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TEXTO 6

A) S.XVII-XVIII. El Cristianismo de la Europa Continental y el Cristianismo Inglés


La historia del cristianismo inglés de este período está íntimamente relacionada con la historia política por
causa de la unión de la iglesia y el estado. Al fin del período anterior Carlos I (1625-49) había sido
decapitado por Cromwell para instituir lo que ha sido llamadoel período del Commonwealth (1649-60). Un
parlamento presbiteriano se había vuelto tan intolerante que Cromwell purgó su cuerpo de miembros y
promovió su propia organización parlamentaria.
LA IGLESIA DE INGLATERRA
Durante el Commonwealth (1649-60). — Después de la decapitación de Carlos I, Cromwell se enfrentó con
la oposición armada de Escocia e Irlanda que reconocían a Carlos II como el legítimo rey de Inglaterra. Sin
embargo, con sus ejércitos bien entrenados, Cromwell venció las porciones de la nación que favorecía a
Carlos II y en 1653, después de despedir el Parlamento, se declaró Lord Protector de Inglaterra. El
Parlamento Presbiteriano había quitado a la Iglesia de Inglaterra el apoyo del gobierno en 1641 y
subsecuentemente había puesto al presbiterianismo en esa posición favorecida.
Cromwell alteró esta situación al estipular que todos los ministros aceptables debieran ser mantenidos por
el estado. Como un medio de determinar cuáles ministros eran aceptables, instituyó un Comité de
Examinadores para probar a los ministros que solicitaran el mantenimiento del estado. Los conceptos de
doctrina y política nunca debían ser discutidos para determinar quién era apto para el empleo; solamente
el carácter de uno como un hombre piadoso, y la capacidad para comunicar las verdades religiosas, eran
tomadas en consideración. En su mayor parte, la tolerancia religiosa se estipuló para todos, excepto para
católicos romanos y antitrinitarios.
Carlos II (1660-85) y Jaime II (1685-88). — Después de la muerte de Oliverio Cromwell en 1658, hubo una
reacción en favor de restaurar la casa de los Estuardo al trono de Inglaterra. La tradicionalmente mala
memoria del pueblo había olvidado la indescriptible tiranía de Carlos I, pero recordaba la aspereza de los
presbiterianos y la autoridad despótica de Cromwell. Tal vez también la promesa de Carlos II de libertad
religiosa para las conciencias sensibles hizo que muchos se volvieran hacia él. Después de su restauración
al trono, Carlos se encontró con que había prometido más de lo que podía dar. El partido de la Iglesia de
Inglaterra todavía estaba atrincherado en una posición poderosa y no perdió tiempo para tomar al nuevo
rey de la mano. Además, casi antes de que Carlos fuera puesto como rey, Tomás Venner y un grupo de
fanáticos inclinados al milenarismo, conocido como Los Hombres de la Quinta Monarquía, protagonizaron
una rebelión en un intento de arrebatar el trono a Carlos y establecer un reino para el regreso de Cristo.
Fueron rechazados sin gran dificultad, pero ciertamente influyeron en el rey contra todos los disidentes.
La Iglesia de Inglaterra (el episcopado) fue establecida una vez más en 1660, y ese año empezó otra vez la
persecución contra todos los disidentes. Cinco leyes fueron aprobadas:
1. La Ley de Corporación de 1661 excluía a todos los disidentes de tomar parte en el gobierno local de
Inglaterra al ordenarles participar de la Cena en la iglesia establecida, repudiar la Liga Solemne y el voto del
Pacto, y jurar no tomar las armas contra el rey.
2. La Ley de Uniformidad de 1662 ordenaba que todo ministro creyera y siguiera el Libro de Oración Común
en sus servicios. Fuera de aproximadamente diez mil pastores de la Iglesia de Inglaterra en este tiempo,
hubo dos mil que fueron quitados de los púlpitos por no estar dispuestos a someterse. Los mismos
requisitos fueron prescritos para todos los maestros de escuelas públicas o privadas.
3. La Ley del Conciliábulo de 1664, dirigida a los bautistas, prohibía las reuniones religiosas de disidentes.
4. La Ley de las Cinco Millas de 1665 prohibía que los ministros disidentes se acercaran menos de cinco millas
a cualquier ciudad o pueblo o a cualquier parroquia donde hubieran ministrado.
5. La Ley de Prueba de 1673 fue dirigida particularmente a los católicos romanos. Carlos había emitido la
Declaración de Indulgencia en 1672, en un esfuerzo por eximir a los católicos del algunas de estas leyes,
pero en un desafío directo a la corona, el Parlamento aprobó la Ley de Prueba, que excluía a los católicos
de todo puesto civil y militar al ordenarles como prerequisito para tales oficios la condenación de la
doctrina de la transubstanciación, y la participación en la Cena en la iglesia establecida.
Aunque algunas de estas leyes fueron dirigidas a grupos específicos, todas ellas produjeron gran aflicción a
los presbiterianos, congregacionalistas, bautistas, cuáqueros, y católicos romanos.
En su lecho de muerte Carlos II fue recibido en la Iglesia Católica y su hermano Jaime II (1685-88) ya
católico, lo sucedió en el trono a pesar de la Ley de Exclusión que el Parlamento había aprobado en un
esfuerzo por impedir que un católico romano asumiera la corona. Sin tardanza alguna Jaime intentó ayudar
a los católicos romanos. En 1687, sin aprobación del Parlamento, publicó una Declaración de Indulgencia,
concediendo libertad de conciencia y libertad de culto a todos sus súbditos. Jaime también liberó a los
católicos de la obligación de la Ley de Prueba de 1673. En 1688 Jaime publicó otra vez su declaración de
Indulgencia, y ordenó que fuera leída en todas las iglesias de Inglaterra. 7 obispos rehusaron hacerlo y
fueron juzgados de sedición. Fueron absueltos, en medio del regocijo general.
El nacimiento de un varón en el hogar de Jaime, mientras tanto, produjo temor general de que el
catolicismo se plantara firmemente en el trono inglés. El mismo día que los siete obispos fueron absueltos,
junio 29 de 1688, siete miembros dirigentes del Parlamento invitaron a Guillermo de Orange, gobernador
de los Países Bajos y protestante, yerno de Jaime II, a tomar el trono de Inglaterra. En parte porque
Guillermo pensaba que su esposa era la legítima soberana de Inglaterra, y en parte como un medio de
atajar el poder continental católico romano. Guillermo consintió en aceptar el trono, y en noviembre de
1688, con poca resistencia, invadió Inglaterra y consiguió la corona. El Parlamento regularizó su igualdad
en el trono con su esposa María. En coincidencia con esto, el Parlamento declaró que los católicos
romanos, y los que estuvieran casados con católicos romanos, no pudieran jamás llevar la corona inglesa;
que todos los católicos fueran privados de cualquier posesión eclesiástica que pudieran tener; y que a
ningún católico se le permitía acercarse menos de diez millas de Londres.
Algunos de los obispos no estaban dispuestos a jurar lealtad a Guillermo y María, y protestaban que la
línea Estuardo (Jaime II) estaba divinamente instituida en el trono inglés. Nueve obispos y otros clérigos se
rehusaron a firmar el juramento y fueron llamados el clero no juramentado. Huyeron a Escocia y
mantuvieron una sucesión independiente hasta 1805. La reina Anna (1702-14) tomó su puesto en un
período en que el Parlamento estaba tratando tolerantemente a los disidentes, pero un suceso el quinto
año de su reinado levantó su ira contra la disensión.
