Album de Familia - JPasmino
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En Tiempo de Vacaciones
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nico, óptico, químico, sin previa autorización escrita del autor.
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ÍNDICE
Vacaciones en piletas. 79
La intensidad de la imagen. 83
Fuentes consultadas. 88
Índice de fotografías. 90
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Fotografías familiares: Dispositivo e ideales en los días de estío.
Ahora bien, si el foco analítico está concentrado en las vacaciones y el universo go-
zoso; también de manera diacrónica el trabajo investigativo enuncia las voces que
hegemonizan el discurso representacional desde los sectores acomodados. No obs-
tante, en su avance histórico se van asomando y mostrando las trasformaciones de
prácticas veraniegas, donde sin duda las clases populares son las verdaderas prota-
gonistas.
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bién permeada a las emergentes clases sociales que buscaban compartir el espacio
público de calles, plazas, estaciones y balnearios.
De un modo evidente a imitación de las modas europeas que consignaban las re-
vistas ilustradas Zig - Zag, Sucesos, Pacifico Magazine, Selecta y otras, junto con la
eclosión de la industria de tarjetas postales además del abaratamiento de los equipos
amateur de fotografía, este sistema tecnológico visual fue de acceso más amplio de
tal modo de operar la salida del restrictivo y estereotipado estudio al espacio del
viaje vacacional. Por lo anterior, la fotografía se fue constituyendo en testigo ocular,
un dispositivo tecnológico (Agamben: 2015) que memoriza y evidencia las transfor-
maciones significativas del espacio público. Por esta práctica, se puede formular la
deducción que al ser todo aparentemente fotografiable, se fueron democratizando
las zonas de visibilidad. Por lo mismo, el mundo privado familiar asoma narrado
justamente por álbumes y recuerdos fotográficos que fueron describiendo dicha me-
moria de la estirpe, indagando en las profundas y complejas filiaciones y arraigos
que dan sentido a las generaciones y las parentelas.
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Frente al deterioro, es decir la pérdida y la desmemoria, la acción del fotógrafo con-
cluye con un “gesto de archivo” (Derrida: 1997) pues recompone un tiempo, lucha
contra su deterioro por medio de la permanencia de la imagen, más aun si son las
fotografías de la plenitud familiar no en la solemnidad de roles y jerarquías sino en
el pasatiempo participativo.
Claro está que todas las operaciones culturales del siglo XX están marcadas de cier-
tos ideales incubados en el siglo XIX. En particular si recordamos los ideales román-
ticos que justamente expresa su lucha por la rehabilitación de los sentimientos y la
imaginación acoplados a los objetos, por cuanto ellos son portadores de concepcio-
nes de vida, de estados anímicos. (Gras: 1988, 13). Ya desde las primeras imágenes
fotográficas en “paquetes daguerreanos” está explícito el afán del resguardo como
delicado tesoro de los rostros de “los que amamos”, por cuanto son parte de una
memoria afectiva, significativa.
Por lo mismo, este libro centraliza una operación de rescate del autor, Jorge Pasmiño,
que en gesto romántico contemporáneo reconquista precarios objetos patrimoniales,
un conjunto de imágenes que han luchado frente al deterioro y el olvido. Además,
exterioriza una certeza el corpus, que la visualidad conformada en las vacaciones y
el estío veraniego simbolizan constantes de la modernidad: vulnerabilidad, cambio,
fragilidad.
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muladas por Jorge Pasmiño, así también la concepción que la vida moderna a pe-
sar de su amenidad multiforme, presenta una constante fragilidad, ese vivencia de
temporalidad limitada, conciencia sensible y vulnerable del cambio como invariable
padecimiento familiar.
Sin duda, uno aspecto más destacado en los contenidos de las imágenes mostradas
en este libro, obedece al desplazamiento del universo simbólico de lo fotografiable,
pues veremos aparecer personas haciendo cosas que habitualmente no realizarían.
El soporte tecnológico fotográfico es consumido como plantea Bourdieu en las fami-
lias que tiene niños, que tienen tecnologías y que muestran sus bienes simbólicos
y autentifican sus patrimonios como los automóviles. Sin embargo, lo normal que
los contenidos simbólicos sean repetitivos y estereotipados de acuerdo a las normas
sociales y el capital simbólico de cada familia en cuestión (Bourdieu: 2003).
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Una de las experiencias más interesantes tras ver el total de imágenes de este libro
es comprobar que en las vacaciones el tiempo existe como fluidez intemporal, es la
vivencia de la eternidad de una felicidad aparentemente sin límites. Es esta evanes-
cencia, una presencia palpable en cada imagen, una consideración de la moderni-
dad desde el contenido de la foto, donde la diversión no dialoga con la rigidez de
los cánones morales, culturales y religiosos con los cuales se enfundan el resto del
año. Los sueños románticos se perpetúan en estos corpus fotográficos que detienen
el cambio continuo y nos dan esperanzas frente a nuestras propias incertidumbres.
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Bibliografía
Bourdieu, Pierre. 2003. Un Arte Medio: ensayo sobre los usos sociales de la fotografía- Buenos Ai-
res, Tununa Mercado.
Bourdieu, Pierre. 2002. Campo de poder, campo intelectual. Montressor. Buenos Aires.
Derrida, Jacques. 1997. Mal de archivo. Una impresión freudiana. Editorial Trotta, Madrid.
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ÁLBUM DE FAMILIA. EN TIEMPO DE VACACIONES.
Las fotos familiares hablan de la memoria y de los recuerdos, es decir, de las historias
de un pasado, todo ello – historias y pasado – compartido por un grupo de personas
que en el momento de compartir se crea a sí mismo como familia.
ANNETTE KUHN
1 El pasado, es clave moderna o tardo moderna, no es más que una experiencia vivencial del desgarro. Es una ma-
nera de intentar capturar, soñar algo que no es plenamente recuperable, hacerse cargo de algo que alguna vez se tuvo y que ya
no se puede rescatar. Pero al seguir ahí, es parte intrínseca de nuestra identidad, de nuestra memoria. (Jocelyn - Holt, 2000: 38)
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alta. Su acceso principal era el ferrocarril, que se constituyó, paulatinamente, en un
importante factor de desarrollo del turismo. A partir de la década del 50, se inicia
el declive del balneario, probablemente desde el momento en que se transforma en
un lugar muy popular (clases medias y bajas) y debido a los incentivos de políticas
sociales, al auge del trasporte terrestre y la cercana conectividad con la capital.
Por otro lado, no hay que olvidar que la mayoría de los veraneantes nacionales pre-
ferían pasar la extensa temporada estival disfrutando del campo, entre sauces, ála-
mos y ríos de aguas frías y transparentes, en la época en que ríos y lagos no se habían
privatizado o pertenecían al patrimonio del Estado de Chile.
En este contexto cabe recordar que durante generaciones ha sido una práctica muy
recurrente, la de “visitar los parientes o amigos del sur”, como una pensada forma
de ahorrar y vacacionar con pocos recursos. Sin embargo, esta económica idea no
siempre fue grata, especialmente para quienes recibían en sus hogares a las visitas,
sobre todo cuando eran numerosos los parientes con aires de turista. Aún así, son
dignas de rememorar las visitas de amigos querendones, que asientan su sed de es-
parcimiento y ocio, durante los prolongados y calurosos días de verano.2
El destino de preferencia de las familias acaudaladas a comienzos del 1900 era Euro-
2 Sobre las vacaciones es interesante citar un artículo de una antigua revista chilena, F.F.C.C., año 1963;
“Época de vacaciones”
Con la llegada del verano empieza el alegre período de las vacaciones en que los chilenos de todas las categorías, empleados,
obreros, empresarios abandonan las grandes ciudades en busca de unos días de esparcimiento y reposo y de un clima más
Estos viajes de descanso se realizan de acuerdo con la capacidad económica de cada familia, pero se llevan a efecto de todas
maneras, ya sea en casa de veraneo, hoteles, residenciales y aun en carpas, que es un medio se ha difundido mucho última-
mente.
