Tajamar

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Alumnos: Bruno Cruz Sánchez

Jesús Demian Díaz Aguilar


Octavio Normandia Gonzalez
Asignatura: Derechos Humanos y Medioambiente
Profesora Cielo María Ávila López

ADA 9: CASO PROYECTO TAJAMAR

Cancún es una ciudad ubicada en el municipio de Benito Juárez, Quintana Roo, estado que
forma parte de la península de Yucatán, un área de gran importancia por su diversidad
biológica, paisajística y cultural. Esta ciudad destaca principalmente como uno de los más
importantes destinos turísticos a nivel nacional e internacional y que con inyección de capital
gubernamental e inversión extranjera tuvo un crecimiento acelerado en su demografía, y,
consecuentemente, en la mancha urbana que ha dejado la expansión de la urbe. Por estas
razones se han implementado diversas acciones para la conservación y protección del
medioambiente en la zona, una de las más importantes tomó lugar en 2008 con el decreto de
la laguna Nichupté y sus manglares como área natural protegida (ANP) , con la categoría de
área de protección de flora y fauna (Secretaría de Gobernación, 2008) atendiendo a su estudio
previo justificativo dado a conocer en 2005 (Secretaría de Gobernación, 2005).

Sin embargo, y a pesar de la ya bien conocida importancia de las ANP como instrumento de
conservación del medioambiente, en 2016, a áreas de manglar contiguas a la reserva, entró
una significativa cantidad de maquinaria apoyada por la policía municipal para llevar a cabo
la tala y relleno de alrededor de 70 ha del manglar para el desarrollo de un proyecto
urbanístico llamado ‘Proyecto Tajamar’ presuntamente aprobado por el Fondo Nacional del
Turismo (FONATUR) y la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) de la
SEMARNAT en 2006. A su vez, los dos organismos ya mencionados, reclamaron que toda la
tala se hizo conforme a la ley ambiental y de rescate de fauna, sin embargo, múltiples
testigos, entre ellos miembros de asociaciones civiles como el Grupo Ecologista del Mayab
(GEMA), acudieron a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) señalando
amenazas, enterramiento de fauna y el vertimiento de químicos para el rápido secado de las
áreas inundadas (González, L. 2017) . De igual manera, a principios de 2017 integrantes de la
organización “Salvemos Manglar Tajamar” presentaron una solicitud de amparo para impedir
que la zona siguiera siendo deforestada, logrando que el Tercer Tribunal Colegiado otorgará
la suspensión definitiva del proyecto, así como la orden de reforestación de 72 ha, la cual no
se ha cumplido hasta la fecha.

Los derechos humanos violados son:


● Derecho a un nivel de vida digno: Infringido por el impacto que tiene la destrucción
del ecosistema de manglar en la protección de la población ante fenómenos
hidrometeorológicos y en su seguridad hídrica. Dentro de este derecho podemos
reconocer el derecho tanto a la salud, quebrantado por los impactos en la seguridad
hídrica y el de la vida, el cual, puede ser quebrantado a largo plazo si estos impactos
se magnifican.
● Derecho a la información: Este derecho fue infringido al no existir una consulta
previa libre e informada a la población de Benito Juárez, además de esto, la tala e
introducción de maquinaria al área de manglar se realizó en la madrugada, alrededor
de las 3:00 am (Águila, C. & Vázquez, P. 2016), evidenciando la ilegalidad de los
actos. Derecho a la seguridad y la paz: La devastación del manglar conlleva serios
impactos en la función de este ecosistema como protección ante fenómenos
hidrometeorológicos poniendo consecuentemente en riesgo la vida de la población.
● Derecho a la libre expresión: Quebrantado por las presuntas amenazas por redes
sociales hacia personas que se pronunciaron en contra del hecho (González, L. 2017),
lo que también viola el derecho a no ser intimidado.
● Derecho a la salud: Como ya se sabe, sin un medio ambiente sano es imposible
garantizar la salud de la población, por lo que al fragmentar (más) el ecosistema y el
flujo fluvial se pone en riesgo la salud pública
● Derecho a la vida digna: Aunque el proyecto de movilidad se presenta como una
solución ante el congestionamiento, no es más que una medida temporal. El proyecto,
lejos de eliminar el tráfico vehicular, fomenta la movilidad individual, por lo que no
será raro que en unos años se tenga el mismo problema aún con el puente.
● Derecho a la información: El proyecto es apoyado (aparentemente) por la población,
pero no sé ha dado difusión a todos los problemas socioambientales que conlleva su
creación, no se le ha dado la oportunidad de informarse y tener una opinión derivada
de un análisis informado. Además de que no se llevo un correcto (CPLI) para la
comunidad en general.
● Derecho a la pertenencia: La población al observar que se estaba dando el desmonte
del manglar está no reflejó una comodidad ante la situación, lo que a su vez reflejo un
descontento ante la problemática del ‘‘desarrollo’’ por ende, la comunidad se sintió
desplazada desde la tranquilidad como la forma de vida en la que estaban
acostumbrados a vivir.
● Derecho al agua: La calidad de esta se vio reducida y en unos años cercanos la
existencia de esta se verá en decaída.

El derecho internacional ambiental, se desarrolla bajo dos principios, el primero señala que
los estados tienen derechos soberanos sobre sus recursos naturales, mientras que el segundo
se basa en que los estados no deben causar daño al medio ambiente. En este caso el estado
tenía la responsabilidad de cumplir con estos principios pero desgraciadamente no fue así ya
que violaron leyes en cuestión a la conservación del sitio y derechos como los ya antes
mencionados.

Podemos ver en este caso una gran inobservancia de los tratados internacionales, entre ellos,
la convención ‘RAMSAR’ el cual tiene como objetivo promover acciones nacionales e
internacionales para la conservación y uso racional de los humedales y sus recursos, en este
caso específico, el ANP aledaña al área deforestada es considerada un sitio RAMSAR la cual,
dado a su complejidad ecológica es muy susceptible a impactos indirectos y a la
fragmentación causada por la tala y construcción.

Para el caso del Convenio sobre la Diversidad Biológica, se vio incumplido ya que al realizar
este proyecto tanto las especies protegidas por la NOM 059 y las no protegidas se vieron en
disminución, por lo que el convenio se vio violentado debido a que este como bien dice su
nombre busca la preservación de todas las especies existentes, utilización sostenible de
componentes y la participación justa y equitativa de los recursos genéticos. Además de que
no existió una participación justa por parte de la comunidad ante la toma de decisiones de los
problemas relacionados con la baja calidad de los humedales.

Y en el caso de la Agenda 2030 las causas de su omisión son diversas e interconectadas. En


primer lugar, se observa una falta de planificación y compromiso por parte de los actores
involucrados. No se realizó una evaluación exhaustiva de los impactos ambientales y sociales
del proyecto, ni se definieron indicadores específicos para medir el cumplimiento de los
objetivos de la Agenda 2030. A esto se suma la priorización de intereses económicos por
encima de las consideraciones ambientales y sociales. El proyecto se enfocó principalmente
en la maximización de ganancias, relegando a segundo plano la protección de los recursos
naturales y el bienestar de las comunidades locales.

Por todo lo anterior, el caso del Proyecto Tajamar cuestiona la efectividad con que se aplican
las leyes en nuestro país, la credibilidad y confianza en las instituciones y dependencias
gubernamentales.

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