En 1707 Escocia se unió oficialmente con Inglaterra con la admisión de 5 escoceses (presbiterianos) en la
Casa de los Lores, y de 45 en la Casa de los Comunes. Esto, con otras leyes planeadas por un Parlamento
tolerante para conciliar a los disidentes, llevó a una reacción violenta entre los dirigentes de la iglesia
establecida. En 1709 Enrique Sacheverell predicó un feroz sermón contra la tolerancia. El Parlamento lo
enjuició inmediatamente y lo castigó por calumnia. Los anglicanos se encolerizaron, y por se eligió un
Parlamento reaccionario en 1710. La reina Anna favoreció la represión de la disensión, y por 1714 se
prepararon severas leyes contra los disidentes. Su muerte puso fin a este movimiento.
La Línea Hanover (1714 - hasta el fin del período).— Mediante la legislación del Parlamento, Jorge I (1714-
27) fue traído de uno de los Estados Alemanes como el pariente más cercano a la reina Anna. El y sus
sucesores, Jorge 11(1727-60) y Jorge III (1760-1820), siguieron la política general de tolerancia establecida
por Guillermo y María. Fue bajo el último de los tres que la colonia inglesa en América protestó por la
obligación de pagar impuestos sin tener representación y ganó la independencia. La Iglesia de Inglaterra
fue influida grandemente por el avivamiento wesleyano de este período.
LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA EN INGLATERRA
Carlos I (1625-49) favoreció el romanismo y se casó con una católica romana. Su derrocamiento y ejecución
introdujo un período de persecución para los católicos. Cromwell fue tolerante con la mayoría de los
grupos, pero específicamente exceptuó a los católicos de su favor. Carlos II (1660-85) personalmente fue
favorable a los católicos romanos, pero fue incapaz de ayudarlos por causa del sentimiento general contra
ellos en Inglaterra. Él se unió a la Iglesia Romana en su lecho de muerte.
Jaime II (1685-88) siguió una política en favor de los católicos, que fue la causa de su expulsión del trono
inglés y la declaración de que ningún católico romano debería llevar la corona inglesa. Los católicos
estaban exceptuados de la Ley de Tolerancia de 1689, y su movimiento era rigurosamente perseguido. Por
todo el período el catolicismo también fue vigorosamente reprimido en Irlanda. El gobierno de los Hanover
no trajo alivio a los católicos de Inglaterra, aunque el prejuicio contra ellos ya estaba muriendo para el
tiempo de la Revolución Francesa.
EL LUTERANISMO EN INGLATERRA
El luteranismo no obtuvo ningún terreno en Inglaterra.
EL CALVINISMO EN INGLATERRA
El calvinismo habiendo aparecido en Inglaterra bajo las diversas formas de presbiterianismo,
congregacionalismo, independentismo, o sencillamente puritanismo, dentro de la iglesia establecida,
estaba al control de Inglaterra al fin del período anterior. Una asamblea eclesiástica de Escocia e Inglaterra,
compuesta principalmente de calvinistas, estaba preparando lo que llegó a ser conocido como laConfesión
de Fe de Westminster, una de las confesiones cristianas modernas más influyentes, no sólo en su relación
con los presbiterianos, sino en su modificación en las formulaciones básicas de confesiones de fe
congregacionalistas y de algunos bautistas también.
La intolerancia presbiteriana, sin embargo, se hizo insufrible. Sus severas leyes, desarrolladas en el
comparativamente breve período de control parlamentario, estipulaban la pena de muerte para los errores
en doctrina. En 1648 Cromwell limpió el Parlamento, arrebatándolo del control presbiteriano. Muchos
presbiterianos se hicieron pastores de las iglesias del estado bajo el régimen de Cromwell. Como todos los
disidentes del establecimiento episcopal, sufrieron considerablemente la legislación persecutoria bajo
Carlos II, y se regocijaron con la venida de la tolerancia en 1689. El unitarismo, sin embargo, hizo grandes
incursiones dentro del presbiterianismo inglés en el siglo XVIII.
Los presbiterianos de Escocia, mientras tanto, fueron obligados a separar su iglesia del estado, bajo la
política de restauración de Carlos II en 1661. El gobierno eclesiástico de tipo episcopal usado por la Iglesia
de Inglaterra fue reestablecido. Los presbiterianos escoceses se irritaron bajo el látigo de la persecución.
Un pequeño grupo se reunió y firmó un convenio de continuar la lucha contra el episcopado. De un
dirigente, Ricardo Cameron, tomaron uno de sus nombres, los cameronianos. También son conocidos
como los pactantes y los presbiterianos reformados. Aunque comparativamente pocos, pudieron sobrevivir
a la maligna persecución que siguió. Bajo la Ley de Tolerancia de Guillermo y María (1689), el
presbiterianismo fue restaurado al mantenimiento estatal.
En la primera mitad del siglo XVIII tuvieron lugar dos pugnas en Escocia. Una fue contra las incursiones del
socianismo y el deísmo, los que lograron grandes conquistas de los presbiterianos escoceses. La otra fue
contra el patrocinio seglar. En 1711 la reina Anna restauró el principio del patrocinio seglar, que permitía
que los feligreses influyentes gobernaran el nombramiento de los ministros. Opuesto a la laxitud teológica
y al patrocinio seglar, Ebenezer Erskine (1680-1754) fue expulsado de la iglesia de Escocia en 1733 y
organizó la Iglesia de la Secesión. En 1752 Tomás Gillespie fue expulsado de la iglesia del estado por causa
del patrocinio seglar, y formó en 1761 el Presbiterio de Consuelo. Estos dos grupos se unieron el siguiente
período.
Un movimiento muy significativo ocurrió en Irlanda. Antes de los agitados sucesos que rodearon la toma
del trono por Guillermo y María, algunos escoceses presbiterianos se habían establecido en el norte de
Irlanda. Después de la derrota de los irlandeses en 1691 en la lucha por el acceso de Guillermo y María al
trono inglés, el gobierno inglés se apropió de una gran extensión de terreno en la provincia de Ulster e
invitó a los presbiterianos escoceses a establecerse allí. Millares vinieron y empezaron un vigoroso
movimiento presbiteriano en Irlanda. En la primera parte del siglo XVIII muchos de esos presbiterianos
escoceses-irlandeses fueron llevados a América por el fracaso de la cosecha de patatas y el aumento de las
rentas por los terratenientes ingleses. Los presbiterianos de Ulster nunca fueron una iglesia establecida y
por esa razón eran más democráticos de espíritu que los presbiterianos ingleses. De entre ellos surgieron
algunos de los dirigentes sobresalientes del presbiterianismo americano en los primeros años,
principalmente Francisco Makemie.
El movimiento congregacional de Inglaterra recibió mucha ayuda bajo Cromwell, quien alentó la
convocatoria de una asamblea congregacional para la adopción de una confesión de fe. La asamblea no fue
convocada hasta la muerte de Cromwell en 1658. Se adoptó una declaración de fe, siguiendo muy de cerca
la Confesión de Fe de Westminster de 1648 de los presbiterianos. Los congregacionalistas sufrieron con
otros disidentes durante el reinado de Carlos II y Jaime II y recibieron bien la tolerancia bajo Guillermo y
María.
