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Vida
Razón
Ser
Valor
Tragedia griega
Dionisos
Apolo
Sócrates
Logicismo
Aforismo
Nihilismo
Dios
Hombre
Superhombre
Voluntad de poder
Moral de rebaño
Moral de señor
CONTEXTO
En la segunda mitad de siglo XIX la burguesía se ha consolidado en el poder y mantiene el control sobre
la sociedad, en un nuevo consenso con los anteriores sectores ricos de la sociedad (la aristocracia). Es
la época del colonialismo y la segunda revolución industrial: Europa continúa su expansión sobre
el mundo, exportando los valores occidentales y la economía capitalista en la forma de metrópolis y
colonias. Al mismo tiempo, la sociedad comienza a sentir los efectos de la revolución industrial y del
transporte: el desarrollo tecnológico de un lado (el progreso), pero también las desigualdades sociales
y la radicalización de la clase obrera comienzan a sentirse en esa segunda mitad de siglo.
Después del fracaso de la revolución de 1848, y de las últimas expectativas revolucionarias con el
fracaso de la Comuna de París (1871), los estados europeos iniciarán una oleada represiva sobre todo
aquello que salga de los límites de la sociedad liberal del XIX, todavía altamente elitista y aristocrática.
La alianza de poderes entre la burguesía triunfante y las fuerzas tradicionales, para mantener el status
quo (el orden establecido de las cosas) generará una sociedad conservadora y represiva en la que
prima la apariencia y el mantener hasta el extremo las convenciones sociales. Las sociedades del
momento están muy lejos de ser avanzadas y a pesar de lo que ha supuesto la Ilustración o los cambios
revolucionarios, los valores tradicionales mantienen buena parte de su empuje pasado. El sindicalismo
revolucionario, el feminismo sufragista o el arte rupturista serán perseguidos o vistos con recelo.
Las contradicciones de esa sociedad se reflejan en todo el sustrato cultural del último tercio del siglo
XIX, del que Nietzsche es tan solo su espolón filosófico: lo mismo que propone Nietzsche para la
filosofía, lo hacen los escritores (simbolistas franceses) o las primeras vanguardias artísticas. Muchos
de estos intelectuales sufrirán la incomprensión de esta sociedad tan represora e incluso la cárcel.
En el ámbito filosófico, Nietzsche convive con el apogeo del positivismo como ideología dominante, pero
también con las primeras críticas radicales de la filosofía y la ciencia como saberes
absolutos. Kierkegaard y Schopenhauer son los dos primeros autores que cuestionan los cimientos
de la filosofía hegeliana (y por tanto de la marxista), en el que se niega un orden racional que atraviese
toda las manifestaciones de lo real. Schopenhauer, especialmente, va a tener una influencia principal
en las primeras etapas del pensamiento de Nietzsche.
No hay que olvidar que existe, especialmente al final del siglo, una tendencia pesimista en el ámbito de
todas las ciencias. El aura de “progreso” comienza a tambalearse y dejarse llevar por principios
de irracionalidad: en psicología Freud descubre la importancia del instinto y del inconsciente; en la
biología Darwin y la teoría de la evolución triunfan, mientras que Spencer aplica a la sociedad los
principios de la selección natural e inaugura el socialdarwinismo (la supervivencia del más fuerte en
la selección natural). En el paso al siglo XX, a la muerte de Nietzsche, comienza a elevarse en definitiva
un ambiente de decadencia imparable y de fuerzas inevitables suprahumanas e irracionales (en lo
económico, lo social, lo racial etc…), que finalmente van a desembocar en la catastrofe de la I Guerra
Mundial (1914-1918).
INFLUENCIAS (pueden incorporarse a la conclusión).
- Influencia de Kant. "Critica de la razón pura", distinción entre fenómeno y noumeno: las cosas en sí
mismas son inalcanzables, por tanto la metafísica tradicional es una simple "ilusión".
