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La Resiliencia

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La resiliencia

Mtra. Martha Nohemí Caraveo Pacheco


RESILIENCIA, UN COMPROMISO EN MI VIDA

Introducción
Generalmente cuando se aborda el tema de las crisis en las empresas nos referimos a sus
resultados finales en términos de mercado, de finanzas o de producción. No se estudian en
profundidad los procesos, las decisiones y las conductas que obtuvieron los resultados.
Los comportamientos tanto colectivos como individuales que ayudaron a sortear la crisis y que
en el fondo son los potenciadores de los resultados, generalmente pasan a un segundo plano.
Estos comportamientos humanos, en un medio como el mexicano caracterizado por
dificultades sociales tales como el secuestro, los paros, el debilitado tejido social y la falta
de cultura basada en la solidaridad y en la cooperación hacen que las respuestas de las
empresas, de sus grupos humanos y en particular las individuales para sortear las crisis,
conlleven un mayor grado de complejidad.
El desgaste en términos de calidad de vida, de estrés, de sacrificio familiar e incluso
de seguridad personal, para sólo mencionar algunas características, hacen que nuestro medio
demande unos comportamientos y procesos particulares para enfrentar no sólo las situaciones
normales de la competencia empresarial, sino que también requiere esfuerzos adicionales y
específicos para orientar los comportamientos humanos con el fin de vencer las dificultades y
generar resultados.
La manera de interpretar las crisis y de responder a ellas es una fuente de construcción tanto
individual como colectiva de la cual se derivan procesos de aprendizaje y fortalecimiento. Esta
es la óptica de la resiliencia.
El objetivo del presente trabajo es dar a conocer algunos de los aspectos de mayor interés para
la reacción de sobreponerse a las situaciones difíciles.
"La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna
cosa que esperar" Thomas Chalmers

El Ave Fénix
Dice el mito griego, que en el Edén originario, debajo del árbol del Bien y del Mal, floreció un
arbusto de rosas, del cual nació un hermoso pájaro, de bellísimo plumaje y de un canto
armonioso e incomparable. Esta hermosa ave fue la única que no quiso probar las frutas de
aquel árbol. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó en el nido de aquel pájaro,
una chispa de la espada del fuego de un Querubes y el ave ardió en el acto. Sin embargo, entre
las llamas y las cenizas, surgió una nueva ave, El Fénix. Un ave aún más hermosa,
de color escarlata en sus plumas y con cuerpo dorado. Como premio le fue otorgada la
inmortalidad, junto a otras cualidades como el conocimiento, la capacidad curativa de sus
lágrimas y su increíble fuerza. Cada 100 o 500 años, construye un nido, con inciensos
y plantas aromáticas y entona la más bella de todas sus canciones, se prende a sí mismo hasta
extinguirse, para volver a renacer.
El fénix representaba al sol, que muere por la noche y renace por la mañana, representa la
esperanza que nunca debe morir en el hombre. Representa la hermosura que se tiene al
renacer de las cenizas. Así como de las cenizas nace el Ave Fénix, el hombre pareciese estar en
círculo indefinido entre la muerte y el renacimiento. Y es quizás el símbolo del Ave Fénix, como
ave de la resiliencia, la que nos recuerda que la esperanza no ha muerto, y el sueño de un
mundo de paz tampoco.

LA RESILIENCIA
¿Qué es la resiliencia?
El vocablo "Resiliencia" tiene su origen en el latín en el término "Resilio", que significa volver
atrás, volver en un salto, rebotar. Claramente el término fue adaptado a las Ciencias Sociales
para caracterizar a los sujetos que a pesar de haber nacidos y vivir en situaciones de
adversidad, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos. En idioma castellano,
tradicionalmente el término resiliencia se usa en el campo de la física y se refiere a la
capacidad que tienen los cuerpos para volver a su forma original luego de haber sufrido
deformaciones producto de la fuerza (Suárez, N. 2004).
En la misma línea de esta definición, se puede agregar que la resiliencia no sólo es un
fenómeno que lo observamos a nivel individual, sino que podemos hablar de familias
resilientes, y grupos y comunidades con características resilientes. Así entonces la podemos
definir como "Una capacidad universal que permite a
una persona, grupo o comunidad prevenir, minimizar o superar los efectos perjudiciales de la
adversidad (The International Resilience Project, Canadá 1996).
En este sentido, como señala Rutter, la resiliencia hoy día debe considerarse como alcanzar un
nivel de desarrollo normal en todas las dimensiones que componen al ser humano, vale decir
en lo físico, cognitivo, emocional y social (Suárez, N. 2004).
Del mismo modo, la resiliencia no debe considerarse como un estado permanente y de total
invulnerabilidad. Las personas, familias y grupos con características resilientes, presentarán
momentos y episodios de mayor debilidad y susceptibilidad, en tanto en otros momentos
su resistencia, adaptación y superación de los obstáculos, aparecerá nítidamente en su actuar.
La resiliencia es un conjunto de atributos y habilidades innatas para afrontar adecuadamente
situaciones adversas, como factores estresantes y situaciones riesgosas.
Algunos autores definen a la Resiliencia como la capacidad de respuesta inherente al ser
humano, a través del cual se generan respuestas adaptativas frente a situaciones de crisis o
de riesgo. Esta capacidad deriva de la existencia de una reserva de recursos internos de ajuste
y afrontamiento, ya sean innatos o adquiridos. De este modo la resiliencia refuerza los factores
protectores y reduce la vulnerabilidad frente a las situaciones riesgosas (abuso de
drogas, suicidio, embarazo temprano, fugas de hogar, etc.)
Ciertamente al utilizar el término en Ciencias Sociales, debemos realizar la analogía con los
cuerpos físicos y repensar el concepto en función de una resistencia del sujeto a las
adversidades que le ofrece su ambiente. Para ello es necesario tener presente que, los seres
humanos mostramos reacciones distintas, bajo estímulos similares. Lo mismo ocurre frente a
estímulos dolorosos o situaciones de adversidad o estrés, en donde las reacciones de los
sujetos serán variadas e incluso opuestas.
Es así como se describen tres tipos de reacciones frente a estímulos dolorosos o adversos, a
saber:
 Personas que frente al dolor o la adversidad reaccionan con conductas de
vulnerabilidad frente al estímulo.
 Personas que permanecen indiferentes o existe una ausencia de reacción frente a la
situación.
 Personas resilientes, resistentes al estímulo adverso y que logran alcanzar una
adecuada calidad de vida a pesar de las condiciones negativas para su desarrollo.
Al tercer punto podemos agregar que son personas con la capacidad de construir
positivamente conductas frente a la adversidad y su comportamiento se caracteriza por ser
sociablemente aceptable (Kotliarenco, M.A. 1997).