OTRAS DENOMINACIONES EN EL CRISTIANISMO INGLÉS
Bautistas.— Los bautistas ingleses se hicieron oír durante las contiendas parlamentarias que tuvieron lugar
en la quinta década del siglo XVII. Sus convicciones respecto a la libertad religiosa habían sido expresadas
una generación antes en Inglaterra, y ellos aprovecharon la oportunidad para impulsar su punto de vista.
En 1644, estando en Inglaterra, Rogelio Williams publicó su Dogma Sangriento de Persecución, detallando
la melancólica historia de la persecución en Nueva Inglaterra y abogando por la libertad de conciencia. Los
bautistas ingleses fueron prominentes en el ejército de Cromwell y al mismo tiempo fueron
probablemente la más fuerte disuasión para la ambición de Cromwell de encabezar una nueva línea de
reyes en Inglaterra. Tal vez engañados por la promesa de Carlos II de que permitiría la libertad de
conciencia, los bautistas se unieron para trabajar por la restauración de la línea Estuardo. Con otros
disidentes sufrieron severamente en el período entre 1662 y 1688.
Por extraño que parezca, después que la tolerancia fue legislada en 1689, los bautistas no crecieron
rápidamente, como era de esperarse. Parecían haber agotado su fuerza durante los duros días de la
persecución. Los bautistas particulares formaron una confesión de fe en 1677 sobre el patrón de la
Confesión de Westminster. Una asamblea más grande adoptó esta confesión en 1689, y se ha convertido
en la principal confesión bautista inglesa. Fue el modelo para la Confesión de Fe de Filadelfia adoptada en
América el siguiente siglo. Los bautistas generales fueron abrumados por las corrientes socinianas de los
primeros años del siglo XVIII, y muchas de sus iglesias se volvieron unitarias. Los bautistas particulares
cayeron bajo la peste del supercalvinismo, rodeados por todas partes de lo que ellos creían era la
limitación de la elección de Dios.
Los Cuáqueros. — Los cuáqueros fueron el producto de la experiencia mística de Jorge Fox (1624-91). El
llegó a oponerse al cristianismo organizado cuando siendo joven no pudo encontrar ayuda de los clérigos
para un problema personal. Místico por naturaleza, aunque criado en un fondo presbiteriano, tuvo lo que
creía era una revelación interna de Dios en 1646. Su énfasis sobre la luz interior, y su oposición obstinada
al cristianismo organizado le produjeron mucha persecución. El movimiento creció rápidamente. El tamaño
de su grupo se ilustra por el hecho de que en 1661, bajo las leyes persecutorias, de la Restauración, había
más de 4,200 cuáqueros en prisión. Los misioneros cuáqueros fueron a todas partes. En 1681 Guillermo
Penn fundó su colonia en América como un refugio para los perseguidos de su grupo y para otros. La
doctrina central de los cuáqueros era “la luz interior” de Dios. El culto formal, el canto, las ordenanzas del
bautismo y la Cena, los ministros y la educación teológica especial eran rechazadas, tal vez como
proyección de la intensa oposición de Fox a todo lo que constituyera cristianismo organizado en su día. El
pacifismo y la filantropía han caracterizado a los cuáqueros desde el principio, aunque el movimiento ha
perdido el espíritu radical y condenatorio que conoció primero.
EL AVIVAMIENTO EVANGÉLICO
Uno de los movimientos más influyentes en este moderno período era el avivamiento religioso de la
primera mitad del siglo XVIII. En Inglaterra era conocido como el Avivamiento Wesleyano, en América,
como el Gran Despertar. El Continente, con su movimiento pietista y con las conexiones históricas entre
Augusto G. Spangerberg y Juan Wesley, merece una participación en el fondo del Despertar, aunque la
falta de disposición de los pietistas para organizarse para perpetuar sus ideales les impidió la posibilidad de
extenderse ampliamente como los metodistas.
El fuerte racionalismo que produjo el escepticismo en Alemania y Francia, junto con la destrucción general
de la propiedad y los ideales por la Guerra de Treinta Años y su proyección, desvió los pensamientos de los
hombres del Continente de las cosas de Dios. En Inglaterra este racionalismo tomó la forma de deísmo o
naturalismo, y en su influencia sobre el cristianismo continental, particularmente en Francia, fue
probablemente más dañino que un escepticismo filosófico. El deísmo era un esfuerzo por disminuir la
revelación especial. No hay necesidad de una revelación sobrenatural, argumentaban los deístas; la
religión no es misteriosa ni mística, sino la expresión natural de la necesidad de Dios y de virtud. En este
sentido, todas las religiones del mundo tienen igual valor en tanto que sean racionales. Estas ideas se
desarrollaron lentamente del antiguo escepticismo de Lord Herbert de Cherbury (1583-1648) hasta una
más completa descripción en Juan Toland (1670-1722) y en Mateo Tindal (1653-1733). Junto con el
deísmo, varios otros tipos de escepticismo filosófico surgieron del racionalismo inglés del siglo XVIII.
Guillermo Law (1686-1761) y José Butler (1692-1752) fueron los oponentes notables del deísmo inglés.
Otros elementos de la vida inglesa trajeron al cristianismo a un descrédito general en los primeros años del
siglo XVIII. El bajo estado de moral y la indiferencia a la religión por los antiguos soberanos (especialmente
los últimos Estuardo), que se suponía que eran ejemplo de ideales cristianos y gobernadores supremos de
la Iglesia de Inglaterra, gradualmente se infiltraron en el hombre de la calle. La inquietud social y la
estrechez económica estaban en todas partes. La rápida industrialización de Inglaterra, acelerada por los
sucesos continentales, congestionó las ciudades nuevas y viejas con multitudes de gente aturdida y
frustrada. Reaccionando igualmente contra el ritualismo romano y el entusiasmo místico, la Iglesia de
Inglaterra se volvió menos que tibia. La mayoría de los grupos disidentes, despedazados con el
racionalismo y la superortodoxia, tenían poco que decir a la gente necesitada. La moral y la religión, a la
par, estaban en su punto más bajo.
En este terreno brotaron las refrescantes fuentes del avivamiento wesleyano. Los dirigentes fueron Juan y
Carlos Wesley, criados en la rectoría de un alto rector eclesiástico, y Jorge Whitfield, hijo de un cantinero.
Los dos Wesley pasaron un breve pero importante período en servicio misionero para la Iglesia de
Inglaterra en Georgia. Allí entraron en contacto con Spangenberg, el dirigente moravo, de quien
aprendieron la necesidad de una experiencia personal de fe en Jesucristo. Ambos regresaron a Inglaterra y
en 1738 hicieron profesión de conversión y regeneración. Whitfield, también, había experimentado la
regeneración, y los tres formaron el triunvirato del nuevo movimiento metodista.
