CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (Hora Santa)
CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (Hora Santa)
CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (Hora Santa)
HORA SANTA 12
Monitor: Hoy nos hemos reunido en actitud de adoración, ante el sacramento admirable de la Eucaristía, por el cual
Cristo permanece realmente presente entre nosotros. Nos ponemos en presencia de Dios, con un corazón deseoso de
encontrarse con Él. La Eucaristía es el sacramento de la comunión con Jesús en la tierra: "quien come mi carne y bebe mi
sangre habita en mí y yo en él " (Jn 6,57-58). En esta Hora Santa, desde la Hostia Blanca Él nos va a sonreír y a
bendecir nuestra ciudad; va a bendecir a cada uno de nosotros y a nuestras familias; va a enjugar nuestras lágrimas y a
sanar nuestras heridas.Que nuestra plegaria nos ayude a comprender más y más el don que el Señor nos ha hecho de su
Cuerpo y de su Sangre, para que siempre que participemos del convite pascual, seamos conscientes de la gracia que se nos
da.
Canto de entrada:
Monitor: La Palabra de Dios nos guíe en este encuentro personal con Jesús, Palabra hecha carne y alimento para el hombre.
Escuchemos:
Lector 1: Lectura de la Carta a los Efesios: (1, 3-10)
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y
celestiales. Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el
amor, y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos, para que alabemos y glorifiquemos
la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado. Pues por Cristo, por su Sangre, hemos recibido la
redención, el perdón de los pecados. Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Este es el plan que había
proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos: hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la
tierra, tuvieran a Cristo por cabeza. Palabra de Dios.
Todos: Te alabamos, Señor
Canto de meditación:
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá
para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. Entonces los judíos se pusieron a
discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del
Hijo del hombre y no beben mi sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida
eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne
y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también
el que me come vivirá por mí.Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues
murieron. El que come de este pan vivirá para siempre. Palabra del Señor.
Todos: Gloria a Ti, Señor Jesús.
Monitor: En la Eucaristía, Jesús nos ha dejado el legado de su amor. En este amor se vuelve visible y tangible todo lo que
hizo durante su vida; en ella pronunció palabras de amor a los hombres, palabras que revelan el amor del Padre, palabras
que provenían de su amante corazón. Hizo poner en pie a personas que no se podían aceptar, y les dio valor para que
respondieran por sí mismas, mostrándoles su intocable dignidad. Curó sus heridas; trajo a la vida y a Dios a los publicanos y
a los pecadores que habían sido expulsados y les mostró un nuevo camino; recogió, por medio de parábolas, a los hombres
que estaban estancados en su experiencia de vida y les habló de Dios de tal forma que se abrieron sus ojos. Juan nos ha
dejado lo que Jesús tiene en su corazón. Son palabras de amor que disuelven los límites entre el cielo y la tierra, entre Dios y
el hombre, entre la vida y la muerte. Cristo nos dice estas palabras de amor en cada celebración eucarística; nos las dirige
desde el cielo aunque como quien se encuentra en medio de nosotros.
Monitor: A Cristo Eucaristía llegamos por María. La Virgen Madre es el camino más corto, más fácil y más seguro para llegar
a Jesús. Ella es el mejor sagrario de Jesús. Y en la Hostia Santa, junto a Jesús, siempre está María y lo adora, porque también
es su Dios. María es “El Primer Sagrario” y su principal función es pasar su cielo al pie de los sagrarios con su Hijo Jesús. Allí
escucha nuestras plegarias y atiende nuestros gemidos y oraciones. Allí está de día y de noche, en invierno y en verano, en el
último sagrario abandonado y en el más visitado. Y allí estará María, mientras haya en el mundo una hostia consagrada. Por
eso, podríamos también llamarla “María de la Eucaristía” o “María del Santísimo Sacramento”. Ella, desde el sagrario, nos
invita ahora a amar a Jesús y nos dice con ternura y estremecimiento: Trátenmelo bien, porque es el Hijo de mis entrañas, es
Sangre de mi sangre. No lo entristezcan, recibiéndolo con el alma manchada. María nos enseña a amar y adorar a Jesús
Eucaristía.
Canto de meditación:
¡OH BUEN JESÚS!, YO CREO FIRMEMENTE
QUE POR MI AMOR ESTÁS EN EL ALTAR,
QUE DAS TU CUERPO Y SANGRE JUNTAMENTE.
AL ALMA FIEL EN CELESTIAL MANJAR (2).
Monitor: En la Eucaristía se manifiesta la visión fundamental del misterio dela gracia. La gracia que surge de Cristo redentor
consiste en el don de la vida divina a la humanidad. Para nosotros ese don es gratuito, en cambio, ha sido pagado al precio
más alto por el Salvador. Puesto que la Eucaristía es el sacramento en el que no sólo se da la gracia sino el autor de la gracia,
tiene una conexión excepcional con la vida eterna de la gracia. La presencia del Cuerpo y de la Sangre significa una presencia
personal destinada a hacer surgir la gracia con abundancia ilimitada. Aquél que quería nutrir a la humanidad con la propia
vida ha elegido la Eucaristía como medio privilegiado para ahondar en toda la profundidad de la vida humana y
transformarla en vida divina. Por eso la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento decía que la Eucaristía debe ser el
centro de nuestros amores.
Monitor: Alabemos a Nuestro Señor Jesucristo por su generosidad de espíritu y por el amor que nos ha dado al quedarse en
la Eucaristía por nosotros.
Todos: Tú eres el verdadero pan bajado del cielo.
Lector 1: Señor Jesucristo, nuestro redentor, te damos gracias por tu voluntad de permanecer entre nosotros todos los días,
hasta el fin del mundo.
Todos: Tú eres el verdadero pan bajado del cielo.
Lector 2: Señor Jesucristo, te bendecimos porque los que comen de tu carne y beben de tu sangre, nunca más padecen
hambre y sed, pues son alimentados de vida eterna.
Todos: Tú eres el verdadero pan bajado del cielo.
Lector 1: Señor Jesucristo, te glorificamos porque en ti hemos sido elegidos por al Padre para vivir en santidad y para ser
saciados con tus bienes espirituales.
Todos: Tú eres el verdadero pan bajado del cielo.
Lector 2: Señor Jesucristo, te adoramos, porque en la fracción del pan nos has revelado que el Padre de los cielos cuida de
las necesidades espirituales y materiales de sus hijos.
Todos: Tú eres el verdadero pan bajado del cielo.
Lector 1: Señor Jesucristo, te adoramos presente en la Iglesia, tu Cuerpo místico y sacramento universal de salvación.
Todos: Tú eres el verdadero pan bajado del cielo.
Ministro: Señor Jesús, Pastor de la Iglesia, que preparas una mesa ante nosotros y te nos das a ti mismo como alimento:
guíanos por los caminos de tu justicia, para que arrancados de las tinieblas y sin temer mal alguno podamos gozar para
siempre del descanso de la casa del Padre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Todos: Amén.
Monitor: Nos ponemos todos de rodillas para recibir la bendición con el Santísimo Sacramento.