viernes, 15 de mayo de 2020

HOY LLEGO AL ÚLTIMO POEMA DE LIBRO, "MUJER, TU ERES POESÍA". AGRADEZCO A QUIENES HAN IDO ASOMÁNDOSE A ESTAS PÁGINAS, ALGUNOS YA AMIGOS. OS DESEO A TODOS SUERTE, EN ESTOS TIEMPOS TAN TRISTES, EN LOS QUE TANTAS VIDAS SE VAN PERDIENDO.

Tal vez mañana, quizá, lo haga

 andar el polvo, amigo, de todos los caminos,
sonreír a los espejos
que poseyeron tu rostro,
hacer un guiño a las estrellas, 
a las que rogaste un deseo,
recorrer con mi mano el lomo de aquel buen perro 
que lamió tu cara,
acunar, en el cuenco de mis manos, 
la espuma del mar que arrulló tu cuerpo,
visitar, de nuevo, aquel lecho 
que acogió nuestros encuentros.
Tal vez mañana, quizá, volverá tu sonrisa 
a acariciar la mía.

viernes, 8 de mayo de 2020

Amor caduco


El amor es un templo,
en él solo su imagen.
Devoto fue de ese templo
y el tiempo le arrojó de él.

Ya no le llegan sus besos,
su abrazo ya no es húmedo,
y sus palabras no logran
su sonreir de entonces…

Ese amor caduco,
que les hiere y les mata,
les aleja y les anula,
les enfrenta y les afrenta,
les rebaja, les denigra,
no es pesadilla pasajera,
no tiene solución, no tiene cura.

A la locura ha de llevarles,
les lleva a un infierno en vida,
sin olvido e imposible salvación.




viernes, 1 de mayo de 2020

Ella no está



Allí, tumbado en la cama, desnudo, abrazado
a la almohada.
Las ventanas le arrojan
los ruidos de fuera.
No sabe qué día y hora es,
ni tampoco le importa; ella no está.

Cae la noche, la oscuridad lo invade todo,
también su mente.
Y su nombre, el nombre de ella,
desaparece,
desaparecen sus labios,
su húmeda boca, su acogedora piel, los besos,
en su piel impresos…
“Desapareces toda tú.”

Hecho un ovillo, tembloroso, deshilvanado,
da vueltas y más vueltas
entre las húmedas sábanas,
mojadas por sus lágrimas.
Todo es tiniebla; todo es nada.

Amanece, ella no está,
¡Malditas palabras!

¿Puede matar la mente?
Prueba con toda su fuerza:
hace por no respirar
se engrosan sus venas,
su cuello se enerva,
su cuerpo levita,
casi hasta tocar el techo…
Más fuerza; su corazón se acelera,
sus ojos deambulan locos, salidos de órbita,
buscan lo que no encuentran.
Sus brazos se tensan, sus manos
levantan el gran peso
que su alma alberga.
Más, más alto. Su cuerpo tiembla;
él desespera…

Quizá lo consiga, insiste; su rostro
se desencaja. Las venas arrastran
veneno que su corazón bombea; insiste…
Mas, la mente no mata…




viernes, 24 de abril de 2020

Delirio de amor



Te persigue y huyes esquiva.
Te mira y tu figura se disuelve
entre fantasmal, intangible e irreal niebla.
Te llama, te habla, tus labios permanecen mudos.
Sus manos tiemblan, tendidas a ti, suplicantes,
y su corazón se desboca,
gana al tiempo en su ritmo,
porque no te encuentran, y estás cerca… mas distante.

Sus ojos, cerrados, están despiertos,
buscando en la nada las líneas de tu cuerpo.

De pronto, apareces y le rechazas
entre risotadas que escupen total desprecio.
Tras de ti se cierran todas las puertas,
con portazos ensordecedores que revientan
sus tímpanos, y te busca entre chinescas sombras.

Danzas malditas, confusión.

La luz se desvanece.
Crece el silencio, que lo invade todo.
Resbala su alma, se hunde en un foso sin principio,
sin fin. Todo es tiniebla,
pegada a su piel, mojada,
como otra piel a su piel, que no siente
suya, ni cercana, ni de su amada.

Flota en un aire denso,
tropieza, gira su cuerpo,
ovillo ingrávido, avanza, retrocede, bota,
se aleja de si mismo.

Se ve minúsculo, apenas nada, enteramente
nada. Levita, cae.
Sudor frío, suelta una carcajada,
su estruendo le desplaza, le quema, le hiere. Vuelve 
a caer, choca de una a otra pared, la escala,
cual frío reptil, se deja las uñas, la piel

Grita un nombre, no sabe de quién. Implora, ríe,
llora, vive, muere, no sabe por qué. No sabe
nada, nada, nada…





viernes, 17 de abril de 2020

Sigues siendo igual



Después del tiempo transcurrido,
ya no tienes aquel bello rostro ni aquel talle
que, tan a la disposición, todos deseaban
enlazar a sus brazos.

Tampoco tus ojos tienen, aunque su destello
aún perdure, aquel contorno liso,
y tus ojeras se han quedado con un color
nazareno, casi muerto.

Tu boca y tus labios, en ejercicio perpetuo,
sobrevivientes al naufragio,
aún invitan a albergar en ellos
lances de amor.

Sigues siendo igual de caprichosa, cariñosa
y generosa con tu cuerpo
y los de los demás.
Nunca te acaban de saciar, recibes
siempre menos que das.

