro de la misma zona. Tal es la breve
empuñadura con agujero central, como el legítimo "puñal de Remede-
llo" con estría central, o en otra forma ligeramente distinta. Pero no só-
lo los cuchillos de cobre de Remedello muestran tales características,
pues también algunos de los elaborados cuchillos de silex tienen una
forma ligeramente trapezoidal, no muy distinta de nuestro puñal. Así
pues el puñal de Remedello, aún constituyendo una pieza única, radica
en un círculo en el que se encuentra perfectamente concatenado, mien-
tras que el hispánico, aparece como aislado en la cultura del vaso cam-
paniforme.
Esta relación entre la cultura hispánica del vaso campaniforme y la
de Remedello, después de las anteriores consideraciones, no tiene par-
ticularidad alguna, sobre todo si se tiene en cuenta que anteriores ha-
llazgos ponían ya de manifiesto una determinada vinculación entre los
vasos campaniformes "marítimos" de España y Remedello, vinculación
que actualmente no puede ser apreciada con tanta intensidad como llegó
a serlo antes, en que se señalaba una estación intermedia basada en los
hallazgos de la Grotta del Onda, como no-campaniforme, con los que
se estimaba debían también relacionarse los fragmentos de vasos acam-
panados de Remedello. Pero tales hallazgos no se mencionan ya en la
publicación de Colini sobre los Campos de Urnas y Castillo ha reiterado
esta tesis. Por otra parte M. Ornella Acanfora ha examinado con dete-
nimiento la posible interdependencia entre ellas, no habiendo podido es-
tablecer relación alguna con base sólida. Aún cuando ahora, reciente-
mente, el propio M. O. Acanf ora ha englobado tumbas como las de Ca
di Marco y Santa Cristina en la cultura de Remedello, ello no es más
que una inmotivada generalización, que en su propio resumen reclama
una nueva revisión, pues aunque establece que la cultura de Remedello
verdaderamente tiene algunas relaciones con la del vaso acampanado, no
obstante no es ningún elemento integrante de la misma. Las relaciones,
aunque establecidas, son indirectas y, como veremos más tarde, parecen
haber sido contraidas en período más primitivo, posiblemente en los tiem-
pos de Polada y El Argar.
Habiendo denegado, pues, la existencia de vínculos seriamente acep-
tables entre los talleres hispanos de vasos campaniformes y los de Reme-
144
Un vaso campaniforme 361

dello, por estimar dichos posibles vínculos como anteriores a tales cul-
turas, debemos mostrarnos más interesados por el hecho de que entre el
cuchillo de Fuente Palmera y el de la tumba 83 de Remedello, existe
una directa y más primitiva relación. Y este pristino enlace puede apo-
yarse más ampliamente en el hecho de que el típico puñal de Remede-
llo, con estría, puede en verdad ser comparado no ya relativamente, sino
en forma ostensible, por su técnica de elaboración con puñales como el
de Alcalá. Y constato el singular valor que doy a tal técnica. Y aun-
que el estriado del cuchillo de Alcalá, en su empuñadura, tiene unas
directrices muy distintas a las del de Remedello, no obstante ambos de-
ben ser ubicados en el mismo procedimiento de fundición, posiblemente
por medio de dos moldes. El cuchillo campaniforme, como el antes ci-
tado y su paralelo de Remedello pueden, no obstante, haber sido obte-
nidos en herrerías, procedentes de barras en bruto para la fundición, o
sea lingotes. G. Leisner ha proclamado recientemente que todos los pu-
ñales o cuchillos, con estría, fundidos, junto con otros numerosos uten-
silios, proceden de importaciones del Oriente mediterráneo, y correspon-
den a un estrato de tiempo en el que está emplazada la primera fase de
Los Millares (Los Millares I). Sigue a este período el del vaso campani-
forme (quizás contemporáneo a Los Millares II), que conoce utensilios
de cobre martilleado. Al mismo tiempo parece cesar la corriente de im-
portación y empezar la expansión de los vasos acampanados. Amplios
indicios de este concatenamiento de fases parecen deducirse, según G.
Leisner, de las excavaciones de Gar Cahal, en Vila Nova de S. Pedro
y aún en el mismo Los Millares.
En medio de este esquema debe emplazarle el hallazgo de Fuente
Palmera en el límite entre Los Millares I y Los Millares II, pues según
puede deducirse de los hallazgos dimanantes de la tumba 83 de Reme-
dello, tal tumba pertenece al grupo más primitivo de la necrópolis, y
el puñal estriado en ella contenido debe estimarse contemporáneo a la
misma, o sea correspondiente al mismo nivel cultural. Y una compara-
ción de tal puñal con el sencillo de Fuente Palmera, expresivo de un con-
temporáneo tipo con la singular forma de España, solo es posible en
este período de tiempo y aun esto sólo en forma muy relativa, pues
no está a nuestra disposición el número suficiente para dejar fijada la
importancia de la importación y la duración de la misma. El punto de
comparación, anteriormente indicado, y que he tomado como represen-
tativo para la fijación de la importación en el tiempo, es el hallazgo de
Vila Nova de S. Pedro para el que señalo el lapso comprendido entre
145
362 Edward Sangmeister

2.5oo y 2..3oo a. d. J. Cuando después de ello se inician los vasos cam-


paniformes, a título de simple indicación, quizás pudieran considerarse
datables los hallazgos correspondientes al tipo "marítimo" que tuvieron
lugar en Sicilia. Allí creemos poder fijar la frontera entre el horizonte
de las importaciones y el del vaso acampanado, y con la comparación
con Remedello obtener una mejor datación, pues para Remedello tene-
mos un seguro medio camino de inicio de período histórico.
Pero Remedello es también un hallazgo con prolongado curso de
vida, como recientemente M. O. Acanfora ha puesto nuevamente de ma-
nifiesto. Sin embargo puede llegarse a la conclusión que determinada
fracción de la cultura de Remedello, la que puede vincularse directamente
con la de Lagozza, es la más primitiva y —por analogía a las informa-
ciones efectuadas por Leisners respecto a España, en donde las carac-
terísticas técnicas en los testimonios de cobre muestran un estado suma-
mente adelantado aun en pleno período neolítico— en ella deben in-
cluirse tanto el puñal simple como el estriado. Pero Lagozza mismo es
solo relativamente concluyente y solo el Talsache, que permanece en la
línea directriz de la cultura de Remedello, en los utensilios de cobre,
debe considerarse en pleno período neolítico, denominado comunmente
de los "precoces" principios.
Aquí puede hacernos profundizar ahora la misma tumba 83 de Re-
medello hasta una zona en la que nosotros —verdad es que sólo en con-
tornos— solo poseemos algunos datos absolutamente vagos.
Elta tumba contiene principalmente, además del puñal y un peque-
ño remache que seguramente debía formar parte del mismo, un cierto
número de características puntas de flecha de silex y algunos fragmen-
tos de adorno. De entre los últimos destaca especialmente una cuenta
que, en mármol, forma una cruz con astillas redondas. De tales cuentas
"cabezas de remache en miniatura", existen actualmente en Hungría y
especialmente en Siebenburgen sirviendo a J. Driehaus precisamente pa-
ra caracterizar el "círculo industrial de Siebengurgen". Los testimonios
para este círculo se consideran integrantes de la cultura de Bodrogke-
resztur, que se considera contemporánea a la cultura de Baden. En este
último hallamos toda la línea de adornos que en las mismas tumbas:
cuentas en forma de caria, de disco y —como pandan de los traspasa-
dos espirales, conchas de moluscos con un travezaño en su parte final.
Aun con tales modalidades ornamentales podía ponerse en duda la me-
titud de un estrecho vínculo, pero esta conclusión parece reforzarse con
la existencia de un nuevo Tipo que aproxima en f orma sorprendente la
146
364 Edward Sangmeister

en el Mediterráneo Oriental: la cultura minoica. Así es posible que los


primeros utensilios de cobre que aparecen en las "colonias" de España
o Italia Septentrional han procedido de la misma vía comercial maríti-
ma. Si examinamos el tema con detención podemos con ello explicar el
porqué España era ya buscada por las gentes del Mediterráneo Orien-
tal: Allá se obtenía metal, y de ello parece deducirse que el conoci-
miento de la utilización y preparación del metal, o sea del material de
fundición y su técnica, procedían del territorio colonial. Cuando se ol-
vidaba o perdía la forma o la técnica, se volvía al territorio originario
para reconstruirla y a la vez cargar lingotes. Así son relacionables la
España Meridional y Remedello y aún se puede libremente pensar si la
cultura de Rinaldone no jugó en todo ello un papel intermedio.
La aceptación de un estrecho parentesco entre la cultura de Reme-
dello y la campaniforme queda establecida y englobada bajo el común
denominador de Eneolítico, comprensivo tanto de los enterramientos de
la necrópolis de Remedello y similares, como con el completo conjunto
de incineraciones en vasos campaniformes. Y ello se desenvuelve hasta
los enterramientos en túmulus.
Esto puede constatarse en Santa Cristina, donde además de las tum-
bas en túmulus aparecen las peculiares de la cultura de Remedello, to-
das ellas con predominante orientación Este-Oeste. Por lo demás, los ha-
llazgos procedentes de tales tumbas constituyen un casi íntegro inven-
tario de la cultura del vaso campaniforme : fragmentos de un vaso tipo
"marítimo" y un largo puñal de cobre, con mango, en las tumbas nor-
teñas y un vaso campaniforme con adornos y una endeble hacha de
cobre en otra tumba. Esta hacha justificaba la inclusión de tales tum-
bas en la cultura de Remedello y verdaderamente con cierta base, pues
en toda la zona geográfica ocupada o asignada a los vasos acampanados,
de todos los grupos, no aparece enterramiento alguno con hachas de
cobre o piedra, mientras que la referida correspondía a los elementos
comunes de la cultura de Remedello. Con todo el enterramiento aludido
debe ser considerado como de vaso campaniforme con influencias de la
cultura de Remedello.
La tumba Ca di Marco, por lo demás, pertenece claramente a la
propia cultura campaniforme y, como las centroeuropeas, tiene la acu-
sada característica orientación Norte-Sur con vista dirigida al Este. Se
hallaron también restos de tres tumbas de vaso campaniforme, con dos
puntas de flecha de base cóncava y un jarro con asas, cuyo último ha-
llazgo es típico de la cultura de Polada y expresa el posterior período
148
Un vaso campanifOrme 365

de esta tumba, correspondiente al principio de la Edad de Bronce en el


sentido centro-europeo ( =II Mediterráneo). Si hemos de seguir a M. O.
Acánfora, el adorno de un vaso mediante hendiduras horizontales por
medio de cordel, representa la delimitación de una nueva técnica. Estos
grabados a cordel, como zona-límite, pueden también ser considerados
en una excavación de Roccolo Bresciani, que puede examinarse en el
Museo Pigorini de Roma. Esto nos invita a profundizar respecto al ori-
gen de tales jarros en el Norte de Italia, lo que constituye un nuevo
problema.
Si estos jarros o vasos tienen reducidas zonas de adornos y aún una
específica franja de adorno a cordel, no pueden relacionarse con el am-
pliamente extendido tipo del vaso "marítimo" de las costas del Medite-
rráneo. Como ha demostrado Don A. del Castillo tal adorno debe ser
explicado por medio de una migración o reflujo que procedente del
Rhin avanza en dirección Sud. Había expuesto anteriormente mi opi-
nión de que el adorno de cordel era originario de España, pero hube
de revisarla con motivo de mi estancia en esta nación y sólo puedo ad-
herirme a la tesis de astillo. El mapa de expansión exhibido por dicho
señor muestra una extensa localización de tal clase de adornos en los
vasos del Noreste de España y el Sudeste francés, aunque no es posible
determinar la dirección de la expansión. Tomando al Rhin como eje,
los puntos de hallazgo más al Sud aparecen en Baldogg, Suiza, en Sa-
boya y en algunas estaciones del Sud de Francia, faltando sin embargo
los determinativos del adecuado enlace entre los Alpes y el Departa-
mento del Aude. ¿Qué pensar de esta corriente que se dirige no sólo
hácía el Sudoeste sino también hacia el Sudeste? Según ello los vasos
campaniformes de tales cdaracterísticas hallados en el Norte de Italia
debían proceder de más allá de los Alpes, tesis que parece recibir un
cierto apoyo en un pequeño fragmento de vaso no decorado, con asa,
procedente de Recolo de Bresciano que puede aparejarse con otro pro-
cedente de un campo de urnas de Riegel. Las tumbas de Riegel per-
tenecen, junto con todo un conjunto del que forman parte, a una mi-
gración Este-Oeste ¿o interiores?, del grupo bávaro-bohemio de "cen-
troeuropeos vasos campaniformes de cordel" y según nuestro actual es-
tado de conocimientos puede estimarse emplazado entre el período final
del vaso campaniforme y el principio de la primera Edad de Bronce a
Alemania meridional (Reinecke A I = Bronce Mediterráneo II). Ello da
un acentuado paralelismo con Ca di Marco que, por medio del vaso
puede ser equiparada a Polada ; y de un enterramiento posterior pode-
149
366 Edward Sangmeister

mos, para los hallazgos de Baldogg, llegar a la conclusión de que pro-


ceden de los emplazamientos ribereños correspondientes a la primitiva
Edad de Bronce. En el recodo superior del Rhin se encuentran indicios
del reflujo de los vasos campaniformes, y otra corriente parece haber
cruzado y sedimentado en Baviera, cuyos elementos, entremezclados, pue-
den perfectamente haberse dirigido hacia Italia, produciendo estaciones
como las de Polada y Remedello. Pero en el tiempo, mientras Polada es
una estación inicial, ya Remedello se encuentra en su período final. Y
que esta última estación ha tenido una vida mucho más prolongada, esto
ha sido ya ámpliamente demostrado por M. O. Acánf ora por medio de
los jarros de Polada y las tumbas de Remedello.
Sólo dos manifestaciones debemos poner de relieve para mostrar cuan
intensas eran las relaciones entre Este y Oeste en el período de los úl-
timos vasos acampanados y las primeras apariciones de la primitiva Edad
de Bronce. En los más primitivos poblados palafíticos del Lago de Gar-
da aparecen a la vez que numerosos brazaletes, sortijas de hueso que tan
características son del más promaturo período de Bronce del Norte de
los Alpes. Seguramente proceden de la misma corriente influencial. Y
cabe poder preguntarse si el conjunto de fragmentos parecidos de An-
ghelu Ruju no vinieron con el mismo reflujo, y aún más, pues en el
mismo lugar apareció una cabeza de vasija con asas, cuyo fragmento
debe estimarse incluible en la cultura de Polada.
Como se sabe, los brazaletes de la indicada forma faltan casi total-
mente en el conjunto campaniforme hispánico ; en alguna ocasión apa-
recen del tipo de dos orificios pero no pueden estimarse definibles co-
mo verdaderos hallazgos de caverna, eneolíticos, ni aparecen acompa-
ñando a vasos campaniformes, de forma que por los utensilios con los
que se encuentran deben ser datados posteriormente, por lo menos la
mayoría, que claramente corresponde a los primeros tiempos de El Ar-
gar. ¿Acaso aparecieron con el reflujo de la decoración a cordel?
Aquí parece el lugar adecuado para acoplar la ámpliamente elabo-
rada tesis del "horizonte de las migraciones" de los decoradores de cor-
del con la igualmente remachada teoría de las industrias de vasijas con
asas hacia el Norte de España y quizás hasta Portugal. Y siempre lo-
calizamos esta migración en el período inicial de la Edad de Bronce
centroeuropea o el principio de El Argar, en España. Ello permite —en
España bastante bien, según se deduce de los utensilios que les acom-
pañan, quizás algo prematuramente— prestar atención nuevamente a las
formas de los mangos de puñal que son visibles. Se hallan solo un par
150
Un vaso campaniforme_ 367

4.1~01 111 1111 1 1 1 1 0 1/!1;!I ,I ,!I I I I irr11117•11Wor


2.-
'"-- - --.; ---- .--=--or 2_,_-_-
- --- --
-
.4. •-j,141.-~,-,,,,,,:d3,M, t. .1;,,,: ; 71-- -.11,', ,,-...--
'.-..; %.-f•--- Z" - .;,,,,,,,,-

':›I5 :'-9 :2h"AbY5Pli .W.'''-


----- ~"-~5%/Zo", .0:462"217: _ APS: 1417:
:i -
.t.,.....,
.«,•••••.;.------ ■ --- .-.., -

- ---: -- ----=--- - ------- 2_ =------- 1::..........___.........----


.0" drounr-"r",
..- ; ri:ii...
"wsZossivm~714~~",/

' SNL k\ \\ 19\V~A~..3■1&'"■ .V.ii?"-~6.01ii‘tVi ''' ' .7 " \ ''' ,•ll'\''' ' . ' 1
s‘'‘'' ''‘''.\''F.NIV,\N4'.W' .\\ ' ..".' SS. ' ' ..,.-•,-1

_..)
ro,"«"-

.'f.

liustramos esta traducción con las dos fotografías y dibujo con que
Samuel de los Santos Gener ilustró su artículo titulado «El vaso
campaniforme de Fuente Palmera», publicado en el número 62 de
este Boletín, dando cuenta del hallazgo.

151
368 Edward Sangineister

de ellos en un hallazgo realizado posiblemente en Entretérminos, con un


jarro a cordel; en Odoorn, Holanda, con un completamente legítimo
jarro ; y junto con un punzón de la época inicial de la Edad de Bronce
en Santa Cristina, Italia Septentrional, en la forma consignada en los
anteriores párrafos ; y posiblemente también en el Sud de Francia, en
Fontbouisse, junto con alguna cerámica cuyo parentesco con la de Re-
medello ha sido puesto de relieve, con franco éxito, por M. O. Acánf ora.
Con esto damos por terminadas eta consideraciones que, desde
Fuente Palmera, nos han permitido realizar una extensa excursión. Es-
peramos que de lo consignado pueda resultar alguna indicación útil en
las investigaciones encaminadas a localizar la común raiz en tales rela-
ciones, no sólo en la forma directa, resultante del tronco común de los
países de procedencia, sino también las que pueden resultar de zonas geo-
gráficas alejadas, sin conexión directa.
Si las relaciones entre los primeros vasos campaniformes y la tem-
prana cultura de Remedello son adscritas a un lapso de tiempo relati-
vamente contemporáneo, su carácter primitivo queda bastante asegurado.
Por lo demás obtenemos un primer punto de partida, algo vago, para
el paralelismo entre dos períodos históricos en España e Italia en dos
puntos. Quedan bien aproximados los períodos inicial y terminal del
desarrollo de la cultura de los vasos campaniformes con el principio y
fin de la de Remedello. En relación con todo ello teríemos nosotros el
presentimiento de unas relaciones mucho más ámplias que, a través de
Remedello, llegan a alcanzar hasta las llanuras húngaras. Aquí parecen
haber perdurado relaciones que nosotros hemos situado en el primitivo
horizonte de los utensilios de "bocea quadrada" en Arene Candide.

NOTAS

( i) A. del Castillo y Yurrita. "El vaso campaniforme" (i954).—IV Congreso


Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas. Castillo diferencia en este
estudio tres grupos de vasos campaniformes que posiblemente coinciden con los
tres estilos de su libro de 1928 "La cultura del vaso campaniforme". Con esta des-
tacada división obtiene resultados muy próximos a los que yo alcancé en mis in-
vestigaciones sobre "Los vasos campaniformes en Europa Central" (aún no publi-
cado), en los que distinguía claramente entre el "Grupo del Interior" y el "Grupo
de la Costa". Durante la excavación de Gar Cahal, Ceuta, en la que ambos parti-
cipamos por invitación del señor Tarradell, tuvimos ocasión de intercambiar nues-
tras respectivas opiniones. Ambas publicaciones no deben ser anticipadas.
(z) A. del Castillo (i928).-1. c. Tab. 14, 2 ; 15, 2 ; 19, 2.
152
370 Edward Sangmeister

(37) A. del Castillo (1928), 1. c., Tab.


(38) Municipio de St. Eugene, próximo a Carcasona; Bull. de la Soc. Preh.
Franc. 193o, pág. 536. Idéntica constatación en el Museo de Carcasona. Gruta de la
"freille, Dep. Aude: Ampurias 11, pág. 25 (Martín, Taffanel).
(39) Riv. Scienze Preist. I. c., 42, fig. 2.
(40) Badischc Fundberichte 17, 1941-47, 131, Tab. 4:‘ , c.
(4i) Con la amistosa colaboración de R. Hafen tuve conocimiento del ha-
llazgo y de las circunstancias del predio.
(42) Bull. Pal. It., N. S. lo, 1. c., pág. 381.
(43) O. Montelius. La Civilisation primitive en Italie (2895). Serie B Tab. 3,
26, 26. (Lago de Varese); Tab. 4, 18 (Polada); Tab. 9, 12 (Peschicra).
(44) Museo de Verona: Bussolengo, Barche di Solferino, Cavriana.
(45) W. Dehn, E. Sangmeister, "Die Steinzeit im Ries" (1954). Tab. 25, 24, 33-40.
(46) Monumenti Antichi 19, 1909, pág. 413, (hallazgos de la tumba 13, cáma-
ras B y C), pág. 442 (Tumba 17) (Taramelli).
(47) Monumenti Antichi, 1., c., 446 (Tumba 18).
(48) A. del Castillo (1928), 1. c., Tab. 6o.
(49) Ampurias, 4, 1942, pág. 171 (J. Maluquer de Motes).
(5o) Germania, 44, 1956, 226 (A. do Pago, E. Sangmeister).
(51) "Archivo Español de Arqueología", 1942, pág. 161.
(52) A. E. Van Giffen, "Diea Bauart der Einzelgraber", pág. 166.
(53) Ampurias, 15/16, 1953/54, un, fig. 25 O. Amal).
(54) Bull. Pal. It., N. S. lo, I. c., 358. fig. 6, a. b.; fig. lo, a-d. (O. M. Acán-
fora).

154
Un fundo romano en Cuevas Bajas (Almodóvar)

Por Juan Bernier Luque

Hace tiempo veníamos oyendo hablar de un anfiteatro o circo ro-


mano en Almodóvar. Así con ocasión de recientes descubrimientos de los
que hemos dado cuenta, tuvimos ocasión de inspeccionar el pretendido
circo y de sacar fotografías del mismo. Pero en primer lugar hay que
dejar claro, que la calificación sobre el destino de circense o deportivo
de los restos de que hablamos es sólo una suposición gratuita. Lo único
cierto es que. la construcción excaminada es de excepcional importancia
en la arqueología romana cordobesa.

SITUACION

En pleno llano sobre la parte derecha de la carretera Córdoba-


Palma, km. 17-18, lugar de Los Mochos, y finca Cuevas Bajas, en una
depresión sin vertiente de aguas, a media distancia entre el estribo de
la Sierra y el Guadalquivir, nos encontramos, tras recorrer una tierra
cuajada de tegulas, sillares y fragmentos de cerámica, una extraña cons-
trucción, cuyos restos o cimientos tienen forma absolutamente circular,
con un diámetro de más de sesenta metros, de duro opus caementicium.
La calificación de circo viene de que a partir del intrados de la cons-
trucción, simétricamente distribuidos se encuentran una serie de huecos
semicirculares abiertos al interior, que aparentemente a la vista son co-
mo graderíos o asientos del presunto circo.

HIPOTESIS

En la breve visita a este lugar, hemos apreciado no sólo esa sino


dos construcciones más del mismo cemento alejadas unos doscientos me-
tros de la citada. Pero sobre todo hemos visto los restos de mosáico en
color sacados por un gran tractor y en el reconocimiento del cual lo
155
372 Juan Bernier Luque

encontramos completamente destruido. Aparte de fragmentos de éste re-


cogimos un trozo de ladrillo visigodo perfectamente lleno de motivos
florales decorativos geometrizados. Todo este lugar se presta a un re-
conocimiento más minucioso. Según los labradores de la finca, existe una
conducción subterránea que va desde la construcción grande hacia el
río. Pero también arriba, en el arroyo del escalón de la Sierra hay restos
de una presa. A mi parecer todos estos datos se complementan. Estamos
sin duda ante los restos de un gran fundo agrícola romano, quizás una
construcción que perduró hasta el período visigodo. El estanque o circo
es sin duda una construcción utilitaria de distribución acuática en rela-
ción con la presa superior.

INTERES

Esta construcción singular nos plantea muchos problemas, cuya re-


solución no puede darse en este simple noticiado. La zona de Almodó-
var se revela como un poderoso centro de población romano, atesti-
guado por sus industrias de alfarería, hoy al descubierto ; su necrópolis,
la villa romana de las Caballeras, su cerámica ibero-romana y mil restos
más que iremos incorporando al mapa arqueológico provincial. El día
de una excavación sistemática nos reserva enormes posibilidades, para
el conocimiento del Valle del Guadalquivir y de sus culturas sucesivas.

,
'

tz"

1,56
Un fundo romano. (Almodóvar).

Un fundo romano. (Almodóvar).


Un fundo romano. (Almodóvar).
.i.

Alfares romanos del Guadalquivir.


374 G. E. Bonsor

na. Pero el interés del libro está más bien en que con él a la vista,
otras muchas industrias cerámicas, pueden en el momento oportu-
no añadirse a la lista de excavables.
El volumen de los talleres reconocidos multiplicado por el nú-
mero de ellos, nos da una idea de factores esenciales para el cono-
cimiento de la España romana. El ánfora no es como podría pen-
sarse una pieza cerámica corriente sino lo que se llama en la in-
dustria y el comercio actual un "envase", es decir un medio for-
zoso y absolutamente necesario de toda conservación e intercam-
bio de productos. Su elaboración era pues una gran industria por
lo que puede medirse el volumen de comercio nacional e interna-
cional de la época. Incluso la densidad del habitat bético se señala
claramente puesto que a esta abundancia de envases —cuya fabri-
cación duró siglos— debió corresponder una producción esencial
de cereales, vinos y aceites, necesitados de una mano de obra, su-
ministrada indudablemente por un auge extraordinario de la po-
blación rural.
En definitiva los solos restos de los alfares suministran al ar-
queólogo y al historiador una idea sobre muchos aspectos de vida
estrechamente relacionados con ellos. En el campo cordobés esta
industria, cuyas muestras con nombres especiales estan en Roma,
en los muelles de la antigua Ostia, nos señala lo que ya sabíamos
de la riqueza de la región. Pero estos hornos visitados y los que
hemos de visitar, nos sugieren temas de tan extrema curiosidad co-
mo el de la propiedad, privada, pública, imperial, de los mismos ;
sobre el trabajo y su organización ; sobre los transportes y carre-
teras y aún más, nos ponen en la pista de una toponimia hoy ve-
lada o trastornada, de numerosas agrupaciones urbanas, citadas o
ni por los clásicos, pero que indudablemente llenaron nuestros
campos y cuyos restos manifiestan una excelente distribución del
elemento humano a través de la total geografía provincial.

158
Expedición arqueológica 375

DE CORDOBA A LA CONFLUENCIA DEL GENIL

El Guadalquivir, antiguo BETIS, nace en los montes de Alcaraz,


Segura y Cazorla ; desemboca en el Atlántico junto a Sanlúcar de Ba-
rrameda después de haber recorrido casi cuatrocientos cuarenta kilóme-
tros. La porción media explorada por nosotros entre las ciudades de
Córdoba y Sevilla, siguiendo todos los accidentes de la corriente, es de
ciento noventa y ocho kilómetros.
CORDOBA, CORDUBA, COLONIA PATRICIA, ocupa sobre la
orilla derecha del río, el antiguo sitio de la Colonia Patricia fundada por
Marcellus en el año 151 a. de J. (Hubner, pág. 306), sobre el lugar de
un asiento turdetano llamado Córdoba. Medallas, inscripciones geográfi-
cas, y numerosas otras antigüedades, una parte de lo cual está preserva-
do en el Museo Arqueológico de la provincia, ha sido recogido para
mostrarlo aquí. Tomaremos como punto de partida el bello puente de
Córdoba, la original estructura del cual es romana.
En tiempos de los árabes existía opuesta a Córdoba un suburbio
muy popular llamado Segunda; este nombre parece indicar que el su-
burbio existía bajo los visigodos y los romanos. No es mencionado, sin
embargo, por ningún autor clásico. Bajando el río por la orilla izquier-
da, se encuentran trazas de asientos de edificaciones a tres kilómetros y
medio desde el puente, bajo el Arroyo de la Miel o Gumiel. Una de las
columnas miliarias, que están hoy en el Patio de la Catedral de Córdoba,
se dice haber sido encontrada en este lugar. La vía romana pasaba dos
kilómetros al Este. Otras dos columnas probablemente vinieron de la
colina del Espino, tres leguas de Córdoba. Eran parte de la colección
de Villaceballos (6) ahora dispersada.
Siete kilómetros de Córdoba sobre la orilla derecha, el terreno está
cubierto con ladrillos, piedras y fragmentos de cerámica romana. Juz-
gando por el área cubierta por los restos, este sitio debe ser clasificado
entre los "despoblados". A una pequeña distancia del río dos estanques
o depósitos romanos pueden verse todavía. Ello muestra que estaba en
la vecindad de la granja llamada Hacienda del Castillo, donde el intere-
sante sarcófago, probablemente visigodo, fue descubierto, el cual está
ahora en el Museo Provincial de Córdoba (7).
Las Casillas está a alguna distancia de la orilla izquierda. Al pie de
la colina nace un abundante manantial y está rodeado por una estruc-
tura en parte romana. Alrededor del manantial la tierra está cubierta
de antiguos fragmentos.
159
376 G. E. Bonsor

Un kilómetro más abajo llegamos a la confluencia del Guadajoz, el


Flumen Salsum de los "Comentaria" (8). El río no es navegable. La Rei-
na es una villa donde una asa de ánfora, con la marca reproducida con
el número de la Lámina XXXI, fue recogida. Guadarromán fue tam-
bién llamado por los árabes "Río de los Granados". Sobre una milla a
la derecha de la corriente de este nombre hay muchas trazas de los ro-
manos. Una zanja la cual cruza los próximos campos, parece conducir
hacia esta villa. Sobre la orilla izquierda, arriba de la corriente del So-
ti//o, hay todavía algunas piedras talladas que ver, lo mismo que muros
hechos de trozos de ánfora y tierra. Esta clase de construcción es más
sólida de lo que se creería y era usada por los alfareros para sus esta-
blecimientos sobre el río.
En La Tejera se notan restos de cerámica y piedras talladas. La
Barqueta es un despoblado frente a Almodóvar en la orilla izquierda.
Aquí hay un depósito ámplio, de 21 metros -de largo y 18o centímetros
de ancho, los muros de argamasa son de 75 centímetros. Otros tres es-
tanques más pequeños han caído en la dirección del río. Es probable
que el agua fuera vertida en aquellos depósitos o estanques, por medio
de azudas, las cuales son ámplias ruedas provistas de tubos de arcilla,
puestas en movimiento por animales y por la corriente del río. Los
numerosos tiestos de ánfora sobre la orilla parecen indicar la existencia
de algunas alfarerías. En 189o, inscripciones, mosáicos y curiosos ladri-
llos del período visigodo fueron encontrados en La Barqueta.
La pequeña población de Almodóvar del Río, CARBULA, está a la
orilla derecha, al Este de un imponente peñasco, coronado por una rui-
nosa fortaleza. El propietario de esta fortaleza, conde de Torralba, ha
justamente pensado su restauración. Los árabes como sus predecesores,
los romanos, cartagineses, celtas y túrdulos, debieron haber hecho uso
de la estratégica importancia de este soberbio peñasco, QUC preside o
domina el total valle (9). Uno todavía encuentra en las calles de Al-
modóvar piezas de piedra tallada y columnas romanas. Muchas de las
Medallas encontradas en esta región, muestran una imberbe cabeza, con
el cabello hacia atrás y adornada con una diadema ; el reverso muestra
una lira y junto a ella la palabra Carbula (I o). Algunas inscripciones
fueron descubiertas en Almodóvar incluyendo una (Hubner, 2.322) de
significación geográfica :

160
44.4.."« 4.16711N11 j
N•FER1 OEB1
WI/a s¿c4, llí/IV:9
VA }
12 (ISCLVF¿
3 b C.1 13 CVF¿I
4 tcAE.KAr Mocira 4( Ocien(

1.(1‘
(-0 0 1111)
Ártlowio Ye4Yorn.c,
7 LCv C.
y 16•11Ec
e9W-&t_ & retro* 4Ja_ my 7.
Jo
1311.
[mg ) Cir)zio aat 444E0
'o
íf 3/ ÍNCEPA
COIV.u_opIN 7. I
/
/4r
cc vl 3)
[Fc v. FM]
(Q f 50/FP-{1 )f
C opy? 2;149r4,

f 16E9 ((o)
PPAEF kr/
Ppymil 3:
¡FI 6Ebui
3t

el /A C. 1‹ S o 1. A t. f II. e S
Un fundo romano. (Almodóvar).

colkoosA
C ORD V BA

vmanreCARBVLA
936.1%14
9

LSI' A

R4tn.viu ute,

CA NUSTA
AD ARAS
Expedición arqueológica á77

IMP. CAES. VESPASIANO. AVG.


