05-004-267 Teórico #15 (19-05)

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Gramática “A”
- 17 T
(Gramática
Teórico Nº 15 A)
Materia: Gramática “A”
Cátedra: Kuguel
Teórico: Nº 15 – 19 de mayo de 2016
Tema: Pronombres
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PROFESORA KORNFELD: Hola, buenas tardes.


Hoy vamos a empezar caracterizando una clase particular de palabras, que aparece
siempre problematizada en la bibliografía a partir de algunas de las cuestiones que
ustedes ya vieron, como la distinción entre clases de palabras léxicas y funcionales. La
clase en cuestión es la clase de los pronombres. La bibliografía que vamos a usar para
este tema es el capítulo 9 del Manual de Gramática de Di Tulio, donde aparecen
retomadas algunas cuestiones que hacen a la definición de esa clase de palabras.
Una cuestión esencial a la hora de caracterizar la clase tiene que ver con que en realidad
esta clase incluye subclases muy diferentes. Nosotros hablamos de los pronombres
personales a partir del caso nominativo, que corresponde al sujeto. Cuando hablamos de
pronombres personales pensamos en "yo", "vos", "él", "ella", "nosotros", "ustedes" y
"ellos". Ahí estamos usando la forma canónica del pronombre personal, que es cuando
es sujeto de la oración. Hoy veremos cómo esas formas varían de acuerdo a la función
que cumple el pronombre personal en la oración. "Me" y "mí", por ejemplo, serán
variaciones del yo, de acuerdo a la función sintáctica que cumpla el pronombre dentro
del marco de la oración.
Pero hay otras clases de pronombres, como por ejemplo los demostrativos, que incluyen
"este", "ese" y "aquel". En español es un sistema tripartito que señala diferencias en
relación con la distancia del hablante. En líneas generales en la oralidad esa definición
está circunscripta a "este" y "ese". "Aquel" podríamos decir que funciona como un
tercer valor menos frecuente.
Otra clase de pronombres son los posesivos. Acá tenemos pronombres como "mío",
"tuyo", "suyo" y "nuestro". En el español peninsular también tengo "vuestro", que
señala la segunda persona del plural. Luego tenemos los pronombres indefinidos, que
incluyen elementos como "algo", "alguien", "nada" o "nadie". Luego veremos cómo se
fusionan los pronombres indefinidos con la negación. Casos como "nada" o "nadie"
presuponen, además de la forma pronominal, la existencia de una negación.
Muy ligados con los indefinidos están los cuantitativos, donde van a aparecer elementos

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como "poco", "mucho", "varios", "todos" y todos los numerales que, en español, pueden
funcionar como pronombres.

ALUMNA: A mí no me queda claro si esta terminología se usa a nivel semántico...

PROFESORA: Vamos a ver que hay leves diferencias en distintos niveles, no solo el
semántico. Por eso les decía que es difícil caracterizar la clase de los pronombres de un
modo unívoco. Pensemos ya en el nombre de la clase, porque "pronombre" significa "en
lugar del nombre". En algunos de los casos es claro que el pronombre funciona en
reemplazo de un nombre propio. Un ejemplo es: "Pablo fue a la plaza. Él piensa que...".
Ahí se ve claramente el paralelismo, porque "él" está retomando a "Pablo". Pero un
pronombre como "nada" ya es más difícil decir que está en el lugar del nombre. Si yo
digo: "No entendí nada". ¿Ese "nada" está en lugar de un nombre? Di Tullio dice que en
muchas ocasiones los pronombres cumplen la función de un sintagma nominal, que es
un poco distinto a decir que están en el lugar de un nombre.
La etiqueta tradicional de “pro [‘en lugar del´] nombre” funciona bien para los
pronombres personales de tercera. Porque en los de primera y de segunda tampoco es
tan claro. "Yo" señala al locutor, pero no es tan claro que esté en el lugar de un nombre.
Es mucho más complejo porque yo me nombro a mí misma sólo como "yo". No digo
"Laura Kornfeld...", salvo que esté escribiendo un currículum o algo así, pero es muy
extraño. No puedo decir que “yo” estrictamente está en el lugar del nombre. Los de
tercera sí, en el ejemplo que veíamos antes. Lo mismo sucede con "este". Si hablamos
de un libro de Borges y decimos "Éste es uno de los mejores". En ese caso sí puedo ver
que el pronombre está en el lugar de un nombre. Di Tullio dice que lo más riguroso
sería plantear que un pronombre, en general (luego veremos alguna excepción), no está
en lugar de un nombre sino en lugar de un sintagma nominal, tiene la misma
distribución. De hecho ese sintagma nominal a menudo involucra la estructura típica de
un sintagma nominal, en la que aparece un nombre propio o un determinante
acompañando a un nombre común.
De hecho si uno mira la estructura típica de un sintagma nominal lo que advierte
es justamente que los pronombres, igual que los nombres propios, no están
acompañados por determinantes (con alguna excepción posible). El pronombre tiene
incorporada la posibilidad de referir a un individuo determinado, que es justamente la
actualización que lleva a cabo el determinante con respecto a un nombre común. Ya

