Ejemplos ?
Unos decían: “El Señor le socorra y valga.” Otros: “Bien se le emplea, pues levantaba tan falso testimonio.” Finalmente, algunos que allí estaban, y a mi parecer no sin harto temor, se llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes puñadas a los que cerca dél estaban. Otros le tiraban por las piernas y tuvieron reciamente, porque no había mula falsa en el mundo que tan recias coces tirase.
Dando saltos, le presentaba siempre la grupa, y, al fin, el santo, temiendo que le soltara un par de coces, se apresuró a decir, acariciando con palmaditas aquellas ancas finas y gruesas: -Pasa, soldadito, pasa adelante y veas de aquietar a esta bestia.
Resistí cuanto pude, defendiéndome con un fémur; pero venció el número; me cogieron, me vistieron con un traje de peón blanco, me pusieron en una casilla negra, y aquí estoy, sin que nadie me mueva, amenazado por un caballo que no acaba de comerme y no hace más que darme coces en la cabeza.
No le faltaban deseos, tentaciones, que ella atribuía al diablo; pero por salir con la suya rechazaba a cuantos se le acercaban con miras de pecar. Mas la ociosa lascivia hurgaba, y como no tenía salida, daba coces contra los sentidos que se quejaban de cien maneras.
Caímos todos a tierra y yo oí una voz que me decía en lengua hebrea: "Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón." 15.
Mediante él, setenta millones de personas--toda la nación, de hecho--era enganchada con arneses al carruaje del propietario de este bono; y, lo que es más, el conductor en este caso era el Gobierno mismo, contra el cual a la yunta le resultaría difícil dar coces.
Había muchas coces y encabritamientos en las otras clases de arneses, y los capitalistas a menudo eran incomodados y temporalmente desprovistos del trabajo de los hombres que habían comprado y por los que habían pagado una buena suma.
Ve un rocín solo para dos escaso y viene a dar reparación al caso.» Se apea el pagano y al corcel se vuelve, pensando con la mano asir el freno; y el corcel por respuesta se revuelve, girando presto, como es presto el trueno; pero no acierta con la coz que vuelve: ¡ay, pobre de él, si llega a dar de pleno! que tal fuerza en las coces tiene arrecho, que hubiera un monte de metal deshecho.
El muy prosaico, ¿pues no se le antoja decir, después de habernos malzurcido un mediano pedazo de grana ajeno entre sus miserables retales, que tiene comercio con las musas, cuando en el Parnaso no le querrían ni para limpiar las inmundicias del Pegaso, no le darían entrada ni aun para recibir sus bien merecidas coces...
-Pos eso mu pronto se ha de ver -exclamó el viejo, dirigiéndose hacia la puerta de la calle en actitud airada- que no soy hombre pa aguantar coces de amos ni burlas de mal nacíos.
No bien estuvo al alcance de don Fermín cuando éste, sin decir «allá te lo espeto, Pericote Prieto» le arrimó una de coces y bofetones.
De noche, a la hora de marcharse, los caballos, hartos de avena hasta las narices, tuvieron dificultades para entrar en los varales; daban coces, se encabritaban, los arreos se rompían, sus amos blasfemaban o reían; y toda la noche, a la luz de la luna, por los caminos del país pasaron carricoches desbocados que corrían a galope tendido, dando botes en las zanjas, saltando por encima de la grava, rozando con los taludes, con mujeres que se asomaban por la portezuela para coger las riendas.