PONT. MAX. TRIBUNIC. POTEST
V. IMPERATORI —XI— P. P. COS. V. DES. VI .
CENSOR'. LIBERISQUE. PIUS.
PAGAN'. PAGI. CARBULENSIS. -
Esta inscripción apareció en medio de importantes ruínas, indican-
do la existencia de una ciudad romana. Ello nos permite desde ahora
considerar a Almodóvar como CARBULA, el primer Oppidwn men-
cionado por Plinio sobre el río después de Córdoba.
La orilla izquierda entre Almodóvar y Posadas, nos reveló antiguos
lugares. El primero en Villaseca, debió haber sido el taller de un alfa-
rero. Es junto a un banco de arcilla en la confluencia del Guadalmazán,
donde tres asas inscritas fueron encontradas entre piezas de ánfora es-
parcidas alrededor (Reproducción con los números 2, 3, 4 de la lámi-
na XXXI). La tercera inscripción parecía indicar que en la vecindad
existía fig (lina) Ceraria de las pintadas inscripciones de Monte Testac-
cio (1 I). El segundo antiguo asiento está situado tres kilómetros de Vi-
Ilaseca, junto a la finca La Estrella donde una ámplia área de terreno
sobre una elevada parte de la orilla está sembrada de antiguos frag-
mentos.
La Casilla, es una villa sobre una vieja margen, la cual está ahora
a medio kilómetro del río. Un poco antes de llegar notamos un peque-
ño muro de argamasa, atravesada por dos filas de ladrillos. Este muro
entre dos colinas debe haber servido como pieza para almacenar agua
de lluvia. Quinientos metros del río, en la orilla izquierda del Guadiato,
hay algunas importantes ruínas, incluyendo muros de cascote, tierra y
cimientos de argamasa y piedras de talla. Las asas de ánfora recogidas
aquí llévan la estampa reproducida en el número 5 de la cerámica XXXI.
El Guadiato, es cruzado por un pintoresco puente de cinco arcos. Un
kilómetro más abajo en dirección a Posadas, sobre una elevación en la
orilla derecha existía una bella torre cuadrada que data probablemente
del siglo xiv. Esas torres llamadas atalayas, colocadas a varias distancias
entre las ciudades fortificadas primeramente sirvieron como puesto de
observción o lugares de refugio contra las invasiones de los moros de
Granada y Ronda.
La Cabrilla y Guadalbaida, son dos villares separados por el arroyo
Gualbaida. El primero está protegido del río por un dique, el cual tie-
ne aún tres metros de alto y medio de largo. Este muro está construido
con hileras alternadas de ladrillos y piedras. El segundo asiento junto
161
Expedición arqueológica 379

como ha sido supuesto, será Palma del Río. Nosotros veremos luego,
por la marca de una ánfora del Monte Testacció, que la última loca-
lidad llevó el nombre de Palma en la época romana. Luego todo parece
indicar que es seguramente sobre la otra orilla de Posadas donde OPPI-
DUM DETUMO debe ser adscrito.
Hubner creía que este nombre era de origen ibérico. El varía se-
gún los textos, Decuma, Detumo, o Detunda (16). La leyenda de las me-
dallas se cree es Detumo, Detan, Detum (i7). Finalmente, una inscrip-
ción pintada sobre un fragmento de ánfora de Monte Testaccio nos dá
Detaunda (Dressel, 4,002) la cual de acuerdo con Hubner nos dá la
más antigua forma del nombre.
Dejando Posadas y yendo al Este un gran cono de piedra, la meta
o parte baja de un molino de mano se vé a la derecha de la carretera
Junto a la finca "Antonio Serrano", alrededor de los restos de un de-
pósito se encontraron numerosos fragmentos incluyendo dos asas es
tampadas las cuales vinieron de un taller del otro lado del río.
La Caraola o Caracola, es un villar a medio kilómetro de la orilla
izquierda. Algunos estanques que se ven en la pendiente de la colina
deberían: haber servido para regar las tierras bajas hacia el río. En
Estrella de la Torrontera, recogimos marcas, que deben ser atribuídas
a la alfarería próxima de la Dehesilla. Las numerosas piezas de cerámi-
ca que cubren la orilla derecha de la Dehesilla, nos hablan de dos im-
portantes talleres, los nombres de los cuales sugeridos por Hubner, po-
drían ser CVF (fienge) y CUCUM (ensen); este último completado
por la marca número 2.586 de Monte Testaccio, podría venir de Cu-
cuma o Cucumis (18). Más lejos y en la banda del río, los bancos
surgen a una gran altura y como resultado hay pesados corrimientos
durante la estación de lluvia. Tales desniveles en las orillas del río son
designados con los nombres de Torrontera, Barranco, Picacho, etc.
La Monja y la Choza son villares; el primero está situado en la
orilla vieja del río. La Corregidora, EDOPPIANUM, es un despobla-
do, de hornos de alfarero y un muro de contención hecho de cascotes
y piedras, midiendo 28 metros de longitud y 75 centímetros de ancho,
se encuentran aquí. Los restos que cubren el suelo dan testimonio
de la importancia de los talleres.
Según las marcas, el nombre del propietario era probablemente
P. M. Oculatius o Oclatius y el de la localidad era Eddpianum (2o),
FIG (linae) EDOPP (iani) (Dressel, 4.328, 2.605).
Junto al pequeño arroyo de Moratalla, estaba el taller donde apa-
163
380 G. E. 13onsor

reció el asa que lleva la marca reproducida en el número 21 de la Lá-


mina XXXI. Nosotros ahora alcanzamos la confluencia del Bembézar.
Un kilómetro arriba del río, en la orilla izquerda, se encuentra el an-
tiguo sitio de Moratalla, el cual puede ser el fuerte de Morad, men-
cionado en el siglo xii por el historiador arábigo Edrisi, sobre la vieja
ruta entre Sevilla y Córdoba. Continuando Bembézar arriba, a casi nue-
ve kilómetros del río, se encuentran las ruínas de un puente moro, el
cual originariamente con toda probabilidad tenía cinco arcos, sin em-
bargo solamente uno está ahora en pie. El intrados de ese arco, mos-
trando exactamente dos tercios de círculo, sin ninguna indicación de
un punto de la parte superior, podría demostrar el mejor período de la
arquitectura arábica. Yo no creo que tal puente con arcos moriscos
haya sido encontrado en otra parte. Ello me justifica de dar un dibu-
jo de él. El camino que pasaba aquí no es de larga existencia.
Unos pocos kilómetros arriba del río está el pequeño pueblo de
Hornachuelos sobre una roquisa elevación a los pies de la cual corre
el Bembézar. El Castillejo es el nombre dado a una aislada roca que
surge de tierras bajas de la orilla izquierda y junto a la cual se extiende
una villa. Otra roca similar aparece en medio del río. Encontramos aquí
algunas asas, que llevan la marca de la Dehesilla hace poco mencionada.
El hecho podría indicar que las dos alfarerías fluviales formaban par-
te de la misma empresa.
Carrascal está en la orilla derecha donde notamos algunos restos
junto a un manantial. En Mahoma hay trazas de una arquería junto al
arroyo del mismo nombre soo metros del río. Cañuelo es un villar so-
bre la vieja orilla junto a un manantial que riega una huerta.
En la Ermita de Belén, (Saxum Ferreum) SAXUM FERREUM, dos
kilómetros al N.O. de Palma del Río, en la orilla derecha, fueron des-
cubiertos antiguas e importantes infraestructuras durante la construcción
de la vía y más tarde durante la construcción del nuevo puente sobre
el Guadalquivir.
Observamos aquí muchas alfarerías, con muros de tiestos y tierra,
lo mismo que zanjas, estanques de argamasa, encajada en ladrillos y
un gran horno de alfar. Las asas de ánfora recogidas aquí en abundan-
cia presentan dos nombres : Fortunatus y Euty (chiamus). El primero
se encontró en su completa forma en su inscripción pintada (Dressel,
1.892) de Monte Testaccio. La designación local que aparece en aque-
llas asas es especialmente interesante SAXFFER o SAXUM FERREUM.
Por esta roca de hierro debe significar la vecina elevación sobre la
164
Expedición :Irqueológica 381

cual está la capilla de la Virgen de Belén. A los pies de la colina hay


un manantial, reputado milagroso y frente a la orilla del mismo río
escapa un delgado arroyo de agua ferruginosa.
Dressel publicó 24 variantes de los sellos de SAX UM FERREUM
posiblemente de Monte Testaccio (3.166, 3.167 a-u).
Dos kilómetros por bajo de Belén, se llega al Retortillo, cruzado
por un antiguo puente. El pequeño río, separa los dominios de las pro-
vincias de Córdoba, Sevilla, Norte del Guadalquivir. Fue también en
tiempo romano el límite entre el conventus juridici de CORDUBA E
HISPALIS.
El cortijo de la Vega, es un villar dos kilómetros al Este de Peña-
flor, opuesta sobre la orilla derecha entre la confluencia del Genil.

I I

LAS ORILLAS DEL GENIL HASTA ECIJA

La existencia de Palma en tiempo romano nos parece demostrada


por el descubrimiento en el Monte Testaccio de una marca la cual el
Doctor Huebner ha interpretado como P (almense) M (arci) OCU
(Latiu) F (iglinae) Palma (Dressel, 2.617). Una inscripción pintada de
la misma fuente nos dá : Oclatianum Pal (mense) (Dressel, 4.328). No-
sotros hemos arriba mencionado un importante taller de este mismo
Oculatius en la Corregidora sobre el Guadalquivir (21).
El Cortijo de El Portillo está en la orilla izquierda del Genil. Los
campos que rodean la finca de este nombre están cubiertos con restos
de la época romana. Fue aquí donde recogí una marca incompleta so-
bre la que podría distinguirse el nombre CEPAR. Los figlinae cepariae
de Monte Testaccio fueron una parte del patrimonio imperial:
AUGGGNNN
FIGUL CEPA (Dressel, 2.564).
Los tres augustos indicados sobre el sello son, primero, Septimio
Severo y sus hijos, inmediatamente, hacia la mitad del siglo lir, Vale-
rianos Gallienus y Saloninus ( ). Yo creo que la localización del ta-
ller imperial de CEPAR ( ) BARBA ( ) (Dressel, 2.559) y
GRVME ( ) (Dresselk; 2.569), debería ser pensado sobre la orilla
del río en Córdoba misma o a una corta distancia de aquella ciudad.
La huerta El Campillo es un villar que ofrece poco interés. Las
165
382 G. E. Bonsor

Monjas está situada dos kilómetros junto a Palma opuesta a la huerta


de la Barquera. Tiestos de cerámica y "debris" cubren el suelo indi-
cando la existencia de un taller, pero no encontré marca alguna aquí.
En 1898 algunos habitantes de Palma encontraron en Las Monjas al-
gunas sepulturas cristianas. Ellos dijeron haber visto un mosáico que
cubría una tumba y representaba una muchacha con dos ánades. So-
bre otro mosáico leyeron las palabras Sevi y Conss (23).
Ma/pica está situada junto a la finca del mismo nombre, seis kiló-
metros de Palma y en la orilla derecha del Genil. En tiempo de mi
primera visita con Mr. G. Clark Maxwell en marzo de 189o, había so-
bre la orilla del río, un delgado lecho de cascote de ánforas, donde en-
contramos muchas marcas. Esos fragmentos han desaparecido comple-
tamente después. Las marcas encontradas allí tienen los nombres de Q
(uinti) y C (ai) J (ulii) Alb (ense) con una desconocida designación lo-
cal, Sat ( ) o Sta ( )— Fia ( ) — Amic ( ) — Hec (
— PAR ( ). Y otras o con las iniciales Q. I. C. o Q. I. G. segui-
das por el nombre SEB ( ). Un cierto L. Segolatias, es mencionado
por Dressel (3.993 - 3.999) entre inscripciones de Córdoba, pero creo que
ello tiene que ser aquí con una localidad, probablemente la antigua Se-
govia sobre el Genil ( ) de la cual yo he descubierto el sitio nueve
kilómetros arriba por el río al S.E. de Malpica.

BIBLIOGRAFIA

(6).—López de Cárdenas, F. S. Franco Ilustrado. Córdoba (1775?), pá-


gina ro3.
(7).—La descripción del sarcófago está equivocada porque en realidad
se trata de arte ibérico o turdetano. (Nota del traductor).
(8).--César. De Bello Hispaniae.
(9).—Almodóvar del Río es mencionado desde el primer período de la
llegada de los árabes, habiéndola tomado Jusuf en 759. Fernan-
do III la recobró en 124o. En 135o Doña Juana de Lara, mujer
de Don Tello, el hermano bastardo de Pedro El Cruel, fue apri-
sionada en este castillo. Fue aquí donde Don Fadrique, Duque de
Benavente, murió encarcelado por orden de Enrique III.
166
Expedición arqueológica 383

(i o).—Delgado A. N. Método de clasificación de las Medallas autóno-


mas. Sevilla, 1871.
( ).—Dressel H. Tituli picti in amphoris in Monte Testacceo et in
emporio repartis. N.° 4.181, and numerous variants F. Ceraria,
Caerasa, Caerar (N.° 2.584).
(1 2).—Ptolomeus. Ttepites geograf.
(13).—Cean Bermúdez. S. Antigüedades que hay en la Bética. 375.
(16).—Hubner. M. L. I.
( 7).—Idem.
(I 9).—Hubner. O. cit.
(2o).—Idem.
(2 ).—E1 cronista Rodrigo Méndez de Silva, (Población General de Es-
paña. Madrid, 1675, pág. 79), rebuscando sobre un origen ilustre
de Palma, dice que la Munda que falta fue probablemente la cu-
na de esta ciudad y que ésta fue reconstruida por un cierto Aulo
Cornelio Palma. Palma fue tomada a los moros en 1239 por Don
Alonso de Molina, hermano del rey Fernando III.
(22).—Hubner. Nuevas fuent. 478.
(23).—Engel A. Nouvelles archeologiques ; conmunications de M. Ar-
thur Engel in Bulletin Hispanique, 1899 I., pág. 38.
(24).—César. De Bello Alesc.

167
Contribución a la historia de la pintura cordobesa

El cuadro de San Eulogio, de Agustín Grande,


en el Seminario de Córdoba

Por José Valverde Madrid

Hay en el Seminario de San Pelagio de Córdoba, en el primer al-


tar a la derecho del mayor, un bello cuadro de San Eulogio, de gran-
des proporciones en el que se nos representa al Santo cordobés en la
misma posición que en el también bellísimo cuadro de Vicente Car-*
ducho, en la Capilla de San Eulogio del muro norte de la Catedral
Mezquita. Se ve que su autor, que es el artista catalán, aunque cordobés
de adopción, Francisco Agustín Grande, ha tenido presente para el suyo
aquélla bellísima obra de arte pero del que se diferencia en la gran
claridad del lienzo que nos revela que no estamos ya en el tenebrismo,
o magnífica pintura barroca del seiscientos español, sino en el luminoso,
pero más pobre en pintura, siglo xviii. Representa el cuadro de Agustín
al Santo barbado y con sotana viéndose en un rincón del cuadro los
abandonados atributos obispales. La columna al fondo del lienzo nos in-
dica la huella academicista de un edificio de grandes proporciones y un
coro de ángeles acompañan al portador de la corona y de la palma del
martirio, menos logrado que el bellísimo ángel caravagista del cuadro de
Carducho. Es también inferior a aquél el tratamiento de la naturaleza
muerta. Los objetos de la mesa del Santo están admirablemente pintados
en el lienzo de la Catedral, mientras que en el del Seminario carecen
de ese recreo del pintor en el detalle minucioso. Lo mejor del cuadro
de Agustín es el dibujo de la figura del Santo y la belleza de la com-
posición. Es- una bella muestra de la iconografía de San Eulogio.
Córdoba tiene otras más representaciones de este Santo Cordobés.
En lá -Catedral contamos la representación escultórica de una silla del
16,j-
Contribución a la historia de la pintura cordobesa 387

mano don Juan Despuig Dameto, comandante de Infantería y Grande


de España. Siempre que estaba en apuros económicos Agustín recurría
al Cardenal quién le atendía inmediatamente. Su marcha a Valencia de
Arzobispo supuso un grave golpe para los artistas españoles.
Regresa a Barcelona Agustín sobre el ario 1790 casándose con Te-
resa Salva en la Iglesia de Santa María del Mar. Allí recibe el encargo

1112112113:11212:111

del Obispo don Antonio Caballero y Góngora, que había dejado el vi-
rreinato de Santafé para desempeñar el Obispado cordobés, de encar-
garse de la cátedra de pintura en la Escuela de Bellas Artes que quería
el prelado fundar en Córdoba.
Soria, en su obra sobre Esteve, nos dice que es de este pintor el re-
trato del Cardenal Despuig Dameto que está en la colección del Conde
de Montenegro en Palma de Mallorca, creemos que es, por el contrario,
1 71
Contribución a la historia de la pintura cordobesa 389

lienzo orgullo del Municipio prieguense. Lleva el Prelado la Cruz Pec-


toral y la Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Apoya su mano en
un libro científico, demostrando que su "violín de Ingres" era la cien-
cia. ¡ Qué lejos aquéllos tiempos virreinales de las batallas contra los
insurrectos de Darién ! Don Antonio Caballero atiende al ruego de su
Municipio natal de tener un retrato suyo y le envía la primera obra
que le hace Agustín. El segundo retrato que le hizo fue el que se con-
serva en el Colegio de San Bartolomé y Santiago de Granada, del que
había sido colegial el Obispo. Es un gran cuadro en el que se le re-
presenta de cuerpo entero, indicando con la mano derecha unos papeles.
Tiene la misma composición del que luego examinaremos del Deán de
la Santa Iglesia Catedral de Córdoba.
Obra maestra de los retratos del siglo xvm es el retrato que posee
el colegio de la Asunción cordobés. Está dedicado, como se lee en una
pequeña cartela que pisa la escribanía de la mesa del Obispo, a su so-
brino, el Canónigo don Pedro Segovia. La luz que baña el cuadro es
bellísima. Una sinfonía de colores dan un singular realce a este bello
lienzo, sin exagerar la perla de la colección de cuadros del colegio de
la Asunción cordobés.
También le hace Agustín al Obispo el retrato que se conserva en
la galería de retratos de los Obispos en el Palacio Obispal de Córdoba,
donde también son de su mano los de los Obispos Yusta Navarro y
Garrido. De este cuarto retrato de Caballero hace un grabado del que se
conservan dos bellas muestras, una, en el gabinete de estampas de la
Biblioteca Nacional en Madrid, y otra en la sacristía de la iglesia pa-
rroquial de la Asunción en Priego, el buen escultor y grabador del siglo
xviii, Carmona.
El retrato del Conde Ezpeleta en el Museo de Artillería de Segovia
le achacamos a su pincel, así como el de don Antonio Ruiz de Castro
Carrillo Rus, sobrino del Obispo don Antonio Caballero, quien, en unión
de su esposa doña Josefa Caballero Carrillo de Albornoz, había acom-
pañado a su tío en su etapa de Virrey en Nueva Granada. Se con-
serva en una colección particular prieguense y es de altura dos metros
por uno y medio de ancho, aparece de pie mostrando al espectador la
marca francesa del tricornio que lleva en la mano mientras la otra se
apoya en un espadín. Este cuadro tiene los mismos adornos que el del
retrato de Urquij o que veremos más adelante y muestra la tendencia
del pintor a abultarlas como hemos examinado en los cuadros del Obis-
po Caballero. Casi todas las manos izquierdas _ de los retratados por este
1:13
390 José Valverde Madrid

pintor son iguales. Todo el que contempla este bello retrato lo atribuye
a Goya, e incluso la tradición familiar, pero la pincelada es igual que
la de los cuadros del tío del retratado.
Muerto don Antonio Caballero aparece un nuevo mecenas en la
vida de Agustín. Es don Francisco Fernández de Córdoba, Cueva y
Ponce de León, hijo de la Vizcondesa de la Puebla de los Infantes y
nieto de los Condes de Torres Cabrera. Fue Deán de la Santa Iglesia
Catedral de Córdoba y Abad de Rute y Oñate, Caballero pensionista de
la Orden de Carlos III y Sumiller de Corph de Su Majestad. Pero lo
que hace su memoria imperecedera para los cordobeses es haber sido
el fundador de las Escuelas Pías de primeras letras de Nuestra Señora
de la Concepción o de la Compañía. Gastó en ellas más de trescientos
mil reales de vellón, abriéndose a la enseñanza el día 18 de agosto de
1791, dotándolas con abundantes fincas en su testamento —hecho en
1762 y conservado en el oficio z del Archivo Notarial de Córdoba,
al folio 986—, y dejando por patrono de las mismas al Deán y Canó-
nigo Magistral y Doctoral de la Catedral cordobesa.
El gran cuadro que le hace Agustín nos lo representa de pie, de-
lante de su lujosa biblioteca. Al fondo la torre de la Catedral se re-
corta delante de una neoclásica balaustrada. En la misma estancia, en
el salón alto de las Escuelas en que está dicho retrato hay otro cuadro
de Agustín, el de la Purísima Concepción, en el que unos goyescos
ángeles constituyen con el dibujo del rostro de la Virgen lo más acer-
tado de su composición. En el piso bajo a la entrada hay otro cuadro
más de nuestro artista alegórico de la fundación de las Escuelas con
un San Ignacio.
En el Seminario cordobés, aparte del cuadro antes examinado de
San Eulogio, hay otro más de Agustín que es el que representa el mar-
tirio de San Pelagio, el que muestra, en la figura del sayón que le-
vanta la mano, la influencia de Luis de Vargas, en su famoso cuadro
de la Catedral sevillana "La Gamba". El estudio de la anatomía es ge-
nial y los detalles de dibujo excepcionales.
Otro gran cuadro que de los jesuítas cordobeses pasó, en aquel fa-
moso exilio de obras de arte cordobés a la Academia de San Fernando
madrileña, es el que firmado por Agustín representa a la Piedad. Jesús
muerto es sostenido por la Virgen. Una de las mejores obras del Mu-
seo matritense antes citado es este cuadro y colocado al lado de los
flojísimos de Maella resalta más la técnica y arte de nuestro biografiado.
Los cuadros del Colegio de Santa Victoria representan "El Martirio
174
Contribución a la historia de la pintura cordobesa 391

de San Acisclo y Santa Victoria", "La Visitación de Nuestra Señora",


"San Juan Nepomuceno", "San Francisco de Sales" y "La Aparición al
Venerable Sousa". Fueron encargados por el Deán Fernández de Cór-
doba a Agustín y aquél fue quien dijo la primera misa en el edificio
religioso restaurado después de su derrumbamiento, en el día 7 de ma-

yo de 1794. El arquitecto que hizo tan bella obra neoclásica fue Ven-
tura Rodríguez, quien enmendó los planos de Gravetón. Costó la obra
tres millones de reales. De los cuadros de Agustín el más bello es, sin
duda, el de la fundación de la Orden de la Visitación por San Fran-
cisco de Sales, en el que, al fondo, se ve la iglesia del Colegio, un poco
parecida a San Antonio de la Florida madrileño. El de la Aparición de
San Rafael a Simón de Sousa tiene un fondo trágico de los apestados
muriendo en los arrabales cordobeses. El fondo del cuadro de San Juan
175
392 José Valverde Madrid

Nepomuceno nos representa la Córdoba del siglo xviii tras los arcos de
su puente. Los bocetos de dichos cuadros se conservan, asimismo, en
dicho Colegio. En el cuadro del martirio de San Acisclo y Santa Vic-
toria llevan los verdugos las mismas insignias que en el que antes he-
mos referido del martirio de San Pelagio en el Seminario.
Para el convento de los Mínimos cordobés hizo dos cuadros Agus-
tín, uno de San José y otro de la visita del Rey de Francia al Beato
Gaspar Bono. Al desaparecer dicho convento se ignora donde pasó el
primero, el segundo está en la cordobesa iglesia de San Nicolás de la
Villa. Bella obra del siglo xvin seduce por su grato y claro colorido y
desdice de los cuadros tenebristas de los retablos de Sebastián Martínez
y de Monrroy que en aquella iglesia se conservan.
En Jaén hay un Santiago con moros a sus pies de nuestro artista
en la Catedral y en Cabezas de San Juan un San Juan predicando. En
la iglesia del convento de San Agustín de Córdoba una bellísima Huída
a Egipto, en un retablo de una capilla, es de su pincel. En San Fran-
cisco hay un Descendimiento del Señor que también parece ser suyo,
así como los Santos Benito y Bernardo que, procedentes del comercio
de arte cordobés, están, el primero, en la colección 'Valverde de Cór-
doba y el segundo en una colección madrileña. No olvidemos mencio-
nar los cuadros de la vida de San Ignacio sitos en San Hipólito de Cór-
doba y en la sacristía del Salvador y Santo Domingo de Silos y los dos
cuadros de San Felipe de Neri y la Sagrada Familia en los dos retablos
laterales de la iglesia del convento de la Piedad cordobesa en la plaza
de las Cañas, así como los retratos del Sr. Ramírez de Verger y del
cordobés primer Duque de Rivas y de su esposa, atribuídos por Soria
a la mano de Esteve.
En el ario 1795 es nombrado Agustín pintor de Cámara Real, dán-
dole las más rendidas gracias a Godoy por la merced el día 2 de junio
de dicho año. Su sueldo era de 15.000 reales de vellón. A la muerte del
Obispo Caballero le protege a nuestro artista el Deán y en el ario 1797
doña Ana Fernández de Córdova, pariente del mismo, le hace el en-
cargo de los dos retablos laterales de la iglesia del convento de religio-
sas de Santa María de Gracia de Córdoba, lo que, juntamente con otras
obras —todas bajo el diseño del arquitecto madrileño don Ramón Alon-
so—, habría de hacer Agustín en la suma de 36.5oo reales de vellón.
Representan dichos retablos las figuras de San Miguel, San Pedro, San
Pablo, San Ignacio de Loyola, San Mateo, San Fernando y un Santo
mártir.
-176
Contribución a la historia de la pintura cordobesa

En la Catedral-Mezquita se viene atribuyendo al pincel de Alvarez


Torrado, el neoclásico retablo con los Santos Ignacio de Loyola y San
Francisco de Borja, y en el banco Santa Teresa, la Virgen y San Ra-
fael, así lo hace Ramírez de las Casas Deza en su "Descripción de la
Catedral", pero una observacióh y comparación con el de la iglesia
del convento de Santa María de Gracia nos prueba es de mano de
Agustín, así como el del cuadro de Santa Teresa en un retablo de la
iglesia del Salvador y Santo Domingo de Silos cordobesa.
Pero volvamos a la vida privada de nuestro artista. En el año 1791
bautiza a su hijo Rafael el Obispo don Antonio Caballero, y el tres de
diciembre del año siguiente es nada menos que la Duquesa de Rivas,
Marquesa de Andia, doña Dominga de Baquedano, la que apadrina a
su otro hijo, Domingo ; estos dos y otro llamado Francisco que nació
el 14 de julio de 1795 son los tres hijos del matrimonio. A este último
le apadrina el famoso comerciante, muy aficionado al arte y mecenas
de muchos artistas cordobeses, don Ventura Aute.
El día 7 de octubre de 1799 es admitido como Profesor de la Real
Academia de San Fernando en Madrid, de la que ya era Académico
de Mérito, así se firmaba en sus documentos nuestro artista y el día
de diciembre del mismo año la Junta de Barcelona le hizo Director Ho-
norario de sus enseñanzas. Ya estarnos en las postrimerías de los diez
años en que estuvo en Córdoba Agustín, aún no levanta la casa y va y
vuelve a Madrid. Este mismo año, de 1799, recibe el encargo de, como
pintor de Cámara que es, pasar a Sevilla y copiar los cuadros de Mu-
rillo. No sabemos el destino de estas copias nada más que de un "Niño
Jesús y San Juan", una Virgen y una Santa Isabel, que fueron a la co-
lección de los Condes de Montenegro en Palma. Otro cuadro de por
este tiempo que hizo fue el de San Felipe de Neri, del Museo cordobés
y otro cuadro que copió de Murillo fue el del "Martirio de San Pedro
de Arbués", conservándose esta copia en el Museo Provincial cordobés.
Por cierto que de dicho cuadro hizo Murillo dos cuadros ; uno de gran
tamaño, que es el que se conserva en el Museo de L'Ermitage, según nos
dice Angulo en su "Miscelánea murillesca" —publicada en el Archivo
español de Arte en 1961— y del que creemos que hizo Agustín su
copia y del cual hay otra buena copia de Joaquín Cortés, que fue la
que reemplazó el lienzo original que estaba en la Inquisición sevillana
en 1804, de donde lo tomó Godoy, pasando a Rusia en el año 1831.
El otro cuadro, ya de pequeño tamaño, es el de la Pinacoteca Vaticana,
cuyo doble está en una colección particular madrileña. No creemos que
1,77
Contribución a la historia de la pintura cordobesa 395

cha 26 de noviembre de i8o 1, por la que pide se le paguen los gastos


que hizo en ir a Sevilla para pintar la vista de la ciudad por Orden de la
Casa Real. Osorio Bernard, su biógrafo, nos dice que murió al poco
tiempo en la villa de Utrera. No hemos podido comprobar documen-
talmente este dato. El caso es que ya no se vuelve a tener noticia algu-
na de él. Como su arte lo desenvolvió principalmente en Córdoba no
vacilamos en llamarle el "Goya cordobés". Fué el retratista de moda de
aquella sociedad elegante y cortés de la época del rococó. Si sus lienzos
religiosos neoclásicos son fríos, en cambio sus retratos no podemos por
menos de calificar de portentosos. Aparte de Goya no se pintaba así
en aquel siglo. Ni Ainza ni Esteve, con el que se le ha confundido tan-
to a nuestro artista por el hecho de llamarse, cómo éste, Agustín, le
llegan al goya cordobés.

APENDICE DOCUMENTAL

Documento número I. — Partida de un hijo de Agustín. — "En


Córdoba en cinco días del mes de mayo de 1791 arios yo, don Francis-
co Carroto y Romero, presbítero, cura teniente del Sagrario de la S. I.
Catedral de esta ciudad bauticé en ella a Rafael, Francisco, Antonio,
Joaquín, Agustín y José que nació dicho día, hijo de don Francisco
Agustín, bautizado en la parroquia de San Pedro de las Puellas de la
ciudad de Barcelona, y de doña Teresa de Salva, su mujer, bautizada
y casados en la de Santa María del Mar de dicha ciudad de Barcelona,
fué su padrino el Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo Obispo de Córdoba don
Antonio Caballero y Góngora y a su nombre tomó a la criatura en la
pila bautismal, don Joaquín Arali a quien advertí la cognición espiritual
y obligación siendo testigos don Juan Busquets, don Ventura Aute y
don Antonio Soler, de que doy fé y firmé, fecha ut supra. Francisco
Carroto y Romero."
(Archivo de la Parroquia del Sagrario de Córdoba. — Folio 58 del
libro 24 de Bautismo).