Desarrollo de la resiliencia
     La resiliencia no es un rasgo que las personas tienen o no tienen. Conlleva conductas,
pensamientos y acciones que cualquier persona puede aprender y desarrollar. Se trata de una
nueva mirada de la manera en que los diferentes seres humanos afrontan posibles causas de
estrés: malas condiciones y vejaciones en la familia, reclusión en campos de prisioneros,
situaciones de crisis como las causadas por viudez o el divorcio, las grandes pérdidas
económicas o de cualquier otra índole. (García, Rodríguez y Zamora).
     En lugar de preguntarse por las causas de la patología física o espiritual que esas catástrofes
generan, el nuevo punto de vista supone indagar de qué condiciones está dotada esa minoría;
por qué y de qué manera logra escapar a los males propios de los llamados "grupos de riesgo".
     El hecho de que la adversidad no deriva irrevocablemente en individuos dañados, se ha
mostrado que la conformación de éstos, depende, no simplemente de factores condicionantes
como, por ejemplo, los recursos económicos, la alimentación, el nivel educativo de los padres,
la estimulación materna o la disponibilidad de material lúdico, sino, fundamentalmente, de los
mecanismos y las dinámicas que ordenan el modo cómo ellos se relacionan (Rutter 1985).
     Los individuos "resilientes" se destacan por poseer un alto nivel de competencia en distintas
áreas, ya sea intelectual, emocional, buenos estilos de enfrentamiento, motivación al logro
autosugestionado, autoestima elevada, sentimientos de esperanza, autonomía
e independencia, entre otras. Y esto ha podido ser así incluso cuando el área afectada es tan
básica para la vida, como la nutrición. Para esclarecer el fenómeno de la resiliencia, los
estudiosos han apuntado a las características del ambiente en que se han desarrollado los
sujetos resilientes: han tenido corta edad al ocurrir algún evento traumático; han provenido de
familias conducidas por padres competentes, integrados en redes sociales de apoyo, que les
han brindado relaciones cálidas.
      Respecto al funcionamiento psicológico que protege del estrés a las personas resilientes,
señalaremos: a) Mayor coeficiente intelectual y mejores habilidades de resolución
de problemas. b) Mejores estilos de afrontamiento. c) Empatía, conocimiento y manejo
adecuado de las relaciones interpersonales. d) Sentido del humor positivo.
      Lo que hace que un individuo desarrolle la capacidad de ser resiliente es la formación de
personas socialmente competentes que tengan la capacidad de tener una identidad propia y
útil, que sepan tomar decisiones, establecer metas y esto involucra lugares sociales que
implican a la familia a los amigos y las instituciones de gobierno de cada país (Ramírez, 1995).
     Entre los mecanismos protectores por excelencia esta la relación de un adulo significativo,
que reafirme la confianza en sí mismo del individuo, que lo motive, y por sobre todo le
demuestre su cariño y aceptación incondicional (Sánchez ,2003).

Condiciones de desarrollo
Muchos estudios demuestran que un factor primario para en la resiliencia es tener relaciones
que ofrezcan cuidados y apoyo dentro y fuera de la familia. Las relaciones que crean apoyo y
confianza, proveen modelaje y ofrecen estímulo y reafirmación además contribuyen a afirmar
la resiliencia en una persona (Domínguez ,2005).Para esclarecer el fenómeno de la resiliencia,
los estudiosos han apuntado a las características del ambiente en que se han desarrollado los
sujetos resiliente: han tenido corta edad al ocurrir algún evento traumático; han provenido de
familias conducidas por padres competentes, integrados en redes sociales de apoyo, que les
han brindado relaciones cálidas (Kotliarenco, y Pardo ).
Si nos detenemos a observar la realidad en que viven nuestros jóvenes actualmente podemos
ver cómo ciertas condiciones influyen negativamente en su desarrollo: carencia de redes de
apoyo social para enfrentar las dificultades, incorporación prematura
al empleo, desempeño de trabajos marginales o contractualmente precarios, falta de
protección de su salud y derechos laborales, desocupación prolongada, fracaso y abandono
escolar, adicción a las drogas y al alcohol etc. Todo esto se traduce en una baja autoestima,
ausencia de un proyecto de futuro y dificultad para darle sentido al presente (López, 1996).
Fonagy y colaboradores, señalaron que las personas resilientes presentaron en su infancia los
siguientes atributos: a) Nivel socioeconómico más alto. b) Ausencia de déficit orgánico. c)
Temperamento fácil.
      Como características del medio social inmediato señalan las siguientes:
a) Padres percibidos como competentes. b) Mejor red informal de apoyo (amigos, familiares,
compañeros).
      La presencia de relaciones afectuosas es vital para fortalecer la resiliencia a través del
ejemplo común como lo dicen las voces "hechos y no palabras". Las oportunidades de
participación son significativas para poder sentirse importante y querido.    La resiliencia es una
característica que se puede aprender como producto de una interacción positiva entre el
componente personal y ambiental de un individuo (Sánchez, 2003). El vínculo afectivo que se
establece en los primeros años de vida es vital para el desarrollo de un individuo capaz
y seguro en una entidad.

Algunas características de la Resiliencia


Habilidad para enfrentar eficaz y adecuadamente situaciones adversas y eventos traumáticos,
además del desarrollo el potencial de ajuste individual o del sistema.
Es dinámica, varía a lo largo del tiempo de acuerdo con las circunstancias. Con el desarrollo del
individuo o del sistema y con la calidad de estímulos a los que están expuestos.
Para nutrirse y fortalecerse requiere del apoyo social y de la disponibilidad de recursos,
oportunidades y alternativas de ajuste como factores protectores. Si bien la resiliencia
comprende una serie de características y habilidades de ajuste propias del individuo o sistema,
por lo general se evidencia en situaciones adversas o de riesgo.
Características de los niños y jóvenes resilientes
Los seres humanos nacen con la capacidad de hacer frente a las demandas del ajuste de su
medio, de desarrollar habilidades sociales y comunicativas, una conciencia crítica, autonomía y
propósitos para el futuro. El desarrollo y el reforzamiento de la misma requiere de la
estimulación contextual, familiar y de los pares.
Características de los niños Resilientes:
Estos niños suelen responder adecuadamente frente a los problemas cotidianos, son más
flexibles y sociables, predominancia de lo racional, buena capacidad de auto-control y
autonomía. En cuanto a lo familiar, no han sufrido separaciones o pérdidas tempranas y han
vivido en condiciones económicas y familiares relativamente estables presentando con
frecuencia características de personalidad o habilidades entre las que se puede mencionar:
Adecuada autoestima y autoeficacia. Mayor capacidad de enfrentar constructivamente la
competencia y aprender de los propios errores. Mejores y más eficaces estilos de
afrontamiento. Capacidad de recurrir al apoyo de los adultos cuando sea necesario.
Actitud orientada al futuro. Optimismo y mayor tendencia a manifestar sentimientos de
esperanza. Mayor coeficiente intelectual. Capacidad empática. Accesibilidad y buen sentido
del humor.
Estos rasgos y habilidades pueden verse reforzados por la influencia positiva del medio familiar
y el apoyo de otros adultos significativos en la vida del niño. Según Loesel (1992) los niños
resilientes suelen vivir en un clima educacional abierto y con límites claros; cuentan
con modelos sociales que motivan el enfrentamiento constructivo, comparten
responsabilidades sociales y se ven estimulados por la existencia de expectativas de logros
realistas por parte de los adultos.
Características de los Jóvenes Resilientes:
Muestran también una serie de características que se asocian directamente con la capacidad
de afrontar adecuadamente los problemas cotidianos, las cuales se relacionan con el propio
desarrollo personal. Los jóvenes resilientes presentan, entre otras características comunes:
Adecuado control de emociones en situaciones difíciles o de riesgo, demostrando optimismo y
persistencia ante el fracaso. Habilidad para manejar de manera constructiva el dolor, el enojo,
la frustración y otros aspectos perturbadores. Capacidad de enfrentar activamente los
problemas cotidianos. Capacidad para obtener la atención positiva y el apoyo de los demás,
estableciendo amistades duraderas basadas en el cuidado y apoyo mutuo. Competencia en el
área social, escolar y cognitiva; lo cual les permite resolver creativamente los problemas.
Mayor autonomía y capacidad de auto observación. Gran confianza en una vida futura
significativa y positiva, con capacidad de resistir y liberarse de estigmas negativos. Sentido del
humor flexibilidad y tolerancia.

