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Análisis Del Poema "El Miedo de Li Kan", de Harry Martinson

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Análisis del poema “el miedo de Li Kan”, de Harry Martinson

Harry Martinson fue poeta sueco, nacido, en año de 1904, en la ciudad de Jamshog, a quince
kilómetros al sur de Gotemburgo. Huérfano de padre desde su nacimiento, su madre, una
camarera, emigro a los Estados Unidos en año de 1908, dejando al pequeño Harry
abandonado. Tras pasar la mayor parte de su infancia y adolescencia en distintas familias, a la
cuales abandonaba, en 1926, Harry se enrolo en las filas de un barco ballenero, siendo su
destino los más lejanos y esplendidos territorios. En 1930 lo vemos en Brasil, en una finca de
café, donde trabajo como recolector. De Brasil, paso a la argentina, a la que le dedico un
poema llamado “la pampa”, que en el año de 1965 se publicaría en sus obras completas. En
año de 1940, llega a la capital de Suecia, Estocolmo, luego de haber vivido en Lima, Perú,
donde empezó a escribir su libro, barco fantasma, un recuerdo de todas las experiencias de
sus incursiones marinas.

En 1945, por encargado de una editorial finlandesa, escribe unos poemas en prosa, llamados
razón viviente, gracias a los cuales ganaría el premio nacional de literatura, posicionándolo
como un de los más importantes poetas suecos. De 1950 a 1960, publica dos libros, salva la
angustia y razón de Thules, ambos publicados en la editorial Albert Bonniers Förlag, una de las
más importantes editoriales de Suecia. En 1965, con prólogo de su compatriota, el
dramaturgo Eyvind Johnson, publica una antología de sus poemas, llamada De mis poemas. En
1974, después de distintas peripecias y viajes por todo el mundo, en los cuales dicto
conferencias y cursos, la academia sueca le concedió, junto al ya mencionado Johnson, el
premio nobel de literatura, que, después de doce años, se le volvía a conceder a unos suecos.
Finalmente, a los cuatro años de haber recibido el premio nobel de literatura, muere en
Estocolmo.

El poema que procederé a analizar, lo escribió Martinson en Helsinki, capital de Finlandia, en


año de 1950.

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El verso libre, del cual Martinson es un experto, toma aquí capacidades esplendidas. No
necesita de muchas líneas para expresar sus pensamientos que, en poesía, son iguales a
sentimientos. El poema, que es narrativo, establece y crea un acontecimiento especial,
situando al lector en las acciones y circunstancias de los personajes. La enumeración
descriptiva y el caudal verbal, se anulan, dando paso a hechos concretos:

En una época en que atroces acontecimientos sacaban


Muchas cosas a la luz
Invitando a la reflexión, hablo
Li Kan, con una circunspección que presagiaba inquietud

El objetivo del autor, como intente comentar antes, es fijarnos en un hecho en específico, con
sus acciones, sus vivencias, sus personajes. Los personajes, al estar inmersos en la época
(China, siglo XII, por ejemplo), poseen unas características definitorias, no solo en cuanto a su
relación con los demás, sino también con ellos mismos. Por tanto, lo que ellos hicieron o
dijeron, se circunscribió al pasado que, en esencia, ha muerto. Martinson, ya sea mediante la
fabulación o de mediante la narración verídica, rescata un hecho del pasado, trayéndolo al
momento actual, a través de la palabra, que en su forma más honda, clara y humana es
poética.
“La lucha con la palabra”, de la cual hablaba Alfonso Reyes al mencionar la definición de
poesía, es una lucha no de formas, sino de contenidos; no de color, sino de esencias; no de
sonidos, sino de capacidad evocativa. Así, pues, también sería una “lucha de la palabra
verdadera”, que anida en cada vocablo, y que el poeta, al buscarla, la encuentra en el poema,
clavándola en un lugar en concreto: el poema mismo. En consecuencia, el momento y el lugar,
para la poesía son lo mismo. Momento, cuando el poeta busca, entre todas las palabras que le
pueden servir, la única capaz de motivar el armazón divino del poema; lugar, cuando el poema
está fijado, constituyéndose como un todo en el cual cada palabra esta desnuda, desprovista
de cualquier elemento adornador.
Ante la muerte, que es lo mismo que el olvido, el poema es una hazaña, traída desde el
espíritu mismo del poeta, donde se guarda el hondo destino de cada uno:

Él dijo
Hablar para el mundo es hablar para el
Viento. Hay en todo un viento universal. Se
Lleva todas las palabras. Todo tiene que ser
Gritado muchas veces por todos

La realidad es una procesión en la cual todas las formas que en ella anidan se le presentan al
hombre como materia, elementos, herramientas para la construcción de otra realidad, aparte
totalmente de aquella: la realidad de la obra de arte, con su lenguaje propio, sus colores
únicos, sus formas inigualables, su belleza irremplazable. Así, pues, en su afán de capturar el
instante, el poeta solo toma un pequeño elemento (una palabra, un sonido, un color, un
recuerdo) que, tiempo después, constituirán la realidad del poema:

La manera de consumirse de todo parece


Una procesión que pasa de largo. Merece la pena
Describirla y es difícil, con una mezcla de tristeza, miedo
Y vanidad.

Así, el poema no es el reflejo de una realidad, pero si de una pequeña parte, que Martison
desdeña por considerarla insuficiente para lograr esclarecer, captar o capturar el total fulgor
poético. En consecuencia, entre ese fulgor poético (que los románticos llamaban ángel, los
griegos musa y Lorca, duende) y el momento de escribirlo, hay un solo paso, suficiente, eso sí,
para que ese fulgor se haya ido, dejando en el poema solo la parte (piel) externa de tan bella
iluminación. Al poeta solo le es dado saborear (boca de la fiera) lo que quedo:

Pronto desaparece.
Lo que queda es la piel del cerdo, que tampoco
Es eterna, pero que no obstante resiste
Un poco en la boca de la fiera.

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