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habrán visto con Inés que los nombres comunes designan clases de conceptos, y yo
puedo actualizar o referir a un individuo determinado a partir de que aparece un
determinante concreto. Yo puedo referir individuos sólo con el determinante, si digo por
ejemplo "el libro" o "ese libro". La mayor parte de los pronombres personales incluye la
posibilidad de referir directamente a individuos. En algunas teorías, en lugar de hablar
de sintagmas nominales, se habla de sintagmas de determinantes, y el pronombre sería
equivalente estrictamente a un sintagma de determinante.
Vamos a ver entonces que, por un lado, el pronombre presenta paralelismos con
el nombre, porque la distribución es semejante a la de un sintagma nominal. Me refiero
al nombre como clase léxica. Y, por otro lado, tiene paralelismos con los determinantes.
De hecho muchas de estas formas son análogas. "Este", "ese" y "aquel" son ambiguos,
porque pueden ser usados tanto pronominalmente como determinantes. Lo mismo pasa
con "nuestro", que también es ambiguo.

ALUMNO: ¿"este", "ese" y "aquel" no sería equivalente de las tres personas?

PROFESORA: Bien, sí. Porque ahora veremos que otra de las cosas que ocurren con
los pronombres es que tienen una clara naturaleza deíctica. Dentro de las cuestiones
particulares de los pronombres, ahora desde el punto de vista semántico, está la cuestión
de que si tomamos el eje léxico vs. funcional los pronombres tienen un significado más
semejante a las palabras funcionales que a las léxicas. Los pronombres personales los
defino usando este tipo de metalenguaje: “yo” es el pronombre que se utiliza para
designar al hablante. Pero no voy a poder dar una paráfrasis semántica o conceptual de
este tipo de elementos.

ALUMNO: ¿Si hacen referencia a algo no tienen una carga léxica?

PROFESORA: No. Porque en realidad lo que permite referir es la partícula del


determinante. Porque los nombres comunes en sí refieren a clases. Si yo digo “casa” o
“libro” en general me refiero a una clase de objetos. Lo que me permite actualizar y
referir a un individuo determinado es “el” o “este” o “aquel”. Los pronombres tienen un
significado principalmente funcional. Igual está esta dificultad que estamos señalando,
que a su vez tienen una distribución semejante a los sintagmas nominales. Por lo tanto
tenemos las dos posibilidades para hacer la analogía: con los nombres y con los

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determinantes. La bibliografía oscila entre esas dos posibilidades: considerarlos una


especie de variante funcional de los nombres o considerarlos una suerte de
determinantes intransitivos, que no necesitan del nombre.
Otra cuestión que aparece muy señalada en la bibliografía es que algunos de los
pronombres personales tienen un significado que depende del contexto. Para saber qué
significa “yo” tengo que ver quién lo dice. Porque el mismo pronombre lo utilizamos
todos. Barrenechea por lo tanto dice que ese tipo de pronombres tiene un significado
ocasional. Lo mismo sucede con “este”, “ese” o “aquel”, que tienen significado
ocasional porque dependen de contexto. Di Tulio, para precisar un poco más, dice que
muchos pronombres tienen una doble posibilidad. Por un lado hay pronombres que son
esencialmente deícticos. La deixis tiene que ver con señalar. Y los pronombres señalan
elementos fuera del discurso. Si pensamos en “este”, “ese” o “aquel”, va a ser el lugar
específico del hablante el que determina cuál va a ser el uso específico de esta serie de
demostrativos. Lo que señala es cercanía, mayor distancia o lejanía franca con el
locutor. En ese sentido muchos pronombres tienen una carga deíctica.
Pero también puede ocurrir que en lugar de referir a elementos fuera del discurso
los pronombres tengan una carga anafórica o catafórica. Di Tulio dice que la etiqueta
general podría ser endofórica porque refieren al hilo del discurso. Anafórica es cuando
refieren a un elemento que se mencionó antes. Por ejemplo, si decimos “Pablo fue al
cine. A él le gustó la película”, vemos un ejemplo anafórico. Porque ya no refiere a un
individuo fuera del discurso sino dentro del discurso. En este caso me basta el discurso
para saber a quién se refiere “él”. En cambio, si yo digo “Él no está prestando atención”
ya tengo que mirar a quién señala mi dedo.
Con este “este”, “ese” y “aquel” puede suceder lo mismo. Yo puedo decir: “El
primer libro de ensayos de Borges fue El tamaño de mi esperanza. Luego publicó
Discusión. Aquel fue recibido...”. En ese caso ya no se trata de que el libro esté más
lejos de mí sino de que es el que está más lejos en el texto. “Este”, “ese” y “aquel”
también tienen una posibilidad de referencia dentro del texto (es decir, endofórica) y,
como tienen un antecedente textual, son anafóricos.
La contraparte de lo anafórico es que el pronombre se use como una catáfora.
Eso es lo que sucede cuando yo digo, por ejemplo, “lo más importante es esto: que se
acuerden de escribir...”. Ese “esto” refiere no a lo que está atrás en el texto sino a lo que
está adelante. En menor medida que las anáforas (que son mucho más frecuentes) los
pronombres también pueden ser usados catafóricamente, anticipando lo que va a venir.