Documento número 2. - Partida de un hijo de Agustín. — "En


Córdoba a tres de diciembre de mil setecientos noventa y dos arios yo
don Francisco Carroto y Romero, presbítero cura teniente del Sagrario
de esta Catedral bauticé en ella a Domingo Ignacio de Santa Bibiana
José Rafael Miguel que nació el día anterior, hijo ligítimo de don Fran-
cisco Agustín, bautizado en la parroquia de San Pedro de las Puellas,
179
396 Jósé Valverde. : Madrid

de la ciudad de Barcelona, y de doña Teresa Salva, su mujer, bautizada


y casados en la de Santa María del Mar de dicha ciudad de Barcelona,
fue su madrina la Muy Ilustre Sra. Duquesa de Rivas Marquesa de Andia,
doña Dominga Baquena y la tuvo en la pila bautismal, a nombre de di-
cha Excma. Sra., don Cayetano Gónzalez a quién advertí el parentesco
espiritual, fueron testigos don Juan Busquets, don Ventura Aute y don
Antonio Soler, de que doy fé y lo firmé fecha ut supra. Francisco Ca-
rroto Romero."
(Archivo de la Parroquia del Sagrario de Córdoba. — Folio 123
del libro 24 de Bautismos).

Documento número 3. — Partida de nacimiento de un hijo de Agus-


tín. — "En Córdoba a quince de julio de mil setecientos noventa y cinco
años con licencia de los señores curas del Sagrario de esta Catedral, el
muyR. P. Fr. Juan de Portichuelo, religioso en su convento de San Pe-
dro de Alcántara de esta ciudad y en presencia bauticé solemnemente
a Francisco Ignacio Rafael, que nació ayer, hijo ligítimo de don Fran-
cisco Agustín, bautizado. en la Parroquia de San Pedro de Puellas de la
ciudad de Barcelona y de doña Teresa Salva, bautizada y casados en la
de Santa María del Mar de dicha ciudad de Barcelona, fueron sus pa-
drinos don Ventura Aute y doña María Nicolasa Hagar, su mujer, a
quienes avisé el parentesco espiritual, siendo testigos Diego Amor y Pe-
dro Espejo de que doy fé y lo firmé, fecha ut supra. Fr. Juan de Porti-
chúelo."
(Archivo de la Parroquia del Sagrario de Córdoba. — Folio 228
del libro 24 de Bautismos).

Documento número 4. — Obligación de Agustín Grande a don F.


J. Fernández de Córdoba. — "En la ciudad de Córdoba a diez días del
mes de septiembre de 1793 años ante mí el escribano del Rey N. S.,
público del número perpetuo de ella y de los testigos que se expresarán
pareció don Francisco Agustín, vecino de esta dicha ciudad a la colla-
ción de la S. I. Catedral, pintor pensionado de Su Majestad que ha sido
en Roma, 'académico de Mérito de la Real Academia de San Fernando
y Director de la Escuela de Dibujo en esta misma ciudad, con los seño-
res Dnes. don Francisco Xavier Fernández de Córdoba, presbítero, Ca-
ballero de la Real y Distinguida Orden española de Carlos Tercero, su-
miller de Cortina de S. Majestad, Abad de Rute y Oñate, Deán y Ca-
bildo de esta S. I. Catedral, don Romueldo Mon y Velarde, Canónigo
180
Contribución a' la historia de la pintura cordobesa 397

Doctoral de ella, y don Nicolás Amat y Cortés, canónigo magistral de


la misma S. I., copatronos y administradores de la Obra Pía que para
criar niñas mandó fundar en esta ciudad el Iltmo. señor don Francisco
Pacheco, el pintar al óleo los cuatro cuadros colaterales de la Iglesia
Colegio de Santa Victoria que son de seis varas y media de alto y
cuatro de ancho, excepto los gruesos del marco, bajo ciertas condicio-
nes que adelante se dirán ; lo que quiere reducir a instrumento público
para su mayor validación y poniéndolo en efecto otorga que se obliga
en el término de ario y medio contados desde el día de la fecha a
pintar al óleo los referidos cuatro cuadros y en el primero el martirio
de San Acisclo ; el Santo en actitud de serle cortada la cabeza por un
ministro de justicia por rehusar sacrificios a la falsa deidad que un
sacerdote pagano le señala ; un primer término de tropa romana ; el
tribunal de Dioncasio y acompañamiento ; indicación del sitio vista de
Córdoba y tres o cuatro mancebos y otros ángeles que confortan al
Santo trayéndole la corona y palma del martirio, y si es del agrado de
dichos señores se dará un indicio, en lo más remoto del cuadro, del mar-
tirio de Santa Victoria.
En el segundo la Visitación de Nuestra Señora la Virgen Santísi-
ma en actitud de recibir en sus brazos a su prima Santa Isabel, que con
apreciación manifieste salir del umbral de su casa a abrazar a la Vir-
gen ; Zacarías absorto de tan agradable vista que dirije cortesmente su
discurso a San José ; ángeles acompañantes y otros accesorios de bo-
rriquillo y demás que declaren el viaje de María Santísima y gloria de
sus ángeles ; trozo de arquitectura, vistas y demás.
En el tercero San Francisco de Sales entregando a Santa Francisca
Trenior de Chantal las Reglas del Instituto de la Visitación ; estará el
Santo sentado bajo dosel en un apartamiento correspondiente a su alta
dignidad en ademán de acoger benignamente a su santa discípula, que
estará de rodillas recibiendo el libro de dichas constituciones ; arquitec-
tura, mesa, pavimento, y demás debe representar decoro y majestad ;
también gloria de ángeles que hagan corte a los Santos referidos y co-
rrespondan a los demás cuadros.
En el cuarto San Juan Nepomuceno, el Santo arrodillado en un
grandioso trono de nubes que sostienen, tres mancebos adorando un
crucifijo que los ángeles le presentan ; varios espíritus puros de diversas
edades con las insignias episcopales que rehusó, con la indicación del
sigilo, los atributos de Doctor y demás y también la palma del mar-
tirio ; toda la parte superior circundada de gloria y en la posterior una
181
Contribución a la historia de la pintura cordobesa 399

trones y perpétuos administradores de la dicha Obra Pía dijeron la acep-


taban en su favor y que cumpliendo el referido don Francisco Agustín,
con lo que va obligado, le serán ciertos, seguros y bien pagados de las
rentas de la misma Obra Pía los dichos 55.00o reales de vellón en los
plazos que van asignados y el otorgante y señores aceptantes, a quienes
yo, el escribano, doy fe que conozco, lo firmaron, siendo preentes por
testigos don Diego Caballero, presbítero ; don Esteban López y don
Baltasar .Vázquez y Saravia, vecinos de Córdoba. Don Francisco Xavier
Fernández de Córdova, don Romualdo Mon y Velarde, don Francisco
Agustín, ante mí, Juan Pardo de la Casta".
(Archivo Notarial de Córdoba. — Oficio 25. Escritura de ro de
septiembre de 1793, ante don Juan Pardo).

Documento número 5. — Obligación de hacer los retablos de San-


ta María de Gracia por Agustín. —"En la ciudad de Córdoba a prime-
ro de Enero de mil setecientos noventa y siete años la M y FI, doña
Ana Fernández de Córdoba y Heredia, marquesa de la garantía, mujer
legítima del Sr. don Cristóbal de Morales, marqués propietario de dicho
título. Gentilhombre de su Majestad con entrada, vecina de la dicha ciu-
dad de Ecija residente al presente en esta, de una parte y de la otra don
Francisco Agustín, académico de mérito de la Real de San Fernando
y Pintor de Cámara de su Majestad y vecino de esta ciudad por ante
mí, el escribano del número y Colegio de esta expresada ciudad de la real
Renta de Tabacos de ella y de los testigos infrascriptos, su señoría dijo
que en demostración del mucho amor y devoción que le tiene al glo-
rioso San Cristóbal Mártir y nuestra Señora Santa Ana cuyos nombres
son los que usan como propios los referidos señores Marqués y Mar-
quesa ha deliberado construir dos altares dedicados uno a cada imagen
donde se les dé el debido culto que han de ser los colaterales del pre-
bisterio y altar mayor de la Iglesia del Convento de Religiosas de Nues-
tra Señora de la Asunción bajo el título de Santa María de Gracia, Or-
den de Santo Domingo de Guzman de la filiación ordinaria de esta di-
cha ciudad a manifestación del cariño y afecto que le conservan a su
Reverenda Comunidad y contado en el dilatado tiempo que estuvo en
su asistencia desde su edadpueril hasta su matrimonio con el menciona-
do Sr. Marqués, su marido, para lo cual ha obtenido el correspondiente
permiso de dicha Reverenda Comunidad y del Sr. Visitador y persona
que esta Justa, Santa y Devota determinaron se efectúe con el decoro
y lucimiento correspondiente a tan loable fin ha hecho su señoría traer
183
400 José Valverde Madrid

de la villa y corte de Madrid con diseño de dichos dos altares ejecuta-


dor por el arquitecto don Ramón Alonso también individuo de mérito
de la expresada Real Academia del cual resulta tener cada retablo doce
varas de alto por siete y media de ancho con siete lienzos cada uno en
que han de representar los asuntos que su señoría eligiere, dos niños de
escultura en el remate , resplandores, capiteles, basas, comisas y demás
molduras doradas con oro de la superior calidad y los fondos jaspeados
con gusto y contraposición sin omitir nada de lo que pueda contribuir
al mayor lucimiento de la obra, cuyos dos retablos han de hacerse pre-
cisamente de madera de pino de Flandes con exclusión de otra y cono-
ciendo su señoría que el plan del prebisterio del altar mayor de dicha
Iglesia es estrecho y que las funciones que frecuentemente se ofrece es-
tán en incomodidad los ministros del altar, deseando tenga aquella exten-
sión que se requiere a la majestad y decoro de tan alto ministerio ha de-
terminado también ampliarlo y adornarlo con barandal o verjas de hie-
rro todo a costa y expensas de su señoría y para que la dicha obra sal-
ga con la perfección y lucimiento que apetece ha tratado y ajustado con
el dicho don Francisco Agustín con quién se ha convenido y concer-
tado en el tiempo, precio y cualidades con que ha de practicar la cons-
trucción de dichos dos altares y retablos y composición del plan del al-
tar mayor y barandal de hierro y para que haya persona que cuide de
la puntual observancia de la ejecución de todo ello con arreglo al dise-
ño y contrato celebrado con el dicho don Francisco Agustín, nombra
su señoría al Sr. don Bernardo Adriano Martínez de Argote Alfonso
de Sousa y Portugal, Marqués de Cabriñana y de Villacañas, Coronel
de los Reales Ejércitos de Su Majestad, Caballerodel Sagrado Orden de
San Juan y veinticuatro del Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad y ve-
cino de ella, persona de su mayor satisfacción por su inteligencia y co-
nocimiento en toda clase de asustos con cuya dirección confía su seño-
ría se verificará su pensamiento completamente por lo que se le pide
tenga a bien aceptar este encargo y estando presente como dicho es el
mencionado don Francisco Agustín expresó que por la explicada Seño-
ra Marquesa se le ha elegido para la referida obra con quien habiendo
entrado en concierto sobre el cuanto de ella con sujeción y arreglo al
citado modelo y diseño hecho por el arquitecto don Ramón Alonso que
se ha tenido presente y lo ha firmado el otorgante con la dicha Señora
Marquesa han tratado convenido y ajustado dicha obra de los dos alta-
res y retablos colaterales al Mayor de la contenida Iglesia, extensión del
presbiterio, movimiento de grada y barandal de hierro que se le .ha de
184
402 José Valverde Madrid

atención a que su señoría nombró al señor Marqués de Cabriñana y


Villacañas, de esta vecindad, para que esté a la vista de la mencionada
obra y vigile del cumplimiento de ella ha de tener facultades su señoría
para que en cualquier estado en que se halle reconocerla, por sí, o en-
viar persona de su satisfacción para con ello y si le encontrare algún
defecto o reparo por no estar conforme y arreglada al diseño y modelo
lo hará presente al otorgante para que a su costa lo remedie a satisfac-
ción de su señoría lo que se ha de ejecutar tantas veces suceda y si
caso no lo cumpliere el otorgante ha de tener la acción de buscar otro
u otros Profesores que a costa de dicho otorgante enmienden los men-
cionados reparos sin que por esto se le deba abonar cosa alguna y si
caso lo intentare quiere no sea oída ni admitida su pretensión en juicio
ni fuera de él y fenecida la referida obra en todas sus partes de altares
y Presbiterio ha de tener dicho señor Marqués la acción y facultad de
nombrar de conjunto con el se,cr otorgante persona inteligente que la
reconozca y si se notare algún defecto en ella se le ha cie corregir a
su propia costa hasta dej ardo todo c la satisfacción de su señoría y si
caso discordaren y no se conformaren dicha señora Marquesa y el otor-
gante y en el nombre del perito en una misma persona ha de tener ca-
da uno una facultad para hacerlo por sí de inteligente a su satisfacción
que los dos juntos practiquen el reconocimiento de la expresada obra
y si acaso discordaren en sus dictámenes se ha de recurrir de un ter-
cero por la Real Justicia de esta ciudad a cuyo juicio y dictamen se
ha de estar y pasar precisamente obligado a unos y a otros a su ob-
servancia y cumplimiento por todo rigor de derecho. Que el otorgante
no ha de poder pedir más precio por la referida obra que los treinta
y seis mil quinientos reales en que la tiene ajustada sin pretexto de que
se hayan encarecido los materiales, sus portes, jornales, u otro pretexto
alguno pues lo ha de hacer y dar conclusa la referida cantidad en que
la ha ajustado por haberlo hecho a su riesgo y ventura y si caso hu-
biere alguna detención en la entrega de las pagas de la dicha cantidad
de los dichos doce mil ciento sesenta y seis reales veintidós maravedías
por parte de la referida señora Marquesa no ha de ser obligado el otor-
gante a empezarla ni a continuarla faltando al pago de la mediación que-
dándose la referida obra a el ser y estado en que se halle hasta que se
le entregue aquella cantidad porque se suspenda, sin ser responsable a
los daños y perjuicios que de ello se siguieren bajo cuyas dichas cua-
lidades y circunstancias está obligado el dicho don Francisco Agustín
en favor de la mencionada señora Marquesa de la garantía. A cuya fir-
186
Contribución a la historia de la pintura cordobesa 403

meza y seguridad obliga sus bienes, frutos y rentas habidos y por haber,
dá poder cumplido a los señores Jueces y justicias de Su Majestad para
que a la observancia y cumplimiento de lo que dicho es, le compelan
y apremien como si fuese por sentencia definitiva consentida y pasada
con autoridad de cosa juzgada, renuncia las leyes, fueros y derechos
de su defensa y favor como las que prohiben la general renunciación
de todas en forma. Y enterada de todo a su satisfacción la contenido
señora Marquesa dijo la acepta y recibe en su favor y se obliga de
pagar y satisfacer al dicho don Francisco Agustín los treinta y seis mil
quinientos reales de vellón en que tienen ajustada la referida obra en
los tres plazos que quedan expuestos y no lo haciendo ha de tener la
facultad como derecho ahora se le da su señoría para no empezarla ni
continuarla hasta que se le entregue cada una de dichas partidas y no
ser de su cuenta sí de la dicha su señoría los daños que su morosidad
se le irroguen a la expresada obra y concluída que sea resultando por
el reconocimiento del perito o peritos que se nombraren está arreglada
a el arte de arquitectura y pintura con la seguridad y perfección que
contiene el diseño o modelo de los altares y retablos según queda ex-
puesto en este instrumento se le ha de satisfacer in continenti por su
señoría los últimos doce mil ciento sesenta y seis reales de vellón vein-
tidós maravedíes que resultará se le deben a lo que le ha de poder
compeler por todo rigor de derecho, y asimismo se obliga su señoría
a no quitarle dicha obra al referido don Francisco Agustín para darla
a otro artífice ni pretehderá descuento ni moderación del precio en que
la ha ajustado aunque encuentre quien se lo haga por menos y si lo
intentare además de no ser oída ni admitida en Tribunal alguno bajo el
mismo poderío de señores jueces y Justicias y renuncia de leyes favo-
rables en forma, en cuyo testimonio así lo otorgamos y firman dicha
señora Marquesa de la Garantía y don Francisco Agustín a quien yo,
el Escribano, doi fe conozco siendo presentes por testigos don Rafael
Beltrán Cornejo, don Rafael Moreno y Caracciolo y don Rafael Mo-
hedano, vecinos de Córdoba. Ana María Fernández de Córdoba y He-
redia, Marquesa de la Garantía. Francisco Agustín, Académico de Mé-
rito de la Real de San Fernando. Feliz Ant. de Vilches. Rubricadas. Sig-
nado. — Nota : Se previene que después de extendida y firmada esta
escritura por los señores otorgantes se convinieron en que el precio en-
tero y por mayor de la obra de los dos retablos, altares, extensión del
Plan del Presbiterio del Altar Mayor que consta de esta escritura ajus-
tado en treinta y seis mil quinientos reales de vellón, quedase reducido
187
404 José Valverde Madrid

a treinta y cinco mil quinientos y el tercio de sus pagos a once mil


ochocientos treinta y tres reales once maravedíes de vellón cada uno,
bajo las mismas cláusulas, circunstancias y condiciones que constare de
este instrumento sin más variación y alteración que la de los mil reales
de vellón de menos precio. Cuya nota firman los mismos otorgantes se-
ñores conmigo. La de la Garantía. Agustín. Bilches. Todas rubricadas".

183
406 Los Monumentos de Córdoba

Casa de los Caballeros de Santiago.


Iglesias de San Pablo, San Miguel y Santa Marina.
Baños árabes de calle Carlos Rubio, 8.
Ermita de Trassierra.
Acueducto de Valdepuentes en la Sierra.
Puentes sobre el Salado y Arroyo del Diablo, en Villa del Río.
Puente arruinado sobre el Guadiato (puente del Negro).
Puente de Alcantarilla.
Ruínas del Germo, en Espiel.
Prisión de Boabdil, en Lucena.
Castillo de Priego. — Decreto de 27 de septiembre de 1943.
Baños árabes de la Pescadería.—Declaración de conjunto histórico-
artístico el formado por las casas números 53 y 55 de la calle Cardenal
González (antigua de la Pescadería) de la ciudad de Córdoba, y de las
señaladas con los números 16, 18, 20 y 2 2 de la calle de la Cara de
dicha ciudad. Decreto de 5 de febrero de 1954, B. O. del Estado de
25 de abril de 1954.
Sagrario de la Parroquia de la Asunción, de Priego.
Paraje pintoresco formado por la Fuente del Río y murallas de
Cabra. — Decreto de 13 de marzo de 1961.
Castillo de Cabra. — Decreto de 24 de febrero de 1961.
(La Ley del Tesoro Artístico de 1933 declaró que todas las designa
ciones equivalen a la de Monumentos Nacionales).

Riqueza Artística de Córdoba y su provincia

El Decreto-Ley de 9 de agosto de 1926 ordenó que en


cada provincia se hiciera una relación de la riqueza ar-
tística. La de Córdoba, confeccionada por la Comisión de
Monumentos fue publicada en los "Anales" de 1926, con
ampliación en los de 1927, y además, en sesión de 5 de
diciembre de 193o:
Los dos puentes califales a Medina Azahara en el cortijo de Los
Nogales.
El puente califal sobre el Guadiato (del Negro).
Los pequeños puentes califales de la carretera vieja de Madrid y
de Alcolea al puente de Ribera sobre el Guadalmellato.
Los restos de caminos y calzadas califales que conducen a Medina
Azaharg.
190
Los Monumentos de Córdoba 407

El puente romano llamado viejo de Pedroches.


Barios árabes de la calle Velázquez Bosco (sesión de 1.° de sep-
tiembre de 931).
Acueducto califal del Bejarano a Córdoba y puentes delm_sm( i
(Valdepuentes).
Puente califal del camino viejo de Córdoba a Villaviciosa sobre el
Guadiato (puente del Negro).
Baños árabes de la calle Velázquez Bosco.
Todos fueron admitidos en sesión de la Comisión de Monumentos
de 5 de diciembre de 93o. Los tres últimos alcanzaron además la decla-
ración estatal de "monumento histórico-artístico" por Orden de 3 de
julio de 1931, como se ha visto anteriormente.

OBRAS Y EXCAVACIONES EN 1962

Mezquita-Ctedral. — Consignación del Estado, 250.000 pesetas. Se


continuó el resanado de los tejados con fuertes viguetas de cemento ar-
mado. También se continuó el resanado de la lonja en el Patio de los
Naranjos, sustituyendo los sillares del enlosado, muy desgastados, poi
otros de caliza muy dura, procedente de Porcuna.
Medina al-Zahra. — Consignación del Estado, 400.000 pesetas. Con-
tinuó la restauración del salón de Abderrahmán III (salón rico o Dar-al-
mulk).
Templo romano de Córdoba. — Consignación del Estado, 5o.00c
pesetas.
Sinagoga. — Consignación del Estado, 16.000 pesetas.
Puerta del Moral, en Lucena. — Consignación del Estado, 193.o84
pesetas.
Excavación del Alcázar califal. — Han continuado las excavaciones
en la zona de los baños y consolidación de muros, financiadas por el
Excmo. Ayuntamiento.
Investigaciones de las tumbas califales. — Con una subvención de
2,5.000 pesetas concedidas por la Dirección de Bellas Artes, se halló en
los jardines del Palacio Obispal una galería de pilastras cuadradas. Más
detalles en "Al-Mulk", 2, suplemento de estudios arabistas de este "Bo-
letín".
Excavaciones en Zuheros. — Consignación de 25.000 pesetas. Infor-
me de las señoritas Ana de la Quadra-Salcedo y Ana María Vicent Za-
ragoza, designadas por la Dirección General de Bellas Artes para dirigir
191
408 Los Monumentos de Córdoba

las excavaciones de la Cueva de los Murciélagos, en Zuheros (Córdoba):


I.° Que la cueva de Zuheros está situada a 98o metros en un cerro
de caliza brechoíde jurásica, rodeada de vegetación de encinas y almen-
dros, orientada la entrada de la caverna al Norte, desde cuyo emplaza-
miento se divisa en primer término, la cañada de malos vientos, Baena,
la torre de Albendín, La Peña de Martos y Alcaudete, en bellísima pa-
norámica.
2.° La cueva tiene un doble interés :
a) — como importantísimo yacimiento arqueológico, ya que las ex-
cavaciones han dado como resultado el hallazgo de diferentes niveles
que muestran la perfecta sucesión de culturas prehistóricas que en di-
ferentes épocas habitaron en la cueva. La serie de materiales recogidos
en esta excavación están formados principalmente por :
i. — Tierra de superficie, humus vegetal, con hallazgos romanos
de fragmentos de cerámica y tégulas.
2. — Capa estalagmítica esteril.
3. — Nivel de tierra grisácea con cerámica de la Edad de Hierro,
en el que se ha encontrado un bello vaso de fondo plano con decora-
ción y restos de fáuna.
4. — Capa estalagmítica esteril.
5. — Nivel muy rico en cerámica atribuible al bronce. Bolsón de
tierra negra calcinada con un hogar neolítico reciente con restos abun-
dantes de trigo y bellotas y cerámica incisa. También se recogieron dos
fragmentos de brazaletes, uno de jaspe y otro de hueso pulimentado.
Se encontraron en este nivel laminillas de silex con retoques sobre las-
ca y pátina de uso. Estos niveles descansan sobre un fondo de caliza
en descomposición con grandes bloques anegados por numerosos casco-
tes calcáreos de los que no se han encontrado el fin, esperando que por
bajo aparezcan más niveles con industria anterior.
Además en esta cueva se conserva un esqueleto humano que yace
sobre el limo, recubierto por una concreción estalagmítica, apoyado ha-
cia la derecha en posición recogida, cuyo cráneo se conserva en el Mu-
seo Arqueológico desde el año 1938.
Aparecen vasos de cerámica a la almagra con incisiones rellenas de
pasta blanca, colocados estratégicamente en escondrijos de la caverna.
b) — Desde el punto de vista de belleza natural de la cueva, cree-
mos ofrece gran interés turístico. Las diferentes salas cuyos pasos son
difíciles y algunos altamente peligrosos son de una belleza impresionan-
te, cuajados de estalagtitas y una gran abundancia de enormes bloques
192
Los Monumentos de Córdoba 409

rojizos que producen impresionante efecto. Además en el paisaje donde


se encuentra emplazado el pueblo de Zuheros es bellísimo, con un cas-
tillo roquero- que domina una garganta de peñas cortadas a pico por la
que corre el río Bailón.
Hacemos constar que el Dr. Fernández Cruz fue el que se preo-
cupó de velar por la seguridad de la cueva, cerrándola y recogiendo la
cerámica de superficie de la que ha hecho entrega al Museo Arqueoló-
gico de Córdoba ; que esta cueva fué indicada por Góngora en su obra
Antiguedades Prehistóricas de Andalucía, junto con otras cavernas de
la comarca. En abril de 1938 el P. Vallejo, párroco de Zuheros movió
con los Sres. Naranjo, Segovia, Bárcena y Fernández Romero la prime-
ra exploración de la cueva. Posteriormente una expedición organizada
por el P. Peña, de laque formaba parte entre otros D. Jaime Garrido
Moreno, actual alcalde de Cabra, visitó la cueva.
Posteriormente la cueva fue asaltada por los buscadores de tesoros
y recolectores de murcielaguina que revolvieron las secuencias culturales
de la cueva, todo lo cual dificulta el estudio científico de la misma.
Agradecemos al grupo espeleológico del Frente de. Juventudes, la co-
laboración que han sabido prestarnos bajo las órdenes del señor don Juan
Bernier y don Emilio Retamosa, que no han regateado sacrificio en el
trabajo diario de la excavación.
También queremos que conste la ayuda del profesor Cabanás, en el
estudio geológico de la cueva y del facultativo de Minas, don Eusebio
Blázquez, que está levantando el plano topográfico de la cueva.
Nos queda destacar la iniciativa y el apoyo total del Gobernador
Civil de Córdoba, señor Mateu de Ros y del Director General de Bellas
Artes, don Gratiniano Nieto, sin cuya ayuda hubiera sido imposible la
realización de esta empresa.
Este informe sucinto será completado con el estudio científico de
los restos hallados y su publicación en su día.
Bibliografía sobre la cueva de Zuheros. — Exploración de la Gruta
del Murciélago en Zuheros (Córdoba), por Manuel Mata Funes. "Pai-
saje", III, 22, Jaén ; Boletín de la Real Academia de Córdoba, núme-
ro 55, año 190.
Feliz resultado de las excavaciones llevadas a cabo en la cueva de
los Murciélagos, de Zuheros, "Córdoba" del 22 de noviembre de 196z.
Descubrimientos arqueológicos en la Gruta de los Murciélagos, por
Francisco Quesada, "ABC", Sevilla, o de febrero de 1963.

193
410 Los Monumentos de Córdoba

DISPOSICIONES OFICIALES

Decreto de proteccióa a los Castillos españoles. — D. 22 de abril de


1949. (B. O. de 5 de mayo. Col. Leg., p. 284).
Artículo 1.° — Todos los Castillos de España, cualquiera que sea su
estado de ruína, quedan bajo la protección del Estado, que impedirá to-
da intervención que altere su carácter o pueda provocar su derrumba-
miento.
Artículo 2.° — Los Ayuntamientos en cuyo término municipal se
conserven estos edificios, son responsables de todo daño que pudiera so-
brevenirles.
Artículo 3.° — Para atender a la vigilancia y conservación de los
castillos españoles se designará un Arquitecto conservador, con las mis-
mas atribuciones y categoría de los actuales Arquitectos de Zona del
Patrimonio Artístico Nacional.
Artículo 4.° — La Dirección General de Bellas Artes, por medio de
sus organismos técnicos, procederá a redactar un inventario documental
y gráfico, lo más detallado posible, de los Castillos existentes en España.

Cometido de las Comisiones de Monumentos

Contestando a su comunicación en la que en cumplimiento de


acuerdo de esa Comisión Provincial, eleva consulta, sobre si la mis-
ma debe o no ser oída en los expedientes sobre aprobación de pro-
yectos de obras en Monumentos Nacionales, enclavados en esa pro-
vincia, le manifiesto que los citados proyectos son redactados por el
Arquitecto Conservador correspondiente y sobre los mismos infor-
man la Junta Facultativa de Construcciones Civiles, la Comisaría Ge-
neral del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional y en
su caso las Reales Academias, sin que en la legislación que regula es-
te Serviico exista precepto legal alguno, en el que se determine la
Intervención de la Comisión Provincial de Monumentos, lo que no
obsta, para que por esta Dirección General se acojan con todo cari-
ño cuantas sugerencias por la misma se hagan en orden a la mejor
conservación de nuestra riqueza Monumental.
Dios guarde a V. E. muchos años.—Madrid, 23 de Octubre de 1943.
Juan de Contreras.
Excmo. Sr. Presidente de la Comisión Provincial de Monumentos.—
Córdoba".
194
Los Monumentos de Córdoba 411

Conservación de objetos arqueológicos


Resolución de la Dirección General de Bellas Artes por lo que se dan
normas para la conservación de los hallazgos arqueológicos.—En la re-
unión celebrada el 14 de junio de 196o por la Junta Consultiva del Ser-
vicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas se acordó designar una
Comisión para redactar unas normas reguladoras del destino que se
deba dar para su custodia y conservación a cuantos hallazgos arqueo-
lógicos se produzcan, ya como resultado de. cualquier clase de exca-
vaciones oficiales o particulares o por mera casualidad. Mientras ta-
les normas no sean redactadas y promulgadas, parece aconsejable
adoptar algunas medidas provisionales sobre el particular. En su vir-
tud, y de conformidad con el artículo 18 de la Ley de Régimen ju-
rídico de la Administración del Estado, esta Dirección General ha
tenido a bien dictar la siguiente circular : I Los Delegados de Zonas
y los Delegados provinciales del Servicio de Excavaciones Arqueoló-
gicas y todos sus subordinados se abstendrán de establecer convenio
alguno relativo al destino que los materiales arqueológicos hayan de
tener. II. Todos los hallazgos obtenidos como resultado en cualquier
clase de excavaciones futuras, en curso o por mera casualidad, se
depositarán provisionalmente en el Museo Arqueológico más pró-
ximo del Estado o en el Museo Provincial, si lo hubiere, excep-
tuándose sólo los productos de aquellas excavaciones que por con-
cesión especial de esta Dirección General realicen algunos Ayun-
tamientos en su término municipal con el fin de incrementar su
patrimonio arqueológico y artístico.—Lo digo a VV. SS. para su
conocimiento y demás efectos.—Dios guarde a VV. SS. muchos
afios.—Madrid, 14 de junio de 1960.—E1 Director General, A. Ga-
llego Burín.—Sr. jefe de la Sección de Fomento de las Bellas Ar-
tes.—Sres. Delegados de Zona y Delegados Provinciales de Exca-
vaciones."
(Es copia del Boletín Oficial del Estado núm. 185,
de 3 de agosto de 196o).