De los tres, indudablemente Whitfield era el predicador más capaz; Carlos Wesley fue el gran escritor de
himnos, mientras que Juan Wesley fue el organizador metódico que dio estructura y continuación al
movimiento. Es digno de notarse que Whitfield era un calvinista, mientras que los dos Wesley eran
arminianos. Como resultado, se desarrollaron dos grupos de metodistas, aunque la gran mayoría siguió el
tipo wesleyano. Estos tres dirigentes metodistas predicaban y cantaban por toda Bretaña, Gales y Escocia,
aunque Whitfield hacía extensos viajes de predicación por las colonias americanas. En algunos casos estos
hombres construyeron sobre fundamentos que otros habían puesto. En Gales, un laico, Howel Harris, había
empezado un avivamiento galés dos años antes que los dirigentes metodistas llegaran a encender el nuevo
fuego. En América Whitfield construyó sobre los esfuerzos de Frelinghuysen, los Tennent, y de Jonatan
Edwards.
Los Wesley no deseaban romper con la Iglesia de Inglaterra, y entre 1738 y 1784 organizaron “sociedades”
metodistas como las de los moravos. El rápido crecimiento de estas sociedades y la adquisición de
propiedad requirieron organización y vigilancia adicionales. En 1744 se tuvo en Londres la primera
conferencia anual de predicadores, y dos años después Inglaterra se dividió en circuitos de predicación.
Finalmente en 1784, por causa de la necesidad de predicadores en América, Wesley hizo una desviación
radical de su plan anterior. Por primera vez los predicadores metodistas fueron ordenados y recibieron la
autoridad para bautizar y celebrar la Cena. Además, Wesley le dio forma a la conferencia anual de
predicadores y le transfirió mucha de la autoridad que personalmente había ejercido sobre el movimiento
a través de los años. En 1784, por la separación de las colonias americanas de Inglaterra, se organizó la
Iglesia Metodista Episcopal en América.
Los resultados de este movimiento evangélico, tanto en Inglaterra como en América fueron fenomenales.
Dentro de la Iglesia de Inglaterra toda una generación de dirigentes propensos al evangelio respiró
profundamente nueva vida en las antiguas formas anglicanas. Además, allí florecieron las sociedades
misioneras, bíblicas, y de tratados y otras ayudas para esparcir el evangelio. Historiadores creen que el
avivamiento wesleyano regeneró tan concienzudamente la vida inglesa que evitó una catástrofe similar a
la Revolución Francesa. Un partido evangélico permanente surgió dentro de la Iglesia Anglicana. Luego,
una fase nueva del metodismo fue el Ejército de Salvación.
Entre otros grupos ingleses el avivamiento tuvo profundos efectos. Su énfasis sobre la experiencia personal
hizo válida la fe para muchos frente al escepticismo y al racionalismo. Renovó el celo de los bautistas, que
resultó en el comienzo, mediante ellos, del movimiento misionero moderno.
Otras denominaciones fueron bendecidas similarmente. En América el movimiento elevó el avivamiento ya
empezado, y el todo es conocido como el primer Gran Avivamiento. Prácticamente todo movimiento
religioso de América sintió el impulso de los fuegos del avivamiento. Una nueva iglesia, la metodista, y
otros grupos que exaltaban una experiencia de crisis en la conversión, tales como los bautistas, se
beneficiaban grandemente.
COMPENDIO FINAL
Inglaterra estuvo gobernada como un commonwealth (una república) desde la muerte de Carlos en 1649
hasta la restauración de la monarquía en 1660. Oliverio Cromwell sirvió como protector de 1653 a 1658.
Este fue un período de tolerancia religiosa comparativa. Sin embargo, después de la restauración de Carlos
II en 1660, empezó la persecución contra todos, excepto la Iglesia de Inglaterra establecida (el episcopado).
La “revolución sin sangre” de 1688 puso a los protestantes Guillermo y María en el trono, y el siguiente año
se emitió una Ley de Tolerancia. Por extraño que parezca, el fin de la persecución activa de 1689 pareció
traer un letargo a todos los grupos cristianos de Inglaterra. El avivamiento wesleyano, que empezó por
1738, afectó profundamente a toda Inglaterra y más allá.

B) CRISTIANISMO AMERICANO S.XVII-XVIII


La historia principal en las Américas durante este período concierne al área que forma la parte oriental de
los Estados Unidos. El área occidental era todavía salvaje. América Latina y Canadá estaban siendo
colonizados lentamente. Por falta de espacio, la mayor parte de la historia en las Américas durante los
siguientes períodos se dedicará al cristianismo en los Estados Unidos. El rápido crecimiento caracterizó el
período colonial en el área principal que se va a discutir. De menos de cincuenta mil colonos que
bordeaban las costas del Atlántico en los primeros años, la población aumentó a casi cuatro millones para
el tiempo en que se levantó el primer censo en 1790. Capaces de proveer ahora para sus propias
necesidades, las colonias empezaron un activo comercio. Nueva Inglaterra exportaba grano, ganado, paño,
pescado, ron, y productos de madera; los estados del Medio Atlántico embarcaban arroz, tabaco y
productos de madera; el sur proveía arroz, añil, tabaco, productos de madera, y algodón.
UNA VISTA GENERAL DEL PERÍODO
El Fondo Político.— Debe mantenerse en mente que los establecimientos americanos de Inglaterra eran
simples colonias durante la parte principal de este período, y que cada una estaba más directamente
relacionada con la corona que entre sí para hacer vida colectiva. Que se convirtieran en una nación
independiente fue un pensamiento comparativamente tardío en encontrar apoyo popular. Francia e
Inglaterra eran fuertes rivales por el control del continente norteamericano. Por cierto tiempo parecía que
Francia resultaría victoriosa. Sin embargo, los ingleses ganaron la última batalla, esta vez en Europa.
Inglaterra y Francia se habían alineado en bandos opuestos en una serie de conflictos en Europa durante el
siglo XVIII. Particularmente en la Guerra de la Sucesión Austriaca (1740-48), conocida como la Guerra del
Rey Jorge en América (1744-48), las colonias inglesas del Nuevo Mundo tuvieron un papel muy
significativo. Después que una valiente expedición de Nueva Inglaterra capturó Luisburgo, la fuerte
fortaleza francesa de la Isla de Cabo Bretón, el tratado europeo entre Inglaterra y Francia de 1748 devolvió
la fortaleza a Francia. Los americanos resintieron mucho esto, después que ellos habían arriesgado tanto
para capturarla.
La Guerra de los Siete Años en el Continente, conocida en la fase americana como la Guerra Francesa e
India (1756-63), preparó el camino para la Independencia Americana. En ella Francia fue obligada a rendir
sus pretensiones sobre América. Esto elirninó un posible rival en América para una nueva nación, y
proveyó un importante aliado contra Inglaterra cuando la Guerra de Independencia surgió. Además, el
importante papel desempeñado por los colonos en esta guerra los llevó a un sentimiento de
autoconciencia y unidad. La insensata política del rey Jorge III produjo rebelión en América; las naciones
europeas derrotadas por Bretaña en la Guerra de los Siete Años, Francia, España y otras, se aliaron contra
Bretaña para contribuir a la victoria de los americanos en 1783.
