Larrosa
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Presentación
Este capítulo les parecerá, quizá, demasiado largo, demasiado abstracto y demasiado
reiterativo. Demasiado largo porque conten- drá varias citas de algunos textos mios en los
que ya había trabajado explícitamente la cuestión de la experiencia. Unos textos, además,
que se pueden leer también completos siguiendo algunas lecturas complementarias.
Demasiado abstracto puesto que en el he tratado, fundamentalmente, de hacer sonar la
palabra experiencia de un modo particular y relativamente complejo, pero sin aplicarla con-
cretamente a algún aspecto específico del campo educativo. Demasiado reiterativo porque,
a veces, puede dar la impresión de que se dicen las mismas cosas con distintas palabras.
Pero eso forma parte también de esa estrategia general dedicada a hacer sonar la palabra
experiencia, a mostrar alganas de sus dimensiones, a señalar algunas de sus posibilidades,
aunque a veces la lògica de la
Exposición parezca un tanto circular De lo que se trata, en este texto, es de darle cierta
densidad a eso de la experiencia y de mostrar indirectamente que la cuestión de la
experiencia tiene muchas posibilidades en el campo educati vo, siempre que seamos
capaces de darle on uso afilado y preciso Hay un uso y un abuso de la palalira experiencia
en educación. Pero esa palabra casi siempre se usa sin pensarla, de un modo Download
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completamente banal y banalizado, sin tener conciencia plena de sus enormes posibilidades
teóricas, críticas y prácticas. Lo que vamos a hacer, a continuación, no es nada más que
pensar la experiencia y desde la experiencia, y apuntar hacia alguna de las posibilidades de
un pensamiento de la educación a partir de la experiencia.
Para empezar, podríamos decir que la experiencia es eso que me pasas. No eso que pasa,
sino eso que me pasan.
En esta primera sección, vamos a tratar de desarrollar un poco esa idea. Primero, de una
forma un tanto abstracta. Tratando de sacarle punta a qué significa seso que me pasu.
Tratando de formu- lar algunos de los principios de la experiencia. Después, en la segunda
sección, trabajaremos la cuestión de la experiencia de una forma más concreta. Tratando de
pensar qué sería la lectura enten- dida como experiencia. La tercera y la cuarta sección
introducirán dos lecturas complementarias y, a partir de ellas, continuaremos dándole
vueltas a las distintas dimensiones de la experiencia, a sus distintos principios. La quinta y
última sección consistirá en una reivindicación general de la experiencia casi como
categoría exis tencial, como modo de estar en el mundo, de habitar el mundo. Por último,
en la sección que he titulado aperturas, les propondré algunas lineas de pensamiento y
algunas cuestiones problemáticas para que ustedes puedan continuar el trabajo.
La experiencia es seso que me pasa, Vamos primero con ese eso. La experiencia supone, en
primer lugar, un acontecimiento o dicho de otro modo, el pasar de algo que no soy yo. Y
algo que no soy yo significa tambien algo que no depende de mi, que no es una proyección
de al misnio, que no es el resultado de mis palabras, ni de mis ideas, ni de mis
representaciones, ni de mis sentimientos, ni de mis proyectos, ni de ma intenciones, que no
depende ni de mi saber, ni de mi poder, ni de mi voluntad. Que no soy yo significa
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que es otra cosa que yox, otra cosa que lo que yo digo, lo que yo sé, lo que yo siento, lo que
yo pienso, lo que yo anticipo, lo que yo puedo, lo que yo quiero.
Si le llamo principio de alteridade es porque eso que me pasa tiene que ser otra cosa que yo.
No otro yo, u otro como yo, sino otra cosa que yo. Es decir, algo otro, algo completamente
otro, radicalmente otro.
Si le llamo «principio de alienación es porque eso que me pasa tiene que ser ajeno a mi, es
decir, que no puede ser mio, que no puede ser de mi propiedad, que no puede estar
previamente capturado o previamente apropiado ni por mis palabras, ni por mis ideas, ni
por mis sentimientos, ni por mi saber, ni por mi poder, ni por mi voluntad, etc.
