inquina


También se encuentra en: Sinónimos.

inquina

s. f. Sentimiento de odio o gran antipatía hacia una persona no disimulaban su inquina hacia los ultraderechistas. animadversión
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2022 Larousse Editorial, S.L.

inquina

 
f. Aversión, mala voluntad.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

inquina

(in'kina)
sustantivo femenino
aversión por una persona o cosa que lleva a tratarla de manera injusta Desarrolló una inquina infundadapor mi persona.
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

inquina

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

inquina

avversione

inquina

SF (= aversión) → dislike, aversion; (= rencor) → ill will
tener inquina a algnto have a grudge against sb, have it in for sb
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
625 ¿Caerá él, así pues, porque quiso vivir conmigo, y el de una indigna muerte por precio sufrirá de su amor? Inquina no nos ha de traer la victoria nuestra.
Te diré, aún más, que no actúo dominado por la inquina, que justo sería te la guardara, sino por la compasión, que ninguna se te debe.
Mas si la envidia o la vileza encona tan santa obra con su inquina fuerte, creed que, cuando caiga el franco muro, no habrá italiano ni alemán seguro; »ni hombre de otro reino que venera a Aquel que dio su vida en el madero.
No les tenía inquina a los Whigs y le gustaba poco ver correr la sangre, aunque, obligado como estaba a seguir a Sir Robert cuando salía a cazar, a reclutar, de vigilancia o de guardia, vio hacer muchas cosas malas y puede que no pudiese evitar hacer algún daño a su vez.
Alcalde del Cabildo de Lima y muy pagado de sus pergaminos, dio el señor conde en la flor de tratar con poco miramiento al virrey, quien se amostazó al cabo y le correspondió con un desaire. Desde entonces quedó entre ellos mutua inquina y enemiga.
Y bien; leyendo esta “Historia de Belgrano” que Mitre comenzó a trazar – según él mismo lo afirma – “sin la intención de formar un libro - escribiendo en la noche lo que debía imprimirse al día siguiente y con la misma precipitación con que se redactan artículos de periódicos”, uno se encuentra a cada instante ante las demostraciones más palmarias de la inquina del autor hacia Artigas y del poco y ningún fruto que aquél había extraído hasta allí a su respecto en las ya largas y esforzadas jornadas de estudioso e investigador.
¿A qué los crueles filósofos? ¿A qué los falsos crisóstomos de la inquina y de la blasfemia? ¡Al pueblo que busca ideal ofrezca una nueva academia sus enseñanzas contra el mal, su filosofía de luz; que no más el odio emponzoñe, y un ramaje de paz retoñe del madero de la cruz!
No pasó tampoco la inquina santa de doña Pacha al Rector del Seminario: que cada día le sancochaba la injusticia y el espíritu de favoritismo que aun en los mismos seminarios cundía e imperaba.
Todo un señor juez de aquel circuito, oriundo de Palmares, se permitió decir en cierta ocasión que el San Juan Evangelista de su cabecera tenía carita de muchacha boba, y tal fué la inquina que le cogieron, tales las acusaciones que le urdieron, que hubo de perder la tierra y el destino por escapar el pellejo del acero aleve.
Y esos privilegios y concesiones harían de él una poderosa fuerza económica, un motor constantemente activo del progreso y un regulador del movimiento industrial y comercial de la República. ¿Por qué esa inquina contra la injerencia del Estado en una institución suya de crédito?
Dice entre otras cosas el maestro armero que su máquina era perfecta; pero que el bruto del verdugo la deslució por inquina y mala voluntad para con el exponente.
Como Hernani es «ópera de tenor», los abonados se manifestaron descontentos, viendo tan mal principio y notando las escandalosas desafinaciones del coro, y en pasillos y palcos principió a fermentar sorda inquina contra la Empresa y el «cuadro»; los periodistas, desde sus butacas de primera y segunda fila, cuchichearon cabeceando y trocando en voz baja fatídicas impresiones; el telón cayó en medio de un silencio glacial, y antes de concluirse la ópera ya corría por el teatro el rumor -mañosamente esparcido- de que se iba a rescindir la contrata de «aquel hueso».