Y el hombre se encuentra dueño de un puñado de días y, sintiéndose libre como un pájaro, se va con los suyos en demanda del
mar, del valle o la montaña, cuyos aires puros y reconfortantes le devolverán las energías gastadas durante un pesado año de
trabajo, en los límites estrechos y siempre iguales de una oficina, de un taller o de un negocio. (En viaje, 1963: 1)
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pa. Hacia allá se trasladaban en barco, vía Estrecho de Magallanes, debiendo sopor-
tar largos viajes cuya duración excedía los dos meses.
La estadía en el extranjero consideraba extensos periodos tanto para vacacionar como
para instruirse, lo que era especialmente importante para la alta sociedad de la épo-
ca quienes anhelaban que sus hijos estudiaran francés y lograran empaparse de las
bondades de la cultura gala. Durante varias décadas, Francia fue el faro iluminador
y modelo a imitar, no sólo en nuestro país sino también en el resto de Latinoamérica,
de modo que la instrucción de las generaciones jóvenes burguesas privilegiaron su
formación en el estudio de la historia, sociedad y cultura francesas. Influencia, por
cierto, que podemos comprobar al observar el día de hoy la extraordinaria influencia
francesa en la arquitectura de las capitales de Argentina, Chile, Brasil y México.3
Los escasos chilenos acaudalados que lograban viajar a Francia, disfrutaban al máxi-
mo su estadía transitando por las modernas calles de París4 , contemplando las so-
berbias edificaciones, revisando la última moda en vestuario, muebles, equipamien-
to para el hogar; asistiendo a obras de teatro, visitando exposiciones, adquiriendo
libros, revistas, postales. Acudían a la ópera, escuchaban música, se ponían al día en
cuanto a los últimos inventos como la fotografía.
Antes del 1900, nuestros connacionales visitaban la Riviera Francesa, no sólo para
avistar el mediterráneo o pasear para aprovechar la calidez estival, sino también
3 La llegada de la Belle Époque hizo su parte en Sudamérica, sobresaliendo elegantes balnearios por toda la costa del
Pacífico y Atlántico sur. En Perú destaca el balneario de Chorrillos (destruido por los chilenos en la Guerra del Pacífico) y la
playa de la Herradura. En Argentina se posicionaba la lujosa ciudad de Mar del Plata, con su extensa Rambla de hermoso estilo
neoclásico. En Uruguay, Capurro y Piriapolis eran los centros de moda, y en Brasil la famosa playa de Copacabana se llenaba
de hoteles y lujosos chalets para acoger la alta demanda de turistas. En Chile surgía el balneario de Viña del Mar, Papudo,
da-de.html)
4 Atractivo resulta conocer como fue modernizada la ciudad de París y su influencia en América. Napoleón III encargó
a Georges - Eugéne Haussmann el 22 de junio de 1852 que modernizara París. Al contratar a Haussmann confiaba en que París
pudiera convertirse en una ciudad con calles más seguras, mejores casas, comunidades más salubres, hospitalarias y que faci-
litaran las compras y lograr, además, mayor fluidez en el tránsito. La ciudad se transformó en menos de dos décadas, dejando
de ser una urbe medieval insalubre para convertirse en la ciudad más moderna del mundo.
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para disfrutar gratamente de la elegancia y belleza de distinguidas damas o, mirar
de reojo la última moda que lucían los refinados ciudadanos franceses.5
Volviendo a lo que acontecía en nuestro país, es necesario mencionar las visitas de
los turistas a las ciudades costeras que aún no se desarrollaban como focos turísticos,
por ejemplo, Valparaíso y sus posteriores playas aledañas.
En aquellos años, se desconocían los excelentes beneficios que reportan los saluda-
bles baños de mar, por lo que no encontraremos postales de bañistas enfundados en
divertidos trajes estilo buzo deportivo. En cambio podemos señalar, que el turista
de aquel tiempo gustaba de caminar sobre las plácidas playas, sintiendo la cálida
brisa marina pero lo hacía vestido de traje, en donde predominaban los tonos grises,
el clásico color negro y algún exclusivo sombrero de acuerdo a la usanza de la época.
En general, las familias de fortuna y las de “medio pelo”, disfrutaban también, de
acuerdo a sus posibilidades, de extendidos veraneos en el campo en la zona central
o en el sur del país. Nuestros antiguos veraneantes durante dos meses se instala-
ban con “camas y petacas” sobre verdes valles, cerca de ríos o lagunas provistas de
abundante vegetación. Era en estos lugares, donde los dueños de fundo construían
las típicas “casas patronales”.
Desde estas amplias casonas de extensos pasillos, pero con sobrias construcciones
de adobes, tejas, madera y mirando hacia el Este, los afortunados veraneantes po-
dían disfrutar contemplando la soberbia Cordillera de los Andes. Estos fundos eran
grandes propiedades que se llenaban de variados visitantes y en donde el dueño de
casa demostraba su hospitalidad. También servía para reunir a la numerosa familia,
parientes y amigos, en torno a agradables tertulias que en ocasiones contaban con la
presencia de influyentes personajes de la aristocracia de la época, además de jueces
y militares. Eran de mucha utilidad para estrechar vínculos políticos y sociales, ya
que en estas reuniones se concertaban matrimonios, negocios y sociedades. Estas
formas de relacionarse por diversidad de intereses, fueron factores que incidieron
5 La ciudad costera de Cannes desde antes del 1900, preferida entre los millonarios americanos y europeos. El paseo
más concurrido era La Croissete, una extensa y hermosa avenida junto al mar. Lejanamente esta reconocida costanera fue la
fuente de inspiración de los fundadores e impulsores de balnearios en Chile y Sudamérica. Actualmente, Cannes continua
siendo considerado como uno de los balnearios internacionales por excelencia, reconocido por su famoso festival de cine.
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en el nacimiento de prácticas sociales como el nepotismo, uso que tendría una gran
influencia en la conformación de nuestra sociedad y en el posterior acontecer histó-
rico de nuestra república.6
Las expediciones, caminatas, paseos y las llamadas garden parties (fiesta en el jar-
dín) eran prácticas comunes en estas exclusivas propiedades, desarrollándose bajo
la sombra de altos eucaliptos, aromáticos pinos y frondosos sauces. Estas amenas
tertulias incluían una buena mesa, música, canto y baile, actividades que animaban
las calurosas noches de enero y febrero.
Cuando echamos mano a la memoria encontramos varios relatos que nos señalan
que en algunas zonas campesinas se disfrutaba folclóricas celebraciones como la
“trilla a yegua suelta” y la “vendimia”. Durante estas coloridas actividades, los co-
mensales degustaban abundantes cazuelas y regados asados, que acompañaban de
chicha de uva o manzana, vino tinto de chuico, pipeño, “guindado” o aguardiente,
logrando deleitar a los amigos, a los dueños de casa y al corazón de los invitados.
Todo esto era amenizado por el guitarreo colectivo, melodías de inspiradas canto-
ras populares, el estruendoso zapateo y el infaltable “pie de cueca”. Estas ruidosas
demostraciones folclóricas y de algarabía colectiva al parecer causaban gran asom-
bro a los invitados europeos. Tal afirmación es entendible ya que los distinguidos
visitantes, desconocían las expresiones descritas y posiblemente comparaban este
bullicioso e insólito baile americano, con algún refinado y menos estridente vals vie-
nés, el que era practicado en los fastuosos e imponente salones de la vieja Europa,
especialmente por la distinguida aristocracia austro – húngaro, francesa, e inglesa.