Y les ilirë ya, desde ahora, que, en la experiencia, esa exterioridad del acontecimiento no
debe ser interiorizada sino que se mantiene como exterioridad, que esa alteridad no debe ser
identificada sino que se mantiene como alteridad, y que esa alienación no debe ser
apropiada sino que se mantiene como alienación. La experiencia no reduce el
acontecimiento sino que lo sostiene como irreductible. A mis palabras, a mis ideas, a mis
sentimientos, a mi saber, a mi poder, a mi voluntad.
un acontecimiento, pasa. Pero supone también, en segundo lugar, que algo me pasa a mí.
No que pasa ante mi, o frente a mi, sino a ml, es decir, en mi. La experiencia supone, ya lo
he dicho, un aconteci- miento exterior a mi. Pero el lugar de la experiencia soy yo. Es en mí
(o en mis palabras, o en mis ideas, o en mis representaciones, o en mis sentimientos, o en
mis proyectos, o en mis intenciones, o en mi saber, o en mi poder, o en mi voluntad) donde
se da la experiencia, donde la experiencia tiene lugar.
Llamaremos a eso el principio de subjetividade. O, también, el «principio de reflexividad».
O, incluso, el «principio de transfor mación».
La experiencia es veio que me pasax. Vamos ahora con ese pasar. La experiencia, en primer
lugar, es un paso, un pasaje, un recorrido. Si la palabra experiencia tiene el ex de lo
exterior, tiene también ese per que es un radical indoeuropeo para palabras que tienen que
ver con travesia, con pasaje, con camino, con viaje. La experiencia supone por tanto una
solida de si hacia otra cosa, un paso hacia otra cosa, hacia ese ex de que hablabamos antes,
hacia exe eto de seso que me pasas. Pero, al mismo tiempo, in experien cia supone también
que algo pasa desde el acontecimiento hacia mt, que algo viene hacia mi, que algo me viene
o me adiviene. Ese paso, además, es una aventura v, ponitanto, tiene algo de incerti dumbre,
supone un riesgo, un peligro. De hecho el verbo expe rienciar o experimentare lo que seria
chavee una experiencia de algo o padecer una xperiencia con algos, se dice, en latin
experin. Y de ese perii viene, en castellano, la palabra peligme Fae seria el primer sentido
de ese pasar. El que podríamos llamar el principen de pasajes, Pero hay otro sentido más
-Exterioridad, alteridad y alienación en lo que tiene que ver con el acontecimiento, con el
qué de la experiencia, con el eso de *eso que me pasa».
Pondré algún ejemplo tomado de la lectura, algún ejemplo que nos permita captar cuál es la
dimensión experiencial de esa prácti ca cotidiana y fundamental desde el punto de vista
educativo que Jiamamos lectura.
Hay un libro muy hermoso de George Steiner, un libro que se timula Lenguaje y silencio,
un libro que trata, entre otras cosas, de la cultura después de Auschwitz en el que hay suna
nota a pie de pagina que dice lo siguiente: quien haya leído la metamorfosis de Kafka y
pueda mirarse impávido al espejo, ese es capaz técnicamente de leer letra impresa,
pero es un analfabeto en el único sentido que cuenta ( Steiner, 1994:26)
Hasta aqui la cita. Naturalmente, podemos sustituir el libro de Kafka por cualquier otro
libro. Puesto que la experiencia es una relación, lo importante no es el texto, sino la
relación con el texto. Aunque un libro que se ajustase demasiado bien a lo que ya sabemos
(leer), a lo que ya podemos (leer) on lo que ya (queremos) leer, sería un libro inservible
desde este punto de vista. Sería un libro demasiado comprensible, demasiado legible. El
texto, que aquí funciona como el acontecimiento, como el eso de eso que me pasas, tiene
que tener alguna dimensión de exterioridad, de alteri- dad, de alineación. El texto tiene que
ser otra cosa que lo que ya sé, lo que ya pienso, lo que ya siento, etc. El texto tiene que
tener algo de incomprensible para mi, algo de ilegible. De todos modos, lo decisivo, desde
el punto de vista la experiencia, no es cuál sea el libro, sino qué es lo que nos pase con su
lectura. Y ahí es donde Steiner es certero.
