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F.08. - La Gloria de Dios

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Estudios bíblicos

F: Relación con Dios


08.- La gloria de Dios
29/04/13

Para comentarios y dudas: www.unanimes.org/foro/


Estudios bíblicos
F.08.- La gloria de Dios
1. Introducción
La declaración más clara en relación a la gloria de Dios es que la manifestación de su glo-
ria a los hombres es principalmente a través de Su Hijo:
Juan 1:14
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su
gloria, gloria como del unigénito del Padre.
Juan 13:31-32
Entonces, cuando salió, dijo Jesús:
--Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.
Si Dios es glorificado en él, Dios también lo glorificará en sí mismo, y en seguida lo glori-
ficará.

2. ¿Qué es la Shekinah?
El término significa la gloria o radiancia de Dios o presencia de Dios. Es derivado del ver-
bo hebreo 'sakan' o 'shachan' - que significa morar o residir, y se usa para denotar la habita-
ción o morada de Dios, especialmente en el Templo de Jerusalén.

En hebreo rabínico antiguo, la palabra se usa con frecuencia para referirse a los nidos y a la
costumbre de las aves de habitar en ellos. De la misma manera, en el pensamiento judío
clásico, la Shekinah se refiere a la habitación o morada de la presencia divina, hasta el pun-
to de que en la proximidad a la Shekinah se percibe con mayor fuerza la comunión con
Dios. El término Shekinah, en consecuencia, fue usado por los judíos para denominar la
manifestación de la presencia de Dios en el Tabernáculo y después en el Templo de Salo-
món.

3. Diversas manifestaciones de la gloria de Dios


3.1. En el desierto
Cuando el Señor sacó a Israel de Egipto, fue delante de ellos como una "Columna de
nube" y como una "Columna de Fuego"; éste era el símbolo de su presencia entre su
gente. Este símbolo luego se convirtió, en el Tabernáculo, en la Shekinah.
Éxodo 13:21
Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el
camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que andu-
vieran de día y de noche.
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3.2. Cuando les fue entregada la ley


Este día el Señor manifestó su gloria de la siguiente manera:
Éxodo 19:16-18
Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, hubo truenos y relámpagos,
una espesa nube cubrió el monte y se oyó un sonido de bocina muy fuerte. Todo el
pueblo que estaba en el campamento se estremeció.
Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios, y ellos se detuvieron al
pie del monte.
Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en medio
del fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía
violentamente.

3.3. En el Tabernáculo
Una vez construido el Tabernáculo, el Señor manifestó su gloria allí:
Éxodo 40:34-38
Entonces una nube cubrió el Tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el
Tabernáculo.
Moisés no podía entrar en el Tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre
él, y la gloria de Jehová lo llenaba.
En todas sus jornadas, cuando la nube se alzaba de encima
del Tabernáculo, los hijos de Israel se ponían en marcha;
pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en
que ella se alzaba, porque la nube de Jehová estaba de día
sobre el Tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a
la vista de toda la casa de Israel. Así ocurría en todas sus jornadas.
Números 9:15-23
El día que el Tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el Tabernáculo sobre la tienda
del Testimonio. Por la tarde había sobre el Tabernáculo como una apariencia de
fuego, hasta la mañana.
Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego.
Cuando se alzaba la nube del Taber-
náculo, los hijos de Israel partían; y
en el lugar donde la nube paraba, allí
acampaban los hijos de Israel.
Al mandato de Jehová los hijos de Is-
rael partían, y al mandato de Jehová
acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el Tabernáculo permanecían
acampados.

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Cuando la nube se detenía sobre el Tabernáculo muchos días, entonces los hijos de
Israel guardaban la ordenanza de Jehová y no partían.
Y cuando la nube estaba sobre el Tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová
acampaban, y al mandato de Jehová partían.
Cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, y a la mañana la nube se
levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba,
entonces partían.
Si la nube se detenía sobre el Tabernáculo dos días, un mes o un año, mientras la
nube permanecía sobre él, los hijos de Israel seguían acampados y no se movían.
Pero cuando ella se alzaba, ellos partían.
Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían. Así guardaban
la ordenanza de Jehová, como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.
Levítico 9:23-24
Luego entraron Moisés y Aarón en el Tabernáculo de reunión. Cuando salieron,
bendijeron al pueblo, y la gloria de Jehová se manifestó a todo el pueblo.
Salió fuego de la presencia de Jehová y consumió el holocausto con las grasas que
estaban sobre el altar. Al ver esto, todos los del pueblo alabaron y se postraron so-
bre sus rostros.
Números 16:42
Aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron ha-
cia el Tabernáculo de reunión y vieron que la nube lo había cubierto, y apareció la
gloria de Jehová.