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El modo de referirse tanto a anáforas como a catáforas es decir que tienen una
referencia endofórica. “Endo” significa “dentro”, quiere decir que la referencia está
dentro del discurso.
Di Tulio retoma esto como una manera de precisar un poco más esta idea de
Barrenechea de que los pronombres tienen un significado ocasional. Más que ocasional,
dice Di Tulio, tienen la posibilidad de funcionar de forma deíctica o endofórica. Otra
cosa que va a señalar ella es que no necesariamente los elementos deícticos son todos
pronominales. Eso es importante tenerlo en cuenta. Otros ejemplos típicos son los
adverbios deícticos, como “ahí”, “allí”, “mañana”, “hoy”. Estos no son pronombres sino
adverbios y también tienen naturaleza deíctica. Son elementos que están anclando
temporalmente el enunciado.

ALUMNO: ¿La anáfora y la catáfora no son deixis?

PROFESORA: No son deícticos en el sentido de que no señalan nada afuera del


discurso. Di Tulio está distinguiendo los usos que son extra-discursivos (los elementos
deícticos) de los usos intradiscursivos (los elementos endofóricos). Pero ahí hay
muchísima diferencia en la bibliografía. Por eso aclaro todo el tiempo que me estoy
basando en el texto de Di Tulio.
Si bien muchos pronombres son deícticos, no todos los deícticos son
pronombres. Pero nos falta todavía ver un grupo importante de pronombres, que se
distinguen de los casos que vimos hasta acá.

ALUMNA: Faltan los interrogativos.

PROFESORA: Los interrogativos, los exclamativos y los relativos. Nos falta ese
conjunto. Di Tullio agrupa, por un lado, los personales; por otro lado, los demostrativos
y posesivos; por otro los indefinidos y cuantitativos; y por últimos los interrogativos,
exclamativos y relativos.
Los interrogativos y los exclamativos son: “quién”, “qué”, “cuándo”, “cuánto”,
“dónde” y “cómo”. Mientras que los relativos son las formas átonas equivalentes:
“quien”, “que”, “cuando”, “cuanto”, “donde” y “como”. Además los relativos incluyen
algunas variantes como “el que”, “la que”, “cuyo” y “cual”. Esto es bastante claro en
español porque en líneas generales la distinción se marca con el acento gráfico. No

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siempre es tan obvio cuando se trata de interrogativas y exclamativas incrustadas: “No


tengo idea quién vino ayer”. Es más sencillo reconocerlo cuando el pronombre
interrogativo o exclamativo toma la primera posición en la oración.

ALUMNA: (inaudible)

PROFESORA: Claro, pero está incrustado. Las condiciones de entonación de la


oración son completamente distintas. Porque lo que caracteriza a la interrogación y la
exclamación es una figura tonal particular. Nosotros, en español, no pronunciamos igual
la interrogación que la exclamación. Lo mismo pasa con las exclamativas. En cambio
las interrogativas o exclamativas indirectas, como “No sé quién vino ayer”, funcionan
como una oración normal, declarativa, donde la entonación desciende al final de la
frase.
No estamos viendo aún cláusulas subordinadas pero vale distinguir este cuarto
grupo. En el caso específico de los pronombres interrogativos, exclamativos y relativos
es menos obvio todavía que esas formas estén en lugar de nombres. Por ejemplo, vemos
que un sintagma con un pronombre interrogativo (como es el caso de por qué) puede ser
un sintagma preposicional. Elementos como “dónde” o “cuándo” no están
necesariamente en lugar de sintagmas nominales, ya que funcionan como adjuntos, que
son normalmente sintagmas preposicionales o adverbiales. Esta subclase de pronombres
claramente no responde a la caracterización tradicional.
Además, en relación a lo que veíamos antes de la deixis y la anáfora, los
interrogativos y los exclamativos no tienen ninguna de esas características. No son ni
deícticos ni anafóricos. Los relativos en cambio sí tienen naturaleza anafórica, porque
remiten a un antecedente. Si decimos “el libro que me prestaste me encantó”, el “que”
tiene como antecedente “libro”. Tiene un antecedente dentro de la oración, está
retomando un elemento. Entonces los relativos tienen naturaleza anafórica. Nunca
deíctica.
Volvemos a lo que decíamos antes: caracterizar la clase es muy complicado
porque cada una de las subclases nos trae una caracterización un poco diferente. Por
otro lado los pronombres relativos en particular tienen otra característica peculiar, que
es que siempre introducen un nivel de subordinación. En ese sentido se parecen un poco
a las conjunciones. Además, el relativo, que se distingue por tener un antecedente en la
oración, es homófono de otro “que”: “me dijo que iba a venir”. Ese “que” no es

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pronominal sino que es una conjunción. Ya volveremos a esa cuestión.


En el ejemplo “el libro que me prestaste me encantó” la construcción “que me
prestaste” va a funcionar como una construcción subordinada, en otro nivel. En ese
sentido los pronombres relativos tienen también características de las conjunciones, que
es la clase de palabras que permite combinar o subordinar construcciones.