A nuestros viajeros se les hacía innecesario recorrer largas distancias para respirar
6 “Hemos sido los ingleses de América”, dice Ana Pizarro. “Evidentemente, algo había de razón en este planteamien-
to: la organización de la sociedad desde el comienzo fue altamente jerarquizada y de un clasismo exacerbado. La oligarquía
de la zona central, en su mayoría de origen vasco, presidía la organización social de un país que vio desarrollarse sobre todo
desde comienzos del siglo XX clases medias que sustentaban en aquélla su modelo cultural e intentaron reproducir a lo largo
de la historia su imagen”. En esta sentencia, vemos reflejada la idea que venimos arrastrando durante toda este estudio, que la
imagen, se crea muchas veces, por esas voces preponderantes en la sociedad, que crean modelos que toda la sociedad quiere
reproducir o imitar, por ello siguiendo con Ana Pizarro, podemos decir que “la sociedad no es toda la sociedad, sino el discur-
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la brisa del campo autóctono. Recordemos que Santiago a fines del siglo XIX era una
ciudad todavía pequeña, de unos 300.000 habitantes, de lento desarrollo urbanístico,
circundado de incontables y productivas chacras.
Si revisamos el contexto urbanístico de la época, descubrimos que comunas como
Peñalolén, Las Condes, San Bernardo, Maipú o Renca, eran parte de las zonas rura-
les, compuestas de bucólicos paisajes pueblerinos, casi detenidas en el tiempo y muy
cercanas a nuestra capital. Eran estos idílicos pueblos, formados de escasas construc-
ciones de adobe, tejas, madera y rodeados de agradables campos, los lugares elegi-
dos por los connacionales como destino para evadir los calurosos días de verano.
Si revisamos algunas fotografías del 1900, vemos que las familias en general se tras-
ladaban en carros, carretas, o caballo, pero los veraneantes que se dirigían al sur
aprovechaban el máximo avance del trasporte de la época: el tren con vagones de
tres categorías. El transporte contaba con carros populares, como el de “tercera”, de
tarifa económica con duros asientos de madera y tirados por una ruidosa locomoto-
ra a vapor, la que cada cierto lapso lanzaba grandes bocanadas de penetrante humo
negro. Esta fumarola, era el residuo emanado por la poderosa energía del carbón
extraído desde las profundidades de las minas de Lota.
Es posible que, para los veraneantes que tuvieran la suerte de viajar hacia los incon-
tables “Ramales del Sur”7 y que conectaban todo el país, la situación se asemejara a
escenas sacadas del antiguo Far West.
Varias décadas más tarde, hace su aparición el automóvil en Chile, medio que fa-
cilita el desplazamiento estival de las familias más acaudaladas del país. Aún así,
los viajes eran bastante prolongados, los traslados podían durar muchas horas e
incluso días, porque los caminos eran sólo rústicas huellas cubiertas de tierra y pie-
dras. Pero no todo era alegría y relax también debemos recordar que los entusiastas
7 En el año 1878 el Estado Chileno crea la empresa F.F.C.C., corporación que se hace cargo de la movilidad tanto de
carga como de los pasajeros a través de toda la extensión del territorio nacional. En 1913, el Estado había desarrollado una
línea férrea bastante ramificada que conectaba el territorio nacional, desde Iquique hasta Puerto Montt. Para los ciudadanos
europeos del siglo XIX, la existencia extremadamente importante del ferrocarril y las recomendaciones de doctores los acer-
caron al mar, se creía que el bañarse o tan solo sumergirse en agua salada, podía ser muy eficaz para curar una meningitis, u
otras dolencias. Incluso se especulaba que: los saludables baños con agua de mar podían aliviar una lastimosa pena de amor.
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viajeros debían ir muy protegidos ante posibles asaltos. Para tal efecto el conductor
enfundaba o exhibía algún poderoso Colt, u otro tipo de arma para defenderse de
los temidos asaltantes de caminos.
Aunque visitando las playas, los chilenos evitaban visitar el exceso de sol porque
oscurecía su color de piel, rehusando así al baño de sol para no verse exagerada-
mente morenos, unos “chilenos aceitunados”. De esta forma intentaban ocultar que
muchos de nosotros poseemos cierto grado de sangre indígena o negro. Tanto en la
preocupación, particularmente de la clase alta, que utilizaban en el rostro un tipo de
polvo cosmético blanco para reducir o cubrir la oscuridad del cutis. La explicación
ante tales prácticas comprueba que los chilenos ansiaban en demasía parecerse a los
europeos, especialmente a los franceses, ingleses o alemanes, así como los argentinos
por sus orígenes, se distinguían – todavía existe esa percepción – como ciudadanos
italianos, por esas cosas del destino, “desembarcados desde Europa” en el cono sur.
“Lo que intento decir es que los recuerdos evocados por una foto no surgen sin más de la propia imagen, sino que se generan
en una red, en un intertexto de discursos que basculan entre pasado y presente, entre el espectador y la imagen, y entre todos
ellos y los contextos culturales y los momentos históricos. En esa red, la propia imagen funciona en gran medida como rastro,
como pista, necesaria pero no suficiente para la actividad de crear significado, siempre señalando a otro lugar”. (Vicente,
2013:108)
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un gran impacto, al incorporar el uso del color en las prácticas de los fotógrafos na-
cionales.
De las imágenes de León Durandín, podemos observar a elegantes y distinguidas
damas de la capital paseando, tal vez de vacaciones, rodeadas de una bella y abun-
dante vegetación que serpenteaba las orillas del histórico Río Mapocho que, desde
el Este, se desplazaba a través de una tupida y bella vegetación, donde anidaban
variadas avecillas que con sus trinos animaban el fresco paisaje que aún conservaba
una atractiva flora originaria. Las prístinas aguas del río, permitían a los veraneantes
practicar la pesca, actividades impensables en la actualidad, ya que el Mapocho en
estos momentos no pasa de ser un cauce marrón y pestilente.
Pero el río también manifestaba su fuerte carácter cuando en tiempo de invierno, el
amurallado afluente se desbordaba haciendo notar su poderío, motivo por el cual se
hizo necesario construir los desaparecidos Tajamares del Mapocho. En estos lejanos
y crudos inviernos, el Rio Mapocho marcó en nuestra historia imborrables imágenes
y cuantiosas pérdidas, tanto humanas como materiales, las que fueron cubiertas y
registradas profusamente por la prensa nacional de la época.
Habíamos ya revisado que nuestros antepasados a principios del año 1900 visitaban
los incipientes balnearios pero no precisamente para practicar el clásico baño playe-
ro, sino más bien, para realizar paseos familiares o con amigos, para airear el cuerpo
y guardar algo de calor que nos permitiera capear el largo invierno.
Algunas opiniones sostienen que en aquellos tiempos, los connacionales no habían
desarrollado el gusto o hábito por la natación y menos, mostrar el cuerpo ligero de
ropa tal vez porque los compatriotas no siempre fueron amantes de la limpieza o el
baño corporal diario, más bien, eran asiduos a la práctica matinal del “lavado por
presas”.