La Colonización por Otros Grupos Cristianos.—Durante este período varios grupos cristianos adicionales
emigraron a la nueva tierra. El movimiento cuáquero que empezó en Inglaterra en 1647 pronto tuvo
adherentes en las colonias americanas. Fueron manejados rudamente. Massachusetts ejecutó cuatro en
1659, mientras que Virginia y Nueva York emitieron rigurosas leyes contra ellos. El celo y el valor cuáquero,
pese a una conducta errónea a veces, les dio el triunfo, sin embargo, y ellos continuaron como una parte
de la maravillosamente rica y compleja herencia religiosa de América. Pennsylvania se convirtió en el
refugio de los cuáqueros americanos; fundada en 1681 por Guillermo Penn, aunque ya en Nueva Jersey los
cuáqueros habían desarrollado su tipo característico de adoración. A Penn le había concedido Carlos II de
Inglaterra una gran porción de tierra, y él específicamente apeló a los que sufrían la persecución religiosa,
tanto en Inglaterra como en el Continente, para que huyeran a los “bosques de Penn” en el Nuevo Mundo.
Un gran número de disidentes respondieron, particularmente los cuáqueros, con los que Penn se había
identificado.
Los menonitas de Alemania también procuraron la colonia de Penn y se establecieron en Germantown en
1683. Esta constituyó la primera congregación organizada del grupo, aunque ya habían aparecido
emigrantes menonitas ocasionales (holandeses, suizos, y alemanes) en América casi cincuenta años antes.
Un número substancial de menonitas de las diversas partes de Europa concurrieron en Pennsylvania
durante este período. Los moravos encontraron en Pennsylvania un refugio bien recibido. Primero habían
entrado en Georgia en 1735, pero en cinco años la mayoría de ellos se había mudado a Pennsylvania. El
fundador de su movimiento, Nicolás Ludwig Zinzendorf, pasó cerca de un año en las colonias en 1741
cuando fue exiliado de Sajonia y visitó las colonias moravas en Pennsylvania y en Carolina del Norte.
El metodismo americano tuvo su principio por 1766 con la obra de Felipe Embury, Bárbara Heck y el
capitán Tomás Webb en Nueva York, y Roberto Strawbridge en Maryland. El crecimiento fue lento al
principio. La primera conferencia americana de 1773 informó de poco más de mil miembros; por 1775
hubo cerca de tres mil; y por 1783, alrededor de catorce mil. Debe recordarse que Juan Wesley deseaba
mantener el metodismo dentro del marco de la Iglesia de Inglaterra, y que la organización metodista fue
efectuada primero para que ninguna de las prerrogativas de la Iglesia Anglicana fuera dada por sentada.
Consecuentemente, durante el primer medio siglo del metodismo, ni Inglaterra ni América tuvieron
predicadores ordenados. Todo bautismo, comunión y otros actos que requerían ordenación eran
administrados por sacerdotes de la Iglesia de Inglaterra. Los metodistas americanos siguieron el patrón
inglés al formar clases de cerca de una docena de miembros que se reunían para orar y adorar bajo la
vigilancia de un dirigente de clase. Varias de esas clases constituían una “sociedad”, que
subsecuentemente se convertía en la iglesia metodista local.
Cada uno de los primeros predicadores americanos tenía un circuito de sociedades que visitaba
regularmente para predicar. Este sencillo tipo de organización era completo y productor de gran celo y
enlistamiento personal. Puesto que el movimiento metodista era parte de la Iglesia de Inglaterra anterior a
la Guerra de Revolución, era visto por los patriotas americanos con considerable sospecha. La situación no
mejoró cuando el mismo Wesley instó a sus seguidores a ser fieles a la corona. Prácticamente todos sus
predicadores regresaron a Inglaterra durante la Revolución, y la excepción notable fue Francisco Asbury.
Después de la guerra Wesley se convenció de que los predicadores metodistas debían ser ordenados.
Primero se acercó a la Iglesia de Inglaterra con la petición de que ordenaran a ]os predicadores metodistas
para América. Cuando declinaron, Wesley, siendo él mismo un presbítero en la Iglesia de Inglaterra,
ordenó a Ricardo Whatcoat y Tomás Vasey como presbíteros el 2 de septiembre de 1784, en tanto que el
doctor Tomás Coke fue ordenado superintendente para América. Francisco Asbury, ya en América, debía
ser ordenado como superintendente adjunto de Coke. Después de llegar, Asbury insistió en que tomaría el
puesto únicamente si era elegido por la Conferencia de Predicadores Metodistas Americanos. El fue electo
así, y ordenado. En diciembre de 1784 se organizó la Iglesia Metodista Episcopal en Baltimore, y continuó
creciendo durante el resto del período.
Otros grupos menos numerosos se establecieron en América durante este período, tales como los
Hermanos Alemanes del Río y los Shakers (tembladores). En el mero fin del período la Primera Iglesia
Protestante Episcopal de Nueva Inglaterra se convirtió en la primera iglesia unitaria de América.
El Primer Gran Despertar (1726 y sigs. ) .— Uno de los factores formativos del cristianismo americano fue el
gran avivamiento de la primera parte del siglo XVIII que recorrió las colonias. Las raíces de este
avivamiento parecen haberse extendido desde Europa. El ardiente movimiento evangelistico conocido allí
como pietismo había preparado el corazón de muchos de los emigrantes a América. Varios grupos de
alemanes en Pennsylvania que habían venido bajo su influencia estuvieron entre los primeros en
experimentar el avivamiento. Por 1726 la predicación de Teodoro J. Frelinghuysen, un ministro
profundamente espiritual de la Iglesia Holandesa Reformada de Nueva York, se volvió particularmente
efectivo en ganar hombres para Cristo y en mover a sus oyentes hacia Dios. El inspiró a otros durante los
siguientes varios años, de los cuales uno de los más importantes fue el ministro presbiteriano Gilberto
Tennent, que se convirtió en un celoso (y no siempre sabio) promotor del avivamiento.
Por 1734, en lo que parece haber sido un movimiento separado, Jonatán Edwards, pastor
congregacionalista de Northampton, Massachusetts, estableció una sensibilidad espiritual profundizada en
su congregación y en toda la comunidad, de manera que (escribió él) el pueblo parecía estar lleno de la
presencia de Dios. Se inició un gran avivamiento. Todo el movimiento de avivamiento estaba caracterizado
por la experiencia de conversión de los que buscaban a Dios para sí. Se extendió rápidamente por todas
partes de las colonias. Hasta Juan Wesley en Inglaterra, sin haber regresado hasta ese momento, supo de
él en 1738 y se maravilló.
Otro gran nombre asociado con este despertar fue el de Jorge Whitfield, colaborador, de Wesley en
Inglaterra, quien había tenido una experiencia de conversión en 1735, y en 1738 llegó a Georgia para
hacerse cargo de la obra que los Wesley habían dejado. Al regresar a Inglaterra para conseguir dinero para
su orfanatorio en Georgia y para su ordenación en la Iglesia de Inglaterra, él se retrasó por causa de las
operaciones militares, pero pasó este tiempo en predicación evangelística por toda Bretaña. Cuando
terminó la detención del barco, Whitfield se embarcó para Filadelfia en camino a Georgia. Su fama se había
extendido y las multitudes se congregaban en su ministerio. En todas las colonias americanas él pregonó el
mensaje del evangelio. Utilizando los fuegos del avivamiento religioso ya evidentes en la obra de
Frelinghuysen, Tennent, y Edwards, él llevó el movimiento de avivamiento a su cumbre.