ALUMNA: En el caso de “el libro que me prestaste me encantó” ¿si ponemos “que me
prestaste” entre comas no tiene una función un poco deíctica?

PROFESORA: No. Sigue siendo anafórica porque remite a un elemento que está antes
en el texto. La diferencia está en que la cláusula relativa deja de ser especificativa para
ser explicativa. La especificativa determina un conjunto específico, mientas que la
explicativa agrega parentéticamente algún tipo de explicación. En el singular no se nota
tanto, pero en el plural es más claro. Siempre se dan ejemplos como “los senadores que
votaron la ley eran del FPV”, donde presupongo que hay algunos senadores que votaron
la ley y otros que no, o “los senadores, que votaron la ley,” donde estoy hablando del
conjunto de los senadores. En uno restrinjo un conjunto y en el otro hago una
parentética sobre el conjunto de los senadores, en su totalidad. Pero desde el punto de
vista de la clase de palabras, en ambos casos sigue siendo un pronombre relativo. Lo
único que cambia es la extensión semántica.

ALUMNA: Yo también puedo decir: “Los senadores, quienes votaron la ley,”. Y lo


puedo decir entre comas o no.

PROFESORA: No. Si vas a decir “quienes”, siempre tiene que ir entre comas. No
puede ser especificativo. El único que puede ser especificativo es “que”. Lo mismo
sucede con estas variantes de “el que”, “las que, etc. Siempre tienen que ir entre comas,
es decir en cláusulas explicativas.

ALUMNO: ¿Los interrogativos cuando van al principio de las oraciones no serían


catafóricos? Porque están anticipando la pregunta.

PROFESORA: Ahí hay algo interesante, que tiene una complejidad desde el punto de
vista teórico. Para la gramática generativa, por ejemplo, todos los elementos

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interrogativos están desplazados de otro lugar en la oración. Cuando utilizo un


pronombre interrogativo (salvo “quién”, que pregunta por el sujeto de la oración, y por
lo tanto no se mueve en forma visible) hay un desplazamiento evidente de la posición
normal que ocupan esos elementos. El “qué”, por ejemplo, es generalmente un objeto
directo, con lo cual esa oración interrogativa está “desordenada”, porque no tengo
sujeto-verbo objeto sino objeto-verbo-sujeto. Cuando hablemos de la modalidad de la
oración nos vamos a referir un poco a esto. La gramática generativa propone que eso se
produce por una serie de movimientos o desplazamientos. Ahí sí podemos tener un
análisis muy distinto de la naturaleza de este elemento. No es estrictamente anafórico o
catafórico, aunque sí hay un desplazamiento importante. Pero para eso habría que tener
claro todo el marco teórico de la gramática generativa.

ALUMNA: (inaudible)

PROFESORA: En general es objeto directo. Pero es una generalización. Es objeto


directo cuando digo: “¿Qué compró Juan?”, pero también tengo la posibilidad de que
ese “que” funcione como algún tipo de elemento determinativo, como en: “¿Qué libro
me prestaste?”. Ahí el “que” está funcionando como determinante de un sintagma
nominal. En otros casos, como en las exclamativas, podemos decir “¡Qué lindo!”. Ahí
está funcionando como un cuantificador del adjetivo.
También tenemos otros casos, como “¿Qué pasó?”, donde el “qué” está
funcionando como sujeto. En ese caso no tengo un sujeto de persona sino un sujeto de
evento. Pero el caso prototípico del “qué” es que funcione como objeto directo, aunque
también pueda ser determinativo, ser cuantificador o sujeto. Esta forma tónica también
es bastante ambigua, en cuanto a su función sintáctica.
Pero esto no se da en el resto de los casos. El “quién” siempre va a funcionar
como sujeto, salvo que esté acompañado por una preposición (“a quién”, “por quién”,
etc.). El “cuándo” y el “cómo” siempre van a funcionar como adjunto circunstancial. El
“dónde” depende del verbo. En “¿dónde lo puse?” el “dónde” va a ser un complemento;
pero en “¿dónde compraste el libro?” va a ser un adjunto.

ALUMNA: (inaudible)

PROFESORA: Sí, también puede tener un uso valorativo en las exclamativas, desde

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ya. No lo vemos ahora en detalle porque después vamos a dar modalidad como
modalidad de toda la oración. Vamos a ver cómo son las oraciones interrogativas, las
exclamativas, etc. Di Tulio señala que alguno de estos pronombres (“cuándo” y
“dónde”) no se usan como exclamativos sino sólo como interrogativos. En cambio
“qué”, “cuánto” o “cómo” funcionan bien en ambas modalidades. Estamos juntándolos
porque nos interesa la cuestión de los pronombres en sí, pero si analizamos cómo
funcionan las preguntas o las exclamaciones veremos que hay muchísimas más cosas
para decir.

ALUMNA: Pero yo puedo hacer una exclamación y decir: “¡Dónde habrás estado!”.