En realidad, en la mayoría de las ciudades y pueblos de nuestro país, no se contaba
con una extendida red de agua potable, ni menos de alcantarillado por lo que coexis-
tíamos con el lavatorio, la bacinica, los pozos sépticos o baño de cajón. Eran tiempos
en que las ciudades carecían de plantas para el tratamiento adecuado del agua para
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el consumo humano. Los avances en la ciencia y la medicina en el siglo XIX, permi-
tieron tardíamente conocer cuan beneficioso era el baño diario y lo muy saludable
que resultaba para la higiene de las personas.
El término “bañista” estaba más bien asociado a los cálidos baños termales que a las
playas. En el siglo XVI, en plena colonia, ya eran mencionadas por los cronistas es-
pañoles algunas termas nacionales como las de Cauquenes. Fue allí donde se creó,
en 1897, la primera "Guía del bañista y del turista", publicación de la que se disponía
como una importante fuente de información.
La poca documentación existente sobre los primeros baños en el mar, muestra que
las mujeres se mojaban tapadas totalmente con una especie de enaguas de lanilla,
chapoteaban o paseaban muy acompañadas entre ellas, “lejos de las miradas de los
hombres”, escena no obstante despreocupada, si la comparamos con que hoy en día
los baños en el mar aunque son altamente recomendados y son sinónimo de vida
sana, debemos tener el cuidado de realizarlos en lugares no contaminados con eva-
cuaciones de residuos industriales y que reúnan una serie de requisitos sanitarios
de prevención así como de seguridad.9
Un tema aparte es el origen del derecho al reparador descanso, así como las vacacio-
nes legales pagadas en Chile, asuntos que poseen varias aristas históricas así como
profundas raíces en el contexto de las luchas sociales ocurridas a fines del siglo XIX.
Lo primero que debemos explicar es que es justo y necesario contar con el derecho
9 La ONG Oceana denunció el grave peligro que podrían correr los veraneantes que se bañan en las playas de Ven-
tanas, en el sector conocido como “las termas”, que se ubica a metros de las contaminantes plantas termoeléctricas que hay en
la zona. La gente que va al lugar lo prefiere por las altas temperaturas de las aguas del Pacífico sin saber que es agua procesada
por la central de energía y devuelta al mar con una serie de elementos dañinos para la salud de los seres humanos. Así, las
termoeléctricas extraen agua del mar para sus procesos de enfriamiento y posteriormente las devuelven a altas temperaturas,
junto a sustancias químicas como los antincrustantes utilizados para evitar que microorganismos marinos se adhieran a sus
tuberías. Estas sustancias pueden causar daños en la salud de las personas, como irritación a los ojos, a la piel y problemas res-
piratorios. (http://www.theclinic.cl/2012/02/23/banistas-de-las-termas-de-ventanas-se-exponen-a-aguas-ultra-contraminadas/)
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a vacaciones pagadas así como al valioso tiempo libre, de esparcimiento social y de
acceso a todos aquellos hábitos que se encuentran interrelacionados con el tiempo
de ocio, los que han demostrado, desde diversos enfoques, lo saludable que ello pue-
de significar para las personas. Dicho esto, podemos confirmar que el tiempo libre
adquirido legalmente en el contexto de las vacaciones pagadas (hace menos de 100
años), ha significado un gran avance en beneficio de los trabajadores, sin distinción
de estratos sociales o credos religiosos. Sin duda, estos logros han significado un
triunfo histórico que ha sido reconocido y respaldado a través de acuerdos naciona-
les e internacionales.
Los orígenes del descanso legal y derechos de los trabajadores chilenos para obtener
justas vacaciones pagadas, se remontan a principios del 1900. Antes que se promul-
gara la ley “Sobre Descanso Dominical y Reducción de la Jornada de Trabajo”, las
vacaciones eran sólo practicadas por la clase dirigente, léase el patrón del fundo y
su familia y para la pudiente burguesía chilena. Como se ha descrito anteriormente,
esta clase social podía tener tiempos de asueto en sus extensos fundos de la zona
central, o en elegantes mansiones de algún incipiente balneario. Los vecinos más
conspicuos viajaban por largas temporadas para instalarse y vacacionar en la seduc-
tora Europa. En cambio para los inquilinos, gañanes, mineros, para los trabajadores
asalariados de una naciente industria nacional o para trabajadores de cuello y corba-
ta del aparato estatal y del comercio, las vacaciones eran algo impensable de obtener,
menos practicar y disfrutar. Los avances y reformas obtenidas por los trabajadores
de aquellos tiempos, a punta de huelgas y soportando medidas represivas de la clase
dominante, sentaron las bases de importantes leyes para el bienestar de los asalaria-
dos en la actualidad. Hoy en día, los tiempos de descanso y el disfrute de vacaciones
pagadas nos parecen algo muy normal, sin embargo, es poco conocido que estas
conquistas sociales son consecuencias de un dificultoso camino por el que debieron
transitar a principios del 1900, anónimos sindicalistas y miles de trabajadores. Si hi-
láramos más fino podríamos detallar que las leyes sociales que se fueron aprobando
a partir del año 1907, contenían, entre otras demandas, el descanso dominical obli-
gatorio y la reducción de la jornada de trabajo.
Estas justas peticiones fueron reivindicadas por los obreros quienes deseaban obte-
ner cambios y mejoras en su calidad de vida, así como terminar con las paupérrimas
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condiciones laborales y el hacinamiento de las miles de familias que habitaban en
insalubres e infectos conventillos. Sólo a partir del año 1931, el Estado establece las
vacaciones legales para los trabajadores y las disposiciones que reconocen el dere-
cho al merecido descanso.10
10 En 1925, durante la visita de Mr. Albert Thomas, Director de la OIT, Chile ratificó las Convenciones Internacionales
del Trabajo especialmente la de 1919. Así, en agosto de aquel año, a través de los respectivos decretos, se reconoció la jornada
laboral de 8 horas diarias y 48 horas semanales, la edad mínima de 14 años para trabajos industriales, la prohibición del trabajo
nocturno de niños y mujeres, así como el derecho de asociación de los trabajadores, incluidos los trabajadores agrícolas. De
esta forma nuestro país se integraba al selecto grupo de naciones que había ratificado los convenios del trabajo, poniendo fin a
una primera etapa caracterizada por la discusión sobre los alcances de la naciente legislación, los órganos llamados a fiscalizar
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Otra publicación importante fue la revista “En Viaje”. Ésta también contribuyó no-
tablemente y durante varias décadas, a la difusión del turismo en Chile. A propósito
del tema, es útil referirse al histórico viaje en tren que realizaban nuestros antiguos
turistas a la ciudad de Mendoza en Argentina. Una vez que se llegaba a Mendoza,
se continuaba el viaje hacia Buenos Aires contemplando la extensa pampa argentina.
Era el recordado tren conocido como el “Trasandino”.11
Dicho proyecto nos hace pensar que se habría intentado emular, de cierta forma, lo
desarrollado exitosamente por los helvéticos en el rubro turístico.
También se conocen otras experiencias parecidas realizadas durante los años 30 en la
Alemania nazi. Con el fin de incentivar los viajes, el turismo y las bondades del nue-
vo régimen gobernante, publicitaron las vacaciones bajo el lema de la propaganda
oficial: “¡Ahora tú también puedes viajar!”, ofreciéndoselas a los trabajadores atrac-
tivos tours para conocer los fiordos nórdicos o viajes en barco a la Italia gobernada
por Benito Mussolini. Este importante avance social duró muy poco, ya que en el
año 1939 los ejércitos alemanes se lanzaron a la conquista de Europa en la búsqueda
del ansiado espacio vital.
Distintas experiencias, más exitosas y dignas de subrayar, se han desarrollado en el
rubro del turismo argentino. Ejemplos sobresalientes lo constituyen ciudades dise-
ñadas y desarrolladas con fines turísticos como Bariloche y San Martín de los Andes.