ACUERDOS DE LA COMIS1ON DE MONUMENTOS


Sesión de 6 de febrero de 1962:
Torre de Pedroche. Se dá cuenta del informe del Arquitecto dio-
cesano, D. Carlos Sáenz Santamaría, que declara mayor peligro en la
nave de la iglesia.
195
412 Los Mónumentos de Córdoba

Reconstrucción de casa lindera con la muralla occidental. Publica-


mos informe más adelante.
Derechos de entrada a la Sinagoga y designación de Conserje para
la misma.
Obras en los molinos del río y sus presas, con oficio de la Aca-
demia de San Fernando.
Obras en la parroquia de San Andrés.
Sesión del 7 de junio de 1962:
Se reeligen cargos directivos.
Casa lindera con la muralla. Se aprueba un anteproyecto.
Zona artística. Se hacen diversas consideraciones y se fija la di-
mensión y características de los patios.
Castillos. Se nombra ponencia que relacione los existentes y sus con-
diciones.
Entrada a la Sinagoga. La dirección de Bellas Artes autoriza una
cuota de cinco pesetas y rendición de cuentas a la superioridad.
Muralla de Palma del Río. Ante disparidad de criterios se solicita
informe del Arquitecto conservador de Zona.
Nueva Ley del Tesoro Artístico. Adhesión a la petición del Alcal-
de de Granada en su solicitud.
Obras en San Andrés e informe sobre presupuesto de reconstruc-
ción de la iglesia de Pedroche.
Se estudió el alcance de vigencia de las Ordenanzas que rigen la
Zona histórico-artística de la ciudad, en vista de la petición de reforma
hecha ante los organismos superiores. El expediente de revisión fue in-
formado por las Reales Academias de Bellas Artes y de la Historia, de
Madrid, pero no se ha dictado la resolución ministerial necesaria, por
lo cual están plenamente vigentes las Ordenanzas aprobadas en el Plan
general de Ordenación de la ciudad de Córdoba por el Ayuntamiento
de Córdoba y el Ministerio de la Vivienda, en 3 de diciembre de 1958.
Se aprobaron los dictámenes dados por la Ponencia permanente de
la Comisión en los expedientes municipales de obras sitas en la Zona ar-
tística, señalando las condiciones que deberían tenerse en cuenta en la
plaza de las- Doblas, calle Hermanos López Diéguez y calle San Pablo.
Se tomaron acuerdos referentes al aparcamiento de vehículos ante
determinados monumentos y plazas.
Se acordó por unanimidad solicitar el traslado del sarcófago romano
que existe en la Ermita de la Ribera al Museo Arqueológico provincial,
dado el continuo estado de lamentable abandono en que se halla dicha
196
414 Los Monumentos de Córdoba

Sesión de 22 de noviembre de 1962:


Se resolvieron primeramente los informes sobre obras incluidas en
la Zona artística, que la Ponencia Permanente pasa al Pleno por su ma-
yor importancia.
Entre ellas es de destacar la llamada Casa de Góngora en la plaza
de la Trinidad, donde murió el ario 1623 el famoso poeta cordobés, y
cuya demolición ha sido solicitada por su avanzado estado de ruina. Ha
sido verdaderamente lamentable que esta casa no haya sido cuidada y
restaurada como merecía su alto valor histórico, a pesar de las constan-
tes incitaciones públicas, si bien hay que tener en cuenta que posible-
mente no es contemporáneo de la época gongorina el aspecto con que
la misma ha llegado a nuestros días. La Comisión acordó, de acuerdo con
lo previsto en las Ordenanzas de la Zona Artística, que el anteproyecto
presentado para su reconstrucción, debe ajustarse lo más posible al estilo
del siglo xvir, con ciertos detalles en portadas y balconajes que acrecen-
tarán aún más su valor arquitectónico. Su dedicación a una institución
de enseñanza permitirá además valorar su filiación gongorina, debiendo
ser conservada la lápida que así lo rememora en su fachda.a
La Ermita de los Mártires en la Ribera fue informada que conviene
confiarla a la Hermandad que la solicite para su cuidado y culto, sacán-
dola dél estado de triste abandono en que se halla, pero no derribando
parte esencial alguna de su construcción, y reconstituyendo el jardín con
su verja que la circunda.
Se acordó felicitar ampliamente al Ayuntamiento por sus trabajos
de excavaciones en el jardín público llamado erróneamente Campo San-
to de los Mártires o antiguo Campillo del Rey, donde se están poniendo
al descubierto barios y estancias del Alcázar de los Califas, de los que
viene dando cuenta la prensa diaria.
También se acordó agradecer al Director General de Bellas Artes
su patronazgo sobre estas excavaciones, así como las consignaciones da-
das a otras, como las tumbas de los Califas, subvencionadas con 25.000
pesetas, que comenzarán en breve ; so.000 pesetas para obras en la Mez-
quita ; 400.000 pesetas para Medina Azahara, y 193.000 pesetas para el
Alcázar de Lucena, así como las 2.5.000 pesetas dedicadas a las excava-
ciones en la Cueva de Zuheros, recientemente realizadas con excelente
resultado arqueológico.
Se expresó el deseo de la Comisión de que la muralla que divide la
ciudad por la calle de la Feria sea descubierta, con lo cual ganaría el
conjunto urbano desde el punto de vista artístico y devolvería a la urbe
198
Los Monumentos de Córdoba 415

todo su rango histórico, acordándose trasladar este deseo al Ayuntamien-


to para que sus técnicos estudien el problema.
El señor Alcalde dió cuenta de sus gestiones en Madrid referente
a cuestiones artísticas, conocidas ya por la prensa diaria y dió cuenta de
haber cedido al patrimonio del Estado el Mimen dorado hallado en finca
de su propiedad particular en término de Fuente Obejuna, cuyo monu-
mento prehistórico podrá ser trasladado a Córdoba y montado en algún
lugar o jardín público de la capital.
Se conoció el criterio del Obispado en cuanto a la interpretación
del artículo 21 del Concordato de 1953, respecto a obras en los tem-
plos y designación de una Comisión mixta de Arte Sagrado, cuyas limi-
taciones señala y queda relegada a la publicación de una reglamentación
que no se ha dado. Expone su deseo de designar un sacerdote dedicado
a los problemas de Arte religioso en la Diócesis.

INFORMES DE LA COMISION DE MONUMENTOS

Informe sobre la Ribera

La Ponencia designada para ilustrar al Pleno de esta Comisión Pro-


vincial de Monumentos, sobre aprobación, o enmienda razonada, en su
caso, del Proyecto presentado para su estudio y consulta, que trata de
la "Ordenación parcial de las márgenes del río Guadalquivir en su tra-
yecto urbano", ha visto con viva satisfacción la iniciativa feliz del Al-
calde y del Ayuntamiento, así como los planes acertados de ejecución
de la misma, que ha formulado, tras de concienzudo estudio, nuestro com-
pañero el Arquitecto señor Rebollo para lograr la incorporación de nues-
tro río a la ciudad, que lo abrazará por ambas orillas, y que ha de ser
una de las obras públicas más trascendentales para Córdoba, de perennes
consecuencias favorables para el tráfico moderno así como de alta re-
percusión en la estética urbana.
Varios aspectos ofrece el problema, de sumo interés dentro de los
fines, que legalmente, está obligada a cumplir nuestra Comisión. Es el
primero de tales aspectos, el necesario, el inaplazable ensanche del Paseo
de la Ribera que corre por la línea Sur del núcleo urbano desde su
ángulo Suroeste al Surdeste. El número crecidísimo de vehículos que
hoy circulan por Córdoba, su peso y sus necesarios aparcamientos, co-
mo el de accidentes y conflictos a que dá lugar la circulación rodada,
más los deterioros del pavimento de la zona artística y la estrechez tí-
199
416 Los Monumentos de Córdoba

pica de sus vías e intervías, piden, a una voz clamorosamente, la mejora


que se prepara.
Parecerá sin duda bien a la Comisión, que, en zona inmediata y

Ermita de los Mártires, en la Ribera.

paralela al cauce del río en la que no hubo ni habrá jamás posibilidad


de levantar otra fila de edificios frontera a la que, de tiempo inmemo-
rial existe, se cuida mucho de la defensa de intereses arqueológicos, his-
tóricos, artísticos y pintorescos, de los que, hay no pocos, respetables,
200
Los Monumentos de Córdoba 417

en la acera que mira al Guadalquivir y que se copia como en un espe-


jo, en sus aguas. En efecto ; desde el nuevo triunfo levantado al Ar-
cángel Custodio en la entrada a Córdoba por los caminos de Málaga

Escalinata al Barrio de los Gitanos.

y Sevilla, hasta la ermita de los Mártires que señala lugares de profunda


veneración, en ese "paseo de ribera", se pueden admirar monumentos
históricos, edificios típicos, hitos tradicionales muy elocuentes, como el
muro posterior y torre del Alcázar de los Reyes Cristianos ; la torre
nombrada, por error de un Cronista, de Guadacabrillas ; la muralla que
va de uno a otro Puente, romano y moderno, muralla cuyas cortinas fue-
ron en su día encajadas entre otras seis torres en línea con la ya nom-
brada; el molino que fue Albolafia en días medioevales y tuvo su noria

201
418 Los Monumentos de Córdoba

o rueda elevadora de las aguas del río ; la espalda de jardines del Semi-
nario de San Pelagio ; la puerta de todos los tiempos, ahora, desde el
reinado de Felipe II, blasonada, rotulada, enriquecida con materia artís-
tica llamada del Puente ; el Caño Quebrado, con su expresiva denomina-
ción ; el enlace, por escalinatas, del barrio recoleto de los gitanos en pla-
no más alto, con el paseo ribereño ; el paraje histórico del Rastro con la
Cruz conmemorativa que vela por su nombre ; el fondo del mesón de
la "Herradura", vestigio del trajín y del viaje en los siglos pasados ; la
rotura producida en el que se llamó de "la Madera" para gozar en la
contemplación del cervantino lugar del Potro ; el descansadero y abre-
vadero que aún habla de los caminos pastoriles, de la Vereda de Mesta
y de la transhumancia, que bordeaba nuestra ciudad ; la vieja iglesia de
San Nicolás del Río o de la Axerquía, enclavada en el barrio antiquísimo
de los Pergamineros y Guadamecileros ; y más moderno, de los Curtido-
res de pieles ; los ejemplares más graciosos de fachadas de viviendas del
siglo xvii, intactas, como las numeradas con el 24 o con el 29 ; las típi-
cas cuestezuelas de descenso al embarcadero ; el Molino de Martos, mues-
tra expresiva de las industrias del río cual la de molturación del trigo ;
el edificio del Peso Harinero, hoy en ruína, en la calle del Viento ahora
llamada de Ronquillo Briceño ; y por fin, de la Ermita de los Mártires,
levantada por el Ayuntamiento hacia 1882, en el lugar donde hoy la
vemos, precisamente para que allí recordara a la posteridad el sitio pre-
ciso en que, en días romanos, murieron sacrificados por la fe, los San-
tos Patronos Acisclo y Victoria y a los que se levantó un Monasterio,
primero poblado por cistercienses y luego por dominicanos, estuvo en
pie largos siglos hasta el decimonónico en que fue demolido por que
interceptaba totalmente el Paseo que ahora va a ser ensanchado.
Esta vía tan frecuentada, tan pintoresca y, tan interesante por mu-
chos motivos, va a cambiar, por pura necesidad, de latitud, más no debe
perder su aspecto peculiar y el carácter que todo paseo de ribera debe
tener. De aquí, que la Comisión, luego de examinar detenidamente los
distintos apartados del proyecto gráfico, aconseja al Pleno, que subor-
dina su aprobación total y definitiva, a la estima de las siguientes su-
gerencias:
A) — Que en el trayecto urbano o sea en la margen derecha, el
máximo de altura de edificios (tres plantas) se limite en los casos posi-
bles, a dos y, si acaso, una tercera de torre cubierta y procurando que
la monotonía de línea superior de las viviendas, se evite por medio de
202
Los Monumentos de Córdoba 419

torretas en esquinas o en el centro de cada fachada, de las que hay


modelo en la casa número 29 de la Ronda de los Mártires.
B) — Que se procure alejar estilos modernos de esta larga fila de
edificios, y aconsejar el empleo de los nuestros, barroco de placa o de

Histórica casa blasonada, en la Ribera.

las demás tendencias arquitectónicas del siglo xviii, o simplemente de


la arquitectura sencilla del siglo pasado con su revoco de cal blanca sin
colorines.
C) — Que al desplazar, para emplazar de nuevo, la Ermita de los
Mártires no se aleje mucho el breve edificio del lugar que ahora ocupa,
ya que, en su elección se tuvieron en cuenta intereses tradicionales y
hasta folklóricos arraigados en la ciudad. Su construcción de cantería
permite el desmontaje por piezas numeradas y su nueva construcción en
línea, que no se aleje demasiado de la actual, corriéndola lo necesario
hacia el cauce del río.
D) — Que se mantenga, retranqueadas, las graderías de acceso al
barrio de los gitanos, como también el descansadero de la antigua Meso,
retranqueando por consiguiente su abrevadero, mejorando su pila y so-
lando de granito su alrededor.
E) — Que, por no merecer el menor interés lo que resta en pie
de la antiquísima iglesia parroquial de la Axerquía, objeto, tantas veces
203
420 Los Monumentos de Córdoba

Típicas c-asas populares en el Paseo de la Ribera.

Plazuela de los Noques, en la Ribera.

204
Los Monumentos de Córdoba 421

de ruína, por las crecidas del río a lo largo de siete siglos, permanezcan
como testigos de su existencia sus dos portadas, restauradas , y traslada-
das a su nueva línea, conservando en sus claves los atributos doctorales
que hoy recuerdan a su segundo titular San Eulogio.
F) — Que igualmente se conserve el paramento que sustituya al en
que hoy está, la lápida que señala la casa en que nació "Sánchez Peña",
filántropo distinguido del siglo pasado. -
G) — Que se mantenga tal cual está, y mejorándola en su estado
de conservación, la fachada simétrica de la casa número 24 de la vía
de que se trata, devolviendo a su planta baja las dos "rejas de piso"
que fueron proscritas hace ciento veinte años y de las que quedan en
nuestra ciudad muy pocos ejemplares.
H) — Que igualmente se mantenga la portada blasonada de la ca-
sa número 29, cuya fachada conserva graciosamente sus rejas voladas y
su "torre de esquina", siendo uno de los pocos ejemplares puros de su
época así como se excite a sus propietarios actuales a conservarla y
restaurarla en su aspecto exterior, advirtiéndoles de su mérito artístico
y de su historia.
Ultimo) — Que la Comisión felicite al Excmo. Ayuntamiento por
la idea de emprender obra pública tan útil y necesaria, así como al ar-
quitecto del ensanche Sr. Rebollo Dicenta, destacado miembro de ella,
por el cuidado puesto en el proyecto para que no se dañen los intereses
que venimos obligados a defender, al realizar mejora tan importante pa-
ra Córdoba y su moderno tráfico rodado motivo fundado de que 'as
ciudades viejas y típicas se vean precisadas a cambiar la latitud de sus
vías principales, como ésta que constituye el límite meridional de nues-
tra ciudad.—Córdoba, 14 de julio de I96o.—Miguel Angel Orti. José
María Rey Díaz.
Informe sobre derribo de muralla en el Paseo de la Victoria.
En el Pleno de la Comisión de Monumentos celebrado el día 8 de
julio de 196 i, se conoció un escrito de don B. L. B., en el cual este
señor formula recurso de reposición ante el Excmo. Ayuntamiento de
Córdoba contra acuerdo de la Comisión Municipal Permanente de fecha
27 de febrero anterior, y cuyo escrito ha de ser informado por una Po-
nencia que aquél Pleno acordó, formada por los Vocales Académicos
don Rafael Castejón y Martínez de Arizala y don Rafael Romero de
Torres y el Arquitecto de la Zona Artística don Félix Hernández Ji-
ménez.
422 Los Monumentos de Córdoba

Don B. L. B. adquirió una casa o solar en la calle Tejón y Marín,


número 28, de esta capital, con ánimo de construir una casa de nueva
planta, a cuyo efecto asegura que antes de la adquisición preguntó a la
oficina Municipal correspondiente si le sería permitida la obra, reci-

Salida al Paseo de la Victoria de la casa núm. 28 de la calle


Tejón y Marín (Madera Baja), con la muralla terriza a medio
demoler.

biendo oficio del Ayuntamiento, fecha 20 de julio de 196o, en el cual


se le señalan las condiciones generales a tener e'n cuenta, por estar st-
tuado en la zona histórico-artística de la ciudad.
El solar o casa de referencia tiene sus espaldas a la Avenida de la
Victoria o del General Primo de Rivera, o más bien al trozo de muralla
que circunda la ciudad en ese sector, debido a lo cual todas las casas de
tal línea, en su descripción notarial y asiento en el Registro de la Pro-
piedad no dice que tienen fachada a este Paseo, sino que especifican que
linda con la muralla.
Ahora bien, perdida la importancia primero militar y después fiscal
de la muralla general de cierre de la ciudad, los propietarios colindantes,
en vista de la dejación de las autoridades en la pasada centuria, fueron
tornando posesión de la muralla y en su correspondiente callejón del
adarve, incorporándolo a su finca, e incluso abriendo un portillo o puer-
ta para servicio del inmueble.
En la última media centuria, y trasformado el Paseo de la Victoria
206
Los Monumentos de Córdoba 423

en principal y bella arteria de la ciudad, las casas cuyas espaldas daban


la muralla de este sector, ya posesionados de la muralla, empezaron a
construir su fachada principal a tal Paseo, desapareciendo ante los ojos
de la generación actual y pasada la muralla de casi todo el lienzo occi-
dental de la ciudad, y abriendo en su lugar fachadas más o menos sun-
tuosas las casas colindantes.
Ha quedado .últimamente un trozo de muralla al Norte de la Puerta
de Almodóvar, por el cual esta Comisión de Monumentos viene vigi-
lando para su conservación, al extremo de que en un trozo de casi 35
metros de longitud al •costado septentrional de mencionada Puerta, fue-
ron abiertos dos portillos, que esta Comisión de Monumentos logró que
se cerraran tras árduas gestiones, por los años 20.
Uno de estos casos es el que ahora se relaciona con la pro-
piedad del señor L. La casa número 28 de Tejón y Marín, antigua
Madera Baja, con espaldas a muralla del Paseo de la Victoria, en la cual
tenía una puerta, -solicita ser derruída para nueva obra, y cuando esta
Comisión de Monumentos observa que el trozo de muralla que le co-
rresponde está siendo derribado apresudamente, con no menor prisa de-
nuncia a la Alcaldía el caso, y consigue orden de suspensión, en el pa-
sado año 196o.
Cuándo esta Comisión de Monumentos, en su Ponencia oficial reci-
be la petición del señor L., se ve en el caso de denegarla, basándose
en que su casa, como todos los aledaños, "linda con la muralla", por la
conservación de la cual, en los escasos restos que perduran en la ciu-
dad, está obligada a velar esta Comisión, y cuya opinión refrenda la
Comisión Municipal en 27 de febrero, declarando que "como la Comi-
sión de Monumentos especifica la tan repetida casa linda con la mura-
lla y por lo tanto ésta no pertenece al inmueble, por lo que el solar
de referencia no se encuentra enclavado en la mencionada Avenida del
General Primo de Rivera, como dice el solicitante, la Comisión Perma-
nente acordó desestimar la petición del señor L. B., y en su conse-
cuencia que no se le renueve la licencia que interesa".
En el recurso de reposición que informamos mantenemos nuestro
punto de vista, pero reconocemos que existe el hecho consumado de
la demolición de muralla hasta su mitad aproximadamente en altura, y
precisa resolVer una situación que ya dura varios meses, y que aparte
los posibles perjuicios que se le pueden acarrear al señor L. en una
demora Continuada, que por nuestra parte deseamos limitar al mínimo,
207
424 Los Monumentos de Córdoba

hay que sentar reglas de carácter general para que se apliquen a este
y casos anólogos.
Efectivamente, a partir de la puerta de Almodóvar hacia su cos-
tado Norte hallamos lo siguiente : Un trozo de muralla, conservada has-
ta la línea de imposta de almenado, de unos 35 metros de longitud
aproximadamente, sin perforación alguna ; otro trozo de muralla de
unos quince metros, ligeramente derruída en su cima para colocarle un
balcón y una azotea, con puerta de salida en su centro ; la casa del se-
ñor L., que tenía la muralla íntegra, ahora derruída en la mitad de su
altura, con unos once metros de longitud, y puerta de salida en el
centro del paño o lienzo de muralla ; otras dos casas también con la
muralla íntegra y puerta de salida cada una en el centro y longitud
de unos treinta metros ambas. En total hay una longitud de muralla de
más de noventa metros, casi íntegra, salvo lo anotado, cuya medida es
largamente aproximada porque ha sido medida con pasos. Más hacia el
Norte siguen alternando casas de fachada moderna, que derruyeron to-
talmente la muralla al ser construídas en fechas relativamente recientes,
con otras cuya estructura y un ligero examen visual demuestra que tie-
nen la muralla más o menos camuflada formando su fachada, hasta lle-
gar a la casa que hace esquina a la llamada Puerta de Hierro, abierta en
el siglo pasado, cuya misma casa de esquina también conserva la mura-
lla algo desfigurada con enlucidos y algún vano alto.
Este análisis somero indica que la muralla subsiste, y que esta Co-
misión de Monumentos no puede dejar perder esos últimos vestigios de
este sector, por cuya conservación hemos de luchar cumpliendo uno de
los fines que específicamente le señalan sus estatutos.
Ahora bien, ni podemos hacer en este caso del señor L. un infor-
me de "cabeza de turco" que perjudicara sus intereses, cuando en otros
casos se ha procedido tan liberalmente, ni esta liberalidad puede ser tan-
ta que dejemos de cumplir nuestros estrictos deberes y abrir una calle-
juela por donde entren todos los demás que se hallan en el mismo caso
y a la espera de una resolución ejemplar.
Otros factores intervienen también en la resolución de este caso,
como en sus análogos. Uno de ellos ; las ordenanzas municipales apli-
cables a la Zona declarada Artística de la ciudad, aprobadas por el
Excmo. Ayuntamiento y el Ministerio de la Vivienda, en 3 de diciem-
bre de 1958, hasta cuya fecha los criterios que servían de base a nues-
tros informes ante el, Ayuntamiento carecían de precisión y sólo se
apoyaban en normas generales de legislación nacional. Otro es el crite-
Los Monumentos de Córdoba 425

rio cada vez más riguroso que en todo el mundo se va imponiendo


respecto a la conservación y restauración de las viejas ciudades histó-
ricas que conduce incluso a restauraciones de monumentos, barriadas,
conjuntos amurallados, etc., que en el pasado siglo fueron derribados en
busca de un pretendido modernismo el cual encuentra hoy su mejor
solución en la construcción de barriadas completamente nuevas y aleja-
das incluso de los viejos sectores urbanos.
Por las consideraciones expuestas, esta Ponencia especial tiene el
honor de elevar al Pleno de la Comisión de Monumentos, para que sir-
van de base al informe que se rinda al Excmo. Ayuntamiento de la
ciudad, las siguientes conclusiones :
I .a — Que se ratifiquen los acuerdos relativos a la conservación de
la muralla en general de cierre de la ciudad, puesto que ni ella ni su
correspondiente callejón de adarve son de propiedad particular, y que
para dicha conservación el Ayuntamiento, con los informes técnicos ne-
cesarios se reserva la facultad, en representación del Estado, y en cola-
boración con los organismos que este tiene creados a tal fin de autori-
zar o no cuantas reformas o alteraciones se pretenda introducir en di-
cho recinto amurallado, considerando como finalidad actual la de res-
taurar dicho recinto como ya se ha hecho en todo el aledaño a la
Puerta de Sevilla.
2.a — Que para hacer compatibles las necesidades modernas con la
anterior finalidad, en algún caso especial se puede autorizar la apertura
de portillos de escape, incluso de grandes puertas si fueren precisas, así
como de ventanas, balcones o ajimeces, siempre que se les dé carácter
de época, como por ejemplo señalamiento de sillares o de cajones de
tapial, según el caso, restauración de almenados, etc., como muy recien-
temente se ha autorizado en el proyecto de calleja que desde la calle
Villaceballos sale a romper la muralla por un nuevo postigo en el lienzo
que corre hasta el Campo de los Santos Mártires.
3.a — Que aplicando éste precepto general al caso del señor L., se
podría autorizar a este señor, tras la declaración fundamental de que la
antigua muralla es propiedad de la ciudad en representación de los or-
ganismos nacionales y por su propia autoridad, a que sobre tal muralla,
como tienen los vecinos colindantes, establezca azotea o balconadas,
siendo la desiderata la restauración íntegra de la muralla, incluso con
su almenado, que siempre ha de ser la mejor balconada.
4.a — Que particularmente aún más este caso del señor L., y para
demostrar mejor la buena voluntad en la resolución del mismo, para
209
426 Los Monumentos de Córdoba

que no sufran sus intereses, no se le obligue a reconstruir la akura de


muralla que ya derribó, con su grosor de dos metros y medio aproxi-
madamente, sino que desde la altura derruída construya muro del gro-
sor corriente de fachada, siempre que la totalidad del lienzo de fachada
aparezca al exterior con sillares reales o simulados ; que de este modo
rehaga el almenado, hasta el cual puede llegar con azotea ; que la puer-
ta actuál de salida se componga arquitectónicamente como puerta con
arco y adintelado ; y que se le autorice igualmente algún que otro vano
en el resto de la fachada, que permita dar luces interiores, pero que por
su estilo y carácter general siempre dé la impresión de hueco abierto
extemporáneamente en la muralla, sin composición general de fachada
moderna.
5.a — Que este criterio se mantenga desde ahora en adelante, y sea
general para todo otro caso análogo, mediante lo cual, al tiempo que
la citidad vieja conserva su fación secular, se atienden las necesidades
funcionales modernas, y su aplicación rigurosa demostrará en todo mo-
mento que sobre la vieja muralla vigila el interés público, ya del Ayun-
tamiento o de la Nación, y que los propietarios colindantes de la mu-
ralla sean considerados legalmente, como en realidad lo son, solamente
usufructuarios de ella, puesto que la propiedad de la misma es un bien
público vigilado y atendido por los organismos públicos competentes y
dicha propiedad pública es siempre imprescriptible, salvo demostración
en contrario.
Cerramos el informe de esta Ponencia en Córdoba, a 3o de agos-
to de 1961.

Ponencia sobre la muralla de Occidente.

En la sesión de la Comisión de Monumentos de 8 de julio de 1961


fue tomado el acuerdo de designar una Ponencia que señalara los secto-
res de muralla dignos de ser conservados en todo el costado occidental
de la ciudad.
Este costado ha sido el más destruido en la última media centuria.
Todavía, a principios de siglo subsistía casi toda la muralla desde el
ángulo Noroeste que recae eobre los llamados Jardines Bajos o de 'la
Agricultura hasta la llamada modernamente Puerta de Hierro, en la ca-
lle Lope de Hoces. Repetimos que los esfuerzos de urbanización han
construido casas modernas con su fachada al Paseo de la Victoria, y ya
no queda. nada de la muralla. Ultimamente subsistía muralla en la casa
210
Los Monumentos de Córdoba 427

número 45 de dicho Paseo, habiéndose hallado mosáicos romanos en el


subsuelo, y en su lugar se está acabando de levantar un inmueble mo-
derno de siete pisos. Nada hay que hacer por ahora en ese trozo.
Desde la llamada Puerta de Hierro hasta la Puerta de Almodóvar

Casa núm. 45 del Paseo de la Victoria en la que ha sido total-


mente demolida en el año ig61 la muralla de tapial.
la muralla subsiste casi íntegra, si bien desfigurada en mucha parte con
apariencia de casas modernas, pero sólo son tales las casas números 49,
55, 57 y 59. En las demás la apariencia de modernidad está lograda
abriendo huecos en la misma muralla, y sólo tienen de época más an-
tigua portillo de salida, sin numeración, porque la fachada principal de
ellas está en la antigua calle de la Madera Baja, hoy de Tejón y Marín.
Este es el caso de la casa número 28 de dicha calle, propiedad de
D. Benigno Lacort, sobre la cual, tras largo examen, esta misma Ponen-
cia emitió informe y la Comisión acordó que la norma a seguir en este
sector debe ser la de conservar o reconstituir la muralla hasta el alme-
nado y permitir la apertura de huecos que hicieran compatible la vivien-
da con el aspecto exterior; y además se consideró que dados los ante-
cedentes legales de esta cuestión, la parte interior de adarve debe ser
siempre considerada como bien público y el propietario como un usu-
fructuario de ella.
Resuelta de esta manera la norma para el sector entre la Puerta de
211
428 Los Monumentos de Córdoba

Hierro y la Puerta de Almodóvar, queda por determinar ahora la regla


a seguir entre ésta y el ángulo Suroeste de ella, pero como este ángulo
es difícilmente precisable, por lo que luego aclararemos, estimamos que
debe limitarse nuestra propuesta al sector entre Puerta de Almodóvar
y Campo de los Mártires.
Aquí quedan trozos íntegros de muralla, como el inmediato a la mis-
ma Puerta de Almodóvar, que en estos días está siendo reparado por el
Servicio de Obras Municipales, y que aquí está formada por un sillarejo
pequeño, probablemente del siglo xv.
En este sector las consideraciones a tener en cuenta son de índole
más precisa. La muralla, más o menos arruinada, subsiste en casi todo el
sector. Los portillos abiertos en ella, seguramente de manera abusiva, son
pequeños, y el adarve subsiste también casi íntegro, elevándose las facha-
das de las casas tras la línea del mismo, y tomando todo ese espacio del
adarve como terraza. Por otra parte, los postigos que decimos se abren
sobre el antepecho o barbacana de la muralla, que aquí tiene todos sus
elementos, o sea, de fuera adentro, el foso con barbacana, el lienzo de
muralla y el callejón de adarve interior.
Proponemos en consecuencia que el Ayuntamiento, a quien las le-
yes generales del ramo tienen confiada la custodia de la muralla, con
todos sus elementos, haga aquí válido este derecho, y, aparte sus propó-
sitos de restauración total de aquella, no permita que se edifique ni so-
bre la línea de muralla ni junto a ella, y que haga respetar el fondo de
tres metros y cuarto que corresponden al adarve interior, en el cual,
considerado igualmente en tenencia usufructuaria, los propietarios o usua-
rios de las viviendas aledañas pueden hacer sus jardincillos o terrazas. De
esto hay ya casos de gran belleza, como el de la casa número 8o de la
calle Judíos, bellísimo ejemplar de casa antigua, cuyo moderno restaura-
dor ha respetado todos los elemtntos de ella, y en la espalda de la casa
que recaee sobre la muralla tiene sobre el adarve un encantador jardincito,
dando con ello voluntariamente un ejemplo que debe ser tomado como
norma para el resto de las casas de tal sector.
Desde esta misma casa se vé cómd todas las inmediatas, a lo largo
de la muralla han respetado el adarve retrayendo todas sus construccio-
nes en un espacio de 3'3o metros próximamente separado de la muralla.
Digamos, por último, que desde el Campo de los Mártires hacia el Sur,
la muralla queda desfigurada entre fachadas de casas modernas hacia el in-
terior, y construcciones adosadas hacia el exterior, ya que ello queda den-
tro del recinto amurallado adicionado en el siglo my al construirse el nue-
212
Los Monumentos de Córdoba 429

yo Alcázar cristiano y formar Alfonso XI el llamado Corral de los Ba-


llesteros hoy recinto de la Torre de Belén. Precisamente la Ponencia
oficial de esta Comisión, que formamos D. Rafael Romero de Torres
y el que suscribe, tienen detenido el informe de una solicitud de obra

Otra vista del derribo anterior.

en la calle de Caballerizas Reales, adosado a ese exterior de muralla, por-


que su concesión implicaría la autorización de tener ya ocupado para
siempre el exterior de la muralla en ese pequeño sector. Esperamos que
algún día el Excmo. Ayuntamiento, al producir la ordenación de ese
zona, determine su criterio. Adelantamos desde ahora nuestro informe
en el sentido de que el exterior de la muralla debe ser exonerado de
toda construcción, y aún apuntamos la desiderata de que todo el dicho
Corral de Ballesteros o recinto de la Torre de Belén sea un día conver-
tido en jardines y demolidas las pobres viviendas de vecinos a base de
grandes patios que hoy lo llenan. Pasada la calle de Caballerizas Reales,
la muralla sigue formando la divisoria entre el cuartel de ese nombre
que ocupa el Depósito de Sementales y los jardines del Alcázar nuevo,
y dentro de estos desaparecen sus vestigios. Sería precisa una búsqueda
arqueológica para determinar el punto exacto en que la vieja muralla de
213
430 Los Monumentos de Córdoba

la Medina formaba su ángulo Suroeste, con un hermoso torreón que se


llamaba Borj-es-sebáa o Torre del León, para doblar formando ya el
lienzo meridional de la muralla, paralelo al río, que en este sector debió
ser enteramente demolido al construir Alfonso XI en el siglo xiv este
Alcázar nuevo, ya que hizo otro recinto más exterior, pisando el mismo
ríosobre la Albolafia. Vestigios leves de tal muralla destruida son los
que se ven en el subsuelo del hoy llamado patio morisco de este Alcá-
zar, que se construyó como montado a caballo sobre la vieja muralla,
también reconocibles bajo el pavimento de la Bajada del Alcázar, y so-
bre los cuales está construida toda la fachada meridional del Seminario
de San Pelagio. Pero esto son ya datos arqueológicos que los citamos a
título de curiosidad más que de información.
Es lo que sometemos al Pleno para su conocimiento y aprobación
en su caso, e informe posterior al Excmo. Ayuntamiento de la ciudad.
Córdoba, 7 de junio de 1962.—Rafael Castejón.