PROFESORA: Pero es una pregunta retórica, que es aquella que no busca una
verdadera respuesta. Es otro acto de habla. La interrogación es muy compleja. Si yo dijo
“¿Juan fue al cine?” La respuesta correcta es “sí” o “no”. Pero si yo digo “¿Quién
vino?”, las respuestas “sí” o “no” ya no son correctas. Y además están las preguntas
retóricas, que en realidad no buscan una respuesta concreta, como es el caso que estabas
proponiendo. Ahí sí participarán “dónde” y “cuándo”.

ALUMNA: ¿Los relativos pueden ser deícticos?


PROFESORA: Los relativos son anafóricos.
ALUMNA: Si uno dice: “Quienes estuvieron en la reunión saben lo que se resolvió”.
¿Ahí el “quienes” es deíctico?
PROFESORA: No son deícticos. Porque no refieren como “yo” o como “este”.
ALUMNA: (inaudible)
PROFESORA: Bueno, ese es un buen ejemplo que no es anafórico, porque en realidad
la cláusula que se introduce ahí no cumple una función como típica cláusula relativa. Ya
lo vamos a ver.
Éstas serían las subclases de pronombres. En los casos de estos pronombres
interrogativos, exclamativos y relativos nos permiten introducir esta distinción entre
elementos tónicos (interrogativos y exclamativos) y átonos (relativos). Los átonos
carecen de ese énfasis o de esa acentuación.
ALUMNA: Yo no logro entender eso de que funcionan como conjunciones. Porque si
yo intento traducir alguna oración con un pronombre relativo no me da como una suma
de partes.

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PROFESORA: No, porque la conjunción puede introducir una relación de


coordinación o de subordinación. Las conjunciones no son solo coordinativas. Por eso
les decía que este “que” relativo es fácil de confundir en ciertos contextos con el “que”
que aparece en “dijo que iba a venir”. Ese “qué” funciona como una conjunción que
introduce una subordinada (no una coordinación). Lo mismo sucede con elementos
como “me pregunto si le gustó”. Ahí el “si” funciona como una conjunción que
introduce una cláusula subordinada. Todavía no vieron subordinación. En “El libro que
me prestaste me encantó” el “que me prestaste” lo tengo que analizar en otro nivel. Es
una construcción que modifica “libro”, pero abre otro sujeto, otro predicado. Es una
oración incrustada dentro de la oración principal. Es una de las cuestiones centrales que
permite la recursividad del lenguaje. La infinitud del lenguaje se da por la posibilidad de
recursividad. Yo puedo decir: “Me dijo mi vecina, a la que conozco hace mucho tiempo,
que mañana vendría Pablito para traerme...”. Ahí estoy como por el quinto nivel, porque
para analizar tengo que ir descomponiendo las oraciones. Es una oración incrustada
dentro de la otra. Y eso es lo que permite esa infinitud virtual y esa ramificación del
lenguaje, que es lo que lo hace tan complejo y tan difícil de emular por máquinas o
computadoras.

ALUMNA: ¿En estos casos no funciona en el lugar de un sintagma nominal?

PROFESORA: No funciona necesariamente en el lugar de un sintagma nominal. Lo


que quiero decir es que hay pronombres interrogativos, relativos o exclamativos que
tienen la estructura de un sintagma preposicional. Algunos claramente van a funcionar
como sintagma nominal. Recién mencionábamos los casos de “quién”, que funciona
como sujeto de la oración. El sujeto es una típica función nominal. También la de objeto
directo es una típica función nominal. Ya en la función de determinativo está
funcionando como una parte del sintagma nominal o del sintagma adjetivo. También
tengo preguntas con preposiciones, como “por qué”, o sintagmas más complejos, como
en “el chico por el que viniste”. La construcción que contiene al pronombre relativo,
interrogativo o exclamativo funciona como un sintagma preposicional, no como uno
nominal.
La distinción entre tónicos y átonos es una distinción central en la que Di Tullio
retoma algunos de los pronombres personales que mencionamos cuando hablamos del
caso como una de las categorías morfológicas que aparecen en español. Dijimos que los

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pronombres personales tienen intrínsecamente persona y número. Eso es lo que es


define a “yo” o “vos”: una conjunción de una persona y un número. Además tienen caso
como una categoría morfológica que se agrega. Entonces hablamos de “me” o de “mí”
como variantes de “yo”, que va a aparecer de acuerdo con la función sintáctica que
cumple el pronombre personal en la oración. Nosotros armamos un cuadrito, donde
veíamos que este elemento “me”, que describimos como el caso objetivo, corresponde
en realidad a dos funciones distintas, dativo y acusativo. El dativo estaba ligado con el
objeto indirecto y el acusativo con el objeto directo. Voy a tener como dativo “me
gusta” y como acusativo “me golpeó”. Esta distinción no se observa formalmente en el
caso de “me”, pero sí se observa para el caso de la tercera persona, porque es “le gusta”
y “lo golpeó” o “la golpeó”. Esta distinción entre “lo” y “le” es lo que nos permite
distinguir los casos de objeto directo y objeto indirecto. Cuando aparece la primera o la
segunda persona, que sólo tiene una forma sincrética para el objeto directo y para el
objeto indirecto, la recomendación es pensar qué pasaría si la construcción estuviera en
tercera, que sí reconoce las personas.