Te sabes, te llaman, tonta
y otras cosas. Y… ¡Qué más da!
te da exactamente igual,
al menos, aunque sea por muy breves momentos,
evitas la soledad total.


viernes, 10 de abril de 2020

Demasiado tarde



 Estaba harto de los dos,
de ella y de sí mismo.
Por ella sentía pena,
con él mismo
no se mostraba compasivo.

Famélicos de amor, casados
sin boda ni testigos.
Ella bonita, ingenua, caprichosa,
díscola y muy coqueta.

Han pasado los años.
Y ¿qué del tiempo vivido en común,
juntos, distantes, tan distintos?

Por fin se han conocido,
noche a noche, Domingo
a Domingo, de juergas,
bailes y cartones de bingo.

Sus carnes, lacias, colgando,
sus cabellos encanecidos,
sus ojos cansados, llorosos
de volutas de humo…

Y porque en amor no han vivido.



viernes, 3 de abril de 2020

El reloj, a(na)tómico



El amor, aun siendo sereno, incita a cometer
pequeñas y las más grandes locuras… 
Mas hay un tiempo para amar.

Después, vendrá el  momento difícil de evitar
dejar regadas las miserias,
como migajas de pan agrio y duro,
escombros y tristeza.

La rendición, el dejar las armas, ya obsoletas,
envainadas con la resignación del guerrero
derrotado por otro invencible, inexorable,
            y cruel, el paso del tiempo.


viernes, 27 de marzo de 2020

Clama ante tu puerta



Clama ante tu puerta, que fue suya y ha cerrado,
deshecho, hundido su cuerpo, ahogado
por las drogas que circulan
por su sangre, en la desesperación de ser tan débil
y desgraciado, teniendo
lo más sagrado a su cuidado,
descuidado
por su debilidad ante el vicio consumido,
que le consume y destruye,
sin que su voluntad, ausente y enajenada,
pueda evitarlo.

Clamo, mi amor, ante tu puerta que tantas veces
yo mismo, sin estar en mí, sin llave,
he clausurado.
Los lloros del bebé, más bien, débiles lamentos,
que nuestro loco amor engendró, rasgan mi pecho,
no hago nada por acallarlo, sólo me arrastro
por el suelo ensangrentado, dolor en mis manos,
mis uñas arañan con furia el sucio mosaico
como fiera que quiere herir
a cualquiera… que esté a su lado.


viernes, 20 de marzo de 2020

Madre rota



El otoño luchaba contra el temprano invierno,
perdiendo la partida.
Era una mañana fría
muy fría, gélida, de Sigüenza,

Las nubes habían teñido de noche el día.
El aire clavaba la lluvia en nuestras mejillas.

El pinar, mientras, nos regalaba con aroma
de tierra y plantas mojadas;
tomillo y romero y, también, resina.

Las copas de los pinos
nos saludaban silbando,
se inclinaban con el viento,
al alocado paso de nuestras correrías.

El castillo, entonces en ruinas,
nos miraba extrañado;
no se creía tanta alegria,
en día tan ventoso y frío.

Confundidos con los silbidos
que los pinos emitían, nos llegaron... ¿lloros... 
y gritos...? Corrimos hacia el camino
que las ramas cubrían.
No lejos, una mujer,
desafiando a los elementos,
se dirigía hacia el, no lejano, cementerio.

Apenas en falda y camisa,
llevando una pequeña caja
del color de las astillas.
Subía entre dolor, quejidos y los sollozos.

A su niña, muerta, iba hablando, la acariciaba,
la chillaba, la susurraba, gritaba al cielo.
A nosotros nos ignoraba; no nos veía...

De un resbalón caía a tierra;
en el suelo abrazaba aquella pequeña caja;
la acariciaba, la besaba,
mientras, desgarradoramente,
“mi pobre niña”, decía...temblando.






viernes, 13 de marzo de 2020

¿Por qué?



Imagino un pequeño bebé, endeble,
y desatendido, desamparado
que se aferra, con sus escasas fuerzas,
al frágil hilo de la vida.
Cuando cesan sus lamentos deseo oír de nuevo,
si no sus risas, al menos,
sus quejidos, que confirmen su supervivencia.

¿Es un niño carente,
quizá, de amor, de salud,
sin una nana que calme
su inquietud, su dolor?

Mis ojos, insomnes, escrutan la oscuridad
buscando su sonrisa inédita.
Niño por mí desconocido; tu cara es mueca,
solo triste mueca, de infeliz niño,
de niño desgraciado, abandonado.


viernes, 6 de marzo de 2020

La casualidad ha querido que, siguiendo el riguroso orden del ïndice del libro, haya sido éste el poema a publicar en el día de hoy ,Viernes, tan cercano al día 8.-


Maltrato

Siempre, a cualquier hora, fuera del día
o de la noche, empezaba a tronar la misma voz,
escupiendo alcohol, cascada rota,
trallazos de metal contra metal.
Al lado de nuestra casa el infierno,
habitaba el diablo; así de cruel y sanguinario.
Golpes de objetos contra las paredes,
contra el suelo,
vidrios rotos, sollozos, lamentos confundidos
con quejidos, gritos y más sollozos.
Más golpes, blasfemias, quejidos.