Informe sobre portillo en la muralla accidental.

La Ponencia oficial de la Comisión de Monumentos tiene el honor


de informar a V. S. I., la solicitud presentada por don Antonio Herrero
Martos, propietario de la casa número 5 (hoy número 3) de la Plaza de
las Bulas de esta capital, pretendiendo abrir un portillo en la muralla
que limita su propiedad por occidente, dando con ello salida secundaria
a unas viviendas que pretende construir en el jardín de dicha casa.
Efectuada visita al inmueble hemos comprobado que este jardín o
huerto semiabandonado está cerrado a occidente no por la misma mu-
ralla, sino por el callejón de adarve que corre en el interior de ella, o
calle de la Muralla como el solicitante dice en su instancia, cuyo calle-
jón a su vez, junto con un pequeño torreón y muralla propiamente dicha
son utilizados por la casa contigua, número 4, quien de esta manera real-
mente intercepta la posible salida del señor Herrero.
Es este tal vez el más claro caso de fincas aledañas a la muralla de
la ciudad que vienen disfrutando los elementos de ésta, por abandono de
la autoridad competente. Y, además, todo este sector, está claramente
comprendido en el acuerdo tomado por el Pleno de esta Comisión de
Monumentos en 7 de junio de este mismo año, tramitado a V. S. I., en
el sentido de que "el Ayuntamiento, a quien las leyes generales del ra-
mo tinen confiada la custodia de la muralla con todos sus elementos
(barbacana exterior, lienzo de muralla y adarve interior), haga válido
20 4
Los Monumentos de Córdoba 431

este derecho, y aparte sus propósitos de restauración total de aquélla,


no permita que se edifique ni sobre la línea de muralla ni junto a ella
en el fondo que corresponda al adarve.
Esta resolución de carácter general es de efectiva aplicación en este
caso, y por consiguiente nos permitimos informas a V. S. I. lo si-
guiente :
1.° — Que sea denegada la petición de don Antonio Herrero Mar-
tos para abrir un portillo en "la calle de la Muralla", hasta que el Ex-
celentísimo Ayuntamiento tome resolución definitiva sobre este sector.
2.° — Que la resolución anunciada del señor Herrero para cons-
truir viviendas en el huerto-jardín que recae a esta calle de la muralla,
cerrado hoy por alta tapia, sea cuidadosamente considerada por cuanto
pudiera destruir una nueva construcción el carácter paisajístico de ese
sector.
3.° — Que con la diligencia necesaria haga efectivo el Excmo. Ayun-
tamiento su derecho sobre todos los elementos de la muralla en este sec-
tor (barbacana, muralla y adarve) evitando que un propietario respe-
tuoso de ella, como el solicitante de este informe, sea suplantado por
un colindante, el de la casa número 4, que no sólo se posesiona del sec-
tor de muralla correspondiente a su finca, sino que se introduce por la
espalda del vecino y se posesiona también del trozo de muralla corres-
pondiente a éste.
Lo que tenemos el honor de informar a V. S., cuya vida guarde
Dios muchos años, en Córdoba, a i i de agosto de i96z.—Rafael Cas-
tejón. Rafael Romero de Torres".

El torito de Santae-
lla, hallado en 1957
en el cortijo «Saor
nil», término de
Puente Genil (Cór-
doba) hoy en el Mu-
seo Arqueológico.-

215
Derribos en el Paseo de la Victoria
BIBLIOGRAFIA
Historia de América. Tomos V y VI del Manual de Historia Universal,
Espasa Calpe, por Francisco Morales Padrón. — No es cosa fácil
para el estudioso, o para el simplemente aficionado a los temas ame-
ricanistas, encontrar, sistemáticamente reunidos en un manual, los
conocimientos fundamentales y sobre todo puestos al día, de este
cada vez más atrayente aspecto, de la historia de la humanidad. No
es que falten obras, en las que se agrupe un caudal más o menos
completo de datos, fechas y notas, ya que obras de esta clase, las
hay en abundancia, dado que, la bibliografía relacionada con los te-
mas de historia americana es abrumadora, sino que no se ha publi-
cado hasta el día, de una manera asequible al gran público, una obra
en la que se recoja la vida en el continente americano, desde los tiem-
pos de la aparición del hombre en su suelo hasta los más recientes
acontecimientos de tan profunda influencia en el mundo actual.
El Doctor D. Francisco Morales Padrón, Catedrático de Historia de
los descubrimientos Geográficos en la Facultad de Letras de la Uni-
versidad de Sevilla, colabora en la "Historia Universal", de la Edi-
torial Espasa Calpe, con dos amplios volúmenes en los que se estu-
dian como decimos, desde la primera etapa de la vida humana en
el Nuevo Mundo, hasta concluir en la narración de los últimos he-
chos de resonancia en la vida política y cultural de aquel continente.
No ha omitido esfuerzo el Doctor Morales, para que su obra respon-
da a las más exigentes necesidades del estudioso; desde el contenido
del texto en el que se recogen las últimas aportaciones de la inves-
tigación y de la crítica a los más diversos problemas de la historia
americana, hasta la bibliografía exhaustiva y rigurosamente al día,
como corresponde a tan exigente conocedor de la materia como es
el autor; lo que unido, a una utilísima aportación gráfica de mapas
y grabados escrupulosamente seleccionados, hace que esta obra sea
elemento indispensable de trabajo para todo profesional o aficionado
a los estudios en que tan notoriamente destaca el ilustre catedrático.
217
434 Bibliografía

Con amena forma literaria, pero sin concesión alguna a retoricismos


que nos distraigan del interés científico de la obra, el Doctor Mora-
les, nos va introduciendo en el conocimiento del mundo americano
cuyo estudio divide en dos partes correspondientes respectivamente
a los tomos en que distribuye su estudio. En el primero divide su na-
rración en cuatro épocas estudiando la historia de América, primero
como un mundo presentido; segundo, como un mundo que se descri-
be; tercero, como un mundo que se expresa, y cuarto, como un mun-
do que se insinúa. La primera época abarca el estudio de la cultura
prehistórica, describiendo su proceso de norte a sur, tal como fue el
avance de la raza humana en el mundo americano; en la segunda,
estudia el descubrimiento colombino y las entradas de los hispanos
y no hispanos, en las tierras recien descubiertas, adoptando el nom-
bre de "viajes andaluces" para los que tradicionalmente se vienen
conociendo con el nombre de "viajes menores" ya que esta última
denominación implica un límite en la amplitud de estas expedicio-
nes, límite que en modo alguno tuvieron, puesto que algunos de ellos
fueron amplios periplos de enorme extensión por los nuevos mares
y tierras, tales como los de Ojeda, La Cosa, Alonso Niño, Pinzón,
Lepe, Bastidas y otros.
La expresión e insinuación del mundo americano, las expone el autor
en la tercera y cuarta parte, como decimos, del primer volumen. Un
mundo que se expresa es para el profesor Morales, el mundo ameri-
cano, al adoptar las normas de vida que le imponían las naciones
colonizadoras, abarcando este concepto para la América Hispana, des-
de el momento en que las Indias se incorporan a la corona de Cas-
tilla. El mundo que se insinúa es América cuando las corrientes de
la Ilustración van moldeando los primeros aspectos de la personali-
dad de aquellos países y dibujando los perfiles que posteriormente
han de acentuarse en el trance inevitable y glorioso de la indepen-
dencia.
El tomo segundo se dedica a estudiar las épocas de la revolución y
autonomía de las naciones americanas, tanto del norte como del sur
y relata el proceso, no sólo de la emancipación propiamente dicha, si-
no de su formación estatal, estudiando los aspectos de la consolida-
ción política y cultural en los países que recibieron de la vieja Euro-
pa los fundamentos y bases de su carácter nacional. De dos partes
consta este segundo tomo, que abarca 727 apretadas páginas; la pri-
218
Bibliografía 435

mera se titula "Revoluciones y guerras: un Mundo independiente"


y la segunda "Mayoría de edad: el Mundo republicano".
Los períodos revolucionarios, con presentar en todos los países ame-
ricanos aspectos comunes: reacción antiespañola, política romántica,
persecución religiosa, etc., encuentran en esta parte de la obra que
comentamos, adecuada expresión de las características propias que
los distinguen y tipifican en cada una de estas naciones. Muy pare-
cida es en muchos aspectos la personalidad de los dirigentes y cau-
dillos americanos, sin embargo, en la obra de Morales Padrón, cada
uno de ellos se nos presenta delineado con trazos certeros, que nos
son muy útiles para identificar su carácter y para comprender su
obra social y política; son pues sugestivas e interesantes, las sem-
blanzas de Porfirio Díaz y García Moreno entre otros.
La actualidad de la obra es tal, que, noticias que hemos conocido
en recientes informaciones de prensa y que son por lo tanto del día,
aparecen ya hechas historia; así los últimos acontecimientos del Bra-
sil, con el suicidio de Vargas, los de Cuba y los de Argentina o
Santo Domingo dejan de ser noticia para convertirse en noción clara
y precisa de historia contemporánea.
Ningún aspecto de la historia de América, deja de tocar con su
proverbial competencia el Doctor Morales, que resuelve diestramen-
te, el problema de compendiar en el aspecto de dos volúmenes, el
enorme caudal de conocimientos rigurosamente actualizados, que po-
see sobre la materia; condensación que consideramos esencialmente
difícil, en los capítulos que dedica al estudio de las primitivas cultu-
ras precolombinas, o al de las instituciones en el Siglo de Oro de
nuestro imperio, o en el siglo XVIII. Otro aspecto singularmente es-
timable en la obra que tratamos es su dedicación, no sólo al estudio
de la proyección de España en América, de lo cual es este trabajo
un magnífico exponente, sino de la presencia en el Nuevo Mundo de
los pueblos portugués y anglosajón y la aportación de sus esfuerzos
al resultante común de la cultura americana actual.
El profesor Morales Padrón que con vocación ejemplar, ha dedicado
sus afanes a los temas americanistas, no sorprende ciertamente con
la calidad y profundidad de esta obra, a quienes ya conocemos sus
anteriores publicaciones, como "Jamáica Española", o la "Fisonomía
de la conquista indiana", o sus numerosos artículos en las revistas de
la especialidad, sobre todo en el Anuario de Estudios Americanos,
cuya sección de Historiografía y Bibliografía dirige.
219
436 Bibliografía

Es de esperar que el éxito que la obra que comentamos, ha de tener


y de hecho ya tiene, entre los interesados por los estudios america-
nistas, sea un incentivo más que obligue al Doctor Morales Padrón
a proseguir sus interesantes trabajos en los que su probada compe-
tencia y su juventud, nos auguran frutos tan logrados como el pre-
sente. — José M.a Ortiz Juárez.

Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá.


(1536-1539). Juan Friede. Según documentos del Archivo General de
Indias, Sevilla. Revelaciones y rectificaciones. Publicación del Banco
de la República conmemorativa del Sesquicentenario de la Indepen-
dencia nacional. Bogotá. 1960. Interesante obra en la que se recojen
los datos de D. José de la Torre, sobre la naturaleza cordobesa de
Jiménez de Quesada.

Gonzalo Jiménez de Quesada a través de documentos históricos. Juan


Friede. Estudios biográficos, tomo I. 1509-1550. Bogotá, 1960.

La Arquitectura española en sus Monumentos desaparecidos. Juan An-


tonio Gaya Nuño. Es un triste índice de la incuria e incumplimiento
de la legislación protectora, al que avaloran grabados. De Córdoba se-
ñala la Albolafia (que sigue considerando equivocadamente como res-
tos de un palacio almohade sobre el río), las ruínas de Alamiria, el
convento de las Dueñas, la casa del Gran Capitán, las puertas del
recinto amurallado de la ciudad, la casa de la Encomienda de Cala-
trava, y el convento de los Mártires en la Ribera.

Características del estilo de Góngora. Juan Antonio Tamayo. Tres fo-


lletos. Cursos de conferencias para preuniversitarios. 1960-61.

La colonización de Sierra Morena por Carlos III. Luis Mapelli López.


Conferencia pronunciada por el Académico de la Real de Ciencias,
Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Gráficas Ariza. Córdoba.
Ario 1962.

Anales de la Universidad Hispalense. 1960. )0(I. Cinco tomos, el quin-


to informado por la Facultad de Veterinaria de Córdoba.

2'20
Bibliografía 437

Seminario Conciliar de San Pelagio Mártir. Curso Académico de 1961-


1962. Discurso inaugural "Psicología profunda y libertad", por Luis
Chumillas Ruiz, Profesor de Metafísica, Licenciado en Filosofía. Cór-
doba. 1961.

Perspectivas de desarrollo económico de la provincia de Córdoba en


los próximos cinco arios. Consejo Económico Sindical de la provin-
cia de Córdoba. Marzo, 1962.

Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario. Memoria del Cente-


nario. 1853-1953. Córdoba. Hermoso libro con numerosos grabados,
en el que se reseñan la serie de actos-recitales, conferencias, cuadros,
exposiciones, poemas, fiestas de sociedad con las que el Casino-Liceo
conmemoró brillantemente un siglo de próspera existencia.

Obras de Concha Lagos: "Tema fundamental", 1961 (rec. por Mariano


Roldán, "Córdoba", 26 sep. 1961); "Las cuatro esquinas", 1962 (rec.
por Joaquín Caro Romero, "El Correo de Andalucía", 7 abril 1962);
"Canciones desde la barca" (rec. por Joaquín Caro, "El Correo de
Andalucía", 10 agosto 1962); número especial de "Agora" dedicado
a la joven poesía andaluza, (por J. Caro Romero, "El Correo de An-
dalucía", 17 sep. 1961).

A nova poesia espanhola. Jiménez Martos. Prefacio e tradu9ao de Ar-


naldo Saravia. Separata de la Revista portuguesa "Rumo", julio 1962.

Nuevos poetas españoles. Colección Agora. Madrid, 1961.

Nuevas reflexiones sobre las Leyes de Indias.Niceto Alcalá Zamora.


Buenos Aires, 1944; "El pensamiento de "El Quijote" visto por un
abogado", Buenos Aires, 1947; "Esbozo del Derecho Tomista", sep.
de "Revista Jus", México, 1951.

Los judíos en la España moderna y contemporánea. Julio Caro Baroja.


Madrid, 1962. Tres tomos.

Estudios de Literatura Española. Emilio Carilla. Rosario (Argentina),


1958. Serie de trabajos del Profesor de la Universidad de Rosario y
Correspondiente de nuestra Academia, entre los cuales destacamos
221
438 Bibliografía

de mayor interés para nosotros: "Los árabes y la literatura fantás-


tica en España", "Una novela de Don Juan Valera". En este hace un
estudio psico-literario del famoso egabrense, y analiza después su no-
vela "Morsamor", con finos juicios estéticos y psicológicos.

Adarve. — Sección de Literatura y Bellas Artes del Casino de Priego.


Nuestro Director Académico (biografía de D. José L. Gámiz Val-
verde), 7 enero 1962; la Real Academia de Córdoba celebró sesión
pública en nuestra ciudad, 18 febrero 1962.

REVISTAS

Algo sobre Séneca. Ramón Pérez de Ayala, ABC, Sevilla, 1 junio 1962;
"Más sobre Séneca", 30 mayo 1962.

Averróes, filósofo y juez (síntesis crítico-biográfica), por Rafael de Men-


dizábal Allende. "Revista de Legislación y jurisprudencia", abril de
1962. Preciosa monografía que centra el averroismo en la historia y
en la actualidad.

Unknown translations of Maimonide's medical works. M. Beit-Arie,


"Kirjath Sepher", Jerusalem, septiembre, 1963.

Lo mozárabe en la cultura hispano-goda. Hilda Grassotti. Cuadernos de


Historia de España. Buenos Aires, 1961. XXXIII-IX, p. 344.

Los llamados numerales árabes en Occidente. G. Menéndez Pidal. Bole-


tín de la Real Academia de la Historia, pp. 190-192. Madrid, 1958-59.
Hay toda una legión de sabios que vienen historiando los caminos
que la cultura en general ha seguido por el mundo, especialmente en
el difícil tránsito de la Edad Media.
Por trabajos de D. Gonzalo Menéndez Pidal y de otros hemos ido
conociendo cómo se transforma la escritura, y se reforma la con-
fección de libros, de antifonarios, de santorales, con sus ricas encua-
dernaciones.
Sabemos también cómo se hacen los mapas y va avanzando la car-
tografía. San Isidoro en España hace el más viejo con la imagen
plana del orbe, y el cordobés San Eulogio quien hace retoques al ma-
222
Bibliografía 439

pa isidoriano y lo difunde en sus viajes por el norte de España ha-


cia los centros europeos.
Cuando el arte, la pintura, la miniatura, los esmaltes, las joyas, la
arquitectura, la música, siguen el mismo camino, los eruditos de hoy
se hacen siempre la misma pregunta: en este viejísimo desarrollo cul-
tural, qué se debe a los árabes y qué se debe a los andaluces antes
de la llegada del Islam.
Pero hay un detalle muy típico entre otros, cual es el referente al
empleo de los números indios. Sabido es que en la antigüedad clá-
sica no se conoció ni se utilizó el cero en las matemáticas, y que
los guarismos deben su nombre al célebre matemático árabe Al Jua-
rizmí.
Pues bien, entre las novedades técnicas que difunden los mozárabes,
aparece el cero y los demás números que entonces se llamaron in-
dios y se reformaron hacia el siglo XIII desde cuya época se llaman
números árabes.
En un manuscrito que hay en El Escorial, adquirido y completado
por San Eulogio aparecen los más viejos numerales y el más viejo
cero de Occidente.
Si, nos dice Hilda Grassotti en la magnífica revista titulada Cuader-
nos de Historia de España que se publica en Buenos Aires; los nú-
meros árabes con que San Eulogio anotaba sus códices pasaron al
Norte cientos de arios antes que se divulgaran por el resto de la
Cristiandad para hacer posible el moderno cálculo aritmético.—R. C.

V. Don Alonso Fernández de Córdoba, señor de Aguilar, por Juan de Ma-


ta Carriazo. "Paisaje", 119, 1960, Jaén. Copia del Abad de Rute la
biografía del segundo señor de Aguilar. Un alcalde entre los cristia-
nos y los moros en la frontera de Granada.

Chile rinde homenaje en nuestra ciudad al Conde de Superunda y deja


una lápida conmemorativa en 'el Palacio municipal. "Adarve", Prie-
go, 24 junio 1962.

Un cuatrocentista cordobés, por Joaquín Vilaplana. Diario de Córdoba,


2 abril, 1903. Se refiere a Bermejo, 4 abril.

El providencialismo del Inca Garcilaso. Enrique Moreno Báez. "Boletín


de la Universidad Compostelana", 70, Santiago, 1962.
223
440 Bibliografía

En el Centenario de Góngora: poetas cultistas, Pedro de Espinosa, por


Aida F. Frias. "Universidad, 49, Santa Fe, Argentina.

El padre Francisco de Cabrera, S. J. preceptor de la Corte de Módena


de S. A. R. el Príncipe Don Carlos de Borbón de Austria-Este, por
Francisco Barbudo, "Informaciones", edic. Córdoba, 27 febrero, 1962.

Don Francisco de Dueñas el polifacético escritor lucentino del siglo


XVII, por Eugenio Solís. "Córdoba", 1 marzo, 1962.

De Grilo a Zorrilla, pasando por Larra, por Manuel Merino. ABC, Se-
villa, 16 febrero, 1962.

Biografía apasionada del gran poeta de Priego, Don Carlos Valverde


López, por José Luis Gámiz Valverde. "Informaciones", Madrid-
Córdoba, 15 febrero, 1962.

Centenario del nacimiento de don Lorenzo Cano, por José Luis Gámiz.
"Adarve", Priego, 1 julio, 1962.

Dos capítulos de "Le Matin des Magiciens". Gonzalo Castellanos, en


"Revista Nacional de Cultura", Caracas, núm. 148-149, septiembre-
diciembre, 1961, habla de la obra de Louis Pauwels y Jacques Ber-
gier, publicada en París por la Editorial Gallimard. En las páginas
169 y 170 dice: No caeremos en la trampa de las leyendas: Lemuria
o Atlántida. Platón, en el Critias, cantando las maravillas de la ciu-
dad desaparecida u Homero, antes que él, evocando en la Odisea la
fabulosa Scheira, describen quizás Tartessis, la Tarshih bíblica de
Jonás y meta de su viaje. En la desembocadura del Guadalquivir,
Tartesos es la ciudad minera más rica del mundo y representa la
quintaesencia de una civilización. Florece desde hace siglos innume-
rables, depositaria de sabiduría y de secretos enormes. Hacia el año
500 a. C. se desvanece completamente no se sabe cómo ni por qué.
Es posible que Numinor, misterioso centro celta del siglo V antes
de Jesucristo, no sea una leyenda, pero nada sabemos de ella. Las
civilizaciones cuya existencia fue segura en el pasado y que ya han
muerto son tan extrañas como Lemuria. La civilización árabe de Cór-
doba y Granada inventa la ciencia moderna, descubre la investiga-
ción esperimental y sus aplicaciones prácticas, estudia la química e
224
Bibliografía 441

inclusive la propusión a reacción. Manuscritos árabes del siglo doce


nos presentan esquemas para cohetes de bombardeo. Si el imperio
de Almanzor hubiese estado tan avanzado en Biología como en otras
técnicas, si la peste no se hubiese aliado a los españoles para des-
truirle, acaso la revolución industrial hubiese ocurrido en Andalu-
cía en el siglo XV y tal vez el siglo XX sería una era de aventureros
árabes interplanetarios colonizando la Luna, Marte, Venus.
El imperio de Hitler y el imperio de Almanzor, se hunden en el fue-
go y la sangre. Una hermosa mañana de junio de 1940 el cielo de
París se oscurece, el aire se carga de vapores de gasolina y bajo esa
nube inmensa que oscurece los rostros descompuestos por el estu-
por, el pánico, la verguenza, una civilización vacila, millones de se-
res huyen al azar sobre las carreteras ametralladas. Quien haya vi-
vido eso y haya conocido el crepúsculo de los dioses del Tercer
Reich, puede imaginar el fin de Córdoba y Granada y otros millares
de fines del mundo en el curso de los milenios. Fin del mundo para
los Incas, fin del mundo para los Toltecas, fin del mundo para los
Mayas. Toda la historia de la humanidad: un fin sin fin...

Archivum. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de


Oviedo. 1962. C. Sánchez Albornoz: ¿Se peleó en Covadonga? J. M.
Fernández Pajares: La cruz de los Angeles.

Las pinturas rupestres de Covatilla y su antiguo arte abstracto. Esteban


Márquez Triguero. Señala pinturas en un abrigo a 12 kilómetros de
Torrecampo, con representaciones humanas, que parecen represen-
tar el epílogo de una guerra entre tribus, rodeando al jefe en danza
primitiva, y que definen la localidad más occidental de la zona de
Fuencaliente.

El Museo Arqueológico de Córdoba. Interesante información gráfica pu-


blicada en ABC de Sevilla, el 29 de junio de 1962, al día siguiente de
la inauguración oficial de las salas bajas de dicho Museo instalado
en la vieja casa de los Páez de Castillejo.

La sacristía de la Cartuja de Granada y sus autores. R. C. Taylor. "Ar-


chivo Español de Arte", 138, Madrid, 1962.
En este estudio sistemático del buen especialista del barroco anda-
luz, el autor pone en relación la bellísima obra granadina con la
225
942 Bibliografía

escuela cordobesa de Hurtado. Destaca todas las obras que por la


comarca cordobesa se deben a esta escuela, muchos de cuyos nom-
bres se empiezan a conocer ahora, entre ellos el de Pedrajas, que
acaso fuera también el autor de la portada de San Hipólito en Cór-
doba. Los dibujos y fotos son de la maestría a que nos tiene acos-
tumbrados el autor.

Madrider Mitteilungen: 1961-1962: Trabajos del Instituto Arqueológico


Alemán en Madrid: E. Kuhnel, Antiguedad y Oriente como fuentes
del arte hispano-islámico; F. Hernández, El valor de la vara (Elle)
en la historiografía sobre la mezquita principal de Córdoba.

Indice de los documentos del Archivo municipal de Ciudad Real (1255 -

1899). Isabel Pérez Varela. Publicaciones del Instituto de Estudios


Manchegos. Ciudad Real, 1962.

Anales de la Universidad Hispalense, XXIII, 1962, V. Rafael Martín Rol-


dán. Concepto, método y fuentes de la Anatomía y Embriología Ve-
terinaria; Gaspar Gómez Cárdenas, Patología Zootécnica; R. Martín
Roldán, Estudio anatómico y taxonómico de los restos óseos pro-
cedentes de las excavaciones realizadas en el poblado bajo del Ce-
rro El Carambolo, Sevilla; Rodrigo Pozo Lora, Factores que alteran
la calidad bromatológica de los huevos; Actividades de la Facultad
de Veterinaria de Córdoba durante el curso 1960-61; Publicaciones.

226
Crónica Académica

—E1 13 de enero se leyó comunicación de D. Rafael Fuentes Guerra,


sobre La Cerámica en el Instituto de Valencia de Don Juan. .
—Las sesiones del 20 y 27 se dedicaron a la lectura y corrección defi-
nitivas de los Estatutos y Reglamento de la Academia, que fueron
aprobados por ésta, y remitidos los primeros al Ministerio de Educa-
ción Nacional, para su aprobación oficial, que tuvo efecto por Orden
Ministerial de o de julio, publicada en el "Boletín Oficial del Minis-
terio" de 16 de agosto.
—El 3 de febrero de 1962 celebró la Academia sesión extraordinaria pa-
ra conocer el hallazgo de La ballena de Montilla, con intervenciones
de los profesores D. Rafael Cabanás, que habló del yacimiento fosilí-
fero, D. Rafael Martín sobre los restos fósiles y D. Diego Jordano
sobre la identificación zoológica, auxiliados con proyecciones.
—El o de febrero D. José María Ortiz Juárez conferenció sobre Amé-
rica en la Catedral de Córdoba.
—El de febrero la Academia celebró sesión extraordinaria en Priego
de Córdoba, para imponer la medalla al Correspondiente D. José Luis
Gámiz Valverde, ilustre orador y literato, director del semanario
"Adarve", que ha recibido un bellísimo ejemplar de medalla, labrada
en los talleres de D. José González del Campo, y adquirida por sus-
cripción pública de su ciudad natal. Asistió el Cuerpo Académico en
casi su totalidad ; la imposición se hizo en la Sala Municipal, entre
elocuentes discursos, y el nuevo académico obsequió a sus colegas y
esposas, así como a lo más distinguido de la ciudad a una comida que
resultó brillantísima por los comensales distinguidos, y el derroche de
gentileza que en ella hubo. Estuvo amenizada por la orquesta Báez.
Los académicos tuvieron ocasión de admirar nuevamente las riquezas
naturales y artísticas de la localidad. La prensa local y comarcana de-
dicó extensa información al acto, que alcanzó gran relieve, por la per-
sonalidad del Sr. Gámiz, quien recibió con este motivo calurosas fe-
licitaciones de muy diversos lugares.
227
444 Crónica Académica

—El i4 de febrero se emitió dictamen solicitado por el Ayuntamiento


sobre restauración de la Albolafia.
—El 17 de febrero leyó D. Rafael Aguilar su trabajo sobre Comedian-
tes que pasaron por Córdoba en la primera mitad del siglo xvit.
—Las sesiones de 3 y io de marzo fueron dedicadas a lectura y co-
mentarios sobre publicaciones históricas referentes a Córdoba, como
"Los Beni Yahuar de Córdoba" y "El poeta y astrólogo Ibn As-Samir
en la corte de Abderrahman II".
—E1 17 explanó comentarios críticos sobre La exposición del pintor se-
villano Francisco Mateos, el profesor y académico D. Dionisio Ortiz
Juárez.
—Los días 31 de marzo y 3 de abril dió sendas conferencias el profe-
sor D. Rafael Martín Roldán, sobre Embriogénesis en mamíferos, y
Génesis de los órganos genitales y sus malformaciones, ilustradas con
proyecciones y gráficos.
—Las sesiones de los días 7 y 28 de abril las ocupó D. Miguel Angel
Orti Belmonte, con sus trabajos sobre El Concejo cordobés bajo los
Reyes Católicos, Historia de los Corregidores y La vida en Córdoba
durante los siglos xvi y xvii.
—El 25 de abril explonó una conferencia sobre El derecho agrario y la
reforma del campo andaluz, el Catedrático de Derecho Civil y miem-
bro de la Academia D. Juan Jordano Barea. La prensa la reseñó de
esta manera:
Comenzó el señor Jordano trazando una panorámica general
del nuevo Derecho agrario. En el cuadro de la ética individualista,
propia de la codificación civil del siglo xix, lo que cuenta es la
propiedad de los bienes, no el desarrollo de una actividad. La co-
dificación europea que sigue a la revolución francesa, fijó, en ar-
tículos de ley, la abstracta ideología iluminista: es la codificación
del derecho del individuo. El fundo rústico es solo considerado co-
mo objeto de propiedad : el Derecho agrario se resuelve entonces
en el Derecho civil "clásico", contenido en los Códigos, desarrolla
en el seno del Derecho mercantil : es el concepto que recoge la
revolución económica del siglo xix y el florecimiento de las in-
dustrias en el continente europeo. La actividad desarrollada sobre
el fundo rústico entra en el cuadro de los poderes del propieta-
rio ; la actividad comercial o industrial da vida a la empresa. La
teoría económica, y tras de ella la jurídica, moviéndose a partir
de estas premisas, contrapone la empresa comercial a la explota-
228
Crónica Académica 445

ción agrícola. Pero las premisas ideológicas de la codificación eu-


ropeo post-revoluz.-ionaria, con la rebelión de las masas y el cal-
deamiento de la cuestión social, declinan. El principio que penetra
y rescalda la conciencia jurídica rebasa las posiciones individua-
listas: el Derecho tutelará el ejercicio de la actividad productiva,
no la posesión inerte de los bienes. Cunde entonces el slogan "La
tierra es de quien la trabaja" que, rectamente entendido quiere de-
cir "La tierra pertenece más a su dueño si éste la hace producir
económicamente". En esta perspectiva, el fundo asume el rango de
cosa provista de tipicidad económica y de relevancia social. Los
bienes no se alinean ya en el mismo plano, como objetos de un
abstracto derecho de propiedad ; lo que cuenta no es el "tener"
del individuo, sino el "producir" en beneficio de la comunidad ;
todo bien se coloca en una jerarquía de utilidad económico-social.
El fundo sale del Derecho civil tradicional codificado para inser-
tarse en el centro del Derecho de la empresa rústica : nace así el
nuevo Derecho agrario, que no es más que un Derecho civil re-
mozado, pegado a la tierra de cultivo, el "ius proprium" de la
agricultura. Se ha pasado de un Derecho de la propiedad de la
tierra a un Derecho de la empresa rústica ; del mero ejercicio del
derecho de propiedad fundiaria al "ejercicio de empresa".
Seguidamente, el profesor Jordano puntualiza el "alfabeto ju-
rídico" o dogmática implícita en las normas del nuevo Derecho
agrario, examinando los conceptos clave de finca, fundo, hacienda
o explotación, empresa y empresario agrícola. A su juicio, hay
que vencer la repugnancia de hablar de "empresa rústica", fruto
de un arraigado preconcepto, cuyo origen ya puso de manifiesto.
La empresa agraria no es más que el aspecto subjetivo de acti-
vidad de la explotación rústica, siendo equivalente a organización
de personas y actividad organizada de la hacienda campesina.
Prosiguió su lección el profesor Jordano recordando las di-
rectrices fundamentales de la política del Derecho agrario, en su
doble preocupación económica y social, y analizando las estructu-
ras jurídicas adecuadas a la empresa agraria andaluza. El nuevo De-
recho ha de hacer realidad el ideal de la empresa agrícola, que no
puede ser trazado a priori y con carácter unitario para todos los
ambientes rurales. La empresa de dimensiones familiares óptima y
deseable a condición de que pueda obtenerse de ella un rédito su-
ficiente, no es la panacea en las situaciones ambientales de nuestra
229
446 Crónica Académica

Andalucía. Podrá ciertamente ser la adecuada en determinadas zo-


nas de regadío, siempre que se integre en uniones cooperativas de
cultivo o producción para asegurarle las ventajas de la organización
grande. Pero la empresa de dimensiones suprafamiliares, la gran
empresa agraria, es buena y hasta necesaria en los olivares y en
las campiñas de la Bética por exigencias de la producción econó-
mica y de la racional explotación, siempre que se estructure como
una comunidad de personas, dentro de una concepción humana y
cristiana de la empresa, transida de espíritu cuasi-familiar, con par-
ticipación de los obreros campesinos en los beneficios y hasta en
la propiedad de las mismas explotaciones a través de un procedi-
miento análogo al industrial, creando un accionariado obrero, jurí-
dicamente posible mediante la "propiedad sindical" de los títulos o
mediante su adscripción fundacional a los fines indicados, dada la
mayor movilidad de los trabajadores agrícolas.
Para colmar el divorcio entre los Códigos civiles del pasado
siglo y la nueva realidad social, interviene ahora una legislación
especial de matiz administrativo, vastísima y múltiple, insegura, y
dirigida a resolver situaciones contingentes más que permanentes.
Tal legislación, que se produce y opera ante la indiferencia de los
mismos juristas, da lugar en el ámbito agrario a las sorprendentes
metamorfosis denunciadas por René Savatier, quien prevé que a
este paso la propiedad fundiaria dejará de pertenecer al Derecho
privado y su titular, según la conocida definición de Augusto Com-
te, se transformará en "funcionario" bajo la dependencia de la Ad-
ministración pública o del sindicato profesional. Pero se trata solo
de un grave peligro que amenaza al "ius proprium" de la agri-
cultura. El Derecho agrario normal, que seguirá a esa legislación
de emergencia como ordenador de formas de vida fundamentales
de la persona en su relación con la tierra madre no rebajará ne-
cesariamente la propiedad de ésta a concesión administrativa ni
transformará el deber de cultivo en servicio público. Frente al
método soviético o totalitario hay una "manera dulce" de hacer
la reforma agraria y de encauzarla dentro de un Derecho privado
de la agricultura, tan privado como el Derecho familiar, pese a
ser de orden público ambos. Sepamos escoger los juristas los mé-
todos más persuasivos del Derecho civil, convenientemente remo-
zado, lo que presupone que los hombres sepan hacer un buen uso
de su libertad personal. Como en el mito de Hércules y Anteo
230
Crónica Académica 447

sucederá que, al tocar tierra, el Derecho civil tomará nueva vida.