Los resultados del avivamiento fueron muchos. Se verán más particularmente en el estudio de las
denominaciones americanas importantes de este período. En general, los resultados que generalmente se
esperan de un avivamiento general estaban presentes: muchas conversiones, fortalecimiento de las
iglesias, victorias éticas en la vida personal de la gente, e instituciones morales y de benevolencia,
fundadas o fortalecidas. La educación cristiana fue promovida. Dos resultados, más bien inesperados,
también fueron importantes.
(1) El gran fortalecimiento de los grupos minoritarios y el carácter interdenominacional de la visitación
espiritual combinada para poner los cimientos de la libertad religiosa en el Nuevo Mundo.
(2) Se engendró un sentido de unidad espiritual entre los colonos en América, al mismo tiempo que las
relaciones políticas con la madre patria se hacían tirantes al máximo. Los viajes de Whitfield de Maine a
Georgia vincularon a las colonias; sus convertidos se encontraban en todas las colonias; su predicación era
el lazo común que unía a los diversos grupos. En su lucha por el gran destino que todavía desconocían, las
colonias se estaban unificando en la manera más fundamental.
El Escepticismo y la Declinación Religiosa.— En algunas partes del sur el Gran Despertar continuó sin
disminución hasta el fin de este período. En general, sin embargo, la Guerra de Revolución marcó el
principio de una rápida declinación religiosa. En adición a la pérdida de propiedades eclesiásticas y a las
dificultades que confrontaba la celebración de servicios religiosos, la guerra produjo el habitual
encallecimiento de la sensibilidad espiritual y alentó el relajamiento moral. Junto con estos factores, la
atmósfera intelectual y teológica estaba desteñida por las especulaciones deísticas de Inglaterra, las
aseveraciones ateas de Francia, y el sistema racionalista de los pensadores alemanes. Muchos de los
dirigentes y patriotas sobresalientes de la Guerra de Revolución se contagiaron de tales corrientes. La
literatura escéptica y ateísta circulaba extensamente. Hasta las escuelas patrocinadas por las iglesias se
convirtieron en focos de infidelidad. Menos del diez por ciento de la población profesaba ser cristiano
inmediatamente antes del fin del período en 1789. Se necesitaba grandemente un nuevo avivamiento, y
este vino poco después de iniciarse el siguiente período.
LAS DENOMINACIONES MÁS ANTIGUAS (1648-1789)
La Iglesia de Inglaterra.— La Iglesia de Inglaterra había acompañado los establecimientos ingleses en
Virginia (1607) y las Carolinas (después de 1665). También se estableció en Maryland en 1692, después que
esa colonia, fundada por los católicos romanos, fue apropiada por la corona inglesa después del
advenimiento al trono de Guillermo y María en Inglaterra. Nueva York fue capturada de los holandeses por
los ingleses en 1664, y en 1693 la Iglesia de Inglaterra se estableció allí, al menos parcialmente. La Sociedad
para la Propagación del Evangelio en el Extranjero (establecida por la Iglesia de Inglaterra en 1701) fue un
instrumento para plantar misiones e iglesias en Nueva Inglaterra después de 1702.
El progreso de la iglesia establecida en las colonias fue lento. Enfrentó muchos enemigos. La calidad de los
ministros enviados de Inglaterra era generalmente bajo, con notables excepciones. La falta de un obispo
americano hacía la disciplina casi imposible. El creciente número de disidentes y la aversión al
autoritarismo eclesiástico que había llevado a muchos a América, militaba contra la popularidad de los
dirigentes. En Virginia, en 1619, cuando se estableció la Iglesia de Inglaterra, había sólo cinco clérigos, dos
de los cuales eran diáconos. Un siglo después el número había aumentado únicamente a como dos
docenas, aunque había cuarenta y cuatro congregaciones en la colonia. La constante agitación política y
religiosa de Inglaterra durante el siglo diecisiete estaba destinada a traer confusión a las colonias
americanas y descuido a las iglesias establecidas allí.
Aunque Jorge Whitfield era miembro de la Iglesia de Inglaterra cuando llegó predicando con poder en
1739, no fue bienvenido por los establecimientos coloniales de la Iglesia de Inglaterra. Entre otras cosas, él
estaba predicando un mensaje fuertemente evangélico, que exaltaba la conversión y denunciaba a muchos
ministros como “inconversos”. Además, se le había negado el uso de iglesias en Inglaterra y había ido a los
campos a predicar. En adición, el entusiasmo y el emocionalismo del Gran Despertar no eran del gusto de
los ordenados y formales adherentes episcopales. De hecho, Whitfield fue llamado a juicio ante una corte
eclesiástica episcopal en Charleston, Carolina del Sur, y fue condenado y suspendido del ministerio por el
comisario Alejandro Garden, por irregularidades. Whitfield daba escasa atención a los procedimientos.
La Guerra de Revolución trajo crisis a la Iglesia de Inglaterra en las colonias. Era parte del sistema inglés y
como tal despertaba desconfianza a muchos y odio a algunos. Dos terceras partes de su clero fueron leales
a Inglaterra durante la guerra. En Virginia en especial hubo mucha pérdida. Sólo quince de noventa y un
clérigos pudieron permanecer en sus puestos en ese estado, y muchas de sus propiedades fueron
destruidas. Las pérdidas no fueron tan grandes en Maryland, donde fuera de cuarenta y cuatro feligresías,
cada una con un ministro antes de la revolución, casi dos docenas de clérigos permanecieron, y las
pérdidas de propiedades fueron comparativamente pequeñas. Hubo gran oposición a la Iglesia Anglicana
en Nueva Inglaterra, Nueva York, Nueva Jersey, y Pennsylvania, donde se hicieron esfuerzos organizados
anteriores a la revolución, para impedir el nombramiento de un obispo en América. Al fin del período, se
dieron los pasos para organizar la Iglesia Protestante Episcopal, un nuevo cuerpo con las doctrinas de la
Iglesia de Inglaterra, pero libre del control inglés.
Congregacionalismo.— Por 1648 las iglesias congregacionales de Massachusetts y Connecticut habían
desarrollado un gobierno teocrático. El derecho político se limitó a los miembros de las iglesias
congregacionales, y no se permitía que se formaran nuevas iglesias congregacionales sin permiso de las
antiguas. Un colegio (Harvard) estaba prosperando en Cambridge, Massachusetts, y el clero era sostenido
con fondos provenientes de impuestos. Los disidentes, como los bautistas y los cuáqueros, eran
rigurosamente perseguidos.
La obra de la Asamblea de Westminster en Inglaterra inspiró a los congregacionalistas de Nueva Inglaterra
a preparar una declaración doctrinal, que fue adoptada en Cambridge, Massachusetts, en 1648. Una de las
disposiciones importantes fue el requisito de que cualquier persona admitida a la cena del Señor debía
haber hecho una profesión pública de fe (aunque hubiera sido bautizado de niño) y haber dado evidencia
de una experiencia cristiana. A menos que los padres de un niño llenaran estas condiciones, su hijo no
podía ser bautizado. Inmediatamente surgió la controversia. A menos que uno pudiera relatar una
experiencia de conversión y siguiera una conducta ordenada, no podía participar de la Cena, no podía
hacer que sus hijos fueran bautizados, no tenía derechos políticos y estaba descalificado para los puestos
civiles, y conocía el oprobio de! ostracismo religioso; sin embargo, debía dar dinero para mantener el
ministerio y las iglesias congregacionales. Finalmente, en 1662 se promulgó e! Convenio de Medio Camino,
que estipulaba que los hijos de personas morales y bautizadas también podían ser bautizadas, aunque los
padres no fueran aptos para ser admitidos a la Cena. Esta acción aumentó la controversia, y prácticamente
eliminó cualquier requisito para ser miembro de la iglesia.
