Ejemplos ?
El hombre se desplomó sobre el pecho, recuperó el equilibrio furiosamente, hizo caer redondo al niño como hubiera podido hacerlo un potrillo salvaje y después volvió hacia él un rostro al que le faltaba la mandíbula inferior; de los dientes superiores a la garganta, se abría un gran hueco rojo franqueado de pedazos de carne colgante y de esquirlas de hueso.
Hacia el año 1854 — que es donde en lo soterraño se inicia la Restauración — comienzan a apagarse sobre este haz triste de España los esplendores de ese incendio de energías; los dinamismos van viniendo luego a tierra como proyectiles que han cumplido su parábola; la vida española se repliega sobre sí misma, se hace hueco de sí misma.
Este vivir el hueco de la propia vida fue la Restauración. En pueblos de ánimo más completo y armónico que el nuestro puede, a una época de dinamismo, suceder fecundamente una época de tranquilidad, de quietud, de éxtasis.
Y el eco, que oía mi voz, la seguía: y, mansa o bravía, mi voz repetía contento y locuaz; y al punto que unía su voz con la mía, veloz la extendía del viento en el haz; y el eco en su hueco vagaba, corría, temblaba, bullía, vibraba, latía, ondulaba, crecía y luchaba con brava porfía tenaz; mas débil cedía, y flébil gemía, y huía; y allá en lejanía le oía, que lento, de acento incapaz, se ahogaba… se hundía… y al fin se perdía, y en la aura vacía moría fugaz.
En su desesperación deja un momento a su adorada, corre a un cristalino arroyo que serpentea allí cerca rodeado de frondosos sauces, trae agua en su boca, y en el hueco de sus manos, baña con ella el pálido rostro de la cristiana, y cuando ve que nada, nada puede reanimarla, y considerándola realmente muerta exclama: -¡Dios de los cristianos!
No es poco el hueco ya que ha abierto en esta que adentro su visión atroz no traiga a aquella turba pálida de muerte que usó aquel alcázar como fuerte.
Sin embargo, el que hubiese asistido a dos juntas de Cortes consecutivas no podrá ser nombrado de nuevo sino guardando un hueco de tres años.
De mi orquesta interior él es un eco que hago sonar en la tardina calma, y que al salir por el oscuro hueco de mi boca glacial, me alivia el alma.
Quisieron mis hados, o por mejor decir mis pecados, que una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta debía tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que yo durmiendo echaba salía por lo hueco de la llave, que de canuto era, y silbaba, según mi desastre quiso, muy recio, de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oyó y creyó sin duda ser el silbo de la culebra; y cierto lo debía parecer.
Y aquel enmascarado era yo, pues reconocí mi gesto en la mano que levantaba la cogulla y, boquiabierto de espanto, lanzaba un enorme grito, pues no había nada bajo la máscara de tela plateada, nada bajo el óvalo de la capucha, sólo el hueco de tela redondeada sobre el vacío: estaba muerto y yo...
Florecen las rosas en torno de ella, vuelan los faisanes, agitan los árboles su cabellera verde a lo largo de las majestuosas avenidas; pero en el suelo cubierto de flores, de perfumes y susurros se adivina la presencia de algo enorme que está allí enterrado: una España que fue, y no cayó bravamente en heroica y tenaz resistencia, sino que se desplomó de anemia, dulcemente, con el cráneo hueco y un paternóster en los labios como último suspiro.
Y el eco, que oía mi voz, la seguía: y al punto que unía su voz con la mía, veloz la extendía del viento en el haz; y el eco en su hueco vagaba, corría, temblaba, bullía, vibraba, latía, ondulaba, crecía y luchaba con brava porfía tenaz; mas débil cedía, y flébil gemía, y huía, y allá en lejanía le oía que lento, de acento incapaz, se ahogaba… se hundía… y al fin se perdía, y en la aura vacía moría fugaz.