ALUMNA: ¿No me quedó claro qué pasa con el objetivo?

PROFESORA: Junta las dos funciones, objeto directo e indirecto. Lo vas a ver así en
el texto de Di Tulio. Se refiere a “me”, “te”, “nos”. En realidad corresponde a dos casos
diferentes, acusativo y dativo. El objetivo es una forma de sincretismo, que aparece
cuando tengo una única forma, como “me”, que en realidad está asociada con dos
informaciones gramaticales diferentes, que son objeto directo y objeto indirecto.

ALUMNA: Faltaría el “mí”.

PROFESORA: Sí, el “mí” todavía no lo analicé. Es el caso que generalmente se


describe como terminal, porque responde a la combinación con una preposición. La
excepción son ciertas formas fusionadas como “conmigo”, “contigo” o “consigo”. Ahí
el pronombre está fusionado con la preposición.
A partir de esto que estuvimos mencionando me interesa que vean que la distinción
entre pronombres tónicos y átonos se replica en el caso de estas formas. El nominativo
“yo”, “vos”, “él”, “nosotros”, “ustedes” y “ellos” es sistemáticamente una forma tónica,
acentuada, fuerte. En cambio formas como “me”, “lo”, “te” o “nos” son formas átonas.

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Esto es importante porque esas formas átonas se llaman clíticos. Tienen un estatuto
fonológico intermedio entre la palabra y los morfemas flexivos. Habíamos dicho que, si
yo tengo el verbo conjugado, obligatoriamente los clíticos tienen que aparecer
antepuestos, “pegados”, a la forma verbal. En cambio si tengo un infinitivo o un
gerundio obligatoriamente van pospuestos a la forma verbal, como en “él quiso
golpearme” o en “está golpeándolo”.
Esas son las posibilidades que tienen estos elementos. Yo no puedo decir “*Me ayer
golpeó” o “*quiso lo golpear”. Es decir que el lugar que ocupan los pronombres
personales átonos es fijo en relación con la forma verbal. No tienen libertad
distribucional. Por eso Pena muestra que son intermedios entre un morfema y una
palabra. No son tan fijos como un morfema, pero tampoco tienen la libertad
distribucional que tienen las palabras. Yo no puedo meter elementos entre el pronombre
y la forma verbal y no puedo ponerlos donde quiero.

ALUMNO: ¿Cuando están así se llaman “enclíticos”?

PROFESORA: Exacto. En función de cómo aparecen respecto de la forma verbal van


a ser enclíticos o proclíticos. Son proclíticos cuando están antes (antepuestos) y
enclíticos cuando están después (pospuestos). “Clítico” es la manera general de llamar a
estas formas átonas. Los clíticos son las formas átonas de los pronombres personales,
que tienen esta distribución mucho más acotada. Las formas tónicas de los pronombres
personales, como “yo”, “mí”, “él”, “nosotros”, no tienen por qué estar pegados al verbo,
por ejemplo. Tienen una distribución mucho más libre.
Los clíticos van a ser justamente uno de los temas en los que se va a terminar centrando
Di Tulio. Y en particular se va a centrar en las formas de la tercera persona, que tienen
mayor variación. Habíamos visto caso nominativo, acusativo, dativo y terminal.

Nominativo: él - ella – ellos – ellas.


Acusativo: lo – la – los – las.
Dativo: le – les.

Es interesante que los pronombres en muchos casos pueden flexionar en género y


número, pero eso no ocurre siempre. También hay pronombres que son fijos. Vemos,
por ejemplo, que en el acusativo tenemos marca de género pero en el dativo no. Y el

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terminal es sincrético con respecto a la forma del nominativo. Porque digo: “a ellas”,
por ejemplo.
Pero hay un tercer elemento que se va a distinguir en el caso de la tercera
persona del singular. Me refiero al elemento “se”, que viene a completar este paradigma.
Vamos a tener elementos como “Juan lo mira”, donde yo puedo determinar que “lo”
nunca puede referirse a Juan. Tiene las mismas características de número y género, pero
sabemos que se refiere a cualquier otro menos a Juan. Si yo tengo que marcar las
referencias sé que “Juan” se refiere a un individuo y “lo” se refiere a otro individuo.
Pero veamos qué pasa si tenemos “Juan se mira”. El objeto directo remite al tema del
verbo “mirar”. El verbo es una estructura argumental que involucra un agente y un
tema. Si yo ahí pongo el “se” lo que voy a tener es un pronombre de tercera persona
cuya referencia es la contraria al caso anterior. Acá estoy obligada a decir que “Juan” y
“se” se refieren al mismo individuo. Nunca puedo interpretar que no hay correferencia
entre “Juan” y “se”.
Este caso nos interesa porque agente y tema se refieren a la misma persona. La
acción recae sobre el mismo elemento que es sujeto de la oración. Ésta sería la primera
manera de caracterizar el “se”. Los casos con “se” son mucho más variables, pero la
primera manera de caracterizarlo es decir que funciona como un reflexivo. La palabra
“reflexivo” se refiere a este par, donde no tengo diferencias en el nivel de las categorías
morfológicas involucradas sino en el nivel de la interpretación semántica. En los dos
casos tengo una tercera persona del singular, pero la diferencia tiene que ver con cómo
interpreto ese elemento en relación con el sujeto.
Cuando se da el caso que podríamos llamar normal, “Juan lo mira”, voy a decir
que el “lo” en relación con “Juan” es un pronombre oblicuo. Esto significa que no tiene
la misma referencia que el sujeto. En cambio “se” va a ser no oblicuo y va a formar
parte de lo que Di Tulio llama una “construcción pronominal”. La construcción
pronominal se da cuando tengo en el predicado un pronombre que coincide en número y
persona con el sujeto. No es oblicuo, tiene la misma referencia. Los pronombres
oblicuos se interpretan por una referencia disjunta. “Disjunta” implica que yo tengo que
poner dos índices diferentes. En cambio en las construcciones pronominales la
referencia no es disjunta sino coincidente.