Luego, después del terror de los gritos,
el terror, más profundo e incierto, del silencio...
Mirábamos a la pared que nos separaba
queriendo adivinar, buscando la silueta
de aquella pobre mujer,
pidiendo que aún no estuviera muerta.

Él había cerrado con un portazo
la pesada puerta, con sus pasos alejándose
se iban silenciando sus maldiciones.
Tenues ayes nos confirmaban supervivencia,
de una amarga, desesperanzada y muy cruel vida.

Un día, después de los golpes, al final, no hubo
más lamentos, ni sollozos, ni ayes... Sí silencio;
un silencio denso, rasgado
por la sirena de ambulancia, ya innecesaria.

viernes, 28 de febrero de 2020

Veneno



Te arrojé veneno a tus ojos
y me ha salpicado a los míos
Lo primero ya hace años, cuando nos conocimos,
lo segundo en estos momentos está ocurriendo.
Y así nos escuece la vida, los dos sangrando.
Tropiezan nuestros párpados cansados
por todas las esquinas,
y seguimos naufragando,
sin que exista antídoto que nos salve.




viernes, 21 de febrero de 2020

Siesta



Solía decirle,
a eso de las cuatro de la tarde,
que es la hora de la siesta,
que ya era tarde, que le dolía la cabeza
y que los niños estaban en casa;
podrían oírles...¡Qué vergüenza!
Entonces, él se vestía
y se iba a ver el partido,
decía, mientras abría la puerta,
y esa tarde no se jugaba ningún partido,
poniéndose la chaqueta, las gafas de sol,
y se quitaba la alianza.
Sonreía… ¡Tendría siesta!


viernes, 14 de febrero de 2020

No me lo digas



                               
                                  "Ya no bailan tus pupilas al besarte 
                                   ¿Dónde se perdió el amor,
                                   cuándo comenzó el olvido,
                                   deshojándolo como flores de estío?
                                                        Daniel Escribano Vela 



No, por favor, no me lo digas,
ni vengas con excusas ni reproches.
Te lo pido, no digas nada,
no insistas, ¿no ves que yo permanezco en silencio?
¿Por qué tú insistes ahora?
Hace ya tiempo que, del amor nuestro,
al viento se colgaron las últimas cenizas.

 


viernes, 7 de febrero de 2020

Tedio

l     Ella y él pasan los minutos
      sin decirse palabra,
    y las horas, las noches, y los días...
   Muere, en silencio,
   el amor que se tuvieron.

viernes, 31 de enero de 2020

Tu mirada me atraviesa




Me miras como si yo fuera
para ti desconocido,
como si vieras a otro que yo no conociera,
como si yo fuera distinto al de antes,
como si ya no me quisieras.
Tu mirada me atraviesa
como si yo fuera invisible,
como si tú no me vieras.
Cuando me miras
tus ojos me hablan de una total indiferencia.
Quisiera que fueras ciega
de esa forma de mirarme
y que así, mi amor, tú ya no me vieras.


viernes, 24 de enero de 2020

Nuestro lecho



Nuestro lecho, sin ti, mi amor,
es un erial de incontables hectáreas.
Mi manos, de tu piel  ávidas,
se pierden, buscándote entre las sábanas
y, aun estando tu ahí, ya no te encuentran.


martes, 21 de enero de 2020

Día 19 de Enero de 2020

       


Padre, han transcurrido ya cuarenta años
que tu sonrisa se ausentó. También,  tu palabra...
Aún me siento huérfano, como un niño,
como si fuera, casi, un desvalido indefenso.
Sigo todas las noches mi rito: beso tu
fotografía, y un Padre nuestro. Luego cierro
los ojos, sigo viendo tu imagen, hasta que
las lágrimas la emborronan… entonces, me duermo..

Hay noches que me acompañas en mi moto Vespa,
o en tu seiscientos, con el techo abollado... ¡Aquella
con mi silencio, hasta ahora, cuando lo publico.
Tantas veces que por ella paso ahora, cuento
a mis hijos y nietos que la tomaste en recto.
"Si papá,  si abuelo,  siempre que pasamos nos
dices lo mismo"
"Digo lo mismo pues no os miento"
 les contesto, y de mi pesadez ni me arrepiento
ni propósito de la enmienda; mil veces vaya...

Sin embargo, cuando  duermen las noches en mi
casa... "Abuelo, cuenta lo de tu padre y la curva"
Nunca termino la narración, pues se han dormido.
Y tu, padre, me sonríes y me envías un guiño.
Nos seguimos entendiendo... Te sigo queriendo,
padre.

Hoy, también, cumpleaños de mi esposa a la que felicito y deseo cumpla muchos más, felizmente.


Aquel negro y triste sábado.