Ambientes que favorece la resiliencia


a) La presencia de adultos accesibles, responsables y atentos a las necesidades de niños y
jóvenes. Pueden ser padres, tíos, abuelos, maestros u otras personas que muestren empatía,
capacidad de escucha y actitud cálida. Además es importante que expresen su apoyo de
manera que favorezca en los niños y jóvenes un sentimiento de seguridad y confianza en sí
mismos.
b) La existencia de expectativas altas y apropiadas a su edad, comunicadas de manera
consistente, con claridad y firmeza que le proporcionan metas significativas, lo fortalezcan y
promueven su autonomía, y le ofrezcan oportunidades de desarrollo.
c) La apertura de oportunidades de participación: los adultos protectores son modelo de
competencia social en la solución de problemas, pudiendo proporcionar oportunidades para
que los niños y adolescentes participen y en conjunto, aprendan de los errores y contribuyan al
bienestar de los otros, como parte de un equipo solidario y participativo.
Greenspan (1996) enumera una serie de condiciones familiares que favorecen el desarrollo de
la resiliencia en niños y jóvenes:
Dentro del sistema familiar: normas y reglas claras y respeto a las jerarquías. Apoyo entre los
miembros de la familia como costumbre Estrategias familiares de afrontamiento y eficacia.
Práctica de un estilo de crianza, donde el adecuado uso del tiempo libre, la internalización
de valores, al amor y el respeto enmarcan el estilo de vida de los hijos. Expectativas positivas
de los padres sobre el futuro de los hijos. Responsabilidades compartidas en el hogar. Apoyo
de los padres en las actividades escolares de los hijos. Oportunidades de desarrollo y
responsabilidades extra familiares (voluntariado, trabajo, estudio, etc.).

Diez formas de construir resiliencia


1.-Establecer relaciones – Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos,
amistades y otras personas. Aceptar ayuda y sostén de personas que le quieren y le escuchan
fortalece la resiliencia. Alguna gente encuentra que estar activo en grupos de la
comunidad, organizaciones basadas en la fe, u otros grupos locales le provee sostén social y le
ayuda a reclamar la esperanza. Ayudar a otros que le necesitan también puede ser de
beneficio para usted.
2.-Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables—Usted no puede evitar que ocurran
eventos que producen mucha tensión, pero si puedes cambiar cómo los interpreta y reacciona
a ellos. Trate de mirar más allá del presente y piense que en el futuro las cosas mejorarán.
Observe si hay alguna forma sutil en que se sienta mejor mientras se enfrenta a las situaciones
difíciles.
3.-Acepta que el cambio es parte de la vida —Es posible que como resultado de una situación
adversa no le sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no puede
cambiar le puede ayudar a enfocar en las circunstancias que puede alterar.
4.-Muévase hacia sus metas—Desarrolle algunas metas realistas. Haga algo regularmente—
aunque le parezca que es un logro pequeño—que le permita moverse hacia sus metas. En vez
de enfocarse en tareas que parecen que no puede lograr, pregúntese. "Qué cosa sé que pudo
lograr hoy que me ayuda a caminar en la dirección hacia la cual quiero ir?
5.-Lleve a cabo acciones decisivas—Actúe en situaciones adversas lo mejor que pueda. Lleve a
cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones y desear que
desaparezcan.
6.-Busque oportunidades para descubrirse a sí mismo/a—La gente a veces aprende algo sobre
su persona y puede que se den cuenta de que han crecido en alguna forma como resultado de
su lucha con la adversidad. Muchas personas que han experimentado tragedias y situaciones
difíciles han informado mejoría en sus relaciones, la sensación de mayor fuerza personal aun
cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su auto-valía ha mejorado, una
espiritualidad más desarrollada y una aumentada apreciación de la vida.
7.-Cultive una visión positiva de su persona—El desarrollar confianza en sus habilidades para
resolver problemas y confiar en sus instintos ayuda a construir la resiliencia.
8.-Mantenga las cosas en perspectiva—Aun cuando se enfrente a eventos bien dolorosos,
trate de considerar la situación que le causa tensión en un contexto más amplio y mantenga
una visión a largo plazo. Evite agrandar el evento fuera de proporción.
9.-Nunca pierda la esperanza—Una visión optimista le permite esperar que ocurran cosas
buenas en su vida. Trate de visualizar lo que quiere en vez de preocuparse por lo que teme.
10.-Cuide su persona—Preste atención a sus propias necesidades y deseos. Interésese en
actividades que disfrute y encuentra relajantes. Ejercítese regularmente. El cuidar de su
persona le ayuda a mantener su mente y su cuerpo listos para enfrentarse a las situaciones
que requieren resiliencia.

