Santos Patronos
Santos Patronos
Santos Patronos
San Galo (Saint Gall) era ya famoso por su biblioteca, una de las más grandes y selectivas de todo el
entorno eclesiástico europeo, con manuscritos y copias de los mejores escritores de la época (sus
copistas tenían gran prestigio en occidente). Además, los monasterios eran asimismo los lugares
donde se impartía la docencia más refinada, cuando todavía no existían las universidades. Por ello,
la adquisición o mantenimiento de los libros era una función importantísima, ya que los alumnos
no tenían otro acceso a la cultura que los libros que se guardaban en los centros de estudio. Es
importante recordar en este punto que en la Edad Media sólo los eclesiásticos y la alta nobleza -en
su mayoría varones- accedían a la cultura, por lo que la participación de una mujer en estas labores
era algo insólito.
En ese ambiente, y gracias a Wiborada, los ejemplares realizados por el grupo de copistas
estuvieron bien confeccionados (tratando sus páginas para unificarlas en un volumen compacto) y
fueron celosamente custodiados. Dicha labor era para ella tan importante como sus oraciones. Es
más, se puede decir que Wiborada entregó su vida por la conservación de los libros, algo que no se
puede decir de ningún otro bibliotecario insigne. En el siglo X, los húngaros se convirtieron en una
pesadilla para muchos estados medievales de la Europa Central y pasaron por la tierra de la santa,
a mitad de los años veinte del siglo décimo, devastando algunas regiones. Pero antes de la
invasión, Wiborada tuvo una visión sobre la catástrofe que iba a ocurrir. Por ello en el monasterio
se decidió guardar en un lugar seguro todo lo que tuviera un valor incalculable (vasos sagrados,
ornamentos litúrgicos, manuscritos y copias de la biblioteca, etc.) y huir a otras regiones. Sin
embargo, Wiborada no huyó. Permaneció sola en el convento a la espera de los acontecimientos
para cumplir la promesa que hizo cuando juró los votos. Cuando llegaron los húngaros, llenos de
ira, destruyeron el convento y la torturaron, destrozándola con un hacha hasta que falleció.
Así, la imagen que se conserva de ella, en un retrato muy antiguo, representa a una mujer con el
hábito benedictino, con un códice en la mano derecha y un hacha en la izquierda. Su festividad es
el 2 de mayo.
SAN JERÓNIMO
30 de septiembre
San Lorenzo
fue uno de los siete diáconos de Roma, ciudad donde fue martirizado
con una parrilla en 258.
Imagen
Durante la persecución de los cristianos bajo la administración del Emperador Valeriano I en 258,
muchos sacerdotes y obispos fueron condenados a muerte, mientras que los cristianos que
pertenecían a la nobleza o al senado eran privados de sus bienes y enviados al exilio. El Papa Sixto
II fue una de las primeras víctimas de esta persecución, y fue crucificado el 6 de agosto.
Una leyenda citada por san Ambrosio de Milán dice que Lorenzo se encontró con Sixto en su
camino a la crucifixión, y que le preguntó:
"¿A dónde vas, querido padre, sin tu hijo? ¿A dónde te apresuras, santo padre, sin tu diácono?
Nunca antes montaste el altar de sacrificios sin tu sirviente, ¿y ahora deseas hacerlo sin mí?", a lo
que el Papa respondió:
Entre los tesoros de la Iglesia confiados a Lorenzo se dice que se encontraba el Santo Grial, la copa
usada por Jesús y los Apóstoles en la Última Cena, y que consiguió enviarlo a Huesca, junto a una
carta y un inventario, donde fue escondido y olvidado durante siglos.
Tras la muerte del Papa, el prefecto de Roma ordenó a Lorenzo que entregara las riquezas de la
Iglesia. Lorenzo entonces pidió tres días para poder recolectarlas, pero trabajó para distribuir la
mayor cantidad posible de propiedades a los pobres, para prevenir que fueran arrebatadas por el
prefecto. Al tercer día, compareció ante el prefecto, y le presentó a éste los pobres, los
discapacitados, los ciegos y a los menesterosos, y le dijo que ésos eran los verdaderos tesoros de la
Iglesia.