                                     EN MEMORIA
                                                                          
                                                         Perdóneseme el atrevimiento,
                                         pues el dolor y el amor no tienen pudor.
                                                                          
Ayer, un día muy triste, para mi lo fue. Se cumplían treinta y seis años de que una larga intervención quirúrgica terminara con la vida de uno de mis seres más queridos: mi padre.
Se nos dieron garantías de éxito total, “nada que temer”.  Así que  apenas le despedimos ¿para qué? ¿para causarle preocupación? cuando entraba en quirófano, un viernes de dolor.
Se iba con sonrisa cariñosa y enigmática.  ¿Es que, quizá, sabía lo que iba a ocurrir?
De madrugada oímos voces nerviosas, pedian sangre, carreras por los pasillos interiores, nervios…y a nosotros nos invadió el miedo, el pánico, de que ocurriera algo que no esperábamos; se nos garantizó éxito por el cirujano…
Horas interminables,  un silencio extraño.
Nos dicen que pasemos solo dos a la UCI;  mi madre en primer lugar. Al poco tiempo sale descompuesta, llorando.
Entro, veo a mi padre roto por dentro, cables, tubos máquinas. En su cara el reflejo del dolor más intenso.  Le tomo una mano, la más libre que yo veo, me la retira, con quejido y rostro descompuesto. No puedo reprimir el llanto que arroja lágrimas a sus hombros descubiertos.
Le lleno su frente de besos, son besos suaves, cautelosos por no ocasionarle dolor, daños.
Mis besos son los últimos. No me lo creo. Y él está sufriendo...consciente, está a un paso de la odiosa muerte.
Dolor en mis entrañas, mareo,  náuseas contenidas, espanto.
Salgo de aquella sala de torturas.  Mi familia, mi madre, hermanas y yo, con los corazones oprimidos, soportamos, incrédulos, el fatal desamparo.
Nos quedamos solos, huérfanos de nuestro amado padre. A las siete y media de la mañana, de un Sábado  negro, salíamos del hospital.
Y ese Sábado, negro, mi mujer cumplía años. Una vez más la grotesca y cruel muerte empañaba la alegría de mis ojos cansados.

Hoy, aun lejana en el tiempo,  recuerdo, con nostálgica sonrisa, aquella  repetida frase por mi hijo menor: “No te ayas abeito, está pibido”   mientras extendía sus bracitos, intentando evitar que mi padre saliera de nuestra casa, cuando venía a visitarnos.
Hoy, un día más, con alegría, pero con gran nudo en la garganta, felicito a  Carmen , mi mujer, por su nuevo cumpleaños, uno más, y muchos más que cumplirá, así se lo deseo.

 

Madrid, 20 de Enero de 2016

viernes, 17 de enero de 2020

El desengaño



Tiene el cuerpo de adolescente marchita, arrugas
incipientes en su cara. Sus ojos grandes,
como dos faroles, pero apagados...

Su caminar por la calle es ligero
aunque nadie en casa la espera.
En el trabajo es alegre pero discreta;
su misterio es la vida que hace fuera.

Conoció el amor con pasión y fuerza;
muchos días y noches,
así varios años...

Un mal día  -quizá mal día no fuera-
vio al hombre que quería;
otra mujer llevaba de su brazo,
ambos, un niño y una niña, en cada mano...

El corazón se le quedó helado;
no creía lo que veía.
De inmediato entendió
por qué, a veces, a su amor no tenía.

Se había escondido detrás de un árbol,
quedó temblando pegada al gran olmo,
mientras ellos pasaban de largo,
riendo, hablando...
quedó temblando, pegada al gran olmo.

Eso ocurrió ya hace años.
Salió huyendo;
en otra ciudad está viviendo
su cruel desengaño.



viernes, 10 de enero de 2020

Mujer, deja que te hable de amor...Capítulo II.


Dudas

 

Que seas suya, ya lo duda,
que seas de otro… ni lo piensa,
no lo soportaría.

¿Quién podrá provocar
el calor de sus sueños?
¿A quién evocan sus suspiros?
¿Qué nombre habita entre sus dulces
pensamientos?

Negros presagios acompañan
sus desvelos;
noches oscuras, eternas,
amaneceres inciertos, fríos,
ojos cansados, siempre abiertos…



viernes, 3 de enero de 2020

Noche de San Juan, 23 de Junio de 2007



Los invitados ya se han retirado.
Sobre el suelo, debajo de las mesas,
aparecen, inertes, algunas servilletas,
labios rojos, prometedores,
impresos en ellas
y tapones de botellas de cava.

Mas la boda no ha terminado aún.

Al fondo, es una dulce melodía
que llama mi atención.
Mis pasos, sin darme cuenta,
me han mudado a una estancia nimia, recoleta.

En el centro, los novios
bailan, mas, apenas se mueven,
no sé si, ni siquiera, oyen la bella canción
 “Is this love” su favorita.

Y no cesan de mirarse a los ojos,
con dulce e interminable sonrisa,
como preguntándose
¿Esto que estoy sintiendo es, verdaderamente, amor?
y sus ojos contestan:
“Sí, cierto, esto es amor”

Helena, bella, hoy más que nunca,
embellece, aún más,
su vestido blanco, de novia.
Eduardo, embelesado,
plenos sus ojos del amor
con el que sus brazos la envuelven.

Las dulces notas, revoltosas, revolotean
entres sus apretados cuerpos,
dejan en sus labios
el exquisito néctar del amor,
en clara luna y noche hechizada de San Juan.

Les dejo solos…





viernes, 27 de diciembre de 2019

Haykus


                                      Los poetas que escriben haikus…
                        ¿Son poetas en huelga de celo?

Mi amor, tus ojos,
son estrellas en fuga
cuando me buscan.


Tus bellos ojos
con los míos, de frente,
son cuatro espejos.


Gozar tu cuerpo,
gozar de nuestros cuerpos:
revolución.


Sí, se entendían:
su boca con la suya;
sobran palabras.


Monte con monte
dos amores se gozan,
nada por medio.



Besé sus pechos:
sus profundas raíces
se perturbaron.