- Influencia del romanticismo, de la exaltación, espontaneidad y fuerza del arte, de la música de
Wagner, que exalta la tradición alemana romántica, hasta la filología, como apología del mundo clásico.
- Schopenhauer: el mundo es representación, voluntad y deseo de vivir, es instinto de conservación
del hombre y de la especie.
- Crítica al idealismo de Hegel, pero acepta que la realidad está en devenir dialéctico.
Según Friedrich Nietzsche, la vida es la naturaleza última de toda realidad. La vida es lo que no puede
definirse, lo que se escapa a los conceptos. La filosofía de Nietzsche es vitalista. La idea central del
vitalismo es que la vida es el valor supremo y la fuente de todo valor. Siguiendo a Schopenhauer
(1788-1860), Nietzsche considera que la vida es voluntad de poder, fuerza creadora, el deseo ciego
de procrear y perdurar en la realidad.
Para Schopenhauer, la voluntad es también el origen del dolor, porque querer es fundamentalmente
querer vivir, pero la vida es siempre incompleta y temporal y tiene a la muerte como compañera
inseparable. Este dolor puede ser mitigado a través del arte y la vida ascética. En el arte el hombre crea
un mundo aparente de belleza en el que la voluntad de vivir se olvida de la lucha por la existencia. A
través de la vida ascética el hombre renuncia a todos los objetos de su deseo, evitando así el dolor de
la decepción.
Nietzsche se distancia del pesimismo de Schopenhauer porque, según Nietzsche, afirmar la vida
significa “decir sí” al dolor, asumir el carácter trágico de la vida, aceptar el sufrimiento como el precio
de su belleza.
En su primera obra, El nacimiento de la tragedia, Nietzsche presenta una teoría del arte y la cultura
griegos mediante la contraposición de dos principios: el espíritu apolíneo y el espíritu dionisiaco.
Apolo, dios de la belleza y las artes, era también, según Nietzsche, el dios de la luz, la claridad y la
armonía, y representaba la medida y la forma, el mundo como una totalidad ordenada y racional. Frente
a lo apolíneo, los griegos opusieron lo dionisíaco: Dionisos, dios del vino y las cosechas, de las fiestas
presididas por el exceso, la embriaguez, la música y la pasión; los griegos representaban en Dionisos
la vida en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales.
Según Nietzsche, la visión trágica del mundo (que pone el acento en los aspectos contradictorios de
la existencia) es la que predominó en la Grecia antigua hasta Sócrates, que fue el corruptor del
pensamiento griego al iniciar una sobrevaloración de lo racional, de lo conceptual (lo apolíneo), frente a
la vivencia inmediata (lo dionisiaco).
Nietzsche denomina con el término metafísica a toda la concepción que postula la división del mundo
en un mundo sensible y un mundo suprasensible. Esta división es introducida en el pensamiento
occidental por Platón, y es sostenida por la tradición cristiana. La metafísica concibe el ser como lo fijo,
lo eterno, lo inmutable. La metafísica desconfía de los sentidos porque estos muestran un mundo
aparente en continuo devenir (cambio) al que se opone un supuesto mundo inteligible, intemporal: el
mundo de las Ideas, que son eternas.
Según Nietzsche, esta división del mundo en real y aparente está relacionada con la moral contranatural,
que ve en los sentidos una causa de perdición. Nietzsche afirma que no existe más mundo que el
terrenal y que todo mundo intemporal y eterno no es más que un estúpido engaño. Su rechazo de la
metafísica occidental lo resume en cuatro tesis:
1) Los motivos por los que el mundo terreno se considera “aparente” son precisamente los que
demuestran su realidad y la irrealidad de cualquier mundo distinto de este.
2) Las propiedades que se atribuyen al “ser auténtico” de los seres existentes son, en realidad, las
propiedades del “no-ser” (Es decir, la metafísica concibe el ser como lo quieto, lo intemporal y, por lo
tanto, lo muerto; mientras que el devenir es lo transitorio, lo temporal y, por lo tanto, lo vivo)
3) Cuando se está resentido contra la vida, cuando se odia y se desconfía de la vida, se realiza la
venganza contra la realidad creando la fábula de “otra vida” y de “otra vida mejor”.