Pilares de la resiliencia
A partir de esta constatación se trató de buscar los factores que resultan protectores para los
seres humanos, más allá de los efectos negativos de la adversidad, tratando de estimularlos
una vez que fueran detectados. Así se describieron los siguientes:
Autoestima consistente. Es la base de los demás pilares y es el fruto del cuidado afectivo
consecuente del niño o adolescente por un adulto significativo, "suficientemente" bueno y
capaz de dar una respuesta sensible.
Introspección. Es el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta. Depende
de la solidez de la autoestima que se desarrolla a partir del reconocimiento del otro. De allí la
posibilidad de cooptación de los jóvenes por grupos de adictos o delincuentes, con el fin de
obtener ese reconocimiento.
Independencia. Se definió como el saber fijar límites entre uno mismo y el medio con
problemas; la capacidad de mantener distancia emocional y física sin caer en el aislamiento.
Depende del principio de realidad que permite juzgar una situación con prescindencia de los
deseos del sujeto. Los casos de abusos ponen en juego esta capacidad.
Capacidad de relacionarse. Es decir, la habilidad para establecer lazos e intimidad con otras
personas, para balancear la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros. Una
autoestima baja o exageradamente alta produce aislamiento: si es baja por autoexclusión
vergonzante y si es demasiado alta puede generar rechazo por la soberbia que se supone.
Iniciativa. El gusto de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes.
Humor. Encontrar lo cómico en la propia tragedia. Permite ahorrarse sentimientos negativos,
aunque sea transitoriamente y soportar situaciones adversas.
Creatividad. La capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden.
Fruto de la capacidad de reflexión, se desarrolla a partir del juego en la infancia.
Moralidad. Entendida ésta como la consecuencia para extender el deseo personal de bienestar
a todos los semejantes y la capacidad de comprometerse con valores. Es la base del buen trato
hacia los otros.
Capacidad de  pensamiento  crítico. Es un pilar de segundo grado, fruto de las combinación de
todos los otros y que permite analizar críticamente las causas y responsabilidades de la
adversidad que se sufre, cuando es la sociedad en su conjunto la adversidad que se enfrenta. Y
se propone modos de enfrentarlas y cambiarlas. A esto se llega a partir de criticar el concepto
de adaptación positiva o falta de desajustes que en la literatura anglosajona se piensa como un
rasgo de resiliencia del sujeto (Melillo, 2002).
 Las fuentes interactivas de la resiliencia: de acuerdo con Edith Grotberg (1997) de
la Universidad de George Washington, D.C. en EEUU, para hacer frente a las adversidades,
superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado, los niños toman factores de
resiliencia de cuatro fuentes que se visualizan en las expresiones verbales de los sujetos (niños,
adolescentes o adultos) con características resilientes:

"Yo tengo" en mi entorno social. el menor comprende y puede decir que tiene personas en
las cuales apoyarse, en quienes puede confiar, y que lo guiarán y cuidarán de él

"Yo soy" y "yo estoy", hablan de las fortalezas intrapsíquicas y condiciones personales. se
trata de que el menor aprenda a respetarse a sí mismo y al prójimo, que sea querido por
los demás y que esté dispuesto a responsabilizarse de sus actos

"Yo puedo", concierne a las habilidades en las relaciones con los otros. se refiere a la
capacidad de hablar sobre sus cosas, de poder buscar la manera de salir de sus problemas
o encontrar ayuda cuando la necesita.

Tengo: Personas alrededor en quienes confío y que me quieren incondicionalmente.


Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar los peligros. Personas que me
muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder.
Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.
Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro, o cuando necesito aprender.
Soy: Alguien por quien los otros sienten aprecio y cariño.
Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.
Respetuoso de mí mismo y del prójimo.
Estoy: Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.
Seguro de que todo saldrá bien.
Puedo: Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.
Buscar la manera de resolver mis problemas.
Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.
Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o actuar.
Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

 ¿Cómo se desarrolla la resiliencia?


Si decimos que un pilar de la resiliencia es la autoestima y sabemos que ésta se desarrolla a
partir del amor y el reconocimiento del bebé por parte de su madre y su padre, es en ese
vínculo que empieza a generarse un espacio constructor de resiliencia en el sujeto.
Resiliencias relacionales: familiar y grupal: Froma Walsh (1998) "[...] propone una concepción
sistémica de la resiliencia, enmarcada en un contexto ecológico y evolutivo, y presenta el
concepto de resiliencia familiar atendiendo a los procesos interactivos que fortalecen con el
transcurso del tiempo tanto al individuo como a la familia [...] La resiliencia relacional puede
seguir muchos caminos, variando a fin de amoldarse a las diversas formas, recursos y
limitaciones de las familias [y los grupos] y a los desafíos psicosociales que se les plantean". En
este sentido se pueden señalar: reconocer los problemas y limitaciones que hay que enfrentar;
comunicar abierta y claramente acerca de ellos; registrar los recursos personales y colectivos
existentes y organizar y reorganizar las estrategias y metodologías tantas veces como sea
necesario, revisando y evaluando los logros y las pérdidas.
Para esto es necesario que, en las relaciones entre los componentes del grupo familiar, se
produzcan las siguientes prácticas: actitudes demostrativas de apoyos emocionales (relaciones
de confirmación y confianza en la competencia de los protagonistas); conversaciones en las
que se compartan lógicas (por ejemplo, acuerdos sobre premios y castigos) y conversaciones
donde se construyan significados compartidos acerca de la vida, o de acontecimientos
perjudiciales, con coherencia narrativa y con un sentido dignificador para sus protagonistas. 
En síntesis, los elementos básicos de la resiliencia familiar serían:  cohesión, que no descarte
la flexibilidad; comunicación franca entre los miembros de la familia; reafirmación de un
sistema de creencias comunes, y resolución de problemas a partir de las anteriores premisas.
Resiliencia comunitaria: se trata de una concepción latinoamericana desarrollada
teóricamente por E. Néstor Suárez Ojeda (2001), a partir de observar que cada desastre o
calamidad que sufre una comunidad, que produce dolor y pérdida de vidas y recursos, muchas
veces genera un efecto movilizador de las capacidades solidarias que permiten reparar los
daños y seguir adelante. Eso permitió establecer los pilares de la resiliencia
comunitaria: autoestima colectiva, que involucra la satisfacción por la pertenencia a la propia
comunidad; identidad cultural, constituida por el proceso interactivo que a lo largo del
desarrollo implica la incorporación de costumbres, valores, giros idiomáticos, danzas,
canciones, etcétera, proporcionando la sensación de pertenencia; humor social, consistente en
la capacidad de encontrar la comedia en la propia tragedia para poder superarla; honestidad
estatal, como contrapartida de la corrupción que desgasta los vínculos sociales; solidaridad,
fruto de un lazo social sólido que resume los otros pilares.
Resiliencia y educación: la cuestión de la educación se vuelve central en cuanto a la posibilidad
de fomentar la resiliencia de los niños y los adolescentes, para que puedan enfrentar su
crecimiento e inserción social del modo más favorable (Melillo, Rubbo y Morato, 2004).
Lamentablemente, en las escuelas (como ocurre también en salud) habitualmente se pone el
mayor empeño en detectar los problemas, déficit, falencias, en fin, patología, en lugar de
buscar y desarrollar virtudes y fortalezas. Por eso y para empezar, una actitud constructora de
resiliencia en la escuela implica buscar todo indicio previo de resiliencia, rastreando las
ocasiones en las que tanto docentes como alumnos sortearon, superaron, sobrellevaron o
vencieron la adversidad que enfrentaban y con qué medios lo hicieron.
El Informe Delors de la UNESCO de 1996 especificó como elementos imprescindibles de
una política educativa de calidad, la necesidad de que ésta abarque cuatro aspectos: aprender
a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir con los demás y aprender a ser.  Los dos
primeros aspectos son los que se enfatizan tradicionalmente y se trata de medir para justificar
resultados. Los dos últimos son los que hacen a la integración social y a
la construcción de ciudadanía. Para el desarrollo de los últimos (y también de los primeros)
sirven los programas que promueven la resiliencia en las escuelas.
La construcción de la resiliencia en la escuela implica trabajar para introducir los siguientes seis
factores constructores de resiliencia (Henderson y Milstein, 2003):
1.   Brindar afecto y apoyo proporcionando respaldo y aliento incondicionales, como base y
sostén del  éxito  académico.   Siempre debe haber un "adulto significativo" en la escuela
dispuesto a "dar la mano" que necesitan los alumnos para su desarrollo educativo y
su contención afectiva. 
2.   Establecer y transmitir expectativas elevadas y realistas para que actúen como motivadores
eficaces, adoptando la filosofía de que "todos los alumnos pueden tener éxito".
3.   Brindar oportunidades de participación significativa en la resolución de problemas, fijación
de metas, planificación, toma de decisiones (esto vale para los docentes, los alumnos y,
eventualmente, para los padres). Que el aprendizaje se vuelva más "práctico", el currículo sea
más "pertinente" y "atento al mundo real" y las decisiones se tomen entre todos los
integrantes de la comunidad educativa. Deben poder aparecer las "fortalezas" o destrezas de
cada uno.
4.   Enriquecer los vínculos pro-sociales con un sentido de comunidad educativa.   Buscar una
conexión familia-escuela positiva.
5.   Es necesario brindar  capacitación  al personal sobre estrategias y  políticas  de aula que
trasciendan la idea de la  disciplina  como un fin en sí mismo.   Hay que dar participación al
personal, los alumnos y, en lo posible, a los padres, en la fijación de dichas políticas. Así se
lograrán fijar normas y límites claros y consensuados.
6.   Enseñar "habilidades para la vida": cooperación, resolución de conflictos, destrezas
comunicativas, habilidad para resolver problemas y tomar decisiones, etcétera. Esto sólo
ocurre cuando el proceso de aprendizaje está fundado en la actividad conjunta
y cooperativa de los estudiantes y los docentes.

