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Cuento 2

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-"¡Puesto que has dejado caer el

M adre Nieve
huso al pozo, irás a sacarlo!"-

Volvió la muchacha al pozo,

Cierta viuda tenía dos hijas, sin saber qué hacer, y, en su

una de ellas hermosa y diligente; la angustia, se arrojó al agua en busca

otra, fea y perezosa. Sin embargo, del huso. Perdió el sentido, y al

quería mucho más a esta segunda, despertarse y volver en sí, encontró

porque era verdadera hija suya, y en un bellísimo prado bañado de sol

cargaba a la otra todas las faenas y cubierto de millares de florecillas.

del hogar, haciendo de ella la Caminando por él, llegó a un horno

cenicienta de la casa. lleno de pan, el cual le gritó:

La pobre muchacha tenía "¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí, que

que sentarse todos los días junto a me quemo! Ya estoy bastante cocido."

un pozo, al borde de la carretera, y Se acercó ella, y, con la pala,

estarse hilando hasta que le fue sacando las hogazas.

sangraban los dedos. Tan Prosiguiendo su camino, vio un

manchado de sangre se le puso un manzano cargado de manzanas,

día el huso, que la muchacha quiso que le gritó, a su vez: "¡Sacúdeme,

lavarlo en el pozo, y he aquí que se sacúdeme! Todas las manzanas estamos

le escapó de la mano y le cayó al ya maduras." Sacudiendo ella el

fondo. Llorando, se fue a contar lo árbol, comenzó a caer una lluvia de

ocurrido a su madrastra, y ésta, que manzanas, hasta no quedar

era muy dura de corazón, la riñó ninguna, y después que las hubo

ásperamente y le dijo: reunido, siguió adelante.


Finalmente, llegó a una todos los días comía cocido y

casita, a una de cuyas ventanas asado. Cuando ya llevaba una

estaba asomada una vieja; pero temporada en casa de Madre Nieve,

como tenía los dientes muy le entro una extraña tristeza, que ni

grandes, la niña echó a correr, ella misma sabía explicarse, hasta

asustada. que, al fin, se dio cuenta de que era

nostalgia de su tierra. Aunque


La vieja la llamó:
estuviera allí mil veces mejor que en
-"¿De qué tienes miedo, hijita? -
Quédate conmigo. Si quieres cuidar de su casa, añoraba a los suyos, y, así,
mi casa, lo pasarás muy bien. Sólo un día dijo a su ama:
tienes que poner cuidado en sacudir
bien mi cama para que vuelen las -"Siento nostalgia de casa, y aunque
plumas, pues entonces nieva en la estoy muy bien aquí, no me siento con
Tierra. Yo soy la Madre Nieve." fuerzas para continuar; tengo que
volverme a los míos."-
Al oír a la vieja hablarle en
Respondió Madre Nieve:
tono tan cariñoso, la muchacha
"Me place que sientas deseos de
cobró ánimos, y, aceptando el
regresar a tu casa, y, puesto que me has
ofrecimiento, entró a su servicio.
servido tan fielmente, yo misma te
Hacía todas las cosas a plena acompañaré."-

satisfacción de su ama, Tomándola de la mano, la

sacudiéndole vigorosamente la condujo hasta un gran portal. El

cama, de modo que las plumas portal estaba abierto, y, en el

volaban cual copos de nieve. momento de traspasarlo la

muchacha, le cayó encima una


En recompensa, disfrutaba
lluvia de oro; y el oro se le quedó
de buena vida, no tenía que
adherido a los vestidos, por lo que
escuchar ni una palabra dura, y
todo su cuerpo estaba cubierto del manchase de sangre, la hizo que se

precioso metal. pinchase en un dedo y pusiera la

mano en un espino. Luego arrojó el


-"Esto es para ti, en premio de la
diligencia con que me has servido," le huso al pozo, y a continuación saltó
dijo Madre Nieve. ella. Llegó, como su hermanastra, al
Al tiempo que le devolvía el delicioso prado, y echó a andar por
huso que le había caído al pozo. Se el mismo sendero. Al pasar junto al
cerró entonces el portal, y la horno, volvió el pan a exclamar:
doncella se encontró de nuevo en el
"¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí, que
mundo, no lejos de la casa de su me quemo! Ya estoy bastante cocido."
madre. Y cuando llegó al patio, el
Pero le replicó la holgazana:
gallo, que estaba arriba en el muro
-"¿Crees que tengo ganas de
del pozo, gritó: ensuciarme?"- y pasó de largo.

"¡Quiquiriquí, No tardó en encontrar el manzano,

nuestra doncella de oro vuelve a estar el cual le gritó:

aquí!" "¡Sacúdeme, sacúdeme! Todas las

Entró la muchacha, y tanto su manzanas estamos ya maduras."

madrastra como la hija de ésta la Le replicó ella:

recibieron muy bien al ver que venía

cubierta de oro. La muchacha contó

todo lo que le había ocurrido, y al

enterarse la madrastra de cómo

había adquirido tanta riqueza, quiso

procurar la misma fortuna a su hija,

la fea y perezosa. La mandó a hilar

junto al pozo, y para que el huso se


"¡Me guardaré muy bien! ¿Y si "Esto es el pago de tus servicios," le
dijo su ama, cerrando el portal.
me cayese una en la cabeza?"- y siguió

adelante. Al llegar frente a la casa Y así se presentó la

de Madre Nieve, no se asustó de perezosa en su casa, con todo el

sus dientes porque ya tenía noticia cuerpo cubierto de pez. El gallo del

de ellos, y se quedó a su servicio. El pozo, al verla, se puso a gritar:

primer día se dominó y trabajó con

aplicación, obedeciendo

puntualmente a su ama, pues

pensaba en el oro que iba a

regalarle. Pero al segundo día

empezó ya a haraganear; el tercero

se hizo la remolona al levantarse


"¡Quiquiriquí,
por la mañana, y así, cada día peor.
nuestra sucia doncella vuelve a estar
Tampoco hacía la cama según las
aquí!"
indicaciones de Madre Nieve, ni la
El pez se le quedó adherido,
sacudía de manera que volasen las
y en todo el resto de su vida no se
plumas.
la pudo quitar del cuerpo.

Al fin, la señora se cansó y

la despidió, con gran satisfacción de

la holgazana, pues creía llegada la

hora de la lluvia de oro. Madre

Nieve la condujo también al portal;

pero en vez de oro vertieron sobre

ella un gran caldero de pez.

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