Ejemplos ?
Me sonrío y visto amplio vestido de franela; friolento hago encender la chimenea cuyo suave calor neutraliza la temperatura que anuncia un invierno rigurosísimo, y con las piernas envueltas en la eterna manta sevillana compañera de mis viajes y aspirando el humo opiado y aromático de un cigarrillo de Oriente, me siento cerca al fuego para contemplar los derrumbes de negros castillos que forjan los troncos carbonizados, el rojo de las cavernas de fuego, donde arden los tizones y los incendios azules de las lengüetas de llama.
Los diamantes se irisan y brillan como gotas de luz; semejan pedazos del cielo del trópico en las noches consteladas los oscuros zafiros; tú, rubí, ardes como una cristalización de sangre; las esmeraldas ostentan en sus cristales luminosos los verdes diáfanos de los bosques de mi tierra; tenéis vosotros, topacios y amatistas que ornamentáis los gruesos anillos episcopales, coloraciones suaves del cielo en las madrugadas de primavera, son azulinas, sonrosadas y verde pálidas las llamas que arden entre tu leche luminosa, ópalo cambiante; crisoberilos: vosotros brilláis con áureo brillo, como los ojos fosforescentes de los gatos, y quién dirá la delicia que procuráis a quien os mira, ¡oh, perlas!
Entonces cuando arden despidiendo un torrente de luz sus mil lámparas de plata; cuando flota en el aire una nube de incienso, y las voces del coro y la armonía de los órganos y las campanas de la torre estremecen el edificio desde sus cimientos más profundos hasta las más altas agujas que lo coronan, entonces es cuando se comprende, al sentirla, la tremenda majestad de Dios, que vive en él, y lo anima con su soplo, y lo llena con el reflejo de su omnipotencia.
De las chicas, que bien diga, el amor me fiso ruego que diga de sus noblesas, yo quiero las desir luego; desirvos he de duennas chicas, que lo habredes por juego. Son frías como la nieve e arden como el fuego.
No valen los remedios ni las artes: arden las tablas, y los fuertes pinos de la tea interior el humor sudan; los bienes muebles mudan en medio de las llamas; éstos llevan las arcas y las camas, y aquéllos, con el agua, los encuentran; éstos salen del fuego, aquéllos entran; crece la confusión, y más si el viento favorece al flamígero elemento.
No el arco tus colores desafía que por el firmamento se dilata; más matices la tarde no varía, ni más arden la grana y escarlata: en ti con su riqueza y lozanía la creación inmensa se retrata, y sus bellezas menos fiel no pintas que la Pintura con sus vivas tintas.
-Tío, dijo un día Miguel al artista, si vendieras velas en vez de estatuas, sacarías más provecho, porque son muchas las que llevan a la iglesia y arden en ella todos los días.
Enlutada una gran mesa mira colocada en medio, y en sus cuatro ángulos arden, sobre cuatro candeleros de plata, cándidas velas consumidas casi: el suelo cubren deshojadas flores, siemprevivas y romero.
No me da miedo quedarme sólo en la iglesia cuando arden los cirios, pero cuando no están encendidas más que las lamparillas, cada silla me parece un espectro y cada banco un ataúd.
6. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. 7.
Ahora, pues, como éstos se habían de morir por fuerza, advirtieron que era mejor, o menos malo, que entrasen en su lugar sus hijos, que no padecer las tropelías que había al tiempo de elegir sucesor, así como las hay cuando se eligen provinciales, alcaldes, y ahora en las elecciones de diputados, que se arden los capitulares.
No nos parecen de cuerpo hermoso, ni nosotros les parecemos hermosos a ellos: ellos dicen que es un pecado cortarse el pelo, porque la naturaleza nos dio pelo largo, y es un presumido el que se crea más sabio que la naturaleza, así que llevan el pelo en moño, lo mismo que las mujeres: ellos dicen que el sombrero es para que dé sombra, a no ser que se le lleve como señal de mando en la casa del gobernador, que entonces puede ser casquete sin alas: de modo que el sombrero anamita es como un cucurucho, con el pico arriba, y la boca muy ancha: ellos dicen que en su tierra caliente se ha de vestir suelto y ligero, de modo que llegue al cuerpo el aire, y no tener al cuerpo preso entre lanas y casimires, que se beben los rayos del sol, y sofocan y arden...