En abril de 1523, cuando el explorador español Gil González de Ávila llegó a la llamada región de Nochari, integrada por las comunidades de cultura náhuatl de Ochomogo, Gotega, Mombacho, Morati y Nandapia, Diriangén se presentó en Gotega con un suntuoso cortejo, formado por cinco trompeteros, quinientos hombres que llevaban pavos y diecisiete jóvenes mujeres cubiertas de patenas de oro y con hachas también de oro.
Tenían coronas parecidas a las mitras y diademas, en la frente medias lunas de oro o plata con las puntas hacia arriba, máscaras, patenas de oro en el pecho, sartas de brazaletes de cuentas de piedras verdes, rojas, blancas o de hueso, ensartadas a trechos en canutillos de oro fino; chagualas de oro en las narices y en las orejas, ajorcas, etc.
Llegó y se convidó jugar con nosotros en el corredor de la pulpería: ahí mismito estábamos nosotros limpios como unas patenas, y él con todos los reales.
Se sabe también que durante las fiestas se adornaban con las plumas de la guacamaya, he aquí cómo nos describe el modo de vestirse los Cañaris para las fiestas de sus huacas o ídolos un escritor muy autorizado, el Padre Arriaga, en su libro sobre la Extirpación de la idolatría en el Perú: " En estos actos se ponen los mejores vestidos de cumbi que tienen, y en las cabezas unas como medias lunas de plata que llaman Chacra-inca, y otras que se llaman Huama y una patenas redondas que llaman Tincurpa, y camisetas con chaperías de plata y unas huaracas con botones de plata y plumas de diversos colores de guacamayas, y unos alzacuellos de plumas, que en algunas partes llaman Huacras y en otras Tamta, y todos estos ornamentos los guardan para este efecto ".
Se velaba las veinticuatro horas del día de Jueves Santo y por la tarde se representaba el lavatorio, aún se recuerda como de muchachos se afanaban con el estropajo para dejarse los pies como patenas.
Cerraba la procesión el cacique, ataviado con los mejores adornos, el poder se escenifica: «El último lugar llevaba el rey o cacique con el más costoso adorno y majestad que le era posible, y aunque era crecidísimo el número de gentes que le seguían y la diferencia de los trajes en que iban, denotaba ser parcialidades distintas (…) y lo que no parecerá creíble (…) era la gran cantidad de oro que iba en ellas en tan distintas joyas, como eran máscaras, mitras, patenas, medias lunas, brazaletes, ajorcas y figuras de varias sabandijas (…) por muy de mañana que se diese principio a esta fiesta no se hacía poco en volver a la noche con la procesión a palacio, donde se gastaba de su chicha».
Pintados de rojo y negro y disfrazados de animales comenzaba el carnaval: «Dividíanse en cuadrillas y parcialidades con diferentes trajes y disfraces, arreados de patenas de oro y otras diferentes joyas que abundaban, aunque todos convenían en llevar pintados los cuerpos de vija y jagua (rojo y negro).
Aunque en Castilla y León no se ha conservado ninguno se sabe que en la Colegiata hubo cuatro donados por los reyes Fernando y Sancha y se tiene la descripción de los que hubo en la catedral de Salamanca y de Zamora. Cálices y patenas.
A este propósito escribe la madre Concepción Puig, viviente en aquella época, que contempló a muchos soldados en las salas de recreación arreglando sus mochilas y caer de algunas, cálices, patenas y otros objetos sagrados.
Ponen a más lámparas funerarias pendientes de la bóveda que difunden una opaca luz en aquel recinto y los vasos sagrados del culto, cálices, custodias, copones, candeleros, patenas, bordones, incensarios de oro y plata como arrojados por el suelo y en desorden al pie de la tumba de Jesús queriendo demostrar que con la muerte del Señor ha cesado la celebración de todos los misterios.
-Sí, en eso tiées muchísima razón -dijo, interrumpiendo a Paco, Antoñico el Muñequero-; que no tengo yo más que dos gorriones en mi cubril y gano catorce riales, y el día que se me ladea el carro, ese día nos tenemos que acostar tos más relimpios que patenas.
En cálices, patenas, custodias, incensarios, casullas, capas pluviales, mitras, palios del altar, y mantos de la Virgen, y molduras del tabernáculo, y aureolas de los santos, debían emplearse los resplandores del metal precioso; y el usarlo para vender y comprar cosas profanas, miserias y vicios de los hombres, le parecía terrible profanación, un robo al culto.