4) La división (de origen platónico) en dos mundos, uno verdadero y otro aparente, no es sino un síntoma
de vida decadente.
El concepto abstrae de un modo arbitrario las peculiaridades para destacar lo común. Las palabras no
pueden comprender lo vivido, sólo son metáforas que lo expresan parcialmente. Existiría la Verdad si
fuese posible una percepción exacta. La verdad no es más que perspectiva, una apariencia que se ha
impuesto a través de la costumbre.
Nietzsche desarrolla su crítica de la moral occidental en dos obras: Más allá del bien y del mal y La
Genealogía de la moral. El método genealógico permite estudiar cómo surgieron los conceptos
morales y cómo se impusieron como valores aceptados por todos a partir de la fuerza del grupo social
que los propone.
La crítica de la cultura occidental debe comenzar por la de la moral, pues para Nietzsche todas las
manifestaciones filosóficas, científicas, religiosas, etc., de un pueblo no son más que otras tantas
manifestaciones de su sistema de valores, es decir, de la moral de ese pueblo. Pues un pueblo expresa
en sus valores, en sus calificaciones morales, su voluntad de poder, su actitud ante la vida.
Nietzsche afirma que los términos “bueno” y “malo” tienen una doble procedencia u origen: la esfera de
los nobles y la de los esclavos. Nobles o esclavos no hacen referencia a los hombres según su posición
social, sino hombres superiores o inferiores desde el punto de vista espiritual.
La moral de señores es la que prevaleció en la antigüedad. En esta moral “bueno” significa noble,
superior, orgulloso. “Malo” significa bajo, sucio, inferior, mezquino. Esta moral noble fue invertida por la
moral de esclavos, que entendían “bueno” como manso, sumiso, igual, y el “malo” como belicoso,
orgulloso, etc. El paso de una moral a otra se ha dado con el pueblo judío, que inició así lo que Nietzsche
llama “la rebelión de los esclavos en la moral”. El cristianismo no es sino el heredero de esta rebelión
y el que ha hecho triunfar en Occidente los valores del pueblo judío.
Las razones del triunfo de la moral de esclavos hay que buscarlas en el resentimiento, el odio al
superior, el espíritu de venganza, que es el principal distintivo de los hombres de este tipo. Así pues,
bajo el amor, el altruismo, la compasión, etc., proclamados por la moral cristiana como virtudes, hay
ocultos un conjunto inconfesable (y generalmente no consciente) de odio, egoísmo, crueldad, etc.
Nietzsche afirma que la moral es hoy día, en Europa, moral de rebaño (moral de esclavos), pues el
movimiento democrático continúa la herencia del cristianismo. Para romper con todo esto hace falta
una nueva clase de “hombres fuertes” que sean capaces de destruir lo anterior y crear “el hombre del
futuro” (superhombre), el que ha de realizar la transvaloración de todos los valores. Lo “bueno” será,
de acuerdo con esta transvaloración (o transmutación), todo lo que eleve la voluntad de poder y la
vida; lo “malo”, lo que proviene de la debilidad de la moral de esclavos.
Eliminada la hipótesis de Dios como creador del mundo, este es eterno, no tiene principio ni fin temporal.
Sin embargo, el mundo es finito, luego llegará un momento en que todos los estados de cosas posibles
ya se habrán dado y volverán a repetirse y no una sola vez sino infinitas veces. La doctrina del eterno
retorno es únicamente una fórmula para expresar la afirmación de la vida, pues implica que se la acepta
como es, sin correcciones ni enmiendas, idéntica una y otra vez, por toda la eternidad. El hombre
superior sería el que, al contemplar la vida, fuese capaz de decir: “¿era esto la vida? Pues bien: ¡otra
vez!”. Esta verdad puede ser terrible para el hombre sin fuerza anímica, pues una de sus consecuencias
es que todo lo doloroso, bajo y mezquino es tan eterno como sus contrarios.
