Acoso
Acoso
Acoso
El acoso sexual en el trabajo, aunque sucede entre dos personas, no es sólo un problema privado sino también
social y cultural que tiene graves efectos psicosociales y económicos. Además de influir en la salud mental y física
de la persona afectada, el acoso sexual afecta la productividad en las empresas. Un porcentaje importante (32,3%)
renuncia a su empleo para terminar el conflicto y muchas trabajadoras recurren al ausentismo como forma de
bajar la tensión. La rotación en el trabajo, la pérdida de personal calificado y el ausentismo redundan en una
disminución de la productividad de las empresas.
El acoso sexual enrarece el ambiente laboral y aumenta el estrés personal. Las trabajadoras que lo denuncian
corren el riesgo de ser sindicadas como provocadoras, responsables del asedio, o como personas conflictivas,
término que en el mundo laboral chileno se asimila (con una connotación negativa) a aquellas personas que se
atreven a defender sus derechos.
Aunque ocurre en todos los niveles ocupacionales, la mayor parte de los casos de acoso sexual se produce entre
trabajadoras de mediana o baja calificación acosadas por jefes o por compañeros de trabajo, sin que tengan el
apoyo de su superior jerárquico, que generalmente es hombre y tiende a considerar el asunto como algo que no
compete a las relaciones laborales.
Por otra parte, la negativa o el sometimiento de una persona a un requerimiento indeseado por parte de un
superior o un compañero de trabajo se utiliza de forma explícita o implícita en el momento de decidir el acceso de
la persona a la formación profesional o al trabajo, en la determinación de ascensos, de salario o en cualquier otra
decisión relativa al empleo.
Estas razones explican que las mujeres asediadas se enfrenten a la disyuntiva de mantener un empleo que
necesitan, sometiéndose o aceptando un trato que las denigra o renunciar al trabajo y enfrentarse a buscar otro,
en el cual eventualmente la situación podría repetirse.
Es importante superar esta falsa disyuntiva y atreverse a enfrentar la discusión y escuchar ejemplos concretos
que son ilustrativos, usando como medida para detectar el acoso el hecho de que una mujer se sienta molesta
ante una proposición o sea presionada a un tipo de relación que coarta su libertad.
Las mujeres no son las responsables del acoso sexual
A menudo escuchamos opiniones que tienden a culpabilizar a las mujeres del acoso, por causas tan peregrinas
como que usan minifalda o ropa llamativa o tienen un carácter alegre. Detrás de este tipo de posiciones subyace
una idea primitiva sobre el sexo masculino que viene a decirnos que su sexualidad es incontrolable y que es tarea
de las mujeres mantener en equilibrio sus hormonas. Por ese camino terminaríamos concluyendo que sería mejor
que las mujeres usaran una túnica que las cubriera de arriba a abajo y, de paso, protegiera a los hombres de sus
provocaciones. Nada más insultante para los hombres, porque los supone animales librados a sus instintos y nada
más discriminatorio para las mujeres, porque considera que deben reprimir la expresión de su individualidad para
defender su integridad.
Los hombres justifican el acoso sexual a partir de creencias expresadas en frases del estilo "a ella le gusta". Si le
gusta, no habrá molestia y por tanto tampoco habrá acoso. Hasta ahora, los acosadores gozan de impunidad que
se asienta en la sensación de vergüenza de las mujeres y la actitud ambigua de la sociedad ante estos hechos.
Es necesario una legislación laboral y penal que proteja a las trabajadoras y también a los pocos hombres que
son acosados. Si bien la sola existencia de la ley no cambiará los hábitos de un plumazo, tendrá un efecto cultural
importante al inhibir a los potenciales acosadores ante la posibilidad de verse señalados, al darle un carácter
público a un problema vivido en forma privada y sobre todo al legitimar el derecho de las mujeres a no ser
violentadas sexualmente.
La existencia de normas legales que aborden esta realidad hace posible ir construyendo formas distintas de
relación entre los sexos en el ambiente laboral, estimulantes y gratificantes para ambos en tanto personas con
dignidad y derechos. No se trata de inhibir las iniciativas masculinas o femeninas, sino evitar las formas ofensivas,
la presión y el abuso de poder.
Qué hacer para terminar con el acoso sexual
Tanto el gobierno, como los empresarios, los trabajadores y en especial las trabajadoras, tienen responsabilidad en
tomar las medidas que pongan fin a esta realidad.
El gobierno debe:
acelerar la aprobación de los proyectos en trámite en el ámbito penal y laboral para dar respaldo legal a las
denuncias de acoso.
Tanto hombres como mujeres son objeto de acoso sexual, si bien los estudios ponen de relieve que la
mayoría son mujeres. La investigación muestra que el tipo de mujer más vulnerable al acoso sexual es la
mujer joven, económicamente dependiente, soltera o divorciada y con estatus de inmigrante. Con
respecto a los hombres, aquellos que sufren un mayor acoso son los jóvenes, homosexuales y miembros
de minorías étnicas o raciales.
El acoso puede provenir de propietarios, directivos o empleados con jerarquía, clientes, proveedores y
compañeros de trabajo. Pueden ser hombres y mujeres, destacando estadísticamente el acoso de
hombres hacia mujeres. El acoso sexual entre personas del mismo sexo es reciente, pero con una
tendencia ascendente.