3.4. En la tierra prometida


Es probable que después de la entrada en Canaán, esta nube de gloria se estableció
en el interior del tabernáculo, sobre el arca de la alianza, en el lugar más santo. La
referencia que tenemos es de cuando Salomón trajo el Arca del Pacto a Jerusalem.
1 Reyes 8:1-11
Entonces Salomón reunió ante sí, en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a todos los
jefes de las tribus y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer
el Arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión.
Se reunieron con el rey Salomón todos los hombres de Israel en el mes de Etanim,
que es el mes séptimo, el día de la fiesta solemne.
Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca, y
trasladaron el Arca de Jehová, junto con el Tabernáculo de reunión y todos los
utensilios sagrados que estaban en el Tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdo-
tes y levitas.

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El rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido junto a él, es-
taban delante del Arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por su cantidad no se po-
dían contar ni calcular.
Después, llevaron los sacerdotes el Arca del pacto de Jehová a su lugar, en el san-
tuario de la Casa, al Lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines, pues los
querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del Arca, y así cubrían los que-
rubines el Arca y sus varas por encima.
Sacaron las varas de manera que sus extremos se podían ver desde el Lugar Santo,
que está delante del Lugar santísimo, pero no se podían ver desde más afuera; y así
han quedado hasta hoy.
En el Arca no había cosa alguna, sino las dos tablas de piedra que allí había puesto
Moisés en Horeb, donde Jehová hizo un pacto con los hijos de Israel, cuando salie-
ron de la tierra de Egipto.
Al salir los sacerdotes del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.
Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar a causa de la nube, porque
la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.

3.5. La dedicación del Templo de Salomón


Cuando Salomón terminó de construir el primer templo, la gloria de Jehová se mani-
festó en el día en que se le dedicó su templo. La oración de dedicación de Salomón
es un “tipo de lo que había de venir, a saber:
3.5.1. La confesión de que no hay ningún justo sobre la tierra
El paralelismo con las afirmaciones apostólicas es asombroso. Pablo afirma,
sin dudas, que todos somos pecadores y como resultado de nuestra desobe-
diencia, estamos separados de la presencia de Dios.
2 Crónicas 6:36
Cuando pequen contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojes
contra ellos, y los entregues a sus enemigos, para que sus conquistadores los
lleven cautivos a otras tierras, lejos o cerca…
Romanos 3:9-10
¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues
hemos demostrado que todos, tanto judíos como gentiles, están bajo el peca-
do.
Como está escrito: «No hay justo, ni aun uno…
Romanos 3:23
…por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios…

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3.5.2. El arrepentimiento, la conversión y el rescate de la cautividad


El principio del reconocimiento de culpa y la decisión de cambio de rumbo
(arrepentimiento) estaba presente en la oración de Salomón y luego en la de
Pedro en su discurso al Sanedrín.
2 Crónicas 6:37
…si ellos vuelven en sí en la tierra adonde los hayan llevado cautivos; si se
convierten y oran a ti en la tierra de su cautividad, y dicen: "Pecamos, so-
mos culpables, impíamente hemos actuado"
Hechos 3:19-20
Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados;
para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo, y él envíe a
Jesucristo, que os fue antes anunciado.
2 Crónicas 6:38-42
…si se convierten a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su
cautividad, donde los
hayan llevado cauti-
vos, y oran hacia la
tierra que tú diste a
sus padres, hacia la
ciudad que tú elegiste,
y hacia la Casa que he
edificado a tu nombre;
tú oirás desde los cie-
los, desde el lugar de
tu morada, su oración
y su ruego, ampararás
su causa y perdonarás
a tu pueblo que pecó
contra ti.
»Ahora, pues, Dios mío, te ruego que estén abiertos tus ojos y atentos tus oí-
dos a la oración en este lugar. »Jehová Dios, levántate ahora para habitar en
tu reposo, tú y el Arca de tu poder; Jehová Dios, sean vestidos de salvación
tus sacerdotes, y tus santos se regocijen en tu bondad.
Jehová Dios, no rechaces a tu ungido; acuérdate de tus misericordias para
con tu siervo David».
Juan 8:34
Jesús les respondió:
--De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo
es del pecado.
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Juan 8:36
Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres.

3.5.3. Y entonces Dios se manifestó


2 Crónicas 7:1-3
Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos y consumió el
holocausto y los sacrificios; y la gloria de Jehová llenó la Casa.
Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de
Jehová la había llenado.
Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de
Jehová sobre la Casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y ado-
raron, y alabaron a Jehová, diciendo: «Porque él es bueno, y su misericordia
es para siempre».