Un lector quę, tras leer el libro, se mira al espejo y no nota nada, no le ha pasado nada, es
un lector que no ha hecho ninguna experiencia. Ha comprendido el texto, eso sí. Domina
todas las estrategias de comprensión que los lectores tienen que dominar. Seguramente es
capaz de responder bien a todas las preguntas que se le hagan sobre el texto. Puede que
hasta sacase las mejores cali- ficaciones en un examen sobre Kafka y sobre ese libro de
Kafka. Pero hay un sentido, el único sentido que cuenta según Steiner, en que ese lector es
analfabeto. Tal vez ese sentido, el único que cuen- ta, sea precisamente el de la experiencia.
Ese lector analfabeto es un lector que no se pone en juego a sí mismo en lo que lee, un
lector que practica un modo de lectura en el que no hay relación entre el texto y su propia
subjetividad. Es también un lector que sale al encuentro del texto, eso sí, pero que son
caminos solo de ida, caminos sin reflexión, es un lector que no se deja decir nada. Por
último, es un lector que no se transforma. En su lectura no hay subjetividad, ni reflexividad,
ni transformación. Aunque com- prenda perfectamente lo que lee. O, tal vez, precisamente
porque comprende perfectamente lo que lee. Porque es incapaz de otra lectura que no séa la
de la comprensión.
Podría hablarse, entonces, de una alfabetización que no tuviera que ver con enseñar a leer
en el sentido de la comprensión, sino en el sentido de la experiencia. Una alfabetización
que tuviera que ver con formar lectores abiertos a la experiencia, a que algo les pase al leer,
abiertos a su propia transformación, abiertos, por tanto, a no reconocerse en el espejo. Que
la experiencia es eso que me pasas significa, entonces, aqul, très coan
-Primero, que la experiencia es una relación con algo que no soy yo. En este caso, el libro
de Kafka: su condición de alteridad, de exterioridad, de amenidad.
-Segundo, que la experiencia es una relación en la que algo tiene lugar en mi. En este caso,
que mi relación con el texto, es decir, mi lectura, es de condición reflexiva, vuelta para
adentro, subjetiva, que me implica en lo que soy, que tiene una dimensión transformadora,
que me hace otro de lo que soy. Por eso, después de la lectura, yo ya no soy el mismo que
era, ya no puedo mirarme impávido al espejo.
Para expresar todo eso me serviré de otra cita, esta vez del mismo Kafka, de cuando tenía
veinte años, aunque tomada también del libro de Steiner (1994:101):
Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeart en el cráneo, ¿para
qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seriainos felices si no
tuviéramos libros, y podríames, si fuera necesario, escribir nosotros mismas los libros que
nos hagan felices. Pero lo que debemos tener son esos libros que se precipitan sobre
nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de
alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser
como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro. 2.1. Experiencia de
lenguaje, de pensamiento, de sensibilidad
Además de una práctica que concierne, básicamente, a la com prensión de textos, la lectura
puede ser una experiencia. Una expe- riencia de lenguaje, una experiencia de pensamiento,
y también una experiencia sensible, emocional, una experiencia en la que estén en juego
nuestra sensibilidad, eso que llamamos sentimientos», Podríamos decirlo así:
Cuando yo leo a Kalica (o a Platón, o a Paulo Freire, o a Foucault, o a cualquier otro autor
de esos que son o que han sido fundamen- tales en la propia formación o en la propia
transformación), lo importante, desde el punto de vista de la experiencia, no es ni lo que
Kafka dice, ni lo que yo pueda decir sobre Kafka, sino el modo como en relación con las
palabras de Kafka puedo formar o transformar mis propias palabras. Lo importante, desde
el punto de vista de la experiencia, es cómo la lectura de Kafka (o de Platón, o de Paulo
Freire, o de cualquiera puede ayudarme a decir lo que aún no sé decir, o lo que aún no
puedo decir, o lo que aún no quiero decir. Lo importante, desde el punto de vista de la
experiencia, es que la lectura de Kafka (o de Platón, o de cualquiera) puede ayudarme a
formar o a transformar mi propio lenguaje, a hablar por mi mismo, o a escribir por mi
mismo, en primera persona, con mis