Ay, el amor       
es fuente, es manantial,
el agua corre.

 



Día de la mujer

 Este ramito
de diminutos versos,
mujer, es tuyo





viernes, 20 de diciembre de 2019

Ocaso


 El ocaso, rojo y cálido como la ardiente
sangre, abrasa sus palabras y sus besos de amor.
La mar, sus aguas vacilantes y juguetonas,
lame sus cuerpos, entrelazados y desnudos.
Una gaviota, columpiada en las mudas olas,
observa a los amantes.
El sol, pudoroso, se esconde tras las montañas.
Ya a oscuras, dan rienda suelta, con frenesí, al goce,
a la fogosidad que embarga sus sentimientos.
Las sabias manos de él recorren la orografía
provocadora de un cuerpo joven e incendiario
que se retuerce, conjugando los movimientos
con los lascivos lances de su amante.
La luna, curiosa, se asoma en lo alto;
por  lo que ve, ya no es de plata, pues se sonroja.
Tras varios asaltos se internan en las templadas
aguas, jugando y salpicándose con las olas.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Mujer sola




       Rostro sereno, aún no ajado.
Ojos profundos, inquisidores.
Boca de pétalos desflorados
de sus primaveras.

Senos que nunca fluyeron mieles,
nunca amamantaron aunque el amor y el placer
gustaron,
henchidos en deleites y goces.

Cuerpo provocador de envites apasionados,
de relajación
de miembros enlazados, reincidentes y locos.

Los amores... aves de paso; en su sentimiento
no anidaron,
sólo posaron, descansaron su fugaz vuelo.


viernes, 6 de diciembre de 2019

Estatua



¡Pobre estatua de mármol frío y duro!
Sin corazón, sin alma; tú eres, sólo, bella...

Cuando la luna te mira eres de nieve blanda,
nacarada.
Tus ojos tristes, sin destellos,
sin lágrimas.

Tus cabellos
quietos, al soplar el viento.

Vigía de noches de amor, de lunas
llenas y lunas moras,
codiciosa de caricias y besos
permaneces erguida, orgullosa,
siempre mirando sin mirar.

Tus pies, frágiles y desnudos
en los fríos de las noches y los días,
te sostienen incansables sin tener donde ir;
siempre quieta, sólo se mueve tu sombra.

Treinta años mía...
 no me conoces, no me saludas... Yo,
enamorado de ti,
sin verte, te veo desde mi alcoba;
tú ahí sigues mojada,
solo, por el rocío y la lluvia.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Niebla


 

La niebla descansa, húmeda y gris,
sobre la hierba del bulevar,
el viento, en remolinos, la levanta
jugando con tu falda,
y nos acompaña, tú... despeinada.
Nos damos un último y fugaz beso ,
yo quisiera retenerlo.
Nuestras manos,
aún ardientes, se separan.
Las tuyas, esquivas, se cobijan en los bolsos
de tu abrigo.
Mientras te alejas, la oscuridad
te oculta a mis ojos,  ávidos
de ti, deseosos de no perderte.
Cuando la niebla disipa tu imagen,
tus pasos, huidizos, suenan vacíos,
huecos, como un adiós.
La habitación aún guarda el calor de tu cuerpo;
la cama, en desorden, aunque callada, no oculta
nada de nuestra pasión desatada.
Mi corazón queda desierto sin ti.


viernes, 22 de noviembre de 2019

Y un mañana



Y un mañana, no sé cuán cercano,
alguien habrá cerrado mis párpados;
ya no veré tu dulce sonrisa,
ni tomaré tus manos,
ni acariciaré tus cabellos,
ni veré los soles de tus ojos,
ni oiré la música de tus labios,
pero... te seguiré amando.


viernes, 15 de noviembre de 2019

Venecia



 Cuando te descubrí,
tú, irreal, bella, y acariciada por la ninfa,
perfecto maridaje, mas provocadora…
me sedujiste. Uno más rendido a tus islotes,
Me parecías como un sueño, una fantasía.

De madrugada, tus luces culebrean sobre
el lago, atravesadas sus aguas por algún
vaporeto de cotidianos 
noctámbulos, embriagados por tus recovecos,
recónditos rincones, escondidos en las
enaguas de coqueta amante.

Gozan la noche, descubriendo
tus húmedos encantos, lujuriosa,
insaciable de miradas ávidas,
acariciantes e incrédulas.

Quieren ver tu despertar femenino,
siempre espléndido, al nuevo día.

El sol florece los matices,
en los de tus centenarios ladrillos y piedras,
en muros y puentes, algunos escuchan suspiros,
en tus aguas reflejados,
en los ojos sorprendidos.

Venecia, no te hundas, vive siempre, eternamente,
para placer de nosotros, amantes mortales.





Quién pudiera ir atrás!


 El amor es joven y apasionado.
Ilusión, esperanza, vigor...El amor huye
de la razón, y se precipita en la atracción.

Cuando pasan los años, torna en dulce, tranquilo.
Y, como si un río fuera, muda el nombre, muta
a cariño, amor y añoranza de algo
que ya  no podrá retornar jamás.