Según Nietzsche, el propio nihilismo, que es una voluntad de negación, llevará a negar los propios
valores que conducen al nihilismo (la filosofía y la moral platónico-cristiana), por lo que despejará el
camino para la instauración de nuevos valores (transmutación de todos los valores) Esta tarea de
creación de nuevos valores dará lugar a un nuevo tipo de hombre: el superhombre. El hombre superior
se ríe de los valores del mundo suprasensible, sabe que él mismo los ha creado. El hombre superior es
un niño, porque el niño no tiene prejuicios, es inocente, juega con la vida solamente. El hombre superior
es el que se afirma en el devenir de la vida sin crearse subterfugios, sin inventarse un más allá para
evadirse de este mundo.
El hombre superior no hace caso de los prejuicios de la gente, no cree en la igualdad que, afirma
Nietzsche, solo es una artimaña de los débiles de espíritu, de los cristianos, de los socialistas. El hombre
superior dice sí a las jerarquías, a la inalienable diferencia que tiene que haber entre los hombres. El
hombre superior, en su libertad, está más allá del adoctrinamiento, no se deja convencer por los
demagogos ni por el “partido”. Hay que tener una sana desconfianza hacia todo lo que venga de la
plebe.
- CONCLUSIÓN -
La filosofía de Friedrich Nietzsche es vitalista. La idea central del vitalismo es que la vida es el valor
supremo y la fuente de todo valor. Siguiendo a Schopenhauer (1788-1860), Nietzsche considera que la
vida es voluntad de poder, fuerza creadora, el deseo ciego de procrear y perdurar en la realidad.
En su primera obra, El nacimiento de la tragedia, Nietzsche presenta una teoría del arte y la cultura
griegos mediante la contraposición de dos principios: el espíritu apolíneo y el espíritu dionisiaco. Apolo,
dios de la belleza y las artes, era también, según Nietzsche, el dios de la luz, la claridad y la armonía, y
representaba la medida y la forma, el mundo como una totalidad ordenada y racional. Frente a lo
apolíneo, los griegos opusieron lo dionisíaco: Dionisos, dios del vino y las cosechas, de las fiestas
presididas por el exceso, la embriaguez, la música y la pasión; los griegos representaban en Dionisos
la vida en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales. Según Nietzsche, la visión trágica del mundo
(que pone el acento en los aspectos contradictorios de la existencia) es la que predominó en la Grecia
antigua hasta Sócrates, que fue el corruptor del pensamiento griego al iniciar una sobrevaloración de lo
racional, de lo conceptual (lo apolíneo), frente a la vivencia inmediata (lo dionisiaco).
Nietzsche denomina con el término metafísica a toda la concepción que postula la división del mundo
en un mundo sensible y un mundo suprasensible. Esta división es introducida en el pensamiento
occidental por Platón, y es sostenida por la tradición cristiana. La metafísica concibe el ser como lo fijo,
lo eterno, lo inmutable. La metafísica desconfía de los sentidos porque estos muestran un mundo en
continuo devenir (cambio) al que se opone un supuesto mundo inteligible, intemporal: el mundo de las
Ideas, que son eternas.
Según Nietzsche, esta división del mundo en real y aparente está relacionada con la moral contranatural
del cristianismo, que ve en los sentidos una causa de perdición. Nietzsche afirma que no existe más
mundo que el terrenal y que todo mundo intemporal y eterno no es más que un estúpido engaño.
El cristianismo fomenta los valores propios de la moral de esclavos (humildad, pobreza, debilidad,
obediencia, sacrificio, mediocridad), sentimientos propios del rebaño; es la moral vulgar, la del esclavo,
de resentimiento contra lo elevado, noble, singular y sobresaliente.