Relación entre Resiliencia y Logoterapia


La Logoterapia se propone acompañar al hombre en búsqueda de sentido y ayudarlo a que
viva de acuerdo a una escala de valores propia que le seguridad, coherencia, autoestima y un
proyecto de vida auto trascendente.
La Logoterapia y la resiliencia tienen en común el reconocimiento de los factores protectores, y
la transformación de los comportamientos negativos en nuevas posibilidades. La resiliencia
requiere un "marco moral o de valores" que la Logoterapia promueve y favorece al acompañar
a la persona a descubrir los valores espirituales más allá de lo biológico y de lo psicológico.
El nuevo paradigma de la salud es el mejoramiento de la calidad de vida a través de
los sistemas preventivos resilientes y logo terapéuticos. Desde este enfoque la familia y la
comunidad asumen un rol protagónico.
Walsh introduce el concepto de resiliencia familiar. La familia es la que educa en primer lugar y
en este sentido la familia crea un ambiente cultural interno en donde se puede "educar" a los
hijos cada vez que hay una dificultad y transmitir que todo sufrimiento implica crecimiento o
transmitir, tragedia, dolor y sinsentido. Promover conductas resilientes en lugar de la
resignación.
Lo que se busca restituir corazones heridos y darles la posibilidad de emprender un proceso de
rehumanización a los niños de la calle, a los refugiados, a las mujeres mal tratadas, a los grupos
que han vivido situaciones traumáticas y dolorosas, para la formación de familias resilientes
impulsadas por promotores sociales, de salud, voluntarios, expertos en educación y en
desarrollo.
En las comunidades pobres los desafíos que enfrenta la familia no se relacionan únicamente
con la comida o los recursos básicos sino también con lo espiritual: la construcción de un
sentimiento de dignidad y de futuro en grupos familiares que, debido a su desesperación, han
renunciado a su sentido de vida y su autovaloración.
En estos casos el optimismo y la esperanza – factores resilientes- exigen sensibilidad social
para poder mejorar la situación y las perspectivas de la familia.
Según Gerónimo Acevedo "la salud es la capacidad de poder caer enfermo y defenderse, en
tanto que la enfermedad, por el contrario, es la reducción del poder de superar las
dificultades".
La salud no es la ausencia de enfermedad sino la capacidad de forjar un proyecto de vida que
incluye la realización de dicho proyecto en la sociedad. Incluye la posibilidad de:
Escribir la propia historia vital en la propia familia, el trabajo y la comunidad
Expresar lo "no dicho" en el diálogo y la reflexión
Sentirse querido y querer privilegiando el encuentro con el otro
Comprometerse, participar.
Establecer vínculos afectivos solidarios. (Acevedo, 1999)
La Logoterapia une el concepto de salud a la posibilidad de buscar y encontrar el sentido de la
vida, si bien no es la causa de la salud, es el motivo para estar sano.
La resiliencia y la Logoterapia coinciden también en que el hombre es un ser en el mundo, y
como tal el individuo no vive aislado sino que su sentido de vida se compone junto al de sus
próximos prójimos.

Perfil de una persona resiliente.


Una persona con características resilientes es aquella que es capaz de establecer relaciones
sociales constructivas, tiene un sentido de sí mismo positivo, dimensiona los problemas, tiene
sentido de esperanza frente a las dificultades, extrae significado de las situaciones de estrés,
desarrolla iniciativa y se fija metas posibles de alcanzar (Saavedra, E. 2004).
Esta persona presenta una serie de factores internos que actúan como protectores, a saber:
a.- Presta servicio a los otros o a una causa.
b.- Emplea estrategias de convivencia, es asertivo, controla sus impulsos.
c.- Es sociable.
d.- Tiene sentido del humor.
e.- Tiene un fuerte control interno frente a los problemas.
f.- Manifiesta autonomía.
g.- Ve positivamente el futuro.
h.- Es flexible.
i.- Tiene capacidad para aprender y conectar los aprendizajes.
j.- Capacidad para auto motivarse.
k.- Percibe competencias personales.
l.- Hay confianza en sí mismo.
También existirían factores ambientales que apoyarían y favorecerían las características
resilientes:
a.- El ambiente promueve vínculos estrechos.
b.- El entorno valora y alienta a las personas.
c.- Se promueve la educación.
d.- Ambiente cálido, no crítico.
e.- Hay límites claros.
f.- Existen relaciones de apoyo.
g.- Se comparten responsabilidades.
h.- El ambiente es capaz de satisfacer las necesidades básicas de las personas.
i.- El entorno expresa expectativas positivas y realistas.
j.- Promueve el logro de metas.
k.- Fomenta valores pro sociales y estrategias de convivencia.
l.- Hay liderazgos claros y positivos.
m.- valora los talentos específicos de cada persona.
Claramente no se espera que todos estos elementos estén presentes en el sujeto o su
ambiente para que se favorezca la aparición de conductas resilientes, pero es deseable que
gran parte de ellas estén total o parcialmente desarrolladas (Saavedra, E. 2004).
Hay que subrayar que más que una lista de rasgos personales p sociales, éste debe
considerarse como un proceso dinámico.
¿Dónde podemos desarrollar esta respuesta resiliente?
El mejor sitio, y a veces el único, es en el equipo de trabajo. Por lo tanto, si los líderes crean los
espacios y procesos para el desarrollo de la resiliencia, con técnicas, con metodología y
con humanismo, harían que los colaboradores se sientan a gusto y puedan ver en su quehacer
diario una realización personal y la superación de la crisis.
Existen cuatro categorías de factores que determinan el nivel de resiliencia dentro de un grupo
o equipo:
Factores de Desarrollo Individual: el grupo estimula y refuerza la autonomía
responsable de sus integrantes, la cual incluye: su sentido de identidad personal y de su rol, la
flexibilidad perceptual y conductual, la consciencia de sí mismo, la habilidad y disponibilidad de
auto-corrección, el conocimiento propio, la autoestima y la confianza en sí mismo, la
competencia y capacidad para distanciarse de mensajes, conductas y condiciones negativas.
Factores de Desarrollo Interpersonal: el grupo crea, estimula y refuerza los
espacios y procesos para:
La valoración de la diversidad, la empatía y la comprensión, el afecto y apoyo mutuo,
la comunicación dialógica y participativa, el sentido del humor, la introspección individual y
grupal;
Factores Estratégicas: el grupo desarrolla una misión y las competencias
necesarias para: fijar metas realistas, elaborar estrategias para lograrlas, promover reflexión
grupal y auto-corrección, tener la creatividad para resolver los conflictos y retos, pedir apoyo y
recursos, medir y evaluar los resultados.
Factores de Visión: el grupo desarrolla una visión que incluye sus valores compartidos, los
propósitos y las expectativas de un futuro prometedor, la integración de las metas y
aspiraciones individuales con las corporativas, el optimismo y la fe.