El amor lo puede todo cuando quien lo siente
puede más   ¡Juventud, fugaz estadio,
quién pudiera ir atrás!




sábado, 9 de noviembre de 2019

Treinta años del regreso a la libertad del Berlin "Democrático"




VIAJE A LA OSCURIDAD


Hemos tomado el tren urbano U-bahn que nos trasladará del Berlín Oeste al “Democrático”.
Los vagones son algo vetustos, pinturas y asientos un tanto rancios.
Los viajeros, ancianos y niños en su inmensa mayoría, llevan la tristeza hospedada en sus ojos.
Tras un fugaz pitido, parte el tren. Son las 16 horas, algo tarde, pues tendremos que volver antes de la medianoche; así lo exige nuestro visado.
Tras unos minutos el tren reduce la velocidad. Va reptando entre los muros sórdidos que  tapian otros caminos, otras vías, posiblemente, a la libertad.
De trecho en trecho, en las paredes del túnel, garitas con potentes focos, guardias metralleta en mano, tocados con  el extraño casco que les prestara su temido nombre a quienes los portaban, “Vopo”.
Los viajeros permanecen en silencio tenso, también cuando, una vez parado el tren,  salen, salimos, sin prisa al vacío andén. Un letrero anuncia Friedrichstrasse, las paredes y techo alicatados con plaquetas color hueso.
Dos o tres guardias, tocados con grandes gorras plato,  blandiendo largas y amenazantes porras, esperan para formar en filas a los viajeros, ya con su documentación en la mano.
Dentro de garitas, una a cada lado y otra en el centro del pasillo, otros guardias examinan escrupulosamente visados, permisos.
Luego confrontan fotografías con los rostros que nos hacen girar  para ver los dos perfiles y de frente…
Suena una voz, suena como un trallazo, una orden, suponemos, pues hay un ligero y sumiso movimiento de la gente, entre la que nos encontramos.
Hemos pasado nuestro  turno de revista con el alma encogida, como con una roca dentro del estómago.
Iniciamos con alivio la subida de escalones que nos separan de la calle.
La pobre luz de los faroles, un tanto distanciados, apenas puede atravesar una fina y heladora capa de niebla.
Los viajeros, siempre sin decir palabra alguna, se van dispersando, ahora aprisa, en todas direcciones, se pierden en la oscuridad.
Difícilmente se pueden distinguir el brillo de las vías del tranvía sobre la mojada calzada de adoquines. Seguimos su curso hasta una parada, el letrero anuncia Alexanderplatz  unas paradas más adelante. Esperamos.
Al cabo de unos minutos se oye en ruido metálico acercarse, después del chirriar de los frenos se abre la puerta de acceso.
El tranvía va casi vacío, por suerte  tres jovencitas de unos veinte años están muy cerca, hablan, ríen, nos observan; a mí cómo busco monedas  para la máquina expendedora de billetes.
Una de ellas se me acerca y mira las monedas que mantengo en la palma de mi mano abierta; son D-Mark, no los admite la máquina, ella saca unos Pfennigs que introduce, y me extiende el ticket, con una sonrisa que devuelvo agradecido.
En la oscuridad de la noche, arriba, en el cielo, vemos, como si una nebulosa fuera, la redondez iluminada de la torre de comunicaciones  Fernsehturm,  la más alta de Europa y  cerca un rascacielos, el Park Inn Hotel Berlínel edificio más alto del Berlín de entonces.
Es nuestra parada, también la de las jovencitas, las cedemos el paso, nos sonríen  agradecidas y en mi escaso inglés les ofrezco un cigarrillo, un Marlboro. Al ver la cajetilla, saltan de gozo, como niñas ante una golosina, diciendo, “American, american”, cogen los cigarrillos y, viendo su alegría, a una de ellas le entrego una cajetilla sin empezar que llevo en mi bolso. Me la aceptan entre risas nerviosas y alegres. Nos despedimos dándonos la mano y se alejan entre más risas.
Alexanderplatz es un lugar amplio, la torre en el centro. A uno de sus lados hay tiendas en cuyos escaparates se ven prendas de piel, de abrigo.
Algunos grupos de viandantes, que se dirigen al hotel, llevan parecidas prendas, tocados con gorros rusos de astrakán.
Por las calles que  rodean la plaza, de vez en cuando, pasa algún coche, medianos de tamaño los menos y, en su inmensa mayoría, los Trabant, familiar y cariñosamente conocidos como los Trabbi, por su precio los más accesibles para la clase media de los berlineses del Este.
Los coches pasaban con su ruido de motor característico de 2 tiempos y una pequeña nube blanca saliendo de su tubo de escape por el ambiente frio, helador.
Anduvimos un buen rato, vimos edificios, bellos monumentos que nos hicieron volver durante varios años, aprovechando mis visitas a la Cébit de Hannover y el haber hecho una amistad en el Berlín Oriental en esa misma noche.
Debajo del Hotel de la plaza, en una cafetería,  saboreamos buena cerveza, por supuesto, alemana.

Volvimos esa misma noche recorriendo el trayecto en tranvía, con los mismos faroles clavados, más que en mi vista, en el alma, tal era la tristeza que desprendían. En el metro las tinieblas del horror del telón de acero.

Berlín

Berlín, del muro y alambradas de espinos,
gorras plato y pasos de oca.

Berlín, de bellos monumentos -antes desiertos,
casi muertos-
ha caído tu muro, eres libre, eres uno.

Entra un nuevo aire, sin centinelas ni metrallas…

Alexanderplatz, tu torre luce ahora
como antorcha de paz y alegres noches
prometedoras.

