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Espiritualidad Relacional-1

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3.

Espiritualidad relacional

Dios nos ha creado para un propósito mucho más asombroso y sublime de lo


que podemos imaginar. Todo gran teólogo cristiano y santo ha dado
testimonio de este alto propósito. El ser humano es creado a la imagen y
semejanza divina con la finalidad de tener una comunión continua e íntima
con Aquél que nos creó. ¡Existimos para amar a Dios y para ser amados por
Él, nacimos para servir a Cristo y ser servidos por Él, hemos sido destinados
para disfrutar la vitalidad del Espíritu Santo, y de paso, recibir el deleite de
Dios en nosotros para siempre! Todo esto es el gran anhelo de Dios y nuestra
más alta felicidad. 
Marjorie Thomson, El camino del perdón: Libro del participante
(The Way of Forgiveness: Participants Book)

Conociendo y experimentando
Piensa por un momento en el matrimonio o en una amistad. Podemos conocer las
características, virtudes, belleza, dones espirituales y valores de la persona, pero
conocer todo esto no crea una experiencia con ninguno de ellos. Las relaciones no
se tratan de un conocimiento informativo, sino de tener una experiencia con la
persona. Es aquí donde se encuentran la vida, el gozo y el amor. 
Muchos de nosotros, como cristianos, hemos estudiado las Escrituras y aprendido
verdades bíblicas, principios, doctrinas de fe y una ética moral. La pregunta es
¿cuál es nuestra experiencia relacional con Dios y con la verdad que nos ha sido
revelada por Su gracia? ¿De qué manera nuestra experiencia con la Palabra,
escrita y vivida, nos ha transformado y ha encendido nuestro amor por Dios y por
los demás?
Brennan Manning menciona que en una ocasión su director espiritual le dijo que
él tenía una visión amplia y que conocía tanta verdad como para vivir tres vidas.
De lo que carecía era de la habilidad de recibir y experimentar la realidad de por
lo menos una de ellas. Esto dejó una gran impresión en mí, que se mezcló con el
deseo de relacionarme con Dios de una manera más íntima, significativa, real y
transformadora. Yo deseaba experimentar a Jesús como la Verdad, no solamente
tener conocimiento de Sus verdades. En Conversaciones (Conversations), Brian
Rice escribe: 
El cristianismo se trata de ti y de mí teniendo una experiencia real y continua
de una relación con Dios. Si no tienes eso, te estás perdiendo del verdadero
cristianismo y te has posicionado en una caricatura triste e imitación pálida. 

La relación ‒ Donde se ofrece amor, se recibe amor y se regala amor


Como un recién convertido me preguntaba, "¿por qué creó Dios al hombre?".
Leyendo las Escrituras me percaté de que el amor, como el principal atributo de
Dios, se expresa aún más plenamente con los seres creados que pueden recibirlo.
El Padre, Hijo y Espíritu Santo ya han compartido un afecto íntimo como las Tres
Personas de la Trinidad. Esa relación de amor se extiende a toda la creación
cuando Dios formó los cielos, la tierra, las criaturas y a la humanidad para
experimentar Su amor. 
Para que se experimente una relación, se requiere de por lo menos dos personas
que se ofrezcan a sí mismas entre sí. Dios inició esta experiencia relacional con
nosotros. "Él nos amó primero". 
La relación espiritual es empírica cuando nos encontramos con el amor de Dios
en las diferentes formas en que Él nos lo da abundantemente. Recibirlo con todo
el corazón y con todo nuestro ser es responder con amor en corazón, mente,
alma y fuerza. Debido a que el pecado nos aparta de Dios y de los demás, Su amor
nos reconcilia y nos trae a la relación para la cual nos creó ‒una relación íntima,
dinámica y eterna con Él‒.
La relación espiritual es transformadora al descubrir quiénes y de quién somos.
Maduramos para vernos a nosotros mismos realmente como Dios nos ve: como
Sus amados. Él nos regenera y renueva a Su semejanza. El viejo hombre "ha
pasado", como el apóstol Pablo dice, y nos "revestimos del nuevo hombre" con
las virtudes, el carácter y la manera de Jesús. 
La espiritualidad relacional es misional al ser cambiados por el amor de Dios que
nos invita a amar a los demás, ofreciendo compasión, gracia, perdón y
generosidad. Vemos más allá de nuestras propias necesidades para compartir con
otros la luz, el amor y el poder del Evangelio que hemos experimentado. Cuando
nuestro ser interior está lleno de la presencia, la gracia y la belleza de Dios, es
entonces cuando un amor no forzado fluye hacia el mundo. Como Marjorie
Thompson mencionó anteriormente: "¡Hemos sido destinados para disfrutar la
vitalidad del Espíritu Santo, y de paso recibir el deleite de Dios en nosotros para
siempre! Todo esto es el gran anhelo de Dios y nuestra más alta felicidad". 

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