ALUMNA: “Lo” sería un tema. ¿“Se” también? Porque yo lo veo más como
experimentante o beneficiario.

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PROFESORA: Es una excelente pregunta. Pero justamente la idea es que en los dos
casos la estructura argumental del verbo no se modifica. La cuestión es cómo interpreto
cuál es el tema de la oración. En el caso del “se” el tema de la oración tiene la misma
referencia del agente. Pero el verbo sigue teniendo la misma estructura argumental. No
se modifica la estructura argumental del verbo “mirar”.
La estructura sintáctica y la estructura argumental del verbo es la misma en los
dos casos. El verbo “mirar” selecciona un agente y un tema. El agente se expresa como
sujeto de la oración y el tema se va a expresar como objeto directo. En ambos casos,
tanto el “lo” como el “se” son objeto directo. Vamos a volver a esa cuestión.
Acá la diferencia no tiene que ver con las propiedades formales que tienen “lo” y
“se”, que son iguales, sino con la interpretación que les voy a dar, que puede ser
coincidente (para el caso de “se”) o no (con “lo”), desde el punto de vista referencial,
con el sujeto de la oración. Lo que se está conformando en una oración como ésta “Juan
se mira” en realidad es una secuencia. Tengo el sujeto de la oración, el verbo que
expresa las mismas categorías morfológicas y la construcción con “se”.
Una de las cuestiones centrales que aparece en el texto de Di Tulio es lo que se
llama la “polivalencia del se”. Ahora estamos viendo uno de los casos del “se”, pero en
realidad el “se” tiene un montón de interpretaciones y de funciones sintácticas posibles.
Por eso Di Tulio habla de polivalencia.
Dentro de esa polivalencia la construcción reflexiva va a responder a un primer
conjunto de casos que vamos a ver, donde el “se” no modifica la estructura argumental
del verbo. Tenemos un primer conjunto de casos de “se” que no modifica la estructura
argumental del verbo. Vamos a tener un primer caso entonces que son los reflexivos.
Tanto Di Tulio como otras bibliografías se centran en el “se”, pero el reflexivo en
realidad se puede dar también con la primera persona. Yo puedo decir: “lo miro” (donde
el pronombre es evidentemente oblicuo) o puedo decir “me miro”, donde hay una
construcción pronominal de acuerdo con la definición que dimos antes. También se
puede dar con la segunda persona: “te mirás” (vs. “lo mirás”) o con la primera del
plural: “nos miramos” (vs. “los miramos”). Las construcciones reflexivas van a ser,
entonces, de toda persona.
Esas construcciones de toda persona admiten la construcción “se mira a sí
mismo” o “me miro a mí misma” o “nos miramos a nosotros mismos”. Es el refuerzo
con “a x mismo”. Lo que aparece acá es la forma terminal: “a mí misma”, “a vos
mismo”, “a sí misma” o “a él mismo”. Éste es un refuerzo que las formas reflexivas