Decálogo de resiliencia grupal


Estudios (Willard, 1996, y otros) han
mostrado que los grupos disfuncionales o subfuncionales generalmente manifiestan los
siguientes síntomas, los cuales señalan una baja generación de sinergia y resiliencia:
· Existen visiones del futuro incompatibles entre sí.
· Algunos miembros no pueden describir la misión del equipo.
· Las reuniones son improductivas.
· Una pequeña minoría tiene una participación mayoritaria.
· Los desacuerdos se discuten en privado.
· Las decisiones son tomadas por unos pocos.
· Hay falta de transparencia y de confianza.
· Existe confusión en cuanto a las funciones y tareas.
· Existe un exceso de personas con los mismos recursos y/o carencias.
· No hay auto-evaluación periódica de funcionamiento.
Un número muy elevado de organizaciones considera lo anterior "problemas" o "fallas" o
"carencias de competencias" en lugar de tratarlos como síntomas; busca soluciones a lo
anterior y para lograr una mayor productividad, en procesos de capacitación individualizada,
diseñada para aumentar las destrezas de comunicación interpersonal.
El Decálogo de Resiliencia Grupal:
1)  Compartir una visión: El potencial sinérgico nace con una visión del futuro grupal e
individual. Cuando un grupo desarrolla su propia visión del futuro, o sea como va a ser (pensar,
sentir y actuar) cuando cumpla su misión, tiene una valiosísima herramienta para orientarse y
para enmarcar sus percepciones individuales y colectivas. Por supuesto, esta visión presupone
que los integrantes del grupo han aceptado y han internalizado su misión y han acordado unos
valores centrales compartidos por todos. Las experiencias a través de ocho mil años de
historia, sustentadas por los descubrimientos del fenómeno de la profecía auto-realizadora
(Efecto Pigmaleón), han mostrado que lo que la mente colectiva puede concebir, el grupo
puede realizar.
2) Crear expectativas de participación: No es suficiente la sola invitación a participar ni el
ocasional refuerzo de ella. La sinergia requiere la creación de una cultura organizacional en la
cual la no-participación sea vista como una característica inaceptable. Con la creación de este
espacio, cada integrante se concientiza que su participación no es un permiso ni un privilegio
sino una obligación para facilitar la optimización de los procesos sinérgicos.
3) Compartir la  información: A pesar de ser tan obvio y casi axiomático, uno de los
impedimentos más comunes a la optimización de la sinergia es no tener conocimiento de
todas las opciones, lo cual sucede o por no tener toda la información externa e interna del
sistema, o por las políticas o hábitos organizacionales de monopolio de información. Todos los
integrantes de un equipo necesitan tener acceso a toda la información, los conocimientos y las
destrezas necesarios para cumplir oportuna y efectivamente su misión.
4) Aclarar significados: Una vez conseguida y compartida la información, hay que acordar el
significado de ella para contextualizarla y convertirla en conocimientos, en sabiduría y en
sintonía de mentes. La cibernética nos ha enseñado que el principal objetivo de la
comunicación es el de acordar o co-crear significado, y no solamente trasmitir información o
intercambiar ideas. Esto significa que el grupo, y cada integrante de él, debe examinar sus
propios prejuicios (juicios a priori) y presuposiciones (suponer a priori). Luego, es
la responsabilidad de todos, seguir aclarando los significados, especialmente de palabras y
conceptos abstractos, en la medida en que progresen las conversaciones y deliberaciones.
5) Enfocar las reuniones: Estudios (3M, 1998) han mostrado que un equipo puede perder
hasta el 40% de su capacidad sinergénica cuando no se conciertan unos procesos y normas
básicos para enfocar la conducción de las reuniones. Algunas de las medidas más utilizadas
son:
· Asistir puntualmente a la hora acordada.
· Usar agendas, previamente acordadas y distribuidas, para las reuniones.
· Prepararse, cada uno, para la reunión, según temas agendados.
· Evitar divagaciones que impiden terminar lo agendado.
· Evitar interrupciones por personas ajenas de la reunión, celulares, etc.
· Atender al interlocutor sin interrumpir y sin conversaciones privadas.
· Utilizar un(a) moderador(a) (función rotativa) para monitorear el proceso.
· Anotar los principales aportes y decisiones en un acta de la reunión.
6) Aprovechar la diversidad: Es una cruel paradoja de la sinergia que, entre mayor diversidad
entre los integrantes del equipo, mayor potencial sinérgico pero mayor dificultad para lograrla.
En lugar de percibir las diferencias perceptuales y conductuales individuales como un
obstáculo a la productividad, podemos reconocer que estas diferencias son precisamente las
que pueden generar mayor sinergia…siempre y cuando existan procesos adecuados para
lograrlo. Esto requiere las destrezas necesarias para confrontar, constructivamente, los
desacuerdos, los temas "prohibidos", las agendas ocultas y el manejo de los sentimientos
negativos.
También implica la creación de un sano patrón grupal de reconocimiento mutuo: un libre y
sincero intercambio de elogios de las cualidades personales de cada uno, mientras la
corrección y la crítica se limitan a las conductas específicas de la persona.
7) Diseñar procesos de concertación: Las nuevas ciencias han validado y retomado de la
sabiduría antigua de muchas culturas y civilizaciones, la importancia de la coevolución.
Muchos equipos invierten considerable energía y tiempo en crear una polarización de
posiciones y opiniones encontradas, una situación de "ganarperder", en lugar de encontrar y
desarrollar los propósitos y objetivos que los unen, en los cuales todos ganan. Esta
dicotomización, que finalmente se resuelve por una votación, generalmente es la peor forma
de generar opciones y tomar decisiones.
Existen muchas tecnologías de concertación que permiten que un equipo libere toda su
creatividad y capacidad innovadora para crear opciones viables y productivas de ganar-ganar.
8) Operacionalizar lo decidido: No es suficiente concertar y acordar opciones; un
grupo productivo también utiliza diferentes formas de pensamiento estratégico para
operacionalizar e instrumentar sus decisiones. El uso de herramientas tan sencillas como
los análisis DOFA, los cronogramas, los flujogramas Gantt y otros elementos que exigen y
monitorean compromisos específicos, y no sólo buenas intenciones, es imprescindible para la
productividad de un equipo y para "coronar" los procesos sinérgicos.
9) Establecer procesos de auto-monitoreo: El monitoreo no debe limitarse solamente a las
tareas y procesos; cada equipo de alto rendimiento necesita establecer procesos de auto-
monitoreo de su propia dinámica grupal e interpersonal. Las reuniones de meta-comunicación
y/o el uso periódico de un facilitador externo idóneo en estos procesos, pueden ayudar al
equipo a optimizar la sinergia de sus procesos grupales.
10) Montar el caballo: Muchas personas y equipos gastan tanto tiempo y energía
limpiando el excremento, que se olvidan saborear el placer de montar el caballo.
Todo equipo debe celebrar sus triunfos, gozar sus logros y agradecer la parte vital
aportada por cada uno y una de los participantes.

