Ejemplos ?
Un miedo desbordante me arrasaba. Entonces prendieron fuego a la paja y comenzó a arder cada uno de los leños. El fuego cada vez lo sentía más intenso; el sudor escurría por mi cuerpo.
POR SEMANA SANTA (me pertenece el subrayado) ESOS MUÑECOS HACIAN EL PAPEL DE JUDAS a quien se les hacía arder como premio de su traición a Jesús y de su vida inicua.
Confórmese con llamarse sencillamente Martín, y le estará bien, por lo que tiene de semejante con su colombroño pl pérfido hereje Martín Lutero y jwrque, como éste, tiene que arder en los profundos infiernos.
Ítem, se ordena y manda que de aquí (en) adelante cuando se hiciere el Remate de las dichas Carnicerías sea en las Casas de Cabildo, dando primero quince pregones sucesivamente, y si al cabo de ellos pareciere el dicho Cabildo por no ser (con) el dicho (tiempo de) término, lo pueda hacer señalando día en que lo pueda hacer el dicho remate, y hallándose presente el dicho Corregidor y Alcalde, y los demás Regidores que se pudieren juntar, y puesta una candela de cera de rollete (medida) de (a) cuarta de vara en largo, de lo cual, dé fe el Escribano de Cabildo ante quien se ha de hacer el dicho remate, (o) en quien se acabare de arder luz y candela (para lo) ser en él remata(n)do las dichas Carnicerías.
Cuando sus cenizas terminaron de arder, el corazón de QUETZALCOATL ascendió a los cielos y transformado en azules luces inmensas, regresó a reinstalarse en su lugar desde siempre reservado para él, en el universo.
Prende también su cuidado la modestia en Polixena; y en medio de tanta pena, tanta muerte y confusión, a la ilícita afición sólo reserva en Elena. Ya la Ciudad, que vecina fue al Cielo, con tanto arder, sólo guarda de su ser vestigios, en su ruina.
Entonces se dijeron el uno al otro: "¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" 33.
Mi emoción, mi entusiasmo y mi recuerdo amigo, y el banquete de La Nación, que fue estupendo, y mis viejas siringas con su pánico estruendo, y ese fervor porteño, ese perpetuo arder, y el milagro de gracia que brota en la mujer argentina, y mis ansias de gozar de esa tierra, me pusieron de nuevo con mis nervios en guerra.
-No tiene ninguna mujer consigo. -¡No tiene ninguna!... Pues, ¿quién duerme allí, en aquel aposento, donde toda la noche he visto arder una luz? -¿Allí?
Luego se convirtió en algo así como una zarza roja sobre las cenizas, y se consumía lentamente. Ella lo vio arder. Las pequeñas bayas de cartón estallaban, los hilos de latón se retorcían, la trencilla se derretía, y las corolas de papel apergaminadas, balanceándose a lo largo de la plancha, se echaron a volar por la chimenea.
Mientras tenemos hombres que no están contentos sino cuando se les ofusca con el incienso del aplauso por lo bueno que no han hecho, tenemos otros que verían arder los anales de su gloria individual sin tomarse el comedimiento de apagar con el fuego destructor.
Disparadas chispezuelas saltaban de los leños, y el crujido seco y deleitoso del arder era lo único que se oía en la estancia, admirablemente enguatada y resguardada del frío con toda clase de ingeniosos refinamientos.