La Shekinah probablemente permaneció en el primer templo, el construido por Salomón,


en el más santo de los lugares (Lugar Santísimo) como el símbolo de la presencia de Jeho-
vá durante todo el tiempo que el templo permaneció de pie.

4. Cuando desaparece la Shekinah


La Shekinah residió en el Lugar Santísimo después de que el Templo de Salomón fue cons-
truido. Ezequiel describe cómo la Shekinah se apartaba del templo, en las etapas antes de
que Dios permitiera que el templo fuera destruido por los babilonios, debido a que su pue-
blo estaba abominando contra Él.

En primer lugar, la Shekinah se trasladó desde el Lugar Santísimo hasta el umbral del
Templo:
Ezequiel 9:1-3
Entonces clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: «¡Los verdugos de la ciudad han lle-
gado y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir!»
Y seis hombres venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte y cada
uno traía en su mano su instrumento para destruir. Entre ellos había un varón vestido de
lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano. Al entrar, se detuvieron junto al al-
tar de bronce.
La gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado,
hacia el umbral de la casa.

Acto seguido, "la gloria del Señor" se trasladó desde el umbral a la Puerta Oriental, aban-
donando así el Templo:

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Ezequiel 10:1-19
Miré, y vi que sobre la bóveda que estaba sobre la cabeza de los querubines había como
una piedra de zafiro, que tenía el aspecto de un trono que apareció sobre ellos.
Habló al hombre vestido de lino, y le dijo: «Entra en medio de las ruedas debajo de los
querubines, llena tus manos de carbones encendidos de entre los querubines y espárcelos
sobre la ciudad». Y entró a vista mía.
Los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este hombre entró; y la nube
llenaba el atrio de adentro.
Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del querubín hacia el umbral de la
puerta; la casa se llenó de la nube y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jeho-
vá.
Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de afuera, como la voz del
Dios omnipotente cuando habla.
Aconteció, pues, que al mandar al hombre vestido de lino, diciendo: «Toma fuego de entre
las ruedas, de entre los querubines», él entró y se detuvo entre las ruedas.
Un querubín extendió su mano de en medio de los querubines al fuego que estaba entre
ellos, y tomó de él y lo puso en las manos del que estaba vestido de lino, el cual lo tomó y
salió.
Y apareció en los querubines la figura de una mano de hombre debajo de sus alas.
Miré, y vi cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubín una rueda; y el as-
pecto de las ruedas era como de crisólito.
En cuanto a su apariencia, las cuatro eran de una misma estructura, como si estuviera una
en medio de otra.
Cuando andaban, hacia los cuatro frentes andaban; no se volvían cuando andaban, sino
que al lugar donde se volvía la primera, en pos de ella iban; no se volvían cuando anda-
ban.
Todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos, sus alas y las ruedas, todo estaba lleno de ojos
alrededor de sus cuatro ruedas.
A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: «¡Rueda!»
Cada uno tenía cuatro caras: la primera era un rostro de querubín, y la segunda, de hom-
bre; la tercera era una cara de león, y la cuarta una cara de águila.
Se elevaron los querubines; este es el ser viviente que vi en el río Quebar.
Cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto con ellos; y cuando los queru-
bines alzaban sus alas para elevarse de la tierra, las ruedas tampoco se separaban de
ellos.
Cuando se detenían ellos, ellas se detenían, y cuando ellos se elevaban, se elevaban con
ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en ellas.
Entonces la gloria de Jehová se elevó de sobre el umbral de la casa, y se puso sobre los
querubines.
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Y alzando los querubines sus alas, se elevaron de la tierra ante mis ojos. Cuando ellos
salieron, también las ruedas se elevaron al lado de ellos, y se detuvieron a la entrada de
la puerta oriental de la casa de Jehová; y la gloria del Dios de Israel estaba por encima,
sobre ellos.

Por último, la presencia del Señor se trasladó al Monte de los Olivos, donde "se puso sobre
la montaña" antes de salir de la ciudad:
Ezequiel 11:23
Después alzaron los querubines sus alas, y las ruedas iban en pos de ellos y la gloria del
Dios de Israel estaba sobre ellos.
La gloria de Jehová se elevó de en medio de la ciudad y se puso sobre el monte que está
al oriente de la ciudad.

5. Las primeras manifestaciones de la gloria con la venida de Jesús


Lucas 2:8-14
Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche so-
bre su rebaño.
Y se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvie-
ron gran temor.
Pero el ángel les dijo:
--No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el
pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es
Cristo el Señor.
Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alaba-
ban a Dios y decían:
«¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!»