La metafísica, al devaluar el mundo sensible (el único real según Nietzsche), ha conducido a la
decadencia, al nihilismo, actitud contraria a la afirmación dionisiaca de la vida, negación de la voluntad
de poder. La consumación del nihilismo se produce en la modernidad cuando Dios mismo y el mundo
suprasensible pierden su valor. Esto lo simboliza Nietzsche con la expresión “Dios ha muerto”, que no
significa sólo la pérdida de la fe en la existencia de Dios, sino el derrumbamiento de los valores sobre
los que se ha edificado la cultura occidental.
Según Nietzsche, el propio nihilismo, que es una voluntad de negación, despejará el camino para la
instauración de nuevos valores (transvaloración de todos los valores) Esta tarea de creación de nuevos
valores dará lugar a un nuevo tipo de hombre: el superhombre. El hombre superior es el que se afirma
en el devenir de la vida sin crearse subterfugios, sin inventarse un más allá para evadirse de este mundo.
Eliminada toda hipótesis de una creación del mundo, este es eterno, no tiene principio ni fin temporal.
Sin embargo, el mundo es finito, luego llegará un momento en que todos los estados de cosas posibles
ya se habrán dado y volverán a repetirse y no una sola vez sino infinitas veces. La doctrina del eterno
retorno es únicamente una fórmula para expresar la afirmación de la vida, pues implica que se la acepta
como es, sin correcciones ni enmiendas, idéntica una y otra vez, por toda la eternidad.
REPERCUSIONES (ALGUNAS) DE SU PENSAMIENTO:
- Impacto en toda filosofía que se preocupe sobre la conciencia debido a su crítica al dogmatismo
racionalista. Ha tenido gran influencia en la aparición del psicoanálisis freudiano, que afirma el hecho
de que la conciencia no es más que la superficie de nuestro mundo interior. Junto con Marx y Freud
conforman la Filosofía de la Sospecha.
- Influencia de su nihilismo y su destrucción de la ontología tradicional en la corriente existencialista,
fundamentalmente en el pensamiento de Heidegger y Sartre.
- Influencia de la vida como punto de partida para la reflexión en el historicismo y en el pensamiento
vitalista de Ortega.
- Influencia de su relativismo en la razón crítica de la Escuela de Frankfurt, en la filosofía del lenguaje
actual y en la teoría de la ciencia.
- Influencia nietzscheana en la literatura y filosofía contemporánea: el discurso de la postmodernidad
(fragmentariedad de la conciencia, crítica de cultura y de la política desde el rechazo de la dominación,
prioridad de la vida, crítica de la idea de progreso…).
Texto
A gaia ciencia
341. O peso máis grande. — E se un día ou unha noite un demo vai tras de ti ás agachadas deica a
máis solitaria das túas soidades e che di: “Esta vida, como ti agora a vives e como a tes vivido, terala
que vivir unha vez máis e innumerables veces máis; e nela non haberá nada novo, senón que cada dor
e cada pracer e cada pensamento e suspiro e todo o indiciblemente pequeno e grande da túa vida terá
que tornar a ti, e todo na mesma orde e sucesión – e así esta araña e este luar entre as árbores, e así
este intre e eu mesmo. O eterno reloxo de area da existencia é virado sempre de novo – e ti con el,
migalliña de po!”? Non te botarías polo chan renxendo os dentes e maldicindo o demo que así che falou?
Ou é que ti algunha vez viviches un instante inmenso, no que lle responderías: “ti es un deus e eu nunca
oín nada tan divino!”? Se tal pensamento se apoderase de ti, tal como ti es agora, te transformaría e
quizá te esmagaría; a pregunta sobre todas e cada unha das cousas “queres isto outra vez e
innumerables veces máis?” gravitaría sobre a túa acción como o peso máis grande! Ou, como terías
que estar reconciliado contigo mesmo e coa vida para non desexar xa nada máis que esta última eterna
confirmación e resolución?