Ambientes laborales "tóxicos" que generan riesgo


Al igual como existen ambientes que promueven conductas positivas y condiciones propicias
para la resiliencia, existen entornos que generan gran tensión en las personas y dificultan su
normal desarrollo (Zaldivar, D. 1996).
En esta dirección existen elementos ambientales físicos que interfieren como:
el ruido, iluminación débil, falta o mala ventilación, hacinamiento. Por su parte existirían
elementos organizacionales que afectaría, tales como: estilos de dirección
o liderazgo inadecuados, ambigüedad en los roles, introducción de cambios repentinos,
condiciones ambientales desagradables.
Las personas que laboran, también contribuyen a generar algunas tensiones, a saber:
características de personalidad inadecuadas, nivel de preparación para la tarea insuficiente,
expectativas poco realistas, estilos cognitivos poco adecuados a la tarea, relaciones
conflictivas, discriminación, trato impersonal, falta de apoyo afectivo, poca cooperación entre
pares.
En torno a lo anterior se han identificados algunas características de climas sociales que no
promueven un desarrollo positivo de las personas en su organización:
a.- Las personas perciben injusticias.
b.- Los sujetos sienten que no se les reconoce.
c.- Presencia de descalificaciones.
d.- Sobre dimensionar los errores por sobre los aciertos.
e.- Las personas se sienten "invisibles".
f.- Hay marginación de algunas personas.
g.- Las personas desconocen las normativas de la organización.
h.- Las normas son arbitrarias.
i.- Existe rigidez en la aplicación de las normas.
j.- Los sistemas de información son poco claros.
k.- Se interfiere el contacto y crecimiento personal.
l.- Se ponen obstáculos para la creatividad.
m.- No se enfrentan los conflictos.
Sin lugar a dudas, las anteriores características interfieren en el normal desarrollo de una
persona o una organización, afectando la convivencia, la percepción de si mismo, la
autoestima, los niveles de satisfacción y en definitiva la salud psicológica y física de quienes
trabajan en dichos ambientes (Delval, J. 1996).
Del mismo modo en definitiva estas situaciones se traducirán en baja productividad, rotación
del personal, mayor número de ausentismo laboral, mayor gasto médico,
mayores costos de producción y elevación del gasto privado y gubernamental.
EFECTOS PERSONALES, LABORALES Y SOCIALES.
Los ambientes laborales nocivos, descritos anteriormente, afectan de manera directa la vida
de las personas, los grupos y la sociedad en general, tanto a nivel personal, laboral como a
nivel macro social.
En el primer nivel, los individuos desarrollan síntomas de ansiedad, sensación de amenaza,
miedos y fobias. Es frecuente ver problemas a nivel de concentración e interferencias en  la
memoria. Por otro lado baja el sistema inmunológico y los sujetos desarrollan con mayor
frecuencia enfermedades comunes o bien aparecen somatizaciones reactivas a los conflictos
vividos. Hay conductas de evitación hacia el ambiente laboral generando situaciones de
ausentismo "voluntario" y desmotivación hacia la tarea. Aparecen algunos síntomas clínicos
clásicos de estrés, tales como alteraciones del sueño, alteraciones en la conducta
sexual, depresión, adicciones, irritabilidad, aislamiento, bajo auto concepto (Saavedra, E.
2005).
En el nivel laboral se ve afectada tanto la calidad como la cantidad de producción, se
interfieren los canales de comunicación, desciende la creatividad, disminuye
la motivación hacia la tarea, hay despreocupación por la satisfacción de los clientes, aumentan
los accidentes laborales, el ausentismo y las licencias por enfermedad.
En el nivel macro social se observa pérdida de fuerza laboral, muchas veces con buenos niveles
de capacitación, mayos gasto económico a las empresas y al estado, generación anticipada de
pensiones por enfermedad, aumento del gasto en los servicios de salud, se genera una
percepción negativa hacia los efectos del trabajo, el cual es visto como una carga y no como
una oportunidad de crecimiento (Saavedra, E. 2005).
PROMOCIÓN DE LA RESILIENCIA EN LOS GRUPOS DE TRABAJO.
Desde la teoría de la Resiliencia y su promoción, se describen algunas estrategias factibles de
ser desarrolladas en los ambientes laborales, como una forma de potencias a las personas y
evitar los efectos nocivos de ambientes de trabajo tensionantes.
De una manera proactiva, las personas involucradas, sean trabajadores, directivos, asesores u
otros, podrían intervenir al menos en las siguientes áreas:
a.- Enriquecer los vínculos entre las personas, fortaleciendo las conexiones y puntos de
acuerdo existentes, resaltando los puntos de unión entre ellos y estableciendo canales y
puentes que motiven el contacto con los otros.
b.- Se deben fijar límites claros y firmes para el funcionamiento laboral, es deseable que dichos
límites sean consensuados entre los trabajadores logrando así mayor compromiso en la
aplicación de los mismos.
c.- Enseñar habilidades de convivencia, que incluyan la cooperación, la resolución positiva de
conflictos, asertividad en el planteamiento de problemas, toma de decisiones, manejo del
estrés, promoción de ambientes saludables (físicos y psicológicos).
d.- Ser capaces de brindar apoyo y afecto a las personas, lo que implica respaldar a los otros,
motivar, apreciar los aciertos de los demás, mirar los errores o faltas como transitorios,
fortalecer la comunicación a nivel personal.
e.- Desarrollar expectativas elevadas pero realistas, lo que implica creer en el potencial de los
trabajadores, pero a la vez no generar frustración al establecer tareas imposibles de cumplir.
Lo anterior fortalece la autoestima de quienes trabajan al reconocerse con competencias para
la labor que desarrollan.
f.- Promover la participación de los trabajadores, que implica hacerlos partícipes de tomas de
decisiones, generación de nuevas ideas, búsqueda colectiva de soluciones, afrontamiento
colectivo de las dificultades, distribución de las responsabilidades.
A lo anterior puede agregarse el promover ambientes de trabajo saludables, como
tradicionalmente se han descrito (Filippi, G. 2003):
 Lugares de trabajos con políticas claras de salud.
 Promover alimentación saludable.
 Incluir la ergonomía y la actividad física (recreativa) en la jornada laboral.
 Generar ambientes libres de humo.
 Crear programas preventivos de salud laboral.
 Desarrollo de actividades artísticas, recreativas, de asociatividad.
HACIA LA DEFINICIÓN DE UN AMBIENTE LABORAL RESILIENTES.
Hoy día son numerosos los estudios que hacen referencia a situaciones laborales que afectan
la salud de los trabajadores. Los conceptos tradicionales de estrés psicológico, el burnout, y
más recientemente el mobbing o acoso psicológico laboral, nos interpelan a mirar el lugar de
trabajo como un potencial ambiente de riesgo para las personas, que de no mediar
un interés por el cuidado que quienes laboral, convertiremos dichos lugares en espacio nocivos
para el desarrollo de los sujetos.
Al respecto podemos aventurar una posible definición de lo que consideraríamos un ambiente
laboral resilientes:
Un ambiente laboral resiliente, es aquel que en momentos de cambios provocados por
circunstancias económicas o sociales y / o producto de las tensiones propias del fenómeno de
la globalización o el mercado, son capaces presentar un desempeño superior a otras y
obtienen beneficios adicionales a partir de situaciones adversas o imprevistas.
Son instituciones que se reconocen a si mismas como formadas por personas y por tanto más
allá de sus estructuras o límites jurídicos, se perciben como dependientes de la dinámica
humana y por tanto deberá poner atención a los estados psicológicos y físicos de sus
integrantes.
Son instituciones que, si bien no son impermeables a las tensiones externas e internas, saben
sobreponerse en situaciones de crisis, buscando en sus propios trabajadores los recursos y
potencialidades que le permitan seguir adelante.
Son instituciones que estarán atentas a los cambios ambientales y por tanto reaccionarán
oportunamente frente a las exigencias del entorno, siendo capaces de renovarse y ajustarse a
las nuevas demandas.
Son instituciones innovadoras y creativas, que valorarán las capacidades de sus trabajadores y
tomarán en cuenta sus aportes.
Son instituciones democráticas, que valoran lo colectivo, la transparencia en el proceso
comunicacional, la participación en la toma de decisiones y creen en sus trabajadores.
Son ambientes laborales que, al tener al centro a la persona, acercarán el proyecto
institucional al proyecto propio de desarrollo de cada trabajador. Así las metas de la Institución
no podrán estar ajenas a las metas de cada sujeto.