En un esfuerzo por regularizar y estabilizar las prácticas de las diversas iglesias congregacionales, se intentó
en Massachusetts el fortalecimiento de la autoridad externa en las asociaciones, pero el movimiento
fracasó. Un programa similar en Connecticut, la Plataforma de Saybrook en 1708, fue introducida allá con
éxito.
Puede reconocerse que un movimiento como el Gran Despertar agitara otra vez el divisivo asunto de la
experiencia de conversión. Jonatán Edwards fue una de las figuras sobresalientes del avivamiento. Su
profunda piedad, mezclada con un profundo pensamiento filosófico, hicieron de él uno de los primeros
pensadores religiosos de América. Su iglesia de Northampton, Massachusetts, fue el centro del
avivamiento en 1734. Sin embargo, no todos los congregacionalistas siguieron a Edwards. De iglesias que
no favorecían el avivamiento, algunos grupos minoritarios que insistían en una experiencia de conversión
se separaron y formaron iglesias “Nueva Luz” o iglesias “Separadas”. Algunas de ellas adoptaron después la
inmersión y se convirtieron en iglesias bautistas.
Los congregacionalistas fueron fuertes patriotas durante el período de guerra revolucionaria. Salieron de la
guerra con considerable prestigio por su noble servicio para la nueva nación. El escepticismo y la
infidelidad, sin embargo, causaron estragos en muchas de sus iglesias. Además, la falta de organización
más allá del nivel local obstaculizaba mayor desarrollo denominacional, y hasta cierto punto hacía difícil
resistir el creciente unitarismo que estaba pronto a robar al congregacionalismo de Nueva Inglaterra
muchas de sus propiedades eclesiásticas. A pesar de estos factores, y también a la controversia y al cisma,
el número de iglesias congregacionalistas de Nueva Inglaterra, a la que esta denominación estaba
generalmente confinada, creció grandemente durante este período.
Calvinismo.— Los que seguían las enseñanzas de Calvino vinieron a América en varios grupos nacionales
durante este período. La Iglesia Holandesa Reformada se había iniciado por 1628 en, lo que llegó a ser
Nueva York, y aún después que la colonia cayó ante los ingleses en 1664, el pequeño grupo reformado de
Holanda continuó con sus cultos.
Los presbiterianos escoceses y escoceses-irlandeses habían emigrado al Nuevo Mundo mucho antes. El
nombre importante en este antiguo período de la vida presbiteriana es el de Francisco Makemie, quien
vino de Irlanda en 1683. Por su obra el presbiterianismo americano organizó en 1705 el primer presbiterio
en Filadelfia, con siete ministros. Once años después se formó el primer sínodo, que consistió de diecisiete
iglesias, tres presbiterios, y diecinueve ministros. Algunos refugiados franceses reformados (hugonotes)
huyeron a América y se establecieron principalmente en el sur durante los críticos días después que el
Edicto de Nantes fue revocado en 1685.
La primera Iglesia Alemana Reformada se formó en 1719 en Germantown, Pennsylvania. Mediante los
esfuerzos de Miguel Schlatter y el grupo Holandés Reformado, se formó en 1747 un sínodo para la Iglesia
Alemana Reformada, que consistió de cuarenta y siete congregaciones y sólo cinco ministros. El Gran
Despertar trajo disensión y cisma entre los presbiterianos. Gilberto Tennent, un joven ministro de Nueva
Brunswick, Nueva Jersey, influido por el espíritu pietista de Teodoro Frelinghuysen, su vecino predicador,
presentó fogosos sermones evangelísticos. Después de 1728 sucedió el avivamiento entre los
presbiterianos, y muchos fueron convertidos. En 1741 Tennent y sus seguidores fueron echados del sínodo
por actividades rígidas y sin autorización, y esto causó un gran cisma que continuó hasta 1758. Mientras
tanto, en 1745, el sínodo de Nueva York estableció un colegio, que se había de convertir en la Universidad
de Princeton.
Después que se restauró la paz interna, el crecimiento presbiteriano fue rápido hasta la revolución,
principalmente por la inmigración. Casi sin excepción los presbiterianos fueron patriotas y apoyaron la
independencia americana. Contribuyeron grandemente en la exitosa contienda en Virginia por la
separación de la iglesia y el estado y la libertad religiosa.
Luteranismo.— Ya se ha visto que el luteranismo fue plantado primero en lo que llegó a ser Nueva York.
Mientras esta colonia estuvo bajo el gobierno holandés (1623-64), continuó la persecución del
luteranismo, pero después de 1664 los ingleses permitieron relativa libertad. Los luteranos suecos que se
establecieron en Delaware enfrentaron dificultades cuando su colonia fue capturada por los holandeses en
1655 y cedida a Inglaterra en 1664, pero se permitió cierta medida de libertad religiosa bajo el gobierno de
cada uno. El crecimiento luterano se aceleró con la llegada de los alemanes en los primeros años del siglo
XVIII. Guillermo Penn había visitado las áreas alemanas de sufrimiento y de estragos de la guerra en 1681,
y había invitado a emigrar a su colonia en América. La respuesta vino principalmente después de 1708, y
un gran número de luteranos alemanes se establecieron en Nueva York, Pennsylvania, y las Carolinas. En
1734 muchos luteranos de la provincia de Salzburgo en Austria, obligados por la rigurosa persecución
católica romana, se establecieron cerca de Savannah, Georgia. El primer sínodo luterano se formó en 1735
en Nueva Jersey, con la representación de dieciséis congregaciones.
El patriarca del luteranismo en América fue Enrique Melchor Mühlenberg, que fue enviado de Alemania en
1742 para ayudar a las iglesias luteranas americanas en conflicto. Su sabia y capaz dirección unió y organizó
el movimiento luterano americano antiguo.
El Gran Despertar no afectó grandemente a los luteranos americanos. Los alemanes sí reaccionaron en
parte. Su unión en tomo a Mühlenberg y su celo activo probablemente surgieron en parte del avivamiento.
Los luteranos suecos, por su parte, no entraron al movimiento. Los luteranos casi sin excepción, apoyaron
la Revolución Americana, proveyendo dirigentes sobresalientes y mantenimiento. Los dos hijos de H. M.
Mühlenberg, Pedro G. y Federico A.C., se convirtieron en eminentes dirigentes militares y políticos. Como
todas las otras denominaciones, los luteranos sufrieron la pérdida de la fuerza humana y el interés durante
la Guerra de Revolución, pero después de su fin, se recuperaron rápidamente.
La Iglesia Católica Romana.— Por 1648 la Iglesia Católica Romana había entrado a América por la obra de
los inmigrantes ingleses, franceses y españoles. Ya se ha descrito la colonia inglesa de Maryland de 1634.