Otros países latinoamericanos que han trabajado el turismo en la misma dirección
son México, Brasil y Colombia.
11 Muchos de los viajes que realizaban los chilenos a Europa, se iniciaban con un viaje desde la Estación Mapocho
de Santiago, con escala en la ciudad de Mendoza. Se continuaba el extenso viaje para desembarcar en la Estación Retiro, de
Buenos Aires. Desde ahí abordaban un vapor que los llevaría a Europa, obviamente este viaje se realizaba con el Ferrocarril
Trasandino, que fue inaugurado exactamente el 5 de abril de 1910. El Ferrocarril Trasandino Los Andes - Mendoza, conocido
en Chile oficialmente como Ferrocarril Trasandino Chileno (FCTC), y en Argentina como Ferrocarril Trasandino Argentino
(FCTA). Fue un ferrocarril (hoy en día son olvidadas ruinas) que unía la ciudad chilena de Los Andes y la agradable ciudad
argentina de Mendoza. El importante avance vial luego de superar durante años múltiples dificultades, especialmente por su
compleja construcción y mantención cruzando la Cordillera de los Andes. Lamentablemente cerró sus servicios el año 1984.
73
Recuerdos de viajes en tren, región del Biobío.
En aquella distante época los turistas eran transportados por la Empresa de Ferro-
carriles del Estado, vía conexión, Chillán – Dichato – Concepción. El convoy partía
desde Chillán, a las 8:00 de la mañana, iniciando el viaje en el Ramal Rucapequén
que estaba compuesto por apenas tres carros movidos por una antigua máquina a
vapor, la que fue reemplazada años después por una poderosa locomotora diesel.
Durante el transcurso del viaje, el que era extraordinariamente placentero, se podía
disfrutar durante largos kilómetros del hermoso paisaje bordeando el río Itata y la
abundante vegetación en que destacaban añosos bosques y lomas de irregular altu-
ra, así como campos de cultivos, chacras, vacunos, ovejas y caballos pastando a lo
largo de las distintas paradas en los ramales de Confluencia, Nueva Aldea, Ñipas,
Magdalena, Itata, Coelemu, Ranguelmo, Guarilihue, Menque y Dichato, línea que se
prolongaba hacia Tomé, Lirquén, Penco, Cosmito, Andalién, Paradero Cementerio,
para finalmente arribar en la Estación de Concepción.
El ritmo del ferrocarril era seguido por las ondas de una radio a pilas que amenizaba
el recorrido con música o algún partido de fútbol, junto a los ininterrumpidos soni-
dos crujientes y agudos de los carros tirados por la vigorosa locomotora que acom-
pañaba a los alegres y silenciosos pasajeros mientras consumían exquisitas tortillas
de Ñipas o Menque, chupones, pollo asado, huevos duros y algún suave bebestible
(Papaya, Malta, Bilz, Pilsen). Estas experiencias acontecían a diario en el período es-
tival antes de que las diferentes estaciones y ramales fueran suprimidas en la década
del 80. La Empresa de Ferrocarriles del Estado proporcionó a los turistas servicios de
traslado a Dichato durante varias décadas, desapareciendo en 1985 por restricciones
presupuestarias.
Sin embargo, se debe reconocer la enorme contribución histórica de la Empresa de
Ferrocarriles al conectar e integrar prácticamente a todo el territorio nacional en una
etapa, provocando un gran impacto en el desarrollo tanto económico como social de
nuestro país.
Hasta mediados de los 80 mantuvo redes de servicios entre Iquique y Puerto Montt,
mientras que la Red Norte de la Empresa cesó sus recorridos en 1975.
Actualmente, en ausencia del ferrocarril, la modesta familia chilena veranea en gru-
74
pos como puede y donde los dejan instalarse con sus carpas o precarias tiendas
para protegerse del sol y el frío de la noche estival. Las ofertas hoteleras, arriendos
de viviendas y zonas de camping, se multiplican apuntando a todas las realidades
económicas, gustos y exigencias de los veraneantes.
Curioso resulta que en los últimos años hayan aparecido numerosos “apartheid”
o ciudades satélites en los alrededores de estos tradicionales balnearios, donde la
emergente clase media o los denominados ABC1 adquieren casas o departamentos
de veraneo y disponen de caminos y playas privadas en lugares de acceso público.
Los habitantes de estos lugares veranean en casas estupendas, exclusivos resorts
con apariencia de paisajes extraídos de alguna postal caribeña o mediterránea. Esta
situación se ha convertido en un tema recurrente al momento de pensar las ventajas
o perjuicios de mantener playas privadas en lugares que hasta su llegada eran de uso
colectivo y público.
Los residentes argumentan que las medidas de seguridad permiten protegerse del
desplazamiento de los “pungas”, “flaites”, vendedores, etc. Por otro lado, los inte-
resados en conocer las playas privadas y cómo vacacionan los ABC1, denuncian que
los habitantes de los exclusivos “apartheid” han hecho uso indebido del suelo colo-
cando guardias, cercos y candados a las playas y riberas de ríos, aun cuando para la
autoridad y la ley los espacios son de uso público.
Actualmente los lugares más difundidos y que se encuentran en el centro de la polé-
mica son: Playa Blanca, entre Tongoy y Guanaqueros, y Pingueral, junto a Dichato.
A lo largo de la costa nacional, existen actualmente más de 20 lugares de playas que
corresponden al uso público, pero se han instalado restricciones de particulares, que
atentan y vulneran el libre desplazamiento de las personas.
75
rias temporadas, los varones lucieron cortas falditas a modo de traje de baño, que
no eran tan diferentes a los modelos femeninos. La evolución de la prenda en el
caso del varón, dio como resultado final, una pieza básica o short. Para los varones
asiduos a las playas nacionales, este sobrio modelo llegó para permanecer como el
preferido hasta nuestros días.
En el caso de las damas, originalmente era un faldón de tela o enagua, de una lanilla
bastante gruesa, se dice que podían pesar hasta tres kilos. Varias décadas más tarde
desaparece este tosco género dando lugar a delgadas telas lycras de rápido secado.
Con el paso del tiempo fue evolucionando hasta convertirse en el diseño conocido
por nosotros, siendo actualmente una minúscula prenda de dos piezas, donde lo
importante es destacar las líneas anatómicas femeninas.
Del recuerdo de generaciones pasadas hemos podido rescatar como veraneaban las
abuelas y las mujeres humildes de antaño y las prendas que utilizaban para ello. Du-
rante mucho tiempo fue costumbre que la esposa y dueña de casa, diseñara, cortara
y cosiera las prendas para toda la familia y ante la falta de poder adquisitivo para
comprar telas, recurrían a las ásperas bolsas harineras de color blanco, con el fin de
confeccionar, sábanas, manteles, enaguas, etc. Tampoco se descartaba el reciclado
o transformación de ropa usada para vestir a algún “familiar necesitado o caído en
desgracia”.12
Por supuesto que el traje de baño no escapaba de esta falta de presupuesto, de modo
que las modestas bañistas vestían algunos diseños que parecían rústicas enaguas.
Estas prendas las usaban para bañarse y al cubrir los cuerpos femeninos con la blan-
ca tela mojada, se distinguían diseños o marcas de reconocidas empresas harineras
como por ejemplo la de “Molino El Globo”, ubicado en la ciudad de Collipulli, re-
gión de la Araucanía. Hasta mediados del siglo pasado, estos modelos caseros fue-
12 Para Gustavo Ross, en cambio, esta influencia fue sólo limitada a las clases pudientes en “Reseña Histórica del Co-
En Chile, sobre todo, según hemos dicho en otras ocasiones, a causa de la distancia de la metrópoli y de las demás condiciones
que hemos expuesto, sólo las familias ricas podían comprar algunos de esos artículos de procedencia europea, mientras las
clases menos acomodadas se vestían únicamente de jergas ordinarias tejidas en el país, y no usaban más vajilla que la de barro
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ron observados en ríos y lagos del sur de Chile.