Qué alternativas ofrece la perspectiva de la resiliencia


Es indudable que estamos ante un nuevo concepto para las ciencias administrativas, aunque
sus primeros desarrollos se han hecho en escenarios de tipo social o pedagógico.
El concepto enriquece las discusiones desde la multidisciplinariedad o transdisciplinariedad de
las ciencias sociales y económicas, en las cuales ya resulta prácticamente imposible establecer
diferenciaciones o linderos sobre los objetos o sujetos de las mismas. Antes por el contrario, al
igual que en otras áreas del conocimiento como la programación neurolingüística, la
convergencia y aportes de investigaciones de diferentes ciencias ayudan a enriquecer el
conocimiento y las respuestas o resultados prácticos que éstas deben dar al estar al servicio
del mejoramiento del hombre.
La resiliencia en los términos descritos provee una nueva fuente de conocimiento y práctica
para entender y enfrentar ciertos procesos o eventos particulares de la vida empresarial, tales
como:
 Procesos de cambio organizacional y cultural, en los cuales se pone a prueba la
capacidad tanto individual como grupal para enfrentar estos retos.
 Procesos de compra, venta, fusión, en los cuales la confluencia, contradicción y
dispersión de intereses personales y grupales se ponen a prueba.
 Procesos de adaptación a demandas del mercado, que conlleven cambios en las
prácticas tradicionales.
 Procesos de reducción o de reasignación de personal. Aquí es importante destacar
cómo algunas empresas de alguna manera han utilizado el concepto de resiliencia y sus
atributos como marco de referencia, tanto en las intervenciones individuales como
grupales.
Es importante destacar que cuando se ha hablado de la adaptación al cambio, en la mayoría de
los casos se ha visto desde la óptica exclusivamente de la empresa en cuanto al resultado que
se busca. Desde la óptica del grupo o del individuo se han estudiado las consecuencias de la
adaptación o no adaptación al cambio. La resiliencia y sus atributos pueden ser un insumo
importante para hacer estos procesos menos traumáticos, más productivos y sobre todo para
lograr respuestas y comportamientos que potencien y enriquezcan dichos procesos y terminar
fortaleciendo tanto a la empresa como a sus colaboradores.

Conclusiones
 La resiliencia es una manera de ver los comportamientos humanos desde una
perspectiva multidisciplinaria que tiene como objetivo mejorar los procesos y resultados de
los grupos humanos frente a las crisis.
 Trasciende el ámbito empresarial por su concepción holística que tiene su máxima
posibilidad en los valores y cultura de la sociedad. Su utilización en los procesos de
educación es de vital importancia para lograr mejoras en la calidad de vida familiar, social o
empresarial.
 Es claro que la resiliencia no se desarrolla en todos los individuos de la misma forma y
que cada uno tiene diversas maneras de desenvolverse y adquirir capacidades para superar
sus problemas que según Kolb (1973) por lo cual es necesario dejar claro que cada cual
forma sus capacidades y elige como desarrollarlas.
 La resistencia puede manifestarse por tanto en silencios, negaciones, evasiones y hasta
situaciones embarazosas e intensas reacciones emocionales. La resistencia sirve como
mecanismo de defensa contra la angustia que surge cuando el individuo percibe en él los
sentimientos y los impulsos que repudia.
 También se dieron a conocer algunas de las maneras en las cuales podemos ser un
poco más "resistentes" ante las situaciones adversas y como poder levantarnos ante un
trance, y así se demuestra que no todos los individuos tienen la misma capacidad de
superar los obstáculos y tomarlo como crecimiento en su vida más que una dificultad.
 La resiliencia es una característica que puede aparecer como producto de una
interacción positiva entre el componente personal y ambiental de un individuo pero
también como una forma para poder responder ante situaciones de conflicto.
 Los dones que se les otorgan a las personas son grandes, y por tanto existe garantía
del éxito, pero todo depende de las cualidades personales, sociales y el estilo con que
las pruebas vayan adquiriendo valor.
 Sin embargo, la vasta variedad de información que se suministra, tanto positiva como
negativa, puede hacer que la persona se vea a sí misma de una manera más clara de la
forma en que se percibía antes de someterse a las pruebas difíciles de su vida.

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