Los misioneros y exploradores franceses continuaron la obra de Jacques Cartier (1534) y Samuel de
Champlain (1613). La Salle (1676), Marquette y Joliet (1673), y muchas otras figuras menores establecieron
misiones y fuertes en las secciones del norte y del centro de la nación. El vasto programa misionero de los
católicos franceses, iniciado y continuado bajo severas dificultades, fue abandonado cuando la derrota en
la Guerra de los Siete Años (1756-63) produjo la cesión de las pertenencias francesas en América. Los
misioneros y monjes españoles fueron también muy activos en este período.
La obra misionera española en Florida en su historia temprana fue acompañada de coerción y espada. Por
1634 había cuarenta y cuatro misiones con treinta y cinco sacerdotes bajo el obispo de la Habana. En 1701,
durante la Guerra de la Sucesión Española, los ingleses de las Carolinas y de Georgia atacaron la Florida
Española y quemaron San Agustín en 1702. Al fin de la guerra Florida fue dada a Inglaterra, y terminaron
las misiones españolas allí.
Los sacerdotes españoles, al dirigirse al norte desde México, plantaron misiones en Nuevo México por
1598. Al principio de este período cerca de sesenta monjes franciscanos estaban sirviendo en esta área.
Los altercados internos por la autoridad, las incursiones de los indios salvajes, y la repetición de lo que un
autor católico romano llama “criptopaganismo”, el regreso de los indios al antiguo culto pagano a pesar de
profesar como cristianos, produjeron problemas. En 1680 los Indios Pueblos se sublevaron y arrojaron a los
españoles de Nuevo México por doce años. Entre 1692 y 1700 se reconquistó el área, y los misioneros
fueron restaurados por la fuerza de las armas, aunque las dos tribus principales (la Moqui y la Zuni) se
negaron a permitir misioneros católicos entre ellos. Al final del período la obra fue calificada de
infructuosa, en parte porque los misioneros se negaban a aprender el lenguaje de la gente.
Un monje jesuita español recorrió Arizona por 1687, y en 1732 otros llegaron para empezar misiones en lo
que ahora es Arizona. Los celos entre ellos y los franciscanos produjeron rivalidad y contienda que
impidieron resultados efectivos.
En 1689 fue enviada a Texas una expedición misionera española, y en 1716 se inició obra, pero los
historiadores católicos calificaron el trabajo de fracaso, en parte debido al gran número de tribus y
dialectos diferentes en el área. La Baja California había sido explorada y se establecieron estaciones
misioneras en los últimos años del siglo XVI. La Alta California no tuvo obra misionera hasta 1769, cuando,
indudablemente para impedir el avance ruso por la costa, una expedición mexicana, militar y misionera,
entró al área. Junípero Serra dirigió el difícil y peligroso trabajo de establecer misiones católicas romanas
aquí. Al fin del período había tal vez una docena de misiones en operación, aunque la fricción entre los
misioneros y los dirigentes militares mexicanos impidió la efectividad del trabajo.
La colonia católica de Maryland sufrió por la revolución política de Inglaterra en 1688. El derrocamiento de
Jaime II fue la señal para que los protestantes de Maryland se apoderaran del gobierno, y la Iglesia de
Inglaterra fue establecida bajo una nueva cédula con Maryland como colonia real (no propiedad) en 1692.
Como era de esperarse, la Iglesia Católica Romana no sintió ningún impulso hacia el avivamiento durante el
Gran Despertar que empezó en 1739. Los católicos americanos tuvieron una parte honorable en la Guerra
de Revolución, aunque todavía eran comparativamente pocos en número. Al final de este período se
estima que había aproximadamente veinte mil católicos en las antiguas colonias inglesas de América.
Debe mencionarse que España y Portugal por un siglo habían estado enviando fuerzas militares y
misioneros a casi todas partes de América del Sur. Se establecieron misiones en las Indias Occidentales y
en México, y también en Brasil. Perú, Chile y Argentina. En este período los misioneros católicos romanos
tocaron casi toda América Central y del Sur.
Bautistas.— El puñado de bautistas que organizaron las Plantaciones de Providencia como colonia en 1638
crecieron lentamente en este período. Se formaron congregaciones por toda Nueva Inglaterra, los estados
del centro y del sur antes de 1700. En 1707 los bautistas de los alrededores de Filadelfia formaron la
primera asociación en América: la Asociación de Filadelfia. Permaneció sola hasta 1751, cuando se organizó
la segunda en Carolina del Sur. De aquí en adelante el crecimiento de asociaciones de iglesias bautistas fue
rápido.
Antes del Gran Despertar el progreso bautista fue lento. Había menos de cincuenta iglesias bautistas en
toda América después de un siglo (por 1739). El Gran Despertar multiplicó los bautistas americanos. Al
principio los bautistas de Nueva Inglaterra fueron renuentes a tener participación en el avivamiento, en
parte porque los que estaban envueltos en él eran sus perseguidores y en parte por la reacción arminiana
contra un movimiento entre los calvinistas. Sin embargo, la conversión a los conceptos bautistas de Isaac
Backus, un congregacionalista de La Nueva Luz, inició un movimiento que trajo a muchos de La Nueva Luz a
la vida bautista. Entre el avivamiento y la Revolución, las ig1esias bautistas de Nueva Inglaterra
aumentaron de veintiuna a setenta y ocho.
Las colonias del centro y del sur también sintieron el impacto del Gran Despertar. Shubael Stearns y Daniel
Marshall, convertidos bajo la predicación de Jorge Whitfield, se hicieron bautistas, y, ayudados por
hombres como el coronel Samuel Harris, Elías y Luis Craig, y muchos otros, dirigieron la formación de
nuevas iglesias bautistas por todo Virginia, las Carolinas, y Georgia. Mientras que había sólo siete iglesias
bautistas en el sur antes del Gran Despertar, al fin de la Revolución Virginia tenía 151 iglesias, además de
los bautistas de más de cuarenta iglesias en Kentucky; Carolina del Norte tenía cuarenta y dos iglesias
bautistas; Carolina del Sur tenía veintisiete; y Georgia, donde la obra había empezado en 1772, tenía seis
iglesias.
Además, los bautistas habían tenido una parte principal en la lucha por la libertad religiosa en Virginia y
habían establecido la Universidad Brown de Rhode Island en 1765, para la educación de los ministros.
Los bautistas tuvieron una parte prominente en la Revolución, y varios ascendieron a puestos importantes
en la capellanía y en el ejército. Ezequías Smith, Juan Gano, y otros, fueron sobresalientes en Nueva
Inglaterra y en las colonias .del centro; en el sur los ingleses pusieron precio a la cabeza de Ricardo Furman
como uno de los patriotas sobresalientes. Al fin del período los bautistas estaban activos y aumentando.
COMPENDIO FINAL
Durante la mayor parte de este período Francia e Inglaterra fueron rivales por el control del vasto
continente norteamericano. Inglaterra surgió victoriosa en 1763, pero las colonias americanas ganaron su
independencia en veinte años. Una corriente continua de inmigrantes vino de Inglaterra y del Continente.
Su fondo religioso tuvo una fuerza importante sobre el cristianismo de la nueva nación. El primer Gran
Despertar, que empezó después de 1726, influyó profundamente en la vida religiosa y política de las
colonias americanas. La Revolución produjo una rápida declinación religiosa acelerada por las corrientes
escépticas y racionalistas de Inglaterra y del Continente. Al fin del período, el cristianismo de los Estados
Unidos estaba en un punto muy bajo, y sus perspectivas eran obscuras.

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