Las confecciones de estas prendas realizadas utilizando la máquina de coser manual
o a pedales de marca Singer, con los avances de la industria, dio paso al modelo
eléctrico que facilitaba la tarea de confeccionar a partir de inspiradoras revistas de
costuras, con diseños de vestir y patrones o moldes como la popular “Rosita”. Du-
rante varias generaciones esta revista estuvo disponible en quioscos y librerías de
todo el país.13
A lo largo del extenso litoral chileno, los balnearios reciben cada temporada a miles
de veraneantes cargados de colchonetas, mesas, sillas, cocinillas, hasta braseros y
otros artefactos, pareciendo caracoles acarreando parte de sus casas.
La playa grande de Cartagena, por ejemplo, posee un alto tráfico de visitantes que
se trasladan en buses y micros desde otras ciudades con sus familias a pasear y
disfrutar algunos días de playa por poco dinero. Esta playa es una de las más po-
pulares y concurridas debido a su cercanía con Santiago y con la mayor densidad
de veraneantes, el metro cuadrado de arena tiene tan alta demanda que escasean
los espacios para colocar la toalla, asolearse, comer o consumir algún líquido. La
escena se repite durante cada temporada en numerosos balnearios y lagos del país,
así como en algunas populosas playas de la Octava Región como Dichato, Coliumo,
Tomé, Penco, Lota, etc.
En la Región del Biobío, a través de observaciones y registros visuales, se ha podi-
do constatar que, de preferencia, los veraneantes asolean durante horas sus pálidas
anatomías para posteriormente ejercitar algunos juegos de playa como el fútbol o el
clásico paleteo, acompañado indistintamente por algunos chapaleos marinos. Pos-
13 Sobre la antigua confección de prendas de vestir se puede comprobar lo siguiente. Durante muchos años el oficio de
modista o sastre, fueron altamente cotizados por la gente que solicitaba confecciones a la medida. Empleaban excelentes telas
de tradicionales fábricas nacionales como, Bellavista Oveja Tomé, Sumar, Textil Machasa. Empresas que quebraron o cerraron
en los años 80, la historia del país nos recuerda, Chile es un país permeado por invariables crisis, sin dejar de mencionar los
habituales desastres naturales: largas sequías, aluviones, terremotos, tsunamis, incendios, erupciones volcánicas.
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teriormente, realizan inmersiones más atrevidas disfrutando de las frías aguas del
breve verano sureño.
Como es la costumbre, antes y después del remojo, los veraneantes se protegen del
inclemente sol y de los letales rayos ultravioleta UV, buscando sombra bajo vistosos
quitasoles de origen chino, decorados con atractivos y coloridos dibujos. Otros tan-
tos, lucen estampados de conocidas marcas comerciales o son obtenidos por puntos
acumulados en alguna tienda, o se ofrecen como regalos por la compra de algunos
productos veraniegos como carpas, mochilas, sacos de dormir y otras promociones
de consumo. Por lo general, son todos productos de corta duración, es decir, des-
echables por su deficiente calidad.
Los veraneantes, después de practicar del baño playero, alimentan sus tostados y
rojizos cuerpos con pollo asado, humitas, ensalada, huevos duros, o algún tipo de
sándwich. Tampoco se escapan a las tentaciones de los alimentos caseros que se ven-
den en la playa y terminan comprando tortillas, empanadas, pan amasado con chi-
charrones y otros “embelecos” para engañar el estómago. Un clásico popular para
evadir el calor veraniego es el consumo de jugosas sandías, ojalá de Paine, y del
aromático melón calameño, muchas veces acompañado de vino blanco o cerveza
instituyéndolos como clásicos del veraneo de antaño. Para los veraneantes menos
golosos se venden algunos jugos naturales recién exprimidos o cremosos helados de
apariencia artesanal.
En el mundo gastronómico de playas y riveras de los ríos de la Región del Biobío,
podemos observar braseros, parrillas (o discos) con variadas carnes, ollas con caldo,
curanto en olla y tiznadas teteras para el consumo de café o la bebida de moda, el
mate, adoptada en Chile por influencia de los turistas argentinos que nos visitan
de continuo. Mientras tanto, los niños se bañan o realizan maquetas con forma de
castillos con arena, otras veces recurren a representaciones de animales, así como a
diferentes ocurrencias personales.
Toda esta escena playera es constantemente vigilada por uno o varios salvavidas, así
como marinos de la capitanía de puerto, quienes pretenden asegurar el sector para
evitar desgracias. Actividades que en algunas playas tan concurridas como Carta-
gena, Las Cruces, La Serena, continuamente los bañistas observan entusiasmados
como son custodiados por helicópteros de la armada, los cuales sobrevuelan a baja
78
altura y a través de altavoces envían mensajes a los bañistas para prevenir accidentes
o realizan convincentes ejercicios con la participación de diestros buzos de salvataje.
Estas impactantes y necesarias manifestaciones, están dirigidas como medidas de
prevención para cuidar la vida de los entusiastas veraneantes, las cuales, para algu-
nos, resultan demostraciones prácticas un tanto exageradas.
Vacaciones en piletas.
Se calcula que en 1970 solo en el gran Santiago, que hacia ese año tenía una población total de dos millones y medio de habitan-
tes, aproximadamente 1,4 millones de personas todavía vivían en viviendas calificadas como deterioradas, provisionales o sin
equipamiento; es decir, en conventillos, chozas, ranchos, rucas, mejoras, poblaciones callampas, poblaciones semipermanentes
o en viviendas semisalubres. Y eso que se sabe que hacia 1970 existía un superávit de ofertas habitacional para ingresos altos.
79
sol del verano refrescándose con “aguas de grifo”. De esta manera ésta prác-
tica tan arraigada especialmente en zonas periféricas urbanas, se concibió como
una forma de solucionar en parte la carencia de dinero para vacacionar y que luego
derivó en las recordadas Colonias Escolares, solución social para niños de modestas
familias chilenas que no podían acceder a pasear y veranear.
A pesar de aquellos tiempos de necesidades y de prolongadas carencias sociales
insatisfechas, las personas mayores, que en aquel tiempo eran niños, recuerdan con
alegría las gratas e inolvidables experiencias en las Colonias Escolares durante los
calurosos tiempos de verano.15
Este histórico beneficio popular, se mantuvo en práctica durante varias décadas,
pero con el paso de los años se fue diluyendo y hoy apenas persisten algunas inicia-
tivas municipales, de colegios o entidades privadas.
En este recuento episódico afectivo sobre el verano no podemos dejar pasar los tra-
dicionales paseos en botes o lanchas, donde un guía con megáfono en mano, relata y
difunde algunas características particulares del balneario, mientras los turistas pro-
tegidos con vistosos chalecos salvavidas se toman fotos o videos – que hoy en el siglo
XXI – son subidas profusamente a las redes sociales como una novedosa forma de
reemplazo de los antiguos y recordados álbumes fotográficos familiares del siglo
pasado.16
Con la Ley de Educación Primera Obligatoria de 1920, se crearon la primeras Colonias Escolares a cargo de la Dirección de
Educación Primera, principalmente en Constitución y destinadas a acoger a niños de familias humildes durante un mes, pro-
curándoseles recreación sana, descanso, distracción y una alimentación nutritiva que en sus casas muchas veces escaseaba.