6. Un adelanto del reino de Dios y de Su gloria


En el pasaje de la transfiguración, se ve el resplandor de su gloria y la epifanía. La gloria se
manifiesta de nuevo en forma de nube envolvente:
Lucas 9:27-35
Pero en verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte
hasta que vean el reino de Dios.
Como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó a Pedro, a Juan y
a Jacobo, y subió al monte a orar.
Mientras oraba, la apariencia de su rostro cambió y su vestido se volvió
blanco y resplandeciente.
Y dos varones hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías.
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Estos aparecieron rodeados de gloria; y hablaban de su partida, que Jesús iba a cumplir
en Jerusalén.
Pedro y los que lo acompañaban estaban rendidos de sueño; pero, permaneciendo des-
piertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos varones que estaban con él.
Y sucedió que, mientras estos se alejaban de él, Pedro dijo a Jesús:
-Maestro, bueno es para nosotros estar aquí. Hagamos tres enramadas, una para ti, una
para Moisés y una para Elías.
Pero no sabía lo que decía.
Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la
nube.
Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo amado; a él oíd».

7. El Espíritu de Dios y la Shekinah


En el Nuevo Testamento se asemeja con frecuencia la Shekinah a la presencia o habitación
del Espíritu Santo en el creyente, constituyendo un paralelo a la presencia de Dios en el
Templo de Salomón. La Shekinah está vinculada a la profecía en el cristianismo de la
misma manera que en el judaísmo:
2 Pedro 1:21
…porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres
de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo

8. El nuevo Lugar Santísimo y la Shekinah


Jesús, como sumo sacerdote en el Día del Perdón (Yum Kippur), con su muerte entró al
Lugar Santísimo (en los cielos) presentando el sacrificio perfecto. Siendo que este sacrifi-
cio fue aceptado por el Padre, el Señor obtuvo para nosotros eterna redención.
Hebreos 9:11-12
Pero estando ya presente Cristo, Sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más am-
plio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no
por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez pa-
ra siempre en el Lugar santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Como resultado de su sacrificio, nos dio acceso a entrar delante de la presencia de Dios.
Hebreos 10:19-20
Así que, hermanos, tenemos libertad para entrar en el Lugar santísimo por la sangre de
Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su
carne.

Es por su sacrificio que el Espíritu Santo puede venir a habitar en el creyente. Jesús, sa-
biendo eso, se atrevió a prometer con anterioridad la venida del Espíritu Santo.
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Juan 16:7
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consola-
dor no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.

Una vez que nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, consumó el sacrificio, como resultado de la
presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, cada creyente se convierte en Templo donde
habita el Señor, por lo tanto, el Lugar Santísimo y la Shekinah (la manifestación de la glo-
riad de Dios) están en el nacido de nuevo, en aquel que es casa del Espíritu, que es el esce-
nario donde se manifiesta la gloria de Dios.
2 Corintios 6:16
Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.

Nuestras alabanzas deben dirigirse a Aquel que, enviando a Su Espíritu a morar en el cre-
yente, hizo que nuestro ser se convirtiera en Templo y que su gloria se manifestara en él.
Digamos entonces como el apóstol Pedro:
1 Pedro 5:10-11
Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que
hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establez-
ca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

9. En conclusión
La gloria de Dios la hemos visto a lo largo de la historia humana. Su gloria se manifiesta
en la creación. Le vimos durante las vidas de Noe y Abraham, a través de la historia del
pueblo de Israel cuando la manifestaba en el desierto, en forma de nube y fuego, luego en
el Lugar Santísimo cuando llenaba de niebla o humo blanco el Tabernáculo y después el
Templo, la vimos cuando el Señor nació y se manifestó Su gloria a los pastorcillos y por
supuesto la vimos en Su precioso Hijo, quien tenía la gloria del Padre desde siempre. Hoy
en día la bendita gloria de Dios la vemos y sentimos a través de Su Espíritu en la vida del
creyente. El Señor hizo la creación para Su gloria, nos formó para que conociéramos Su
gloria y nos pide que vivamos para Su gloria. El mensaje es alto y claro. Solo nos resta
postrarnos de rodillas ante Él y decir como Pablo:
Romanos 11:33-36
¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insonda-
bles son sus juicios e inescrutables sus caminos!, porque, ¿quién entendió la mente del Se-
ñor?¿o quién fue su consejero? ¿Quién le dio a él primero, para que le fuera recompensa-
do?, porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos.
Amén.
Las citas de las Escrituras son tomadas de la Biblia Reina Valera revisión 1995
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