Martirio
En la Basílica de San Lorenzo en Roma es donde se encuentran los restos del santo. Según la
tradición, Lorenzo fue quemado vivo en una hoguera, concretamente en una parrilla, cerca del
campo de Verano en Roma. Su santo se celebra el 10 de agosto, día en el cual según la tradición
recibió martirio.
Lorenzo fue enterrado en la Vía Tiburtina, en las catacumbas de Ciriaca, por Hipólito y Justino. Se
dice que Constantino I el Grande mandó construir un pequeño oratorio en honor del mártir, que se
convirtió en punto de parada en los itinerarios de peregrinación a las tumbas de los mártires
romanos en el siglo VII. El Papa Dámaso I reconstruyó la iglesia, hoy en día conocida como Basílica
di San Lorenzo fuori le Mura, mientras que la basílica di San Lorenzo in Panisperna se alza sobre el
lugar de su martirio. La parrilla usada en el martirio fue guardada por el Papa Pascual II en la iglesia
de San Lorenzo de Lucina.
Veneración
Lorenzo es uno de los santos más ampliamente venerados por la Iglesia Católica Romana. Su
martirio ocurrió muy temprano en la historia de la Iglesia, por lo cual muchas otras tradiciones
Cristianas lo honran también.
Santa Minucia
Patrona de los catalogadores
Santa Rita
Patrona de los bibliotecarios del servicio de préstamo
San Bartolomé
Fiesta: 24 de agosto
A este Santo -que fue uno de los doce apóstoles de Jesús- lo pintaban los
antiguos con la piel en sus brazos como quien lleva un abrigo, porque la
tradición cuenta que su martirio consistió en que le arrancaron la piel de
su cuerpo, estando él aún vivo.
Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo
nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios"). Muchos autores creen que el personaje
que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé.
Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, lo colocan como
compañero de Felipe a Natanael.
El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una
fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan lo narra de la siguiente manera:
"Jesús se encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos
encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret".
Natanael le respondió: "¿Es qué de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás".
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no
hay engaño". Natanael le preguntó: "¿Desde cuándo me conoces?". Le respondió Jesús: "antes de
que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael:
"Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que
te vi debajo del árbol ¿crees?. Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor
del Hijo del Hombre". (Jn. 1:43)
Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar
a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que
encendía a otra antorcha. Pero nuestro Santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese
pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno
de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas.
Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás
que gran profeta es!".
Una revelación que lo convenció. Y tan pronto como Jesús vio que nuestro Santo se le acercaba,
dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Éste sí que es un verdadero israelita, en
el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce , y El
Divino Maestro le añade algo que lo va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando
qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga?. Cuando
estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas".
Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche,
desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y
montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. Jesús explica a su nuevo
amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a Ese Salvador del
mundo, y acompañarlo al subir glorioso a las alturas.
Desde entonces nuestro Santo fue un discípulo incondicional de Este Enviado de Dios, Cristo Jesús,
que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros once apóstoles presenció los
admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de
lenguas de fuego.
El libro muy antiguo y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior
del Santo de hoy: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí
convirtió a mucha gente. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y
después le cortaron la cabeza". Según la tradición este martirio ocurrió en Abanopolis, en la costa
occidental del Mar Caspio, después de haber predicado también en Mesopotamia, Persia y Egipto.
Según Eusebius, Pantenus de Alejandría (Siglo II) encontró en la India un Evangelio de San Mateo
atribuido a Bartolomé y escrito en hebreo. Dicho evangelio es apócrifo y fue condenado en el
decreto de Pseudo-Gelasius. Las reliquias de San Bartolomé, según una tradición, fueron
enterradas en la isla de Lipara y eventualmente fueron trasladadas a Benevento, Italia, y después a
Roma donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la "Isola San Bartolomeo" del río Tiber.
Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canute entregó uno de sus brazos a Canterbury en el
siglo XI.