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siempre van a aceptar. La pauta de reconocimiento de los reflexivos va a estar dada por
esta posibilidad de aceptar este refuerzo.
En un caso como “Juan lo mira” o “Juan se mira”, vamos a establecer la función
del “se” a partir del paralelismo con el pronombre oblicuo correspondiente. No siempre
el “se” va a funcionar como un objeto directo. Yo puedo decir: “Juan se dijo que estaba
bien”. Acá yo tengo el mismo caso, porque el “se” sólo puede interpretarse como
coincidente con el sujeto de la oración. Pero la contraparte con un pronombre no
correferencial (oblicuo) sería con “le”. Si yo pongo “le” obligatoriamente tengo que
tener otro índice. Por lo tanto, acá este “se” está funcionando como un objeto indirecto.
También acepta el refuerzo de “Juan se dijo a sí mismo…”.
En ambos casos aparece el mismo tipo de estructura. El “a sí mismo” se explica
porque es un objeto indirecto o directo de persona, que siempre está marcado por la “a”.
Las funciones sintácticas que va a cumplir el reflexivo pueden ser objeto directo u
objeto indirecto. En estos casos en los que no se modifica la estructura argumental el
“se” cumple una función sintáctica en la oración, que puede ser objeto directo u objeto
indirecto. Para determinar si es uno u otro tengo que pensar cuál sería la construcción
oblicua correspondiente. De ahí sale el paralelismo con “lo” / “la” o “le”.
Hay un caso muy ligado a este caso de los reflexivos, que son los recíprocos.
Éste tampoco va a hacer variar la estructura argumental del verbo. Yo puedo decir “Juan
y María los besaron”. Este “los” tiene una interpretación necesariamente oblicua. No
puede ser correferente con Juan y María. Pueden ser sus hijos, sus sobrinos o lo que sea.
Esta construcción tiene un paralelismo con el “se”. Podemos decir: “Juan y María se
besaron”. Muchas veces los recíprocos y los reflexivos pueden ser ambiguos. Pero en
principio la interpretación normal no sería que Juan y María se besaron a sí mismos sino
que se besaron el uno al otro o mutuamente. Esa es la idea de lo recíproco.
Los recíprocos también son de toda persona. Yo tranquilamente puedo decir
“María y yo nos besamos”, con la primera del plural. Estoy en el mismo tipo de
estructura. Pero lo que sí requiero, a diferencia del caso de los reflexivos, es que el
sujeto sea plural. No hay manera de que yo tenga una interpretación recíproca si no
tengo un plural.

ALUMNA: ¿Ahí también es objeto directo?

PROFESORA: Sí, es objeto directo. Podemos reemplazar el “se” por “los besaron”. En

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el caso anterior podríamos haber dicho “Juan y María se dijeron insultos”. Pasaron del
amor al odio en dos minutos [RISAS]. Acá el oblicuo sería “les”, por lo cual tenemos un
objeto indirecto. Acá el refuerzo va a ser “mutuamente” o “el uno al otro”. En “Juan y
María se dijeron insultos” tampoco está vedada la interpretación reflexiva. En ese caso
sería “Se dijeron insultos a sí mismos”. Ahí vamos a ver que en muchos casos hay
distintas posibilidades. Los refuerzos nos permiten desambiguar esas situaciones.
Volviendo a lo que decía antes, recuerden que las estructuras argumentales se
mantienen. “Besar” es un verbo que selecciona un agente y un tema: alguien besa a otra
persona. El verbo “decir” en cambio tiene un agente, un tema y una meta o un
benefactivo. “Decir” va a ser un verbo triádico, porque es implica que alguien le dice
algo a alguien. Hay coincidencia en que no hay modificación de la estructura
argumental. Lo que hay al introducir el “se” es que dos de los papeles temáticos son
correferentes, se refieren a la misma persona.
Seguimos con esta descripción más general de que no se está modificando la estructura
argumental del verbo.

ALUMNA: El “nos” lo vimos como reflexivo, pero ¿no es recíproco también?

PROFESORA: Sí. El “nos” puede ser reflexivo, puede ser acusativo, puede ser
dativo... Todo depende de cuál sea la construcción. En “Él nos dijo que llegaría tarde”
tengo una construcción oblicua con lo cual no hay posibilidad de hacer una
interpretación ni reflexiva ni recíproca. Volviendo a lo que decíamos antes, sólo la
tercera persona distingue el dativo del acusativo y las formas del reflexivo o recíproco.

ALUMNA: (inaudible)

PROFESORA: Di Tullio dice que el “se” funciona como un pronombre personal que
no modifica la estructura argumental. La intuición que está detrás de esto es que el
verbo “mirar”, el verbo “besar” y el verbo “decir” es el mismo verbo siempre, con la
misma estructura argumental. Lo que se da ahí es una coincidencia en cuanto a cómo
interpretamos dos de los papeles temáticos.
La clase que viene vamos a ver los ejemplos en contraste. Les voy a dar ahora un solo
ejemplo, para que vean el caso de un verbo donde sí hay una modificación de la
estructura argumental. Podemos pensar qué ocurre en pares como “romper” y

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“romperse”. Si yo digo “Juan rompió el auto” y “el auto se rompió”, vemos que el verbo
“romper” en el primer caso tiene un agente y un tema, mientras que en la segunda
variante el “se” modifica la estructura argumental del verbo “romper”, porque el agente
directamente desaparece. Es algo muy distinto a lo que vimos hasta ahora. No hay
agente. Por lo tanto “romper”, que es un verbo transitivo (con dos argumentos) se
convierte en un verbo intransitivo (con un argumento). Lo que le ocurre al auto es lo
mismo, por lo tanto sigue siendo el tema. El auto es el que sufre el evento. Pero en un
caso el verbo es agentivo y en el otro se está concibiendo como un evento espontáneo.
En “romper / romperse” lo que se pone en juego es la cuestión de la agentividad. La
mamá le dice al nene: “rompiste la tele” y el nene le responde: “No, la tele se rompió”.
Lo que se discute es si el evento fue espontáneo o si hubo un agente. Acá sí hay una
modificación de la estructura argumental.
Por hoy vamos a dejar acá. Hasta la próxima.

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