Muchos colegios adoptaron el formato de las colonias veraniegas, adquiriendo incluso casas especiales en lugares costeros.
Con el tiempo, también las grandes empresas ofrecían este servicio veraniego para los hijos de sus trabajadores, algo que alcan-
las-vacaciones-de-nuestros-abuelos-otra.html)
16 Quienes trabajan con la imagen fotográfica, pueden crear una valiosa proyección mental de ideas o conceptos que
80
Producto del desarrollo del turismo, han surgido en múltiples balnearios disgre-
gados a lo largo del país, una infinidad de ofertas de alojamientos, alimentación y
artículos diversos. En el circuito gastronómico se pueden degustar variadas prepara-
ciones como pescados, caldillos de mariscos, empanadas surtidas, completos y otros
personales antojos.
Casi es imposible dejar de señalar que a pesar de las incontables advertencias de
la autoridad sanitaria, todavía los turistas se ven tentados a consumir mariscos y
pescado crudos, como el popular ceviche, lo que puede terminar con resultados la-
mentables para la salud. La mortal marea roja es una amenaza constante y algunos
difuntos turistas creyeron que con bastante limón y ají, se eliminaba la mortal bacte-
ria de los productos marinos. Esto es un terrible error, que termina afectando de
manera dramática a los desinformados e insaciables viajeros.
En este contexto, es infaltable que durante la reponedora estadía veraniega,
se adquieran variados recuerdos como poleras, gorros, ropa hindú, música y libro
pirateados, artesanía muy básica y chucherías chinas, todo ello con la permanente
y monótona música isleña del fallecido Bob Marley u otros temas playeros de los
años 60 – 70 como telón de fondo.
En todo caso vale la pena señalar que actualmente, en algunas populares caletas y
playas de la zona central es posible oír, como antaño, algunos programas radiales de
música ranchera o el encendido sermón evangélico en alguna esquina que se funden
con funciones del modesto circo pueblerino en el que la atracción principal es gene-
ralmente algún viejo, dócil y descolorido león, y de acuerdo al presupuesto con que
cuente este circo, podría sumar alguna otra atracción del mundo animal.
No esta demás comentar; el asunto de exhibir y entretener a la gente con animales
va en franca retirada, actividad que esta siendo combatida por las acciones de enti-
se articulan desde un mundo fragmentado. Así como también, el corte de la mirada a través del lente puede influir en la
En Sobre la fotografía, el más célebre entre los ensayos que dedicó al tema, Sontag define la fotografía como: una forma de
interpretar el mundo, un rito social, una forma de promover la nostalgia y certificar, un instrumento de poder,…La fotografía
es también, en su visión, una forma de suministrar y obtener información, un medio de expresión individual y un mecanismo
posible para interferir e incluso ignorar determinada realidad, aquello que está sucediendo. (Abdala, 2004: 119 - 120).
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dades conocidas como, organizaciones animalistas que promueven actitudes para
proteger algunas especies. Sin embargo, llama la atención inexistencia de protección
legal para variados seres vivos y que habitualmente son parte de nuestra dieta pro-
teínica; pollos, vacas, cerdos, caballos…
Todo este tipo de consumo veraniego reactiva positivamente la economía local, don-
de participan activamente los turistas gastando sus exiguos recursos y tal vez pen-
sando, como financiar las vacaciones del próximo periodo estival.
Pero como en todo orden de cosas la alegría de unos es la tristeza de otros, el des-
canso de unos es el trabajo de otros, durante el tiempo que dura el periodo estival,
es todo un espectáculo observar como la muchedumbre se apropia de los bordes de
playas y, al término del día, ver con desazón a los pacientes trabajadores municipa-
les realizando enormes esfuerzos para limpiar los desagradables recuerdos después
de la ingesta de tragos y comidas desparramados por los inconscientes veraneantes
por toda la costa.
82
La intensidad de la imagen.
Intentaremos sucintamente acercarnos al valor cultural que nos aporta la lectura del
álbum de familia y la fotografía doméstica, ya sean propias o de personas foráneas,
así como el uso de iconografías impresas o grabadas sobre soportes no excluyentes
de las tecnologías (no hay buenas o malas, sólo las bien tratadas), como es nuestro
caso donde tuvimos la fortuna de acceder a exclusivas y desconocidas fotografías
impresas en placas de vidrio, tal vez fabricadas antes del 1900. Algunas de estas
fotografías nos enseñan y representan un antiguo Chile agrario, donde surgen per-
sonas, clases sociales y territorios que complementan la mirada y descripción social
de la época.
También viene al caso citar los papeles emulsionados e impresos que guardan las
huellas de otros tiempos y otra forma de sociedad, con estimulantes iconografías
que archivan imágenes y sombras de familias, amistades, muy distantes del presen-
te. Si lo comparamos veremos diferencias notables, ya que, por ejemplo, actualmen-
te las personas capturan y difunden millares de fotografías empleando los procedi-
mientos tecnológicos existentes, muy popularizados y propagados en la llamada era
digital, a diferencia del más bien escaso material anterior. Algunas de estas ideas
expuestas, pueden significar confirmar el creciente interés por el público, acerca del
acopio de archivos culturales de familias, de diversos contextos y épocas como pro-
ductos físicos y significativa materia prima, muy valiosa llegado el momento para
proponer temas de estudios culturales interdisciplinarios.
Conviene recordar que la mayoría de los más destacados antropólogos, historiado-
res, artistas del siglo XX, ya habían echado el ojo y se valieron de imágenes fotográ-
ficas en sus investigaciones. Incontables autores dan cuenta de lo acertado que es
la lectura de la imagen fotográfica, como lo que sostiene la autora contemporánea y
especialista en estudios sociales, Giséle Freund:
El valor en la fotografía no debe medirse únicamente desde un punto de vista estético, sino por la intensidad
humana y social de su representación óptica. (Freund, 1993:174)
Prestando atención y análisis formal con ideas reflexivas más exigentes, si observa-
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mos un conjunto de imágenes de antiguos álbumes familiares, así como de otros
más recientes, como son los existentes en plataformas de la web o las compartidas a
través de las llamadas redes sociales, tendremos presente diversas lecturas posibles,
lamentablemente no siempre precisas, de aquellas fotografías tomadas por personas
que obturaron o registraron imágenes con el sólo propósito de guardar un tiempo
vivido, tal vez influenciados por el natural sentimiento o emoción de la vivencia, o
por la inclinación de practicar un compulsivo acopio de incontables imágenes como
una extensión de la memoria. En muchas de las imágenes analizadas, debemos con-
fesar el desconocimiento de cuáles fueron las motivaciones impulsoras del registro
visual, puestas en prácticas por los autores.
Guardar, atesorar fotografías, ya no corresponde sólo al ámbito privado de la fa-
milia, o de instituciones dedicados a este fin; las imágenes son más que un objeto
activador de sensibilidades o recuerdos, o un sentimiento pretencioso como la idea
de construir obras de arte. Es factible, que a través de estudios específicos surjan
interesantes propuestas acerca de las imágenes de personas impresas, que contribu-
yan a conocer más de cerca la función de la familia en la compleja sociedad que nos
concierne vivir.
También recordamos en este compromiso, la puesta en práctica de métodos cualita-
tivos conectados con la lectura y estética de las imágenes, o cuando nos tomamos al-
gunas licencias para acercarnos a significados más específicos, esencialmente cuan-
do examinamos ciertos ángulos fragmentarios de pretéritos encuadres propositivos,
bastante útiles para el fin de la investigación.