Al final de la conferencia, el señor Jordano fue muy aplaudi-
do y felicitado.
—El 5 de mayo se hace lectura comentada sobre La biografía de Aben
Firnás.
—El 12 lee D. José Valverde Madrid un documentado estudio sobre
El escultor cordobés Gómez de Sandoval.
—El 17, D. Juan Gómez Crespo habla sobre Menéndez Pelayo en el
cincuenta aniversario de su muerte.
—El 23 de mayo se hizo el tradicional homenaje a Góngora con una
misa en la capilla de San Bartolomé, de la Catedral, donde yace el
insigne poeta.
—El 9 de junio hubo sesión extraordinaria presidida por el Académico
Excmo. Sr. D. Federico Castejón, con intervenciones de diversos aca-
démicos y oradores que hicieron un simposium sobre Concilios Ecu-
ménicos.
Dos partes fundamentales tuvo dicha sesión. La primera dedi-
cada al primer Concilio Ecuménico de la cristiandad, el de Nicea,
presidido por el Obispo de Córdoba, Osio, el ario 325, en el que
se definió la fórmula trinitaria de la fe católica.
Hizo un admirable resumen del valor del Concilio niceano, del
papel de Osio en el mismo, y de la biografía y problemática del
gran Obispo cordobés, el Académico D. Ricardo Molina, en aten-
ción al premio alcanzado por este brillante escritor en el certamen
literario que organizó la Academia con motivo del XVI centena-
rio osiano.
Se abrió intervención pública y tomaron parte en ella el Pa-
dre Molina, S. J., D. Xavier Criado y otros.
Como intermedio, y puesto que se hablaba de Concilios, don
Rafael Castejón recordó en breves palabras los Concilios mozára-
bes celebrados en Córdoba bajo la dominación árabe, entre los
cuales, el más documentado, celebrado el ario 852, para prejuzgar
la conducta de los mártires contemporáneos, no está reconocido
por la Iglesia.
Se habló después del Concilio de Trento, primeramente por el
presbítero D. Manuel González, quien trazó de manera magistral
el objetivo de dicho Concilio, su desarrollo y las normas eclesiás-
ticas que en él se dictaron.
Don José María Ortiz Juárez trató de los cordobeses que asis-
231
448 Crónica Académica

tieron a este Concilio de Trento, en la mitad del siglo xvi, cuyas


biografías trazó con suma erudición. Intervino el Sr. Gómez Cres-
po y otros y fue muy aplaudido.
Con este motivo fue recordado que el Crucificado que presi-
dió las sesiones del Concilio tridentino se guarda en el Convento
de Santa Clara, de Montilla, y sería de gran oportunidad, para
recordar en el venidero Concilio la importancia española en el de
Trento, que se gestionara, con las debidas garantías, que este mis-
mo Crucificado presidiera el actual.
Al final de la interesante sesión, que tuvo lugar en el Círculo
de la Amistad, los académicos se reunieron en el fraternal banque-
te de fin de curso, dedicado este año al último académico ingre-
sado, D. José González del Campo, y al final, los coros del Maes-
tra Medina hicieron gala de sus dotes vocales e instrumentales con
su repertorio de alto folklorismo.
—El 16 de junio una abundante representación académica estuvo en
Villanueva de Córdoba, en el acto de imposición de la Cruz de Al-
fonso X el Sabio a D. Juan Ocaña Torrejón, Correspondiente de
nuestra Academia.
—En el mes de septiembre se celebró en Córdoba el Primer Congreso
Internacional de Estudios Arabes, con destacadas personalidades en ta-
les estudios. En su organización y desarrollo actuó nuestra Academia
de modo principal, tanto con sus componentes, como por el Instituto
de Estudios Califales que funciona en su seno, en cuya revista "Al-
Mulk" se reseñan los actos celebrados.
—El 13 de octubre de 1962 fue inaugurado el curso académico con el
ceremonial de costumbre, en sesión pública celebrada en el salón de
actos de la Diputación Provincial y con asistencia de autoridades ci-
viles y eclesiásticas. Después de la lectura de la Memoria de Secre-
taría por el académico D. Rafael Aguilar Priego, leyó el discurso de
apertura el Iltmo. Sr. D. Narciso Tibau Durán, del Tribunal de 'a
Rota y Académico Numerario, sobre el tema El Código de Derecho
Canónico, los seglares y el Concilio Vaticano II.
—El zo del mismo mes, D. Miguel Angel Orti Belmonte, lee un traba-
jo sobre Pablo de Céspedes.
—El sábado 3 de noviembre se dedicó a la entrega de premios del con-
curso de poesía "Nueva York", fundado por D. Antonio García Co-
pado para premiar con sendas medallas de oro, plata y bronce, a la
mejor poesía de los siguientes temas : "Canto a Córdoba", en roman-
232
Crónica Académica 449

ce, otorgado a D. Angel Murillo Guerrero, de Cabra ; el segundo,


"Homenaje a Julio Romero", otorgado a D. Pedro Martínez Molina,
de Cabra, y el tercero, "Elegia a Manolete", a D. Juan Sánchez Mi-
guel, de Córdoba. Fue concedida mención honorífica a D. Manuel Ma-
ría Sánchez de Rojas, de Córdoba, por su "Canto a Córdoba", en ver-
so libre. El creador del concurso Sr. García Copado recitó al final va-
rias composiciones propias, de mucho estro y con gran maestría de
recitador. El Director de la Academia felicitó a todos los que habían
intervenido en la verdadera fiesta poética celebrada, excitó al iniciador
del certamen a la continuación del mismo en años sucesivos y agrade-
ció su labor discriminativa a los constituyentes del jurado Srta. Luisa
Revuelta y señores D. Juan Soca, D. Ricardo Molina, D. Juan Oca-
ña y D. Antonio García Copado.
—El sábado o de noviembre se celebró en el local social la recepción
del Académico de Número D. Miguel Muñoz Vázquez, cuyo discur-
so versó sobre La Judería de Córdoba, y le contestó el Director don
Rafael Castejón. Este discurso, de gran interés para la hrstoria de la
baja Edad Media en Córdoba, con abundancia de documentación ori-
ginal hallada en los archivos cordobeses, se publicará por la Academia.
—El 17 de noviembre D. Rafael Cabanás Pareja informó ampliamente
sobre el Primer Congreso Nacional de Geología, cuyas principales
tareas detalló, proyectando bellísimas fotografías demostrativas.
—Las dos sesiones siguientes las dedicó la Academia al estudio de la
organización del X/X Centenario de Séneca, que tendrá lugar el año
1965, nombrando una Comisión, señalando los principales puntos a
tratar y sentando las bases de un Congreso científico dedicado al
gran filósofo.
—El de diciembre, D. Juan Bernier Luque dió cuenta de su trabajo
sobre El mapa arqueológico de la provincia, en la que señaló más de
setecientas estaciones, muchas de las cuales tienen sus antecedentes
en las exploraciones de Carbonell y Carandell. También destacó la
labor del Grupo de Espeleología, tan eficaz en la investigación de
la gran riqueza en cuevas de nuestra provincia.
—El 7 de diciembre lee D. Miguel Angel Orti un trabajo titulado Re-
belión en la Alpujarra.
—Cumpliendo el voto mariano de la Academia, D. José María Ortiz
Juárez, diserta sobre Devociones mariaruts en América.
—El 15 se celebró la recepción de D. José María Ortiz Juárez como
Académico Numerario., con la solemnidad acostumbrada. Con asis-
233
450 Crónica Académica

tencia de autoridades y distinguido público, el nuevo académico le-


yó un trabajo sobre Bibliófilos cordobeses, al que contestó el aca-
démico Censor D. José María Rey Díaz.
—El zo se celebra en el Conservatorio de Música el acto organizado
por la Academia para conmemorar el Centenario del gran composi-
tor francés Claudio Debussy, a cargo de la Srta. María Teresa Gar-
cía Moreno, en ambas partes, literaria y musical, acompañando al
piano a la señora Josefina Cubeiro de Salas.
—Nuestro Numerario D. Miguel Angel Orti Belmonte fue premiado
este año por el Colegio de Licenciados y Doctores con el premio
Nacional de dicha entidad dotado con 25.000 pesetas. D. José Val
verde Madrid, Numerario, ingresó' en la Real Academia de Bellas
Artes, ele Sevilla. D. Vicente Florez de Quiñones, realizó brillante
actuación en la Semana Notarial de Sevilla. D. Federico Castejón y
Martínez de Arizala, representa a la Academia en los actos finales del
IV Centenario de Don Luis de Góngora, en Madrid, bajo la presiden-
cia del Ministro de Educación Nacional.

NECROLOGIAS

Don Dionisio Ortiz Rivas. — Falleció el 29 de mayo de 1962. Era Pro-


fesor Mercantil y profesó la docencia en diversos centros de ense-
ñanza oficiales y particulares. Su especialidad fueron las matemáti-
cas y en los primeros números de nuestro Boletín publicó trabajos
de mucha valía. Su dis:urso de ingreso como Numerario en nues-
tra Academia lo leyó el 18 de enero de 1958 y versó sobre "El in-
finito matemático". Era de familia de rancio abolengo cordobés y
formó un hogar virtuoso y digno. A sus hijos D. Dionisio y don
José María Ortiz Juárez, miembros de nuestra Corporación, como
a toda su demás familia, la Academia expresa su honda condolencia.

Don Celestino López Martínez. — El 25 de junio de 1962, tras penoso


padecimiento y a los 75 años, ha entregado su alma a Dios des-
pués de recibir con todo fervor los Santos Sacramentos, el ilustre
investigador don Celestino López Martínez, en Sevilla.
Alejado de la vida activa por su avanzada edad y achaques, había
desarrollado una gran actividad en el campo de la investigación his-
palense. Hasta hace poco estuvo colaborando en nuestro periódico
234
Crónica Académica 451

con documentadísimos trabajos, en general referentes al pasado de


nuestras Cofradías.
Pertenecía al Cuerpo de Estadísticas, y fue delegado provincial de
este Servicio, en cuyo cargo se jubiló.
Estaba en posesión de preciadas condecoraciones.
Sus trabajos, extraídos de la rica cantera del Archivo de Protocolos,
especialmente sobre Valdés Leal, Martínez Montañés, Pedro Rol-
dán, Jerónimo Hernández, Ocampo y otros, han pasado a la pos-
teridad como piezas meritísimas de estudio concienzudo.
Pertenecía a la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, y a la
de Córdoba, y era Correspondiente de otros muchos centros cul-
turales y artísticos de España y el extranjero.

Don José Monge Bernal. — El 15 de septiembre de 1962 falleció en


Sevilla, a los 84 años de edad, este ilustre abogado y notable ora-
dor, que nuestra Academia tuvo en su nómina.

Don José Gascón y Marín. — El famoso jurisconsulto madrileño, ex-


ministro de Justicia, Director de la "Revista de Estudios Locales'',
falleció en Madrid en este ario.

El Doctor Walter S. Cook. — En este mismo año falleció en Nueva


York, en el mes de noviembre, el Doctor Cook, gran amigo de
España, donde pasaba grandes temporadas. Fue el gran especialista
del románico catalán, y por consiguiente, su antecedente el arte ca-
lifal interesaba de modo extraordinario, haciendo numerosas visitas
a Córdoba siguiendo con especial interés las excavaciones de Medi-
na Azahara y todo lo referente al arte califal. En sus últimos años
dedicaba su extraordinaria actividad a la organización de una fun-
dación hispánica que se tituló "The Spanish Institute", dedicada a
fomentar estudios y trabajos en nuestro país con la ayuda norteame-
ricana.

Don Carlos Blanco Soler. — El ilustre médico madrileño, verdadero


creador en España de la geriatria, falleció el 30 de octubre de 1962.
Fue cultivador de diversas ramas humanísticas y gran admirador de
las glorias pretéritas de Córdoba. Una vez más quiso venir entre
235
452 Crónica Académica

nosotros para inaugurar nuestro curso académico, honor que nos


ha sido vedado por la enfermedad que lo ha llevado al sepulcro
a los 68 años de edad.

Don Angel Cruz Rueda. — El ilustre catedrático jaenés, que ha desem-


peñado muchos años la dirección del Instituto Cardenal Cisneros de
Madrid, inició sus relaciones culturales con Córdoba en la cátedra
de Literatura del Instituto. Aguilar y Eslava, de Cabra. Desde en-
tonces le atrajeron los temas cordobeses que cultivaba con especial
deleite, como los de su propia tierra nativa. Nuestra Academia le
había designado correspondiente el año 1927.

P. Raimundo Suárez. — El fallecimiento del ilustre Provincial de la Or-


den Dominica, en Sevilla, condolió también a nuestra Academia,
en la que había pronunciado conferencias en diversas ocasiones y era
miembro correspondiente desde 194o.

Nombramientos

—Numerarios: Don Miguel Muñoz Vázquez, 10 noviembre. Don José Ma-


ría Ortíz Juárez, 15 diciembre.
—Correspondientes en Córdoba: Don José González del Campo, 10 mar-
zo. Señorita Ana María Vicent, Zaragoza, 24 de marzo.
—Correspondientes nacionales: Don Carlos Molina Alvarez, Linares, 10
febrero. Don Juan Manzano y Manzano, 17 mayo. Don José Muñoz
Pérez, Sevilla, 12 mayo.
—Correspondientes extranjeros: Don Miguel Pedro Iglesias de Oliveira,
17 marzo, Lisboa. Don Francisco Campos, 17 marzo, Oporto. Don Ju-
lián Díaz Peñafiel, 12 mayo, Buenos Aires.

V Reunión Hispano-Lusa de Endocrinología.

Del 20 al 23 de mayo, se celebraron sesiones y actos bajo la presi-


dencia del Dr. Julián de Cabo Morales, dedicando la Reunión a la me-
moria del Dr. Marañón. Los temas científicos fueron: "Hiperfuncao su-
pra-renal androgénica", por Dr. Manuel Pinheiro Hargreaves; "Nefropa-
tía diabética", por el Dr. Manuel Díaz Rubio; "Mecanismo de secreción
de la insulina", Dr. José Luis Rodríguez Candela; "Pre-diabetes y gesta-
ción", Dr. José Botella Llusiá; "Complicaciones de la diabetes y modo
236
Crónica Académica 453

de evitarlas", Dr. Carlos Blanco Soler. Hubo además comunicaciones li-


bres, coloquios, discursos oficiales y agasajos característicos.

Círculo de la Amistad

El ciclo de conferencias sobre arte tuvo las siguientes: "Figuras se-


ñeras del barroco cordobés", por Rafael Aguilar Priego; "Las aceñas de
Córdoba en el Guadalquivir", por Miguel Muñoz Vázquez; "La arquitec-
tura del Renacimiento en Córdoba", por Dionisio Ortíz Juárez; "El arte
contemporáneo español y sus orígenes", por don Vicente Ortí Belmonte;
"Síntesis artística de la arquitectura de los templos a través de la His-
toria", por don Víctor Escribano.
En tres días consecutivos desde el 22 de mayo, el padre Cué, S. J.,
conferenció sobre su viaje a Tierra Santa, bajo el título general "Aquí
aterrizó Dios".
El 5 de diciembre, conmemoración del IV Centenario de Lope de
Vega, con una conferencia de don Pedro Palop, titulada "Factor histórico
y humano en el teatro de Lope" y representación de diversas escenas de
obras de Lope de Vega por el cuadro que dirige don Miguel Salcedo. En
igual conmemoración, el 9 de mayo representó el drama "Los Comenda-
dores de Córdoba" la compañía que presenta Angeles Rubio-Argüelles.
El 6 de marzo, Centenario del nacimiento de Rafael Guerra "Gue-
rrita", con notable exposición de recuerdos del torero y su época, con-
ferencia de don Pedro Palop el 15 de marzo y del Conde de Colombí,
el 17.
Conferencia de don Carlos Angulo y Cavada sobre "España y su
conciencia espiritual ante el mundo", el 13 de marzo.
Exposiciones de arte celebra el Círculo en dos salones, Galería Cés-
pedes y Salón Liceo. En ellas expusieron: el 20 de enero grabados de Isa-
bel Pons; el 22, pinturas de Angel Medina; el 2 de febrero, pinturas de
Guillermo Vargas Ruíz; el 26 de febrero, pinturas de Francisco Mateos
y conferencia de don Carlos Arean sobre "Velázquez y la pintura actual";
el 17 de marzo, pinturas de los sevillanos Teresa Duclós, Jaime Burguillos
y Diego Ruíz; el 30 de marzo, pintura y escultura de Rafael Ortí Melén-
dez Valdés; el 6 de abril, pinturas del cordobés Antonio Povedano Ber-
múdez; el 11 de abril, pinturas de Alvaro Delgado de tema cinegético; el
24 de abril, pintura de Rufino Martos Ortíz; el 26 de abril, exposición de
fotografía artística; en abril exposición antológica de Otto Steinert; el 5
de mayo pintura y grabados Norte y Sur, y conferencia de Antonio G.
237
454 Crónica Académica

Pericás "Hacia una localización del realismo"; el 17 de mayo, pinturas


de Zao Wou Ki y de Fausto de Lima; el 6 de octubre pinturas del vene-
ciano Giuseppe Gambino; el 15 de octubre pinturas de la americana Bet-
ty Bernay; el 19 de octubre, pinturas de José Vento; el 6 de noviembre,
pinturas de Gerardo Rueda, de Madrid y Miguel Castro de Arcos de la
Frontera; el 29, pinturas de José Guevara; el 10 de diciembre, pinturas del
arquitecto cordobés, Enrique Tienda; el 5 pinturas del alemán Frank el
Punto. Los catálogos muy lujosos y artísticos.
El Cine Club Liceo, en su salón del Círculo de la Amistad, celebra
periódicamente interesantes sesiones de cine moderno, seguidas de colo-
quio, que dirigen especialistas y críticos. El crítico Julio Diamante dictó
dos conferencias sobre "Tendencias y problemas del cine de hoy".
El 29 de noviembre hubo recital de danza clásica a cargo del ballet
infantil que dirige Maruja Caracuel.

Sociedad de Conciertos de Córdoba

Desfilaron por ella: el bajo Kennett Spencer; el cuarteto Vehg; la or-


questa de cámara de Israel de Ramat Gan; la pianista Rosalyn Tureck;
el quinteto de viento del suroeste de Alemania; el pianista Baemboim;
el crítico musical P. Sopeña; el dúo de guitarra Presti-Lagoya; el cuarteto
de Praga, de cuerda; la pianista Stephanie Cambier; el pianista Philippe
Entremont, y la Agrupación Nacional de Música de Cámara (Antón, Gar-
cía, Meroño, Vivó y Aroca).

El Centro de Humanidades del Colegio Noviciado de San Francisco


de Borja, hizo un homenaje literario a Tagore.

Sala Municipal de Arte

Pinturas del cordobés Aurelio Moreno, el 19 de febrero. Pinturas


de Andrés Cerezo el 12 de marzo. Pinturas de Néstor, el 22. Pinturas
de Palenciano, el 2 de abril. Pinturas de Miguel López Cruz, el 12 de
abril. Pinturas de Dolores Entrena, el 1 de noviembre.

Academia de Ciencias Médicas

El 20 de enero, conferencia del Dr. Antonio Goldó, catedrático de


Pediatria de Granada, sobre "los peligros de la terapéutica por antibió-
238
Crónica Académica 455

ticos en la infancia". El 24 de febrero, el Dr. Enrique Pérez de Castro,


jefe de Urología del Hospital central de Madrid, sobre "Repercusiones
urológicas del carcinoma uterino". El 24 de marzo, el Dr. Julio Peláez
Redondo, catedrático de Patología médica de Granada, sobre "Nuevas
orientaciones en la biología del cáncer".

Centro Provincial coordinador de Bibliotecas

El 19 de diciembre, exposición bibliográfica de obras para bibliote.


cas públicas municipales.

Caja Provincial de Ahorros

Pinturas de María Elena Sarazá, el 20 de mayo.

Conservatorio Profesional de Música y Escuela de Arte Dramático

El 22 de noviembre, actos de festividad y concierto de alumnos. El


27 de octubre primera lección de la catedrática de piano Rosa María Ku-
charsky de Morales.

Teatro de Ensayo "Medea" (Círculo de la Amistad

El 12 de octubre "Teatro de cordobeses", por José María Ortíz Juá-


rez. El 13, "La puesta en escena", por Miguel Salcedo. El 19, "Teatro re-
ligioso moderno", por el P. Salvador Loring. El 20, "Teatro y sociedad",
por Joaquín Martínez Bjorkmann. El 26, "Problemas actuales del teatro
universal", por José Montoto de Flores. El 27 "El teatro amateur", por
David Fernández Cortés. El 2 de noviembre, "Estructura y dinámica del
actor", por Carlos Castilla. El 3 de noviembre, "Evolución y esencia del
teatro", por Josefina Molina Reig. El 12 diciembre "Ejercicio para cinco
dedos", de Peter Shafter, por la misma. El 13 de mayo "Casa de muñe-
cas", de Ibsen. Los días 9 y 10 de diciembre "La cornada", de Alfonso
Sastre.

Seminario de San Pelagio

En la apertura de curso académico, el Dr. L. González Gómez leyó


el discurso inaugural sobre "La angustia de nuestro tiempo".
239
456 Crónica Académica

La Banda Municipal de Música, bajo los auspicios de la Comisión


de Cultura y Arte hizo el 21 de enero un concierto extraordinario, en co-
laboración con la Real Academia de Córdoba, para contribuir al centena-
rio de Don Cipriano Martínez Rúcker, en el que se interpretaron las más
famosas composiciones del ilustre profesor, precedidas de una introduc-
ción oratoria de Don Francisco Melguizo Fernández. La Banda desarro-
lló durante el año su XVI temporada de conciertos en el Círculo de la
Amistad, los domingos, interpretando las obras clásicas de los maestros
más afamados nacionales y extranjeros, bajo la dirección de Don Dama-
so Torres, además de sus conciertos populares.

La Jefatura Provincial del Movimiento, organizó el 18 de enero con-


ferencia del Archiduque Otto de Habsburgo sobre "Perfiles europeos", y
el 2 de marzo de Jesús Fueyo Alvarez sobre "Decadencia de Occidente y
renacimiento de Europa".

El Círculo Balmes organizó un ciclo con Don Félix Moreno de la


Coba, "Reforma agraria y desarrollo económico"; Don Florentino Pérez
Embid, "Explicación de la Monarquía"; Don Gregorio Marañón Moya,
"Decadencia y esperanza en la ONU"; Don Joaquí:n Calvo Sotelo, "Au-
topsia de la República"; Don José María Arauz de Robles, "Las formas
de gobierno"; Don Francisco Sánchez Ventura, "Pasado y presente de
la monarquía tradicional".

En Delegación Provincial Femenina, la directora del Museo Arqueo-


lógico, señorita Ana María Vicent Zaragoza, dió una conferencia sobre
"La Inmaculada en el arte hispano-americano".

El Colegio Mayor Universitario organizó las siguientes conferencias:


"La Universidad y la vida actual", por el catedrático de Veterinaria, don
Gaspar Gómez Cárdenas; ciclo de conferencias sobre "La economía agra-
ria española", por don Manuel Medina Blanco, catedrático de Veterina
ria, don Juan Moreno Gutiérrez, profesor del Seminario; Don Juan Re-
yes Hens, de la Academia Sindical, y Don Manuel González Gisbert, sub-
jefe del Movimiento; "Valor cultural y social del ajedrez", por Don Joa-
quín Martínez Bjorkman; lectura de poemas inéditos, por Mariano Rol-
dán; conferencia sobre novelística, por Don José Julio Perlado; confe-
rencia sobre pintura, por Don Carlos Antonio Aréan; "El concepto de
empresa", por Don Antonio Muñoz Mena; "El universitario visto por los
240
Crónica Académica 457

obreros", por Don Rafael Cerezo Morales; actos literarios, artísticos, de-
portivos, conferencias, pregón, etc. del 1 al 11 de marzo en la festividad
de Santo Tomás; análogos actos dedicados a San Alvaro, en el mes de fe-
brero, patrono de los estudiantes cordobeses.

En el mes de enero hubo una Semana cultural norteamericana con


exposiciones, películas, conferencias, masa coral, etc.

La Alianza francesa presentó al explorador Mr. Liotard en magnífi-


ca conferencia sobre "La Torre Adélie (regiones antártidas)", con valio-
sas proyecciones.

La Academia Británica organizó conferencias con motivo del cente-


nario de Shakespeare, hizo su tradicional curso para extranjeros con gran
brillantez y otros actos culturales.

En la serie de Festivales de España son de recordar los organizados


por el Ayuntamiento de Córdoba, y los de la Sección de Arte de Priego,
así como la serie de conferencias de esta última entidad, de altura cul-
tural y científica.