Puerta de Brandemburgo
-antes tierra de nadie-
por tus arcos circulan otras brisas...
recuerda tu origen de paz,
olvida lo que tu diosa y cuádriga evoca.

Friedrichstrasse
con Checkpoint Charlie de museo,
sin controles ni miedos.

Tus calles han encendido las luces
 -te conocí casi a oscuras-
atrás quedaron las tristes farolas,
las nieblas de futuro incierto… y vidas
en la desesperanza.



Berlin

Berlin, mit Schutzgittern und Mauer,
mit Dienstmützen und Ochsenschritt.

Berlin, mit schönen Denkmälern, -einst vereinsamt,
öde fast-, deine Mauer ist gefallen, du bist frei, bist eins.
Ein neuer Wind weht in dich hinein, ohne Wachposten, ohne Schrapnell...

Alexanderplatz, dein Turm glänzt jetzt
Wie eine Fackel des Friedens und froher, versprechender
Nächte.

Brandenburger Tor
-einst Niemandsland-,
durch deine Bögen verkehren andere Brisen...,
gedenke deines Ursprungs des Friedens,
vergiß, was deine Göttin und deine Quadriga beschwören.

Friedrichstraße,
mit Chekpoint Charlie als Museum,
ohne Kontrollen, ohne Ängste.

Deine Straßen haben die Lichter angemacht
-ich hab dich dunkel gekannt-,
vergessen sind nun die traurigen Laternen,
die Nebeln der ungewissen Zukunft... und das Leben
in der Hoffnungslosigkeit

(Traducido al alemán por Anna Rossell.)


viernes, 8 de noviembre de 2019

Recuerdos que ahora anido



entre la luz de aquellos días
que, frenéticos, paseábamos nuestro amor
por todos los caminos.
¡Era todo tan bello entonces!
Tu sonrisa, envolviendo tu mirada,
nacida rebosante de caricias.
Nuestros sueños, muchos incumplidos pero siempre
inadvertidos por el logro de otros
que nos han penetrado en el interior del alma.
Parecía cual juego
prohibido, de tan deseado y tan procaz
para aquellos tiempos.
Y, sin darnos cuenta, nuestros cabellos
se fueron tornando blancos.
Ahora en nuestros ojos el brillo de los ojos
de nuestros hijos y el de los suyos.
Todo tan a su tiempo,
todo así nos ha sucedido.


viernes, 1 de noviembre de 2019

Atardecer del alma


Hola espejo, brumoso y viejo amigo.
Miro tus ojos, tu frente, arañada
por la poderosa zarpa del tiempo.
No te conozco.  Me habla de ti tu alma.

¡Cuántos sueños, cuántas ilusiones en objetos
perdidos! ¡Cuánto tiempo malogrado!

Falaces amores, juguetes rotos,
desatadas pasiones,
noches en desvelo, esperas cada madrugada.

Pero... llegaste tú,
mujer, amor y entrega, caricias y pasión,
convulsiones en el vientre. Fuiste el gran rescate
que yo temí imposible.


viernes, 25 de octubre de 2019

Aquella muchacha...

Hoy ¡Santo Cielo! he visto, si, a aquella muchacha,
aquella muchacha de encantos inexplorados,
hoy conquistados, colonizado su bendito,
vientre, pues está preñada,
rotundamente preñada, como luna llena.
Su capa abierta a la brisa
que, suavemente, la acaricia.
Solo han pasado tres años desde que la viera
por vez primera e hiciera de musa
en mi poema "Belleza cruel".
Es más exuberante su belleza
ahora, y no es cruel pues ama, es amada.
Al pasar cerca de mi, he quedad ensimismado;
mis ojos resbalan -con pudicia- por su grávido
talle, su semblante y sus cabellos
respla decientes, sus pechos turgentes,
prometedores de inagotable y delicioso
néctar . Su mirada, aún es inocente,
la ha fijado en mi mirar de abuelo, todavia
a la espera de serlo,
y me ha sonreido, sin conocerme, con cara
de mamá,  de joven e ilusionada mamá,
con esa bendición en su vientre de mujer.
He retirado mi mirada,
me he vuelto de espaldas, pues dos jubilosas lagrimas6,
han resbalado por mi rostrp.
Aquella belleza que yo presumía cruel,
está a la espera de ser una bella mamá. 

viernes, 18 de octubre de 2019

En tus brazos




Estás dormida a mi lado;
acaricio con mi vista tu cuerpo,
al sueño abandonado;
en tus labios una sonrisa...

Tus cabellos desparramados,
tus manos en tus brazos, como abrazando.
Quisiera estar en medio...
sin estar en ti ¡qué solitario me encuentro!

La almohada recibe tu aliento,
tus ojos están cerrados,
tus senos libres,
con tu respiración, cabalgando.

Quisiera estar en tus sueños,
quisiera ser tu niño mimado;
tú estar siempre pendiente de mí,
ser yo... tu juguete adorado.


viernes, 11 de octubre de 2019

Alientos del alma



Me asomo al mirador del tiempo.
¡Cuánto tiempo transcurrido! aun siendo tan exiguo.
Años de infantiles batallas, de primaveras
en mis venas,
en mis ojos luces escudriñando el futuro;
cabeza enloquecida de ilusiones
y esperanzas, de amores tiernos,
chicas con pecas, con trenzas,
con enaguas, cancanes y sandalias.
Paseos por los pinos, temblores en las piernas,
sentidos latentes,
curiosidad por lo desconocido,
miradas cómplices.
Roces de piel, besos inocentes ¿inocentes?
con explosión de sentidos, miedos y vergüenzas,
rondas románticas, luz de luna… las guitarras.
Pechos palpitantes,
palabras entrecortadas, perdidas, voz ronca.

