Los Derechos

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LOS DERECHOS

Introducción histórica

Durante la II guerra mundial se registraron violaciones de los derechos humanos a escala desconocida,
pero su conclusión vio el origen de una nueva época en favor de estos derechos. Tras alcanzar su punto
álgido en el siglo XVII, cuando autores como Grocio, Puffendorf y Locke defendieron la idea de los
derechos, éstos pasaron a desempeñar un papel decisivo en las revoluciones de finales del siglo XVIII.
Sin embargo, en los siglos XIX y comienzos del XX la apelación a los derechos estuvo eclipsada por
movimientos como el utilitarismo y el marxismo, que no pudieron —o quisieron— darles cabida.

La época contemporánea ha conocido un nuevo cambio de rumbo y en la actualidad los derechos


constituyen una materia de difusión internacional en el debate moral y político. En muchas partes del
mundo, independientemente de las tradiciones culturales o religiosas, cuando se discuten cuestiones
como la tortura o el terrorismo, la pobreza o el poder, muy a menudo se despliega la argumentación en
términos de los derechos y de su violación. También en las sociedades los derechos desempeñan un
importante papel en la discusión de cuestiones morales controvertidas: el aborto, la eutanasia, el castigo
legal, el trato a los animales y del mundo natural, nuestras obligaciones recíprocas y para con las
generaciones venideras.

Si bien desde el punto de vista lingüístico son un fruto comparativamente reciente, los derechos se
encuadran en una tradición de razonamiento ético que se remonta a la antigüedad. En esta tradición la
noción de derechos tiene más una connotación legal que ética. Como muestra Stephen Buckle en el
artículo 13, «El derecho natural», la concepción de los derechos humanos universales tiene sus raíces en
la doctrina del derecho natural. Los griegos, en particular los filósofos estoicos, admitían la posibilidad
de que las leyes humanas reales fuesen injustas.

Observaron que las leyes variaban de uno a otro lugar, y llegaron a la conclusión de que estas leyes
vigentes —leyes por convención— podían contrastarse con una ley natural que no era así de variable o
relativa, una ley a la cual todos tuviesen acceso mediante la conciencia individual, y por la cual podían
juzgarse —y en ocasiones denunciarse— las leyes reales de épocas y lugares concretos.

Si bien los griegos no realizaron esta transición, de hecho esta idea de ley natural fácilmente desemboca
en la noción de derechos naturales que delimitan un ámbito en el que las leyes hechas por el hombre,
las leyes de los estados, están sujetas a límites impuestos por una concepción de la justicia más amplia.
Pero resulta significativo que en la época antigua fue este concepto de persona interior independiente
del contexto social lo que hizo del estoicismo una filosofía especialmente atractiva para los esclavos —o
para las personas cuyos derechos carecían por completo de reconocimiento público o social.

Posteriormente, la ampliación del Imperio Romano ofreció un contexto legal y político más amplio en el
que el ius gentium romano articuló en la práctica esta noción en un sistema legal aplicable a todos,
independientemente de su raza, tribu o nacionalidad.

Un elemento adicional en el desarrollo de la concepción de una ley moral independiente de su vigencia


local fue el respeto al individuo y a la conciencia individual característico de la religión cristiana, aunque
los cristianos están divididos sobre la cuestión de si la ley es independiente de Dios o es un resultado del
mandato divino. Sin embargo, en ambos casos se crea una relación entre el ser humano y su conciencia
que incluso puede justificar el rechazo de los subditos a su gobernante. Esto se ilustró de manera
contundente con el proceso y ejecución del rey Carlos I en 1649, un acontecimiento que según algunos
marca el inicio de la concepción moderna de los derechos.

Sin embargo, fue el filósofo inglés John Locke quien reivindicó los derechos a la vida,la libertad y la
propiedad que más tarde los americanos incluyeron en su Declaración de Independencia de 1776,
sustituyendo sin embargo el derecho a la propiedad por el derecho a alcanzar la felicidad.

Tras la Revolución francesa de 1789, la Asamblea Nacional francesa promulgó una Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano que establecía los derechos a la libertad y la propiedad, pero
añadía la seguridad y la resistencia a la opresión. En respuesta a las crítica de Burke a esta Revolución,
Tom Paine publicó en 1791 su obra” Los derechos del hombre”.

Las declaraciones de derechos contemporáneas han sido considerable mente más detalladas y de mayor
alcance, adoptando la forma de acuerdos internacionales, algunos de los cuales tienen fuerza legal para
los estados que los suscriben, y otros no son mucho más que una declaración de aspiraciones.

La Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales
(1950) es un ejemplo del primer tipo, y cuenta con el Tribunal Internacional de La Haya, para juzgar los
casos que se le presentan.

La Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1948) constituye un ejemplo del
segundo tipo, aunque luego recibió el apoyo de acuerdos internacionales más específicos sobre
Derechos Económicos, Sociales y Culturales y sobre Derechos Civiles y Políticos (1976).

Mientras que la noción de los derechos del siglo XVIII era protectora y negativa, imponiendo límites al
trato que los gobiernos podían dispensar a sus subditos, la concepción moderna añade a éstos un
elemento positivo, incluyendo derechos a diversos tipos de bienes relacionados con el bienestar.

Pero como la cobertura de derechos, como el derecho a la educación o la sanidad, exige los impuestos y
una compleja burocracia, esto ha llevado a una bifurcación de los derechos. Mientras que los antiguos
derechos negativos limitaban al gobierno, los derechos positivos recientes justifican su expansión con
vistas a conseguir una mayor riqueza social, confort o progreso económico.

Sin embargo, sólo la adición de este segundo concepto de derechos ha dado lugar a los apoyos
necesarios para la formación de las Naciones Unidas y posteriormente de los acuerdos europeos.

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