241
Excursión académica a Bujalance, ante la Ermita de Jesús
Indice del Boletín de la Real Academia de Córdoba
DURANTE EL AÑO 1962

INDICE DE MATERIAS PAGINAS

Don Víctor Escribano Ucelay, retrato biografiado 3


El combate de la Isla Tercera, por Duquesa de Almazán 5
El irlandés Conde de O'Reylli, por Miguel Angel Ortí 15
Comentarios al "Ars predicandi", de Fray Martín de Córdoba,
por Pedro Palop Fuentes ... 31
El escultor cordobés Alonso Gómez de Sandoval, por José Val-
verde Madrid ... 47
Casa del hijo del Rey Don Enrique II, por Miguel Muñoz Vázquez lo()
¿Fue ecijana Beatriz Galindo?, por José Martín Jiménez ... 135
Urbanización de Córdoba medieval, discurso de ingreso, por Don
Víctor Escribano Ucelay 147
Discurso de contestación al anterior, por Don Rafael Castejón Í6Í
Monedas de Obulco, por Manuel Heredia Espinosa ... 171
Ultimos descubrimientos arqueológicos en la provincia de Cór-
doba, por Juan Bernier 2o5
Yacimientos del bronce en la Cueva Negra de Rute 21)6
Confirmación ibérica del Pagus Carbulensis 207
Rica villa romana sin explorar ... 208
Hallazgos eneolíticos e Íberos en Doña Mencía 208
Hoces neolíticas en Priego 209
Asentamientos arqueológicos en los ruedos de Córdoba: Turru-
ñuelos, por Rafael Fernández y González ... 211
Exhumación de la momia de Enrique IV, por Miguel Angel Ortí
221

Casas solariegas de Córdoba. Palacio de los Páez de Castillejo,


por Miguel Muñoz Vázquez ... 247
Autores y comediantes que pasaron por Córdoba en los siglos
XVI y XVII, por Rafael Aguilar Priego 281
Investigaciones prehistóricas, por Juan Bernier Luque. Yacimien-
to paleontológico en Priego 315
Cueva de la Murcielaguina 318
Cueva de los Mármoles en Priego . 32o
Cueva del Cañaveralejo en Adamuz . 322
Sobre las inscripciones de Monte Horquera, por José M. Piñol
331
Un vaso campaniforme funerario en el Museo de Córdoba, por
Edward Sangmeister, trad. Piñol 357
Un fundo romano en Cuevas Bajas, por J. Bernier 371
Expedición arqueológica por el Guadalquivir, por G. E. Bonsor,
rec. y trad. J. Bernier 373
El cuadro de San Eulogio de Agustín Grande en el Seminario de
Córdoba, por J. Valverde Madrid 387
Los Monumentos de Córdoba oficiales ... 405
Obras y excavaciones ... 407
La cueva de Zuheros 408
Disposiciones oficiales ... 410
Comisión de Monumentos en 1962 ... 411
Informes de la Comisión. Paseo de la Ribera 41 5
Derribo de la muralla en Paseo de la Victoria 421
La muralla de Occidente ... 42.6
433
Crónica académica ... 443
Historia de la Casa de Córdoba por el Abad de Rute (paginación
separata desde la 361 a 416)

INDICE NOMINAL

Página Página
- —

Abad de Rute (pág. sep.) 361 a 416 Cabanás Pareja ... ... 443, 449
Aben Firnás 447 Cabrera Francisco de ... ... 440
Aguilar Priego ... z8i, 444, 448 Cano, Lorenzo 440
Agustín Grande ... ... 385 Carilla, Emilio 437
Alcalá Zamora ... • • - 437 Caro Baroja .. 437
Averroes ... ... ... • • - 438 Carrillo, J. ... ... ... ... ... 439
Castejón, Rafael 1 47 , 43 0, 43 1,
Bernier Luque 2o5, 3 1 5, 37 1, 449 449, 449
Ben As Samir ...... 444 Castejón, Federico « - • 447
Beni Yahuar ... .. 444 Castellanos, G. ... 440
Blanco Soler ... . • • • 451 Céspedes, Pablo ... 448
Bonsor ... ... • • • 373 Conde de O' Reylli 15
Página Página

Conde de Superunda 439 Iglesias de Oliveira ••• 452


Cruz Rueda ... 452 Inca Garcilaso • • • 439
Cook, Walter ... 451
Chumillas Ruíz .
437 Jiménez de Quesada.. ... 436
Jiménez Martos ... 437
Debussy • - 45° Jordano Barea, D. ... 443
Díaz Peñafiel .
• •• 452 Jordano Barea, J. ... • • • • • • 444
Dueñas, Francisco de ... ••• 44°
Duquesa de Almazán ••• 5 Kuhnel, E. ... .
••• 442

Enrique II . 109
Lagos, Concha ... ••• 437
Enrique IV 221
López Martínez ... • 450
Escribano Ucelay 3, 147
Espinosa, Pedro de ... .
••• 44°
Maimónides .
438
Manzano Manzano ... 452
Fernández de Córdoba 439 Mapelli López ... .
436
Fernández González ...
y 211
Marañón 245
Friede, Juan ... .
436 Martín de Córdoba ... 31
Fuentes Guerra ... .
443
• ••
Martín Jiménez ... 135

Galindo, Beatriz ... 135 Martín Roldán ... 442, 443, 444
Menéndez Pelayo 447
Gámiz Valverde 438, 44°, 443
Menéndez Pidal, G. .. 438
García Copado ... 448
Molina, Ricardo ... 447
García Moreno ... .
450
Marín ... Monge Bernal ... 451
Gascón y
451
Gaya Nuño Morales Pavón ... 435
436
Gómez Moreno ... Moreno Báez ... 439
245
Gómez Cárdenas 442 Muñoz Pérez, José ... 452
Gómez Crespo ... 447 Muñoz Vázquez 1o9, 2.47, 449, 452
Gómez de Sandoval ... 47
Góngora ..•••• 436, 440, 447 Ocaña Torrejón 148
González del Campo ... 448, 452
Orti, Miguel-Angel 15, 221, 4n,
Grassotti, Hilda ... 438 • • • • ••
444, 448
Grilo ..
• • • • 44° • • • • ••

Ortiz Juárez, José M•a, 436, 443,


Hernán Ruíz 27o 447, 449, 452
Hernández Jiménez ... 442 Ortiz Juárez, D. ... 444
- • • •••

Heredia Espinosa ... 173 Ortiz Rivas, D. ... 45o


Página Págiva

Páez de Castillejo.. ... 247 Séneca... 438


Palop Fuentes... ... 3i Suárez, P. Raimundo... 45 2
Pérez Ayala •• • 43 8
Piñol Aguadé . 331, 357 Tamayo, J. Antonio... ... 436
Pozo Lora... •• • •• • 442 Taylor, Roberto... ... 44 1
Tibau Durán ... ... 148
Quadra Salcedo ,.. • 407
Valera, Juan ... ... ... ... ... 438
Rey Díaz.. ... ... ... . . 42 i , 45o Valverde Madrid ... ... •• • 47, 385
Romero de Torres ... 43 1 Valverde López ... ... ... ... 440
Rueda, Lope de ... ... 282 Vicent, Ana María ... ... 440, 452
Vilaplana Juárez... ... ... ... 439
San Eulogio. 385
Sangmeister.. 357 Zorrilla... •• • 440
Historia de la Casa de Córdoba
Historia de la Casa de Córdoba 397

temporal en servicio dt los Reyes acompañarse con el de la Santidad y


servicio del Rey de los Reyes ; pues sin perder un punto de su buen
ejemplo y caridad, regaló con suntuosidad notable a las Infantas, empe-
ñándose en más de cuarenta mil ducados, con los grandes gastos que hizo
en medio de la descomodidad del invierno. Acabó la jornada y estando
consabido en el Arzobispado de Sevilla se lo llevó Dios a mejor silla día
de la Octava del Corpus Christi, del cual misterio fue sobremanera devo-
to, ario de 1581, ocasionándose su muerte de haber ido descalzo y con
un hábito de su Religión muy roto y sombrero frailesco de la de San
Francisco, en una procesión que hizo por lo más público de la ciudad,
San Pablo y la Compañía, acompañado de solos pobres y niños, con una
cruz delante, que llevaba un capellán suyo cubiertas de un velo negro,
pidiendo con devota plegaria, voces y lágrimas, agua a Nuestro Señor
por abril, respecto de hallarse el campo necesitadísimo de ella. Acabada
la cual mandó dar a cada uno de los pobres que fueron en ella a medio real
y un pan y de las naranjas de su huerta. A diligencia de tanto momento
para suspender la ira de Dios y provocar su misericordia se siguió milagro-
so y nunca raras veces visto efecto, cual fue no verter agua los cielos sino
dar sin ella frutos los campos, y tal que, estando casi perdidos los panes,
cuando se hizo la procesión, acudió la cosecha en término de la ciudad a
casi un tercio más de peso por fanega, y proporcionalmente lo demás. En
qué manifestó Dios cuan gratos le fueron los ruegos de su siervo, cuya al-
ma según se le reveló a una señora monja del convento de Madre de Dios
de Baena, después de solo quince días de Purgatorio, subió a gozar de su
Criador. Quien otras muchas testificaciones quisiere de su santa vida véalas
en la tercera parte de laReligión de Santo Domingo lib. I, cap. 47.

XVI

Don Bernardino de Córdoba. Fue soldado en Italia y casó en ella aun-


que 'el nombre de su mujer no tengo noticia, y del os hijos sólo de Don
Diego de Córdoba, el cual casó con N. y de ellos nacieron Don Bernardi-
no y Doña María de Córdoba, Doña Isabel, Doña Leonor y Doña N. mon-
ja también de la Orden de San Agustín en Antequera. El hijo mayor, Don
Bernardino, casó en Nápoles. Don Martín fue casado, aunque ni del lugar
ni de la persona con quien, no puedo afirmar cosa cierta. Don Luis fue ca-
ballero de la Orden de San Juan y encomendado en ella.
398 Abad de Rute

XVII

Don Luis. Fue religioso profeso de la Orden de Santo Domingo, con


quien tuvieron particular devoción y hermandad (según consta por paten-
tes antiguas de generales de aquella religión) los señores de esta Casa. Vi-
vió casi siempre en Baena con los señores de ella.

XVIII

Don Diego. Fue también religioso de la misma Orden. Murió en edad


temprana ordenado de diácono.

XIX

Doña Leonor de Cristo. Vivió y murió de mucha edad, monja, profe-


sa en el convento de Madre de Dios de Baena, donde fue priora, con opi-
nión de mucha santidad y prudencia no pocos trienios continuados.

LIBRO VI

DE LA CASA DE LOS ALCAÍDES DE LOS DONCELES, SEÑORES DE LUCENA, Es-


PEJO Y CHILLÓN, MARQUESES DE COMARES, DUQUES HOY DE SEGORBE Y CAR-
DONA, MARQUESES DE PALLARS, CONDES DE PRADES Y AMPURIAS.

CAPITULO I

De Diego Fernández de Córdoba, Alcaide de los Donceles, hijo se-


gundo de Fernando Alfonso, Señor de Cañete, Alguacil Mayor de Córdoba.

Fue Diego Fernández de Córdoba, hijo segundo de Fernando Alfonso


de Córdoba, Alguacil mayor de esta ciudad y señor de Cañete, y como a
tal lo nombra en segundo lugar su padre en el testamento otorgado (se-
gún se dijo lib. III) en Córdoba, a cuatro de julio. Era 1383. Establezco
—dice— por mis herederos a Gonsalo Fernández, y a Diego Fernández,
y a Martín Fernández y a Alfonso y a Doña Teresa, y a Juana Fernán-
dez y a Constanza Fernández. Húbolo Fernando Alfonso en su segunda
mujer María Ruiz, y no en Urraca González de Viedma la primera, co-
mo no sé con qué fundamento lo afirma Juan de Carasa Capico en su
Nobilísimo, y Salazar de Mendoza en las Diginidades, lib. 3.°, cap. II,
contra la verdad testificada por varios instrumentos, y en particular por
Historia de la Casa de Córdoba 399

una dotación de ciertos aniversarios q ue hace Gonzalo Fernández, su


hermano mayor, en la Capilla de su padre, construída en la Santa Igle-
sia de Córdoba, de que largamente tratamos en el lugar dicho. Quiso
mucho a Diego Fernández su padre Fernán Alonso, cosa que echa bien
de ver en la mejora que le dejó del tercio y remanente del quinto en
su testamento, en que dice : E mando a mi hijo Diego Fernández la mi
Casa de Bonasurera, con todo cuanto eredamiento yo y he, y compré,
y con todos los ganados que yo y tengo, así ovejas como bueyes, e todo
el pan, e todo lo que yo y he mío en razón de mi Tercio. E porque yo
conmenzare ct hacer la puente de Guadalbarbo que es cerca de la puen-
te de Alcolea por salvamento de mi ánima, mando que acaben la dicha
puente del mi Quinto. E mando que el remanente del mi Quinto que
fincare, que lo metan e lo pongan todo en la labor de Bonasurera, por-
que se defiendan los Cristianos de los enemigos de la Fee, que lo aya
el dicho Diego Fernández mi fijo, e lo ponga en la dicha labor, según
di.,:ho es. Criáronse Diego Fernández y Alonso Fernández, su hermano,
en la Casa del Rey Don Alonso el Once, seminario de hombres vale-
rosos en la disciplina militar. Sirviéronle de Donceles según quieren mu-
chos creo que con razón. Estos donceles que se criaban en Palacio co-
rrespondían a un mixto de menistros y pajes, con tener de ministros
(nombre heredado de la casa de Portugal en cuya lengua quieren decir
niños) el criarse en la Cámara de los reyes, y de pajes (que por ventura
se criaban del modo mismo antiguamente) el ejercitarse en acciones de
Caballería, manejo de armas y uso de ambas sillas, que lo pusieran en
práctica muchos de ellos de edad ya para pelear en servicio y presencia
de sus Príncipes, si a los de esta, como a los de aquella era, fuera nece-
sario salir por su persona a las batallas. Digan lo que quisieran Salazar
de Mendoza en las Dignidades, lib. 3.°, cap. IX, en su argumento no
deshacen la autoridad de los que han escrito, QUe los Donceles eran
Pages, confirmada aunque introducido de todo punto este nombre que
creo fue en tiempo del Rey Don Felipe el Primero, cesó el de Don-
celes, que a lo que siente Cobarrubias en el Tesoro de la Lengua Cas-
tellana, por autoridad de M. Antonio Camoys, se dedujo del latino Ado-
lescens. Pero a mi juicio, del de Domisellas, latino bárbaro, muy parien-
te de domicilio, y que como tal querrá decir el doméstico, o de Casa.
De este nombre usó el Arzobispo de Toledo, refiriendo la desgraciada
muerte del Rey Don Enrique el Primero, lib. IX, cap. IX, y en esta
narración, Don Rodrigo Sancho, lib. 4, cap. 38, y Don Alonso de Car-
tagena, In Anunph, cap. 82 por el cual la General Historia puso el de
Doncel; y con esa misma palabra lo escriben los demás historiadores
400 Abad de Rute

castellanos, y el Concilio Constanciense, donde fue Embajador por el


Rey de Castilla el Alcaide de los Donceles, lo llamó Prefecturn Domi-
cellorum.
De estos Donceles fueron Diego Fernández y Alfonso Fernández,
su hermano, a quien el Rey Don Alonso hizo merced del oficio de Al-
caide de los mismos Donceles, pagado de su mucho valor cuando la
batalla de Tarifa, que así lo dice Rades, y con su autoridad Salazar de
Mendoza citado. Qué oficio sea este y que preminencias tenga, diráse
después en su lugar, si fue primero instituidor de él este valeroso Rey
Don Alonso y el primero en quien se instituyó este Caballero hay duda
no pequeña. Puédese creer por autoridad (aunque negativa) de las His-
torias, haber sido quien instituyó primero esta Alcaidía el Rey Don Alon-
so el Once, con ocasión de la guerra de los moros, al modo que su Re-
bisabuelo Don Fernando el Santo para la conquista de Sevilla crió el
oficio de Almirante, y que el Rey Don Juan el Primero, nieto de Don
Alonso, para la guerra de Portugal, los de Condestable y Mariscal (se-
gún queda dicho) constando por las Historias mismas que, antes de este
Rey, ninguna mención hay de Alcaide de los Donceles, y parece mas
que verosímil que haberlos habido la hubiera, como la hay frecuente,
después. Y confírmase con que las leyes de Partidas, donde hay memoria
de otros cargos y dignidades, como de Merino, Adelantado, Alcaide,
Adalid, etc., ninguna se halla de Alcaide de los Donceles. Con estos
argumentos se persuade a lo propio Salazar de Mendoza en las Digni-
dades, lib. 3.°, cap. IX, y lo sintió así el Doctor Reyes de Castro, libro
r.° de la Nobleza de los Córdobas, cap. XVI. Poca noticia hay de cuan-
do comenzó este oficio, y si fue el primero que le tuvo este Alonso
Fernández, y no mayor del tiempo y ocasiones en que lo ejercitó, pues
todo se reduce a lo que cuenta la Historia del Rey Don Alonso el Once,
cap. z83. El Doctor Reyes de Castro refiere que este Caballero Alonso
Fernández, Alcaide de los Donceles, murió sin sucesión en Córdoba, ha-
biendo en ella otorgado su testamento a doce de julio, Era 1376, y de-
biólo de otorgar muchos años antes de su muerte, pues la ocasión en que
habla de él la sobredicha Historia sucedió cinco años despuése en la
Era 1381.
Por muerte de Alonso Fernández, sucedió en el oficio de Alcaide
de los Donceles Diego Fernández, su hermano mayor, que fue el se-
gundo qu lo tuvo. No puedo afirmar si en el reinado de Don Alonso
o en el de Don Pedro. Pero afirman los Nobiliarios que sirvió a este Rey
en el tal oficio, y se ve así por su Crónica, año 5, cap. 31, y año 17,
cap. 4. Juntamente con el Oficio de Alcaide de los Donceles tuvo el
Historia de la Casa de Córdoba 401

de Alguacil mayor de Córdoba, que había tenido su padre. Consta esto


por algunas escrituras, y especialmente por un mandamiento del Obispo
Don Juan, en que, a petición de la ciudad de Córdoba, manda se en-
treguen a la dicha ciudad las Heredades de Villalobillos y la Bastida,
para labrar de lo que restare la Puente de Guadalbarbo, que mandó
labrar Alfonso Fernández, la fecha del cual mandamiento inserta la pe-
tición es en Córdoba a diecisiete de abril, Era 1421. En el cual dice,
hablando de Alonso Fernández, padre de Diego : E sellando el finado
los sus herederos cuando ficieron partición de los bienes que el dexó,
apartaron para la dicha labor de la dicha Puente una Heredad que lla-
man Villalobillos, e entregaronla Para que la vendiesen e ficiesen la di
cha labor a Diego Fernández su fijo, Alcayde que fue de los Donceles
e Alguacil mayor que fue de esta ciudad. Lo mismo se refiere en la
Cédula Real que tuvo para vincular a Chillón y otros bienes, y en la
Gracia que se le hizo de la Capilla para su entierro en la Santa Iglesia
de Córdoba, con advertencia que en estos dos últimos instrumentos, por
la causa que se dirá después no se le dá título de Alcaide de los Don-
celes, sino sólo de Alguacil mayor de Córdoba, como en otros lugares
la Historia del Rey Don Pedro.
Habiendo siempre seguido Don Diego las partes del Rey Don Pedro
contra su hermano Don Enrique, en fin el ario de su reinado 18, se ene-
jenó de su servicio por las causas que la Historia refiere en este ario,
caps. 25 y 27, y con él toda la ciudad de Córdoba, que tomó la voz del
Rey Don Enrique. Por esta causa el Rey Don Pedro llamando en su
socorro al Rey de Granada al ario siguiente de 1368, se puso sobre Cór-
doba y la ciudad corrió el peligro de ser tomada, que cuenta la Histo-
ria, ario 19, cap. 4. Pero volviendo sobre sí, con el valor de los Caba-
lleros que estaban dentro, en fin, rechazaron a los dos Reyes, cristiano
y moro, y otra segunda vez al moro que volvió después solo y podero-
sísimo. En todo esto tuvo gran parte Diego Fernández, que era uno de
los Caballeros que estaban dentro de la ciudad, según parece de la mis-
ma Historia en el lugar citado. Aunque otro testimonio hay honrosí-
simo de este hecho. Es a saber, la donación que el Cabildo de la Santa
Iglesia de Córdoba le hizo de una Capilla para su entierro y de sus he-
rederos, que por ser notable instrumento se pondrá parte de él a la
letra sacado del original que está en los archivos de la misma Iglesia y
es este su tenor :
"Sepan cuantos esta Carta vieren como nos el Dean y Cabildo de
la Iglesia de la muy noble Ciudad de Córdoba, conociendo cómo
vos Diego Fernández, Alguacil mayor de esta dicha Ciudad por
402 Abad de Rute

nuestro señor el Rey, nos avedes hecho muchos bienes, obras ayun-
tadamente e a cada uno de nos en especial, e otro si, conociendo
como aquellos onde vos venides las ficieron siempre, e ganaron es-
ta ciudad e la dieron en manos de los Cristianos, porque en ella
fuese el nombre de Dios loado, e derramaron por su servicio mu•
cha sangre de sus cuerpos, e como vos con los otros de vuestro
linaje la ayudásteis a defender del poder de los enemigos de la Fee
cuando aquí vinieron con Don Pedro el Tirano, Hereje, por la des-
truir, e matar cuantos aquí estábamos en servicio de Dios, e defen-
dimiento de la Cristiandad e de la Fee Católica, por vengar la cruel-
dad de su falso corazón, e como siempre amaste e honraste la Egle-
sia e quisiste defender e acrecentar la libertad de ella, e teniendo
que lo querrades llevar adelante, e como la Eglesia es honrada siem-
pre e dotada por los enterramientos de los tales como vos. Otor-
gamos e conocemos que por facer gracia e merced a vos el dicho
Diego Fernández damosvos una Capilla dentro del cuerpo de esta
Eglesia para que la cerrares de piedra e de redes de fierro, o de
madera, cual vos más quisieredes, para el vuestro enterramento e
de vusstra mujer, e de vuestros fijos, e de vuestros decendientes de
línea derecha. La cual Capiella vos asignamos en derecho de los
postigos del Coro, desde el relox pequeño que está tras la puerta
que es una de la Capilla de San Miguel, fasta el otro relox, que
está cerca de la otra puerta que es cerca de la Capilla de San Ile-
fonso, toda la una nave llegada a la pared cuanto tiene los dichos
dos reloxes desembargadamente, con los tres mármoles y las dos
lumbres que están en la dicha nave viniendo la red o la pared por
las dichas lumbres e mármoles en tal manera que finque desembar-
gada la nave segunda, que está entre la dicha Capilla e los postigos
del Coro, porque pueda desembargadamente andar la procesión,
cuando salieren del Coro por la dicha segunda nave. E vos que nos
dades de renta e dote para la dicha Capilla perpetuamente para
siempre jamás cada año ochocientos maravedís desta moneda que
es ahora usa, que facen diez dineros el maraví... Prosigue refirien-
do los Aniversarios y fiestas que ha de hacer el Cabildo, y la acep-
tación de Diego Fernández y obligación a pagar los dichos ocho-
cientos maravedís y concluye. Fecha la Carta en Córdoba, diez e
siete días de junio Era de i4o7 años. Testigos que y estaban pre-
sentes, Don Alfonso Fernández de Montemayor, Adelantado ma-
yor de la Frontera, e Gonzalo Fernández, señor de Aguilar e de
Cañete, e Lois Mendez señor del Carpio, e Micer Bartolomé Bo-
Historia de la Casa de Córdoba 403

canegra, Diego Fernández et yo Pedro Roiz, Compañero en la


Eglesia de la muy noble Ciudad de Córdoba, Notario público por
autoridad de Nuestro Señor el Papa, en uno con los dichos tes-
tigos, fuí presente a todo lo sobredicho, et a otorgamiento del di-
cho Diego Fernández, Alguacil mayor, escribí esta carta, e torné-
la en pública forma, e fice en ella mío signo acostumbrado en tes-
timonio de verdad rogado e requerido".
Llamóse entonces esta Capilla del Espíritu Santo, que tal día este
instrumento es la advocación del altar de ella. Dícese hoy de San Lo-
renzo y está en ajeno poder, por donación que de ella hizo Diego Fer-
nández de Córdoba, sexto Alcaide de los Donceles y primer Marqués
de Comares, a su tío Luis de Angulo, Veinticuatro de Córdoba. Tres
arios después de los dichos, en el de Cristo 1372, fue la muerte de Don
Diego Fernández, según consta de un instrumento hecho en Córdoba,
año de 1392, último de noviembre, en que su hijo Martín Fernández
pide se saque traslado autorizado del testamento de su padre, que dice
ser muerto veinte arios había. Habíale otorgado Diego Fernández el
ario anterior al de su muerte, en la misma ciudad, a quince de agosto,
Era de 14.o9, que es año del Señor 1371, por ante Fernán Alvarez, Al-
fon Díaz, Diego López y Antonio Ruiz, Escribanos públicos de ella.
Nómbrase Alguacil mayor de Córdoba, y parece contradecir a lo que
leemos en la Historia del Re. y Don Pedro, ario 19, cap. 4, es a saber :
Que fueron a juntarse con el Rey Don Enrique, a Orgaz, algunos Caba-
lleros, y entre ellos Don Gonzalo Fernández de Córdoba, Alguacil ma-
yor de la ciudad, y esto fue Era de 14.07. Pero si acaso el autor de
aquella Crónica, no habló de Don Gonzalo Fernández, y como le vió
después Alguacil mayor de Córdoba. Debía de serlo entonces por in-
disposición o ausencia de Diego Fernández, su hermano.
Vincula en su testamento, por vía de mejora de tercio y quinto,
en Martín Fernández, su hijo, diez mil maravedís de juro de los vein-
te V. maravedís que el señor Rey Don Enrique Segundo le hizo merced
en la alcabala vieja de las carnicerías de aquella ciudad, con el hereda-
mento, aceñas, viñas, huertos, olivares, alamedas y cañaverales, con todo
lo que le pertenece, que llama de la Alhadra. Y las casas de su morada
a la Collación de San Nicolás de la Villa, con las otras moradas que
compró, que se tienden con ella, y la villa de Chillón con todos sus
términos, montes, ríos, pastos y dehesas, según y como la posee y com-
pró del Conde Don Sancho, hermano del señor Rey, y ruega a Gonzalo
Fernández, su hermano, pida al señor Rey de merced que confirme y
haga mayorazgo al dicho Martín Fernández de la dicha manda. Habíala
404 Abad de Rute

confirmado en cierta manera el Rey en su vida, como consta de un pri-


vilegio de él mismo, librado a instancia de Gonzalo Fernández, que la
alcanzó para Martín Fernández, su sobrino, en el cual, después de lob
preámbulos ordinarios, dice :
Conociendo que Diego Fernández de Córdoba, nuestro Alguacil ma-
yor que es de la dicha Ciudad, nos fizo muchos buenos servicios, ficí-
mosle merced e dímosle en donación por juro de heredad los marave-
dís que montasen el Alcabala viejo de las carnicerías de la dicha Ciu-
dad, para que los hubiese el dicho Diego Fernández e los que de el vi-
niesen, quien el quisiese para siempre jamás, los cuales maravedís con la
villa de Chillón, que hubo comprado de &encia e mandamiento nuestro,
e con nuestra cofirmación e con nuestra ayuda que le dimos para ello,
de Don Sancho nuestro hermano, e con todo el heredamento que dic.:,
de la Alhadra, e con las huertas e olivares que y son según que lo habie
e poseie en la dicha Alhadra, con todas las casas de su morada que el
habie en la dicha Ciudad en la Collación de San Nicolás de la Villa,
mando el dicho Diego Fernández en razón de quinto, e Tercio de todos
sus bienes a Martín Fernández, su fijo varón, el mayor, en tal manera
e con tal condición, que lo nunca pudiese vender ni empeñar ni trocar,
ni enajenar, sino que fuese para el dicho Martín Fernández en su vida
e después que finase para su fijo varón legítimo primero, heredero que
de él descendiese de la línea derecha, según todo esto e más complida-
mento por una nuestra carta firmada de nuestro nombre que en esta
razón la mandamos dar, se contiene, otro si en el testamento suyo del
dicho Diego Fernández que a la sazón de su finamiento dexó e ordenó
en esta razón. E ahora porque Gonzalo Fernández de Córdoba, señor
de Aguilar e nuestro Alguacil mayor de la dicha Ciudad, nos pidió
merced por el dicho Martín Fernández, su sobrino, hijo del dicho Diego
Fernández, su hermano, que lo ficiésemos mayorazgo de todas las di-
chas cosas para que sea siempre junto toda una cosa entera sin parti-
ción e sin partimiento ninguno, para que el dicho Martín Fernández, su
sobrino lo hobiese así enteramente en su vida, e después que finase así
todavía por mayorazgo para siempre jamás, para que lo hobiese su fijo
del dicho Martín Fernández el mayor, legítimo primero heredero que
hobiese, e después para sus descendientes, según que él lo ordenó por
su testamento e en la dicha nuestra carta se contiene. Nos por voluntad
que habernos de facer merced al dicho Gonzalo Fernández por muchos
e muy grandes servicios que nos fizo e face de cada día, e nos fizo eso
mesmo el dicho Diego Fernández su hermano en su vida, e ficieron otro
si los de su linaje al rey Don Alonso, nuestro padre, que Dios perdone
Historia de la Casa de Córdoba 4 05

e a los otros Reyes onde nos venimos. E otro si porque los Mayorazgo
son muy complideros e aprovechosos en nuestro reinos porque por ellos
nos pueden mejor servir que en otra manera, porque aquellos que los
han son por ello más ricos y más honrados, otorgamos el dicho mayo-
razgo de todas las dichas cosas de villa de Chillón e maravedis de alca-
bala vieja de las Carnicerías e heredamento de Alhadra, con huertas e
olivares e de cosas sobredichas, para que vala, etc.
Despachóse este Privilegio en Córdoba a ocho días de abril Era de
4.1 3 arios, que después confirmaron Don Juan el Primero su hijo y Don
Enrique el Tercero, -su nieto.
Fue casado Don Diego Fernández con Doña Inés, (o como la nom-
bran algunas Escrituras, y en especial el mandamiento arriba referido
del Obispo de Córdoba, Don Juan a cerca del edificio de Guadalbar-
bo) Inés Martínez de Pontevedra, hija de Martín Yariez de Sevilla, de
quien heredó el patronimico Martínez, Tesorero mayor y privado del
Rey Don Pedro, según parece de su crónica ario 17 cp. 9, que sin causa
lo privó en fin de la vida, en la ciudad de Sevilla, la mesma Crónica ario
18 cap. 29. Señora dotada no solo de bienes de fortuna y cuerpo, no-
bleza, riquezas y hermosura, pero lo que más es de los del ánimo, va-
lor, prudencia, magnanimidad y Cristiandad, como lo mostró en la gra-
cia que hizo a los Religiosos de San Gerónimo a instancia del Obispo
Don Fernando Rodríguez de Viedma, de una heredad suya, en al pago
de Valdeparaíso en los Alcores de la Sierra de Córdoba, para edificar
el Convento que hoy tiene de su orden, nueva entonces en España, dán-
doles con singular liberalidad opción entre ésta y otras dos de mayor
precio y mejores, que tenía en la campiña, de que se vea Sigüenza, se-
gunda parte, lib. cap. 28. Tuvieron por hijos a

Martín Fernández, sucesor en su Casa y mayorazgo de Chillón y


demás bienes como queda dicho.

Juana Fernández, a quien, en defecto de la sucesión de Martín Fer-


nández, llama como a hija mayor a su mayorazgo Diego Fernández en
su testamento.

Beatriz Fernández, a quien asi mismo, en defecto de sucesión de su


hermano y hermana llama a la de su Casa.
406 Abad de Rute

IV
María, a quien así mismo llama debajo de las mismas condiciones.
Si estas señoras casaron y tuvieron sucesión, o no, por falta de Escri-
turas no me atreveré a afirmarlo ni negarlo, pues (como tantas veces he
dicho), sólo refiero lo que por Escritura, Historias, Memoriales fiidedig-
nos, o Tradición constante he visto comprobado, dejando lugar a que
cada uno pueda con particulares papeles, que no hayan llegado a mi no-
ticia (si bien he procurado hartos) comprobar las descendencias o as-
cendencias, que yo ignorándolas dejare.