Con cielos estrellados canciones italianas;
primeros bailes,
abrazos verticales…  y los cuerpos
enfrentados, alientos de dentro, de deseo,
alientos del alma.





viernes, 4 de octubre de 2019

Eres...



Es, rubia como la parva de la era,
cual la caña del trigo. Rubia y fresca
cual la arena dorada de la playa.
Eres rubia y ardiente
cual melena del sol en el estío.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Me bebía el mar


 Miro al cielo y te veo en sus nubes, sumergida,
miro al mar y en su espejo azul te veo.
Las olas, rompiendo en roca,
son un inmenso pañuelo de seda en tu cuello.
Su espuma, es el brillo de tus ojos. Es
el verde de las algas tu sonrisa,
hecha promesas. El negro fondo submarino
es mi temor a que tus promesas no se cumplan.
La tormenta perfecta mi deseo, hecho fuego,
agua embravecida. Me bebía el mar
buceando entre el atrayente arco de tus muslos.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Amantes



Conocen bien sus cuerpos, sus vidas... a retazos,
acuerdo tácito; no les preocupa más.
Se ven muchos, pocos, días, se ven y se gozan,
pero siempre a escondidas; su pueblo es pequeño,
las ventanas ojos anidan, abiertos a
cualquier movimiento.

Sus
amores emigran sus encuentros a otros lechos,
donde sus caras no son conocidas.
Apenas tienen horas,
las buscan, como sus cuerpos buscan sus caricias,
como sus labios sus besos.

¿No hay nada más tras esos arrumacos,
tras esos te quiero,
te quiero, te quiero...?
¿Son simples jadeos,
es una forma de hablar tras el envite fiero?

No hablan de amor. A su arrebato dan rienda suelta;
siempre lechos extraños, alquilados.
Dejan sábanas mojadas, sudadas,
enredadas por el fragor de locas batallas,
por las contiendas de sus pasiones desatadas...

Nunca acabadas de saciar, se encontrarán otro
día; aún no saben cuándo, ni en qué lugar. Encuentros
itinerantes, prófugos, culpables, errantes,
ocultos, acuden a la cita de la llama
que nunca acaban de apagar.

No piensan
en futuro, no dan por acabada su historia
ni piensan cuanto durará. Ella o él, otra vez,
una más, se llamarán; otro sitio distinto,
nuevo escenario, nuevo nido de su muy loco
desvarío.




domingo, 15 de septiembre de 2019

HOY, OTRO DÍA DE TORRENTES DE LLUVIA Y DE LÁGRIMAS, VUELVO A ESTAS PÁGINAS PARA CONTINUAR CON LA PUBLICACIÓN DE LOS POEMAS QUE COMPLETARÁN LOS INCLUIDOS EN EL POEMARIO "MUJER, TU ERES POESÍA"

Noche de verano


Está caliente la noche y aún la luna no la besa,
       el sol se va por las laderas en busca de otras
       tierras.

       Hay un silencio infinito ¡callad! que la luna
       ya se acerca...está celosa del sol que a la tierra
       así calienta.

       El aire huele a jazmines,
       los ruiseñores lo festejan;
      con el jolgorio de sus cantos a los insomnes,
      más, desvelan.

      Frescos están los olivares
      reflejando la luz de sus hojas,
      las lechuzas entonan sus cantos,
      los pastores guardan sus ovejas.
      Los amantes el calor de sus cuerpos cabalgan,
      baten sus sudores, los bañan,
      cruzan caricias, besos,
      suspiros, risas…

      Luego sus cuerpos y almas se relajan,
      quedan quietos.

viernes, 19 de julio de 2019

CON LA PUBLICACION DE ESTE POEMA ME DESPIDO HASTA MEDIADOS DE SEPTIEMBRE, CUANDO REANUDARÉ LA PUBLICACIÓN DE LOS SIGUIENTES HASTA COMPLETAR LOS CONTENIDOS EN "MUJER TU ERES POESÍA " FELIZ VERANO.


Hemos roto



 Hemos roto nuestras cartas de amor
los dos juntos, tú y yo, con nuestro pudor de acuerdo,
como único testigo.

El papel, amarillo por el pasar del tiempo,
con renglones rasgados anunciando
las fechas de nuestros encuentros.

Hemos roto nuestros secretos, junto a la suma
de los latidos de nuestros corazones locos,
ávidos de amar.

Los pedazos llevan escritos nuestros te quiero,
nuestros deseos de estar juntos
tu cuerpo y el mío, de estar sellados
nuestros labios con nuestros besos.

El perfume de tus cartas, amor,  ha impregnado
mis dedos que, juguetones, acarician tu piel,
y hacen temblar tu cuerpo, unido al mío.

Hemos roto nuestras cartas de amor,
pero el amor
sigue en nosotros vivo.


Aparte de leer poesía, tasmbién cantan canciones de su creación. En esta ocasión, una dedicada a Miguel Hernández.

Castillo de Sigüenza

Castillo de Sigüenza
Realizada por Antonio López Negredo