Antiguas publicaciones como las escasas revistas de circulación nacional de princi-
pios del 1900; Sucesos, En Viaje, Zig-Zag, aportaron invaluables reproducciones de
fotografías impresas, muy valiosas por sus interesantes lecturas visuales, con bellas
imágenes de damas enfundadas en glamorosos trajes de baño. También, reconoce-
mos descriptivos lugares y personas de la época, en color sepia o algunas duramen-
te saturadas con algún tinte verde agrisado. Del mismo modo, podemos examinar
descoloridas imágenes de algunas páginas sociales de los años 50, donde emergen
atractivas muchachas muy acompañadas disfrutando de un tiempo vacaciones.
Para dar curso al compromiso, como ya se ha comentado en esta propuesta, se han
empleados diversos y llamativos archivos familiares, al amparo de las nuevas reali-
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dades sociales y la incidencia de los avances tecnológicos en el campo de la fotogra-
fía. También, se utilizan imágenes del autor para proveer representaciones al forma-
to libro, de dilatada ojeada disciplinaria o estética, a partir de lecturas de imágenes
de diversas épocas, fuentes y contextos ya desaparecidos.
Como conclusión se puede argumentar que a pesar del tiempo transcurrido, sobre el
argumento expuesto, nos quedan interesantes recuerdos, algunos muy descriptivos
de quienes habitan en algunos fragmentos de la memoria. También, en otras co-
lecciones fotográficas aparecen pretéritos rastros visuales que seguramente fueron
compartidos en momentos de intimidad. Parecen encuentros que se resisten a des-
aparecer, ya sean impresos en trozos de papel fotográfico, celuloides o en antiguos
films domésticos instalados en la web, así como en oxidados negativos.
Algunos sonrientes personajes, parecieran dialogar acerca de afectos familiares,
otras imágenes conceden aclanados grupos humanos y sus costumbres, también va-
loramos aquellos bellos paisajes que brotan en severos territorios campesinos, en
ríos y playas.
Y esencialmente, si establecemos comparaciones con la actualidad, podemos con-
cordar a modo de cierre que las exclusivas fotografías familiares nos revelan en su
intimidad cómo nuestra sociedad cambió profundamente.
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tes, así como también, se han incorporando substanciales argumentos de amables
personas, y lecturas de antiguas fotografías, nos han servido como invaluables apor-
tes al compromiso. Especialmente cuando se revisaron lecturas visuales de intere-
santes álbumes heredados por nuevas generaciones, que contienen algunas densas
historias de familiares ya desaparecidos.
Y por sobre todo, a través de este libro los invitamos a compartir algunas iconogra-
fías con bellas miradas de elegantes damas muy acompañadas, así como el registro
de sus sombras tostadas por el sol, de tantos veranos ya idos. También los instigamos
a participar de numerosas y anónimas imágenes que nos continúan sorprendien-
do, que guardan incontables recuerdos de amigos, conocidos, y a pesar del tiempo
transcurrido se resisten a desaparecer... en palabras del historiador Hans Belting;
Al coleccionarlas, al intercambiarlas o al valorarlas como símbolos del recuerdo, las fotografías se presentan
como muestras antropológicas, similares a los afanes del pasado por pretender hacer inteligible el mundo, con
la creencia de que se apropiaban de él en la imagen. (Belting, 2007:264)
Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene
razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos dan el
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modelo de la autotrascendencia. Algunos piensan que la lectura es sólo una manera de escapar: un escape del
mundo diario “real” a uno imaginario, el mundo de los libros. Los libros son mucho más. (Abdala, 2004:113)
Desde hace bastante tiempo, el tema de las vacaciones significa una especie de repe-
tido ritual para miles de familias, las cuales anualmente destinan significativos re-
cursos económicos, esfuerzos, y en la mayoría de los casos, dichas prácticas influyen
efectivamente para estrechar vínculos familiares o de amistad.
De algún modo, también los veraneantes intentan disfrutar de un breve tiempo de
ocio a costa de algunos sacrificios como los extensos viajes, el sobreprecio de aloja-
mientos, de la alimentación, o los altos costos que implica endeudarse por bastante
tiempo, en los muy tentadores paquetes turísticos tanto nacionales así como interna-
cionales, insistentemente ofrecidos por la agresiva y tentadora publicidad que nos
golpean a diario a través de diferentes medios de comunicación.
Esta forma de esparcimiento familiar - colectivo, para la mayoría de los ciudadanos
pueden significar una manera de cortar con la monotonía del trabajo asalariado,
de olvidar y de fugarse brevemente de los compromisos, de los mismos recorridos
diarios, también pueden representar para los viajeros, hasta una renuncia social a la
repetición de estar viviendo la misma fastidiosa existencia.
Por ahora, solo les deseamos un buen viaje visitando nuestra sorprendentemente
variada geografía y disfrutar de unas felices vacaciones junto a quienes desean com-
partir el rito.
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http://revistaurbanismo.uchile.cl/index.php/RU/article/viewFile/6211/6067
89
Indice de Fotografías.
90
Colección Jorge Pasmiño Yáñez
Original papel sepia. Zona Central 1918 Aprox. página N°13. Santiago 1950 Aprox. página
N°26. Constitución 1949 página N°28. Arica 1955 Aprox. página N°30. El Arrayán 1943 pá-
ginas N° 31-32-33. Zona Central 1955 Aprox. página N°34.
Original negativo b/n 35 mm. Región Biobío 1970 Aprox. páginas N°36-37-38.
Costa Biobío 1970 Aprox. página N°39. Regíon Biobío 1970 Aprox. página N°41. Parque
Lota 1970 Aprox. página N°40. Región Biobío 1970 Aprox. página N°45. Región Biobío 1970
Aprox. página N°47.
Fotografía digital, Dichato: 2012 página N°51. 2014 página N°54. 2012 página N°55. 2013
página N°56. 2012 página N°58. 2012 página N°59. 2012 página N°60. 2012 página N°61.
Frutillar 2015 página N°50 – 57. Bellavista Tomé 2014 página N°52. Cocholgue 2013 página
N°53. Fotografía portada y contraportada, Playa Bellavista Tomé 2016.
91
92
Jorge Pasmiño Yáñez. Licenciado en la Escuela de Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Profesor de Artes Plásticas en la Universidad Católica de Chile. Fue alumno de José Balmes, Gonzalo
Cienfuegos. Estudios de Maestría en Artes Visuales UNAM, México D. F. Inicialmente, el docente y
artista Enrique Eilers Mohr, influyo en su interés por la fotografía. Actualmente es Director en Depto.
Artes Plásticas, docente en la Universidad de Concepción, Chile.
Sobre la obra. La fotografía tardía como práctica de trabajo visual, es la mirada parecida a la de un
perito que fotografía en terreno el post acontecimiento, observando las transformaciones ocurridas en
el paisaje, las ausencias en los espacios y el hábitat humano ya desaparecido.
Exhibiciones individuales. Exposición de fotografías –ponencia, “Viaje hacia una experiencia su-
prasensible”, en Congreso XVI “El Viejo Mundo y el nuevo mundo en la era del dialogo”. Universi-
dad de Ankara, Turquía. Antalaya, octubre de 2013. Producción en fotografía; “Espacios - Ausentes”,
Museo Nacional de Bellas Artes, Sala Mall Talcahuano, año 2012. ““Efecto Colateral”, Centro Cultu-
ral Borges, año 2009, Buenos Aires Argentina. Pinacoteca Universidad de Concepción, Concepción
Chile, 2008. Ha realizado exposiciones individuales de Pintura: Santiago, 2003-1992. Temuco, 2000.
Concepción, 1999. Essen, Alemania, 1999. Ha obtenido premios nacionales en pintura.
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