CAPITULO II

De Martín Fernández de Córdoba, tercer Alcaide de los


Donceles, señor de Chillón, Espejo y Lucena

Sucedió de poca edad en la Casa de sus padres, Martín Fernández


de Córdoba, alcanzada la confirmación del mayorazgo de ella de la ma-
nera que se ha dicho. Continuóse la merced de Alcaide de los Donceles
que un tiempo fue de su padre, y cuando sus años fueron capaces de
servirle, estando a lo que creo vacío por Juan Martínez de Argote, su
suegro, que murió en Córdoba, año de 1375. Había este caballero, señor
de Lucena y Espejo, tenido el oficio de Alcaide de los Donceles, desde
que lo dejó Diego Fernández de Córdoba, sospecho que por habérsele
dado el de Alguacil mayor de Córdoba, que requería personal asisten-
cia, incompatible con la que pedía el de Alcaide acerca de las personas
reales. Parece ser ésto así por el privilegio de la merced de Lucena que
Don Enrique Segundo hizo a Juan Martínez de Argote, que llama su
Alcaide de los Donceles, despachado en Sevilla, 15 de abril. Era 14°9,
viviendo aún Diego Fernández, que murió después por agosto del mis-
mo año. Y así en su testamento y otras Escrituras vecinas en tiempo de
él, como también en las Historias, no se le dá título de Alcaide de los
Donceles, porque ya lo había de gozar Juan Martínez de Argote. Cuan-
do, o por qué Rey, se hizo la merced a Martín Fernández, no se puede
afirmar precisamente. Si fue consecutivo a la muerte de Juan Martínez
de Argote, sería por el rey Don Enrique, el año diez de su reinado, que
concurre con el de la muerte de su predecesor y suegro. Lo muy cierto
es que siete años después, en el de 1382, que es el cuarto del rey Don
Juan el Primero, hallamos con nombre de Alcaide de los Donceles a
Martín Fernández, en una Escritura otorgada ese año a veintisiete de
Historia de la Casa de Córdoba 407

diciembre, en que confiesa que recibe, con María Alonso, su mujer,


hija de Juan Martínez de Argote, las villas de Lucena y Espejo, etc.
Año 1407. De lo que hizo hasta este ario no ha quedado memoria.
Más en él consta por la Crónica del rey Don Juan Segundo, ario siete
cap. 46, que por mandato del Infante Don Fernando, Gobernador de
Las reinos. corrió con otros caballeros las tierras de Ronda.
Año de 14°8. Estando el rey de Granada sobre Alcaudete, concu-
rrió con el mariscal Diego Fernández, su primo hermano, a la victoria
insigne que se ganó a los moros en el vado de Guadajoz, referida en la
misma Crónica, ario 8 cp. 6o.
Ario 141 o. Se puso el Infante don Fernando sobre Antequera con
la felicidad que dice la Historia, y en esta jornada, al entrar en tierra
de Moros, dió la vanguardia a Martín Fernández, y la misma llevó el
día que se dió la batalla a los enemigos que dicen de la boca del Asno.
Fue a seis de mayo y en ella murieron 15 V. moros, asistió a lo demás
del cerco. La misma Crónica ario o, cap. 91.
Ario 1415. En el modo que la misma Crónica refiere, ario 15, cap.
220, Martín Fernández fue elegido por Embajador para el Concilio de
Constancia. Las palabras de la Crónica son éstas: Fueron a este (Con-
cilio) por embajadores el arzobispo de Sevilla Don Diego de Anaya y
Martín Fernández de Córdoba, Alcaide de los Donceles y ciertos Doc-
tores y Maestros en Teología. Llegados a Constancia y queriendo tomar
el asiento que les era debido en el Concilio, halláronlo ocupado por un
Embajador del Duque de Borgoña, que pretendía con bárbaro fausto,
anteponer a la dignidad real de Castilla y León el título inferior de su
dueño, diciendo debérsele a él la precedencia. Era lugar aquel de razón
y no de fuerza. Usaron de la primera nuestros Embajadores, haciéndole
los requerimientos y protestas en tal caso necesarios, a que se mostró
el Borgoñón tan inmóvil de oidos y ánimo como de cuerpo. Viendo el
Arzobispo, que como e,clesiástico hablaba primero, la obtinación del
adversario, con quien valían tan poco palabras, resuelto en valer a su jus-
ticia con obras, echó mano de él y sacándolo del asiento, le tomó él,
y se sentó, diciendo a Martín Fernández: Yo como clérigo he hecho lo
que debía, vos como caballero haced lo que yo no puedo. Ocupó el asien-
to consecutivo Martín Fernández y el Embajador de Borgoña embaraza-
do con el inopinado sureso, y más con la sin justicia que pretendía, con-
denada por común consentimiento y voz de todos los Padres y Emba-
jadores del Concilio, salió del Cónclave. Procediendo el Concilio en el
negocio principal a que sb había juntado de reunir la Iglesia dividida
en tres que se nombraban, Pontífices eligió uno, que fue Martino V y
408 Abad de Rute

depuso a Benedicto XIII, que no había querido renunciar, después de


haber hecho sus partes cuanto pudo el Arzobispo de Sevilla, que fue
harta parte para deponerle después del Arzobispo, Martino V, aunque
el mismo se lo restituyó a instancia del Rey Don Juan el Segundo. Aca-
bado este y los demás negocios del Concilio, nuestros Embajadores vol-
vieron a España.
Año de 142o. Hallamos a Martín Fernández acompañando al In-
fante de Aragón, después Rey de Navarra, Don Juan, sobre deshacer
el tuerto que los otros Infantes de Aragón, sus hermanos, habían hecho
al Rey Don Juan el Segundo. Su Crónica, año zo caps. 287, 289, 328.
El Rey dándose por servido de ésto, hizo a Martín Fernández de su
Consejo, y otros caballeros juntamente que a la misma función habían
asistido. Año 21 cap. 3 de la Crónica, donde lo llama : Martín Fernán-
dez, Adalid de los Donceles.
Año de 1422. Con otros señores se halló presente al parto de la Rei-
na Doña María, mandándoselo así el Rey, porque como dice la Historia
en este año cap. 55. Esta fue siempre la costumbre en los partos prime-
ros de las Reinas de España. De este parto nació la Infanta Doña Ca-
talina, primogénita del Rey Don Juan el Segundo, en cuyo bautismo
nuestro Alcaide de los Donceles fue uno de los padrinos. La Crónica
en el mismo capítulo.
Año 1431. Acompañó al Condestable Don Alvaro de Luna, y luego
al Rey, en las entradas y sucesos que este año hubo con los moros en
la Vega y a vista de la Ciudad de Granada. La Crónica año 31, cap. 2°4,
208. Iban con el Alcaide en esta jornada sus dos hijos Alonso Hernández
y Diego Hernández de Córdoba. Después de este año, ni en historias
públicas, ni en Escrituras particulares dignas de crédito, he hallado me-
moria de este caballero, ni del lugar o tiempo de su muerte.
Fue casado Martín Fernández, con María Alfonso de Argote, seño-
ra de las villas de Lucena y Espejo, hija de Juan Martínez de Argote,
Alcaide que fue de los Donceles y señor de las villas de Lucena y Es-
pejo, y de María García, su mujer, hija del Maestre de Santiago, Don
Pedro Muñiz de Godoy. Hubo a Lucena Juan Martínez de Argote, por
merced del Rey Don Enrique el Segundo, según consta del título de
ella, despachada en Sevilla, a 15 de abril, Era i4o9, en que dice se la dá
con todos sus términos, pechos y derechos, .justiica Civil y Criminal,
Jurisdicción alta y baja y con todos los términos de ella, y su fortaleza,
pastos, dehesas, etc., y con todas las libertades y franquezas que tuvo
en tiempos del Rey Don Alfonso, su padre, de lo cual le hizo merced
para él y para todos sus sucesores de línea derecha, con tal que la here-
Historia de la Casa de Córdoba 409

de el mayor siempre, exceptuando para sí las minas de oro y plata, e de


otro metal si las hubiere, e los servicios, alcabala e moneda forera e otro
pechos que él manda echar en los sus reinos. Fue Lucena del Obispo y
Cabildo de la Santa Iglesia de Córdoba, por merced que hizo de ella a
la Iglesia de Santa María de aquella ciudad y a Don Lope, su primer
Obispo, Don Fernando el Santo, luego que con las demás villas del rei-
no de Córdoba, ganó aquella de los moros, según consta por el título
de la misma, merced que hoy se conserva en los archivos de la Santa
Iglesia, y su data dice : Facta carta apud Burgos 21 die Julii Era MCC
LXX/X. Esto es : Hecha la carta en Burgos a 21 días de julio Era de
1279, que es año del Señor 1241, y luego dice en Latín estas palabras
que pondremos en castellano : Y yo el sobredicho Rey Fernando, rez-
nando en Castilla, Toledo, León, Galicia y Córdoba, Badajoz y Baeza,
esta carta, que mande hacer, con mi Propia mano la firmo y confirmo.
Y la confirman entre otros: El Infante Don Alonso, hermano del Señor
Rey, Ruy Arias, Ordorio Alvarez, Nuño Fernández Merino mayor en
Galicia.
Era Lucena frontera de Granada y necesitaba para su defensa de
grueso presidio, cuya costa y daños eran mayores que el útil que resul-
taba de ella, de más de que sobre su gobierno había sentimientos a ve-
ces entre Obispo v Cabildo. Estas y otras razones inclinaron los dueños
a tratar de trocarla y así el Obispo Don Juan, tomándola en sí para el
efecto, y dando al Cabildo por la parte que tenía en ella la dezmería
de la Rambla, que antes era de la mesa Obispal, la trocó con expreso
consentimiento del mismo Cabildo con Doña Leonor de Guzmán, Seño-
ra en quien el Rey Don Alonso el Once tuvo muchos hijos, y entre
ellos al rey Don Enrique el Segundo. Las Escrituras del trueco se hi-
cieron con Fernán García de Areilca, tesorero del Rey y despensero
de Doña Leonor, en su nombre y con poder suyo, recibiendo el Obispo
en trueco de la villa de Lucena, la Arruzafa, que la dicha Doña Leonor
tenía en Córdoba, un horno a la collación de San Pedro, cerca del Fon-
sario, una huerta a la puerta de Andújar, unas casas a la collación
Santa María a las Cabezas, unas Aceñas que dicen del Albón a Guadal-
quivir, un pedazo de tierra calma, y olivar cerca de tierra de Pedro Al-
fonso de Haro y allende de las Paredes Gordas, y con todo lo que per-
tenece a la dicha Arrizafa ; según el Privilegio que el Rey dió a la di-
cha Doña Leonor, con la huerta que ella compró de Gil Pérez, Deán
que fue de Córdoba, y el agua que le cumpliera y este trueco lo confir-
mó el Rey Don Alonso el Once por su carta dada en el real sobre Al-
geciras, doce días del mes de agosto Era de MCCC LXXX, y que Doña
410 Abad de Rute

Leonor gozase del señorío de este lugar y del de Cabra. Refiérelo la


Crónica del Rey Don Pedro tratando de la muerte de Don Alonso Fer-
nández Coronel, Señor de Aguilar, año 4 cap. 1 : luego allí (dice) lo ma-
taron a Don Alonso Fernández Coronel e a Juan Alfonso Carrillo, que
era un Caballero muy noble, e muy bueno, e era su compadre e amigo
de Don Alfonso Fernández Coronel e solía tener los lugares de Cabra
e Lucena por Doña Leonor de Guzmán, e cuando ella fue presa, el Rey
los mandó entregar a otros caballeros. Muerta Doña Leonor en Talave-
ra por mandato de la Reina Doña María, madre del Rey Don Pedro,
tomó para sí el Rey los lugares que ella poseía, pero habiendo él muer-
to a mano de Don Enrique su hermano, que le sucedió en el reino, Don
Enrique hizo merced a Juan Martínez de Argote, su Alcaide de los
Donceles de la Villa de Lucena, bienes de su madre Doña Leonor. Sea
verdad que en un Privilegio del mismo Rey, despachado en Córdoba a
29 de agosto Era 1415, en favor de María Alfonso de Argote, para que
pueda vincular las Villas de Lucena y Espejo, dice el Rey : Por cuanto
Nos por hacer bien y merced a Fernando Alfonso de Argote nuestro
vasallo al tiempo que vivía le dimos la nuestra villa de Lucena con todos
sus términos e con la nuestra Justicia civil e criminal e con el mero mix-
to imperio e con las rentas pechos e derechos de ella e con el señorío
real para que la tuviese para sí e para sus fijos. Palabras que parecen
contradecir al privilegio de Juan Martínez, que fue hijo de Fernando
Alfonso de Argote y de Isabel Ruíz, su mujer. Pero deben a mi juicio
concordarse entendiendo que el primer año que reinó Don Enrique, to-
mando título real en vida de Don Pedro su hermano, Era 1404, cuando
vino a Córdoba, que le abrió voluntariamente las puertas, y obedeció
por Rey y Señor, hiciese entre otras mercedes esta de Lucena a Fer-
nando Alfonso, pero que no tomando la posesión este caballero, o no
pudiendo sustentarla respecto de haber sido vencido el Rey Don En-
rique y despojados él y cuantos le seguían en estos reinos el año si-
guiente de la Era 1405 por el Rey Don Pedro, su hermano. Pero muer-
to éste y quedando sin competidor Don Enrique, el año sexto que rei-
nó, Era ',ling, le hiciese nueva merced a Juan Martínez, por los nuevos
servicios que le había hecho, de la villa de Lucena, sin hacer mención
por entonces de la que se le había hecho a su padre como no efectiva
y así dice : damosvos en donación etc. la nuestra villa de Lucena, como
cosa que aún era del mismo Rey. Y así después en el Privilegio que dió
a María Alfonso de Argote no hizo mención de la merced hecha a su
padre, sino de la de su abuelo, debió de ser queriendo originar el do-
minio de estos lugares de la merced más antigua, como en el mismo
Historia de la Casa de Córdoba 411

Privilegio deduce el señorío de Espejo de la merced que el Rey Don


Fernando IV hizo a Pay Arias de Castro : Otro si por cuanto el Rey
Don Fernando nuestro abuelo le hizo merced e donación a Don Pay
Arias del Castillo de Espejo que es en término de Córdoba con una le-
gua de término en derredor con la Justicia civil y criminal con el mero
mixto imperio e con el señorío Real Para que lo tuviese Pay Arias para
sí e para sus herederos e para quien él quisiese, etc.
Desta merced consta hoy por el privilegio del mismo Rey Don
Fernando IV dado en Zamora a 14 de noviembre Era 1395, en que dice
el Rey que por cuento Payo Arias de Castro, su Alcaide del Alcázar
de Córdoba, habia fundado un Castillo que se dice Espejo en una here-
dad suya, entre Castro y Aguilar, e la hace merced de que tenga juris-
dicción y ponga Alcaides y Alguacil en el dicho Castillo y su término,
el cual término sea hasta una legua del Castillo a todas partes, que sean
dos leguas de un cabo del término al otro, así en el término y hereda-
mento que entonces él y sus vasallos, que allí moraban, tenían, como
en los que tuviese de allí adelante él o éllos por herencia o por otra ra-
zón, etc. De esta fundación de Espejo consta asimismo por Bula Apos-
tólica de Clemente V, dada en Aviñón el ario 4 de su pontificado, once
de las Calendas de junio (cuyo traslado del ario 131 se conserva hoy
en el Archivo de la Santa Iglesia de Córdoba) en que el Pontífice dá
facultad y hace gracia a Don Pay Arias de Castro para que por veinte
arios no pague diezmo de las tierras y Castillo de Espejo que él fundó
de nuevo en la Diócesis de Córdoba y a cinco leguas de aquella ciudad.
No sabré decir si Don Pay Arias le puso el nombre de Espejo al Cas-
tillo que fundó, o si le tenía primero aquel su heredamento. Pero gé
decir que el nombre le cuadra bien si lo deducimos del Specu/a latino,
que significa Atalaya, a quien nuestros mayores romancearon con el
nombre de Espejo, como el fabuloso y encantado que dicen hubo en
La Coruña, en Galicia, donde se veían las naves que venían por la mar
antes de llegar al Puerto, de que escribe la General, primera parte, cp.
9, Florien 1 1, cap. 17 y no era otra cosa que la Especula o Atalaya, de
donse se descubrían. Nombre que como digo le cuadra bien a Espejo y
su Castillo, pues por este en largo muy eminente predomina y descubre
muchas leguas y muchos lugares de la Campiña de Córdoba. Y no está
lejos del nombre que afirma Morales, lib. 8 cap. 41, y Ortelio, vol. 6.,
Attubi, tuvo de Claritas Julia, propio según Plinio, lib. 3 cap. de la an-
tigua Atubi, pues como la luz y claridad dá vista y se divisa por todas
partes.
A Espejo, después de la muerte de Don Pay Arias, lo heredó Ruy
412 Abad de Rute

Pérez su hijo, y de éste su hijo Pay Arias, y después Juan Rodríguez,


su hermano y luego Doña Teresa, su madre. De esta lo hubo Juan Arias
de la Reguera y de él Mari Alfonso, su hija y de ella Doña Juana de Ar-
gote, su madre, tía de Juan Martínez de Argote, a quien ella lo mandó
por su testamento con que vino a ser este caballero, señor de Espejo y
Lucena.
Juan Martínez de Argote, por su testamento, otras veces referido,
mandó se pagase lo que faltaba por cumplir del testamento de su tía Do-
ña Juana de Argote, pues con esa carga le dejó a Espejo y para cum-
plirlo manda que se venda el dicho Castillo de Espejo, con sus términos
y vasallos e derechos, según él lo posee. Los Albaceas pusieron en almo-
neda el dicho Castillo y comprolo Juan Perez de Godoy, hijo de don
Pedro Muniz de Godoy, Maestre de Santiago, pagándolo de dineros que
le dió el Maestre su padre para que lo comprase y sacase para Mari Al-
fonso, nieta del dicho Maestre e hija de Juan Martínez de Argote, en
tal manera que lo hubiese la dicha Mari Alfonso, su nieta, y sus descen-
dientes y si faltasen, viniese a los del dicho Juan Pérez de Godoy, y
de esta suerte, hubo también a Espejo esta señora, como a Lucena, que
heredó de su padre, y así se los vinculó ambos lugares el Rey Don En-
rique por el Privilegio referido, que se despachó en su favor en Córdo-
.

ba a 29 de agosto Era 11.15, en que se contiene lo más de lo que se ha


dicho acerca de los sucesores en el Señorío de Espejo.
Muerta Mari Alfonso de Argote, su primera mujer, en quien tuvo
hijos como se dirá luego, casó Martín Fernández con Doña Beatriz de
Solier, hija segunda de Mosén Arnao de Solier, Señor de Villalpando,
caballero francés de la muy noble casa de los señores de Tramoya (se-
gún Diego Fernández de Mendoza en su Nobiliario) a quien heredó en
estos reinos el Rey Don Enrique el Segundo... Pero por haber casado
su hija mayor Doña María de Solier con Juan de Velasco, Señor de la
casa de Velasco, Camarero mayor del Rey Don Enrique Tercero, padre
de Don Pedro de Velasco, primer conde de Haro, entró en la Casa del
condestable el Señorío de Villalpando que hoy está en ella. Son las Ar-
mas de los de este apellido (según el referido autor y Juan Carasa Capi-
co) una Cruz azul vana con las cabezas volteadas en campo de Plata. En
esta señora también tuvo hijos Martín Fernández. De la primera mujer
Mari Alfonso de Argote, tuvo a Diego Fernández, Alonso Fernández y
Gonzalo Fernández de Córdoba. Hay quien haga a Fernando hijo de
este primer matrimonio pero lo cierto es que no. De la segunda tuvo a
Don Pedro Solier, Don Juan de Córdoba, Don Jorge, Don Fernando
Historia de la Casa de Córdoba 413

Solier y hay quien añade un Don Carlos. Hijas tuvo a Doña María de
Solier, a Doña Inés Solier. Diremos ahora de cada uno distintamente lo
que se sabe.

Diego Fernández de Córdoba, sucedió en la Casa y mayorazgo de


sus padres, como se dirá después.

Alonso Fernández de Córdoba. Fue Alcaide de los Donceles, pro-


curándolo por ventura su padre por dejarle acomodado en servicio del
Rey con el oficio, puesto que el mayor lo quedaba con la sucesión de la
Casa. Sirvió al Rey Don Juan el Segundo, antes y después de tener el
oficio, en la jornada de Alburquerque, de que habla la Crónica año 143o,
que es el 3o del Rey cap. 16i. En el siguente de 1431 dice la misma Cró-
nica, cap. 2o4 que en la entrada que hizo en el Reino de Granada Don
Alvaro de Luna, entre los que se hallaban con él fue uno : Alonso de
Córdoba Alcaide de los Donceles con seiscientos de a caballo. Y aunque
en la batalla que el Rey dió a los Moros en el progreso de esta jornada,
nombra (como vimos) a su padre Martín Fernández, Alcaide de los
Dorrceles, y al hijo no le dá título tal, debió de ser la causa que el hijo
tenía la firme sucesión y el padre, como más experto, hizo el oficio de
Alcaide, que en jornada donde iba el Rey en persona era necesario lo
hiciese quien mejor sabia. El ario 1439 lo hallamos en la misma Crónica,
capítulos 281, 286, a este Alonso de Córdoba, con su título de Alcaide
de los Donceles, en varias facciones del servicio del Rey, después de lo
cual no se halla de él otra mención en Historias, pero sábese que el año
1443 era vivo, de que nos hace ciertos una Egcritura de aprobación de
la venta de unas casas que hizo al Bachiller Pedro Martínez de Salinas,
canónigo de la Iglesia de Córdoba, que comienza: Sepan cuantos esta
Carta vieren como yo Diego Fernández de Córdoba, señor de la villa de
Lucena, e yo Alfon de Córdoba Alcaide de los donceles, e yo Don Pe-
dro de Córdoba Doctor en Decretos Arcediano de Castro en la Iglesia
de Córdoba. Por cuanto Gonzalo Fernández, Veinticuatro de la dicha
Ciudad, nuestro hermano hoy día de la fecha de esta carta, etc. pues es
fechada e otorgada en el lugar de Espejo, Castillo de el dicho
Diego Fernández. 23 días del mes de agosto del ario referido de 43, ante
Pedro Martínez de Barrio, Notario Público y Apostólico y Juan Ruíz
Notario Público. Consérvase en el archivo de la Santa Iglesia, cuyas vi-
nieron a ser aquellas casas llamadas de Cárdenas.
414 Abad de Rute

III

Gonzalo Fernández. Fue Veinticuatro de Córdoba (según la Es-


critura precedente). Casó con Doña Beatriz de Angulo, como parece por
Escritura que hizo esta Señora de aprobación de la venta de las casas
mismas, y se otorgó el mismo día. Tuvieron por hijos a Luis de Angulo,
Veinticuatro de Córdoba, que por tal le nombra y reconoce Diego Fer-
nández de Córdoba, su sobrino, Alcayde de los Donceles, y primer Mar-
qués de Comares en cierta Escritura de donación, que le hizo para él y
sus herederos y sucesores de la Capilla del Espíritu Santo (hoy de San
Lorenzo) de quien arriba queda hecha memoria, su fecha en Córdoba a
6 de agosto 1496, por ante Pedro Fernández el Rico, Escribano Público
de ella. Es este Gonzalo Fernández el último de los hijos que tuvo Mar-
tín Fernández en su primera mujer Mari Alonso de Argote.

IV

Don Pedro de Córdoba Solier, hijo primero de los del segundo ma-
trimonio. Fue Arcediano de Castro en la Iglesia de Córdoba. Persona de
tantas partes que por ellas mereció en fin el Obispado de aquesta ciudad.
Siendo mozo tuvo por hijos a Alonso de Córdoba, para quien alcanzó
del Rey Don Juan el Segundo una de las más honradas y amplias legiti-
maciones que hayan dado Reyes, despachada en Valladolid a io de ene-
ro de 1454, firmada del Rey y refrendada por Juan González de Villa-
real, su Secretario. Fundó el Obispado con facultad real en este Alonso
de Córdoba un mayorazgo de la Villa de Zuheros, lugar del Obispado,
una legua de Baena y media de Luque, que compró para el efecto... Ha-
llóse con el Conde de Cabra y el Alcaide de los Donceles en la prisión
del Rey de Granada. Casó con Doña Mayor de la Cueva y Carabajal,
hija del Señor Conde de Jódar, tuvieron hijos a N. N. de N., segundo
Señor de Zuheros, procedió Alonso Fernández de Córdoba, tercer Señor
de Zuheros, el cual casó con Doña Beatriz Carrillo, hija de Luis Ponce
de León y Córdoba, hijo de Martín Alonso de Córdoba, Señor de Mon-
temayor y tuvieron por hija a Doña Elvira de Córdoba, cuarta señora
de Zuheros, que casó con Don Luis Ponce de Córdoba, hijo de Don An-
drés Ponce de León y Córdoba, hermano de Doña Beatriz Carrillo, ma-
dre de Doña Elvira su mujer. Don Luis Ponce y Doña Elvira tuvieron
por hijos a Don Luis de Córdoba Ponce, a Doña Gregoria Portocarre-
ro, señora que fue de Hernán Núñez, mujer de Don Martín de los Ríos,
y madre de Don Alonso de los Ríos, señores de Hernán Núñez, de quien
Historia de la Casa de Córdoba 915

no quedó sucesión, y a Doña Beatriz de Córdoba, primera mujer de


Don Francisco del Corral, del hábito de Santiago, señor de la Mina, sin
sucesión. El dicho Don Luis de Córdoba Ponce de León, del hábito de
Calatrava, casó con Doña Felipa Venegas de Córdoba, hija de Don Ro-
drigo Venegas de Córdoba, señor de Luque y de Doña Ana de Córdo-
ba, su mujer, hija de Don Pedro de Córdoba, Presidente de las Ordenes,
hijo tercero del Conde de Cabra como queda dicho. Tuvo Don Luis en
Doña Felipa, sin los que murieron niños, a Don Luis de Córdoba Vene-
gas Ponce de León, del hábito de Calatrava, Gentilhombre de la Boca,
del Rey Don Felipe IV, que sucedió en el señorío de Zuheros -a su abue-
la Doña Elvira, en cuya vida había muerto Don Luis su padre y así vino
a ser el quinto Señor de Zuheros, que hoy posee. Casó con Doña Ana
Venegas, hija de Don Luis Venegas de Figueroa, Caballero del hábito
de Santiago y Aposentador del Rey, y de Doña Ana Tegerra de Zuñi-
ga, su mujer y nieta de Don Luis Venegas de Figueroa, del hábito de
Santiago, Caballerizo de la Reina Doña Ana, y Embajador extraordina-
rio del Emperador, y de su mujer Doña Guiomar de Saa. Tienen hijos,
y tuvo así mismo a Doña Elvira de Córdoba que casó con Don Juan
Luis Ponce de León, de cuya ascendencia se trató en el lib. precedente.
Tuvo también Alonso Fernández de Córdoba, entre otros, por hijas,
en Doña Mayor de la Cueva, a Doña Isabel de Córdoba y de la Cueva,
que casó con Juan Díaz de Cabrera y tuvieron por hijo a Don Baltasar,
que sucedió en la casa y cinco hijas. Don Baltasar casó dos veces, la
primera con Doña Catalina del Corral y Frías, la segunda con Doña Ma-
rina de Figueroa. Tuvo de la primera a Don Juan Díaz de Cabrera que
murió sin sucesión y a Don Antonio de Cabrera, que le sucedió en la
casa y casó con Doña Luisa de Cabrera, en quien tuvo a Doña Catalina
de Cabrera, y por hijo último, también de la primera, dejó Don Balta-
sar a Don Alonso de Cabrera, del hábito de Calatrava del Consejo Su-
premo y Cámara, que casó con su sobrina Doña Catalina, hija única de
su hermano Don Antonio y gozó con ella del señorío de Torres Cabre-
ra, señora que murió malograda, pero dejó sucesión. De su segunda mu-
jer, Doña Marina de Figueroa, dejó Don Baltasar por hijo a Don Ro-
drigo de Cabrera Figueroa, que casó con Doña Mariana de Figueroa, su
prima, hija de Don Alonso de Figueroa, Caballero del hábito de Santia-
go. Murió mozo desgraciadamente y dejó hijos. Dejó además de Alonso
de Córdoba el Obispo Don Pedro de Córdoba Solier otro hijo de su
mismo nombre, en quien fundó otro mayorazgo e muy buenos cortijos
y tierras en la Rambla, lugar de la Jurisdicción de Córdoba y en él vi-
ven hoy los Caballeros sucesores en este mayorazgo y apellido de Solier.
416 Abad de Rute

V
Juan de Córdoba. Fue Caballero del hábito de San Juan, Comen-
dador de Lora.
VI y VII

Jorge de Solier. Caballero del hábito de Calatrava, Comendador de


las Casas de Córdoba. Hernando de Solier, también Caballero del hábito
de Calatrava, Comendador del Moral, y estos dos Comendadores son
los que mató en Córdoba, Hernando de Córdoba, Veinticuatro de aque-
lla ciudad y su deudo, teniéndolos por huéspedes, siendo sabidor de la
traición que uno de ellos le cometió con su mujer, de donde tuvo prin-
cipio aquel repetido cantar : Los comendadores por mi mal los vi. Ni
ellos ni su hermano Juan de Córdoba dejaron sucesión, que los Caballe-
ros de Calatrava y Alcántara no se casaban entonces, como los de San
Juan de Malta.
VIII

Carlos. Quiere el Doctor Reyes de Castro en su Nobleza de los


Córdoba, haya sido también hijo del Alcaide Martín Fernández de Cór-
doba. No le hallo nombrado en otro que en él. La fe de esto siga a mi
autor.
IX

Doña María de Solier, la mayor de las hijas de Martín Fernández.


Casó con Luis Mendez de Sotomayor, señor de las villas del Carpio y
Morente. Consta por el testamento de su marido, otorgado en Córdoba
24 de agosto de 1495. Tuvieron por hija heredera, por muerte de otros
mayores a Doña Beatriz de Sotomayor, que casó con Don Diego López
de Haro, descendiente de los Haro señores de Vizcaya y honor de Cas-
tilla, señor de Sorbas y Lubrín en la costa de Granada, Capitán General
y Gobernador de Galicia por los Reyes Don Fernando y Doña Isabel,
a quien sirvió mucho en sus conquistas y de Embajador al Pontífice
Alejandro VI, de quien obtuvo por don y merced singular un pedazo
del lignun Crucis que hoy se conserva con veneración suma en la iglesia
del Carpio. Fueron sus hijos Don Luis Méndez de Haro y Sotomayor,
Don Diego López de Haro de quien trataremos a su tiempo. Don Luis
Méndez de Haro y Sotomayor, primero de este nombre entre los se-
ñores de esta Casa, sucedió a su padre en el señorío de Sorbas y Lubrín,
y a su madre en el del Carpio y Morente, y así juntó en un escudo 'as
(Continuará)
Publicaciones de la Real Academia de Córdoba
La Estación Prehistórica de Alcolea, por A. Carbonell T.-F., Vicente de
la Puente y Aurelio Rodríguez, 38 páginas, diversos fotograbados.
1942. 12 pesetas.
La Enseñanza entre los Musulmanes españoles, y Bibliotecas y Bibliófi-
los en la España musulmana, por Julián Ribera, 112 páginas, tercera
edición. 1925. 25 pesetas.
Versos de Góngora, Antología gongorina editada con ocasión del III
Centenario de Góngora, con ordenación, prólogo y vocabulario dl
José Priego López, 354- páginas y varios fotograbados. 1927. 50 pe-
setas.
Ideas sobre la Tectónica de España, por Staub, traducción y prólogo de
A. Carbonell T.-F., 88 páginas y un mapa. 1927. 25 pesetas.
La Higiene de Albucasis, por Eugenio M. C. Dognés, traducido por Ra
fael Castejón, con numerosos grabados tomados del manuscrito ori-
ginal. 1925. 50 pesetas.
Córdoba durante la Guerra de la Independencia 1808-1813, por Miguel
Angel Orti Belmonte, 302 páginas y grabados. 100 pesetas.
Hospitales de Córdoba, Monografía histórico-médica, por Germán Sal-
daña Sicilia. 264 páginas y 41 figuras entre fotograbados y planos.
1935. 120 pesetas.
Anales de la ciudad de Córdoba (1236-1850), por Luis María Ramírez
y de las Casas-Deza, 310 páginas y fotograbados del autor. 1948.
100 pesetas.
Obras completas de San Eulogio. Edición bilingüe. Versión castellana,
por el R. P. Agustín S. Ruiz, O. B. Editadas en el XI Centenario
del Santo (859-1959). 436 páginas. 50 pesetas.
Historia de la Villa de Pedroche y su comarca, por Juan Ocaña Torre-
jón. 1962.
Historia de El Carpio, por Miguel Muñoz Vázquez, con 252 páginas y
55 fotograbados. 1963.
* * *

El BOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE CORDOBA empezó


su publicación el ario 1922 y está agotado hasta el número 29. Las
colecciones anuales desde dicho número se venden al precio de 100
pesetas.
De la mayoría de los artículos publicados en dicho BOLETIN exis-
ten separatas, que pueden solicitarse de los autores, o directamente a
la Academia.

También podría gustarte